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  1. <P>
    <B>INTRODUCCIÓN</B>​
    </P>
    <P>Me encontraba en mi casa en España. Habían pasado ya diez años desde que lo había visto por última vez. Y nueve desde que había tenido a mis niños.</P>
    <P>– ¿Mamá, algún día me contarás de mi papá? – me preguntó mi hija mayor por tres minutos, Rosalie. La había nombrado así por la hermana de <I>él</I>. Me negaba a mencionar su nombre. Después de tanto tiempo seguía doliendo.</P>
    <P>– ¿Qué quieres saber?</P>
    <P>– ¿Por qué te dejó? Si tú aún lo amas, no me quiero ni imaginar cómo hubiese sido hace… ¿diez años atrás?</P>
    <P>– Eso se lo tendrás que preguntar a él cariño. – le respondí. Ella me observó con duda.</P>
    <P>– Sí, pues no sé cómo, si ni siquiera sabe que existimos. Ya sé que después de tenernos lo buscaste. Pero si tú no pudiste encontrarlo, ¿cómo va a encontrarnos él a nosotros? – ¡Te dejó, mama! ¡Ya está bien de sufrir por ese desgraciado! ¡No te merece! – Sus ojos se pusieron negros como el carbón. Jamás les había hablado mal de él; al contrario. De lo demás se enteraron en Volterra. Jane se había encargado de decirles cómo me habían encontrado.</P>
    <P>&nbsp;</P>
    <P><B>El inicio</B></P>
    <P>Me enamoré. Me enamoré como nunca lo había hecho. Para mí todo aquello me supuso.</P>
    <P>Un cambio radical en mi vida. Él era el hombre más maravilloso que pudo crear Dios.</P>
    <P>El era mi alma, mi corazón, mi razón de vivir. Estaba dispuesta a dar la vida por él. Por el que me prometió amor eterno, el que me prometió que nunca me dejaría, el que me dijo que jamás se separaría de mí, me juró que me amaba, que yo era su existencia, que no podría vivir sin mí.</P>
    <P>Esa noche en nuestro prado, después de decidir cómo llevaríamos nuestra vida, después de decirme tantas cosas bonitas, me entregué a él.</P>
    <P>– Bella, te amo, cielo. Y te deseo. Pero no sé si esto esté bien, te puedo hacer daño. – me dijo.</P>
    <P>– ¡Oh, vamos Edward! Tú nunca me harías daño. Te necesito. Sé que me amas como yo te amo a ti. Quiero ser tuya en cuerpo y alma. – le dije. Qué tonta fui.</P>
    <P>Nunca se me iba a olvidar esa noche. Fue la noche más mágica que había vivido en mi vida. Me había entregado al amor de mi vida. Fue muy lindo. Nos besamos con tanto amor, que el resto del mundo, en ese momento no existió; se detuvieron todas las guerras, de tanto amor que nos demostrábamos. Las caricias fueron suaves, llenas de ternura. Pronto se volvieron más urgentes, llenas de pasión, cargadas de necesidad de placer. Por más que mis capacidades de seducción fueran nulas, mi cuerpo parecía responder solo, llevado por el instinto.</P>
    <P>Cuando desperté estaba en su brazos. Lo miré a la cara y le dije:</P>
    <P>– Buenos días, cariño. Gracias por regalarme tan lindo momento.</P>
    <P>– Tonta, Bella. Soy yo quien tiene que darte las gracias por hacer que me sienta vivo. Princesa, te amo.</P>
    <P>Con eso nos volvimos a besar y me llevó a casa. Yo estaba encima de una nube. No podía haber nadie en este planeta más feliz que yo, no habría nadie en este planeta que me pudiera separar de él. Lo amaba. Él era mi primer amor y sería el único. Porque, como al primero, no se ama nunca a nadie. Yo sabía que él estaría en mi corazón por siempre; que nada, ni nadie en el mundo conseguiría que dejarla de amarlo. Isabella ya no existía más sin él. Éramos una misma persona en cuerpos distintos.</P>
    <P>Bajé a desayunar con mi papá. Desayune rápido, dentro de poco vendría buscarme Alice para ir al centro comercial: día de compras.</P>
    <P>Así pasaron las semanas, hasta que llegó ese fatídico día. El día en el que mi mundo acabó, el día en que perdí mi alma, el día que el ser más maravilloso del mundo me destrozó el corazón, el día en que su careta cayó al piso.</P>
    <P>¡Tonta ilusa enamorada!</P>
    <P>&nbsp;</P>
    <P><B>Descubriendo mi futuro I</B></P>
    <P>Habían pasado dos semanas desde su partida. Dos semanas en que mi mundo de cuento de hadas se había convertido en un mundo de terror.</P>
    <P><I>Dos semanas antes:</I></P>
    <P>– Alice, ¡es que a tu hermano le pasa algo! ¡Últimamente está muy raro!</P>
    <P>– Bella, él ya hablará contigo. Tú no te preocupes, ya sabes que Edward es un poco…</P>
    <P>– Bipolar. Sí, Alice. Pero conmigo dejó de ser bipolar hace tiempo ya. No sé. Sé que le pasa algo. Hablaré con él. Últimamente, cada vez que se despide de mí, me besa como si fuese la última vez; me mira y en sus ojos sólo veo sufrimiento. Sé que algo no anda bien, pero no sé lo que es. – medité unos segundos. – ¿Será que le aterra convertirme?</P>
    <P>– No, no creo, Bella. Bueno, yo me voy que tengo que terminar de arreglar unas cuantas cosas en casa. Saluda a Charlie de mi parte. ¡Chao!</P>
    <P>Hice la cena para Charlie, subí a mi habitación, cogí ropa y me fui para el lavabo a darme una ducha y cepillarme los dientes. Pensé en que tenía que escribirle un e-mail a mi mamá.</P>
    <P>Cuando llegué a mi habitación, ahí estaba mi dios griego. Tan hermoso como un ángel; de seguro él sería el más hermoso de todos ellos.</P>
    <P>– Bella, ponte ropa cómoda iremos a dar un paseo. Necesitamos hablar. – me dijo solamente. Ni siquiera un beso me dio. Empecé a mirar mis pies descalzos; sabía que algo no iba bien. Un miedo a perderlo me invadió. Sacudí mi cabeza quitándome esa idea de la cabeza. Él no me podía hacer eso, me amaba, ya me había entregado a él. No. Mi Edward nunca me haría eso, él era todo un caballero. – Bella, bella. ¿Estás bien? – En su rostro pude ver una máscara de preocupación.</P>
    <P>– Sí, tranquilo. No me pasa nada. Sólo me mareé un poco. – mentí. Me abrazó y me besó en la frente.</P>
    <P>– Vamos, princesa. Cámbiate, se nos hará tarde.</P>
    <P>Me cambié con lo primero que encontré, unos tejanos negros y un jersey de lana azul eléctrico; me puse mis zapatillas deportivas negras y me hice una coleta. Cuando salí del lavabo, me subió en su espalda y me dijo: “Agárrate fuerte, princesa.”</P>
    <P>Saltamos por la ventana de mi habitación y nos dirigimos al bosque que había al lado de mi casa.</P>
    <P>– ¿Qué hacemos aquí Edward?</P>
    <P>– Bella, lo he pensado mucho y creo que esto no puede seguir</P>
    <P>– ¿Cómo? ¿Qué es lo que estás intentando decirme?</P>
    <P>– No puedo seguir con esto, Isabella. No puedo compartí mi eternidad contigo. No te amo tanto. Tú quieres más; quieres que te convierta. Y yo no estoy seguro de que tú seas la mujer con la que deseo vivir mi ni vida siempre.</P>
    <P>– ¿Cómo? ¿Tú no me amas?</P>
    <P>– Sí, sí que te amo. Pero no tanto como para convertirte. No sé si pasaría mi existencia contigo.</P>
    <P>– Pero yo me entregué a ti… Pensé…</P>
    <P>– Ese es el problema, Isabella. Tú creíste. Yo no estoy seguro, no me convienes. Yo quiero vivir distintas relaciones y tú ya diste por hecho que yo me iba a quedar contigo.</P>
    <P>– Tú… tú… eres… un monstruo. – estaba muriéndome por dentro, pero no quería que me viera destruída.</P>
    <P>– Ya te dije que era un monstruo y tú me aceptaste.</P>
    <P>– No me puedo creer lo que estás haciendo Edward. – ya no puede aguantar más y rompí en un llanto que no me dejó ni hablar.</P>
    <P>– Cuídate, Isabella. Se feliz que yo lo seré. Los de mi especie olvidan con mucha facilidad.</P>
    <P>Con eso me dio un beso en la frente y se marchó. Yo empecé a correr por el bosque sin saber muy bien dónde iba.</P>
    <P>&nbsp;</P>
    <P><B>Descubriendo mi futuro II</B></P>
    <P>No supe muy bien lo que pasó los días siguientes. Sólo que parecía un zombi. No comía, no podía dormir; las pesadillas eran espantosas, no hablaba.</P>
    <P>Mi amigo Jacob hizo lo imposible por hacerme reír, por ver a la Bella que Edward Cullen había destrozado, aquella Bella que él había matado. Sin embargo, nada funcionaba; me estaba dejando morir y la gente que de verdad me quería estaba muriéndose conmigo. Mi papá, Charlie, ya no podía más y me puso un ultimátum.</P>
    <P>– Bella, o te das una oportunidad de vivir, de volver a ser feliz o te mando con tu mamá. Yo no sé qué hacer para verte mejor. Ya no puedo cuidarte, cielo. Tienes dos días para cambiar tu situación o Renée vendrá a buscarte. – me advirtió. Pobre, de verdad le estaba haciendo sufrir. Esto no podía continuar así, necesitaba pensar, así que me fui a <I>nuestro</I> prado para poder pensar qué hacer con mi vida.</P>
    <P>Pensé y pensé. Decidí seguir adelante. Nadie, tan despreciable como Edward Cullen, por mucho que lo amara, tenía derecho a destruirme. No después de no amarme. Él tenía razón, era un monstruo, y de los peores. Recordé el día en que lo había visto por primera vez en el instituto, cuando me dijo que era mejor no ser amigos. ¡Cuánta razón tenía! Cuando dio mi primer beso… La primera vez que me dijo que me amaba… Recordé todas y cada unas de sus mentiras… Ese día fue en el que comencé a odiar a Edward Cullen. Jamás volvería a estar en mi vida.</P>
    <P>Ese día empezaba mi nueva vida.</P>
    <P>Empecé a quedar con mis compañeros de clase, a ir a La Push con mi mejor amigo, Jake. Volvía a reír y a comer pero algo en mí no andaba bien. Todo lo que comía, lo vomitaba y cada día estaba más gorda no sabía muy bien lo que me pasaba, hasta que Leah, que sabía toda la historia con el Cullen, sugirió que me hiciera un test de embarazo. Le dije que eso era imposible, que él era un vampiro. Los vampiros estaban muertos, no tenían vida interior ¿Cómo iba a estar embarazada? Aún y con esas se puso tan pesada que lo fui a comprar y me lo hice.</P>
    <P>Cuando vi el resultado casi me muero. ¡Estaba embarazada! ¿Qué iba a hacer ahora? Ya había enterrado a Edward Cullen en un rincón de mi cabeza, ya no me hacía daño y ahora tendría un niño que me recordaría a él, no lo podría superar.</P>
    <P>Me fui a <I>nuestro</I> prado otra vez, llorando, porque la herida se había vuelto a abrir. No podía dejar de hacerme daño, nunca lo haría. No, no. Yo no podía tener a ese niño, no estaba preparada, no podía… Y entonces fue cuando <I>lo</I> escuché.</P>
    <P>– <I>Mamá, no nos mates.</I></P>
    <P>– ¿Quién eres? ¿Dónde estás?</P>
    <P>– <I>Soy tu hija, mamá. Una de ellas. Por favor, no nos mates.</I></P>
    <P>Eso no podía ser. No tenía bastante con escuchar la voz de él en sueños o cuando hacía algo peligroso; cosa que se me había vuelto una costumbre normal; si no que ahora también escuchaba la voz de su hijo. Definitivamente yo me estaba volviendo loca.</P>
    <P>– <I>Mamá, no estás loca. De veras, estamos aquí. Te queremos. Por favor, no nos mates.</I></P>
    <P>– No. Tú no puedes ser real. Sólo eres mi imaginación. ¡Por Dios! ¡Es que nunca iba a poder olvidarme de ti!</P>
    <P>– <I>Sí, mamá. Lo podrás olvidar. Serás feliz. Y me escuchas porque no somos unos bebés normales. Te recuerdo que mi papá no es muy normal.</I></P>
    <P>– ¡Madre mía! ¡Es real! ¿Ahora qué hago? ¿Cómo le digo a Charlie?</P>
    <P>– <I>No. No, mamá. Al abuelito no le puedes decir. No aún.</I></P>
    <P>– ¿Cómo que no? Él se enterará tarde o temprano. ¡Mírame! Cada día tengo más panza. ¿Cómo hago para que no se entere? Tengo que ir al médico y le dirán.</P>
    <P>– <I>No, no. No puedes ir a un médico normal. Te tienes que ir a Italia. Ellos sabrán qué hacer, mamá. No tengas miedo, nunca más volverás a estar sola.</I></P>
    <P>– ¿Cómo que a Italia? ¿Qué hay allí?</P>
    <P>– <I>Mamá, allá vive el clan más poderoso de los vampiros. Ellos te protegerán y te ayudarán.</I></P>
    <P>– ¿Y a Charlie qué le digo?</P>
    <P>– <I>Dile que necesitas un cambio de vida. Él lo entenderá.</I></P>
    <P>– Vale, lo intentaré. Pero no les prometo nada. También tengo que despedirme de los chicos de La Push.</P>
    <P>– <I>Hazlo. Si no tío Jake no te lo perdonara nunca. Él te entenderá mami, tranquila. Y pronto habrá una alianza entre vampiros y licántropos.</I></P>
    <P>– ¿Cómo que licántropos?</P>
    <P>– <I>Más adelante ya sabrás, mamá. Ya sabrás.</I></P>
    <P>&nbsp;</P>
    <P>&nbsp;</P>
    <P><B>Despedida</B></P>
    <P>Le conté a Charlie que necesitaba viajar, que necesitaba pensar qué hacer con mi vida y cómo quería enfocar mi futuro.</P>
    <P>– Bella, cariño, te veo mucho mejor. Hasta has engordado unos kilos. Si tú crees que es lo mejor para ti, yo te apoyo. No me hace mucha gracia que vayas sola, pero es tu decisión y te apoyaré. Con una condición.</P>
    <P>– ¿Cuál, papá?</P>
    <P>– Que me digas dónde vas.</P>
    <P>– <I>No le digas dónde vas. No lo puede saber nadie, mamá.</I></P>
    <P>– Papá, no sé a dónde me dirijo. Me voy a la aventura. – le respondí con una sonrisa para darle confianza.</P>
    <P>– ¿Cómo que no sabes a dónde vas?</P>
    <P>– Tranquilo, papá. Te prometo llamar dos veces por semana. Y cuando sepa cuál es el destino, lo sabrás. ¿Vale? – le di un beso en la frente y lo miré con una sonrisa en el los labios que, por primera vez, sí que me llegó a los ojos. Estaba feliz. Iba a ser mamá y uno de mis bebés hablaba conmigo, me querían y nunca más estaría sola. Pero el odio por él aumentaba cada segundo.</P>
    <P>– Está bien, preciosa. Si es lo que tú quieres, lo entiendo. Sé que eres una chica responsable y si de verdad tú quieres esto, seguro que te hará bien.</P>
    <P>– Papa. Renée. ¿Cómo crees que lo tome ella?</P>
    <P>– No te preocupes, Isabella. Yo hablaré con ella y ella entenderá.</P>
    <P>– Gracias, papá. Eres el mejor padre que pude desear. –se lo tenía que decir, no sabía si lo volvería ver.</P>
    <P>– <I>Lo volverás a ver, mamá; pero tardarás en hacerlo.</I></P>
    <P>– Papá, voy a despedirme de Jake. Quiero irme mañana.</P>
    <P>– Está bien, Bells. Ve.</P>
    <P>Iba camino a La Push y cada vez se me hacía más y más difícil pensar en qué decirle, pero una voz en mi cabeza me habló:</P>
    <P>– <I>Mamá, cuando llegues tú dile al tío Jake que te toque la barriga; nosotros nos encargamos de todo.</I></P>
    <P>– No me acostumbro a esto, ¿seguro que no estoy loca?</P>
    <P>– <I>No, mamá. No estás loca.</I></P>
    <P>– Bien. Ya casi llegamos.</P>
    <P>A lo lejos podía divisar ya la casa de Jake. Llegué, me bajé de mi furgoneta y me dirigí a la puerta. Mi amigo salió antes de que yo pudiera tocar.</P>
    <P>– Hola, Bella. ¿Cómo? ¿Tú por aquí?</P>
    <P>– ¡Jake! – ya estaba timbrando; no sabía cómo le iba a decir.</P>
    <P>– ¿Qué tienes, Bella? ¿Te encuentras bien?</P>
    <P>– Sí, Jake. Sólo que…</P>
    <P>– ¡¿Qué, Bella?! ¡Me estás asustando!</P>
    <P>– No, tranquilo. Estoy bien. Sólo… ¿Podrías poner las manos en mi barriga, por favor?</P>
    <P>– Bella, si querías intimar conmigo, sólo tenias que decirlo. – rió.</P>
    <P>– ¡Noooooo! No es nada de eso.</P>
    <P>– Ya lo sé, Bells. Es que es un poco raro; aunque tú ya eres un bicho muy raro… ¡Sino mírate! ¡La eterna amiga de los chupasangre! – se carcajeó.</P>
    <P>– ¿Cómo sabes tú…? ¿Te lo dijo Leah?</P>
    <P>– Bella, yo sé más de lo que tú crees. Pero con el tiempo lo sabrás, tranquila. Yo no te lo puedo decir. Tú eres rara pero muy lista. Lo descubrirás, ya lo veras. Bueno, ¿para qué has venido? Aparte de querer que te meta mano. – volvió a burlarse.</P>
    <P>– Jake, ya no te rías de mí y hazme caso. No es broma. Jake, por favor, tócame la barriga.</P>
    <P><I><B>Bebé Varón:</B></I></P>
    <P>– Este chucho no la tocará. Te lo dije, hermana. Su cabeza no da para más.</P>
    <P>– Sí lo hará. Lo vi.</P>
    <P>Mi mamá seguía repitiéndole que lo hiciera y éste sólo le gastaba bromas. La verdad que era un poco terco. No sabía qué clase de amigos tenía mi mami, sólo esperaba que con el tiempo fuera más inteligente. El futuro le tenía preparado algo grande para su clan y si el perro ese no era más inteligente, no sabía qué pasaría.</P>
    <P>– Vamos, Jake. Hazlo por mí, por favor. – le volvía a pedir mi mamá.</P>
    <P>– Está bien, Bella. No sé lo que quieres, pero te haré caso.</P>
    <P>– Jake, por nada del mundo saques las manos. Sé que te puedes asustar en un principio, créeme, a mí también me pasó, pero, por favor, aguanta muchachote o pensaré que eres poco hombre. – esta vez mi mamá se burló del perrito.</P>
    <P>– Bella, por favor, no me va asustar tu barriga… – rió.</P>
    <P>Por favor, ya se decidía. Ahora sólo me quedaba hablar con el chucho.</P>
    <P>– Sé amable. – medio me ordenó mi hermana. – Recuerda lo que será tuyo en un futuro.</P>
    <P><I><B>Jacob:</B></I></P>
    <P>No sabía qué le pasaba a Bella, pero la veía nerviosa. Yo haría lo que me pidiera. Maldito chupasangre. ¿Cómo le había podido hacer eso a ella?</P>
    <P>– <I>Lo sé, Jacob. Es un maldito. Ahora, no separes las manos del vientre de mi madre o perderé el contacto contigo. Con los licántropos esto cuesta mucho.</I></P>
    <P>– <I>¿Cómo que tu madre? ¿Cómo sabes lo que soy? ¡Espera! ¡¿Qué carajo haces en mi cabeza?!</I></P>
    <P>– <I>A la primera pregunta, mi mamá es Bella. A la segunda y a la tercera, sé lo que eres porque puedo leer tu mente y adentrarme en ella por mi condición: soy medio vampiro, medio humano; un hibridó nos llamarían. Ahora escucha, y de lo que te diga no puedes contarle nada a ella y debes bloquearlo para tu manada. No lo puede saber nadie. Mi papá buscará a mi mamá aquí en Forks dentro de tres meses. Ella ya no estará, nos vamos a Italia para que nos pueda tener. Allí está el clan más grande de vampiros que existe. Ellos la ayudarán a que nazcamos sin que muera. Tú serás siempre su mejor amigo; ella cuenta con tu apoyo; te quiere mucho. Ayúdala. Esto no será fácil para ella y sobre todo, contrólate delante de mi padre. Ese mal nacido no se puede enterar dónde está mi madre; no todavía. Ella necesita tiempo, mucho tiempo; para superar todo el daño que le hizo. Tú vendrás a vernos dentro de dos años a Italia, a Volterra. Mi hermana te llamará una semana antes. En dos años podremos terminar con el trabajo que tenemos que hacer en Volterra. Confía en nosotros, serás muy importante para nosotros. Sólo confía.</I></P>
    <P>No sabía porqué pero algo me decía que tenía que confiar en él y así lo haría.</P>
    <P>– <I>Está bien. Haré lo que me dices. Confió en ti. Cuida de Bella. Intenta que sea feliz.</I></P>
    <P>– <I>Lo será, Jake. Lo será. Simplemente confía en mí. Otra cosa. Cuando vengas a Italia tienes que traer a Leah y Seth, ellos también tienen parte en este nuevo futuro que unirá a dos de las especies más poderosas del mundo.</I></P>
    <P>– E<I>so no lo entiendo bien, pero supongo que con el tiempo todo se verá</I></P>
    <P>&nbsp;</P>
    <P><B>Como habréis podido ver, a algunas sí les conteste los comentarios y a otras no, así que para que veáis que os tengo presentes y que aprecio muchísimo sus comentarios, os agradezco a todas públicamente.</B></P>
    <P><B>Aleja Cullen Black Potter</B><B> , </B><B>Hajabeg452</B><B>, Conny!, capi, </B><B>Aleja Cullen Black Potter</B><B> , </B><B>LiiQanLu</B><B> , </B><B>JaliceJalice</B><B> , </B><B>ANITA ROCIO</B><B>, </B><B>michi nolet</B><B> , </B><B>miadharu28</B><B> , </B><B>miadharu28</B><B> , </B><B>Tast Cullen</B></P>
    <P><B>Espero no haberme dejado a nadie. Si no, me mereceré un tomatazo. Si me dejé a alguien hagánmelo saber.</B></P>
    <P><B>Volterra</B></P>
    <P>Así fue como me despedí de Charlie, con la escusa de que quería comenzar de nuevo y que aquí no podría. Al principio no le hizo mucha gracia, pero lo aceptó.</P>
    <P>En el aeropuerto me pasó algo muy extraño, pero mi vida ya estaba llena de cosas extrañas. Empecé a escuchar los corazones de la gente, a sentir su olor y, por un momento, algo de sed. Pero ahí estaba mi pequeña para informarme de todo:</P>
    <P>– <I>Mamá, lo que sientes es nuestra sed. Tenemos hambre. Pero tranquila, aguantaremos hasta que lleguemos. Aro ya te espera en el aeropuerto de Florencia. No te preocupes, no te hará preguntas, puesto que lo sabe ya todo. Mi hermano pequeño se lo comunicó.</I></P>
    <P>– <I>¿Cómo que le comunicó? ¿Quién es Aro? ¿Cómo lo hizo?</I></P>
    <P>– <I>Él puede leer la mente, como papá, pero con la diferencia que también puede comunicarse mentalmente con quien desee y controlarlo a su voluntad. Tranquila, mamá. Todo estará bien, sólo quedan unas horas.</I></P>
    <P>Todavía no me creía lo que me estaba pasando. La ropa ancha que llevaba me ocultaba la barriga, a Charlie le dije que con la ansiedad que tenía por todo lo que me había pasado me dio por comer y por eso mis kilos de más.</P>
    <P>Estaba más o menos de un mes y ya tenía la barriga de una de seis; y cada minuto crecía más y más. Me dolía mucho el cuerpo.</P>
    <P>Subí al avión y me dormí, esa vez sin pesadillas. Tuve un lindo sueño de tres lindos niños. La más alta era castaña con el pelo muy desordenado y con unos enormes ojos verdes, se parecía tanto a Edward. Detrás de ella corría un niño de pelo castaño, como el mío, con rizos y con el mismo color de ojos que yo, se parecía mucho a mí, pero la sonrisa era de <I>él</I>. Por último, a lo lejos, se veía a una mujer exactamente igual que yo pero con la piel más pálida junto a una niña con el cabello cobrizo y muy liso, y los ojos verdes. La mujer le estaba leyendo un libro, ella la miraba con un amor enorme. ¡Un momento! ¡Esa era yo! Entonces, ellos… ellos eran mis hijos. ¡Dios mío! ¡Eran tres!</P>
    <P>Me despertó la azafata para decirme que ya habíamos llegado. Bajé del avión y me dirigí por un pasillo hasta la zona de recogida de maletas. Al girarme me encontré con un hombre con la piel más pálida que había visto en mi vida, casi era trasparente, llevaba una capa negra que le cubría todo el cuerpo. A su lado, había una mujer de mi estatura que no se separaba de él, pero no podía verla muy bien, y dos hombres más, uno era muy alto con el pelo negro como el carbón, no debería tener más de 25 años, éste llevaba una capa gris pero no llevaba puesta la capucha; el otro era igual de grande y musculoso que Emmett. El hombre de la capucha se acercó a mí.</P>
    <P>– Tú debes de ser Isabella, ¿verdad?</P>
    <P>– Sí, soy yo. Y usted debe de ser Aro.</P>
    <P>– Así es, querida. Alguien muy especial – me tocó la barriga. – me dijo que necesitabas nuestra ayuda. Solicitó que no te pidiera explicaciones, ya que él me las daría cuando naciera y cumpliera un año. Y así lo haremos, Isabella, te ayudaremos y no te preguntaremos nada hasta que tú no estés preparada para contarnos. Ahora tenemos que partir para el castillo. Dimitri – llamó al hombre que se parecía a Emmett. – coge el equipaje de la señorita.</P>
    <P>Así fue como partimos para Volterra. Al llegar, vi un majestuoso castillo como el del cuento de la Bella y la Bestia. No, era más asombroso aún. Nos abrieron la gran puerta y entramos. Era un castillo medieval, sus muebles, su decoración. Por un momento pensé que estaba en Camelot. Al entrar me esperaba una niña, que no tendría más de 14 años. Era bellísima, tenía el pelo rubio, unos labios muy gruesos. Parecía una muñequita de porcelana. A su lado, había un chico que era exactamente igual que ella. La niña se acercó a mí:</P>
    <P>– Hola, Isabella. Me llamo Jane, y este es mi hermano, Alec. No te asustes, sólo queremos ayudarte. Ahora toma esto, el maestro me pidió que te lo preparara para cuando llegaras.</P>
    <P>– Hola. – saludé. – ¿Qué es eso? – quise saber.</P>
    <P>De pronto volvó a escuchar la voz de mi hija:</P>
    <P>– <I>Mamá, es sangre. Nosotros la necesitamos. – </I>me explicó como si fuese la cosa más normal del mundo<I>.</I></P>
    <P>– ¿Saan… gre? – se me quebró la voz.</P>
    <P>– <I>Sí, mamá. Sangre. ¿Recuerdas qué era mi papa? Pues nosotros somos la mitad de él y la otra tuya, pero nos predomina la de él. Tranquila, lo harás bien, ya lo vi. Todo saldrá bien.</I></P>
    <P>Temblando cogí el vaso. Tenía mucho temor a lo que me respondieran, pero debía saberlo, yo no podía beber sangre humana.</P>
    <P>Alec debió haber visto el pánico en mis ojos porque se acercó a mí y puso una mano en mi barriga:</P>
    <P>– Relájate. Es por su bien.</P>
    <P>– Pero, pero… ¿deee… de qué es la sangre? – conseguí articular.</P>
    <P>– De animal. El amo nos lo ordenó. Tranquila. Ahora, bebe.</P>
    <P>Bebí y me llevaron a la que sería mi habitación estilo medieval. Los muebles se veían viejos pero en muy buen estado y la cama era enorme, la más grande que había visto. Jane me informó que me dejaría descansar y que irían a buscar más sangre porque en breve la necesitaría.</P>
    <P>Pasaron los días y todos me trataban muy bien, en especial Dimitri y Alec. También conocí a Heidi, la novia de Félix. Ella era hermosísima hasta incluso más hermosa que Rosalie. Era rubia, de piernas larguísimas y tenía el pelo por debajo de la cintura. Nos hicimos amigas enseguida. Me recordaba tanto a Alice; me compro un montón de ropa y a mis niños también. Me pusieron tres cunas en mi cuarto. Todo iba bien, demasiado bien pensaba yo, hasta que un día entró Alec en la habitación y me comunicó que Aro requería hablar conmigo.</P>
    <P>Me acompañó al despacho de Aro y se fue.</P>
    <P>– Siéntate, Isabella. Tenemos que hablar. Sabes que tu embarazo no es muy normal, ¿verdad?</P>
    <P>– Sí. – le contesté.</P>
    <P>– Vale. Lo que te voy a comunicar tal vez te resulte un poco difícil de aceptar, pero no hay de otra.</P>
    <P>– Dígame, ¿qué ocurre? ¿Le pasó algo a mis bebés? – le pregunté muy desesperada sólo de pensar que a mis hijos les pudiera pasar algo. Yo moriría, no podría vivir, no sin ellos. También eran lo único que me quedaba de <I>él</I>.</P>
    <P>– No, no. Tranquila. Los bebés está bien, pero tu hijo ayer se comunicó conmigo y me mostró una visión que tuvo tu nena. Tus hijos nacerán en dos días y nacerán muy sanos, no padezcas.</P>
    <P>– Entonces, ¿qué pasa?</P>
    <P>– Eres tú, querida. Te tendremos que transformar o no sobrevivirás.</P>
    <P>No me lo podía creer. Yo, ¡un vampiro! Sabía que eso pasaría tarde o temprano, pero si hubiese seguido con él. Pero, ¿ahora?</P>
    <P>Tenía que hacerlo. Quería ver a mis bebés crecer, no quería dejarlos solos. Ya no tenían padre, no los podría dejar también sin madre.</P>
    <P>– No hay problema. – le contesté. – Pero ¿qué pasara mientras yo me transformo? Por lo que me contó Heidi, estaré tres días en el mismísimo infierno. ¿Quién cuidará de mis hijos?</P>
    <P>– Por los bebés no te preocupes, nosotros los cuidaremos. Yo me preocuparía más de ponerles nombres o no sabremos cómo llamarlos.</P>
    <P>– Vale. Se lo diré mañana.</P>
    <P>Me dirigía mi habitación. Una vez allí, me tumbé en la gran cama y hablé con mi niña.</P>
    <P>– Cariño, tengo que poneros nombres, pero primero necesito saber en qué orden naceréis. – Para poder comentarle a Aro.</P>
    <P>– <I>Vale, mami. La primera será una nena como la que viste en tu sueño. Ellos éramos nosotros dentro de dos meses.</I></P>
    <P>– ¿Cómo dentro de dos meses? ¡Si esos niños tenían como 5 años!</P>
    <P>– <I>Así es nuestro crecimiento como nuestra inteligencia. Nuestro desarrollo es muy acelerado, naceremos dentro de unos días y tu sólo tienes 3 meses de embarazo.</I></P>
    <P>– Vele, sois muy especiales. Sigue. ¿Quién será la o el segundo?</P>
    <P>– La segunda seré yo y el pequeño es el nene.</P>
    <P>– A ver, tú puedes hablar con tus hermanos, ¿cierto?</P>
    <P>– <I>Así es.</I> – respondió.</P>
    <P>– Pregúntale a tu hermana mayor si le gustaría llamarse Rosalie. ¿Sabes? Ella es vuestra tía; su sueño siempre fue ser mamá y sé que cuando os conozca os adorará.</P>
    <P>– <I>Mamá, ella te escucha. Y sí, le encantaría. Mi nombre no me gusta, yo no me quiero llamar Alice. ¿Qué te parece… Naira?</I></P>
    <P>– Me gusta. – contesté entre risas. – Y a tu hermano…</P>
    <P>– <I>No, mamá. Ese nombre no le gustará. Él lo odia por hacerte sufrir, no quiere llamarse como él.</I></P>
    <P>Vale, eso me puso muy triste; no quería que mis bebés odiasen a su padre. Él era su padre y eso no estaba bien. Con el tiempo lo entenderían.</P>
    <P>– Bien. ¿Qué le parece Neizan?</P>
    <P>– <I>Le encanta, mamá. Le gusta mucho.</I></P>
    <P>Después de esa conversación con mi pequeña les seguí leyendo el libro Romeo &amp; Julieta, ya que los libros de niños no les gustaron mucho. Me quedé dormida con el libro en las manos y escuchando música clásica.</P>
    <P>Al día siguiente un dolor terrible me despertó. Purgué un grito que se enteró el castillo entero. Me costaba respirar.</P>
    <P>– <I>Mamá, Rose lo siente pero se tenía que mover. </I>– me dijo mi hija con una voz de arrepentimiento total.</P>
    <P>– Tranquila, pequeña. No pasa nada. – respondí con voz jadeante. – Todo estará bien.</P>
    <P>A los dos segundos entró Aro acompañado de Marco y Cayo.</P>
    <P>– Relájate, Isabella. Te rompió una costilla. Se están preparando para nacer. Te pondremos morfina para que no sufras tanto.</P>
    <P>– Vale, vale. Todo está bien. – Lo cogí de la mano y le informé: – La 1ª. en nacer se llamará Rosalie; la 2ª, Naira y el 3º, Neizan. ¡Aaaaaah! – otro dolor y ese mucho más fuerte. Eso era insoportable, aunque me habían puesto morfina dolía, y dolía mucho.</P>
    <P>Pase 50 minutos sufriendo, me rompieron la columna y creo que todas las costillas. Y ahí los vi en los brazos de Jane, Alec y Dimitri. Luego, los tres maestros comenzaron a morderme y todo se volvió negro.</P>
    <P>Mi trasformación no fue nada normal. Me duró un mes y medio, pero no sufrí nada. Fue como estar en coma. Justo al mes y medio mi corazón dio su último latido y mis ojos derramaron la última lágrima.</P>
    <P>Al despertar estaban Aron, Marco, Cayo, Alec, Jane, Dimitri, Félix y Heidi. Detrás de ellos se encontraban tres niños preciosos de unos 5 años que me miraban con curiosidad y amor, mucho amor.</P>
    <P>– Son mis hijos. – dije en un susurro. Mi voz había cambiado mucho. Ahora era más bonita. Me puse de pie con una velocidad asombrosa y, de pronto, todos se pusieron a alrededor de mis hijos.– ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué los cubrís?</P>
    <P>– Bella, querida. Ellos son mitad humanos. ¡Tienen sangre! Sus corazones laten y tú eres una neófita, no sabes aún controlar tu sed.</P>
    <P>– Abu. – le llamó Naira. – Ella no nos hará nada, lo he visto. Casi no necesitará comer. Tiene un autocontrol que no habías visto en tus 1500 años. Confía en mí. Y déjanos abrazar a nuestra mami ¡¡¡Ya!!! – Los tres empezaron hacer pucheros y a llorar.</P>
    <P>– ¡Oh, no! No otra rabieta. Está bien pueden ir a ver a mamá, pero con cuidado.</P>
    <P>– Aro, viejo, hermano. Estos niños serán tu perdición. No puedes dejarles hacer lo que quieran sólo porque lloren un poco. – le dijo Cayo.</P>
    <P>– ¡Mira quién habla! – se reía Marco. – Neizan te pidió que comieras comida humana, si no él no lo haría y tú lo hiciste sin chistar siquiera.</P>
    <P>Yo mientras tanto seguía mirando a mis niños. Poco a poco me fui acercando. Todos me miraban con temor, pero yo sabía que no les iba a hacer daño. Me puse de cuclillas para estar a su altura y extendí mis brazos. Los tres, en una milésima de segundo, ya estaban encima mío. Fue un gran abrazo.</P>
    <P>– ¡Mami, mami! ¡Cómo te hemos echado de menos! Eres un poco dormilona, ¿eh? – me dijo Neizan entre carcajadas.</P>
    <P>– Mami, por fin estamos todos juntos. – me dijo Rosalie llorando.</P>
    <P>– ¡Va! No seáis bebés. Ya os dije que despertaría. – les dijo Naira</P>
    • INTRODUCCIÓN
    Me encontraba en mi casa en España. Habían pasado ya diez años desde que lo había visto por última vez. Y nueve desde que había tenido a mis niños.
    – ¿Mamá, algún día me contarás de mi papá? – me preguntó mi hija mayor por tres minutos, Rosalie. La había nombrado así por la hermana de él. Me negaba a mencionar su nombre. Después de tanto tiempo seguía doliendo.
    – ¿Qué quieres saber?
    – ¿Por qué te dejó? Si tú aún lo amas, no me quiero ni imaginar cómo hubiese sido hace… ¿diez años atrás?
    – Eso se lo tendrás que preguntar a él cariño. – le respondí. Ella me observó con duda.
    – Sí, pues no sé cómo, si ni siquiera sabe que existimos. Ya sé que después de tenernos lo buscaste. Pero si tú no pudiste encontrarlo, ¿cómo va a encontrarnos él a nosotros? – ¡Te dejó, mama! ¡Ya está bien de sufrir por ese desgraciado! ¡No te merece! – Sus ojos se pusieron negros como el carbón. Jamás les había hablado mal de él; al contrario. De lo demás se enteraron en Volterra. Jane se había encargado de decirles cómo me habían encontrado.

