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  1. Neji Hyuuga, conocido como “cubito de hielo” por su extrema personalidad de pocas palabras, de monosílabos frecuentes, de expresión facial seria, antipática y de pocos amigos, más sin pensarlo, puede a que llegue a convertirse en tu mejor amigo y confidente.

    Es una historia muy común y corriente al principio, pero al paso del tiempo, vas descubriendo cómo puede ser realmente una persona.

    Todo comenzó aquel día en que nos asignaron en el mismo equipo, junto a Rock Lee, pensé que todo sería color rosa, ya que tenía muy entendido que eras fuerte, por tu carácter. Sabía bien que tenía que entrenar lo más fuerte que pudiera si no quería que me insultaras o me exigieras más de lo que podía dar de mi, así que día y noche me esforcé para ser más fuerte, para tratar de llegar a tu nivel, y dejar de llorar por cualquier cosa. Tenía muy claro que te importaba un colmino el hecho que llorara por tu culpa, pues tendrías la razón si me culparas de ser débil, pues para ti todo se logra con el entrenamiento y dejar las pérdidas de tiempo para luego…

    El tiempo pasaba y nos asignaban misiones, unas fáciles, otras difíciles. En todas salíamos airosos. Todo a tu fuerza de líder, a tu control de las diversas situaciones que se nos presentaban, todo en sí era perfecto…

    — ¿Perfecto?- me preguntaba a mí misma- eso es imposible, nadie ni nada es perfecto.

    Lo que no sabía es que cierta semilla se había caído dentro de mí, y se desarrollaba en secreto. Se trataba del mejor árbol que ha existido, lo único es que yo ignoraba eso…

    —Pero ¿Por qué? ¿Qué es esto? – me interrogaba con intriga y desesperación.

    No lo quería admitir, pues muy bien sabía que podía ser rechazada, eso era lo que menos quería. Todo ese sufrimiento por culpa de esa maldita semilla que se desarrollaba dentro de mí, dando paso a ese sentimiento fruto del árbol llamado amor.

    A partir de ese día, en el cual admití mis sentimientos hacia ti, empecé a verte de una manera diferente: apreciaba en grandes cantidades el tiempo que pasábamos juntos, pese a que solo se trataba del entrenamiento, pero aun así no me importaba, esperaba con ansias el amanecer, pues sabía que estaría junto a ti.

    Llegó la primavera y junto a él, el festival de la primavera. Me armé de valor para preguntarte si querías ir conmigo… traté de notar lo más natural posible, para que no notaras mi nerviosismo…

    — ¡Neji-kun! ¿Te gustaría ir conmigo al festival de la primavera?
    — Hmp… Claro ¿Por qué no?
    — ¡Bien! Nos vemos mañana en la noche, frente a la entrada.
    — Hmp.

    Salí caminando del lugar. Cuando doblé por la primera esquina, me puse a correr de la alegría y en un dos por tres llegue a mi casa. No había nadie así que inmediatamente entré a mi habitación. Apenas cerré la puerta, grité como nunca antes lo había hecho. Tenía la necesidad de hacerlo, pues el nerviosismo me estaba venciendo hace unos momentos. Salté a mi cama, tomé la almohada, la abracé y seguí gritando, en conjunto a dar giros de un lado a otro sobre la cama. Me tranquilicé, y sin darme cuenta, me fui durmiendo poco a poco.

    — ¡TenTen! Baja a cenar!

    La voz de mi madre interrumpió mi sueño, pero no tuve mas remedio que bajar… órdenes era ordenes.

    Apenas me acabé el último bocado, me levanté corriendo de mi sitio para salir disparada como un cohete, pero algo, o mejor dicho alguien, me detuvo.

    — ¡Hey! ¿A dónde vas con tanta prisa?

    Era mi madre quien me había hecho detener, así que sin pensarlo dos veces, le conté todo lo que sucedía, me sonrió y yo me fui. Ya dentro de mi habitación, me paré frente al clóset, no sabía qué ponerme. Tomé un kimono color verde pasto con palos de bambú color blanco, que según mi madre, me quedaba bien. Luego de fantasear por un rato, me di cuenta de que era tarde y me fui directo a la cama.

    A la mañana siguiente, me levanté, entré al baño a cepillarme los dientes, a ducharme, ponerme ropa y salir a darme un paseo alrededor de la aldea. Ya todo estaba listo para la gran noche.

    El día transcurrió rápido, por lo que ya casi iba a atardecer. El festival tenía su apertura a las 6 pm., por lo que mejor hacía era darme prisa e ir a alistarme. Ya en casa, me di un relajante baño de espumas, el cual necesitaba, pues al paso del día me sentía mas tensa de lo normal. Cuando terminé de ponerme el kimono, sentía que algo necesitaba cambiar en mí, así que solté mi cabello, lo peiné de manera lisa y me maquillé para la ocasión. Luego de verme un millón de veces en el espejo, salí de mi casa y me dirigí a la entrada del festival. Por lugar que pasara, me decían cosas lindas y unas cuantas pervertidas, pero no le presté mucha atención a eso. Al llegar a la entrada del festival, él ya estaba ahí…

    —Hola Neji ¿He llegado tarde?
    — TenTen…
  2. Lunes por la mañana. El peor día para muchos: el primer día de la semana. Para otros, un día en el cual las experiencias deberán vivirse al máximo.

    La entrada del Seigaku estaba repleta de estudiantes, unos charlando, otros comentando acerca de las tareas, otros, acerca del entrenamiento del club de tenis. Las horas pasaban como las gotas que caen de un suero, lentas y dolorosas. Luego de todo esto, la melodía más relajante y emocionante daba paso: la campana que despedía las horas de clase, pero dando paso a los clubes de deportes. Los estudiantes que estaban dentro de los clubes, se podían ver corriendo a sus respectivas canchas y puntos de reunión, atemorizados por el entrenamiento que pueda haber sido implementado en el nuevo día.

    La entrenadora Ryuzaki, observaba a cada uno de sus chicos entrenar, así que había preparado una nueva rutina para mejorar sus debilidades. Aprovechó la visita de cierta castaña para pedirle el favor.

    — Sakuno, ¿podrías traerme el fólder que dice: “Nueva rutina” que está encima de mi escritorio?
    — Claro, abuela.

