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  1. Hola este es mi primer fic:) y pense en rendirle omenaje a una amiga de fanfiction q esta en la universidad y no tiene tiempo de seguir escribiendo tantas historias de seguido:(, haci q les traigo su primer fic(creo) pero el 1º q yo leeo de ella...:P
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    —Me haces falta —hablaba en voz media Neji Hyuuga frente al recuerdo de su padre, el cual era un pequeño monumento que se le construyó en su honor en uno de los jardines de la gran mansión Hyuuga.

    Después de la lamentable muerte de su hermano, Hiashi Hyuuga ordenó acondicionar un espacio que fuera especial para mantener vivo el recuerdo de su fallecido hermano menor. Neji pasaba tiempo frente al único recuerdo que conservaba de su padre; para él ya era una costumbre el que todos los días por las mañanas pasara a platicar un momento frente a su padre. Por alguna extraña razón, que ni él comprendía; el hecho de tener al menos ese medio de comunicación con su padre lo hacía sentir feliz, le llenaba de dicha el sentirse escuchado por alguien.

    Y así era —sólo con él—, Neji podía confiar todos sus secretos, preocupaciones y hasta temores los hacía saber a su padre. Por mucho tiempo esa roca se había convertido en su confidente. Frente a ella lloraba, reía y se lamentaba. Cuando llegaba de alguna misión de sumo peligro, lo primero que hacía era platicarle a su recuerdo sobre sus hazañas, sobre la manera en que salía airoso de una u otra batalla. Sus logros siempre los comentaba primero con su padre; si había algo que le molestara su padre lo sabía, no había nadie en el mundo que lo conociera como él lo hacía.

    Era quizá como hablar frente al espejo, su padre era el vivo reflejo de lo que Neji deseaba; él también pensaba de la misma manera, él sufría el dolor que por algún tiempo su padre también sufrió; pero no por ello lo maldecía, sus razones las comprendió, bien o mal, aceptó la idea de que Hizashi, su padre, diera su vida para cambiar su destino. Destino por el cual Neji luchaba construir, con sus manos quería moldearlo, con sus pies quería pisarlo.

    Pero había algo que no lo dejaba continuar, se sentía solo, aún y cuando estuviera rodeado de personas que lo admiraban y lo hacían sentir que no estaba del todo solitario, pues ellos de alguna manera estaban siempre con él.

    —Me haces falta —repitió al tiempo que con la punta de los dedos acariciaba la áspera piedra frente a él.

    Tal vez decir que estaba solo no era del todo correcto; aún tenía familia, amigos que siempre lo acompañaban; pero su soledad era diferente a la que todos conocían.

    Su soledad no se medía por la cantidad de personas, o la falta de las mismas a su lado; esa soledad venía desde adentro, su pecho se sentía vació, su corazón por las noches sangraba, y durante el día se hacía de hielo; la misma soledad lo había llevado a esconderse, a refugiar su verdadero yo en lo más profundo de su ser. Él no era así, no era una persona fría, mucho menos una que no sintiera el dolor.

    Como todos sufría, como todas las personas sentía, y lloraba. Lloraba a solas en su alcoba, lo hacía frente a su padre, lo hacía en algún rincón en donde nadie lo viera. Se refugiaba en la penumbra de su vida, sus lágrimas le ardían cuando rodaban por sus mejillas. Él estaba solo, y no había nada que pudiera hacer para remediarlo. Él sufría y era un completo idiota tratando de aparentar algo que no era.

    Deseaba sonreír como muchos lo hacían, ser un poco extrovertido como su amigo Lee, tener el espíritu de picardía de Naruto, y tomarse las cosas más a la ligera como lo hacía Shikamaru. Reír día y noche como lo hacía su compañera Tenten. Cómo envidiaba a sus amigos, cómo envidiaba a las personas que le hacían frente a las complicaciones de la vida con una simple sonrisa, envidiaba el hecho de no poder sonreír como lo hacían ellos. Su sonrisa no era más que un disimulo de alegría, era una falsa alegría; su interior gritaba a carcajadas, pero su rostro sólo enmarcaba una altanera media sonrisa.

