¡Cómo amé a Karina!

Publicado por CENTSOARER en el blog Un blog que se actualiza con cierta regularidad. Vistas: 133

Tal vez porque mi hermana me quería o se interesaba en el amor y sus misterios, o cómo funcionaban mis criterios... si mi vida ya era de abolengo; tal vez porque deseaba que fuera feliz y, según ella, uno solo sólo podría ser infeliz. Quizás la química de estas suposiciones con la imaginación mía y mis sueños, le dije, hicieron de Karina la mejor novia que jamás tuve cuando era un adolescente.

También le mencioné de aquella ocasión en que entré casi vomitando y salí casi igual del Pez Soluble, poquitín aislado, luego quemado. Me advirtió cuando comencé que ella sospechaba tener esa filia en la que se excitan las personas sólo de escuchar historias calientes, "Una clase de Voyeurismo", le indiqué. "¿Entramos al Pez Soluble?":

MUJERES BELLAS, HIPÓCRITAS CARIÑOSAS, HOMBRES DE CUALQUIER CALAÑA ALCOHÓLICA, PASÁNDOSE DE SINCEROS.

(ALCOHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL)

MuJeReS BeLLaS, oTRoS HoMBReSssssssssssssssssssssssssssssss...

Se me acerca esa chica hermosa, la de los senos más hermosos de las entrañas del Pez. Le dicen que ese día (que ya había pasado) yo cumplía años.

-- ¿Así que ya eres mayorcito?
-- (Volteo abajo, veo colillas de cigarros, luego parecen otra cosa cualquiera) No. En realidad cumplo 17.
-- ¿Y cómo entraste?
-- Mi cuñado... él me metió de alguna manera.
-- ¡Felicidades!

Me abraza a la altura de sus senos... aplastados por mi boca. Se va. Regresa.
-- ¡¿Cuál le gusta pinche cuñao!?-- me dice Beto, el pobre me sospechaba homosexual... no tenía idea--.
--No...

La chica se sube en mis piernas.
--No te preocupes por tu regalo, vamos a tratarte bien.
--¿Vamos?
--Voy...

Me gusta esta, pensaba. Dijo que me va a tratar bien. Se me pega una vez más, se ha quitado el sostén, sus senos se ven aún más preciosos, me vuelve a abrazar. Por supuesto tenía en mente (de 17 recién cumplidos, de ebrio precoz) que ella necesitaba dinero, que era jueves y unos cientos de pesos no le caerían nada mal, eso estaba pensando cuando le lamí un seno, el derecho, sin más. Se alejó un poquito, pero agresiva. Se paró y se fué. Regresó.
--¡¿Págale un privado a tu cuñado, Come, le va a gustar!?-- dice 'La Pipucha'.
--¡¿Quiere un privado con ella cuñao?!
--¡¿Qué es un privado?!-- pregunto al aire.
-- Es como fajar, pero primero bailan. Sí, la vieja te baila al principio y desupués te la fajas.

Luego toda clase de hipótesis que no alcanzaron a demostrarse surgieron de la mesa de 4 hombres ebrios y un par de chicas bailarinas exóticas (una no tan chica). Vio el momento preciso, se sentó en mis piernas de nuevo, con sostén.
--¡¿Quieres un privado?! ¿Lo quieres conmigo?-- lo segundo me lo pregunta con cadencia, la única cosa compleja que me excitó, mi pene no estaba erecto.
--Sí, quiero un privado con ella --le digo a mi cuñado--.

Él se levanta y va a la Barra, lo paga y me da un papelito. La chica me propone ir enseguida, la hago esperar un poco, esperar hasta que esté más ebrio. Después de un par de tragos de Bara:
--Ya está, vamosss-- la tomo por la cintura como tomaría a cualquier chica que quisiera "bailar" conmigo (las comillas son porque lo único que no hago en una pista de baile, es como bailar, ¿ven?). El guarro de la entrada a los cuartos privados me detiene, ella le hace una seña tan discreta como la medida en la que creía que yo estaba ebrio, o tal vez una seña descarada; como sea, la noto al instante. Todo el pasillo se veía anaranjado, tan caliente como el color, tan perfumado como baños públicos japoneses (me imagino).

Vamos a salir del pez soluble un rato:

Me pregunta insistente que cómo fue lo del privado pero tengo dificultad para explicarlo, a pesar de ello sigo intentando. Le digo que se acerque. Me coloco a la orilla de la cama mientras describo con palabras dispersas el recuerdo del cuartillo naranja-rojo ya. La silla se convierte en la orilla de la cama, la cortina en la puerta. "Era una sillita" le dije unos momentos antes, "... era todo lo que había, una sillita y un pequeño respaldo, yo me imaginaba que era un cuarto como este", como un escalón lateral tras la silla. La acerco, le digo que necesito de su cuerpo para describirle la escena tal y como fué, la subo sobre mí, coopera para mi sorpresa sin objetar nada, sentada sobre mí sentado con las piernas abiertas, los dos arropados. Vamos, vengan, acompáñenme de regreso al Pez Soluble:
--¿Me siento aquí?
--Sí -- y comienza la música--.

