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  1. Jajaja.. estaba leyendo todas las simplezas que posteaba, como me hacen recordar... :>

    Fue un buen tiempo el que pasé en Cz.
    Gente TAN padre que conocí ^^.

    Hetnad, Ro-jello ( Aaawwww T-T ), Dyna, Gir, Deni553, Hatoko, Zeo, Aura etc, no fue de las primeras generaciones, pero definitivamente la mejor.
  2. Estaba jugando con una página que encontré en el Blog de Veta, espero que no le moleste XD.

    Y bien, a si quedamos Naz y yo ToT.

    P.D. Me veo mejor de Simio que de hombre x) lo curioso esque es la viva imágen de mi hermano. Jaja. Que cosas..


    http://www.dcs.st-and.ac.uk/~morph/Transformer/index.html
  3. Feliz Dia de los enamorados para todos ;).

    Mujeres, hombres y similares >.>

    Calculen su amor, abajo en la muñequita nacos.. xp.

    http://wwws.warnerbros.es/corpsebride/

    Nuestro amor, salta a la vista mo i . i

    P.D ¿ Como sabes que entro casi a diario Aura ToT? XD Segun yo, nadie lo notaba.
  4. Feliz Navidad atrasada a todos.

    Weell
    Cada vez me alejo más y más de Cz, de mis amigos y conocidos.. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que hablamos, que temo que ya nisiquiera me recuerden..

    El 2005 me pasó muy rápido, hubo tantos cambios en mi vida ... pasé por tantas cosas que aunque uno lo desee, nada volvera a ser igual.. y que bueno =) porque me hicieron madurar de una u otra manera. Me han hecho reflexionar sobre todo..

    Ya no soy una niña, "tengo que buscarle a la vida" bueno.. tantas y tantas cosas.. que no voy a aburrirlos con mis tonteras.

    Aqui están las unicas fotos que subire de nuevo a Cz, no tengo muy buenos recuerdos de las pasadas, sobre todo por lo de " cara de calabazita" y la más fea.. " prostituta del internet".. seee.. alguien por ahi lo dijo.. " Que era muy parecida a una tipa que sale en la red, en páginas porno"..bastardo >> anyway..

    La chica morena alta, es mi hermana Elizabeth, y la escuincla flaca de azul, es mi primita Diana.
    No pongo recientes porque estoy hecha una marrana cachetona -_-. Ademas las más decentes se las llevo mi gordo bello u.u Naz.

    No se burlen i - i

    Saludos.
  5. En palabras simples y comunes yo te extraño
    En lenguaje terrenal mi vida eres tu
    En total simplicidad seria yo te amo
    Y en un trozo de poesia tu seras mi luz, mi bien
    El espacio donde me alimento de tu piel que es bondad
    La fuerza que me mueve dentro para recomenzar
    Y en tu cuerpo encontrar la paz

    Si la vida me permite a lado tuyo
    Creceran mis ilusiones no lo dudo
    Y si la vida la perdiera un instante
    Que me llene de ti
    Para amar despues de amarte...vida

    No tengas miedos ni dudas
    Este amor es demasiado bueno
    Que tu seras mi mujer
    Yo te pertenezco todo entero
    Mira mi pecho, lo dejo abierto
    Para que vivas en el

    Para tu tranquilidad me tienes en tus manos
    Para mi debilidad la única eres tu
    Al final tan solo se que siempre te he esperado
    Y que llegas a mi vida
    Y tu me das la luz del bien
    Ese mundo donde tus palabras hacen su voluntad
    La magia de este sentimiento que es tan fuerte y total
    Y tus ojos que son mi paz
  6. o.o

    Meno pess u.ù
    Era privada pero no juuuncionó ;O;
  7. Ahora si, es oficial ^_^ hace unos dias le pedí el cambio de foro a nuestros administradores y me lo han concedido..

    Ahora moderaré el de Dibujo y Oekaki.. muchas gracias Rigel y Wicho ^^

    Extrañaré a los niños de InuYasha pero pues me daré mis vueltecitas de vez en cuando.. [xp muchos se alegran XD ]

    Estoy muy contenta.

    MIRMO!! ToT
  8. Estoy muy contenta, todavía no puedo decir porqué, porque no es oficial, pero en unos diitas más con el favor de Dios lo haré público ;O;

    !! LIBEREN A WILLY !!

    Oh, hoy vi por mera casualidad el anime de Mirmo zibang en CN y me gustó, las haditas estan curiosisimas, me pique viendo 4 capitulos.. lástima .. unas horas más tarde me vine enterando que para variar los ejecutivos del canal decidieron cortar sus transmisiones ToT que injusta es la vida..

    Bueno, por lo menos recordaré su bella y tierna canción, de las mejillitas rosadas ; _ ; Mirmo.. Vuelve!!

    Bajo un cielo estrellado
    sujeta mi mano
    que al país de los dulces
    te quiero llevar.

    Dime por qué tus mejillas son
    tan rozagantes y de ese color
    imagino qué es, de seguro es porque
    ahí dentro hay amor, amor.

    ¿Con qué sueñan las hadas?
    yo sueño con una
    ¿Jugarán escondite
    detrás de la luna?

    ¿Se enamoran las hadas?
    ¿Cómo se enamoran?
    ¿Sentirán que se mecen
    sobre el bello mar?

    Si un secreto viaje
    quieres emprender
    a tu lado estaré también.

