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  1. Como un cero a la izquierda se sentía.

    Extrañaba aquellos tiempos añejos en los que la energía abundaba en todo su organismo. No había nada que no pudiera hacer; que no intentara, que no alcanzara, que no cumpliera, sin embargo todo eso había terminado porque el tiempo no la perdonó y los años se fueron sumando para darle la más grande de las derrotas.

    Todo logró conseguir excepto detener el deterioro que el señor Tiempo le otorgó: un regalo indeseado, un presente que no pidió.
  2. Susurros en mi mente que a veces se hacen insoportables, sobre todo cuando existe un problema grave o que no tiene solución. ¿Cómo callarlos si insisten en murmurar que haga algo para cambiar la situación sabiendo que no hay nada que pueda hacer?

    Susurros que roban mi sueño, que hurtan mi tranquilidad, que arruinan mi paz mental. ¡Oh, la desdicha de mi desvelo! Quisiera poder hacer algo para que nada me afecte, para que nada me perturbe, para que nada me amargue, pero...

    No soy un robot.
  3. Pensares y no pesares. Esos pensamientos que invaden mi mente. Recuerdos añejos de cuando solíamos divertirnos mirando Hetalia juntas, emocionándonos con los escritos que después inventábamos con sus personajes, o en el caso de ellas, haciendo vídeos... yo nunca fui buena para eso.



    Tiempo idos que no volverán y aunque no debe vivirse en el pasado, de vez en cuando es lindo recordar. Sí, señor.
  4. Me gusta mucho escribir, sin embargo es triste que nadie o casi nadie me lee, así que a veces me pregunto por qué escribo o para quién lo hago y es entonces cuando me llega el pensamiento que es mi poder, porque es el único que impide que deje de escribir. "Escribes para ti". Eso es lo que siempre me susurra el pensamiento.

    Así que sí, sin importar que, mi amigo el teclado y yo deseamos utilizar las letras maravillosas para plasmar mis ideas y las mismas me dictan que no deje de hacer lo que me gusta.

    Me gusta escribir.