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  1. El se encontro parado en medio de una encrucijada, el camino atraz, se habia desmenuzado en pedazos al ceder bajo su propio peso. Por un instante añoro la belleza de ese camiono que le habia guiado hacia este barranco.

    Los Linderos de la encrucijada se extendian hasta el infinito por lo que el se dio la vuelta mirando el camino desgarrado y se dejo caer de espaldas al abismo mirando su inminente caida.

    Si ese era el fin, lo afrontaria con todo lo aprendido en los caminos recorridos
  2. La historia corta, de una pareja, que permanecio de una forma curiosa, perene al tiempo y la propia muerte, de almenos uno de ellos. Espero sea de su agrado.

    Tipo: One-shot
    Fandom: Familiar Zero "Zero no Tsukaima"
    Pareja: Saito Hiraga y Louise Francoise de la Valliere.
    Titulo: Sin decirte adios
    Autor: Renard
    Coprything: Ninguno de los personajes en la presente historia es mio, a excepcion de Gabrielle, lo demas, pertenecen a sus respectivos autores, la presente historia, no genera ningun tipo de ganacia. Salvo la satisfacción de que les sea grata.

    Sin decirte adios

    Quizá fuese desde el principio, desde el momento en que llegaste a mí, que supe que algún día te perdería, por eso, trataba de todos los medios de no apegarme a ti, de no considerarte más que un perro, que había caído en mis manos para servirme.
    Pero tu monocorde valentía, tu insaciable curiosidad por este mundo, tu extremo masoquismo hacia mi persona, impidió que lo lograra, la forma en que quebrantabas las reglas, por y para mí, para la pequeña e inútil de Louise. Si tan solo pudiese volver atrás y cambiarlo todo… a menudo tengo esa idea, ¿qué haría realmente?

    Recuerdo tu cuerpo cálido durmiendo a mi lado, con ese olor paja que no se pudo desprender ya de tu piel , tu pelo entre azul y negro que tendía a desordenarse al despertar; y mi mirada contemplándote hasta el momento en el que te despertabas y yo fingía dormir de nuevo para que no te dieras cuenta de que te observaba.

    Tuve miedo, muchísimo miedo, mientras vivías, miedo a mi familia por tu condición, que se agravo cuando te nombraron chevaliere, cuando salías a las misiones, por eso urdí mi plan, quería algo duradero contigo, algo que no se pudiese romper, eras lindo, noble y fiel, tu corazón siempre fue sincero conmigo, y los múltiples sacrificios que llegaste a realizar, siempre me abrieron el pecho, por eso, una noche que volvías, desate despacio todo lo que sentía, desfogue mis labios contra los tuyos tantas veces que aun hoy recuerdo su delicado sabor, por alguna razón, tenias un sabor entre canela y vino tinto, y tu cuerpo entero desprendía el aroma húmedo del bosque.

    Esa noche, no te deje dormir ni un instante, te reclame mío marcando mi nombre en cada fibra de tu ser, me robe tu voz al dejarte sin aliento, mordí tu piel marcando tu cuello, tu pecho, tus hombros, al día siguiente, tu cuerpo estaba marcado con mi nombre por todos lados y tu sonrisa lo delataba.

    Lleve mi embarazo lo más en secreto que pude, y la última noche que nos vimos, repetí el acto de nuevo, llevándome tu aroma y tu voz, llevándome tus ojos entrecerrados mirando los míos, el calor de tu cuerpo quedo adherido desde entonces a mi piel; y entonces, estallo la guerra más rápida y cruenta que Tristanía había vivido. En una sola noche, la guerra se llevo a la mí querida hermana, la princesa, dejo viudo a Guiche y cobro la cordura de muchos de mis amigos al ver las masacres, fue rápido y brutal, igual que tu contraataque al enterarte de que iban tras nosotros.