    ¿Dónde ocultan las hadas
    todos sus secretos?
    tal vez los revelan
    con lindas miradas.

    Si estás enfadado
    olvida reproches
    pues las buenas noches
    yo te quiero dar.

    Mirmo ToT
  9. Los comentarios necios, nunca hay que tomarlos en cuenta.

    Del amor nace la paz.. paz para todos los animalitos del Señor. ;)
  10. Como dices que nunca te dedico nada y me echas en cara las que tu me dedicas u.ù

    Song: Build Me Up Buttercup


    Why do you build me up (build me up) Buttercup, baby
    Just to let me down (let me down)and mess me around
    And then worst of all (worst of all) you never call, baby
    When you say you will (say you will) but I love you still
    I need you (I need you) more than anyone, darlin'
    You know that I have from the start
    So build me up (build me up) Buttercup, don't break my heart

    "I'll be over at ten", you told me time and again
    But you're late, I wait around and then (bah-dah-dah)
    I run to the door, I can't take any more
    It's not you, you let me down again

    (Hey, hey, hey!) Baby, baby, try to find
    (Hey, hey, hey!) A little time, and I'll make you happy
    (Hey, hey, hey!) I'll be home
    I'll be beside the phone waiting for you
    Ooo-oo-ooo, ooo-oo-ooo

    Why do you build me up (build me up) Buttercup, baby
    Just to let me down (let me down) and mess me around
    And then worst of all (worst of all) you never call, baby
    When you say you will (say you will) but I love you still
    I need you (I need you) more than anyone, darlin'
    You know that I have from the start
    So build me up (build me up) Buttercup, don't break my heart

    You were my toy but I could be the boy you adore
    If you'd just let me know (bah-dah-dah)
    Although you're untrue, I'm attracted to you all the more
    Why do I need you so

    (Hey, hey, hey!) Baby, baby, try to find
    (Hey, hey, hey!) A little time and I'll make you happy
    (Hey, hey, hey!) I'll be home
    I'll be beside the phone waiting for you
    Ooo-oo-ooo, ooo-oo-ooo

    Why do you build me up (build me up) Buttercup, baby
    Just to let me down (let me down) and mess me around
    And then worst of all (worst of all) you never call, baby
    When you say you will (say you will) but I love you still
    I need you (I need you) more than anyone, darlin'
    You know that I have from the start
    So build me up (build me up) Buttercup, don't break my heart

    I-I-I need you-oo-oo more than anyone, baby
    You know that I have from the start
    So build me up (build me up) Buttercup, don't break my heart
    {fade }
  11. Lenny Kravitz

    Flowers For Zoe

    Flowers for zoe
    love is for zoe
    angels and rainbows
    all kinds of things you can call your own

    gardens for zoe
    and oceans for zoe
    jungle gym playgrounds
    all kinds of things for you to explore

    flowers for zoe
    love is for zoe
    angels and rainbows
    all kinds of things you can call your own

    god is for zoe
    and heaven's for zoe
    oh can you velieve
    that everything is waiting to unfold ?

    you can call your own
    you can call your own
    you can call your own
  12. Lenny... ¡¡Oooh Lenny!!
  13. EL PRINCIPE FELIZ

    DE: OSCAR WILDE



    La estatua del Príncipe Feliz se alzaba sobre una alta columna, desde donde se dominaba toda la ciudad. Era dorada y estaba recubierta por finas láminas de oro; sus ojos eran dos brillantes zafiros y en el puño de la espada centelleaba un enorme rubí púrpura. El resplandor del oro y las piedras preciosas hacían que los habitantes de la ciudad admirasen al Príncipe Feliz más que a cualquier otra cosa.

    —Es tan bonito como una veleta —comentaba uno de los regidores de la ciudad, a quien le interesaba ganar reputación de hombre de gustos artísticos—; claro que en realidad no es tan práctico —agregaba, porque al mismo tiempo temía que lo consideraran demasiado idealista, lo que por supuesto no era.

    —¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz —le decía una madre afligida a su pequeño hijo, que lloraba porque quería tener la luna—. El Príncipe Feliz no llora por nada.

    —Mucho me consuela el ver que alguien en el mundo sea completamente feliz —murmuraba un hombre infortunado al contemplar la bella estatua.

    —De verdad parece que fuese un ángel —comentaban entre ellos los niños del orfelinato al salir de la catedral, vestidos con brillantes capas rojas y albos delantalcitos.

    —¿Y cómo saben qué aspecto tiene un ángel? —les refutaba el profesor de matemáticas— ¿Cuándo han visto un ángel?

    —Los hemos visto, señor. ¡Claro que los hemos visto, en sueños! —le respondían los niños, y el profesor de matemáticas fruncía el ceño y adoptaba su aire más severo. Le parecía muy reprobable que los niños soñaran.

    Una noche llegó volando a la ciudad una pequeña golondrina. Sus compañeras habían partido para Egipto seis semanas antes, pero ella se había quedado atrás, porque estaba enamorada de un junco, el más hermoso de todos los juncos de la orilla del río. Lo encontró a comienzos de la primavera, cuando revoloteaba sobre el río detrás de una gran mariposa amarilla, y el talle esbelto del junco la cautivó de tal manera, que se detuvo para meterle conversación.

    —¿Puedo amarte? —le preguntó la golondrina, a quien no le gustaba andarse con rodeos.

    El junco le hizo una amplia reverencia.