    Sin más pensarlo, partió al lugar ordenado. Al abrir la puerta, se encontró con alguien que no esperaba ver…

    — ¡Capitán Tezuka!- exclamó con cierto sonrojo en sus mejillas, pues la presencia del capitán era considerada como única- Lo siento… es que vine a buscar la rutina de la entrenadora, que se le ha quedado aquí…

    De momento, la castaña se fijó cómo el capitán le había clavado los ojos encima, pero lo que sorprendía, es que no la miraba con la seriedad que lo caracteriza.

    — No hay problema. Yo se los llevaré.
    — ¡Gracias!

    No tuvo respuesta alguna. Al ver al capitán del club de tenis salir por la puerta, sintió una paz en su interior. Era la primera vez que estaba frente a frente a él. Respiró profundo y sonrió. Se acerco a una de las ventanas que se encontraban en la oficina de su abuela, que se podían apreciar perfectamente las canchas. De paso, se detuvo frente al escritorio, en la que había una foto de los titulares del equipo masculino de tenis. Su mirada se quedó fija en cierta persona que recién había visto. Sus ojos, que combinaban con su cabello, y su típica expresión facial de seriedad, adornaban el centro de la foto. Luego de esto, miró por la ventana, encontrándose con el mismo personaje, sintiendo los fuertes latidos de su corazón. Muy cierto era que estaba enamoraba de Ryoma Echizen, pero este latido era diferente, indescriptible, más fuerte aún, como si viviese siempre en sus sueños, como si estuviera presente en cada suspiro de diera y en cada pensamiento que le pasara por la mente. Definitivamente, él era el capitán de sus sueños.
  3. este es el drabble de la actividad de Prince of tennis Trio amoroso..

    Aun quedo yo...

    Sakuno Ryuzaki, una chica tímida y de largas trenzas, entró al Seigaku en séptimo grado. Al llegar, se dio cuenta de una persona, la cual le llamó la atención. El lunes siguiente, sin ella darse cuenta lo observaba a cada momento, no despegaba los ojos de él: Ryoma Echizen.

    El tiempo fue pasando y Seigaku completo sabía lo que sentía por el ambarino, pero lo que más le dolía a ella, era que el mismo Ryoma Echizen lo sabía, pero no le dirigía ni la mas mínima palabra, ni siquiera un buenos días.

    A Sakuno no le importaba en lo más mínimo qué pensaran de ella, su amor cada día era más grande, no se rindió y buscó todas las maneras posibles para que él se fijara por lo menos un poquito en ella. Todo fue en vano. Resignada, se sentó bajo un árbol, cerca de las canchas de tenis. Lloraba amargamente. Se había dado por vencida. Un chico de ojos color zafiro se le acercó, pues se veía muy tierna dormida, luego de haber llorado tanto. Se sentó frente a ella hasta que despertara. En eso pasaron 43 minutos. Durante ese tiempo, se dedicaba a ver cada fracción de su rostro y de su cuerpo, que decía que hacia ejercicios diarios. Su piel pálida, sus mejillas rosadas y sus labios finos y atractivos.

    Al irse despertando, la joven podía divisar de manera borrosa, la silueta de alguien. Cuando se le aclaró la vista exclamó el nombre de su acompañante.

    — ¡Fuji-sempai!
    — Sakuno… ¿Te encuentras bien?
    — Sí, eso creo.
    — ¿Por qué estabas dormida aquí tú sola? Las clases se acabaron hace dos horas.
    — Lo sé. Es que me quería desahogar.
    — ¿Desahogar? ¿Sucedió algo?

    Sakuno le contó todos los detalles, aún sabiendo que Fuji tenía conocimientos acerca de sus sentimientos hacia el ambarino. Luego de que ella terminara de contarle todo, Fuji la acercó a ella y le dio un tierno abrazo, haciendo que ambos sintieran una descarga eléctrica en el interior de sus cuerpos. Acabado el abrazo, quedaron cara a cara, mientras Sakuno miraba con vergüenza su cara con un toque carmesí en sus mejillas. Lentamente, el genio de Seigaku fue abriendo sus hermosos ojos.

    — ¿Sabes, Sakuno? Aún quedo yo…
  4. Cambio repentino: la verdad ha salido a la luz…​


    Es extraño, nunca antes había sentido ese sentimiento de culpa… éramos las mejores amigas, íbamos en la escuela juntas, estábamos en el mismo salón de clases, hasta estábamos en el mismo grupo de trabajo.

    Todo cambio un día: yo llegué y tú te fijaste que había llegado, mas volteaste la cara y me ignoraste el saludo… te llame de manera vociferada unas 4 veces, pero no me escuchabas, o te hacías la sorda. Luego, llegaste como si nada hubiera pasado, con indiferencia me hablaste, me preguntaste si había terminado el trabajo, yo te expliqué que me faltaba apenas el título y que te estaba llamando para preguntarte él… apenas me dijiste lo escribí rápidamente, antes de que llegara la profesora, que para mala suerte, había llegado. Apenas entro y pidió los trabajos… no había terminado de escribir nuestros nombres y la profesora pasó por nuestra mesa a pedir los trabajos. Le dijiste que lo estaba arreglando, pero sabiendo muy bien que aún me faltaban cosas por terminar. No tomó nuestro trabajo. Te enfadaste con migo sin razón alguna, pues me habías visto cuando llegué al salón de clases. Me gritaste en frente de toda la clase, por lo que ahora todos me ven con lástima.

    Aún no comprendo por qué ese cambio tan repentino con migo.

    Y te descubrí: nunca te he caído bien. Alguien escribió en un papel si yo te caía bien, respondiste que mas o menos, pero que ese día no. No lo puedes negar, conozco muy bien tu letra. Pero aún así, seguiré siendo tu amiga incondicional, porque no te considero como una enemiga ni como una rival, sino como una hermana y compañera.
  5. Una Diosa, Un Angel


    Un día como cualquier otro, un joven de 16 años se levanta como de costumbre para ir a entrenar con sus compañeros de equipo. En su mente solo divagaba la idea de su venganza ante su hermano Itachi: el traicionó a su propio clan y lo destruyó por completo asesinando a todo aquel que fuera parte de este clan, no importase si fuese un niño, una mujer o un anciano, el debía dar por terminado el clan. Pero claro, dejó a su hermano menor vivo, aún no sabe por qué, pero no tiene ni el más mínimo interés en saber.