    Mi héroe, no el noble caído del cielo que ilustran los libros, con el rostro limpio y la sonrisa triunfal; tú eras mi verdadero héroe, el manchado de la sangre de los contrincantes apoyado en el mango de una magullada espada tras la cruenta batalla, la barba mal rasurada, la sudadera azul rasgada y manchada, tu poderosa sonrisa en los labios y para mi maldita suerte, en tu pecho una herida de muerte.

    Ese día te perdí, bajo el amanecer del tercer mes de mi embarazo, no hubo una elfa con revolución de pechos, ni un encantamiento que fingiera el rictus del cuerpo al morir, oh no, todo fue tranquilo, el silencio reinaba sobre la ciudad luego de tu batalla, tus manos limpiadas a medias sobre tu pantalón siendo sostenidas por las mías, tus mejillas empapadas por mis lagrimas, tu sangre manando de un costado, lenta y ceremonialmente, quería gritarte que serias padre, que vivieras por nuestro amor, pero no había solución, dentro de mi pecho lo sabía, bese tus labios y para mi sorpresa me gusto el sabor de tu sangre, viva y cálida, hablaste para morir, solo eso

    -Te amo Louise, siempre lo hare…

    Tu voz se cortaba suavemente, juro que nunca ansié oírla más tiempo, acariciaste mi mejilla y supe que te irías en ese instante, quise que el mundo acabara junto contigo, pero tú, solo susurraste una única palabra a modo de despedida

    -Gabrielle

    Abrí mis ojos al verte partir con ese último suspiro, tan tranquilo y pacifico, tan delicado…

    Llore, como toda viuda, como toda amante, como toda mujer cuya alma ha sido desgarrada y devorada por la oscuridad, y la única luz en ese infierno, en ese mes, fue tu voz, tu última palabra, su nombre; no eras tan ingenuo, sabias que serias padre y buscaste un nombre bello para nuestro vástago, y para mi fortuna, ella llego bien, porque fue una niña, muy al estilo de los Valliere dijeron mis padres, quienes solo pudieron aceptarte una vez que fuiste muerto.

    Pero yo solo miraba en ella, tus ojos azules, tus labios afinados, la hiperactividad que tenias, el cabello fue mi herencia, y el carácter también, porque aun hoy, habiendo pasado la soledad de no tener padre, nuestra hija te ama con todo su ser… igual que yo lo he hecho siempre.

    …...

    Un par de golpes interrumpió los pensamientos de una mujer que miraba un cuadro pintado, por la puerta entro una niña de quizás siete años, el cabello rosa un tanto oscurecido cayendo hasta los hombros despreocupadamente, cubierto por un sombrero pequeño a juego, los ojos grandes y cálidos color azul con un brillo intenso, una sonrisa desprovista de malicia y vestida con un vestido de tirantes blanco vaporoso adornado con flores; llevaba una canastilla bajo el brazo, sobresalía un poco el cuello de una botella de vino, y el aroma del contenido inundando despacio la habitación.

    -Vamos mami

    Su voz tranquila y clara, similar a la de un manantial; la mujer se irguió dejando ver a Louise Francoise, madurada por la edad, con el cabello largo como su hermana preferida, a pesar de la mirada seria que portaba. SU cuerpo crecido y estilizado, se quito la capa y la doblo con cuidado en el asiento y tomo la mano de su hija.

    -Muy bien, vamos cariño

    …...

    Avanzamos por los aposentos, a pesar de mi renuencia, había acabado como la gobernadora de Tristania, por ser la segunda heredera al trono después de Henrrieta, quede ligada al país, pero mi vida no lo conté por los años de paz que siguieron luego de tu partida.

    ......

    El claro se abría despacio ante la vista, los arboles aunque frondosos y cargados de fruta dejaban pasar bien la luz del sol, y el suelo recién mojado por la lluvia desprendía un olor almizclado muy agradable, Loiuse y su hija se sentón en la manta y tras agradecer por la comida y por el día, tomaron un sorbo pequeño de vino paladeándolo y tomaron un bocadillo ligero de los panes que habían traído con ellas, la pequeña se sentó en el regazo de su madre y la abrazo cerrando los ojos, la mayor cerró los ojos con nostalgia, el aroma del bosque, el vino, el pan con el ligero rastro de canela, le trajeron miles de recuerdos, pero la imagen de su difunto esposo fue latente, sintió casi realmente su barba suavemente rasposa y su voz en sus oídos susurrando su nombre

    Sigues aquí, algo irrompible, largo y duradero como lo había soñado… gracias Saito. Yo tambien...
    ............................................................................................