    La golondrina entonces revoloteó alrededor, rozando el agua con las alas y trazando surcos de plata en la superficie. Era su manera de demostrar su amor. Y así pasó todo el verano.

    —Es un ridículo enamoramiento —comentaban las demás golondrinas—; ese junco es desoladoramente hueco, no tiene un centavo y su familia es terriblemente numerosa—. Efectivamente toda la ribera del río estaba cubierta de juncos.

    A la llegada del otoño, las demás golondrinas emprendieron el vuelo, y entonces la enamorada del junco se sintió muy sola y comenzó a cansarse de su amante.

    —No dice nunca nada —se dijo—, y debe ser bastante infiel, porque siempre coquetea con la brisa.

    Y realmente, cada vez que corría un poco de viento, el junco realizaba sus más graciosas reverencias.

    —Además es demasiado sedentario —pensó también la golondrina—; y a mí me gusta viajar. Por eso el que me quiera debería también amar los viajes.

    —¿Vas a venirte conmigo? —le preguntó al fin un día. Pero el junco se negó con la cabeza, le tenía mucho apego a su hogar.

    —¡Eso quiere decir que sólo has estado jugando con mis sentimientos! —se quejó la golondrina—. Yo me voy a las pirámides de Egipto. ¡Adiós!

    Y diciendo esto, se echó a volar.

    Voló durante todo el día y, cuando ya caía la noche, llegó hasta la ciudad.

    —¿Dónde podré dormir? —se preguntó—. Espero que en esta ciudad hay algún albergue donde pueda pernoctar.

    En ese mismo instante descubrió la estatua del Príncipe Feliz sobre su columna.

    —Voy a refugiarme ahí —se dijo—. El lugar es bonito y bien ventilado.

    Y así diciendo, se posó entre los pies del Príncipe Feliz.

    —Tengo una alcoba de oro —se dijo suavemente la golondrina mirando alrededor.

    En seguida se preparó para dormir. Mas cuando aún no ponía la cabecita debajo de su ala, le cayó encima un grueso goterón.

    —¡Qué cosa más curiosa! —exclamó—. No hay ni una nube en el cielo, las estrellas relucen claras y brillantes, y sin embargo llueve. En realidad este clima del norte de Europa es espantoso. Al junco le encantaba la lluvia, pero era de puro egoísta.

    En ese mismo momento cayó otra gota.

    —¿Pero para qué sirve este monumento si ni siquiera puede protegerme de la lluvia? —dijo—. Mejor voy a buscar una buena chimenea.

    Y se preparó a levantar nuevamente el vuelo.

    Sin embargo, antes de que alcanzara a abrir las alas, una tercera gota le cayó encima, y al mirar hacia arriba la golondrina vio... ¡Ah, lo que vio!

    Los ojos del Príncipe Feliz estaban llenos de lágrimas, y las lágrimas le corrían por las áureas mejillas. Y tan bello se veía el rostro del Príncipe a la luz de la luna, que la golondrina se llenó de compasión.

    —¿Quién eres? —preguntó.

    —Soy el Príncipe Feliz.

    —Pero si eres el Príncipe Feliz, ¿por qué lloras? Casi me has empapado.

    —Cuando yo vivía, tenía un corazón humano —contesto la estatua—, pero no sabía lo que eran las lágrimas, porque vivía en la Mansión de la Despreocupación, donde no está permitida la entrada del dolor. Así, todos los días jugaba en el jardín con mis compañeros, y por las noches bailábamos en el gran salón. Alrededor del jardín del Palacio se elevaba un muro muy alto, pero nunca me dio curiosidad alguna por conocer lo que había más allá... ¡Era tan hermoso todo lo que me rodeaba! Mis cortesanos me decían el Príncipe Feliz, y de verdad era feliz, si es que el placer es lo mismo que la dicha. Viví así, y así morí. Y ahora que estoy muerto, me han puesto aquí arriba, tan alto que puedo ver toda la fealdad y toda la miseria de mi ciudad, y, aunque ahora mi corazón es de plomo, lo único que hago es llorar.

    —¿Cómo? —se preguntó para sí la golondrina—, ¿no es oro de ley?

    Era un avecita muy bien educada y jamás hacia comentarios en voz alta sobre la gente.

    —Allá abajo —siguió hablando la estatua con voz baja y musical—... allá abajo, en una callejuela, hay una casa miserable, pero una de sus ventanas está abierta y dentro de la habitación hay una mujer sentada detrás de la mesa. Tiene el rostro demacrado y lleno de arrugas, y sus manos, ásperas y rojas, están acribilladas de pinchazos, porque es costurera. En este momento está bordando flores de la pasión en un traje de seda que vestirá la más hermosa de las damas de la reina en el próximo baile del Palacio. En un rincón de la habitación, acostado en la cama, está su hijito enfermo. El niño tiene fiebre y pide naranjas. Pero la mujer sólo puede darle agua del río, y el niño llora. Golondrina, golondrina, pequeña golondrina... ¡hazme un favor! Llévale a la mujer el rubí del puño de mi espada, ¿quieres? Yo no puedo moverme, ¿lo ves?... tengo los pies clavados en este pedestal.

    —Los míos están esperándome en Egipto —contestó la golondrina—. Mis amigas ya deben estar revoloteando sobre el Nilo, y estarán charlando con los grandes lotos nubios. Y pronto irán a dormir a la tumba del gran Rey, donde se encuentra el propio faraón, en su ataúd pintado, envuelto en vendas amarillas, y embalsamado con especias olorosas. Alrededor del cuello lleva una cadena de jade verde, y sus manos son como hojas secas.