    Al salir de su casa, espera que ese día no sea como todos…

    -¡Buenos días, Sasuke-kun!- gritaba una niña de 7 años al Uchiha menor.
    -Hmp…- se limitaba a responderle a la inocente criatura.
    -¡Buenos días, Sasuke-kun!- gritaban de manera eufórica todas las chicas jóvenes, y no tan jóvenes que le pasaban por el lado, con la excusa de saludarle.

    -Son una completa molestia… me pregunto hasta cuándo dejarán de gritar así…- decía en voz baja el Uchiha menor con un tono de completo enfado.

    Al llegar al lugar de costumbre, su compañera, una joven de 16 años, al igual que él, le saluda con toda la energía que puede…

    -¡Buenos días, Sasuke-kun! ¿Cómo te amanece hoy?
    -Bien hasta que salí a la calle-respondió con un tono seco-
    -Dices eso todos los días, ¿se puede saber por qué?
    -Si dejaran de saludarme me alegraría bastante, todas son una completa molestia- decía enfadado.

    La joven compañera de este no le respondió nada, solo bajó la cabeza y se alejó un poco de él. Mientras se alejaba, un joven hiperactivo, rubio y con unas marcas muy curiosas en la cara le reprochó tal comentario…

    -Teme, eres un completo idiota, no sabes con cuantas ganas espera tu llegada solo para decirte buenos días… si sigues así nunca te enamorarás de alguien, ni tampoco restaurarás tu clan.

    -Hmp… deja de molestarme dobe…

    Después del arduo entrenamiento con el sensei, el Uchiha menor se puso en marcha de regreso a su casa, pero antes sintió una mano en su hombro izquierdo, al voltear, vio a Naruto vuelto un desastre y con una sonrisa en el rostro, eso significaba que él lo acompañaría hasta el puesto de ramen, por lo que Sasuke mostró una media sonrisa, pues el desastre en el cual estaba vuelto Naruto le causaba gracia.

    El camino completo fue completamente silencioso, a excepción de todas las chicas que le gritaban y lo halagaban. Pasado el lugar que se encontraban las “escandalosas”, Naruto rompió el silencio con una de sus preguntas…

    -Teme,¿cuándo vas dejar que una chica entre a tu vida? Te vas a volver viejo y nunca conocerás a alguien que sea sincera…

    Y cosas por el estilo se la pasó diciendo Naruto hasta que llegaron al puesto de ramen.

    -Oye ¡Teme! ¿Me estabas escuchando? ¿Teme? ¿Estas ahí?

    Sasuke estaba físicamente parado enfrente de Naruto, pero sus ojos estaban fijos en una joven, de 16 años al igual que ellos, que a primera vista te parece una chica tímida, dulce y sincera…

    -Sincera…- dijo recordando las palabras de Naruto e inmediatamente sus mejillas se tornaron con un color carmesí, cosa que no pasó por alto por Naruto.

    -¿Dijiste algo teme?-dijo tratando de sacarle las pocas palabras a Sasuke y notó que su vista estaba fija en una dirección, y sin pensarlo ni una vez dirigió la mirada a ese sitio y vio a una chica de largo cabello azulado, tez blanca, cuerpo bien formado a pesar de las anchas ropas que llevaba y unos bellos ojos perlados. No pasó mucho hasta que a Naruto se le dibujo una sonrisa zorruna en la cara y le diera un par de codazos a su amigo- Te gusta ¿eh?- pero esta vez lo dijo con cara de malicia.

    -Hmp… déjame en paz dobe.
    -¡Lo sabia! ¡ Te gusta Hinata!
    -Hi-Hinata?
    -¿Ves? No puedes negar que te atrae, pues tú nunca tartamudeas ni te pones rojo…
    Dime,¿quieres hablarle?

    La pregunta dirigida a Sasuke nunca tuvo una respuesta, pues antes que el Uchiha menor respondiera, Naruto ya le estaba gritando para llamar la atención de esta.

    -¡Hinata!-gritó a todo pulmón el Uzumaki- ¡Ven!

    Al gritarle así, Naruto, por inercia se volteó a ver la cara de su amigo, y descubrió que estaba completamente rojo y las piernas le temblaban.

    -Cielos Teme, nunca te imagine así… ¡jajaja! ¡Tienes que verte en un espejo!
    -¡Cállate la boca de una buena vez dobe!

    Al llegar Hinata al lugar donde se encontraban el dobe y el teme, saludó de una manera la cual Sasuke encontró diferente a todos los saludos que había escuchado: estaba ante un saludo sincero, lleno de amor, y sin una pizca de hipocresía. Naruto, por su parte, se la pasó hablando con la Hyuuga, momento que aprovechaba en Uchiha para observarla con detenimiento, cada gesto, cada fracción de su cuerpo y cada palabra que decía, se confundía con la de un ángel caído del cielo.

    -Teme… ¡Teme! ¿ Estas escuchando?
    -Desde la primera palabra dobe.
    -Si, claro. Oye, quieres ir con Hina-chan y con migo al puesto de ramen?
    -No, gracias. Tengo cosas que hacer.
    -Que tal después, ¿Sasuke-kun?
    -Hmp… ya veremos…-respondió este con sus típicas pocas palabras.

    Luego de abandonar el puesto de ramen, a su compañero de equipo y a esa chica la cual Sasuke confundía con una diosa, iba tan perdido en sus pensamientos que se encontró en la puerta de la aldea, saliendo así de su trance. Al notar en el sitio que estaba, sacudió la cabeza y volvió su marcha atrás, pues bien sabía que su casa no estaba siquiera cerca del lugar donde actualmente se encontraba. Los pensamientos, por su parte, no lo abandonaban, y por más que quisiera, sabía que no podía sacarlos de ahí…

    -Pero Dios, que es lo que me pasa… es solo una simple chica, pero es hermosa…- se contradecía una y otra vez-

    Al llegar a su casa, entro al baño a darse una larga ducha, pues su mente y su cuerpo le pedían a gritos que tenía que refrescarse y poner en orden sus ideas. A partir de esa tarde, Sasuke Uchiha no era el mismo, sólo que no quería admitir que verdaderamente estaba enamorado. Al caer la noche, se sentó en el umbral de la ventana como de costumbre para meditar, analizar y calcular un sin número de cosas. De pronto se fijó en la luna, que ese noche estaba llena, y le hizo recordar los ojos de la Hyuuga. Le hizo recordar que desde hace mucho tiempo había algo que le hacía recordar la luna, y descubrió que eran los ojos de Hinata Hyuuga: una chica frágil tierna como un oso de felpa y sin una gota de hipocresía.