    El inicio
    Me enamoré. Me enamoré como nunca lo había hecho. Para mí todo aquello me supuso.
    Un cambio radical en mi vida. Él era el hombre más maravilloso que pudo crear Dios.
    El era mi alma, mi corazón, mi razón de vivir. Estaba dispuesta a dar la vida por él. Por el que me prometió amor eterno, el que me prometió que nunca me dejaría, el que me dijo que jamás se separaría de mí, me juró que me amaba, que yo era su existencia, que no podría vivir sin mí.
    Esa noche en nuestro prado, después de decidir cómo llevaríamos nuestra vida, después de decirme tantas cosas bonitas, me entregué a él.
    – Bella, te amo, cielo. Y te deseo. Pero no sé si esto esté bien, te puedo hacer daño. – me dijo.
    – ¡Oh, vamos Edward! Tú nunca me harías daño. Te necesito. Sé que me amas como yo te amo a ti. Quiero ser tuya en cuerpo y alma. – le dije. Qué tonta fui.
    Nunca se me iba a olvidar esa noche. Fue la noche más mágica que había vivido en mi vida. Me había entregado al amor de mi vida. Fue muy lindo. Nos besamos con tanto amor, que el resto del mundo, en ese momento no existió; se detuvieron todas las guerras, de tanto amor que nos demostrábamos. Las caricias fueron suaves, llenas de ternura. Pronto se volvieron más urgentes, llenas de pasión, cargadas de necesidad de placer. Por más que mis capacidades de seducción fueran nulas, mi cuerpo parecía responder solo, llevado por el instinto.
    Cuando desperté estaba en su brazos. Lo miré a la cara y le dije:
    – Buenos días, cariño. Gracias por regalarme tan lindo momento.
    – Tonta, Bella. Soy yo quien tiene que darte las gracias por hacer que me sienta vivo. Princesa, te amo.
    Con eso nos volvimos a besar y me llevó a casa. Yo estaba encima de una nube. No podía haber nadie en este planeta más feliz que yo, no habría nadie en este planeta que me pudiera separar de él. Lo amaba. Él era mi primer amor y sería el único. Porque, como al primero, no se ama nunca a nadie. Yo sabía que él estaría en mi corazón por siempre; que nada, ni nadie en el mundo conseguiría que dejarla de amarlo. Isabella ya no existía más sin él. Éramos una misma persona en cuerpos distintos.
    Bajé a desayunar con mi papá. Desayune rápido, dentro de poco vendría buscarme Alice para ir al centro comercial: día de compras.
    Así pasaron las semanas, hasta que llegó ese fatídico día. El día en el que mi mundo acabó, el día en que perdí mi alma, el día que el ser más maravilloso del mundo me destrozó el corazón, el día en que su careta cayó al piso.
    ¡Tonta ilusa enamorada!