    —Golondrina, golondrina, pequeña golondrina —dijo el Príncipe—, ¿por qué no te quedas una noche conmigo y eres mi mensajera? ¡El niño tiene tanta sed, y su madre, la costurera, está tan triste!

    —Es que no me gustan mucho los niños —contesto— la golondrina—. El verano pasado, cuando estábamos viviendo a orillas del río, había dos muchachos, hijos del molinero, y eran tan mal educados que no se cansaban de tirarme piedras. ¡Claro que no acertaban nunca! Las golondrinas volamos demasiado bien, y además yo pertenezco a una familia célebre por su rapidez; pero, de todas maneras, era una impertinencia y una grosería.

    Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste, que finalmente la golondrina se enterneció.

    —Ya está haciendo mucho frío —dijo—, pero me quedaré una noche contigo y seré tu mensajera.

    —Gracias, golondrinita —dijo el Príncipe.

    La golondrina arrancó entonces el gran rubí de la espada del Príncipe y, teniéndolo en el pico, voló por sobre los tejados. Pasó junto a la torre de la catedral, que tenía ángeles de mármol blanco. Pasó junto al Palacio, donde se oía música de baile y una hermosa muchacha salió al balcón con su pretendiente.

    —¡Qué lindas son las estrellas —dijo el novio— y qué maravilloso es el poder del amor!

    —Ojalá que mi traje esté listo para el baile de gala —contestó ella—. Mandé a bordar en la tela unas flores de la pasión. ¡Pero las costureras son tan flojas!

    La golondrina voló sobre el río y vio las lámparas colgadas en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el barrio de los judíos, donde vio a los viejos mercaderes hacer sus negocios y pesar monedas de oro en balanzas de cobre. Al fin llegó a la pobre casa, y se asomó por la ventana. El niño, en su cama, se agitaba de fiebre, y la madre se había dormido de cansancio. Entonces, la golondrina entró a la habitación y dejó el enorme rubí encima de la mesa, junto al dedal de la costurera. Después revoloteó dulcemente alrededor del niño enfermo, abanicándole la frente con las alas.

    —¡Qué brisa tan deliciosa! —murmuró el niño—. Debo estar mejor.

    Y se quedó dormido deslizándose en un sueño maravilloso.

    Entonces la golondrina volvió hasta donde el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.

    —¡Qué raro! —agrego—, pero ahora casi tengo calor; y sin embargo la verdad es que hace muchísimo frío.

    —Es porque has hecho una obra de amor —le explicó el Príncipe.

    La golondrina se puso a pensar en esas palabras y pronto se quedó dormida. Siempre que pensaba mucho se quedaba dormida.

    Al amanecer voló hacia el río para bañarse.

    —¡Qué fenómeno extraordinario! —exclamó un profesor de ornitología que pasaba por el puente—. ¡Una golondrina en pleno invierno!

    Y escribió sobre el asunto una larga carta al periódico de la ciudad. Todo el mundo habló del comentario, tal vez porque contenía muchas palabras que no se entendían.

    —Esta noche partiré para Egipto —se decía la golondrina y la idea la hacía sentirse muy contenta.

    Luego visitó todos los monumentos públicos de la ciudad y descansó largo rato en el campanario de la iglesia. Los gorriones que la veían pasar comentaban entre ellos: "¡Qué extranjera tan distinguida!". Cosa que a la golondrina la hacía feliz.

    Cuando salió la luna volvió donde estaba a la estatua del Príncipe.

    —¿Tienes algunos encargos que darme para Egipto? —le gritó—. Voy a partir ahora.

    —Golondrina, golondrina, pequeña golondrina —dijo el Príncipe—, ¿no te quedarías conmigo una noche más?

    —Los míos me están esperando en Egipto —contesto la golondrina—. Mañana, mis amigas van a volar seguramente hasta la segunda catarata del Nilo. Allí, entre las cañas, duerme el hipopótamo, y sobre una gran roca de granito se levanta el Dios Memnón. Durante todas las noches, él mira las estrellas toda la noche, y cuando brilla el lucero de la mañana, lanza un grito de alegría. Después se queda en silencio. Al mediodía, los leones bajan a beber a la orilla del río. Tienen los ojos verdes, y sus rugidos son más fuertes que el ruido de la catarata.

    —Golondrina, golondrina, pequeña golondrina —dijo el Príncipe—, allá abajo justo al otro lado de la ciudad, hay un muchacho en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa llena de papeles, y a su derecha, en un vaso, unas violetas están marchitándose. Tiene el pelo largo, castaño y rizado, y sus labios son rojos como granos de granada, y tiene los ojos anchos y soñadores. Está empeñado en terminar de escribir una obra para el director del teatro, pero tiene demasiado frío. No hay fuego en la chimenea y el hambre lo tiene extenuado.

    —Bueno, me quedaré otra noche aquí contigo —dijo la golondrina que de verdad tenía buen corazón—. ¿Hay que llevarle otro rubí?

    —¡Ay, no tengo más rubíes! —se lamentó el Príncipe—. Sin embargo aún me quedan mis ojos. Son dos rarísimos zafiros, traídos de la India hace mil años. Sácame uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, comprará pan y leña y podrá terminar de escribir su obra.

    —Pero mi Príncipe querido —dijo la golondrina—, eso yo no lo puedo hacer.