    Notas: Primera vez que escribo algo desde la perspectiva de una mujer xD.
    Enjoy.
  3. Una vez mencione este titulo a una persona y me pregunto por su significado, es el nombre de una leyenda y de un libro por lo que he investigado, que fue escrito tiempo atrás, no nos enfrascaremos en el autor por que usa un seudónimo, sin embargo, entre la sinopsis y una canción que habla de el mismo, pude componer, esta pequeña historia con el Orfebre de Cenizas, espero sea de su agrado.
    ---
    Caminaba sin rumbo bajo las heladas calles londinenses, llevaba días alejado de mi tierra común, de los verdes prados que traían el olor de la guerra de los moros, y del viento del desierto, apenas llegaba aquí ese aroma, suspire mirando el rojizo amanecer, llevaba ya dos días sin comer ni dormir bien; llevaba dos días buscando un regalo. Edificios con olor a café viejo, madera antaña y añejada recordándome el olor de los licores de las cantinas de mi padre.
    En medio de una gran ciudad, en una calle en medio de la ciudad, me derrumbe sobre una fuente, un policía me lanzo una mirada de soslayo y siguió derecho su camino enfundado en su abrigo azul –Turistas- creí entender en mi mal francés. Tenia hambre, pero mi mente insistía en que encontrara ese regalo, había recorrido muchas tiendas, muchas joyerías en busca de ese obsequio, sinceramente, todos los anillos me parecían demasiado pesados, demasiado obsoletos, además, yo quería regalarle algo diferente, pues ella poseía ya dos anillos que curiosamente habían llegado a mi puerta con su nombre. Menee la cabeza cuando el olor a acero inundo mi nariz, después llego un olor como acre que irrito mis ojos y me forzó a tallármelos para enjuagarme las lagrimas
    Camine tratando de ubicar el lugar de donde salía el aroma ¿Una fundidora?, se supone que no pueden soltar el humo al aire libre, mi curiosidad gano a mi hambre y camine lentamente admirando el lugar, el adoquín del piso dio paso a las baldosas de un parque, un acabado frio que bien podría hacer resbalar a muchos en épocas lluviosas, el aire era más fresco ahí, varios arboles adornaban el lugar, su aroma ni floral ni frutal me dejo inquietado pues bloqueaba el aroma del acero y del azufre que iba buscando.
    -No-
    Mi grito debió haber resonado por todo Londres, lleno de tristeza y frustración, corrí sin rumbo, deseando perderme entre las calles de esa inmensa ciudad, en medio de esas fuentes que poco a poco caían derruidas por el paso del tiempo. Un vagabundo pasó cantando una tonadilla que no reconocí, que me pareció alentadora, sonaba algo así:
    Si puedes
    Si quieres
    Lo puedes encontrar
    En ti
    En mí
    En los demás

    Me quede sentado ahí, rumiando mis frustraciones un poco más calmado, solo me quedaba lo destinado para el dichoso regalo, y parecía que en Londres no daban frutas los arboles, Mire la tarde caminar y tome el dinero de mi bolsillo, podría darme por muerto si lo gastaba, pero no quería el dinero en si, sino lo que estaba debajo de el, tome el pequeño arete cobrizo que tenia delante de mi y sonreí para mis adentros. Ella, quería un regalo para hacerla sonreír, lo único que me quedaba de ella era ese arete, y admirando el arete no me di cuenta de que alguien corría hacia mí.