    Descubriendo mi futuro I
    Habían pasado dos semanas desde su partida. Dos semanas en que mi mundo de cuento de hadas se había convertido en un mundo de terror.
    Dos semanas antes:
    – Alice, ¡es que a tu hermano le pasa algo! ¡Últimamente está muy raro!
    – Bella, él ya hablará contigo. Tú no te preocupes, ya sabes que Edward es un poco…
    – Bipolar. Sí, Alice. Pero conmigo dejó de ser bipolar hace tiempo ya. No sé. Sé que le pasa algo. Hablaré con él. Últimamente, cada vez que se despide de mí, me besa como si fuese la última vez; me mira y en sus ojos sólo veo sufrimiento. Sé que algo no anda bien, pero no sé lo que es. – medité unos segundos. – ¿Será que le aterra convertirme?
    – No, no creo, Bella. Bueno, yo me voy que tengo que terminar de arreglar unas cuantas cosas en casa. Saluda a Charlie de mi parte. ¡Chao!
    Hice la cena para Charlie, subí a mi habitación, cogí ropa y me fui para el lavabo a darme una ducha y cepillarme los dientes. Pensé en que tenía que escribirle un e-mail a mi mamá.
    Cuando llegué a mi habitación, ahí estaba mi dios griego. Tan hermoso como un ángel; de seguro él sería el más hermoso de todos ellos.
    – Bella, ponte ropa cómoda iremos a dar un paseo. Necesitamos hablar. – me dijo solamente. Ni siquiera un beso me dio. Empecé a mirar mis pies descalzos; sabía que algo no iba bien. Un miedo a perderlo me invadió. Sacudí mi cabeza quitándome esa idea de la cabeza. Él no me podía hacer eso, me amaba, ya me había entregado a él. No. Mi Edward nunca me haría eso, él era todo un caballero. – Bella, bella. ¿Estás bien? – En su rostro pude ver una máscara de preocupación.
    – Sí, tranquilo. No me pasa nada. Sólo me mareé un poco. – mentí. Me abrazó y me besó en la frente.
    – Vamos, princesa. Cámbiate, se nos hará tarde.
    Me cambié con lo primero que encontré, unos tejanos negros y un jersey de lana azul eléctrico; me puse mis zapatillas deportivas negras y me hice una coleta. Cuando salí del lavabo, me subió en su espalda y me dijo: “Agárrate fuerte, princesa.”
    Saltamos por la ventana de mi habitación y nos dirigimos al bosque que había al lado de mi casa.
    – ¿Qué hacemos aquí Edward?
    – Bella, lo he pensado mucho y creo que esto no puede seguir
    – ¿Cómo? ¿Qué es lo que estás intentando decirme?
    – No puedo seguir con esto, Isabella. No puedo compartí mi eternidad contigo. No te amo tanto. Tú quieres más; quieres que te convierta. Y yo no estoy seguro de que tú seas la mujer con la que deseo vivir mi ni vida siempre.
    – ¿Cómo? ¿Tú no me amas?
    – Sí, sí que te amo. Pero no tanto como para convertirte. No sé si pasaría mi existencia contigo.
    – Pero yo me entregué a ti… Pensé…
    – Ese es el problema, Isabella. Tú creíste. Yo no estoy seguro, no me convienes. Yo quiero vivir distintas relaciones y tú ya diste por hecho que yo me iba a quedar contigo.
    – Tú… tú… eres… un monstruo. – estaba muriéndome por dentro, pero no quería que me viera destruída.
    – Ya te dije que era un monstruo y tú me aceptaste.
    – No me puedo creer lo que estás haciendo Edward. – ya no puede aguantar más y rompí en un llanto que no me dejó ni hablar.
    – Cuídate, Isabella. Se feliz que yo lo seré. Los de mi especie olvidan con mucha facilidad.
    Con eso me dio un beso en la frente y se marchó. Yo empecé a correr por el bosque sin saber muy bien dónde iba.

    Descubriendo mi futuro II
    No supe muy bien lo que pasó los días siguientes. Sólo que parecía un zombi. No comía, no podía dormir; las pesadillas eran espantosas, no hablaba.
    Mi amigo Jacob hizo lo imposible por hacerme reír, por ver a la Bella que Edward Cullen había destrozado, aquella Bella que él había matado. Sin embargo, nada funcionaba; me estaba dejando morir y la gente que de verdad me quería estaba muriéndose conmigo. Mi papá, Charlie, ya no podía más y me puso un ultimátum.
    – Bella, o te das una oportunidad de vivir, de volver a ser feliz o te mando con tu mamá. Yo no sé qué hacer para verte mejor. Ya no puedo cuidarte, cielo. Tienes dos días para cambiar tu situación o Renée vendrá a buscarte. – me advirtió. Pobre, de verdad le estaba haciendo sufrir. Esto no podía continuar así, necesitaba pensar, así que me fui a nuestro prado para poder pensar qué hacer con mi vida.
    Pensé y pensé. Decidí seguir adelante. Nadie, tan despreciable como Edward Cullen, por mucho que lo amara, tenía derecho a destruirme. No después de no amarme. Él tenía razón, era un monstruo, y de los peores. Recordé el día en que lo había visto por primera vez en el instituto, cuando me dijo que era mejor no ser amigos. ¡Cuánta razón tenía! Cuando dio mi primer beso… La primera vez que me dijo que me amaba… Recordé todas y cada unas de sus mentiras… Ese día fue en el que comencé a odiar a Edward Cullen. Jamás volvería a estar en mi vida.
    Ese día empezaba mi nueva vida.
    Empecé a quedar con mis compañeros de clase, a ir a La Push con mi mejor amigo, Jake. Volvía a reír y a comer pero algo en mí no andaba bien. Todo lo que comía, lo vomitaba y cada día estaba más gorda no sabía muy bien lo que me pasaba, hasta que Leah, que sabía toda la historia con el Cullen, sugirió que me hiciera un test de embarazo. Le dije que eso era imposible, que él era un vampiro. Los vampiros estaban muertos, no tenían vida interior ¿Cómo iba a estar embarazada? Aún y con esas se puso tan pesada que lo fui a comprar y me lo hice.
    Cuando vi el resultado casi me muero. ¡Estaba embarazada! ¿Qué iba a hacer ahora? Ya había enterrado a Edward Cullen en un rincón de mi cabeza, ya no me hacía daño y ahora tendría un niño que me recordaría a él, no lo podría superar.
    Me fui a nuestro prado otra vez, llorando, porque la herida se había vuelto a abrir. No podía dejar de hacerme daño, nunca lo haría. No, no. Yo no podía tener a ese niño, no estaba preparada, no podía… Y entonces fue cuando lo escuché.
    Mamá, no nos mates.
    – ¿Quién eres? ¿Dónde estás?
    Soy tu hija, mamá. Una de ellas. Por favor, no nos mates.
    Eso no podía ser. No tenía bastante con escuchar la voz de él en sueños o cuando hacía algo peligroso; cosa que se me había vuelto una costumbre normal; si no que ahora también escuchaba la voz de su hijo. Definitivamente yo me estaba volviendo loca.
    Mamá, no estás loca. De veras, estamos aquí. Te queremos. Por favor, no nos mates.
    – No. Tú no puedes ser real. Sólo eres mi imaginación. ¡Por Dios! ¡Es que nunca iba a poder olvidarme de ti!
    Sí, mamá. Lo podrás olvidar. Serás feliz. Y me escuchas porque no somos unos bebés normales. Te recuerdo que mi papá no es muy normal.
    – ¡Madre mía! ¡Es real! ¿Ahora qué hago? ¿Cómo le digo a Charlie?
    No. No, mamá. Al abuelito no le puedes decir. No aún.
    – ¿Cómo que no? Él se enterará tarde o temprano. ¡Mírame! Cada día tengo más panza. ¿Cómo hago para que no se entere? Tengo que ir al médico y le dirán.
    No, no. No puedes ir a un médico normal. Te tienes que ir a Italia. Ellos sabrán qué hacer, mamá. No tengas miedo, nunca más volverás a estar sola.
    – ¿Cómo que a Italia? ¿Qué hay allí?
    Mamá, allá vive el clan más poderoso de los vampiros. Ellos te protegerán y te ayudarán.
    – ¿Y a Charlie qué le digo?
    Dile que necesitas un cambio de vida. Él lo entenderá.
    – Vale, lo intentaré. Pero no les prometo nada. También tengo que despedirme de los chicos de La Push.
    Hazlo. Si no tío Jake no te lo perdonara nunca. Él te entenderá mami, tranquila. Y pronto habrá una alianza entre vampiros y licántropos.
    – ¿Cómo que licántropos?
    Más adelante ya sabrás, mamá. Ya sabrás.