    Y se puso a llorar.

    —Golondrina, golondrina, pequeña golondrina —le rogó el Príncipe—, por favor, haz lo que te pido.

    Entonces la golondrina arrancó uno de los ojos del Príncipe y voló hasta la buhardilla del escritor. No era difícil entrar allí, porque había un agujero en el techo y por ahí entró la golondrina como una flecha. El joven tenía la cabeza hundida entre las manos, así que no sintió el rumor de las alas, y cuando al fin levantó los ojos, vio el hermoso zafiro encima de las violetas marchitas.

    —¿Será que el público comienza a reconocerme? —se dijo— Porque esta piedra preciosa ha de habérmela enviado algún rico admirador. ¡Ahora podré acabar mi obra!

    Y se le notaba muy contento.

    Al día siguiente la golondrina voló hacia el puerto, se posó sobre el mástil de una gran nave y se entretuvo mirando los marineros que izaban con maromas unas enormes cajas de la sentina del barco.

    —¡Me voy a Egipto! —les gritó la golondrina. Pero nadie le hizo caso.

    Al salir la luna, la golondrina volvió hacia el Príncipe Feliz.

    —Vengo a decirte adiós—le dijo.

    —Golondrina, golondrina, pequeña golondrina —le dijo el Príncipe—. ¿No te quedarás conmigo otra noche?

    —Ya es pleno invierno —respondió la golondrina—, y muy pronto caerá la nieve helada. En Egipto, en cambio, el sol calienta las palmeras verdes y los cocodrilos, medio hundidos en el fango, miran indolentes alrededor. Por estos días mis compañeras están construyendo sus nidos en el templo de Baalbeck, y las palomas rosadas y blancas las miran mientras se arrullan entre sí. Querido Príncipe, tengo que dejarte, pero nunca te olvidaré. La próxima primavera te traeré de Egipto dos piedras bellísimas para reemplazar las que regalaste. El rubí será más rojo que una rosa roja, y el zafiro será azul como el mar profundo.

    —Allá abajo en la plaza —dijo el Príncipe Feliz—, hay una niñita que vende fósforos y cerillas. Y se le han caído los fósforos en el barro y se han echado a perder. Su padre le va a pegar si no lleva dinero a su casa y por eso ahora está llorando. No tiene zapatos ni medias, y su cabecita va sin sombrero. Arranca mi otro ojo y llévaselo, así su padre no le pegará.

    —Pasaré otra noche contigo —dijo la golondrina—, pero no puedo arrancarte el otro ojo. Te vas a quedar ciego.

    —Golondrina, golondrina, pequeña golondrina —le rogó el Príncipe—, haz lo que te pido, te lo suplico.

    La golondrina entonces extrajo el otro ojo del Príncipe y se echó a volar. Se posó sobre el hombro de la niña y deslizó la joya en sus manos.

    —¡Qué bonito pedazo de vidrio! —exclamó la niña, y corrió riendo hacia su casa.

    Después la golondrina regresó hasta donde estaba el Príncipe.

    —Ahora que estás ciego —le dijo—, voy a quedarme a tu lado para siempre.

    —No, golondrinita —dijo el pobre Príncipe—. Ahora tienes que irte a Egipto.

    —Me quedaré a tu lado para siempre —repitió la golondrina, durmiéndose entre los pies de la estatua.

    Al otro día ella se posó en el hombro del Príncipe para contarle las cosas que había visto en los extraños países que visitaba durante sus migraciones.

    Le describió los ibis rojos, que se posan en largas filas a orillas del Nilo y pescan peces dorados con sus picos; le habló de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, y vive en el desierto, y lo sabe todo; le contó de los mercaderes que caminan lentamente al lado de sus camellos y llevan en sus manos rosarios de ámbar; le contó del Rey de las Montañas de la Luna, que es negro como el ébano y adora un gran cristal; le refirió acerca de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y veinte sacerdotes la alimentan con pasteles de miel; y le contó también de los pigmeos que navegan sobre un gran lago en anchas hojas lisas y que siempre están en guerra con las mariposas.

    —Querida golondrina —dijo el Príncipe—, me cuentas cosas maravillosas, pero es más maravilloso todavía lo que pueden sufrir los hombres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela sobre mi ciudad, y vuelve a contarme todo lo que veas.

    Entonces la golondrina voló sobre la gran ciudad, y vio a los ricos que se regocijaban en sus soberbios palacios, mientras los mendigos se sentaban a sus puertas. Voló por las callejuelas sombrías, y vio los rostros pálidos de los niños que mueren de hambre, mientras miran con indiferencia las calles oscuras.

    Bajo los arcos de un puente había dos muchachos acurrucados, uno en los brazos del otro para darse calor.

    —¡Qué hambre tenemos! —decían.

    —¡Fuera de ahí! les gritó un guardia, y los muchachos tuvieron que levantarse, y alejarse caminando bajo la lluvia.

    Entonces la golondrina volvió donde el Príncipe, y le contó lo que había visto.

    —Mi estatua esta recubierta de oro fino —le indicó el Príncipe—; sácalo lámina por lámina, y llévaselo a los pobres. Los hombres siempre creen que el oro podrá darles la felicidad.

    Así, lámina a lámina, la golondrina fue sacando el oro, hasta que el Príncipe quedó oscuro. Y lámina a lámina fue distribuyendo el oro fino entre los pobres, y los rostros de algunos niños se pusieron sonrosados, y riendo jugaron por las calles de la ciudad.

