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  1. Que sucede cuando un error de calculo complica las cosas?

    ¿Por que lo hacia? Por que lo amaba, claro!
    ¿Por que simplemente no lo detenía? Admitámoslo, era lo que realmente deseaba
    ¿Qué acaso lo que estaban a punto de hacer no estaba mal? Si pero que podía hacer
    Él era casado, cierto, y ¿no acaso ella tomaba el lugar de la otra?
    Si podría ser pero no le importaba lo único que importaba ahora el amor que ella sentía, probablemente él solo la usaba pero, que importaba, por lo menos tendría el placer de tenerlo para ella una noche, a pesar de que estuviera mal…
    Lentamente fue besando su cuello, probando la esencia de su piel.
    -Na… Naruto
    -Shhh, no hables…-Alzo una de sus manos y comenzó a bajar el cierre de su chaqueta, desasiéndose de ella junto con el pantalón, delicadamente y con deseo fue trazando caricias sobre la tela de su vestimenta, deteniéndose es un lugar especifico, su entrepierna, introduciendo su mano bajo las braguitas de la chicha acariciando con sensualidad aquella parte.
    -Ahhh, Naruto… no pares… por… por favor… haaa!!-si seguía él con esto se volvería loco; la mano libre masajeaba sus senos sobre la tela, hasta que no fue suficiente y se deshizo de su playera para tener contacto definitivo con sus hombros los cuales beso con cariño, succionando una que otra vez, dejando marcas en su blanca piel. Bajo un poco mas y comenzó a juguetear con sus senos, bajando un poco mas, besando y saboreando todo a su paso, hasta topar con el borde de sus bragas. Se detuvo a observarla, se veía realmente hermosa, su piel un poco sudada y sus mejillas teñidas de un rojo que la hacia lucir tan adorable. Lentamente y con delicadeza introdujo uno de sus dedos en su intimidad
    -Ahhh… Na… Naruto….sigue… ahhhhh… mas…
    Observo su rostro, e hizo caso absoluto a su petición, introduciendo un segundo dedo, iniciando con movimientos lentos al principio, aumentando la velocidad cada vez mas, mientras la chica solo arqueaba la espalda de placer. La respiración de ambos se volvió agitada rápidamente, solo sentían derretirse por el placer. Lo evitaba, lo intentaba pero no lo lograba, los gritos de placer salían de su garganta, gimiendo lo que tanto quería de él, sus manos se aferraban a la espalda del chico, mientras sentía como el orgasmo llegaba a ella. Sintió como se convulsionaba la chica, mientras se separaba de ella y se despojaba de su ropa, se posiciono arriba de ella y beso sus labios con lujuria, con deseo… con amor. Rozo deliciosamente su intimidad con su sexo varias veces escuchando cada suspiro de placer que le arrancaba a la kunoichi. Beso su frente, su nariz, sus labios, su cuello… y no podía resistirlo mas tenia que hacerla suya una vez mas, y asi lo hizo en un rápido movimiento entro en ella, saliendo y entrando de ella, aumentando la velocidad sintiendo como la excitación crecía, y las oleadas de placer recorrían su cuerpo, alcanzando el org…
    -Hinata… Hinata!!
    -Ah!...si, lo siento… me decías algo Shino?
    -El Hokage quiere verte en su oficina de inmediato
    -Esta bien, voy enseguida… Gracias
    -Nos vemos
    Se alejo de mí lentamente, sabia que algo pasaba conmigo pero no pregunto, sabia que lo haría pero no ahora, lo apreciaba mucho, era como un hermano para mi, siempre protegiéndome y escuchándome, se lo contaba todo, excepto… excepto esto.
    Sabia que estaba mal, el era casado y yo… bueno digamos que vivía de la ilusión de estar con él algún día. Realmente no se como sucedió, yo estaba en una misión, hace unos días todavía estaba dentro del elite AMBU pero decidí dejarlo, realmente no me sentía cómoda; aquel día lo encontré formando parte de esta, ja! Realmente no me sorprendía, seguido lo hacia, dejaba a uno de sus clones a cargo de la aldea y el iba a misiones cuando le apetecía. Ese día una pasión inexplicable se apodero de ambos y nos llevo a hacer el amor en una tienda a mitad de la nada, bueno, tal vez para él fue solo sexo, pero para mi fue algo realmente especial, le entregue y demostré todo el amor que sentía hacia él, se que estuvo mal, pero me alegro de que mi primera vez haya sido con Naruto.
    Después de esa noche lo volvimos a repetir varias veces mas, lo hacíamos siempre que nos encontrábamos o simplemente nos poníamos de acuerdo.
    Todo era como un sueño para mí, tenerlo por una cantidad de tiempo junto a mí era maravilloso, nadie sospechaba de lo nuestro, ni siquiera ella, su esposa; pero todo se tuvo que complicar.
    No se como paso, tal vez un erro mío, pero de la ultima vez que estuvimos juntos quede embarazada.
    He tomado una gran decisión, tal vez me cueste mucho trabajo realizarlo pero lo hare; no quiero que mi hijo sea considerado como un bastardo aquí, pero tampoco quiero perderlo por que si el clan se entera, eso es lo que pasara, me obligaran a perderlo, ya sea que este de acuerdo o no, asi que mañana mismo me iré de aquí, abandonaremos la aldea, yo y mi pequeño tesoro.
    Me siento feliz, alegre por que es de él y solo de él, pero triste por que no lo volveré a ver nunca mas, por que mi hijo crecerá sin un padre.
    Estoy enfrente de la torre Hokage, tengo ganas de huir, de salir corriendo y lo haría, me iría en este mismo momento, pero quisiera verlo una vez mas, solo una vez mas…
    Voy saludando a todos a mi paso hasta que finalmente llegue, levanto mi muñeca para tocar la puerta pero un miedo comienza a invadirme, siempre fui una cobarde, trato de armarme de valor pero no lo logro, se que si lo veo, adivinara todo lo que sucede en mi, leerá mi mente y sabrá sobre mi plan, pero lo intentare, asi que toco suavemente.
    -Adelante!
    Abro lentamente la puerta y entro, y ahí esta, sentado detrás del escritorio, sonriéndome; no puedo mas, lo intente pero no funciona y mi muralla de valor se derrumba, estoy apunto de hablar y contarle todo pero comienza a decirme algo.
    -Hinata yo… tengo que decirtelo… yo
    La sonrisa se borra de su rostro…
    -Acabo de dejar a Sakura… nos separamos…
    Siento que una sonrisa se comienza a formar en mi rostro, quiero decir algo, pero las palabras no salen de mis labios.
    -No podía continuar con esto mas, yo… realmente no la amo Hinata
    Se levanta de su silla y camina hacia mi, sus ojos me miran mientras toma con dulzura mis mano entre las suyas
    -fui un idiota al no darme cuenta de esto antes y espero que me perdones por hacerte pasar este mal rato, pero espero me dejes compensarte y aceptes ser mi mujer de ahora en adelante… Te amo Hinata, y quiero estar contigo el resto de mi vida.
    Me quede sin palabras no sabia que decir, asi que solo lo abrace, él lo entendió todo con ese gesto mío asi que me correspondió con una enorme sonrisa en su rostro al igual que yo la tenia en el mío; trate de disfrutar el momento al máximo, de ahora en adelante lo tendría solo para mi; pude haberle dicho sobre el embarazo pero decidí dejarlo para después, al fin y al cabo nos quedaba mucho por delante.
    Fin
    Bueno hasta aquí llega este one shot, realmente no quedo como lo imaginaba pero espero sus opiniones.
  2. Este es el primer one-shot que escribo, pero no la primera historia, en realidad es la segunda. y antes de que lean, este fic contiene lemon.:eek:
    Te has puesto a pensar todo lo que te quitaría la vida, si te mataran.
    AL BORDE DE LA MUERTE
    Por que yo… te amo!!