    Cómo envidiaba a las aves del azul cielo, las envidiaba porque eran libres, las envidiaba por tener alas. Y aunque él entendió en un instante de su vida lo que era la libertad, comprendió que el destino es algo que se hace, no con el que se nace; aún así él mismo había conseguido sus propias alas, y voló, fue libre, tocó las blancas nubes del cielo con sus dedos; pero esas alas se rompieron, fueron ensuciadas por la desolación, fueron teñidas por las lágrimas de sus plateados ojos. Voló y cayó, ya no quiso más volar; la caída le hizo ver la realidad, le hizo ver la posición en la que estaba. Él estaba solo.

    —Quisiera regresar el tiempo y volverte a tener a mi lado. —Se arrodilló frente a la piedra, y la miraba fijamente, veía las letras de oro en las que estaba tallado el nombre de su padre. Se volvía a lamentar por el destino que le tocó vivir, ¿por qué la vida era tan injusta? Se preguntaba siempre que pasaba frente al monumento, se preguntaba cuando veía a los niños caminar por las calles de la mano de sus padres. Se repetía día y noche en la desolación de su habitación. Su cabeza se llenaba de preguntas como esas, y él, considerado un genio, no sabía la respuesta. No entendía el por qué de las cosas, no comprendía cómo la vida en ocasiones puede ser dolorosa.

    Se sentía un ingenuo al no poder encontrar una solución. Se maldecía por no ser capaz de ver con los mismos ojos con los que lo hacían muchos, al descifrar la vida. Él la encontraba como algo que no valía la pena, como la razón de su sufrimiento.

    Perdió la cuenta de las veces que soñó a solas que su padre lo encaminara hasta la academia, que lo felicitara por su ingenio, que le estrechara la mano como dos buenos amigos lo harían, que lo abrazara en el momento en que logró su ascensión a Jounin, que lo felicitara por sus logros, por las nuevas técnicas que había aprendido, que entrenara junto a él… pero sobre todas las cosas, añoraba ese amor de padre.

    —Si supieras lo desdichado que me siento en estos momentos. —Apartó la mirada de la piedra, fijándola en el verde suelo.

    Su padre, su refugio, su confidente, a quien añoraba tener, y por quien se lamentaba al saberlo lejos.

    —Me siento solo —decía abrazando su cuerpo helado. Hablaba solo como un demente, hablaba frente a una piedra como si ella le fuera a responder y escuchar; hablaba para desahogar sus penas, para arrancar de alguna manera la daga que apuñalaba su pecho, esa que no lo dejaba respirar con normalidad, que le cerraba de una forma asfixiante la garganta.

    Sus piernas y manos temblaban, aunque no lo quisiera admitir, por primera vez, Neji Hyuuga, el genio número uno de toda Konoha, ese que era conocido por su fabuloso intelecto y su postura seria, el mismo que nunca dudaba de algo al momento de hacerlo; él, por primer vez en su vida tenía miedo.

    Su miedo era al dolor, era a sufrir, a volver a ser herido, a que alguien le arrancara en un sólo momento, por gusto propio o por venganza, algo que fuera de él. A su padre lo habían arrancado de su lado, a la única persona por la cual conocía la palabra amar, esa misma que con una sola palabra lo hacía feliz. Su padre.

    —Quisiera que este dolor se desvaneciera. —Tocó su pecho a la altura del corazón.

    Sentía como poco a poco su pecho se comprimía, como el aire comenzaba a faltarle. Sus ojos comenzaron a humedecerse, y aunque no quisiera y tratara de evitarlo, comenzaría a llorar—. Desconfío de muchas cosas… de la vida, de la gente… hasta de mí mismo —hablaba como podía, como las palabras le fluyeran de la garganta, su voz se entrecortaba, no medía la gravedad de ellas. Sus labios articulaban palabras vacías, su voz era un vivo manifiesto de desdicha, de desolación.