    —¡Ya, ahora tenemos pan! —gritaban.

    Llegó la nieve, y después de la nieve llegó el hielo. Las calles brillaban de escarcha y parecían ríos de plata. Los carámbanos, como puñales, colgaban de las casas. Todo el mundo se cubría con pieles y los niños llevaban gorros rojos y patinaban sobre el río.

    La pequeña golondrina tenía cada vez más frío pero no quería abandonar al Príncipe, lo quería demasiado. Vivía de las migajas del panadero, y trataba de abrigarse batiendo sus alitas sin cesar.

    Una tarde comprendió que iba a morir, pero aún encontró fuerzas para volar hasta el hombro del Príncipe.

    —¡Adiós, mi querido Príncipe! —le murmuró al oído—. ¿Me dejas que te bese la mano?

    —Me alegro que por fin te vayas a Egipto, golondrinita —le dijo el Príncipe—. Has pasado aquí demasiado tiempo. Pero no me beses en la mano, bésame en los labios porque te quiero mucho.

    —No es a Egipto donde voy —repuso la golondrina—. Voy a la casa de la muerte. La muerte es hermana del sueño, ¿verdad?

    El avecita besó al Príncipe Feliz en los labios y cayó muerta a sus pies. En ese mismo instante se escuchó un crujido ronco en el interior de la estatua, fue un ruido singular como si algo se hubiese hecho trizas. El caso es que el corazón de plomo se había partido en dos. Ciertamente hacía un frío terrible.

    A la mañana siguiente, el alcalde se paseaba por la plaza con algunos de los regidores de la ciudad. Al pasar junto a la columna levantó los ojos para admirar la estatua.

    —¡Pero qué es esto! —dijo— ¡El Príncipe Feliz parece ahora un desharrapado!

    —¡Completamente desharrapado! —reiteraron los regidores; y subieron todos a examinarlo.

    —El rubí de la espada se le ha caído, los ojos desaparecieron y ya no es dorado —dijo el alcalde—. En una palabra se ha transformado en un verdadero mendigo.

    —¡Un verdadero mendigo! —repitieron los regidores.

    —Y hay un pájaro muerto entre sus pies —siguió el alcalde—. Será necesario promulgar un decreto municipal que prohiba a los pájaros venirse a morir aquí.

    El secretario municipal tomó nota dejando constancia de la idea.

    Entonces mandaron a derribar la estatua del Príncipe Feliz.

    —Como ya no es hermoso, no sirve para nada —explicó el profesor de Estética de la Universidad.

    Entonces fundieron la estatua, y el Alcalde reunió al Municipio para decidir que harían con el metal.

    —Podemos —propuso— hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.

    —Claro, la mía —dijeron los regidores cada uno a su vez.

    Y se pusieron a discutir. La última vez que supe de ellos seguían discutiendo.

    —¡Qué cosa más rara! —dijo el encargado de la fundición—. Este corazón de plomo no quiere fundirse; habrá que tirarlo a la basura.

    Y lo tiraron al basurero donde también yacía el cuerpo de la golondrina muerta.

    —Tráeme las dos cosas más hermosas que encuentres en esa ciudad —dijo Dios a uno de sus ángeles.

    Y el ángel le llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.

    —Has elegido bien —sonrió Dios—. Porque en mi jardín del Paraíso esta avecilla cantará eternamente, y el Príncipe Feliz me alabará para siempre en mi Aurea Ciudad.

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    Es todo por el momento mi pequeño pero respetable número de lectores ;).

    Saludos.
  14. Tuve un sueño muy bonito, soñe con mi bebé, lo extraño es que era mi sobrinito Angel Daniel, es decir; el cuerpo de mi sobrinito.. no sé porque los habré relacionado, supongo que por que mi hijo se llamará Daniel tmb si es que nace varón.

    Me veia leyendole cuentos en el porche de mi casa, y el, con un dinosaurio en las manitas.. creo que es el mismo que sale en Toy Story x).

    Mi mamá solía leernos cuentos cuando eramos pequeños, recuerdo que me regaló el libro de los hermanos Grimm y me encantaba, lo leia por horas.. cuando estuve un poco más grande, mi papá me regalo uno de Oscar Wilde, este escritor es un tanto diferente, sobre todo la triste historia de " El ruiseñor y la Rosa" .

    -Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y su canto se hizo cada vez más sonoro, pues cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una doncella. -

    Para los que no han tenido la dicha de leerlo, aqui se los dejo.

    EL RUISEÑOR Y LA ROSA

    - Dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -exclamó el joven estudiante-; pero no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín.

    Desde su nido en la encina le oyó el ruiseñor, y miró a través de las hojas y se quedó extrañado.

    - Ni una sola rosa roja en todo mi jardín -exclamó el estudiante; y sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas.

    - ¡Ah, de qué cosas tan pequeñas depende la felicidad! He leído todo lo que han escrito los sabios, y son míos todos los secretos de la filosofía; sin embargo, por no tener una rosa roja, mi vida se ha vuelto desdichada.

    - He aquí por fin un verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

    - Noche tras noche le he cantado, aunque no le conocía; noche tras noche he contado su historia a las estrellas, y ahora le estoy viendo. Tiene el cabello oscuro como la flor del jacinto y los labios tan rojos como la rosa de sus deseos; pero la pasión ha hecho que su rostro parezca de pálido marfil, y el dolor le ha puesto su sello sobre la frente.