    Despedida
    Le conté a Charlie que necesitaba viajar, que necesitaba pensar qué hacer con mi vida y cómo quería enfocar mi futuro.
    – Bella, cariño, te veo mucho mejor. Hasta has engordado unos kilos. Si tú crees que es lo mejor para ti, yo te apoyo. No me hace mucha gracia que vayas sola, pero es tu decisión y te apoyaré. Con una condición.
    – ¿Cuál, papá?
    – Que me digas dónde vas.
    No le digas dónde vas. No lo puede saber nadie, mamá.
    – Papá, no sé a dónde me dirijo. Me voy a la aventura. – le respondí con una sonrisa para darle confianza.
    – ¿Cómo que no sabes a dónde vas?
    – Tranquilo, papá. Te prometo llamar dos veces por semana. Y cuando sepa cuál es el destino, lo sabrás. ¿Vale? – le di un beso en la frente y lo miré con una sonrisa en el los labios que, por primera vez, sí que me llegó a los ojos. Estaba feliz. Iba a ser mamá y uno de mis bebés hablaba conmigo, me querían y nunca más estaría sola. Pero el odio por él aumentaba cada segundo.
    – Está bien, preciosa. Si es lo que tú quieres, lo entiendo. Sé que eres una chica responsable y si de verdad tú quieres esto, seguro que te hará bien.
    – Papa. Renée. ¿Cómo crees que lo tome ella?
    – No te preocupes, Isabella. Yo hablaré con ella y ella entenderá.
    – Gracias, papá. Eres el mejor padre que pude desear. –se lo tenía que decir, no sabía si lo volvería ver.
    Lo volverás a ver, mamá; pero tardarás en hacerlo.
    – Papá, voy a despedirme de Jake. Quiero irme mañana.
    – Está bien, Bells. Ve.
    Iba camino a La Push y cada vez se me hacía más y más difícil pensar en qué decirle, pero una voz en mi cabeza me habló:
    Mamá, cuando llegues tú dile al tío Jake que te toque la barriga; nosotros nos encargamos de todo.
    – No me acostumbro a esto, ¿seguro que no estoy loca?
    No, mamá. No estás loca.
    – Bien. Ya casi llegamos.
    A lo lejos podía divisar ya la casa de Jake. Llegué, me bajé de mi furgoneta y me dirigí a la puerta. Mi amigo salió antes de que yo pudiera tocar.
    – Hola, Bella. ¿Cómo? ¿Tú por aquí?
    – ¡Jake! – ya estaba timbrando; no sabía cómo le iba a decir.
    – ¿Qué tienes, Bella? ¿Te encuentras bien?
    – Sí, Jake. Sólo que…
    – ¡¿Qué, Bella?! ¡Me estás asustando!
    – No, tranquilo. Estoy bien. Sólo… ¿Podrías poner las manos en mi barriga, por favor?
    – Bella, si querías intimar conmigo, sólo tenias que decirlo. – rió.
    – ¡Noooooo! No es nada de eso.
    – Ya lo sé, Bells. Es que es un poco raro; aunque tú ya eres un bicho muy raro… ¡Sino mírate! ¡La eterna amiga de los chupasangre! – se carcajeó.
    – ¿Cómo sabes tú…? ¿Te lo dijo Leah?
    – Bella, yo sé más de lo que tú crees. Pero con el tiempo lo sabrás, tranquila. Yo no te lo puedo decir. Tú eres rara pero muy lista. Lo descubrirás, ya lo veras. Bueno, ¿para qué has venido? Aparte de querer que te meta mano. – volvió a burlarse.
    – Jake, ya no te rías de mí y hazme caso. No es broma. Jake, por favor, tócame la barriga.
    Bebé Varón:
    – Este chucho no la tocará. Te lo dije, hermana. Su cabeza no da para más.
    – Sí lo hará. Lo vi.
    Mi mamá seguía repitiéndole que lo hiciera y éste sólo le gastaba bromas. La verdad que era un poco terco. No sabía qué clase de amigos tenía mi mami, sólo esperaba que con el tiempo fuera más inteligente. El futuro le tenía preparado algo grande para su clan y si el perro ese no era más inteligente, no sabía qué pasaría.
    – Vamos, Jake. Hazlo por mí, por favor. – le volvía a pedir mi mamá.
    – Está bien, Bella. No sé lo que quieres, pero te haré caso.
    – Jake, por nada del mundo saques las manos. Sé que te puedes asustar en un principio, créeme, a mí también me pasó, pero, por favor, aguanta muchachote o pensaré que eres poco hombre. – esta vez mi mamá se burló del perrito.
    – Bella, por favor, no me va asustar tu barriga… – rió.
    Por favor, ya se decidía. Ahora sólo me quedaba hablar con el chucho.
    – Sé amable. – medio me ordenó mi hermana. – Recuerda lo que será tuyo en un futuro.
    Jacob:
    No sabía qué le pasaba a Bella, pero la veía nerviosa. Yo haría lo que me pidiera. Maldito chupasangre. ¿Cómo le había podido hacer eso a ella?
    Lo sé, Jacob. Es un maldito. Ahora, no separes las manos del vientre de mi madre o perderé el contacto contigo. Con los licántropos esto cuesta mucho.
    ¿Cómo que tu madre? ¿Cómo sabes lo que soy? ¡Espera! ¡¿Qué carajo haces en mi cabeza?!
    A la primera pregunta, mi mamá es Bella. A la segunda y a la tercera, sé lo que eres porque puedo leer tu mente y adentrarme en ella por mi condición: soy medio vampiro, medio humano; un hibridó nos llamarían. Ahora escucha, y de lo que te diga no puedes contarle nada a ella y debes bloquearlo para tu manada. No lo puede saber nadie. Mi papá buscará a mi mamá aquí en Forks dentro de tres meses. Ella ya no estará, nos vamos a Italia para que nos pueda tener. Allí está el clan más grande de vampiros que existe. Ellos la ayudarán a que nazcamos sin que muera. Tú serás siempre su mejor amigo; ella cuenta con tu apoyo; te quiere mucho. Ayúdala. Esto no será fácil para ella y sobre todo, contrólate delante de mi padre. Ese mal nacido no se puede enterar dónde está mi madre; no todavía. Ella necesita tiempo, mucho tiempo; para superar todo el daño que le hizo. Tú vendrás a vernos dentro de dos años a Italia, a Volterra. Mi hermana te llamará una semana antes. En dos años podremos terminar con el trabajo que tenemos que hacer en Volterra. Confía en nosotros, serás muy importante para nosotros. Sólo confía.
    No sabía porqué pero algo me decía que tenía que confiar en él y así lo haría.
    Está bien. Haré lo que me dices. Confió en ti. Cuida de Bella. Intenta que sea feliz.
    Lo será, Jake. Lo será. Simplemente confía en mí. Otra cosa. Cuando vengas a Italia tienes que traer a Leah y Seth, ellos también tienen parte en este nuevo futuro que unirá a dos de las especies más poderosas del mundo.
    – Eso no lo entiendo bien, pero supongo que con el tiempo todo se verá

    Como habréis podido ver, a algunas sí les conteste los comentarios y a otras no, así que para que veáis que os tengo presentes y que aprecio muchísimo sus comentarios, os agradezco a todas públicamente.
    Aleja Cullen Black Potter , Hajabeg452, Conny!, capi, Aleja Cullen Black Potter , LiiQanLu , JaliceJalice , ANITA ROCIO, michi nolet , miadharu28 , miadharu28 , Tast Cullen
    Espero no haberme dejado a nadie. Si no, me mereceré un tomatazo. Si me dejé a alguien hagánmelo saber.
    Volterra
    Así fue como me despedí de Charlie, con la escusa de que quería comenzar de nuevo y que aquí no podría. Al principio no le hizo mucha gracia, pero lo aceptó.
    En el aeropuerto me pasó algo muy extraño, pero mi vida ya estaba llena de cosas extrañas. Empecé a escuchar los corazones de la gente, a sentir su olor y, por un momento, algo de sed. Pero ahí estaba mi pequeña para informarme de todo:
    Mamá, lo que sientes es nuestra sed. Tenemos hambre. Pero tranquila, aguantaremos hasta que lleguemos. Aro ya te espera en el aeropuerto de Florencia. No te preocupes, no te hará preguntas, puesto que lo sabe ya todo. Mi hermano pequeño se lo comunicó.
    ¿Cómo que le comunicó? ¿Quién es Aro? ¿Cómo lo hizo?
    Él puede leer la mente, como papá, pero con la diferencia que también puede comunicarse mentalmente con quien desee y controlarlo a su voluntad. Tranquila, mamá. Todo estará bien, sólo quedan unas horas.
    Todavía no me creía lo que me estaba pasando. La ropa ancha que llevaba me ocultaba la barriga, a Charlie le dije que con la ansiedad que tenía por todo lo que me había pasado me dio por comer y por eso mis kilos de más.
    Estaba más o menos de un mes y ya tenía la barriga de una de seis; y cada minuto crecía más y más. Me dolía mucho el cuerpo.
    Subí al avión y me dormí, esa vez sin pesadillas. Tuve un lindo sueño de tres lindos niños. La más alta era castaña con el pelo muy desordenado y con unos enormes ojos verdes, se parecía tanto a Edward. Detrás de ella corría un niño de pelo castaño, como el mío, con rizos y con el mismo color de ojos que yo, se parecía mucho a mí, pero la sonrisa era de él. Por último, a lo lejos, se veía a una mujer exactamente igual que yo pero con la piel más pálida junto a una niña con el cabello cobrizo y muy liso, y los ojos verdes. La mujer le estaba leyendo un libro, ella la miraba con un amor enorme. ¡Un momento! ¡Esa era yo! Entonces, ellos… ellos eran mis hijos. ¡Dios mío! ¡Eran tres!
    Me despertó la azafata para decirme que ya habíamos llegado. Bajé del avión y me dirigí por un pasillo hasta la zona de recogida de maletas. Al girarme me encontré con un hombre con la piel más pálida que había visto en mi vida, casi era trasparente, llevaba una capa negra que le cubría todo el cuerpo. A su lado, había una mujer de mi estatura que no se separaba de él, pero no podía verla muy bien, y dos hombres más, uno era muy alto con el pelo negro como el carbón, no debería tener más de 25 años, éste llevaba una capa gris pero no llevaba puesta la capucha; el otro era igual de grande y musculoso que Emmett. El hombre de la capucha se acercó a mí.
    – Tú debes de ser Isabella, ¿verdad?
    – Sí, soy yo. Y usted debe de ser Aro.
    – Así es, querida. Alguien muy especial – me tocó la barriga. – me dijo que necesitabas nuestra ayuda. Solicitó que no te pidiera explicaciones, ya que él me las daría cuando naciera y cumpliera un año. Y así lo haremos, Isabella, te ayudaremos y no te preguntaremos nada hasta que tú no estés preparada para contarnos. Ahora tenemos que partir para el castillo. Dimitri – llamó al hombre que se parecía a Emmett. – coge el equipaje de la señorita.
    Así fue como partimos para Volterra. Al llegar, vi un majestuoso castillo como el del cuento de la Bella y la Bestia. No, era más asombroso aún. Nos abrieron la gran puerta y entramos. Era un castillo medieval, sus muebles, su decoración. Por un momento pensé que estaba en Camelot. Al entrar me esperaba una niña, que no tendría más de 14 años. Era bellísima, tenía el pelo rubio, unos labios muy gruesos. Parecía una muñequita de porcelana. A su lado, había un chico que era exactamente igual que ella. La niña se acercó a mí:
    – Hola, Isabella. Me llamo Jane, y este es mi hermano, Alec. No te asustes, sólo queremos ayudarte. Ahora toma esto, el maestro me pidió que te lo preparara para cuando llegaras.
    – Hola. – saludé. – ¿Qué es eso? – quise saber.
    De pronto volvó a escuchar la voz de mi hija:
    Mamá, es sangre. Nosotros la necesitamos. – me explicó como si fuese la cosa más normal del mundo.
    – ¿Saan… gre? – se me quebró la voz.
    Sí, mamá. Sangre. ¿Recuerdas qué era mi papa? Pues nosotros somos la mitad de él y la otra tuya, pero nos predomina la de él. Tranquila, lo harás bien, ya lo vi. Todo saldrá bien.
    Temblando cogí el vaso. Tenía mucho temor a lo que me respondieran, pero debía saberlo, yo no podía beber sangre humana.
    Alec debió haber visto el pánico en mis ojos porque se acercó a mí y puso una mano en mi barriga:
    – Relájate. Es por su bien.
    – Pero, pero… ¿deee… de qué es la sangre? – conseguí articular.
    – De animal. El amo nos lo ordenó. Tranquila. Ahora, bebe.
    Bebí y me llevaron a la que sería mi habitación estilo medieval. Los muebles se veían viejos pero en muy buen estado y la cama era enorme, la más grande que había visto. Jane me informó que me dejaría descansar y que irían a buscar más sangre porque en breve la necesitaría.
    Pasaron los días y todos me trataban muy bien, en especial Dimitri y Alec. También conocí a Heidi, la novia de Félix. Ella era hermosísima hasta incluso más hermosa que Rosalie. Era rubia, de piernas larguísimas y tenía el pelo por debajo de la cintura. Nos hicimos amigas enseguida. Me recordaba tanto a Alice; me compro un montón de ropa y a mis niños también. Me pusieron tres cunas en mi cuarto. Todo iba bien, demasiado bien pensaba yo, hasta que un día entró Alec en la habitación y me comunicó que Aro requería hablar conmigo.
    Me acompañó al despacho de Aro y se fue.
    – Siéntate, Isabella. Tenemos que hablar. Sabes que tu embarazo no es muy normal, ¿verdad?
    – Sí. – le contesté.
    – Vale. Lo que te voy a comunicar tal vez te resulte un poco difícil de aceptar, pero no hay de otra.
    – Dígame, ¿qué ocurre? ¿Le pasó algo a mis bebés? – le pregunté muy desesperada sólo de pensar que a mis hijos les pudiera pasar algo. Yo moriría, no podría vivir, no sin ellos. También eran lo único que me quedaba de él.
    – No, no. Tranquila. Los bebés está bien, pero tu hijo ayer se comunicó conmigo y me mostró una visión que tuvo tu nena. Tus hijos nacerán en dos días y nacerán muy sanos, no padezcas.
    – Entonces, ¿qué pasa?
    – Eres tú, querida. Te tendremos que transformar o no sobrevivirás.
    No me lo podía creer. Yo, ¡un vampiro! Sabía que eso pasaría tarde o temprano, pero si hubiese seguido con él. Pero, ¿ahora?
    Tenía que hacerlo. Quería ver a mis bebés crecer, no quería dejarlos solos. Ya no tenían padre, no los podría dejar también sin madre.
    – No hay problema. – le contesté. – Pero ¿qué pasara mientras yo me transformo? Por lo que me contó Heidi, estaré tres días en el mismísimo infierno. ¿Quién cuidará de mis hijos?
    – Por los bebés no te preocupes, nosotros los cuidaremos. Yo me preocuparía más de ponerles nombres o no sabremos cómo llamarlos.
    – Vale. Se lo diré mañana.
    Me dirigía mi habitación. Una vez allí, me tumbé en la gran cama y hablé con mi niña.
    – Cariño, tengo que poneros nombres, pero primero necesito saber en qué orden naceréis. – Para poder comentarle a Aro.
    Vale, mami. La primera será una nena como la que viste en tu sueño. Ellos éramos nosotros dentro de dos meses.
    – ¿Cómo dentro de dos meses? ¡Si esos niños tenían como 5 años!
    Así es nuestro crecimiento como nuestra inteligencia. Nuestro desarrollo es muy acelerado, naceremos dentro de unos días y tu sólo tienes 3 meses de embarazo.
    – Vele, sois muy especiales. Sigue. ¿Quién será la o el segundo?
    – La segunda seré yo y el pequeño es el nene.
    – A ver, tú puedes hablar con tus hermanos, ¿cierto?
    Así es. – respondió.
    – Pregúntale a tu hermana mayor si le gustaría llamarse Rosalie. ¿Sabes? Ella es vuestra tía; su sueño siempre fue ser mamá y sé que cuando os conozca os adorará.
    Mamá, ella te escucha. Y sí, le encantaría. Mi nombre no me gusta, yo no me quiero llamar Alice. ¿Qué te parece… Naira?
    – Me gusta. – contesté entre risas. – Y a tu hermano…
    No, mamá. Ese nombre no le gustará. Él lo odia por hacerte sufrir, no quiere llamarse como él.
    Vale, eso me puso muy triste; no quería que mis bebés odiasen a su padre. Él era su padre y eso no estaba bien. Con el tiempo lo entenderían.
    – Bien. ¿Qué le parece Neizan?
    Le encanta, mamá. Le gusta mucho.
    Después de esa conversación con mi pequeña les seguí leyendo el libro Romeo & Julieta, ya que los libros de niños no les gustaron mucho. Me quedé dormida con el libro en las manos y escuchando música clásica.
    Al día siguiente un dolor terrible me despertó. Purgué un grito que se enteró el castillo entero. Me costaba respirar.
    Mamá, Rose lo siente pero se tenía que mover. – me dijo mi hija con una voz de arrepentimiento total.
    – Tranquila, pequeña. No pasa nada. – respondí con voz jadeante. – Todo estará bien.
    A los dos segundos entró Aro acompañado de Marco y Cayo.
    – Relájate, Isabella. Te rompió una costilla. Se están preparando para nacer. Te pondremos morfina para que no sufras tanto.
    – Vale, vale. Todo está bien. – Lo cogí de la mano y le informé: – La 1ª. en nacer se llamará Rosalie; la 2ª, Naira y el 3º, Neizan. ¡Aaaaaah! – otro dolor y ese mucho más fuerte. Eso era insoportable, aunque me habían puesto morfina dolía, y dolía mucho.
    Pase 50 minutos sufriendo, me rompieron la columna y creo que todas las costillas. Y ahí los vi en los brazos de Jane, Alec y Dimitri. Luego, los tres maestros comenzaron a morderme y todo se volvió negro.
    Mi trasformación no fue nada normal. Me duró un mes y medio, pero no sufrí nada. Fue como estar en coma. Justo al mes y medio mi corazón dio su último latido y mis ojos derramaron la última lágrima.
    Al despertar estaban Aron, Marco, Cayo, Alec, Jane, Dimitri, Félix y Heidi. Detrás de ellos se encontraban tres niños preciosos de unos 5 años que me miraban con curiosidad y amor, mucho amor.
    – Son mis hijos. – dije en un susurro. Mi voz había cambiado mucho. Ahora era más bonita. Me puse de pie con una velocidad asombrosa y, de pronto, todos se pusieron a alrededor de mis hijos.– ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué los cubrís?
    – Bella, querida. Ellos son mitad humanos. ¡Tienen sangre! Sus corazones laten y tú eres una neófita, no sabes aún controlar tu sed.
    – Abu. – le llamó Naira. – Ella no nos hará nada, lo he visto. Casi no necesitará comer. Tiene un autocontrol que no habías visto en tus 1500 años. Confía en mí. Y déjanos abrazar a nuestra mami ¡¡¡Ya!!! – Los tres empezaron hacer pucheros y a llorar.
    – ¡Oh, no! No otra rabieta. Está bien pueden ir a ver a mamá, pero con cuidado.
    – Aro, viejo, hermano. Estos niños serán tu perdición. No puedes dejarles hacer lo que quieran sólo porque lloren un poco. – le dijo Cayo.
    – ¡Mira quién habla! – se reía Marco. – Neizan te pidió que comieras comida humana, si no él no lo haría y tú lo hiciste sin chistar siquiera.
    Yo mientras tanto seguía mirando a mis niños. Poco a poco me fui acercando. Todos me miraban con temor, pero yo sabía que no les iba a hacer daño. Me puse de cuclillas para estar a su altura y extendí mis brazos. Los tres, en una milésima de segundo, ya estaban encima mío. Fue un gran abrazo.
    – ¡Mami, mami! ¡Cómo te hemos echado de menos! Eres un poco dormilona, ¿eh? – me dijo Neizan entre carcajadas.
    – Mami, por fin estamos todos juntos. – me dijo Rosalie llorando.
    – ¡Va! No seáis bebés. Ya os dije que despertaría. – les dijo Naira
    • INTRODUCCIÓN
    Me encontraba en mi casa en España. Habían pasado ya diez años desde que lo había visto por última vez. Y nueve desde que había tenido a mis niños.
    – ¿Mamá, algún día me contarás de mi papá? – me preguntó mi hija mayor por tres minutos, Rosalie. La había nombrado así por la hermana de él. Me negaba a mencionar su nombre. Después de tanto tiempo seguía doliendo.
    – ¿Qué quieres saber?
    – ¿Por qué te dejó? Si tú aún lo amas, no me quiero ni imaginar cómo hubiese sido hace… ¿diez años atrás?
    – Eso se lo tendrás que preguntar a él cariño. – le respondí. Ella me observó con duda.
    – Sí, pues no sé cómo, si ni siquiera sabe que existimos. Ya sé que después de tenernos lo buscaste. Pero si tú no pudiste encontrarlo, ¿cómo va a encontrarnos él a nosotros? – ¡Te dejó, mama! ¡Ya está bien de sufrir por ese desgraciado! ¡No te merece! – Sus ojos se pusieron negros como el carbón. Jamás les había hablado mal de él; al contrario. De lo demás se enteraron en Volterra. Jane se había encargado de decirles cómo me habían encontrado.