    Aun recuerdo aquella vez, en que le declare mis sentimientos, aunque nunca me imagine hacerlo de esa forma: él, apunto de ser asesinado por Pein y yo, por amor sacrificándome para salvarlo. Aunque momentos después me encontraba en el suelo inconsciente. Sabía a lo que me afrontaba al hacerlo, sabía que no tendría posibilidad ante Pein, sabia que moriría, pero al menos, haría el intento.
    Varios días después desperté, Sakura me salvo la vida, siempre la considere una kunoichi muy fuerte y una esplendida medico; se lo agradecí, aunque en lo mas profundo de mi prefería morir a mirarlo a la cara de nuevo y que hubiera la posibilidad de ser rechazada; de seguir viviendo dentro de una pesadilla, de la que nunca podría salir, yo ya no quería seguir viviendo en la soledad, detrás de la sombra de mi primo Neji; quería ser reconocida, admirada, pero no por mi clan, ni por mi padre, no, sino por él, por Naruto Uzumaki, aquel ninja rubio del que había y estaba enamorada desde hace años, pero parecía que a pesar de todo mi esfuerzo, era inútil, para él solo seguía siendo una extraña mas, solo una amiga. Pero dentro de mí surgió un pequeño rayo de luz, que me decía que había una pequeña posibilidad.
    Varios días después Salí del hospital, trataba de ayudar lo que mas se pudiera en la reparación de la aldea, todo volvía a ser paz de nuevo. Mi padre me veía diferente, en su mirada podía ver… ¿admiración, orgullo?, no lo se, pero las cosas comenzaban a cambiar. Dentro del clan ya no era tratada como una vergüenza, pero eso que importaba, los días pasaban y no tenía ninguna señal de él.
    Un día iba caminando por la calle, con un semblante triste, sumida solamente en mis pensamientos, ajena de lo que ocurría a mi alrededor, hasta que sentí que tropecé con alguien haciéndolo caer a él, justo en ese momento, mi cerebro se conecto a la realidad, y lo vi, sentado en el piso mirándome con una cara de dolor causada por el golpe; trate de disculparme, pero estaba paralizada. Observe como se levantaba del piso, y recogiendo algo que no había notado antes, se cerco a mí.
    -Te amo Hinata Hyuga-fueron las palabras que durante años, solo oía en mis sueños, pero que ahora dentro de la realidad salían de sus labios solamente para mi, aunque segundos después… me desmaye, claro, con una gran sonrisa en el rostro.
    Desperté lentamente, temiendo que lo anterior hubiera sido un sueño, pero al ver aquellas rosas blancas en mi buro, aquellas que hace algunos momentos él sostenía en sus manos, supe que no lo era y con la máxima felicidad que mi cuerpo podía irradiar, me levante y lo fui a buscar; al Salí de la puerta, me encontré a mi padre caminando por el pasillo.
    -Naruto…-solo eso basto para que mi cuerpo se detuviera en seco-Tsunade-sama lo mando a llamar hace poco, parece que era algo importante, no creo que lo encuentres en su casa y ya es demasiado tarde, ve a descansar y mañana lo vas a buscar.
    Su voz era autoritaria, aunque carecía de algo que hace mucho no utilizaba conmigo… frialdad; pero eso no me detuvo, me gire y viéndolo los ojos con la mayor seguridad hice algo de lo que nunca me arrepentiré.
    -NO-mire como su rostro obtenía una expresión de asombro al escuchar esa palabra de mi boca. Y sin mas, me gire y corrí hacia su departamento, tal vez no lo encontraría ahí, pero por lo menos lo esperaría hasta que regresara.
    Recuerdo que llegue a su casa, y como me lo imaginaba, no se encontraba ahí, asi que me senté a fuera de la puerta y al poco rato, me quede dormida.
    No se cuanto tiempo espere, ya había anochecido, tal vez habían sido horas, no sabia, pero al escuchar que alguien se acercaba, abrí los ojos y a lo lejos vi la silueta de un hombre, y adivinen que… ¡era él!, y sin mas corrí a sus brazos, abalanzándome a él.
    -¡Hinata!... no deberías estar a estas horas sola por la calle.
    -No lo estoy
    Y sin mas, me beso, mi primer beso, y con él, el amor de mi vida, algo que había soñado durante años.
    -Y desde ahora, ya nunca lo estarás, por que siempre estaré yo aquí, a tu lado.
    Desde ese día mi vida ya no volvió a ser soledad, por lo tenia a él para mi, era solamente mío, tal vez suene egoísta pero asi era.
    Un año después, su rostro fue grabado en la montaña de los Hokage… si, su sueño se cumplió, ahora era reconocido por la aldea, poro no solo eso, sino también por todo el país del fuego.
    Hace dos meses fue a una misión junto con los AMBU, dos de los más peligrosos criminales del libro Bingo, estaban causando problemas en Suna, y tenia que ayudar a eliminarlos. No podía negarme que tuviera miedo, miedo de que le pasara algo y que no regresara nunca mas a mi lado, pero tenia que confiar en él, sabia que regresaría sano y salvo.
    Un mes, fue el tiempo determinado para la misión, en un mes Tsunade se había hecho cargo de la aldea, un mes lo había esperado, y esa misma noche, mientras dormía, él entro por mi ventana.
    -Hina, estoy de vuelta- al oír sus palabras, creí que era un sueño, uno de los varios sueños que había tenido durante ese largo mes imaginando su regreso. Pero me di cuenta que eso no lo era.
    Abri los ojos, y ahí estaba, frente a mi, usando el uniforme AMBU, el cual estaba sumamente sucio.
    Me levante de la cama lo mas rápido que pude y lo abrace, sintiendo ese cuerpo que tanto me hacia falta.
    -Te extrañe
    -Y yo a ti princesa
    _*_*_
    Un dolor recorrió su cuerpo ferozmente, haciéndola salir de sus pensamientos
    -Naruto…-pronuncio en un susurro apenas audible
    Le costaba trabajo respirar, le dolía el cuerpo, le quemaba el aire que chocaba contra sus heridas. Se sentía inútil, por más que trataba de luchar, de salir de aquella situación, no podía. Aquel sujeto que amenazaba con matarla, tenía una espada contra su fino cuello. No sabia como había pasado, momentos antes estaba junto a su equipo, en aquella misión, todo estaba saliendo a la perfección, pero un error suyo, los separo a los tres, el blanco había echo explotar la zona, reacciono antes de salir herida, pero perdió de vista a Shino y a Kiba.
    -Estas lista?... es hora de tu muerte
    Cerró sus ojos, mientras trata de seguir recordando aquel día
    _*_*_*
    -Y yo a ti princesa
    La miro atentamente, haciéndola sonrojar intensamente, contemplando aquel camisón del cual se transparentaba su fina figura, cubierta solamente por una pequeñas braguitas
    La tomo de la cintura y la recostó en la cama.Naruto se encontraba encima de Hinata con una sonrisa siniestra en su rostro. Con extrema cautela la despojo de cualquier prenda que la cubriera y comenzó a besar su cuello. La respiración de ella era irregular, se podía sentir la excitación de ambos, y en sus ojos se mostraba un poco de temor sumado al intenso deseo. Al igual que ella, el se despojo de su uniforme AMBU, rozando su piel desnuda de ella contra la suya, experimentando un placer fuera del alcance de la imaginación
    Él estaba un poco fuera de control. No podía esperar a probarla. Descendió su cabeza para probar el dulce néctar de sus labios, para sentirse completo y sentir el absoluto dominio sobre el pequeño y flexible cuerpo de ella. Era tan encantadora, atractiva y tan fácil de extasiar. Beso sus labios de ella, aún más intenso. Sus manos tocaron su cuello y lentamente se movió debajo de sus hombros, lentamente, inclusive más lento hacia sus senos.
    Hinata no respiró, anticipando lo que vendría. Él estimuló uno de de sus senos y Hinata arqueó su espalda. Pellizco suavemente su pezón, mientras que aquella sensación que los estaba quemando fue devastadora.