    Al día siguiente, el equipo 7 tenia el día libre, por lo que Sasuke aprovechó para dar una vuelta alrededor de la aldea, pero que, inconscientemente, lo hacía con la esperanza de volver a ver a la Hyuuga.

    -¡Hey! ¡Teme!- gritó eufórico su amigo el zorro- dando una vuelta ¿eh?
    -No es asunto tuyo el hecho de que mis piernas sean libres para caminar, dobe.
    -Eres un completo mal hablado… ¿es que no te das cuenta de que si estas dando una vuelta en la aldea es como el Apocalipsis? Realmente no te entiendo teme. Creo que si algún día trato de entrar a tu mente solo me perdería… y quien sabe, tal vez no podría siquiera salir.

    Entre tanto hablar, al doblar en una esquina, Sasuke chocó con alguien que llevaba una enorme caja, haciendo que la caja caiga hacia un lado y el Uchiha menor encima de la persona que la portaba.

    -Lo veo y no lo creo…- decía un chico zorro al ver la escena- Sasuke Uchiha encima de Hinata Hyuuga… es completamente una escena de película romántica…

    Al darse cuenta Sasuke donde había caído, vio a la chica desmayada y con un hilo de sangre en su frente, la caja la había golpeado. Sin pensarlo dos veces, se levantó y tomó a Hinata en brazos y le indicó al dobe que llevara la caja a la mansión Hyuuga, mientras el llevaba a la chica al hospital.

    -¡Pero Teme!
    -Ningún teme… Ya te lo dije. Lleva la caja a su casa.

    Naruto, por su parte, no tuvo tiempo en reclamarle algo más a Sasuke, pues ya se encontraba saltando tejados para llegar más rápido al hospital. Al llegar, le pidió a una enfermera que le ayudara. Esta, al analizar la gravedad del asunto, y viendo la cara de preocupación de Sasuke, le dijo que se relajara, que no era nada grave y que en menos de una hora iba a estar en excelentes condiciones nuevamente. Al oír eso, se tranquilizó y se sentó en una silla en el pasillo, fuera de la habitación en la cual se encontraba Hinata. Mientras esperaba a que despertara, le costaba meditar cosas que solo el sabe, pues su mente divagaba en un lugar extraño y nuevo para él. Lo único es que el aún no lo reconocía. La realidad lo trajo de vuelta cuando vio a Hinata parada en el umbral de la puerta. Apenas la vio, su corazón empezó a latir fuerte. Es aun desconocida la manera en la que sacó valentía en explicarle a la Hyuuga el por qué estaba en ese lugar. Al rato, ambos salieron del hospital; todo el trayecto fue silencioso hasta que Hinata se dio cuenta de que Sasuke iba en dirección a su casa.

    -Sasuke-kun... no es necesario que me acompañes, yo puedo llegar sola a casa.
    -Hmp… que no ves en las condiciones que te encuentras. Es peligroso que andes sola. No acepto otro comentario en contra.
    -Es-esta bien, Sasuke-kun.

    Al llegar a la gran mansión, Hinata se despidió de Sasuke con una reverencia, pero éste le levanto el rostro y contempló sus ojos por un largo rato haciendo que Hinata se sonrojara y se perdiera en el abismo de sus ojos negros como la noche.

    -Buenas noches, Hyuuga-dijo en un tono seco muy cerca del oído de Hinata, causando un gran escalofrío en todo su cuerpo, haciendo que tiemble. Sasuke, al notar esto, le dio un beso en la mejilla y desapareció en una nube de humo, dejando a una Hinata desorientada y confundida.

    Pasados ya varios días, Naruto notaba que Sasuke estaba demasiado serio, por lo que trataba de sacarle alguna palabra luego de los entrenamientos. Hasta que un día, su espera llego a su fin.

    -¡Oye dobe! ¿Me podrías decir que es lo que tanto piensas?
    -Itachi.
    -¿Eh?
    -Itachi está en la aldea.
    -¡Qué! ¿Y no has ido a avisarle a la vieja Tsunade?
    -Ella fue la que me informó. Pero hay algo que no me gusta. Hinata esta en la torre también.
    -No comprendo, teme.
    -Rayos, eres muy lento… déjame ver… Hinata está en la torre de la Hokage donde se encuentra Itachi. Tsunade le ordenó que vigilara a Itachi con su Byakugan por si trataba de hacer algo extraño.

    (En la torre Hokage)
    -Eres muy linda, ¿sabias?-decía en tono muy seductor el Uchiha mayor.

    Hinata no respondía nada. Se sentía muy nerviosa como para hablar. Su Byakugan había estado activado en los últimos 4 días, por lo que necesitaba descansar. Fue cerrando los ojos lentamente y sin darse cuenta había caído en los brazos de Morfeo. No sabe cuánto tiempo pasó, pero al abrir los ojos, sólo veía la cara de la persona a la cual se la había pasado vigilando hasta caer rendida. Sentía la respiración de Uchiha mayor, pues su rostro estaba muy cerca al de ella, y no podía moverse a ningún lado gracias a que Itachi la tenia sostenida en sus brazos.

    -Itachi-kun… por favor bájeme- decía tartamudeando Hinata.
    -De cerca te ves mas linda, no, mejor dicho, hermosa.
    -Por favor…bájeme- decía con lagrimas la Hyuuga.
    -No sabia que mi hermano tuviera tan buen gusto con las chicas. Se enamoró de la más hermosa de la aldea. Eso me enorgullece como su hermano mayor. Pero perdió.
    -¿Perdió? ¿A qué se refiere con eso?
    -De que no te dijo sus sentimientos antes que yo. Por lo tanto, le he vencido una vez más.