    - El príncipe da un baile mañana por la noche -musitó el estudiante-, y mi amada estará entre los invitados. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el alba Si le llevo una rosa roja, la tendré entre mis brazos, y reclinará la cabeza en mi hombro, y su mano estará prisionera en la mía. Pero no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, así es, que estaré sentado solo, y ella pasará desdeñándome. No me prestará atención alguna y se me romperá el corazón.

    - He aquí ciertamente el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

    - Lo que yo canto, él lo sufre; lo que es para mí alegría es dolor para él. En verdad el amor es maravilloso; es más precioso que las esmeraldas y más costoso que los finos ópalos. No se puede comprar con perlas ni con granates, ni está a la venta en el mercado, no lo pueden comprar los mercaderes, ni se puede pesar en la balanza a peso de oro.

    - Los músicos estarán sentados en su estrado -dijo el joven estudiante-, y tocarán sus instrumentos de cuerda y mi amada danzará al son del arpa y del violín. Danzará tan ligera que sus pies no rozarán el suelo, y los caballeros de la corte, con sus trajes alegres, estarán todos rodeándola. Pero conmigo no bailara, pues no tengo una rosa roja para darle.

    Y se arrojó sobre la hierba, y ocultó el rostro entre las manos y lloró.

    - ¿Por qué llora? -preguntó una lagartija verde, cuando pasaba corriendo junto a él con el rabo en el aire.

    - Eso, ¿por qué? -dijo una mariposa que revoloteaba persiguiendo a un rayo de sol.

    - Sí, ¿por qué? -susurró una margarita a su vecina, con una voz suave y baja.

    - Está llorando por una rosa roja -dijo el ruiseñor

    - ¡Por una rosa roja! –exclamaron-; ¡Qué ridículo!

    Y la lagartija que era algo cínica, se rió abiertamente.

    Pero el ruiseñor comprendía el secreto de la pena del estudiante, y permaneció posado silencioso en la encina, y pensó en el misterio del amor.

    De pronto desplegó sus alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó por la arboleda como una sombra, y como una sombra voló a través de jardín. En el medio del césped crecía un hermoso rosal, y al verlo voló hacia él y se posó sobre una rama.

    - Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

    Pero el rosal negó con la cabeza.

    - Mis rosas son blancas –respondió-, tan blancas como la espuma del mar, y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que trepa alrededor del viejo reloj de sol y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía en torno al viejo reloj de sol.

    - Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

    Pero el rosal negó con la cabeza.

    - Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar y más amarillas que el narciso que florece en el prado antes de que llegue el segador con su guadaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que crece al pie de la ventana del estudiante, y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía al pie de la ventana del estudiante.

    - Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

    Pero el arbusto negó con la cabeza.

    - Mis rosas son rojas –respondió-, tan rojas como los pies de la tórtola, y más rojas que los grandes abanicos de coral que se mecen y mecen en la sima del océano; pero el invierno me ha congelado las venas, y la escarcha me ha helado los capullos, y la tormenta me ha roto las ramas, y no tendré rosas este año.

    - Una rosa roja es todo lo que necesito -exclamó el ruiseñor-, ¡sólo una rosa roja! ¿No hay ningún medio por el que pueda conseguirla?

    - Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

    - Dímelo -dijo el ruiseñor-, no tengo miedo.

    - Si quieres una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que hacerla con música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Debes cantar para mí con el pecho apoyado en una de mis espinas. A lo largo de toda la noche has de cantar para mí, y la espina tiene que atravesarte el corazón, y la sangre que te da la vida debe fluir por mis venas y ser mía.

    - La muerte es un alto precio para pagar una rosa roja -exclamó el ruiseñor-, y la vida nos es muy querida a todos. Es grato posarse en el bosque verde, y contemplar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perla. Dulce es la fragancia del espino, y dulces son las campanillas azules que se esconden en el valle y el brazo que el viento hace ondear en la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida, ¿y qué es el corazón de un pájaro comparado con el corazón de un hombre?

    Así es que desplegó las alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó veloz sobre el jardín como una sombra, y como una sombra atravesó volando la arboleda.

    El joven estudiante todavía estaba echado en la hierba, donde le había dejado, y las lágrimas aún no se habían secado en sus hermosos ojos.

    - ¡Sé feliz! -exclamó el ruiseñor-, ¡sé feliz! ; tendrás tu rosa roja. Te la haré de música a la luz de la luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Todo lo que te pido a cambio es que seas un verdadero enamorado, pues el amor es más sabio que la filosofía, por sabia que ésta sea, y más fuerte que el poder, por potente que sea éste. Del color de la llama son sus alas, y de color de llama tiene el cuerpo. Sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso.

    El estudiante alzó los ojos de la hierba y escuchó, mas no pudo entender lo que le estaba diciendo el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
    Pero la encina comprendió y se puso triste, porque quería mucho al pequeño ruiseñor que había hecho su nido entre sus ramas.

    - Cántame una última canción -musitó-: me sentiré muy sola cuando te hayas ido.

    Así es que el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que sale a borbotones de una jarra de plata.

    Cuando hubo terminado su canción, el estudiante se levantó, y sacó un cuaderno y un lápiz de su bolsillo.