    -Hinata…-susurró justo cuando tomaba su otro pezón con su boca.
    -Por favor…-Hinata suplicó mientras movía sus manos en el pelo de él.

    Su otra mano se encontraba debajo de la rodilla de. Se encontraba completamente desnudo y su miembro estaba rozando la entrada de ella, queriendo entrar en ella. Ambos compartían el mismo deseo. Era tan fuerte el deseo.

    Quería sentirse completa, con él adentro de sí, fuerte y profundo, rozando y presionando.

    -Por favor Naruto- gimió mientras su mano abandonó su rodilla y viajó a lo largo de su pierna hasta llegar allí. La tocó y se percató que ella estaba tan húmeda y lista para él.

    Continuó succionando su seno, y con su otra mano le brindaba placer allí abajo, moviendo su mano circularmente. Ella apretó sus manos en su pelo de él, alertándolo, alentándolo a seguir y deseando que se detuviera al mismo tiempo. Era realmente una locura. Él detuvo sus movimientos, mientras la miraba a los ojos con una mirada llena de amor pero al mismo tiempo rogándole.

    -Hazlo-y solo eso necesito.
    Separo lentamente sus piernas y fue introduciendo lentamente su miembro en el interior de ella, hundiéndose lo más que pudo, pero al mismo tiempo tratando de ser cuidadoso. De un momento a otro traspasó la barrera de su virginidad, ahogando un grito de dolor de ella, con un beso, mientras esperaba a que se acostumbrara a tenerlo dentro de ella. Cuando el dolor termino, comenzó a moverse lentamente, aumentando la velocidad cada vez que entraba y salía de su interior. La presión en el estomagó de ambos crecía y crecía, cada vez se incrementaba más, mucho más, sumergidos en el placer.
    -Te amo-dijeron ambos mientras llegaban juntos a la cima del clímax
    _*_*_*
    Abrió los ojos lentamente, quería moverse, salir de ahí, pero su cuerpo no respondía. No quería morir y perder todo lo que había logrado, no tenia que morir, pero como?, como salir de aquella situación?
    Quería volver a ver a Naruto y decirle que…
    -bien, es mejor que te despidas-hablo el ninja mientras levantaba la espada.
    Cerro los ojos fuertemente, escuchando el aire ser cortado por la espada, su fin había llegado.
    -¡RASENGAN!
    ¡Esa voz!, abrió los ojos rápidamente viendo a aquel ninja salir disparado en una esfera azul, y a su rubio novio parado enfrente de ella.
    -Naruto… lle… llegaste
    -Lo siento por la tardanza, pero ya estoy aquí
    La levanto suavemente en brazos, mirándola directamente a los ojos
    -Hinata yo…
    -Naruto, estoy embarazada.