    No soportó más la prisión en la que se sentía en esos momentos por lo que una lágrima surcó su mejilla cayendo de lleno sobre su mano derecha.

    —Estoy solo… —susurró y con el dorso de la mano limpió su mejilla.

    —¿Estas solo? ¿Y luego qué soy yo?

    La voz femenina lo sacó de sus pensamientos. Cerró momentáneamente sus ojos como si se estuviera lamentando por la escena que estaba montando. Y, sin girar a ver a su acompañante, le respondió con voz firme—: ¿Qué haces aquí, Tenten?

    Ella se acercó hasta donde Neji se encontraba arrodillado, y mirándolo de una forma curiosa le contestó—: Vine a buscarte para platicar.

    Neji se incorporó de su lugar poniéndose de pie. Sin voltear a ver en ningún momento a Tenten, se sacudió las ropas. —No tengo ganas de platicar —respondió de una manera grosera, en voz grave, algo fuerte. Tenten dio un respingo al escucharlo, mas no se sorprendió por su respuesta, de alguna manera ya conocía las reacciones por parte de Neji.

    Ella sonrió para sí, acercándose a pasos lentos hasta quedar justo detrás de él. —¿Entonces te la quieres pasar platicando todo el día con una piedra? —preguntó ella sin borrar la sonrisa de su rostro. Neji miró entristecido la piedra de la que Tenten hablaba, pero en ningún momento dijo nada, sólo humilló la cabeza—. Bien, si tu intención es hablar como loco frente a una piedra que no te escucha ni responde, te dejo solo, para haber si así tu amiga la roca puede cobrar vida propia.

    Neji apretó fuertemente los puños, girando a ver a Tenten de perfil. —¿Para eso has venido? —Enfureció.

    —Ya te dije que venía a platicar contigo —contestó—. Al menos yo sí sé escuchar.

    Tenten colocó su mano derecha sobre el hombro de Neji, él levantó la cabeza y sonrió de medio lado.

    —Entonces, ¿me concedes una plática? —Neji rió entre dientes, aún así no respondió. —Bien, tomaré tu silencio como un sí.

    Ella le hizo girarse, lo miró fijamente para luego sonreírle de forma juguetona. Caminó hasta colocarse detrás de él, y con ambas manos tapó por completo los ojos de Neji, él intentó retirarse pero ella lo impidió.

    —No intentes alejarte que luego esto no va a funcionar —habló en su oído.

    Neji se estremeció al escucharla hablar de esa forma, para luego relajar por completo sus músculos. Tenten aún teniendo ambas manos puestos en los ojos de él, le hizo caminar a paso lento. Al primer paso ambos tropezaron, a lo que Neji intentó alejar las manos de Tenten de sus ojos para ver mejor. El hecho de sentirse indefenso no le agradaba.

    —¿Confías en mí?

    Le preguntó ella, él permaneció callado por unos segundos, y sólo escuchaba con ojos cerrados la manera en que ella respiraba sobre su oreja. Acto que le hizo suspirar en silencio. Tenten esperó su respuesta, respuesta que nunca llegó por parte de Neji.

    Ella se alejó un momento de él, Neji abrió los ojos y la vio con una ceja curveada, dedicándole una mirada de incredulidad. Tenten desamarraba parte del vendaje que llevaba en una de sus piernas; una vez retirada de su pierna derecha volvió a acercarse al Hyuuga con la final intención de vendar con ella sus ojos; él en el intento retrocedió un paso dándole a entender que no deseaba hacerlo. —Vamos Neji, no pasará nada, te dije que si no cooperabas esto no funcionaría.