    El inicio
    Me enamoré. Me enamoré como nunca lo había hecho. Para mí todo aquello me supuso.
    Un cambio radical en mi vida. Él era el hombre más maravilloso que pudo crear Dios.
    El era mi alma, mi corazón, mi razón de vivir. Estaba dispuesta a dar la vida por él. Por el que me prometió amor eterno, el que me prometió que nunca me dejaría, el que me dijo que jamás se separaría de mí, me juró que me amaba, que yo era su existencia, que no podría vivir sin mí.
    Esa noche en nuestro prado, después de decidir cómo llevaríamos nuestra vida, después de decirme tantas cosas bonitas, me entregué a él.
    – Bella, te amo, cielo. Y te deseo. Pero no sé si esto esté bien, te puedo hacer daño. – me dijo.
    – ¡Oh, vamos Edward! Tú nunca me harías daño. Te necesito. Sé que me amas como yo te amo a ti. Quiero ser tuya en cuerpo y alma. – le dije. Qué tonta fui.
    Nunca se me iba a olvidar esa noche. Fue la noche más mágica que había vivido en mi vida. Me había entregado al amor de mi vida. Fue muy lindo. Nos besamos con tanto amor, que el resto del mundo, en ese momento no existió; se detuvieron todas las guerras, de tanto amor que nos demostrábamos. Las caricias fueron suaves, llenas de ternura. Pronto se volvieron más urgentes, llenas de pasión, cargadas de necesidad de placer. Por más que mis capacidades de seducción fueran nulas, mi cuerpo parecía responder solo, llevado por el instinto.
    Cuando desperté estaba en su brazos. Lo miré a la cara y le dije:
    – Buenos días, cariño. Gracias por regalarme tan lindo momento.
    – Tonta, Bella. Soy yo quien tiene que darte las gracias por hacer que me sienta vivo. Princesa, te amo.
    Con eso nos volvimos a besar y me llevó a casa. Yo estaba encima de una nube. No podía haber nadie en este planeta más feliz que yo, no habría nadie en este planeta que me pudiera separar de él. Lo amaba. Él era mi primer amor y sería el único. Porque, como al primero, no se ama nunca a nadie. Yo sabía que él estaría en mi corazón por siempre; que nada, ni nadie en el mundo conseguiría que dejarla de amarlo. Isabella ya no existía más sin él. Éramos una misma persona en cuerpos distintos.
    Bajé a desayunar con mi papá. Desayune rápido, dentro de poco vendría buscarme Alice para ir al centro comercial: día de compras.
    Así pasaron las semanas, hasta que llegó ese fatídico día. El día en el que mi mundo acabó, el día en que perdí mi alma, el día que el ser más maravilloso del mundo me destrozó el corazón, el día en que su careta cayó al piso.
    ¡Tonta ilusa enamorada!

    Descubriendo mi futuro I
    Habían pasado dos semanas desde su partida. Dos semanas en que mi mundo de cuento de hadas se había convertido en un mundo de terror.
    Dos semanas antes:
    – Alice, ¡es que a tu hermano le pasa algo! ¡Últimamente está muy raro!
    – Bella, él ya hablará contigo. Tú no te preocupes, ya sabes que Edward es un poco…
    – Bipolar. Sí, Alice. Pero conmigo dejó de ser bipolar hace tiempo ya. No sé. Sé que le pasa algo. Hablaré con él. Últimamente, cada vez que se despide de mí, me besa como si fuese la última vez; me mira y en sus ojos sólo veo sufrimiento. Sé que algo no anda bien, pero no sé lo que es. – medité unos segundos. – ¿Será que le aterra convertirme?
    – No, no creo, Bella. Bueno, yo me voy que tengo que terminar de arreglar unas cuantas cosas en casa. Saluda a Charlie de mi parte. ¡Chao!
    Hice la cena para Charlie, subí a mi habitación, cogí ropa y me fui para el lavabo a darme una ducha y cepillarme los dientes. Pensé en que tenía que escribirle un e-mail a mi mamá.
    Cuando llegué a mi habitación, ahí estaba mi dios griego. Tan hermoso como un ángel; de seguro él sería el más hermoso de todos ellos.
    – Bella, ponte ropa cómoda iremos a dar un paseo. Necesitamos hablar. – me dijo solamente. Ni siquiera un beso me dio. Empecé a mirar mis pies descalzos; sabía que algo no iba bien. Un miedo a perderlo me invadió. Sacudí mi cabeza quitándome esa idea de la cabeza. Él no me podía hacer eso, me amaba, ya me había entregado a él. No. Mi Edward nunca me haría eso, él era todo un caballero. – Bella, bella. ¿Estás bien? – En su rostro pude ver una máscara de preocupación.
    – Sí, tranquilo. No me pasa nada. Sólo me mareé un poco. – mentí. Me abrazó y me besó en la frente.
    – Vamos, princesa. Cámbiate, se nos hará tarde.
    Me cambié con lo primero que encontré, unos tejanos negros y un jersey de lana azul eléctrico; me puse mis zapatillas deportivas negras y me hice una coleta. Cuando salí del lavabo, me subió en su espalda y me dijo: “Agárrate fuerte, princesa.”
    Saltamos por la ventana de mi habitación y nos dirigimos al bosque que había al lado de mi casa.
    – ¿Qué hacemos aquí Edward?
    – Bella, lo he pensado mucho y creo que esto no puede seguir
    – ¿Cómo? ¿Qué es lo que estás intentando decirme?
    – No puedo seguir con esto, Isabella. No puedo compartí mi eternidad contigo. No te amo tanto. Tú quieres más; quieres que te convierta. Y yo no estoy seguro de que tú seas la mujer con la que deseo vivir mi ni vida siempre.
    – ¿Cómo? ¿Tú no me amas?
    – Sí, sí que te amo. Pero no tanto como para convertirte. No sé si pasaría mi existencia contigo.
    – Pero yo me entregué a ti… Pensé…
    – Ese es el problema, Isabella. Tú creíste. Yo no estoy seguro, no me convienes. Yo quiero vivir distintas relaciones y tú ya diste por hecho que yo me iba a quedar contigo.
    – Tú… tú… eres… un monstruo. – estaba muriéndome por dentro, pero no quería que me viera destruída.
    – Ya te dije que era un monstruo y tú me aceptaste.
    – No me puedo creer lo que estás haciendo Edward. – ya no puede aguantar más y rompí en un llanto que no me dejó ni hablar.
    – Cuídate, Isabella. Se feliz que yo lo seré. Los de mi especie olvidan con mucha facilidad.
    Con eso me dio un beso en la frente y se marchó. Yo empecé a correr por el bosque sin saber muy bien dónde iba.

    Descubriendo mi futuro II
    No supe muy bien lo que pasó los días siguientes. Sólo que parecía un zombi. No comía, no podía dormir; las pesadillas eran espantosas, no hablaba.
    Mi amigo Jacob hizo lo imposible por hacerme reír, por ver a la Bella que Edward Cullen había destrozado, aquella Bella que él había matado. Sin embargo, nada funcionaba; me estaba dejando morir y la gente que de verdad me quería estaba muriéndose conmigo. Mi papá, Charlie, ya no podía más y me puso un ultimátum.
    – Bella, o te das una oportunidad de vivir, de volver a ser feliz o te mando con tu mamá. Yo no sé qué hacer para verte mejor. Ya no puedo cuidarte, cielo. Tienes dos días para cambiar tu situación o Renée vendrá a buscarte. – me advirtió. Pobre, de verdad le estaba haciendo sufrir. Esto no podía continuar así, necesitaba pensar, así que me fui a nuestro prado para poder pensar qué hacer con mi vida.
    Pensé y pensé. Decidí seguir adelante. Nadie, tan despreciable como Edward Cullen, por mucho que lo amara, tenía derecho a destruirme. No después de no amarme. Él tenía razón, era un monstruo, y de los peores. Recordé el día en que lo había visto por primera vez en el instituto, cuando me dijo que era mejor no ser amigos. ¡Cuánta razón tenía! Cuando dio mi primer beso… La primera vez que me dijo que me amaba… Recordé todas y cada unas de sus mentiras… Ese día fue en el que comencé a odiar a Edward Cullen. Jamás volvería a estar en mi vida.
    Ese día empezaba mi nueva vida.
    Empecé a quedar con mis compañeros de clase, a ir a La Push con mi mejor amigo, Jake. Volvía a reír y a comer pero algo en mí no andaba bien. Todo lo que comía, lo vomitaba y cada día estaba más gorda no sabía muy bien lo que me pasaba, hasta que Leah, que sabía toda la historia con el Cullen, sugirió que me hiciera un test de embarazo. Le dije que eso era imposible, que él era un vampiro. Los vampiros estaban muertos, no tenían vida interior ¿Cómo iba a estar embarazada? Aún y con esas se puso tan pesada que lo fui a comprar y me lo hice.
    Cuando vi el resultado casi me muero. ¡Estaba embarazada! ¿Qué iba a hacer ahora? Ya había enterrado a Edward Cullen en un rincón de mi cabeza, ya no me hacía daño y ahora tendría un niño que me recordaría a él, no lo podría superar.
    Me fui a nuestro prado otra vez, llorando, porque la herida se había vuelto a abrir. No podía dejar de hacerme daño, nunca lo haría. No, no. Yo no podía tener a ese niño, no estaba preparada, no podía… Y entonces fue cuando lo escuché.
    Mamá, no nos mates.
    – ¿Quién eres? ¿Dónde estás?
    Soy tu hija, mamá. Una de ellas. Por favor, no nos mates.
    Eso no podía ser. No tenía bastante con escuchar la voz de él en sueños o cuando hacía algo peligroso; cosa que se me había vuelto una costumbre normal; si no que ahora también escuchaba la voz de su hijo. Definitivamente yo me estaba volviendo loca.
    Mamá, no estás loca. De veras, estamos aquí. Te queremos. Por favor, no nos mates.
    – No. Tú no puedes ser real. Sólo eres mi imaginación. ¡Por Dios! ¡Es que nunca iba a poder olvidarme de ti!
    Sí, mamá. Lo podrás olvidar. Serás feliz. Y me escuchas porque no somos unos bebés normales. Te recuerdo que mi papá no es muy normal.
    – ¡Madre mía! ¡Es real! ¿Ahora qué hago? ¿Cómo le digo a Charlie?
    No. No, mamá. Al abuelito no le puedes decir. No aún.
    – ¿Cómo que no? Él se enterará tarde o temprano. ¡Mírame! Cada día tengo más panza. ¿Cómo hago para que no se entere? Tengo que ir al médico y le dirán.
    No, no. No puedes ir a un médico normal. Te tienes que ir a Italia. Ellos sabrán qué hacer, mamá. No tengas miedo, nunca más volverás a estar sola.
    – ¿Cómo que a Italia? ¿Qué hay allí?
    Mamá, allá vive el clan más poderoso de los vampiros. Ellos te protegerán y te ayudarán.
    – ¿Y a Charlie qué le digo?
    Dile que necesitas un cambio de vida. Él lo entenderá.
    – Vale, lo intentaré. Pero no les prometo nada. También tengo que despedirme de los chicos de La Push.
    Hazlo. Si no tío Jake no te lo perdonara nunca. Él te entenderá mami, tranquila. Y pronto habrá una alianza entre vampiros y licántropos.
    – ¿Cómo que licántropos?
    Más adelante ya sabrás, mamá. Ya sabrás.