    Espero que les haya gustado.
    Sayonara


  3. Me encontre esta pequeña historia en el internet y me encanto, leanla
    :ANYWORD:

    La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.
    —Oigan el viento —dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.
    —Lo oigo —dijo éste moviendo implacablemente la reina—. Jaque.
    —No creo que venga esta noche —dijo el padre con la mano sobre el tablero.
    —Mate —contestó el hijo.
    —Esto es lo malo de vivir tan lejos —vociferó el señor White con imprevista y repentina violencia—. De todos los suburbios, este es el peor. El camino es un pantano. No se qué piensa la gente. Como hay sólo dos casas alquiladas, no les importa.
    —No te aflijas, querido —dijo suavemente su mujer—, ganarás la próxima vez.
    El señor White alzó la vista y sorprendió una mirada de complicidad entre madre e hijo. Las palabras murieron en sus labios y disimuló un gesto de fastidio.
    —Ahí viene —dijo Herbert White al oír el golpe del portón y unos pasos que se acercaban. Su padre se levantó con apresurada hospitalidad y abrió la puerta; le oyeron condolerse con el recién venido.
    Luego, entraron. El forastero era un hombre fornido, con los ojos salientes y la cara rojiza.
    —El sargento-mayor Morris —dijo el señor White, presentándolo. El sargento les dio la mano, aceptó la silla que le ofrecieron y observó con satisfacción que el dueño de casa traía whisky y unos vasos y ponía una pequeña pava de cobre sobre el fuego.
    Al tercer vaso, le brillaron los ojos y empezó a hablar. La familia miraba con interés a ese forastero que hablaba de guerras, de epidemias y de pueblos extraños.
    —Hace veintiún años —dijo el señor White sonriendo a su mujer y a su hijo—. Cuando se fue era apenas un muchacho. Mírenlo ahora.
    —No parece haberle sentado tan mal —dijo la señora White amablemente.
    —Me gustaría ir a la India —dijo el señor White—. Sólo para dar un vistazo.
    —Mejor quedarse aquí —replicó el sargento moviendo la cabeza. Dejó el vaso y, suspirando levemente, volvió a sacudir la cabeza.
    —Me gustaría ver los viejos templos y faquires y malabaristas —dijo el señor White—. ¿Qué fue, Morris, lo que usted empezó a contarme los otros días, de una pata de mono o algo por el estilo?
    —Nada —contestó el soldado apresuradamente—. Nada que valga la pena oír.
    —¿Una pata de mono? —preguntó la señora White.
    —Bueno, es lo que se llama magia, tal vez —dijo con desgana el militar.
    Sus tres interlocutores lo miraron con avidez. Distraídamente, el forastero, llevó la copa vacía a los labios: volvió a dejarla. El dueño de casa la llenó.
    —A primera vista, es una patita momificada que no tiene nada de particular —dijo el sargento mostrando algo que sacó del bolsillo.
    La señora retrocedió, con una mueca. El hijo tomó la pata de mono y la examinó atentamente.
    —¿Y qué tiene de extraordinario? —preguntó el señor White quitándosela a su hijo, para mirarla.
    —Un viejo faquir le dio poderes mágicos —dijo el sargento mayor—. Un hombre muy santo... Quería demostrar que el destino gobierna la vida de los hombres y que nadie puede oponérsele impunemente. Le dio este poder: Tres hombres pueden pedirle tres deseos.
    Habló tan seriamente que los otros sintieron que sus risas desentonaban.
    —Y usted, ¿por qué no pide las tres cosas? —preguntó Herbert White.
    El sargento lo miró con tolerancia.
    —Las he pedido —dijo, y su rostro curtido palideció.
    —¿Realmente se cumplieron los tres deseos? —preguntó la señora White.
    —Se cumplieron —dijo el sargento.
    —¿Y nadie más pidió? —insistió la señora.
    —Sí, un hombre. No sé cuáles fueron las dos primeras cosas que pidió; la tercera fue la muerte. Por eso entré en posesión de la pata de mono.
    Habló con tanta gravedad que produjo silencio.
    —Morris, si obtuvo sus tres deseos, ya no le sirve el talismán —dijo, finalmente, el señor White—. ¿Para qué lo guarda?
    El sargento sacudió la cabeza:
    —Probablemente he tenido, alguna vez, la idea de venderlo; pero creo que no lo haré. Ya ha causado bastantes desgracias. Además, la gente no quiere comprarlo. Algunos sospechan que es un cuento de hadas; otros quieren probarlo primero y pagarme después.
    —Y si a usted le concedieran tres deseos más —dijo el señor White—, ¿los pediría?
    —No sé —contestó el otro—. No sé.
    Tomó la pata de mono, la agitó entre el pulgar y el índice y la tiró al fuego. White la recogió.
    —Mejor que se queme —dijo con solemnidad el sargento.
    —Si usted no la quiere, Morris, démela.
    —No quiero —respondió terminantemente—. La tiré al fuego; si la guarda, no me eche las culpas de lo que pueda suceder. Sea razonable, tírela.
    El otro sacudió la cabeza y examinó su nueva adquisición. Preguntó:
    —¿Cómo se hace?
    —Hay que tenerla en la mano derecha y pedir los deseos en voz alta. Pero le prevengo que debe temer las consecuencias.
    —Parece de las Mil y una noches —dijo la señora White. Se levantó a preparar la mesa—. ¿No le parece que podrían pedir para mí otro par de manos?
    El señor White sacó del bolsillo el talismán; los tres se rieron al ver la expresión de alarma del sargento.
    —Si está resuelto a pedir algo —dijo agarrando el brazo de White— pida algo razonable.
    El señor White guardó en el bolsillo la pata de mono. Invitó a Morris a sentarse a la mesa. Durante la comida el talismán fue, en cierto modo, olvidado. Atraídos, escucharon nuevos relatos de la vida del sargento en la India.
    —Si en el cuento de la pata de mono hay tanta verdad como en los otros —dijo Herbert cuando el forastero cerró la puerta y se alejó con prisa, para alcanzar el último tren—, no conseguiremos gran cosa.
    —¿Le diste algo? —preguntó la señora mirando atentamente a su marido.
    —Una bagatela —contestó el señor White, ruborizándose levemente—. No quería aceptarlo, pero lo obligué. Insistió en que tirara el talismán.
    —Sin duda —dijo Herbert, con fingido horror—, seremos felices, ricos y famosos. Para empezar tienes que pedir un imperio, así no estarás dominado por tu mujer.
    El señor White sacó del bolsillo el talismán y lo examinó con perplejidad.
    —No se me ocurre nada para pedirle —dijo con lentitud—. Me parece que tengo todo lo que deseo.
    —Si pagaras la hipoteca de la casa serías feliz, ¿no es cierto? —dijo Herbert poniéndole la mano sobre el hombro—. Bastará con que pidas doscientas libras.
    El padre sonrió avergonzado de su propia credulidad y levantó el talismán; Herbert puso una cara solemne, hizo un guiño a su madre y tocó en el piano unos acordes graves.
    —Quiero doscientas libras —pronunció el señor White.
    Un gran estrépito del piano contestó a sus palabras. El señor White dio un grito. Su mujer y su hijo corrieron hacia él.
    —Se movió —dijo, mirando con desagrado el objeto, y lo dejó caer—. Se retorció en mi mano como una víbora.
    —Pero yo no veo el dinero —observó el hijo, recogiendo el talismán y poniéndolo sobre la mesa—. Apostaría que nunca lo veré.
    —Habrá sido tu imaginación, querido —dijo la mujer, mirándolo ansiosamente.
    Sacudió la cabeza.
    —No importa. No ha sido nada. Pero me dio un susto.
    Se sentaron junto al fuego y los dos hombres acabaron de fumar sus pipas. El viento era más fuerte que nunca. El señor White se sobresaltó cuando golpeó una puerta en los pisos altos. Un silencio inusitado y deprimente los envolvió hasta que se levantaron para ir a acostarse.
    —Se me ocurre que encontrarás el dinero en una gran bolsa, en medio de la cama —dijo Herbert al darles las buenas noches—. Una aparición horrible, agazapada encima del ropero, te acechará cuando estés guardando tus bienes ilegítimos.
    Ya solo, el señor White se sentó en la oscuridad y miró las brasas, y vio caras en ellas. La última era tan simiesca, tan horrible, que la miró con asombro; se rió, molesto, y buscó en la mesa su vaso de agua para echárselo encima y apagar la brasa; sin querer, tocó la pata de mono; se estremeció, limpió la mano en el abrigo y subió a su cuarto.