    Hinata estaba en trance: Sasuke Uchiha enamorado de ella, pero también Itachi Uchiha… que podría hacer en esos momentos era la única pregunta que divagaba en su mente. Cuando por fin logro salir de su trance, notó que estaba en el bosque que está a la salida de la aldea. Itachi, con toda la delicadeza de un verdadero caballero, sentó a Hinata bajo la sombra de un gran árbol y le dio un beso en la frente.

    -Si gano esta batalla, te casarías con migo, Hinata Hyuuga?

    Sin respuesta alguna se quedo Itachi, su hermano ya había llegado al lugar donde se encontraban. En un abrir y cerrar de ojos, una batalla entre los últimos miembros de un clan había iniciado. Hinata observaba cada movimiento de los Uchiha. Sabía bien que no era una pelea por la destrucción del clan, sino más bien por ella. No podía creer lo que veía: dos hermanos peleando por la persona la cual se enamoraron. Ambos tenían una katana. Se acercaba el golpe final. El golpe que daría fin al clan Uchiha, algo que no podía dejar que pasara.

    -Este es tu fin, Itachi!
    -No lo creo, hermanito, te venceré y me casaré con Hinata.
    -¡Eso ni pensarlo! Yo seré quien la cuide durante el resto de su vida!

    Ambos deslizaron sus espadas al frente. Ambos sintieron que había atravesado algo. No fue un Henge no jutsu, fue Hinata que se auto utilizó como escudo para ambos.

    -¡Hinata!- decía con lágrimas en los ojos el Uchiha menor.
    -Yo estaré bien. Mi último deseo es que tú, Sasuke, perdones a tu hermano, el nunca tuvo la intención de destruir el clan, lo obligaron. Y tu, Itachi, por favor, no permitas que Sasuke esté solo.
    -Hinata. ¿Por qué has hecho esto?
    -No me gusta que las personas sufran por mí, ni tampoco peleen. Prefiero desaparecer para que así también esa rivalidad y ese odio desaparezca.- esto último lo dijo sacando sus últimas fuerzas y vomitando sangre. Ya no le quedaba mucho tiempo. Le dio un beso a Sasuke y a Itachi en la mejilla y lentamente fue cerrando los ojos, sabiendo que nunca más los volvería a abrir, sabiendo que nunca más volvería a ver la luz del sol, ni el cielo, ni las estrellas. Tampoco a las dos personas las cuales, sin ella saber ni consultar su corazón, se había enamorado.
  6. Esta historia es un desafio dedicado a Jenni Black!

    Por favor no me olvides.​

    Era una mañana calurosa en el país de Japón. Ninguna región estaba exonerada de tal ola de calor. El verano estaba en su mejor momento. El sol resplandecía cada día con baterías nuevas. Una brisa suave se hacía presente de vez en cuando.

    En Seigaku, las clases aburridas y los entrenamientos agotadores eran el diario de la semana. Al llegar a la escuela, un pelirrojo busca con la mirada a su amigo y compañero de dobles Oishi. A través de la puerta principal puede divisar a su amigo. Sin pensarlo ni una vez corre hacia él.

    - ¡Buenos días, Oishi!- gritaba Eiji Kikumaru detrás de Suichiro Oishi.
    - Buenos días, Eiji, ¿cómo te amanece?
    - En realidad… no muy bien… tuve una terrible pesadilla: todos estábamos en el entrenamiento cuando de pronto una enorme jarra con el súper mejorado jugo de Inui nos perseguía… no dormí en toda la noche. ¿Tú qué opinas?
    - Que ese extraño jugo de Inui, en vez de ayudarnos, sólo nos empeora…-decía con los brazos cruzados, ojos cerrados y cabeza baja-
    - Increíble… nunca pensé que dirías algo así…
    - Lo sé.

    En ese mismo instante la campana sonó dando como aviso el inicio de las clases, lo que obligó al Dúo de Oro abandonar los pasillos y dirigirse a su salón de clases. Luego de terminar las clases, los titulares y demás miembros del club de tenis se reunieron antes del entrenamiento.

    - Escuchen todos: se aproxima la final del nacional y quiero que todos estén en las mejores condiciones. Eso incluye a los intermedios y principiantes- dijo con toda autoridad el capitán del equipo de tenis Kunimitsu Tezuka.
    - ¡Sí!

    Comenzados los entrenamientos, todos, incluyendo los novatos y titulares, le daban 30 vueltas a las canchas. Todos estaban concentrados, a excepción de un titular que parecía un zombie al correr, sin incluir que era el que iba a la delantera de la gran masa de jóvenes.

    - ¿Se puede saber qué es lo que le pasa a Eiji, Oishi? – preguntaba un muy curioso Syusuke Fuji-.
    - No estoy seguro. Creo que es culpa de una pesadilla que tuvo la noche anterior-respondió el vice capitán del equipo de tenis del Seigaku, Suichiro Oishi-.
    - ¿Una pesadilla, has dicho? – preguntaba un curioso Tezuka que dejo a todos atónitos por la curiosidad que tenía-.
    - Así es…-respondió ya resignado y sabiendo la pregunta que venía en el camino-.
    - ¿Qué tipo de pesadilla?-Preguntó para la desgracia de Oishi, Inui, conocido como el Rey de los Datos.
    - Rayos. Esto es malo… no puedo decirle a Inui cuál fue la pesadilla de Eiji, podría sentirse decepcionado o tal vez traicionado…- pensaba el vice capitán del equipo de tenis del Seigaku.
    - Anda, ¡dilo! – gritaba impaciente el barril sin fondo Momoshiro Takeshi-.
    - Sólo sé que algo gigante lo perseguía…
    - ¿Eso era?- preguntó decepcionado Momoshiro.
    - No- respondió el rey de los datos, haciendo el papel de la gota que hizo que se derramara el agua del vaso-.
    - Estoy frito-pensaba Oishi mientras veía a su compañero correr como alguien sin rumbo fijo.
    - En realidad soñó que uno de mis mejores jugo lo perseguía, pero este era de tamaño enorme-sentencio el rey de los datos-.

    Todos permanecieron callados, pues se habían puesto a analizar la verdadera razón por la cual Eiji se comportaba de manera tan extraña y llegaron a la conclusión- a excepción de Inui- que se sentirían de la misma manera.