    Despedida
    Le conté a Charlie que necesitaba viajar, que necesitaba pensar qué hacer con mi vida y cómo quería enfocar mi futuro.
    – Bella, cariño, te veo mucho mejor. Hasta has engordado unos kilos. Si tú crees que es lo mejor para ti, yo te apoyo. No me hace mucha gracia que vayas sola, pero es tu decisión y te apoyaré. Con una condición.
    – ¿Cuál, papá?
    – Que me digas dónde vas.
    No le digas dónde vas. No lo puede saber nadie, mamá.
    – Papá, no sé a dónde me dirijo. Me voy a la aventura. – le respondí con una sonrisa para darle confianza.
    – ¿Cómo que no sabes a dónde vas?
    – Tranquilo, papá. Te prometo llamar dos veces por semana. Y cuando sepa cuál es el destino, lo sabrás. ¿Vale? – le di un beso en la frente y lo miré con una sonrisa en el los labios que, por primera vez, sí que me llegó a los ojos. Estaba feliz. Iba a ser mamá y uno de mis bebés hablaba conmigo, me querían y nunca más estaría sola. Pero el odio por él aumentaba cada segundo.
    – Está bien, preciosa. Si es lo que tú quieres, lo entiendo. Sé que eres una chica responsable y si de verdad tú quieres esto, seguro que te hará bien.
    – Papa. Renée. ¿Cómo crees que lo tome ella?
    – No te preocupes, Isabella. Yo hablaré con ella y ella entenderá.
    – Gracias, papá. Eres el mejor padre que pude desear. –se lo tenía que decir, no sabía si lo volvería ver.
    Lo volverás a ver, mamá; pero tardarás en hacerlo.
    – Papá, voy a despedirme de Jake. Quiero irme mañana.
    – Está bien, Bells. Ve.
    Iba camino a La Push y cada vez se me hacía más y más difícil pensar en qué decirle, pero una voz en mi cabeza me habló:
    Mamá, cuando llegues tú dile al tío Jake que te toque la barriga; nosotros nos encargamos de todo.
    – No me acostumbro a esto, ¿seguro que no estoy loca?
    No, mamá. No estás loca.
    – Bien. Ya casi llegamos.
    A lo lejos podía divisar ya la casa de Jake. Llegué, me bajé de mi furgoneta y me dirigí a la puerta. Mi amigo salió antes de que yo pudiera tocar.
    – Hola, Bella. ¿Cómo? ¿Tú por aquí?
    – ¡Jake! – ya estaba timbrando; no sabía cómo le iba a decir.
    – ¿Qué tienes, Bella? ¿Te encuentras bien?
    – Sí, Jake. Sólo que…
    – ¡¿Qué, Bella?! ¡Me estás asustando!
    – No, tranquilo. Estoy bien. Sólo… ¿Podrías poner las manos en mi barriga, por favor?
    – Bella, si querías intimar conmigo, sólo tenias que decirlo. – rió.
    – ¡Noooooo! No es nada de eso.
    – Ya lo sé, Bells. Es que es un poco raro; aunque tú ya eres un bicho muy raro… ¡Sino mírate! ¡La eterna amiga de los chupasangre! – se carcajeó.
    – ¿Cómo sabes tú…? ¿Te lo dijo Leah?
    – Bella, yo sé más de lo que tú crees. Pero con el tiempo lo sabrás, tranquila. Yo no te lo puedo decir. Tú eres rara pero muy lista. Lo descubrirás, ya lo veras. Bueno, ¿para qué has venido? Aparte de querer que te meta mano. – volvió a burlarse.
    – Jake, ya no te rías de mí y hazme caso. No es broma. Jake, por favor, tócame la barriga.
    Bebé Varón:
    – Este chucho no la tocará. Te lo dije, hermana. Su cabeza no da para más.
    – Sí lo hará. Lo vi.
    Mi mamá seguía repitiéndole que lo hiciera y éste sólo le gastaba bromas. La verdad que era un poco terco. No sabía qué clase de amigos tenía mi mami, sólo esperaba que con el tiempo fuera más inteligente. El futuro le tenía preparado algo grande para su clan y si el perro ese no era más inteligente, no sabía qué pasaría.
    – Vamos, Jake. Hazlo por mí, por favor. – le volvía a pedir mi mamá.
    – Está bien, Bella. No sé lo que quieres, pero te haré caso.
    – Jake, por nada del mundo saques las manos. Sé que te puedes asustar en un principio, créeme, a mí también me pasó, pero, por favor, aguanta muchachote o pensaré que eres poco hombre. – esta vez mi mamá se burló del perrito.
    – Bella, por favor, no me va asustar tu barriga… – rió.
    Por favor, ya se decidía. Ahora sólo me quedaba hablar con el chucho.
    – Sé amable. – medio me ordenó mi hermana. – Recuerda lo que será tuyo en un futuro.
    Jacob:
    No sabía qué le pasaba a Bella, pero la veía nerviosa. Yo haría lo que me pidiera. Maldito chupasangre. ¿Cómo le había podido hacer eso a ella?
    Lo sé, Jacob. Es un maldito. Ahora, no separes las manos del vientre de mi madre o perderé el contacto contigo. Con los licántropos esto cuesta mucho.
    ¿Cómo que tu madre? ¿Cómo sabes lo que soy? ¡Espera! ¡¿Qué carajo haces en mi cabeza?!
    A la primera pregunta, mi mamá es Bella. A la segunda y a la tercera, sé lo que eres porque puedo leer tu mente y adentrarme en ella por mi condición: soy medio vampiro, medio humano; un hibridó nos llamarían. Ahora escucha, y de lo que te diga no puedes contarle nada a ella y debes bloquearlo para tu manada. No lo puede saber nadie. Mi papá buscará a mi mamá aquí en Forks dentro de tres meses. Ella ya no estará, nos vamos a Italia para que nos pueda tener. Allí está el clan más grande de vampiros que existe. Ellos la ayudarán a que nazcamos sin que muera. Tú serás siempre su mejor amigo; ella cuenta con tu apoyo; te quiere mucho. Ayúdala. Esto no será fácil para ella y sobre todo, contrólate delante de mi padre. Ese mal nacido no se puede enterar dónde está mi madre; no todavía. Ella necesita tiempo, mucho tiempo; para superar todo el daño que le hizo. Tú vendrás a vernos dentro de dos años a Italia, a Volterra. Mi hermana te llamará una semana antes. En dos años podremos terminar con el trabajo que tenemos que hacer en Volterra. Confía en nosotros, serás muy importante para nosotros. Sólo confía.
    No sabía porqué pero algo me decía que tenía que confiar en él y así lo haría.
    Está bien. Haré lo que me dices. Confió en ti. Cuida de Bella. Intenta que sea feliz.
    Lo será, Jake. Lo será. Simplemente confía en mí. Otra cosa. Cuando vengas a Italia tienes que traer a Leah y Seth, ellos también tienen parte en este nuevo futuro que unirá a dos de las especies más poderosas del mundo.
    – Eso no lo entiendo bien, pero supongo que con el tiempo todo se verá

    Como habréis podido ver, a algunas sí les conteste los comentarios y a otras no, así que para que veáis que os tengo presentes y que aprecio muchísimo sus comentarios, os agradezco a todas públicamente.
    Aleja Cullen Black Potter , Hajabeg452, Conny!, capi, Aleja Cullen Black Potter , LiiQanLu , JaliceJalice , ANITA ROCIO, michi nolet , miadharu28 , miadharu28 , Tast Cullen
    Espero no haberme dejado a nadie. Si no, me mereceré un tomatazo. Si me dejé a alguien hagánmelo saber.
    Volterra
    Así fue como me despedí de Charlie, con la escusa de que quería comenzar de nuevo y que aquí no podría. Al principio no le hizo mucha gracia, pero lo aceptó.
    En el aeropuerto me pasó algo muy extraño, pero mi vida ya estaba llena de cosas extrañas. Empecé a escuchar los corazones de la gente, a sentir su olor y, por un momento, algo de sed. Pero ahí estaba mi pequeña para informarme de todo:
    Mamá, lo que sientes es nuestra sed. Tenemos hambre. Pero tranquila, aguantaremos hasta que lleguemos. Aro ya te espera en el aeropuerto de Florencia. No te preocupes, no te hará preguntas, puesto que lo sabe ya todo. Mi hermano pequeño se lo comunicó.
    ¿Cómo que le comunicó? ¿Quién es Aro? ¿Cómo lo hizo?
    Él puede leer la mente, como papá, pero con la diferencia que también puede comunicarse mentalmente con quien desee y controlarlo a su voluntad. Tranquila, mamá. Todo estará bien, sólo quedan unas horas.
    Todavía no me creía lo que me estaba pasando. La ropa ancha que llevaba me ocultaba la barriga, a Charlie le dije que con la ansiedad que tenía por todo lo que me había pasado me dio por comer y por eso mis kilos de más.
    Estaba más o menos de un mes y ya tenía la barriga de una de seis; y cada minuto crecía más y más. Me dolía mucho el cuerpo.
    Subí al avión y me dormí, esa vez sin pesadillas. Tuve un lindo sueño de tres lindos niños. La más alta era castaña con el pelo muy desordenado y con unos enormes ojos verdes, se parecía tanto a Edward. Detrás de ella corría un niño de pelo castaño, como el mío, con rizos y con el mismo color de ojos que yo, se parecía mucho a mí, pero la sonrisa era de él. Por último, a lo lejos, se veía a una mujer exactamente igual que yo pero con la piel más pálida junto a una niña con el cabello cobrizo y muy liso, y los ojos verdes. La mujer le estaba leyendo un libro, ella la miraba con un amor enorme. ¡Un momento! ¡Esa era yo! Entonces, ellos… ellos eran mis hijos. ¡Dios mío! ¡Eran tres!
    Me despertó la azafata para decirme que ya habíamos llegado. Bajé del avión y me dirigí por un pasillo hasta la zona de recogida de maletas. Al girarme me encontré con un hombre con la piel más pálida que había visto en mi vida, casi era trasparente, llevaba una capa negra que le cubría todo el cuerpo. A su lado, había una mujer de mi estatura que no se separaba de él, pero no podía verla muy bien, y dos hombres más, uno era muy alto con el pelo negro como el carbón, no debería tener más de 25 años, éste llevaba una capa gris pero no llevaba puesta la capucha; el otro era igual de grande y musculoso que Emmett. El hombre de la capucha se acercó a mí.
    – Tú debes de ser Isabella, ¿verdad?
    – Sí, soy yo. Y usted debe de ser Aro.
    – Así es, querida. Alguien muy especial – me tocó la barriga. – me dijo que necesitabas nuestra ayuda. Solicitó que no te pidiera explicaciones, ya que él me las daría cuando naciera y cumpliera un año. Y así lo haremos, Isabella, te ayudaremos y no te preguntaremos nada hasta que tú no estés preparada para contarnos. Ahora tenemos que partir para el castillo. Dimitri – llamó al hombre que se parecía a Emmett. – coge el equipaje de la señorita.
    Así fue como partimos para Volterra. Al llegar, vi un majestuoso castillo como el del cuento de la Bella y la Bestia. No, era más asombroso aún. Nos abrieron la gran puerta y entramos. Era un castillo medieval, sus muebles, su decoración. Por un momento pensé que estaba en Camelot. Al entrar me esperaba una niña, que no tendría más de 14 años. Era bellísima, tenía el pelo rubio, unos labios muy gruesos. Parecía una muñequita de porcelana. A su lado, había un chico que era exactamente igual que ella. La niña se acercó a mí:
    – Hola, Isabella. Me llamo Jane, y este es mi hermano, Alec. No te asustes, sólo queremos ayudarte. Ahora toma esto, el maestro me pidió que te lo preparara para cuando llegaras.
    – Hola. – saludé. – ¿Qué es eso? – quise saber.
    De pronto volvó a escuchar la voz de mi hija:
    Mamá, es sangre. Nosotros la necesitamos. – me explicó como si fuese la cosa más normal del mundo.
    – ¿Saan… gre? – se me quebró la voz.
    Sí, mamá. Sangre. ¿Recuerdas qué era mi papa? Pues nosotros somos la mitad de él y la otra tuya, pero nos predomina la de él. Tranquila, lo harás bien, ya lo vi. Todo saldrá bien.
    Temblando cogí el vaso. Tenía mucho temor a lo que me respondieran, pero debía saberlo, yo no podía beber sangre humana.
    Alec debió haber visto el pánico en mis ojos porque se acercó a mí y puso una mano en mi barriga:
    – Relájate. Es por su bien.
    – Pero, pero… ¿deee… de qué es la sangre? – conseguí articular.
    – De animal. El amo nos lo ordenó. Tranquila. Ahora, bebe.
    Bebí y me llevaron a la que sería mi habitación estilo medieval. Los muebles se veían viejos pero en muy buen estado y la cama era enorme, la más grande que había visto. Jane me informó que me dejaría descansar y que irían a buscar más sangre porque en breve la necesitaría.
    Pasaron los días y todos me trataban muy bien, en especial Dimitri y Alec. También conocí a Heidi, la novia de Félix. Ella era hermosísima hasta incluso más hermosa que Rosalie. Era rubia, de piernas larguísimas y tenía el pelo por debajo de la cintura. Nos hicimos amigas enseguida. Me recordaba tanto a Alice; me compro un montón de ropa y a mis niños también. Me pusieron tres cunas en mi cuarto. Todo iba bien, demasiado bien pensaba yo, hasta que un día entró Alec en la habitación y me comunicó que Aro requería hablar conmigo.
    Me acompañó al despacho de Aro y se fue.
    – Siéntate, Isabella. Tenemos que hablar. Sabes que tu embarazo no es muy normal, ¿verdad?
    – Sí. – le contesté.
    – Vale. Lo que te voy a comunicar tal vez te resulte un poco difícil de aceptar, pero no hay de otra.
    – Dígame, ¿qué ocurre? ¿Le pasó algo a mis bebés? – le pregunté muy desesperada sólo de pensar que a mis hijos les pudiera pasar algo. Yo moriría, no podría vivir, no sin ellos. También eran lo único que me quedaba de él.
    – No, no. Tranquila. Los bebés está bien, pero tu hijo ayer se comunicó conmigo y me mostró una visión que tuvo tu nena. Tus hijos nacerán en dos días y nacerán muy sanos, no padezcas.
    – Entonces, ¿qué pasa?
    – Eres tú, querida. Te tendremos que transformar o no sobrevivirás.
    No me lo podía creer. Yo, ¡un vampiro! Sabía que eso pasaría tarde o temprano, pero si hubiese seguido con él. Pero, ¿ahora?
    Tenía que hacerlo. Quería ver a mis bebés crecer, no quería dejarlos solos. Ya no tenían padre, no los podría dejar también sin madre.
    – No hay problema. – le contesté. – Pero ¿qué pasara mientras yo me transformo? Por lo que me contó Heidi, estaré tres días en el mismísimo infierno. ¿Quién cuidará de mis hijos?
    – Por los bebés no te preocupes, nosotros los cuidaremos. Yo me preocuparía más de ponerles nombres o no sabremos cómo llamarlos.
    – Vale. Se lo diré mañana.
    Me dirigía mi habitación. Una vez allí, me tumbé en la gran cama y hablé con mi niña.
    – Cariño, tengo que poneros nombres, pero primero necesito saber en qué orden naceréis. – Para poder comentarle a Aro.
    Vale, mami. La primera será una nena como la que viste en tu sueño. Ellos éramos nosotros dentro de dos meses.
    – ¿Cómo dentro de dos meses? ¡Si esos niños tenían como 5 años!
    Así es nuestro crecimiento como nuestra inteligencia. Nuestro desarrollo es muy acelerado, naceremos dentro de unos días y tu sólo tienes 3 meses de embarazo.
    – Vele, sois muy especiales. Sigue. ¿Quién será la o el segundo?
    – La segunda seré yo y el pequeño es el nene.
    – A ver, tú puedes hablar con tus hermanos, ¿cierto?
    Así es. – respondió.
    – Pregúntale a tu hermana mayor si le gustaría llamarse Rosalie. ¿Sabes? Ella es vuestra tía; su sueño siempre fue ser mamá y sé que cuando os conozca os adorará.
    Mamá, ella te escucha. Y sí, le encantaría. Mi nombre no me gusta, yo no me quiero llamar Alice. ¿Qué te parece… Naira?
    – Me gusta. – contesté entre risas. – Y a tu hermano…
    No, mamá. Ese nombre no le gustará. Él lo odia por hacerte sufrir, no quiere llamarse como él.
    Vale, eso me puso muy triste; no quería que mis bebés odiasen a su padre. Él era su padre y eso no estaba bien. Con el tiempo lo entenderían.
    – Bien. ¿Qué le parece Neizan?
    Le encanta, mamá. Le gusta mucho.
    Después de esa conversación con mi pequeña les seguí leyendo el libro Romeo & Julieta, ya que los libros de niños no les gustaron mucho. Me quedé dormida con el libro en las manos y escuchando música clásica.
    Al día siguiente un dolor terrible me despertó. Purgué un grito que se enteró el castillo entero. Me costaba respirar.
    Mamá, Rose lo siente pero se tenía que mover. – me dijo mi hija con una voz de arrepentimiento total.
    – Tranquila, pequeña. No pasa nada. – respondí con voz jadeante. – Todo estará bien.
    A los dos segundos entró Aro acompañado de Marco y Cayo.
    – Relájate, Isabella. Te rompió una costilla. Se están preparando para nacer. Te pondremos morfina para que no sufras tanto.
    – Vale, vale. Todo está bien. – Lo cogí de la mano y le informé: – La 1ª. en nacer se llamará Rosalie; la 2ª, Naira y el 3º, Neizan. ¡Aaaaaah! – otro dolor y ese mucho más fuerte. Eso era insoportable, aunque me habían puesto morfina dolía, y dolía mucho.
    Pase 50 minutos sufriendo, me rompieron la columna y creo que todas las costillas. Y ahí los vi en los brazos de Jane, Alec y Dimitri. Luego, los tres maestros comenzaron a morderme y todo se volvió negro.
    Mi trasformación no fue nada normal. Me duró un mes y medio, pero no sufrí nada. Fue como estar en coma. Justo al mes y medio mi corazón dio su último latido y mis ojos derramaron la última lágrima.
    Al despertar estaban Aron, Marco, Cayo, Alec, Jane, Dimitri, Félix y Heidi. Detrás de ellos se encontraban tres niños preciosos de unos 5 años que me miraban con curiosidad y amor, mucho amor.
    – Son mis hijos. – dije en un susurro. Mi voz había cambiado mucho. Ahora era más bonita. Me puse de pie con una velocidad asombrosa y, de pronto, todos se pusieron a alrededor de mis hijos.– ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué los cubrís?
    – Bella, querida. Ellos son mitad humanos. ¡Tienen sangre! Sus corazones laten y tú eres una neófita, no sabes aún controlar tu sed.
    – Abu. – le llamó Naira. – Ella no nos hará nada, lo he visto. Casi no necesitará comer. Tiene un autocontrol que no habías visto en tus 1500 años. Confía en mí. Y déjanos abrazar a nuestra mami ¡¡¡Ya!!! – Los tres empezaron hacer pucheros y a llorar.
    – ¡Oh, no! No otra rabieta. Está bien pueden ir a ver a mamá, pero con cuidado.
    – Aro, viejo, hermano. Estos niños serán tu perdición. No puedes dejarles hacer lo que quieran sólo porque lloren un poco. – le dijo Cayo.
    – ¡Mira quién habla! – se reía Marco. – Neizan te pidió que comieras comida humana, si no él no lo haría y tú lo hiciste sin chistar siquiera.
    Yo mientras tanto seguía mirando a mis niños. Poco a poco me fui acercando. Todos me miraban con temor, pero yo sabía que no les iba a hacer daño. Me puse de cuclillas para estar a su altura y extendí mis brazos. Los tres, en una milésima de segundo, ya estaban encima mío. Fue un gran abrazo.
    – ¡Mami, mami! ¡Cómo te hemos echado de menos! Eres un poco dormilona, ¿eh? – me dijo Neizan entre carcajadas.
    – Mami, por fin estamos todos juntos. – me dijo Rosalie llorando.
    – ¡Va! No seáis bebés. Ya os dije que despertaría. – les dijo Naira
    • INTRODUCCIÓN
    Me encontraba en mi casa en España. Habían pasado ya diez años desde que lo había visto por última vez. Y nueve desde que había tenido a mis niños.
    – ¿Mamá, algún día me contarás de mi papá? – me preguntó mi hija mayor por tres minutos, Rosalie. La había nombrado así por la hermana de él. Me negaba a mencionar su nombre. Después de tanto tiempo seguía doliendo.
    – ¿Qué quieres saber?
    – ¿Por qué te dejó? Si tú aún lo amas, no me quiero ni imaginar cómo hubiese sido hace… ¿diez años atrás?
    – Eso se lo tendrás que preguntar a él cariño. – le respondí. Ella me observó con duda.
    – Sí, pues no sé cómo, si ni siquiera sabe que existimos. Ya sé que después de tenernos lo buscaste. Pero si tú no pudiste encontrarlo, ¿cómo va a encontrarnos él a nosotros? – ¡Te dejó, mama! ¡Ya está bien de sufrir por ese desgraciado! ¡No te merece! – Sus ojos se pusieron negros como el carbón. Jamás les había hablado mal de él; al contrario. De lo demás se enteraron en Volterra. Jane se había encargado de decirles cómo me habían encontrado.