    A la mañana siguiente, mientras tomaba el desayuno en la claridad del sol invernal, se rió de sus temores. En el cuarto había un ambiente de prosaica salud que faltaba la noche anterior; y esa pata de mono; arrugada y sucia, tirada sobre el aparador, no parecía terrible.
    —Todos los viejos militares son iguales —dijo la señora White—. ¡Qué idea, la nuestra, escuchar esas tonterías! ¿Cómo puede creerse en talismanes en esta época? Y si consiguieras las doscientas libras, ¿qué mal podrían hacerte?
    —Pueden caer de arriba y lastimarte la cabeza —dijo Herbert.
    —Según Morris, las cosas ocurrían con tanta naturalidad que parecían coincidencias —dijo el padre.
    —Bueno, no vayas a encontrarte con el dinero antes de mi vuelta —dijo Herbert, levantándose de la mesa—. No sea que te conviertas en un avaro y tengamos que repudiarte.
    La madre se rió, lo acompañó hasta afuera y lo vio alejarse por el camino; de vuelta a la mesa del comedor, se burló de la credulidad del marido.
    Sin embargo, cuando el cartero llamó a la puerta corrió a abrirla, y cuando vio que sólo traía la cuenta del sastre se refirió con cierto malhumor a los militares de costumbres intemperantes.
    —Me parece que Herbert tendrá tema para sus bromas —dijo al sentarse.
    —Sin duda —dijo el señor White—. Pero, a pesar de todo, la pata se movió en mi mano. Puedo jurarlo.
    —Habrá sido en tu imaginación —dijo la señora suavemente.
    —Afirmo que se movió. Yo no estaba sugestionado. Era... ¿Qué sucede?
    Su mujer no le contestó. Observaba los misteriosos movimientos de un hombre que rondaba la casa y no se decidía a entrar. Notó que el hombre estaba bien vestido y que tenía una galera nueva y reluciente; pensó en las doscientas libras. El hombre se detuvo tres veces en el portón; por fin se decidió a llamar.
    Apresuradamente, la señora White se quitó el delantal y lo escondió debajo del almohadón de la silla.
    Hizo pasar al desconocido. Éste parecía incómodo. La miraba furtivamente, mientras ella le pedía disculpas por el desorden que había en el cuarto y por el guardapolvo del marido. La señora esperó cortésmente que les dijera el motivo de la visita; el desconocido estuvo un rato en silencio.
    —Vengo de parte de Maw & Meggins —dijo por fin.
    La señora White tuvo un sobresalto.
    —¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Le ha sucedido algo a Herbert?
    Su marido se interpuso.
    —Espera, querida. No te adelantes a los acontecimientos. Supongo que usted no trae malas noticias, señor.
    Y lo miró patéticamente.
    —Lo siento... —empezó el otro.
    —¿Está herido? —preguntó, enloquecida, la madre.
    El hombre asintió.
    —Mal herido —dijo pausadamente—. Pero no sufre.
    —Gracias a Dios —dijo la señora White, juntando las manos—. Gracias a Dios.
    Bruscamente comprendió el sentido siniestro que había en la seguridad que le daban y vio la confirmación de sus temores en la cara significativa del hombre. Retuvo la respiración, miró a su marido que parecía tardar en comprender, y le tomó la mano temblorosamente. Hubo un largo silencio.
    —Lo agarraron las máquinas —dijo en voz baja el visitante.
    —Lo agarraron las máquinas —repitió el señor White, aturdido.
    Se sentó, mirando fijamente por la ventana; tomó la mano de su mujer, la apretó en la suya, como en sus tiempos de enamorados.
    —Era el único que nos quedaba —le dijo al visitante—. Es duro.
    El otro se levantó y se acercó a la ventana.
    —La compañía me ha encargado que le exprese sus condolencias por esta gran pérdida —dijo sin darse la vuelta—. Le ruego que comprenda que soy tan sólo un empleado y que obedezco las órdenes que me dieron.
    No hubo respuesta. La cara de la señora White estaba lívida.
    —Se me ha comisionado para declararles que Maw & Meggins niegan toda responsabilidad en el accidente —prosiguió el otro—. Pero en consideración a los servicios prestados por su hijo, le remiten una suma determinada.
    El señor White soltó la mano de su mujer y, levantándose, miró con terror al visitante. Sus labios secos pronunciaron la palabra: ¿cuánto?
    —Doscientas libras —fue la respuesta.
    Sin oir el grito de su mujer, el señor White sonrió levemente, extendió los brazos, como un ciego, y se desplomó, desmayado.