    Recuerdo bien el momento del impacto, caí de bruces desparramando el dinero sobre la acera, el vagabundo que había pasado cantando hacia unos momentos tomo algunas monedas y se fue corriendo, durante unos instantes busque el arete en el piso, hasta que caí en cuenta de que el mendigo aquel se lo había llevado. Corrí tras el entrado en pánico, se llevaba el arete, mi único recuerdo, corrí salteando a un vendedor de le coles, a una viejecita con una bolsa enorme, El mendigo me llevaba mucha ventaja, salto una barda y al toparme con ella tuve que apilar un montón de botes para poder saltarla, caí sintiendo una punzada en mi rodilla y me encontré ante un Londres que no conocía yo. Se veía viejo y desgarbado, oscuro aun con la incidencia del sol sobre sus callejuelas, el aroma de especies abarrotando mi nariz, uno o dos tapices rojizos colgando de las ventanas, y el adoquín, rojo ennegrecido por el tiempo. Los ecos de unas pisadas veloces me despertaron del efecto de ensueño, corrí desbocado tras el hasta casi darle alcance, y le grite para que me oyera-El arete, devuélvemelo- mis palabras parecieron espolearlo y corrió perdiéndose entre las calles oscuras de Londres dejándome perdido en la oscuridad del mortuorio atardecer.

    Quizá haya vagado una o dos horas hasta que la luna empezó a emerger en ese cielo desconocido, no había luces en los edificios que opacaran su resplandor, recordé con nostalgia las noches en que mire la luna desde su balcón y rompí a llorar en silencio entre dos calles en medio de esa inmensa ciudad.

    Un gato maulló en la noche, ya había pasado rato de mi llanto, pero aun estaba ahí sentado, me sentía un poco desolado, entonces apareció ese vagabundo sonriéndome y salte intentando acorralarlo entre la pared para hacerlo entregarme el arete, pero se movió con astucia felina y me hizo seguirlo atravesando callejuelas cada vez más estrechas. Entonces repare en su vestimenta, a simple vista parecía un vago cualquiera, pero sus zapatos tenían una hebilla de plata, y la suela era de metal, por eso resonaba tanto, el quería que lo persiguiera.
    -¿A donde me llevas?-
    Su risa amplia y sincera me desconcertó mientras lo seguía paso vivo, recuerdo haber intentado ubicarme pero el no se detenía y yo ya llevaba rato perdido así que eso era inútil, me concentre en el y vi que era un joven, no superaría los 15 años. Las calles se redujeron aun más dando una sensación aplastante y el chico termino amparándose detrás de una puerta de madera con metal oxidado.

    Me acerque recuperando el aliento, la puerta me desconcertó, viéndola de lado parecía incluso carcomida, pero de frente era una puerta bien conservada y lo que parecía oxido, en realidad era metal trabajado para reflejar la luz en un tono rojo pardo. Entre en silencio, movido por mi curiosidad y me encontré frente a un cuarto ennegrecido por el hollín, un hombre me sonrió detrás de un mostrador, parecía algo viejo, su bigote grisáceo y bien cuidado, algo bajo y delgado, embutido en un traje algo anticuado en negro y blanco, como hace cincuenta años. El hombre hizo una seña y me acerque, la mesa estaba pulida y barnizada, y un inmenso cristal permitía ver objetos que resplandecían, Eran un anillo grueso de quizá dos milímetros de espesor, Bruñido en oro y con muchos huecos que hacían ver las hojas de una flor abriéndose por todo el cuerpo del anillo. El otro era más sencillo, era un anillo de electro, plata y oro fundidos en partes iguales que tenían una inscripción delicada, pero muy legible, me quede boquiabierto y mire al hombre; eso anillo se los había regalado a ella, tiempo atrás, como una promesa. El solo asintió con la cabeza y me señalo un asiento en la esquina de la habitación, en realidad, por mi tamaño podría haber doblado al hombre por la mitad, pero su mirada era tan fuerte que no dejo replica, me quede sentado mientras él desaparecía hacia lo que parecía una trastienda, había una mesita que parecía desgastada de tanto haber sido lavada, sobre ella unos papeles blancos-amarillentos, que parecían deshacerse entre mis dedos dejando un olor agradable, como la menta, sin embargo tenían escritas estas palabras
    En su balanza pesa el metal
    Y siempre puede juzgar
    La talla del corazón
    Sabe tasar el dolor
    Conoce la verdad
    Y cada noche encuentra la luz
    De alguna estrella

