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  1. El Origen de los Vampiros.


    Según una tradición hebrea, Lilith fué la primera esposa de Adán. Expulsada del Edén porque rechazó asumir una posición sexual subordinada a los caprichos de su hombre. Lilith fué convertida en un monstruo terrible; nocturno. Mantuvo relaciones con animales; y en algunas versiones de la leyenda, llegó a devorar a sus propios hijos en violentos raptos de canibalismo. Ella es la madre de los terrores nocturnos conocidos como vampiros.
    Las Fuentes de la Leyenda.
    El mito hebreo de Lilith nos anticipa muchas de las características del vampiro europeo medieval, cuya verdadera naturaleza ha sido deformada por el romanticismo de los novelistas. La concepción del vampiro en la edad media no tenía nada de seductora. Era un ser que supuraba el más abyecto odio, y su aspecto iba a la par de sus intenciones maliciosas. De hecho, la primera mención de un vampiro con colmillos proviene de la literatura (Varney, el vampiro. En 1840).
    La creencia en los seres nocturnos se extendió por todo el mundo desde la más remota antiguedad, pero es en europa oriental dónde las leyendas adquieren sus rasgos más notables; extendiéndose luego por todo el continente, y esto se debió a ciertos paralelismos entre la leyenda vampírica y la misa cristiana
    Con el cristianismo instalado en europa y sus ritos practicados mecánicamente por un pueblo todavía ligado a las viejas tradiciones paganas, la idea del vampiro como ser real y tangible se hizo tan popular que el credo tuvo que adoptar a este ser de la noche como uno de sus enemigos más acérrimos. En este punto la tradición pierde mucho de su pureza; en los procesos judiciales de la época se mezclan las acusaciones sobre vampirismo, satanismo y brujería; como si fuesen ramas de un mismo árbol.
    La figura del vampiro era especialmente temida por ser el extremo opuesto del cristianismo. En las iglesias se practica una suerte de canibalismo ritual al beber la sangre y comer el cuerpo de Jesús, con el fin de entrar en comunión con la deidad; los vampiros en cambio, consumen la sangre y la carne de los vivos movidos por un instinto satánico y animal. Es la antítesis del espíritu, es la liberación de los instintos temidos y censurados por la sociedad. Por eso fué perseguido con tanto odio; por eso fué amado con pasión.
    Es entonces el cristianismo quién transforma y le da nueva fuerza al mito; las tradiciones antiguas no siempre hablan del vampiro como un ser vuelto de la tumba sino más bien cómo un caníbal regido por su instinto animal. Es en el folklore post-cristiano donde se liga a los vampiros con la sangre y con la inmortalidad, o al menos con una vida larga y tenebrosa.