    En el cementerio nuevo, a unas dos millas de distancia, marido y mujer dieron sepultura a su muerto y volvieron a la casa transidos de sombra y de silencio.
    Todo pasó tan pronto que al principio casi no lo entendieron y quedaron esperando alguna otra cosa que les aliviara el dolor. Pero los días pasaron y la expectativa se transformó en resignación, esa desesperada resignación de los viejos, que algunos llaman apatía. Pocas veces hablaban, porque no tenían nada que decirse; sus días eran interminables hasta el cansancio.
    Una semana después, el señor White, despertándose bruscamente en la noche, estiró la mano y se encontró solo.
    El cuarto estaba a oscuras; oyó cerca de la ventana, un llanto contenido. Se incorporó en la cama para escuchar.
    —Vuelve a acostarte —dijo tiernamente—. Vas a coger frío.
    —Mi hijo tiene más frío —dijo la señora White y volvió a llorar.
    Los sollozos se desvanecieron en los oídos del señor White. La cama estaba tibia, y sus ojos pesados de sueño. Un despavorido grito de su mujer lo despertó.
    —La pata de mono —gritaba desatinadamente—, la pata de mono.
    El señor White se incorporó alarmado.
    —¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Qué sucede?
    Ella se acercó:
    —La quiero. ¿No la has destruido?
    —Está en la sala, sobre la repisa —contestó asombrado—. ¿Por qué la quieres?
    Llorando y riendo se inclinó para besarlo, y le dijo histéricamente:
    —Sólo ahora he pensado... ¿Por qué no he pensado antes? ¿Por qué tú no pensaste?
    —¿Pensaste en qué? —preguntó.
    —En los otros dos deseos —respondió en seguida—. Sólo hemos pedido uno.
    —¿No fue bastante?
    —No —gritó ella triunfalmente—. Le pediremos otro más. Búscala pronto y pide que nuestro hijo vuelva a la vida.
    El hombre se sentó en la cama, temblando.
    —Dios mío, estás loca.
    —Búscala pronto y pide —le balbuceó—; ¡mi hijo, mi hijo!
    El hombre encendió la vela.
    —Vuelve a acostarte. No sabes lo que estás diciendo.
    —Nuestro primer deseo se cumplió. ¿Por qué no hemos de pedir el segundo?
    —Fue una coincidencia.
    —Búscala y desea —gritó con exaltación la mujer.
    El marido se volvió y la miró:
    —Hace diez días que está muerto y además, no quiero decirte otra cosa, lo reconocí por el traje. Si ya entonces era demasiado horrible para que lo vieras...
    —¡Tráemelo! —gritó la mujer arrastrándolo hacia la puerta—. ¿Crees que temo al niño que he criado?
    El señor White bajó en la oscuridad, entró en la sala y se acercó a la repisa.
    El talismán estaba en su lugar. Tuvo miedo de que el deseo todavía no formulado trajera a su hijo hecho pedazos, antes de que él pudiera escaparse del cuarto.
    Perdió la orientación. No encontraba la puerta. Tanteó alrededor de la mesa y a lo largo de la pared y de pronto se encontró en el zaguán, con el maligno objeto en la mano.
    Cuando entró en el dormitorio, hasta la cara de su mujer le pareció cambiada. Estaba ansiosa y blanca y tenía algo sobrenatural. Le tuvo miedo.
    —¡Pídelo! —gritó con violencia.
    —Es absurdo y perverso —balbuceó.
    —Pídelo —repitió la mujer.
    El hombre levantó la mano:
    —Deseo que mi hijo viva de nuevo.
    El talismán cayó al suelo. El señor White siguió mirándolo con terror. Luego, temblando, se dejó caer en una silla mientras la mujer se acercó a la ventana y levantó la cortina. El hombre no se movió de allí, hasta que el frío del alba lo traspasó. A veces miraba a su mujer que estaba en la ventana. La vela se había consumido; hasta casi apagarse. Proyectaba en las paredes y el techo sombras vacilantes.
    Con un inexplicable alivio ante el fracaso del talismán, el hombre volvió a la cama; un minuto después, la mujer, apática y silenciosa, se acostó a su lado.
    No hablaron; escuchaban el latido del reloj. Crujió un escalón. La oscuridad era opresiva; el señor White juntó coraje, encendió un fósforo y bajó a buscar una vela.
    Al pie de la escalera el fósforo se apagó. El señor White se detuvo para encender otro; simultáneamente resonó un golpe furtivo, casi imperceptible, en la puerta de entrada.
    Los fósforos cayeron. Permaneció inmóvil, sin respirar, hasta que se repitió el golpe. Huyó a su cuarto y cerró la puerta. Se oyó un tercer golpe.
    —¿Qué es eso? —gritó la mujer.
    —Un ratón —dijo el hombre—. Un ratón. Se me cruzó en la escalera.
    La mujer se incorporó. Un fuerte golpe retumbó en toda la casa.
    —¡Es Herbert! ¡Es Herbert! —La señora White corrió hacia la puerta, pero su marido la alcanzó.
    —¿Qué vas a hacer? —le dijo ahogadamente.
    —¡Es mi hijo; es Herbert! —gritó la mujer, luchando para que la soltara—. Me había olvidado de que el cementerio está a dos millas. Suéltame; tengo que abrir la puerta.
    —Por amor de Dios, no lo dejes entrar —dijo el hombre, temblando.
    —¿Tienes miedo de tu propio hijo? —gritó—. Suéltame. Ya voy, Herbert; ya voy.
    Hubo dos golpes más. La mujer se libró y huyó del cuarto. El hombre la siguió y la llamó, mientras bajaba la escalera. Oyó el ruido de la tranca de abajo; oyó el cerrojo; y luego, la voz de la mujer, anhelante:
    —La tranca —dijo—. No puedo alcanzarla.
    Pero el marido, arrodillado, tanteaba el piso, en busca de la pata de mono.
    —Si pudiera encontrarla antes de que eso entrara...
    Los golpes volvieron a resonar en toda la casa. El señor White oyó que su mujer acercaba una silla; oyó el ruido de la tranca al abrirse; en el mismo instante encontró la pata de mono y, frenéticamente, balbuceó el tercer y último deseo.
    Los golpes cesaron de pronto; aunque los ecos resonaban aún en la casa. Oyó retirar la silla y abrir la puerta. Un viento helado entró por la escalera, y un largo y desconsolado alarido de su mujer le dio valor para correr hacia ella y luego hasta el portón.
    El camino estaba desierto y tranquilo.


  4. 1.- Contar ovejas es inútil para conciliar el sueño. Dicha actividad es tan aburrida, que otras preocupaciones, ideas y problemas inevitablemente llegan a la mente.

    2.- Debes cambiar los colchones cada cierto tiempo. Los colchones tienen una vida útil entre 8 a 10 años. Luego de ese tiempo, en elllos comienza a crecer una horrible bacteria, que según estudios, vinculan el colchón con la muerte súbita infantil.


    3.- Dormir poco eleva el riesgo de contraer un resfrío. Así lo reveleó un estudio en Estados Unidos en el año 2004.


    4.- Sólo soñamos respecto a lo que conocemos.