    El inicio
    Me enamoré. Me enamoré como nunca lo había hecho. Para mí todo aquello me supuso.
    Un cambio radical en mi vida. Él era el hombre más maravilloso que pudo crear Dios.
    El era mi alma, mi corazón, mi razón de vivir. Estaba dispuesta a dar la vida por él. Por el que me prometió amor eterno, el que me prometió que nunca me dejaría, el que me dijo que jamás se separaría de mí, me juró que me amaba, que yo era su existencia, que no podría vivir sin mí.
    Esa noche en nuestro prado, después de decidir cómo llevaríamos nuestra vida, después de decirme tantas cosas bonitas, me entregué a él.
    – Bella, te amo, cielo. Y te deseo. Pero no sé si esto esté bien, te puedo hacer daño. – me dijo.
    – ¡Oh, vamos Edward! Tú nunca me harías daño. Te necesito. Sé que me amas como yo te amo a ti. Quiero ser tuya en cuerpo y alma. – le dije. Qué tonta fui.
    Nunca se me iba a olvidar esa noche. Fue la noche más mágica que había vivido en mi vida. Me había entregado al amor de mi vida. Fue muy lindo. Nos besamos con tanto amor, que el resto del mundo, en ese momento no existió; se detuvieron todas las guerras, de tanto amor que nos demostrábamos. Las caricias fueron suaves, llenas de ternura. Pronto se volvieron más urgentes, llenas de pasión, cargadas de necesidad de placer. Por más que mis capacidades de seducción fueran nulas, mi cuerpo parecía responder solo, llevado por el instinto.
    Cuando desperté estaba en su brazos. Lo miré a la cara y le dije:
    – Buenos días, cariño. Gracias por regalarme tan lindo momento.
    – Tonta, Bella. Soy yo quien tiene que darte las gracias por hacer que me sienta vivo. Princesa, te amo.
    Con eso nos volvimos a besar y me llevó a casa. Yo estaba encima de una nube. No podía haber nadie en este planeta más feliz que yo, no habría nadie en este planeta que me pudiera separar de él. Lo amaba. Él era mi primer amor y sería el único. Porque, como al primero, no se ama nunca a nadie. Yo sabía que él estaría en mi corazón por siempre; que nada, ni nadie en el mundo conseguiría que dejarla de amarlo. Isabella ya no existía más sin él. Éramos una misma persona en cuerpos distintos.
    Bajé a desayunar con mi papá. Desayune rápido, dentro de poco vendría buscarme Alice para ir al centro comercial: día de compras.
    Así pasaron las semanas, hasta que llegó ese fatídico día. El día en el que mi mundo acabó, el día en que perdí mi alma, el día que el ser más maravilloso del mundo me destrozó el corazón, el día en que su careta cayó al piso.
    ¡Tonta ilusa enamorada!

    Descubriendo mi futuro I
    Habían pasado dos semanas desde su partida. Dos semanas en que mi mundo de cuento de hadas se había convertido en un mundo de terror.
    Dos semanas antes:
    – Alice, ¡es que a tu hermano le pasa algo! ¡Últimamente está muy raro!
    – Bella, él ya hablará contigo. Tú no te preocupes, ya sabes que Edward es un poco…
    – Bipolar. Sí, Alice. Pero conmigo dejó de ser bipolar hace tiempo ya. No sé. Sé que le pasa algo. Hablaré con él. Últimamente, cada vez que se despide de mí, me besa como si fuese la última vez; me mira y en sus ojos sólo veo sufrimiento. Sé que algo no anda bien, pero no sé lo que es. – medité unos segundos. – ¿Será que le aterra convertirme?
    – No, no creo, Bella. Bueno, yo me voy que tengo que terminar de arreglar unas cuantas cosas en casa. Saluda a Charlie de mi parte. ¡Chao!
    Hice la cena para Charlie, subí a mi habitación, cogí ropa y me fui para el lavabo a darme una ducha y cepillarme los dientes. Pensé en que tenía que escribirle un e-mail a mi mamá.
    Cuando llegué a mi habitación, ahí estaba mi dios griego. Tan hermoso como un ángel; de seguro él sería el más hermoso de todos ellos.
    – Bella, ponte ropa cómoda iremos a dar un paseo. Necesitamos hablar. – me dijo solamente. Ni siquiera un beso me dio. Empecé a mirar mis pies descalzos; sabía que algo no iba bien. Un miedo a perderlo me invadió. Sacudí mi cabeza quitándome esa idea de la cabeza. Él no me podía hacer eso, me amaba, ya me había entregado a él. No. Mi Edward nunca me haría eso, él era todo un caballero. – Bella, bella. ¿Estás bien? – En su rostro pude ver una máscara de preocupación.
    – Sí, tranquilo. No me pasa nada. Sólo me mareé un poco. – mentí. Me abrazó y me besó en la frente.
    – Vamos, princesa. Cámbiate, se nos hará tarde.
    Me cambié con lo primero que encontré, unos tejanos negros y un jersey de lana azul eléctrico; me puse mis zapatillas deportivas negras y me hice una coleta. Cuando salí del lavabo, me subió en su espalda y me dijo: “Agárrate fuerte, princesa.”
    Saltamos por la ventana de mi habitación y nos dirigimos al bosque que había al lado de mi casa.
    – ¿Qué hacemos aquí Edward?
    – Bella, lo he pensado mucho y creo que esto no puede seguir
    – ¿Cómo? ¿Qué es lo que estás intentando decirme?
    – No puedo seguir con esto, Isabella. No puedo compartí mi eternidad contigo. No te amo tanto. Tú quieres más; quieres que te convierta. Y yo no estoy seguro de que tú seas la mujer con la que deseo vivir mi ni vida siempre.
    – ¿Cómo? ¿Tú no me amas?
    – Sí, sí que te amo. Pero no tanto como para convertirte. No sé si pasaría mi existencia contigo.
    – Pero yo me entregué a ti… Pensé…
    – Ese es el problema, Isabella. Tú creíste. Yo no estoy seguro, no me convienes. Yo quiero vivir distintas relaciones y tú ya diste por hecho que yo me iba a quedar contigo.
    – Tú… tú… eres… un monstruo. – estaba muriéndome por dentro, pero no quería que me viera destruída.
    – Ya te dije que era un monstruo y tú me aceptaste.
    – No me puedo creer lo que estás haciendo Edward. – ya no puede aguantar más y rompí en un llanto que no me dejó ni hablar.
    – Cuídate, Isabella. Se feliz que yo lo seré. Los de mi especie olvidan con mucha facilidad.
    Con eso me dio un beso en la frente y se marchó. Yo empecé a correr por el bosque sin saber muy bien dónde iba.

    Descubriendo mi futuro II
    No supe muy bien lo que pasó los días siguientes. Sólo que parecía un zombi. No comía, no podía dormir; las pesadillas eran espantosas, no hablaba.
    Mi amigo Jacob hizo lo imposible por hacerme reír, por ver a la Bella que Edward Cullen había destrozado, aquella Bella que él había matado. Sin embargo, nada funcionaba; me estaba dejando morir y la gente que de verdad me quería estaba muriéndose conmigo. Mi papá, Charlie, ya no podía más y me puso un ultimátum.
    – Bella, o te das una oportunidad de vivir, de volver a ser feliz o te mando con tu mamá. Yo no sé qué hacer para verte mejor. Ya no puedo cuidarte, cielo. Tienes dos días para cambiar tu situación o Renée vendrá a buscarte. – me advirtió. Pobre, de verdad le estaba haciendo sufrir. Esto no podía continuar así, necesitaba pensar, así que me fui a nuestro prado para poder pensar qué hacer con mi vida.
    Pensé y pensé. Decidí seguir adelante. Nadie, tan despreciable como Edward Cullen, por mucho que lo amara, tenía derecho a destruirme. No después de no amarme. Él tenía razón, era un monstruo, y de los peores. Recordé el día en que lo había visto por primera vez en el instituto, cuando me dijo que era mejor no ser amigos. ¡Cuánta razón tenía! Cuando dio mi primer beso… La primera vez que me dijo que me amaba… Recordé todas y cada unas de sus mentiras… Ese día fue en el que comencé a odiar a Edward Cullen. Jamás volvería a estar en mi vida.
    Ese día empezaba mi nueva vida.
    Empecé a quedar con mis compañeros de clase, a ir a La Push con mi mejor amigo, Jake. Volvía a reír y a comer pero algo en mí no andaba bien. Todo lo que comía, lo vomitaba y cada día estaba más gorda no sabía muy bien lo que me pasaba, hasta que Leah, que sabía toda la historia con el Cullen, sugirió que me hiciera un test de embarazo. Le dije que eso era imposible, que él era un vampiro. Los vampiros estaban muertos, no tenían vida interior ¿Cómo iba a estar embarazada? Aún y con esas se puso tan pesada que lo fui a comprar y me lo hice.
    Cuando vi el resultado casi me muero. ¡Estaba embarazada! ¿Qué iba a hacer ahora? Ya había enterrado a Edward Cullen en un rincón de mi cabeza, ya no me hacía daño y ahora tendría un niño que me recordaría a él, no lo podría superar.
    Me fui a nuestro prado otra vez, llorando, porque la herida se había vuelto a abrir. No podía dejar de hacerme daño, nunca lo haría. No, no. Yo no podía tener a ese niño, no estaba preparada, no podía… Y entonces fue cuando lo escuché.
    Mamá, no nos mates.
    – ¿Quién eres? ¿Dónde estás?
    Soy tu hija, mamá. Una de ellas. Por favor, no nos mates.
    Eso no podía ser. No tenía bastante con escuchar la voz de él en sueños o cuando hacía algo peligroso; cosa que se me había vuelto una costumbre normal; si no que ahora también escuchaba la voz de su hijo. Definitivamente yo me estaba volviendo loca.
    Mamá, no estás loca. De veras, estamos aquí. Te queremos. Por favor, no nos mates.
    – No. Tú no puedes ser real. Sólo eres mi imaginación. ¡Por Dios! ¡Es que nunca iba a poder olvidarme de ti!
    Sí, mamá. Lo podrás olvidar. Serás feliz. Y me escuchas porque no somos unos bebés normales. Te recuerdo que mi papá no es muy normal.
    – ¡Madre mía! ¡Es real! ¿Ahora qué hago? ¿Cómo le digo a Charlie?
    No. No, mamá. Al abuelito no le puedes decir. No aún.
    – ¿Cómo que no? Él se enterará tarde o temprano. ¡Mírame! Cada día tengo más panza. ¿Cómo hago para que no se entere? Tengo que ir al médico y le dirán.
    No, no. No puedes ir a un médico normal. Te tienes que ir a Italia. Ellos sabrán qué hacer, mamá. No tengas miedo, nunca más volverás a estar sola.
    – ¿Cómo que a Italia? ¿Qué hay allí?
    Mamá, allá vive el clan más poderoso de los vampiros. Ellos te protegerán y te ayudarán.
    – ¿Y a Charlie qué le digo?
    Dile que necesitas un cambio de vida. Él lo entenderá.
    – Vale, lo intentaré. Pero no les prometo nada. También tengo que despedirme de los chicos de La Push.
    Hazlo. Si no tío Jake no te lo perdonara nunca. Él te entenderá mami, tranquila. Y pronto habrá una alianza entre vampiros y licántropos.
    – ¿Cómo que licántropos?
    Más adelante ya sabrás, mamá. Ya sabrás.