    - Hemos concluido por el día de hoy. Por favor descansen lo mas que puedan- decía mas serio que nunca el capitán de Seigaku-.
    - ¡Sí!

    Acabado el entrenamiento y todos los miembros del club terminaran de cambiarse, cada uno se dirigió a su casa, pues les esperaba un entrenamiento y preparación psicológica para las finales. Como era de costumbre, Oishi y Eiji se dirigían juntos hasta el punto que dividía los caminos para llegar a sus respectivas casas. Se detuvieron al llegar a unas canchas callejeras de tenis en la cual practicaban los fines de semana. No lo pensaron dos veces y jugaron un partido, pero como siempre lo hacían, sin puntos, para mejorar las habilidades de cada quien. Cuando acabaron, ambos estaban sentados en el suelo, callados, hasta que Eiji rompió esa barrera llamada silencio.

    - Oishi- llamaba un muy serio Eiji a su compañero-.
    - ¿Qué sucede, Eiji?
    - Mañana empiezan las finales-
    - Sí, lo sé-.
    - ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Iba tarde porque me tocaba la limpieza del salón, mientras tú ibas tranquilo leyendo un libro de tenis. Te atropellé por error y se te cayó el libro por el acantilado. Por suerte logre sostenerlo… Luego me di cuenta de que también estabas en el equipo de tenis. Te pedí de que jugaras un partido conmigo el cual aceptaste… jugaste horrible… me canse y te dije que jugaras en serio, ahí fue cuando conocí tu Moon Volley… de veras que me dejaste súper impresionado. Pero lo mas gracioso es que no sé de dónde me salió la idea de que jugáramos dobles… tal vez era porque estabas muy concentrado en el libro de cómo jugar dobles…
    - Eiji- decía con lágrimas Oishi-
    - Oishi-decía volteando a ver a su amigo-.
    - ¿Si?
    - Verás, luego de este partido, tendremos los exámenes finales, por lo que no habrán más prácticas. Luego de eso viene nuestra graduación… y luego, me iré al extranjero a estudiar… y realmente no se cuando regrese…
    - Es cierto, te irás apenas pase la ceremonia de graduación… y no es probable que nos volvamos a ver…
    - Por eso es que quiero pedirte un favor…
    - ¿Un favor? ¿Cuál?
    - Se que sonará tonto y un algo cursi… pero, es que te has convertido en un gran amigo y hasta te has convertido en un excelente hermano… me has dicho cuáles son mis errores y me has apoyado en mis locas ideas. Te quiero agradecer que en los últimos tres años hayas estado a mi lado. Quiero pedirte que por favor no me olvides... ¿trato?
    - Trato hecho.
  7. La suave brisa del viento mecía con pesadez mi cabello. Al parecer sabía exactamente como me sentía. Estaba parada bajo el árbol donde te exprese mis sentimientos aquella vez que te marchaste para entrenar arduamente, para convertirte en Hokage.

    Recuerdo con pesadez estos días sin ti, sin tus ocurrencias, sin tu correteo como un niño en la aldea… sin tu voz… días amargos y noches tristes eran mis fieles compañeros en estos años de ausencia. Días en que no podía ver ese restaurante de ramen que tanto te gusta, y noches donde solo el silencio escuchaba mi sollozo. Hasta creo que en ese tiempo mis ojos se volvieron más claros de tanto llorar.

    Lo único que me queda ahora es contemplar el sol que me recuerda tu cabello, y el cielo azul, que me recuerdan esos ojos azules tan profundos que cualquier zafiro envidiaría.

    Lo que más me preocupa es que no me reconozcas si llegas nuevamente a la aldea, he crecido notablemente incluso mi cabello, por el cual he recibido muchos halagos…
    Estoy tan ilusionada con tu regreso, que veo una figura esbelta, de espaldas, muy parecida a ti, solo sonrío por lo bajo y me doy la vuelta... creyendo que es tan solo mi imaginación…

    -¡Hinata! ¡Dattebayo! -

    Al parecer, no, no era mi imaginación…
  8. ¡Hola! Mi nombre es Suichiro Oishi, y acabo de salir de la secundaria. Estoy aquí para contarles una experiencia un algo extraña, pero tal vez… divertida.

    Todo estudiante del último año de secundaria tiene por obligación realizar algo llamado pasantía. Por fortuna podía realizarla donde deseara. Pero, por mala fortuna, no había conseguido lugar para poder realizarla, así que, hablé con la directora acerca de mi problema y me dijo que necesitaba a alguien que estuviera provisionalmente en la guardería. “Guardería”… esa palabra retumbaba en mi cabeza. No era que reprobaba la idea, es sólo que tenía que estar con niños pequeños.

    -Directora: A ver, ¿qué me dices?
    -Oishi: Este… no, no hay ningún problema…
    -Directora: ¡Perfecto! Comienzas el lunes a las 8:00 AM. ¡Sé puntual!
    -Oishi: Seguro.

    Después de esta pequeña conversación con la directora, me fui inmediatamente hacia mi casa. Normalmente camino a una velocidad podría decirse que rápida, pero ese día, iba a paso tortuga. Iba tan sumergido en mis pensamientos que me encontré ya en la puerta de mi casa. Ese día sentí que el trayecto había sido el más largo de toda mi vida.

    Al entrar, mi hermana pequeña me recibió con gran alegría, pero sólo atiné a regalarle una pequeña sonrisa. Subí hasta mi habitación, solté la mochila y me acosté en la cama mirando al techo. Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que mi mamá me había llamado para que bajara a cenar. Cuando llamó por tercera vez, le pidió a mi hermana menor que subiera a avisarme.

    “Toc Toc”

    -Natsumi: Hermano… ¿estás ahí? ¿Hermano?

    En realidad no me había percatado de ella, a la tercera vez que llamó, le respondí.

    -Oishi: Bajo en un momento.

    Ya abajo, me dediqué sólo a comer en silencio, cosa que no pasó por alto por mi familia. Al final mi madre me preguntó si me sentía mal, pero, en ese instante, fue que regresé a la realidad. Me había dado cuenta de la gran preocupación que tenían todos hacia mí.