    Parecía un fragmento de algún poema perdido en el tiempo, se oyó un crujido muy leve y salió a mi encuentro la figura conocida del vagabundo, tal como lo había calculado no tendría más de quince años, tenia la piel bronceada y unos ojos verdes y oscuros, y una sonrisa inocente y muy blanca. -Hola- fueron sus palabras y mi respuesta fue una replica de las mismas, me indico que lo siguiera a la trastienda y entre mirando muchos artefactos, un horno humeante, que parecía dar el tono a todo en esa tienda, un yunque negro y muy pulido que casi brillaba reflejando la luz que había, y un martillo bien cuidado recargado en la pared, en el fondo de la trastienda un hombre me miraba ceñudo. Tenia las cejas pobladas y negras, espesas y casi juntas, el cabello largo y una barba negra cerrada sobre su rostro, su piel canela por el oficio y su brazos amplios y fuertes, tenia un mono de cuero como vestido y unos pantalones negros, su torso iba desnudo, mostrando un cuerpo ni joven ni viejo, marcado por la edad y el trabajo duro. Y su voz áspera y profunda, casi hipnótica pregunto llenado por completo mis ideas y la habitación:
    -¿Estas cansado?-
    Negué con la cabeza, me sentía incapaz de hablar, el me ofreció una silla a mi lado que no había visto y con un chasquido de los dedos, el joven que me había traído hasta aquí saco el arete que había buscado, me quede mudo, más aun si cabe. Como si mis palabras sonaran groseras o mancharan su voz. El muchacho entrego el arete y el hombre lo miro examinándolo de cerca casi perdiéndolo entre sus manos y hablo de nuevo.
    -¿Cómo es ella?-
    Me quede perplejo ante la pregunta, y el sonrió ante mi desconcierto, y me mostro el arete mirándome a los ojos
    -Muy bella- fue mi única respuesta, el rio de nuevo y me miro – ¿tienes idea de cuantas veces me han dicho eso?- me dijo- Anda, descríbemela, recuérdala y evócala aquí solo con tu voz-

    Mis pensamientos se agolparon en mi cabeza y trate de ordenarlos explicándole poco a poco mis ideas, el miro mi rostro y me paso un espejo, al verlo mi sorpresa fue inmensa, ahí estaba ella, su pelo brillando contra el sol, entre cobrizo oscuro y uva, ondeando al viento, su sonrisa amplia y delicada, sus ojos, fugaces recuerdos de oro y cobre, de madera y tierra, de fuego. Describía poco a por esto mientras la recordaba. Recordé los hoyuelos que se le hacían al sonreír, su rostro al estar triste, sus lagrimas cuando caían por su mejillas, aquellas que había podido limpiar, aquellas que a veces sin querer había causado, a veces de pena, a veces de alegría, mojando como perlas del mar nuestras ropas. Una lagrima surco mi rostro e intente retenerla, pero el se acerco hasta mi y la tomo formando una gota en su dedo-No lo retengas- dijo y la vertió donde estaba fundiéndose el arete, Mi mente se lleno de nuevo de su imagen y sus recuerdos, el calor de su cuerpo, el murmullo de su respiración al dormir, el calor que transmitía cuando se reía conmigo, su rostro surcado de gotas de agua, su piel, ni canela ni albina, su aroma, como los campos de fresas cuando están maduras. Recordé su carácter mientras miraba el crisol y el material fundido, se veía vivo al fuego, como ella, cambiante, animado, único, el miro mi rostro y pincho mi dedo con una aguja haciéndome encoger, una gota de sangre se deslizo por la aguja yendo a parar al crisol. También recordé su silencio, a veces profundo y cortante, a veces agradable y tranquilo, como un lienzo donde solo con acciones uno podía pintar algo.
    El me miro gravemente:
    -aun falta algo, ¿ella posee tu tiempo? ¿Estarías dispuesto a dárselo?- pregunto tomándose el mentón
    Yo trate de analizar la pregunta, no sabia realmente que responder, pero estaba ahí por ella así que extendí mi mano y le ofrecí mi reloj, representación casi burlesca del paso del tiempo, el lo miro y lo dejo caer al crisol sorprendiéndome, vi como se fundía como la caratula de piedra se marchitaba y el metal pasaba a formar parte de la vida del crisol y el sonrió.
    -Tulio, llevo fuera, no tardare mucho-
    El chico miro a su jefe y salió llevándome enfrente, y me sonrió, la habitación se veía distinta, parecía más iluminada, y los anillos ya no estaban.