    —No quiero hacerlo. —Le llegaba a parecer absurdo el comportamiento de su compañera. Ella le sonreía de una manera dulce, dándole a entender que se dejara hacer—. ¿Por qué insistes? —preguntó Neji, Tenten posó su dedo índice sobre los labios del Hyuuga evitando así que hablara. Éste suspiró y resignado permaneció inmóvil para que ella hiciera con él.

    —Listo —habló Tenten una vez que vendó los ojos del Hyuuga. Y, parándose frente a él, hacía pasar su mano derecha a la altura de sus ojos—, uhm, haber, ¿cuántos dedos tengo? —Puso tres dedos frente a los ojos vendados de Neji, éste chasqueó la lengua y respondió tres—. ¡Neji! no se vale, estás haciendo trampa.

    Tenten se colocó detrás de la espalda de él y, sujetándole un brazo le pidió que comenzara a caminar. —Esto es estúpido —decía Neji mientras caminaba siendo guiado por su compañera. Tenten permanecía en silencio detrás de él indicándole el camino, escuchando los constantes reproches por parte de Neji.

    Ambos caminaban por lo largo del enorme jardín de la mansión Hyuuga, cada paso que Neji daba era avisado por Tenten para que éste no tropezara. —Confía en mí… —habló Tenten a Neji cuando éste al sentir que comenzarían a subir las escalerillas del pequeño puente que cruzaba el estanque del jardín, se negó a continuar—. Yo te cuidaré —mencionó con voz firme para darle un poco de seguridad.

    Neji al escuchar la voz de Tenten resoplar sobre su oído izquierdo, tensó los músculos de su cuerpo, mas no dijo nada.

    —Déjame ser tus ojos, sólo por un momento. —Tenten cerró por un segundo los ojos, pidiendo internamente que Neji aceptara la idea y no se apartara de ella. Neji movió milimétricamente la cabeza asintiendo al comentario de ella, ésta sonrió dulcemente y lo tomó de la mano derecha entrelazando la suya con la de él—. Gracias —susurró sobre la oreja de Neji.

    Ambos comenzaron a caminar, de igual manera Neji siendo guiado por Tenten. Al estar justo encima del puente, Tenten le indicó a Neji detenerse, y así lo hizo. Frente a ellos se encontraba un árbol de cerezos.

    Tenten sostuvo la mano derecha de Neji y lentamente le hizo tocar algunas de las flores. —¿Las sientes? —preguntaba Tenten sobre el hombro de Neji, éste asintió. Permanecieron unos segundos en silencio para después continuar caminando.

    Conforme pasaban los minutos, ella se sentía más cerca de Neji. Después de mucho tiempo e intentos fallidos, al fin Neji se mostraba cooperativo, al fin Neji comenzaba a abrirse un poco más. Ella sonreía mientras sostenía de su mano derecha, veía la manera en que él se sujetaba fuertemente de ella, pidiéndole así que no lo dejara solo.

    —No temas, te cuidaré —dijo Tenten al momento en que le ayudaba a bajar por los escalones.

    Su comentario había sido cierto en todas sus interpretaciones; ella cuidaría de él, sería sus ojos y su guía. Neji Hyuuga, poseedor de una vista deslumbrante, y un ingenio envidiable, no era más que un ser lleno de demasiadas debilidades, y ella, Tenten, conocía poco a poco una de esas debilidades: el temor. Ese temor que siempre lo había acorralado, sentirse solo, sentirse indefenso al no poder usar su desarrollado sentido ocular para poder apreciar todo a su alrededor. Temía al dolor, su percepción de la vida se resumía en: el destino está definido. Pero nadie nunca le mencionó que había destinos indefinidos, trazados por un sendero de espinos, y justo ese destino era el que se negaba a recorrer.

    Una vez cruzado el pequeño puente siguieron caminando, Tenten se posó frente a él, y sujetándole ambas manos le pidió que la siguiera. —¿Escuchas ese sonido? —indicaba si apreciaba el ruido que ejercía el movimiento del bambú como adorno en el lago. Neji asintió—, ¿dónde está? —El Hyuuga levantó un brazo y lo dirigió a donde se percibía que provenía el sonido—. Vamos allá.