Lo que enseguida sucede, préstense ustedes a imaginarlo. No sabría calcularle las medidas a la mujer, pero sus curvas eran preciosas, sus senos sólo lo suficientemente caídos se asomaban permanentemente, sus pezones comenzaron a espiar al muchacho todo ebrio, con el obstáculo de tela, de soporte, de adornitos brillantes. Sus curvas se movían al ritmo de sus manos pegadas a sus senos, todos movimientos simultáneos con el pasar de una música que no me gustaba. "Pero qué importa". Se volteó, se puso sobre mí, yo sentado en la silla y al ritmo que un poco había cambiado restregaba su redondo trasero sobre mi falo, cada vez con más fuerza y rigor. Una tremenda erección. Mis manos respondieron, comencé a acariciar sus senos y a chuparla del cuello con tanta delicadeza como mi experiencia y embriaguez me lo permitían, mis manos recorrían todo el cuerpo que se permitían alcanzar, pero los remolinos en sus senos... los remolinos más negros. Comenzó a dolerme, me bajé el cierre.
--No, no te bajes el cierre.
--¡Es que me duele!
-- Lo haré más despacio.
--No va a cambiar nada.
-- Mmmmh...está bien.

Se volteó, estuvimos cara a cara. Ella no quería besarme ni yo quería que me besara, cosa que no tuvimos que acordar. Le excitó lo del cuello, y aunque se notaba un tremendo desprecio por lo que hacía con sus senos, no me importaba, ella estaba obteniendo mediante cualquier medio posible lo que quería, por mi parte, obtenía asco y excitación. Me desabroché el cinturón, luego el botón. Le dije "es por lo mismo" y ya no dijo nada.
--¿Se supone que esto es lo que yo deba hacer? No estoy seguro de hacerlo bien.
--¡Si pareces pulpo!
--... --la verdad es que no supe si seguir pensando que era una de esas frases prefabricadas con las que un macho puede sentir (aún) más ego o si se trataba de la descripción más adecuada a la que su educación pudo llegar--.

De alguna manera que el alcohol no me dejó nunca precisar, llegamos a una posición conocida, los dos últimos de ese número alternativo del demonio, del demonio de biblia. Ese número sobre una silla. La música había comenzado otra pieza y yo estaba incontenible. Seguía lamiéndola no toda, inmerso en un mundo sin infecciones venéreas, sin ningún horror sanitario. Sus piernas. Ella me ponía la mano en la entrepierna y movía en círculos como si tuviera una mancha ahí que ella estaba dispuesta a eliminar, cansada. Ingles. Su piel comenzó a cambiar de tono mientras avanzaba... ella ya me había tomado el pene por sobre la tela de mis calzones, tan lubricado como los hombres pueden estar. Yo me acercaba lento, lento.

--¡Ya se acabó! -- gritó un poco alterada cuando estuve demasiado cerca de su vulva. Se paró frente a mí-- ¿Te gustó? --preguntó--
--Sí -- le mentí: porque tal vez sí, tal vez no--.
--¿Quieres otro?
--¿Y el otro de qué se va a tratar?
--De lo mismo.
--Ah... no, gracias.

Ella se salió muy rápido. Ni la vi. Salí dando tumbos, muy desconcertado y serio. Los beodos acompañantes, riendo porque según ellos había sido demasiado sexual, demasiado excitante, o demasiado HARDCORE para mí, un buenmozo de excelentes calificaciones que gustaba presumir siempre de su genialidad. Puede ser, y aún lo dudo, que hayan tenido razón. Antes de salir del Pez, Gris me regañó en casa por llegar tarde sin avisar y por mi hedor a "mujer fácil", ganar trescientos pesos, perdónenme, pero no es muy fácil, menos en México. Como sea, me metí a mi habitación y me masturbé... Gris nunca me agarró "con las manos en la masa" (saben a lo que me refiero), pero probablemente esa vez no fui muy discreto, no lo recuerdo, no sé. Un día podría confesármelo. Regresemos ahora:
--Ya me iba, pero, ah... ¿quieres coger?-- le pregunto.
--Yo también quiero coger.
--¿Cogemos?
--Sí... todavía queda un condón.


Qué preciosas prisas; mi cuerpo desnudo en el pasillo esperando fuera del baño. Oriné. Lo que siguió no lo entiendo aún, menos podría describírselo, tal vez dentro de 5 años me alcance el vocabulario. Ahora sólo tengo una palabra: HARD-GORE.
Luego, me fuí presto.


(Dios, de verdad, Karina fue la mujer que esperaba, antes de esperar a una mujer azul. NO entiendan mal, Karina no trabajaba en el Pez Soluble ni dejó que le lamiera ningún seno, ninguna pierna, ni el cuello ni la ingle... será porque la inventé para contarle a mi hermana cómo era que yo no estaba siendo infeliz a los 13, mientras lo era.)
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