    -Llegaron a su destino- me dijo Tulio después de un rato
    -Podrías haberme dicho que me traías a un orfebre ¿sabes?- le dije sentándome en la silla y mirándolo, el solo atino a responderme riéndose un poco y me ofreció un trozo de pan que estaba comiendo, el pan tenía un gusto dulce, pero basto solo un bocado para saciar i hambre, me quede mirando el recinto, parecía ¿Añejo?, no, de hecho el hollín que negrecía todo, me hacia inaccesible la posibilidad del calculo de la edad del local

    -El jefe es muy bueno en su trabajo ¿sabes?- me dijo levantándose de ahí con las manos en los bolsillos, Me limite a asentir, era el único orfebre que conocía, además su trabajo había sido muy diferente al que había leído-¿Por cierto tulio, el hombre que me atendió?- el me miro-Fue a entregar un par de piedras- me dijo el cuando sonó la puerta abrirse.
    -llego tarde, llego tarde- murmuraba el mencionado, solo que encima de su anticuada ropa traía una capa de viaje algo translucida y paso haciendo un ademan antes de entrar a la trastienda.

    Minutos más tarde salió junto con el orfebre y el llevaba en sus manos una caja pequeña y me sonrió haciéndome señas para que me acercara al muestrario, abrió la caja que estaba forrada de terciopelo y me mostro una figura que me saco una sonrisa.

    Tenia la dimensión de la caratula de mi reloj, era una esfera ligera al tacto, pero de paredes gruesas, iridiada rayos cuando incidía la luz sobre ella, un tenue gris-oro-rojo cobrizo-arenisco, bastaba verlo para comprender el significado de sutil, tenia una estrella labrada sobre el, negra como la caratula de piedra de mi reloj pero mucho más bella, y estaba unida a un tejido de color violáceo-negruzco, que eran hilos de acero enlazados entre si. El cascabel más bello que había visto, y era justo como ella, único en su tipo.
    -Eh aquí tu regalo- me dijo poniendo al caja cerrada sobre mis manos

    Me quede mirando la caja unos instantes antes de alzar la vista.-No tengo como agradecerle- le dije, y de verdad no tenia, el dinero se había quedado en la plaza regado cuando salí en persecución de Tulio. El simplemente me sonrió y me indico que para pagarle debía pasar a través de la puerta de la derecha, era negra como el carbón y resplandecía, era pesada, y tenía una manija gastada. Voltee a mirarlos y los tres asintieron, inspire aire y salí por la puerta empujándola, di dos pasos sobre la nada cayendo de bruces sobre el piso, pero la cajita no se golpeo, me mordí el labio y voltee para hacerles saber que estaba bien y que su trabajo no había sufrido daño alguno, cuando mi vista se topo con el policía que me había dicho turista y me levanto.
    -¿esta usted bien?- me dijo visiblemente alarmado
    -Tres bien- le respondí sonriéndole y provocando la misma reacción, tras una breve charla de donde venia, nos despedimos, y reconocí al instante la fuente donde me había derrumbado hacía algún rato, mire mi mano izquierda y no traía mi reloj, aun así, abrí la caja admirando el brillo del cascabel y al tocarlo, llego a mi la imagen de ella, sentada en su cama con la mirada ligeramente entristecida pero con una sonrisa en su rostro, abrazando una almohada como a veces solía hacerlo.