    Tenten comenzó a caminar hacia esa dirección, entrando poco a poco al lago, Neji al sentir el sonido de las aguas moverse conforme caminaba Tenten, se detuvo, para luego negar con la cabeza.

    —Deja tus miedos atrás… —habló Tenten en su oído. Y dándose media vuelta quedando de espaldas a Neji, tomó sus manos he hizo que con ellas él rodeara su cintura, quedando ambos abrazados—. Así no hay manera de que me separe de ti. —Tenten recargó la cabeza en el hombro de él, Neji en ningún momento dijo nada, sólo se dejaba hacer—. ¿De esta manera, estás dispuesto a caminar junto a mí?

    El rostro de Neji dibujó una simulada sonrisa. Y, como única respuesta, fue él quien comenzó a caminar dándole a entender a Tenten que también lo hiciera. Ambos andaban por sobre el agua, Tenten siendo abrazada de la cintura por Neji, en completo silencio caminaban a pasos lentos. Percibiendo sólo el sonido del agua moverse al paso de ambos.

    Tenten se detuvo en el centro del lago, en un mudo gesto le pidió a Neji que hiciera lo mismo. Ella sin voltear a verlo cerró sus ojos, posó su mano derecha encima de las de él sobre su cintura, acariciándolas lentamente.

    —¿Sigues pensando que estás solo? —lanzó la pregunta al aire, esperando la respuesta con los ojos aún cerrados; respuesta que no recibió de ninguna manera—. ¿Qué te hace falta?

    —Comprender.

    En el momento Tenten abrió los ojos, y de perfil giró a ver a Neji tras ella. Él permanecía aún con los ojos vendados y con la cabeza algo humillada, como si estuviera pensando su respuesta. Verlo de esa manera, indefenso y confundido, a Tenten le provocó un remordimiento. Armándose de valor llevó su mano derecha a la mejilla helada de Neji, éste al sentir el contacto dio un respingo—. ¿Qué quieres comprender? —Ella acariciaba dulcemente su mejilla, sintiendo en su tacto la delicada piel del Hyuuga.

    —No lo sé —respondió en voz queda.

    Tenten giró sobre su eje, esta vez quedando frente a Neji. Tomó entre su mano la derecha de él, y de nuevo tocó su mejilla. —¿Me sientes?

    —Siento tu mano.

    Ella rió en silenció. —¿Y qué sientes?

    Volvió a preguntar, pero en esta ocasión de nuevo no recibió respuesta. Neji parecía inmerso en sus reflexiones.

    —Yo también te siento Neji —dijo sujetando fuertemente su mano llevándola a su pecho, justo a la altura del corazón—, te siento aquí. ¿Y sabes qué siento?—él negó—. Vida, me siento viva.

    Neji al escuchar las palabras de Tenten retiró rápidamente la venda de sus ojos para mirarla fijamente, se sorprendió al ver como los ojos de Tenten se cristalizaban. Ella lo miraba a los ojos, y con una dulce sonrisa se acercó hasta él, recargando la cabeza en el pecho de Neji. Éste no hizo nada para apartarla, simplemente dejó que ella lo hiciera.

    —Me gusta más el sonido de tu corazón —comentó Tenten mientras lo abrazaba por la cintura.

    Neji permaneció inmóvil, sin saber qué hacer o cómo reaccionar, sintiéndose un verdadero idiota por no tener alguna ingeniosa manera de salir airoso de algún problema, y ese problema tenía nombre. —Tenten… —habló por primera vez Neji, ella le respondió con un movimiento de cabeza. Neji comenzaba a impacientarse, sus manos sufrían de un hormigueo constante, y sus piernas temblaban por la nada. Se sentía vulnerable, por primera vez en su vida no encontraba solución alguna a su situación. Y, dejando a un lado el razonamiento que no le servía de nada en ese momento, y las normas del reglamento ninja, poco a poco elevó sus brazos para así sujetar de la espalda a su compañera abrazándola de una forma delicada.

