¡Fuera, shuu! ¡Fuera de este mundo!

Publicado por CENTSOARER en el blog Un blog que se actualiza con cierta regularidad. Vistas: 133

Me gusta que me manden estas cosas. Hace tiempo que Luis no me escribe nada, pero ha de ser porque no sabe que tengo otra dirección de correo. Lo último que me mandó fue, llanamente, esto:

Subject: La Máquina Aritmética (II)

Para domar más fuertemente este horror es necesario comprender bien su origen; y, para mostrároslo en pocas palabras, es necesario que os diga cuál es, en general, "la fuente de todos los vicios y todos los pecados". Blaise no logra conciliar el sueño y se pone a citar de memoria; luego conversamos un rato. Me cuenta cosas de su infancia, de los problemas que tuvo con sus padres, de un verano que pasó en Avignon, de su interés por la entomología y cosas así; yo le explico mi plan secreto para escapar del castillo, pero al poco de hablar noto su falta de interés y decido cambiar de tema. Le hablo de las tijeritas de uñas de la doctora Lewis y de cómo podría tratar hacerme con ellas en nuestra próxima visita a la enfermería, pero me interrumpe bruscamente. Ilusiones de pájaro, me dice, nadie puede escapar del castillo. Luego se gira y se queda dormido.


Vamos, no puedo decir que no me encante que me mande un mail de vez en cuando. Alguien querido dijo que yo era adictivo. Las adicciones matan, ustedes saben.

Hay pájaros ilusos, y hay hombres pájaros muy ilusos. Cuando vivía en Xilitla cada determinado número de días iba a acasa un pájaro al que llamaron en casa "El príncipe", era uno de plumaje negro hermoso, de ese negro que torna multifacético, que se acicala, se vuelve seda negra y envuelve rayos en penumbras, rayos que escapan y se reflejan en nuestra retina como estrellas de colores pequeñísimas. Podría decir que eran plumas impresionistas negras. Para no perderme, el Príncipe era un tordo macho que tocaba cada tercer día (por decir algo) a la ventana que daba a un barranco en casa, y una vez que salimos de vacaciones por un par de semanas, el Príncipe fue a casa a tocar a la ventana con su pico hasta que éste se le cayó, no fue gracioso como con Lucas, no. Lo estoy inventando pues no lo ví, pero debió ser horrible, fué iluso permanecer tocando ahí hasta que le resultara un mal fatal.

Hay hombres pájaros ilusos. Ejercitan sus piernas con pataleos y pesas y sus brazos y pectorales con varios kilos, en series y repeticiones que mantengan su columna recta mientras patalean y patalean. Ellos jamás podrán volar así. Las aves y los hombres somos bastante antagónicos. ¿Han oído del "complejo reptiliano"? Son ciertas condiciones que nos recuerdan nuestro pasado filogenético remoto de pelicosaurio... somos muy distintos de las aves, pero ellas deben recordar mucho en sus genes a un reptil en común con nosotros. Esos ilusos.

Hay unos ilusos, como yo, que buscan un mundo dónde sólo puedan contemplar y nunca puedan decir nada al respecto.
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