    -Oishi: Lo siento, no debí de haberlos preocupado…
    -Madre de Oishi: Suichiro, dinos, ¿pasa algo?
    -Oishi: Bueno, en realidad, si, pasa algo…

    En ese momento todos se pusieron pálidos, abrí los ojos como platos y me di cuenta de que respondí demasiado serio.

    -Oishi: ¡No se preocupen! Es sólo que ya conseguí donde hacer la pasantía; es solo que…
    -Natsumi: ¿Es solo que…?
    -Oishi: Es solo que es…
    -¿Es….?
    -Oishi: Es en la Guardería Seigaku…

    Esto lo dije con algo de resignación. Pero cuando me di cuenta, todos habían suspirado de alivio y empezado a reír de lo que acababa de decir. Para mi no era ninguna gracia, además, ya no había vuelta atrás.

    El fin de semana transcurrió rápido y había llegado el lunes. Me desperté bien temprano, me había alistado y bajé a desayunar.

    En mis pensamientos sólo estaba la pregunta: “¿Saldré vivo de ahí?”. Ya a las 7:15 me disponía a dirigirme hacia la guardería. Cuando llegué estaba una señora, la cual era la encargada de la guardería.

    -Señora: ¡Buenos días! Tú debes ser Suichiro Oishi, ¿cierto?
    -Oishi: Sí, así es.
    -Señora: Bueno, ven, pasa adelante. Te explicaré cómo son las cosas aquí dentro.

    Cuando entré, observé que todas las paredes y cortinas estaban decoradas con los tonos más infantiles que podrían existir. La señora me explicó cómo debía desempeñarme. Era sencillo, sólo debía estar bien atento a los niños, si querían algo solo tenia que hacerlo. Algo no muy gustoso para mí, era que tenía que usar un delantal, por fortuna, blanco y sin detalles infantiles.

    Ya a partir de las 8, los niños empezaban a llegar. No eran la gran cantidad que esperaba. Eran alrededor de 13. Al rato, la señora me comunicó que ya eran todos los niños, que por favor le cerrara el portón de afuera.

    El portón se cerraba por seguridad de los niños, ya que al entrar hay un gran jardín con muchas flores y un gran pasto verde, donde jugaban al aire libre.

    Cuando regresé, la señora me pidió que la acompañara por lo que asentí con la cabeza. Nos dirigimos a la sala donde estaban todos sentados en pequeñas sillas.

    -Señora: ¡Buenos días, pequeños!
    -Todos: ¡Buenos días, Tía Sumire!
    -Sumire: Les presento a Oishi, él estará con nosotros por un mes. Por favor, no sean malos con él y obedezcan todas sus instrucciones.
    -Todos: ¡Sí!

    Dicho esto, no sabía que hacer, por lo que Sumire me pidió que me sentara a hablar con los niños. No tenía opción, ahí comenzaba mi tortura, que al final no fue nada desagradable. Me senté en una silla y les pedí que hicieran una ronda. Luego, les pedí que me dijeran sus nombres para así escribirlos en un papel, luego, escribirlos en cartulina y colocárselo a los niños con ayuda de una grapadora en sus pequeños t-shirts, con la esperanza de recordar sus nombres para el final del día.

    -Oishi: Primero empezaremos contigo.

    Dije esto señalando a una pequeña niña con rostro de ángel, cabello largo castaño y atado a dos largas trenzas.

    -Oishi: ¡Vamos! No seas tímida. Dime tu nombre.
    -xxx: Sa-Sakuno.
    -Oishi: Sakuno, eh? Es un nombre muy bonito.
    -Sakuno: Gra-gracias…
    -Oishi: ¿Y tú? (esto lo dije señalando a un niño con cara de entusiasmo)
    -xxx: ¡Horio!
    -Oishi: Horio, muy bien…

    Y así me pasé un rato muy agradable. Ya tenía la mayoría de los nombres, sólo me faltaba uno. Fijé mi vista en un niño en la parte de atrás sentado muy tranquilo leyendo un libro… ¡Un libro! Solo me dije a mi mismo “es un niño muy inteligente”. Me fijé que para su edad ya usaba lentes. Parecía ser que era de nacimiento que padecía de algún problema de la vista.

    -Oishi: Solo me faltas tú…

    El pequeño me miró, cerró su libro y me contestó…

    -xxx: Kunimitsu.
    -Oishi: Kunimitsu… bien, ya los tengo todos. En seguida vuelvo, ¿si?

    Me levanté de donde estaba sentado y me dirigí a una mesa donde habían cartulinas y marcadores. Tomé una amarilla y un marcador negro. Ya pasado 10 minutos, tenía todos los nombres listos y recortados con forma de nube.

    -Oishi: A ver: Sakuno, Horio, Tomoka, Eiji, Kaoru, Takeshi, Sadaharu, Takashi, Syusuke, Kunimitsu, Ryoma, Katsuo, Kachiro y Ryoga…

    Al volver a la sala, los llamé a cada uno por su nombre. Se acercaban lentamente, pero sin timidez, al parecer me había ganado la confianza de estos pequeños. Al terminar, miré el programa de actividades y decía: “9:00-10:00 AM: Jugar el jardín”. Convoqué a los niños para que salieran al jardín, dicho esto, busqué pelotas que estaban en un gran almacén y se las llevé para que jugaran.

    Cada uno de estos niños era impresionante. Habían seis, que eran los más pequeños, éstos eran: Horio, Tomoka, Sakuno, Katsuo, Kachiro y Ryoma. Habían otros dos mas grandes, de la misma edad: Takeshi y Kaoru. Y los ya mas grandecitos: Syusuke, Takashi, Sadaharu, Eiji, Kunimitsu y Ryoga.