    Compuso mi mente los últimos vestigios de una canción que no alcance a recordar por completo

    Hay un sueño que no acaba jamás
    Que despierta junto a ti al despertar
    Que te lleva a donde quieras llegar
    Si tu lo quieres
    Hay amor por donde quiera que vas
    Donde menos se pudiera esperar
    Hay amor cuando terminas de amar
    Que nunca muere

    Mi vista se fijo en el horizonte y eche de nuevo a caminar.
    ---
    PD. Nuestra Historia esta pendiente, aun no concibo bien la entrada, es que los leones me lian mcuho. :rosa:

    PD2. disfruten la Historia y me agradaria recibir criticas.
  4. Buneo, sabes de antemano para quien es

    Porque un día te encontre en mi camino,
    Rodeado de gente, estaba solo,
    Escuchando vicio y mirando caidas,
    Cai en un agujero yo mismo,
    Sali de ahí por mi voluntad,
    Solo para caer de nuevo en otro más,
    Y de este pense no salir más,
    Solo que dentro de el sono musica,
    Una muscia que lejos de cerrar mis ojos,
    Abrio mis oidos,
    Y la musica nacia dentro mio.
    Pero no la escuchaba bien,
    La he entorpecido mucho,
    Y he bloquedao su camino,
    Pero en vez de irse, esa musica,
    Esa musica sigue aquí.
    Rezumbando en mi ser,
    Y abriendome al mundo,
    Para encontrarme como soy realmente,
    Y quizas encontrar su escencia misma.
    Más esta belleza,
    Que no tendra jamas par,
    Viaja hoy conmigo,
    Sin siquiera dudar,
    Sin importar si aveces no la oigo,
    O la confundo,
    O hago de su notas el más triste afin,
    La musica que vive en mi alma,
    Que comprende mis desventuras,
    Y sonrie conmigo,
    Aun si ella no se puede elevar,
    Tiene un nombre hermoso,
    Pero yo le llamo KAB,
    Más el fin de este verso,
    No indica de ella el final.


    Nuestra historia parece continuar.
  5. Por que la sangre no se mescla con las lagrimas
    Por que el dolor no se mezcla con la alegria
    Por que la furia no se cruza con la bondad
    Por que la ira no se cruza con la paz

    Por todo eso soy hombre

    Por que no soy ni zorro para andar en cuatro aptas
    ni ave para andar en mis manos
    sopy hombre por que camino con dos pies
    Soy hombre por que tengo:

    La inteligencia del zorro
    La inocencia del ave
    El color del zorro como cuerpo
    El espiritu del ave como alma
    Por eso soy hombre

    Por que el zorro es demonio
    cruel y vengativo
    valeroso y combatiente
    resistente y fuerte
    y ante todo amante

    Pero el ave es angel
    bobdadoso y compasivo
    habil y Tranquilo
    fuerte y resistente
    y ante todo fragil

    Pero ni mato como el zorro
    ni me dejo matar como la paloma

    Simplemente vivo siendo lo uno y lo otro
    siendo la union de bien y mal
    siendo la mezcla perfecta de emociones
    de alegria y tristeza
    de furia y compasión
    de ira y diversion
    de amor y sexo
    de sentimientos y acciones

    Estas palabras las escriben los dos polos de mi pecho ahora que son bloquedaos por la fuerza de ambos, no me siento solo, nunca lo he estado, estoy rodeado de zorro y aves, y cada uno de ellos es un amigo y una maiga a los que amare y protegere siempre, por lo menos en escencia anque soy un hombre y por lo tanto habra ocasiones en la que no estare ahi, estas palabras seran labradas en piedra para que con el paso del tiempo todo spuedan leerlas