    5.- Olvidamos el 90% de nuestros sueños. El los primeros 5 minutos despues de despertar, olvidas la mitad de tu sueño, y al pasar tan solo 10 minutos el 90% del sueño se ha ido.


    6.- El sueño tiene varias etapas. Una de ellas es la fase llamada REM (movimiento rápido de los ojos), es la fase en que los sueños son más intensos y suele suceder en el último tramo del sueño.


    7.- Hay culturas en las que creen que los sueños son como premoniciones, advertencias de algún peligro o mensajes de algo que sucederá en un futuro.


    8.- El mamifero que más duerme es el Oso Perezoso gigante. Duerme un total de 20 horas al día, cuando no esta durmiendo, generalmente está comiendo.


    9.- El conejo y el cerdo duermen lo mismo que un ser humano. Aproximadamente 8 horas.


    10.- El animal que menos duerme es el caballo.


    11.- La gente que ha dejado de fumar, tiene sueños más vividos. Personas que han fumado por mucho tiempo y lo han dejado, reportan sueños mucho mas vividos de lo normal.


    12.- Los personas ciegas sí sueñan. Aunque los que nacieron sin visión no vean imagenes, sus sueños son igual de vividos e involucran otros sentidos como el sonido, olor y tacto. Las personas que nacieron con visión y luego la perdieron, pueden ver imágenes en sus sueños.


    13.- En los ultimos 4 años se ha duplicado el número de personas que toman pastillas para dormir.


    14.- La creencia que despertar a un sonánbulo es peligroso, es un mito.


    15.- Los españoles duermen una media de 40 minutos menos por noche que los demás europeos.


    16.- El record de una persona despierta lo tiene Randy Gardner, que e 1964, cuando tenia 17 años de edad, se mantuvo despierto durante 264 horas (11 dias) y 12 minutos.


    17.- Las ballenas y delfines rotan los hemisferios de su cerebro para poder dormir. Ya que siempre tienen que estar conscientes para salir al aire y respirar. Sólo una parte de su cerebro duerme cada vez.


    18.- En muchas culturas se atribuye un valor profético al sueño, concebido como un mensaje cifrado de origen divino que es necesario desentrañar.


    19.- Somniphobia (en inglés) es el temor a dormir.


    20.- Pasamos la tercera parte de nuestra vida durmiendo.


    21.- Hay muchas teorias sobre el tema, pero nadie sabe especificamente porqué soñamos.


    22.- Al rededor del 12% de la gente sueña sólo en blanco y negro. El resto sueña a color.
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  5. Siempre ten presente, que la piel se arruga, El pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años...
    Pero lo importante no cambia: Tu fuerza y convicción no tienen edad,
    Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña.
    Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
    Detrás de cada logro, hay otro desafío.
    Mientras estés vivo, siéntete vivo.
    Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
    No vivas de fotos amarillas.
    Sigue aunque todos esperen que abandones.
    No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
    Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
    Cuando por los años no puedas correr, trota.
    Cuando no puedas trotar, camina.
    Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
    Pero nunca te detengas!!!

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  6. La pregunta más importante Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa. Yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la ultima:
    "¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?"
    Seguramente esto era algún tipo de broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero, ¿cómo iba yo a saber su nombre?
    Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.
    Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. "Absolutamente", dijo el profesor. "En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: '¡Hola!'

    Nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dorothy. Todos somos importantes.

    Auxilio en la lluvia Una noche, a las 11:30 p.m., una mujer afroamericana, de edad avanzada estaba parada en el acotamiento de una autopista de Alabama, tratando de soportar una fuerte tormenta.
    Su coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche. Un joven blanco se detuvo a ayudarla, a pesar de todos los conflictos que habían ocurrido durante los 60. El joven la llevó a un lugar seguro, la ayudó a obtener asistencia y la puso en un taxi. Ella parecía estar bastante apurada. Ella anotó la dirección del joven, le agradeció y se fue.
    Siete días pasaron, cuando tocaron la puerta de su casa. Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue entregado por correo a su casa. Tenia una nota especial adjunta al paquete. Esta decía: "Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La lluvia anegó no sólo mi ropa sino mi espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera. Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente. Sinceramente: La Señora de Nat King Cole.

    No esperes nada a cambio y lo recibirás.

    Siempre recuerda aquellos a quienes sirves En los días en que un helado costaba mucho menos, un niño de 10 años entró en un establecimiento y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua en frente de él. "¿Cuánto cuesta un helado de chocolate con almendras?" pregunto el niño. "Cincuenta centavos", respondió la mesera. El niño sacó su mano de su bolsillo y examinó un número de monedas. "¿Cuánto cuesta un helado solo?", volvió a preguntar.
    Algunas personas estaban esperando por una mesa y la mesera ya estaba un poco impaciente. "Treinta y cinco centavos", dijo ella bruscamente. El niño volvió a contar las monedas. "Quiero el helado solo", dijo el niño. La mesera le trajo el helado, y puso la cuenta en la mesa y se fue.
    El niño terminó el helado, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió, ella empezó a limpiar la mesa y entonces le costó tragar saliva con lo que vio. Allí, puesto ordenadamente junto al plato vacío, había los treinta y cinco centavos y veinticinco más... su propina.

    Jamás juzgues a alguien antes de tiempo.

    Los obstáculos en nuestro camino Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca. Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.
    Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.

    Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

    Donando sangre Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de Stanford, conocí a una niñita llamada Liz quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla. El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por solo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: "Si, lo haré, si eso salva a Liz."
    Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: "¿A qué hora empezaré a morirme?"
    Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana. Y aun así se la daba.

    Da todo por quien ames.
    AMA COMO NUNCA HAS QUERIDO.
    NO DESPRECIES LA AMISTAD DE TUS AMIGOS.
    VIVE LOS DÍAS CON FE, AMOR Y PAZ.
    TRABAJA COMO SI NO NECESITARAS EL DINERO.
    Y BAILA COMO SI NADIE TE VIERA.
  7. En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto a sus enemigos ya que a sus prisioneros, no los mataba, si no que los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado, y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.
    En esa sala, les hacía formar un círculo y les decía:
    -Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta. Detrás de esa puerta, YO LOS ESTARE ESPERANDO.
    Todos elegían ser muertos por los arqueros.
    Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano y le dijo:
    -Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
    -Dime, soldado.
    -Señor, ¿qué hay detrás de esa puerta?
    El rey contestó:
    -Ve, y mira tú mismo.
    El soldado abrió temerosamente la puerta, y a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y la luz invadió el ambiente. Finalmente, sorprendido, descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía. ¡a la LIBERTAD! El soldado, embelesado, miró a su Rey, quien le dijo:
    -Yo les daba la oportunidad de hacer una ELECCION, ¡pero por temor preferían morir a arriesgarse a abrir esta puerta!
    ¿Cuántas puertas dejamos de abrir por miedo a arriesgar?
    ¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, sólo por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?
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  8. Observa la rana de la primera imagen. ¿Que tiene en común con el caballo de la segunda imagen?
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    Pues que son la misma con una rotación de 90º.