    Estos niños, conforme pasaban los minutos, me sorprendían. Sakuno, era la más pequeña y la más tímida. Tomoka, se la pasaba gritando a Ryoma, éste sólo le respondía con un “Mada mada dane” con indiferencia. Horio, Kachiro y Katsuo estaban junto a Tomoka y Sakuno jugando. Takeshi y Kaoru se la pasaban haciendo competencias de resistencia. Syusuke, muy tranquilo y con una imborrable sonrisa en el rostro, jugaba tranquilamente en los juegos. Sadaharu, con un cuaderno en las manos, escribía datos sobre los demás. “Otro chico inteligente” dije para mí mismo y sorprendido de que había un pequeño que sabía escribir. Eiji, el niño con más energía, se la pasaba saltando de un lugar a otro. Takashi, muy tranquilo, hasta que sostenía en su mano una raqueta de tenis, comenzaba a gritar un “BURNING” a todo pulmón. Ryoga, el hermano mayor de Ryoma, le hacía bromas a su pequeño hermano. Y, finalmente, Kunimitsu, un niño extremadamente callado, se la pasaba sentado debajo de un árbol leyendo un libro. Cada uno de estos niños era especial.

    Me pasé un rato tratando de memorizar el programa, pero éstos pequeños solo hacían llamar mi atención y hacer que me riera por dentro.

    Ya a las 10:30 era la hora de un “pequeño almuerzo”, los llamé a todos y los llevé hasta el lavadero para que se lavaran las manos, algunas llenas de tierra, otras, perfectamente limpias. Cuando los lleve hacia dentro la señora me dijo que se encargaría de ellos, lo que le agradecí y fui al jardín a recoger las pelotas y llevarlas a su lugar. Luego de que terminaran su pequeño “pre-almuerzo”, encendí una enorme televisión por la que quede boquiabierto, y puse el canal indicado por Sumire. Leí el programa y decía: “Almuerzo: 12:30”. Ya eran las 12:15, fui la cocina y me dirigí directamente hacia Sumire. Me pidió que fuera colocando los platos en la mesa y así lo hice. A las 12:30 Sumire llamó a los niños, todos dejaron de ver la televisión y fueron rápidamente hacia el comedor. Cada uno se sentó en su sitio y hasta que no llego el último no habían empezado a comer. Luego, juntaron sus pequeñas manos, cerraron los ojos e hicieron la oración de acción de gracias. Aproveché que los pequeños comían para recoger un poco la sala. Había peluches por doquier, de todos los tamaños. Los recogí y los coloque encima de un gran estante.

    Cuando terminé, Sumire me llamó y me dijo que en la mesa estaba mi comida, que me estaba esperando. Le agradecí y me dirigí hacia la mesa, los pequeños ya habían terminado. Al terminar, llevé mi plato a la cocina, cuando me fije, estaba una chica que era de mi salón que también estaba realizando la pasantía. Ella lavaba los platos. Su nombre es Midori, que precisamente le encanta el color verde.

    Luego a las 2:00 era la hora de la siesta. Todos ya sentían sueño así que los llevé a una gigante habitación con muchas camas. Cada uno conocía su lugar. Los más pequeños subían con dificultad, por lo que los ayudé. Eiji, que no dejaba de llorar, me le acerqué y le pregunté el por qué de sus lágrimas.

    -Eiji: No puedo dormir sin mi peluche…
    -Oishi: ¿Eso era…?

    Me dispuse a buscar el peluche de Eiji. Era un gran oso marrón que decía su nombre en la panza. Se lo di e inmediatamente dejó de llorar y quedó profundamente dormido. En ese rato libre, hablé un rato con Midori. Ella ya tenía un par de semanas en la guardería, por lo que le faltaba menos tortura.

    -Midori: Aunque no lo creas, no es tan malo estar aquí.
    -Oishi: Así parece ser.

    Le respondí con resignación, puesto que sentía que ella lo hacía de manera voluntaria, todo lo contrario a mí.

    Nos pasamos un rato hablando acerca de las clases, de los exámenes y los resultados. Ya eran las 4:00 PM. Me dijo que fuera a la habitación donde estaban los pequeños, que ya deberían de estar despiertos. Y así fue, al llegar, ya habían algunos sentados en sus camas, y otros, aún dormían.

    Cuando ya todos se habían levantado, los llevé hacia la sala y luego me dispuse a arreglar las camas. Por fortuna Midori me ayudó. Me dijo que cuando llegué las cosas se facilitaron para todos ya que a los niños les encantaba estar conmigo.

    Ya eran las 5:00. Esta es la hora donde los padres de los chiquitines pasaban a recogerlos. Lo mas sorprenderte, y que sorprendió a todos, era que cada uno me daba un abrazo antes de irse…

    Cada uno tenía uno especial: Sakuno me abrazaba con ternura y me daba un beso en la mejilla. Su timidez era tan grande que un color carmesí reinaba en su rostro. Horio, Katsuo y Kachiro me daban un abrazo al mismo tiempo. Ryoma y Ryoga por igual. Inui me abrazaba con alegría, Takeshi y Kaoru peleaban por dármelo primero. Takashi, igual que Sakuno, me daba un abrazo con ternura, me daba un abrazo con ternura, Syusuke por igual. El pequeño Eiji, siempre saltaba a mi espalda, por lo que me arrodillaba para darle un gran abrazo. Tomoka, me daba un abrazo que me dejaba sin aire. Desde un principio pensé que iba a ser luchadora profesional. Y Kunimitsu, siempre era el último, me daba un abrazo no sólo por salir del paso, sino un abrazo lleno de amor.

    Cuando se iban, me paraba en la puerta y los despedía con la mano. Luego de tan “afanoso día”, me fui a mi casa. Todo el camino una sonrisa en el rostro me acompañaba.

    Al llegar a casa, mi mamá me preguntó como me fue en mi primer día. Sólo le sonreí y entendió todo. Subí a mi habitación a descansar un poco antes de la cena. Me acosté bocaarriba y cerré los ojos, recordé cada momento, cada segundo y cada instante de ese día en la guardería. La imagen de cada uno de ellos sonriéndole era ahora mi motivación para seguir adelante y cumplir con la ardua tarea de la pasantía.

    Cada día que pasaba junto a los pequeños se hacía cada vez más corto, y así se cumplió el último día que estaría de servicio en la guardería. No quería que llegara la hora de que todos se fueran, pero por ley llegó. Al despedirme de todos, me senté en un sofá en la gran sala. Me dispuse a recordar a recordar cada momento vivido junto a los pequeños. Precisamente veía una foto que le pedí a Midori que me tomara junto a ellos. Me prometí a mí mismo que no olvidaría ese maravilloso mes, una experiencia inolvidable junto a grandes pequeños.

    xD