    Tenten no podía creer lo que pasaba, sentía que estaba soñando, no podía creer que aquellos brazos que la sujetaban por la espalda eran de Neji, su compañero, ese frío y testarudo genio, el temperamental y reservado Hyuuga la abrazaba. Al fin le correspondía de la manera más gratificante. Sus castaños ojos comenzaron a humedecerse de nuevo, aún sobre el pecho de él, por sus mejillas viajaban dos inquietantes lágrimas de felicidad.

    —¿Qué es lo que te falta?

    Neji la apretó más a su cuerpo, atrayéndola hacia él. Lentamente dejó caer su cabeza sobre el hombro derecho de ella, lanzando un suspiro para luego responder en un susurro—: Comprender esto.

    —¿Y qué se supone que es esto?

    Lo pensó unos segundos pero no respondió. No encontraba palabras para responder, pensaba que quizá si hablaba emplearía las palabras equivocadas. Mentalmente repasaba una y otra vez esa palabrita que por muchos años le causó confusiones. Amar había sido un ejercicio que nunca aprendió.

    Tenten lo apartó unos centímetros de su cuerpo, y volvió a mirarlo a los ojos. Él de igual manera la miraba, y en fracciones de segundos rodaba sus ojos hacia otro lado evitando tener mayor contacto con ella, no quería que sintiera su nerviosismo, no quería que al verlo a los ojos ella descubriera que Neji Hyuuga era un inexperto en el amor. Tenten sonreía al ver el fallido intento de Neji para aparentar seguridad; tomó su barbilla y le hizo mirarla directamente. Sujetó ambas manos con las de él, y las miró por unos segundos unidas, para luego volver su vista hacia el pelilargo. —Dime eso que callas, quiero escucharlo salir de tus labios.

    Le pidió Tenten al tiempo que se acercaba lentamente hacia él sin apartar la mirada de los plateados ojos del Hyuuga. Éste negó cerrando sus ojos. —Siento —comenzó a hablar entrecortadamente. Pasaba constantemente saliva como si la garganta se le secara en un segundo—. Aquí… —dijo llevando la mano de Tenten al pecho, a la altura del corazón, de la misma manera que ella lo había hecho con él.

    Tenten sonrió, y humilló un poco la cabeza acercando el oído a su pecho en un intento por escuchar sus latidos. —Me gusta su sonido —habló Tenten al tiempo que le sonreía—. ¿Qué dice?

    Neji la sujetó del rostro, pidiéndole que se incorporara. Acarició sus mejillas, y volvió a cerrar los ojos.

    —Tenten —respondió.

    Ella le sonrió llevando su mano hacia el pecho de él. —¿Qué sientes?

    —Vida —contestó de inmediato—. Pero yo no sé…

    Tenten lo interrumpió posando el dedo índice sobre sus labios. —Neji, aquí estoy yo… quiero hacer que vuelvas a confiar, que dejes tus miedos atrás, quiero que aprendas a ver con ojos ciegos, y sentir con el corazón. Que rompas de una vez ese hielo y te des la oportunidad de cerrarle paso al dolor.

    Neji la tomó de la cintura, y la atrajo a su cuerpo, ella lanzó un quejido pero no se separó. Ambos se miraron fijamente, Neji acarició la mejilla de ella, Tenten en cambio mantenía sus manos sobre el pecho de él.

    —Enséñame a vivir, Tenten.

    Bastaron sólo unos segundos más dentro de esa guerra de miradas para que de una forma delicada, Neji sujetara el rostro de Tenten y, sin ningún impedimento, dejó que sus labios se posaran sobre los de ella, en un beso dulce, donde los labios de Neji buscaban el soplo de vida que por mucho tiempo anhelaba tener.

    Y fue sino con ella con quien aprendió a amar, dejándola entrar y sanar a su frío corazón.

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