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    En esta imagen, una pareja contempla a su futuro bebé escondido en el paisaje.
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    Recientes investigaciones demostraron que los niños no pueden identificar la pareja que está intimando porque no tienen la mente asociada a ese escenario. Lo que ellos ven son los nueve delfines. Sin embargo, el resto de las mentes ya están lo suficientemente corruptas para que lo que sea realmente difícil de ver a primera vista sean los delfines.
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    Aquí puedes ver la cara de un hombre con barba, pero ¿puedes ver también a la mujer en la habitación?.
  9. Una conductora de un programa de televisión estaba realizando una entrevista a un granjero tratando de saber la razón principal de la enfermedad llamada "de las vacas locas": - Buenas noches, Señor... estamos aquí para obtener información acerca de la razón que causa la enfermedad de las "vacas locas". ¿Tiene usted alguna idea de cual puede ser el verdadero motivo? El granjero, viendo fijamente a la mujer, le dice: - ¿Sabia usted que el toro se coge a la vaca una sola vez al año? La mujer notablemente avergonzada: - Bueno... Señor... esa es una nueva pieza de información... pero ¿que relación tiene ese fenómeno con la enfermedad de las vacas locas? - Bueno, Señora... ¿sabia usted que nosotros, los granjeros, ordeñamos a las vacas CUATRO veces al día? - Señor... esto en realidad es información muy valiosa... pero sigo sin ver la relación con mi consulta... - Pero, señora. Nomás imagínese... si yo me pongo a jugar con sus tetas CUATRO veces al día y me la COJO SOLO UNA VEZ AL AÑO... ¿no se volvería usted LOCA?!
  10. San Pedro va a un convento, reúne a las monjas en fila y pregunta a la
    -Usted ¿ha tocado algún pene? -Sí, con este dedito. -Pues métalo en la pila bendita para que se le purifique. A la segunda monja, la misma pregunta: -Sí, con esta manita. -Pues métala en la pila bendita. La monja situada en cuarto lugar se adelanta un puesto y San Pedro le pregunta: -¿Por qué se cuela usted? -Mire San Pedro; Si he de hacer gárgaras prefiero hacerlas antes de que Sor María meta el culo.

  11. La mujer entra al ascensor despues de hacer deporte por las calles del barrio. Pisos mas arriba ingresa su vecino. Cuando van en medio de dos pisos se va la luz. La cosa empeora ya que pasan mas de 03 horas. La
    vecina empieza a tener malos pensamientos así que piensa por un momento como proponerle a su vecino que hagan el amor. De un momento a otro se quita la ropa y se para en frente de su vecino y le dice:
    QUIERO QUE ME HAGAS TU MUJER!
    El hombre se quita los pantalones, la mujer se excita y el tipo con los pantalones en la mano le dice:
    !Tome lavelos y planchelos que los necesito mañana para ir a trabajar.
  12. Shikamaru aparece con Chōji en el episodio 187 de Yu-Gi-Oh! como cameo junto al protagonista de Prince of Tenis

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    Por otra parte el equipo de Konohamaru aparece en Ben 10

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  13. Masashi Kishimoto el autor de Naruto, es fan de Akira Toriyama y es por eso que Naruto esta plagado de referencias de Dragon Ball, como se muestra en esta imagen del manga donde Naruto se prueba mascaras y arriba se aprecia claramente una de la cara de Chaoz de Dragon Ball.
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  14. 1. Llegando a casa te preguntan
    ¿Ya llegaste?
    Lo que provoca decirle es:
    No! Estoy en camino. Solo me adelanté para ver si estaba alguien en casa cuando yo llegara!

    2. Te acaban de asaltar, llegas a casa y le dices a tu hermano:
    ' ! ! Me acaban de robar ! !
    Y el pregunta: ¿Quién?
    Lo que provoca decirle es:
    No sé, es que estábamos tan apurados que no tuvimos tiempo de presentarnos! ! !

    3.Se te pierden las llaves y te ven desesperado, preguntan:
    ¿Pero donde las dejaste?
    Lo que provoca decirle es:
    ¿Sabes qué? Las dejé en el carro, pero me fascina andar de idiota por toda la casa buscándolas ! ! !

    4. Después de tener el cabello largo, decides cortártelo, al salir de la peluquería encuentras con tu amiga y pregunta: ¿Te cortaste el cabello?
    Lo que provoca decirle es:
    No... es que me creció la cabeza ! !

    5. Te encuentras en la fila para entrar al cine cargando tus popcorn, soda, papitas, helado, chocolates y hot dog encuentras a tu amigo (el mentá'o de arriba) y te pregunta:
    ' ¿ Vas a entrar al cine ? ?
    Lo que provoca decirle es:
    ' !'Tas loco, es que voy a revender todo esto dentro del cine; es buen negocio sabes! !

    6. Típico: Vas caminado de prisa para llegar a tiempo a X lugar y de pronto te caes por las escalera. Estás en el suelo, te sobas, estás muerto de dolor a punto de llorar, y tu amigo, te dice:
    ¡ ¡ Aayy ! ! ¿Te caíste?
    Lo que provoca decirle es:
    ' ¡ N'ombe, que va, 'toy practicando pa' una fractura !

    7.LLegandoa tu casa bajo un tremendo aguacero, después de haber caminado como bestia. Estás mojado hasta la última costura de la ropa interior y te preguntan:
    ' ¿¿¿ Te mojaaaste ??? '
    Lo que provoca decirles es:
    ¡ ¡ Nooooó . . .es que quise bañarme con todo y ropa ! !


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  15. Una noche, una pareja está en la cama y el marido suavemente acaricia el
    brazo de su mujer.
    La esposa se voltea y le dice:
    -Lo siento cariño, pero tengo cita con el ginecólogo mañana y quiero estar fresca.
    El marido, rechazado, se da la vuelta y trata de dormir.
    Unos minutos mis tarde se voltea de nuevo y destapa a la esposa, susurrándole al oído:
    -¿Y también tienes cita con el dentista mañana?