    - Él tiene estilo -dijo para sí, mientras caminaba a través de la arboleda-, eso no se le puede negar, pero ¿tiene sentimientos? Me temo que no. De hecho, es como la mayoría de los artistas, es todo estilo, sin ninguna sinceridad. No se sacrificaría por los demás. Piensa tan sólo en la música, y todo el mundo sabe que las artes son egoístas. Sin embargo es preciso admitir que hay notas hermosas en su voz. ¡Qué lástima que no signifiquen nada, ni tengan ninguna utilidad práctica!

    Y entró en su habitación y se echó sobre el pequeño jergón, y se puso a pensar en su amor, y al cabo de un tiempo se quedó dormido.

    Y cuando la luna brilló en el cielo, fue volando al rosal el ruiseñor y puso su pecho contra la espina. Cantó toda la noche con el pecho contra la espina, y la luna de frío cristal, se asomó para escucharla. A lo largo de toda la noche estuvo cantando, y la espina penetraba más y más profundamente en su pecho, y la sangre, que era su vida, fluía fuera de él.

    Cantó primero el nacimiento del amor en el corazón de un adolescente y de una muchacha. Y en la rama más alta del rosal floreció una rosa admirable, pétalo a pétalo, a medida que una canción seguía a otra canción. Pálida era al principio, como la bruma suspendida sobre el río; pálida como los pies de la mañana, y de plata, como las alas de la aurora. Como la sombra de una rosa en un espejo de plata, como la sombra de una rosa en el estanque, así era la rosa que florecía en la rama más alta del rosal.

    Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

    - ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que esté terminada la rosa.!

    Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y su canto se hizo cada vez más sonoro, pues cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una doncella.

    Y un delicado arrebol rosado vino a los pétalos de la rosa, como el rubor del rostro del novio cuando besa los labios de la novia. Pero la espina no había llegado aún al corazón del pájaro, así que el corazón de la rosa seguía siendo blanco, pues sólo la sangre del corazón de un ruiseñor puede teñir de carmesí el corazón de una rosa. Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

    - ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que este terminada la rosa!

    Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y la espina tocó su corazón, y sintió que le atravesaba una intensa punzada de dolor. Amargo, amargo era el dolor, y más y más salvaje se elevó su canto, pues cantaba al amor que se hace perfecto por la muerte, al amor que no muere en la tumba.

    Y la rosa admirable se volvió carmesí, como la rosa del cielo en el oriente. Carmesí era el ceñidor de pétalos, y carmesí como un rubí era su corazón.

    Pero la voz del ruiseñor se volvió más débil, y sus pequeñas alas empezaron a batir, y un velo le cubrió los ojos. Más y más débil se tornó su canto, y sintió que algo le ahogaba en la garganta.

    Moduló entonces un último arpegio musical. La luna blanca lo oyó y se olvidó del alba, y se quedó rezagada en el cielo. La rosa roja lo oyó, y tembló toda de arrobamiento, y abrió sus pétalos al aire frío de la mañana. El eco se lo llevó a su caverna púrpura de las colinas, y despertó de sus sueños a los pastores dormidos. Flotó a través de los juncos del río, y ellos llevaron su mensaje al mar.

    - ¡Mira, mira! -gritó el rosal- ¡La rosa ya está terminada!

    Pero el ruiseñor no respondió, pues yacía muerto en la hierba alta, con la espina en el corazón. Y al mediodía el estudiante abrió la ventana y se asomó.

    - ¡Mira!, ¡Qué suerte tan maravillosa! –exclamó- ¡he aquí una rosa roja! No había visto en mi vida una rosa semejante. Es tan bella que estoy seguro que tiene un largo nombre latino.

    Y se inclinó y la arrancó. Se puso luego el sombrero y se fue corriendo a casa del profesor con la rosa en la mano.

    La hija del profesor estaba sentada en el umbral, devanando seda azul alrededor de un carrete, con su perrito echado a sus pies.

    - Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja. -exclamó el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo entero. La llevarás prendida esta noche cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos ella te dirá cuánto te quiero.

    Pero la muchacha frunció el ceño.

    - Temo que no me vaya bien con el vestido -respondió- y, además, el sobrino del chambelán me ha enviado joyas auténticas, y todo el mundo sabe que las joyas cuestan mucho más que las flores.

    - ¡Bien, a fe mía que eres una ingrata! -dijo el estudiante muy enfadado.

    Y arrojó la rosa a la calle, donde cayó en el arroyo, y la rueda de un carro pasó por encima de ella.

    - ¿Ingrata? -dijo la muchacha-. Y yo te digo que tú eres un grosero, y, después de todo, ¿quién eres tú? Sólo un estudiante. !Cómo!, No creo que tengas ni siquiera hebillas de plata para los zapatos, como tiene el sobrino del chambelán.

    Y se levantó de la silla y entró en la casa.

    - ¡Qué cosa tan necia es el amor! - -se dijo el estudiante mientras se marchaba-. No es ni la mitad de útil que la lógica, pues no prueba nada, y siempre nos dice cosas que no van a suceder, y nos hace creer cosas que no son ciertas. De hecho, es muy poco práctico, y como en estos tiempos ser práctico lo es todo, me volveré a la filosofía y estudiaré metafísica.

    Así es que volvió a su habitación, y sacó un gran libro polvoriento, y se puso a leer.

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  15. No los habia visto hasta hoy que me los mostro Naz.

    Gracias Fernando por los avatares y la fotografía están muy bonitas ^^

    Dicen Celebración xp que chido

    Gracias de nuevo chamaco.