    Despedida
    Le conté a Charlie que necesitaba viajar, que necesitaba pensar qué hacer con mi vida y cómo quería enfocar mi futuro.
    – Bella, cariño, te veo mucho mejor. Hasta has engordado unos kilos. Si tú crees que es lo mejor para ti, yo te apoyo. No me hace mucha gracia que vayas sola, pero es tu decisión y te apoyaré. Con una condición.
    – ¿Cuál, papá?
    – Que me digas dónde vas.
    No le digas dónde vas. No lo puede saber nadie, mamá.
    – Papá, no sé a dónde me dirijo. Me voy a la aventura. – le respondí con una sonrisa para darle confianza.
    – ¿Cómo que no sabes a dónde vas?
    – Tranquilo, papá. Te prometo llamar dos veces por semana. Y cuando sepa cuál es el destino, lo sabrás. ¿Vale? – le di un beso en la frente y lo miré con una sonrisa en el los labios que, por primera vez, sí que me llegó a los ojos. Estaba feliz. Iba a ser mamá y uno de mis bebés hablaba conmigo, me querían y nunca más estaría sola. Pero el odio por él aumentaba cada segundo.
    – Está bien, preciosa. Si es lo que tú quieres, lo entiendo. Sé que eres una chica responsable y si de verdad tú quieres esto, seguro que te hará bien.
    – Papa. Renée. ¿Cómo crees que lo tome ella?
    – No te preocupes, Isabella. Yo hablaré con ella y ella entenderá.
    – Gracias, papá. Eres el mejor padre que pude desear. –se lo tenía que decir, no sabía si lo volvería ver.
    Lo volverás a ver, mamá; pero tardarás en hacerlo.
    – Papá, voy a despedirme de Jake. Quiero irme mañana.
    – Está bien, Bells. Ve.
    Iba camino a La Push y cada vez se me hacía más y más difícil pensar en qué decirle, pero una voz en mi cabeza me habló:
    Mamá, cuando llegues tú dile al tío Jake que te toque la barriga; nosotros nos encargamos de todo.
    – No me acostumbro a esto, ¿seguro que no estoy loca?
    No, mamá. No estás loca.
    – Bien. Ya casi llegamos.
    A lo lejos podía divisar ya la casa de Jake. Llegué, me bajé de mi furgoneta y me dirigí a la puerta. Mi amigo salió antes de que yo pudiera tocar.
    – Hola, Bella. ¿Cómo? ¿Tú por aquí?
    – ¡Jake! – ya estaba timbrando; no sabía cómo le iba a decir.
    – ¿Qué tienes, Bella? ¿Te encuentras bien?
    – Sí, Jake. Sólo que…
    – ¡¿Qué, Bella?! ¡Me estás asustando!
    – No, tranquilo. Estoy bien. Sólo… ¿Podrías poner las manos en mi barriga, por favor?
    – Bella, si querías intimar conmigo, sólo tenias que decirlo. – rió.
    – ¡Noooooo! No es nada de eso.
    – Ya lo sé, Bells. Es que es un poco raro; aunque tú ya eres un bicho muy raro… ¡Sino mírate! ¡La eterna amiga de los chupasangre! – se carcajeó.
    – ¿Cómo sabes tú…? ¿Te lo dijo Leah?
    – Bella, yo sé más de lo que tú crees. Pero con el tiempo lo sabrás, tranquila. Yo no te lo puedo decir. Tú eres rara pero muy lista. Lo descubrirás, ya lo veras. Bueno, ¿para qué has venido? Aparte de querer que te meta mano. – volvió a burlarse.
    – Jake, ya no te rías de mí y hazme caso. No es broma. Jake, por favor, tócame la barriga.
    Bebé Varón:
    – Este chucho no la tocará. Te lo dije, hermana. Su cabeza no da para más.
    – Sí lo hará. Lo vi.
    Mi mamá seguía repitiéndole que lo hiciera y éste sólo le gastaba bromas. La verdad que era un poco terco. No sabía qué clase de amigos tenía mi mami, sólo esperaba que con el tiempo fuera más inteligente. El futuro le tenía preparado algo grande para su clan y si el perro ese no era más inteligente, no sabía qué pasaría.
    – Vamos, Jake. Hazlo por mí, por favor. – le volvía a pedir mi mamá.
    – Está bien, Bella. No sé lo que quieres, pero te haré caso.
    – Jake, por nada del mundo saques las manos. Sé que te puedes asustar en un principio, créeme, a mí también me pasó, pero, por favor, aguanta muchachote o pensaré que eres poco hombre. – esta vez mi mamá se burló del perrito.
    – Bella, por favor, no me va asustar tu barriga… – rió.
    Por favor, ya se decidía. Ahora sólo me quedaba hablar con el chucho.
    – Sé amable. – medio me ordenó mi hermana. – Recuerda lo que será tuyo en un futuro.
    Jacob:
    No sabía qué le pasaba a Bella, pero la veía nerviosa. Yo haría lo que me pidiera. Maldito chupasangre. ¿Cómo le había podido hacer eso a ella?
    Lo sé, Jacob. Es un maldito. Ahora, no separes las manos del vientre de mi madre o perderé el contacto contigo. Con los licántropos esto cuesta mucho.
    ¿Cómo que tu madre? ¿Cómo sabes lo que soy? ¡Espera! ¡¿Qué carajo haces en mi cabeza?!
    A la primera pregunta, mi mamá es Bella. A la segunda y a la tercera, sé lo que eres porque puedo leer tu mente y adentrarme en ella por mi condición: soy medio vampiro, medio humano; un hibridó nos llamarían. Ahora escucha, y de lo que te diga no puedes contarle nada a ella y debes bloquearlo para tu manada. No lo puede saber nadie. Mi papá buscará a mi mamá aquí en Forks dentro de tres meses. Ella ya no estará, nos vamos a Italia para que nos pueda tener. Allí está el clan más grande de vampiros que existe. Ellos la ayudarán a que nazcamos sin que muera. Tú serás siempre su mejor amigo; ella cuenta con tu apoyo; te quiere mucho. Ayúdala. Esto no será fácil para ella y sobre todo, contrólate delante de mi padre. Ese mal nacido no se puede enterar dónde está mi madre; no todavía. Ella necesita tiempo, mucho tiempo; para superar todo el daño que le hizo. Tú vendrás a vernos dentro de dos años a Italia, a Volterra. Mi hermana te llamará una semana antes. En dos años podremos terminar con el trabajo que tenemos que hacer en Volterra. Confía en nosotros, serás muy importante para nosotros. Sólo confía.
    No sabía porqué pero algo me decía que tenía que confiar en él y así lo haría.
    Está bien. Haré lo que me dices. Confió en ti. Cuida de Bella. Intenta que sea feliz.
    Lo será, Jake. Lo será. Simplemente confía en mí. Otra cosa. Cuando vengas a Italia tienes que traer a Leah y Seth, ellos también tienen parte en este nuevo futuro que unirá a dos de las especies más poderosas del mundo.
    – Eso no lo entiendo bien, pero supongo que con el tiempo todo se verá

    Como habréis podido ver, a algunas sí les conteste los comentarios y a otras no, así que para que veáis que os tengo presentes y que aprecio muchísimo sus comentarios, os agradezco a todas públicamente.
    Aleja Cullen Black Potter , Hajabeg452, Conny!, capi, Aleja Cullen Black Potter , LiiQanLu , JaliceJalice , ANITA ROCIO, michi nolet , miadharu28 , miadharu28 , Tast Cullen
    Espero no haberme dejado a nadie. Si no, me mereceré un tomatazo. Si me dejé a alguien hagánmelo saber.
    Volterra
    Así fue como me despedí de Charlie, con la escusa de que quería comenzar de nuevo y que aquí no podría. Al principio no le hizo mucha gracia, pero lo aceptó.
    En el aeropuerto me pasó algo muy extraño, pero mi vida ya estaba llena de cosas extrañas. Empecé a escuchar los corazones de la gente, a sentir su olor y, por un momento, algo de sed. Pero ahí estaba mi pequeña para informarme de todo:
    Mamá, lo que sientes es nuestra sed. Tenemos hambre. Pero tranquila, aguantaremos hasta que lleguemos. Aro ya te espera en el aeropuerto de Florencia. No te preocupes, no te hará preguntas, puesto que lo sabe ya todo. Mi hermano pequeño se lo comunicó.
    ¿Cómo que le comunicó? ¿Quién es Aro? ¿Cómo lo hizo?
    Él puede leer la mente, como papá, pero con la diferencia que también puede comunicarse mentalmente con quien desee y controlarlo a su voluntad. Tranquila, mamá. Todo estará bien, sólo quedan unas horas.
    Todavía no me creía lo que me estaba pasando. La ropa ancha que llevaba me ocultaba la barriga, a Charlie le dije que con la ansiedad que tenía por todo lo que me había pasado me dio por comer y por eso mis kilos de más.
    Estaba más o menos de un mes y ya tenía la barriga de una de seis; y cada minuto crecía más y más. Me dolía mucho el cuerpo.
    Subí al avión y me dormí, esa vez sin pesadillas. Tuve un lindo sueño de tres lindos niños. La más alta era castaña con el pelo muy desordenado y con unos enormes ojos verdes, se parecía tanto a Edward. Detrás de ella corría un niño de pelo castaño, como el mío, con rizos y con el mismo color de ojos que yo, se parecía mucho a mí, pero la sonrisa era de él. Por último, a lo lejos, se veía a una mujer exactamente igual que yo pero con la piel más pálida junto a una niña con el cabello cobrizo y muy liso, y los ojos verdes. La mujer le estaba leyendo un libro, ella la miraba con un amor enorme. ¡Un momento! ¡Esa era yo! Entonces, ellos… ellos eran mis hijos. ¡Dios mío! ¡Eran tres!
    Me despertó la azafata para decirme que ya habíamos llegado. Bajé del avión y me dirigí por un pasillo hasta la zona de recogida de maletas. Al girarme me encontré con un hombre con la piel más pálida que había visto en mi vida, casi era trasparente, llevaba una capa negra que le cubría todo el cuerpo. A su lado, había una mujer de mi estatura que no se separaba de él, pero no podía verla muy bien, y dos hombres más, uno era muy alto con el pelo negro como el carbón, no debería tener más de 25 años, éste llevaba una capa gris pero no llevaba puesta la capucha; el otro era igual de grande y musculoso que Emmett. El hombre de la capucha se acercó a mí.
    – Tú debes de ser Isabella, ¿verdad?
    – Sí, soy yo. Y usted debe de ser Aro.
    – Así es, querida. Alguien muy especial – me tocó la barriga. – me dijo que necesitabas nuestra ayuda. Solicitó que no te pidiera explicaciones, ya que él me las daría cuando naciera y cumpliera un año. Y así lo haremos, Isabella, te ayudaremos y no te preguntaremos nada hasta que tú no estés preparada para contarnos. Ahora tenemos que partir para el castillo. Dimitri – llamó al hombre que se parecía a Emmett. – coge el equipaje de la señorita.
    Así fue como partimos para Volterra. Al llegar, vi un majestuoso castillo como el del cuento de la Bella y la Bestia. No, era más asombroso aún. Nos abrieron la gran puerta y entramos. Era un castillo medieval, sus muebles, su decoración. Por un momento pensé que estaba en Camelot. Al entrar me esperaba una niña, que no tendría más de 14 años. Era bellísima, tenía el pelo rubio, unos labios muy gruesos. Parecía una muñequita de porcelana. A su lado, había un chico que era exactamente igual que ella. La niña se acercó a mí:
    – Hola, Isabella. Me llamo Jane, y este es mi hermano, Alec. No te asustes, sólo queremos ayudarte. Ahora toma esto, el maestro me pidió que te lo preparara para cuando llegaras.
    – Hola. – saludé. – ¿Qué es eso? – quise saber.
    De pronto volvó a escuchar la voz de mi hija:
    Mamá, es sangre. Nosotros la necesitamos. – me explicó como si fuese la cosa más normal del mundo.
    – ¿Saan… gre? – se me quebró la voz.
    Sí, mamá. Sangre. ¿Recuerdas qué era mi papa? Pues nosotros somos la mitad de él y la otra tuya, pero nos predomina la de él. Tranquila, lo harás bien, ya lo vi. Todo saldrá bien.
    Temblando cogí el vaso. Tenía mucho temor a lo que me respondieran, pero debía saberlo, yo no podía beber sangre humana.
    Alec debió haber visto el pánico en mis ojos porque se acercó a mí y puso una mano en mi barriga:
    – Relájate. Es por su bien.
    – Pero, pero… ¿deee… de qué es la sangre? – conseguí articular.
    – De animal. El amo nos lo ordenó. Tranquila. Ahora, bebe.
    Bebí y me llevaron a la que sería mi habitación estilo medieval. Los muebles se veían viejos pero en muy buen estado y la cama era enorme, la más grande que había visto. Jane me informó que me dejaría descansar y que irían a buscar más sangre porque en breve la necesitaría.
    Pasaron los días y todos me trataban muy bien, en especial Dimitri y Alec. También conocí a Heidi, la novia de Félix. Ella era hermosísima hasta incluso más hermosa que Rosalie. Era rubia, de piernas larguísimas y tenía el pelo por debajo de la cintura. Nos hicimos amigas enseguida. Me recordaba tanto a Alice; me compro un montón de ropa y a mis niños también. Me pusieron tres cunas en mi cuarto. Todo iba bien, demasiado bien pensaba yo, hasta que un día entró Alec en la habitación y me comunicó que Aro requería hablar conmigo.
    Me acompañó al despacho de Aro y se fue.
    – Siéntate, Isabella. Tenemos que hablar. Sabes que tu embarazo no es muy normal, ¿verdad?
    – Sí. – le contesté.
    – Vale. Lo que te voy a comunicar tal vez te resulte un poco difícil de aceptar, pero no hay de otra.
    – Dígame, ¿qué ocurre? ¿Le pasó algo a mis bebés? – le pregunté muy desesperada sólo de pensar que a mis hijos les pudiera pasar algo. Yo moriría, no podría vivir, no sin ellos. También eran lo único que me quedaba de él.
    – No, no. Tranquila. Los bebés está bien, pero tu hijo ayer se comunicó conmigo y me mostró una visión que tuvo tu nena. Tus hijos nacerán en dos días y nacerán muy sanos, no padezcas.
    – Entonces, ¿qué pasa?
    – Eres tú, querida. Te tendremos que transformar o no sobrevivirás.
    No me lo podía creer. Yo, ¡un vampiro! Sabía que eso pasaría tarde o temprano, pero si hubiese seguido con él. Pero, ¿ahora?
    Tenía que hacerlo. Quería ver a mis bebés crecer, no quería dejarlos solos. Ya no tenían padre, no los podría dejar también sin madre.
    – No hay problema. – le contesté. – Pero ¿qué pasara mientras yo me transformo? Por lo que me contó Heidi, estaré tres días en el mismísimo infierno. ¿Quién cuidará de mis hijos?
    – Por los bebés no te preocupes, nosotros los cuidaremos. Yo me preocuparía más de ponerles nombres o no sabremos cómo llamarlos.
    – Vale. Se lo diré mañana.
    Me dirigía mi habitación. Una vez allí, me tumbé en la gran cama y hablé con mi niña.
    – Cariño, tengo que poneros nombres, pero primero necesito saber en qué orden naceréis. – Para poder comentarle a Aro.
    Vale, mami. La primera será una nena como la que viste en tu sueño. Ellos éramos nosotros dentro de dos meses.
    – ¿Cómo dentro de dos meses? ¡Si esos niños tenían como 5 años!
    Así es nuestro crecimiento como nuestra inteligencia. Nuestro desarrollo es muy acelerado, naceremos dentro de unos días y tu sólo tienes 3 meses de embarazo.
    – Vele, sois muy especiales. Sigue. ¿Quién será la o el segundo?
    – La segunda seré yo y el pequeño es el nene.
    – A ver, tú puedes hablar con tus hermanos, ¿cierto?
    Así es. – respondió.
    – Pregúntale a tu hermana mayor si le gustaría llamarse Rosalie. ¿Sabes? Ella es vuestra tía; su sueño siempre fue ser mamá y sé que cuando os conozca os adorará.
    Mamá, ella te escucha. Y sí, le encantaría. Mi nombre no me gusta, yo no me quiero llamar Alice. ¿Qué te parece… Naira?
    – Me gusta. – contesté entre risas. – Y a tu hermano…
    No, mamá. Ese nombre no le gustará. Él lo odia por hacerte sufrir, no quiere llamarse como él.
    Vale, eso me puso muy triste; no quería que mis bebés odiasen a su padre. Él era su padre y eso no estaba bien. Con el tiempo lo entenderían.
    – Bien. ¿Qué le parece Neizan?
    Le encanta, mamá. Le gusta mucho.
    Después de esa conversación con mi pequeña les seguí leyendo el libro Romeo & Julieta, ya que los libros de niños no les gustaron mucho. Me quedé dormida con el libro en las manos y escuchando música clásica.
    Al día siguiente un dolor terrible me despertó. Purgué un grito que se enteró el castillo entero. Me costaba respirar.
    Mamá, Rose lo siente pero se tenía que mover. – me dijo mi hija con una voz de arrepentimiento total.
    – Tranquila, pequeña. No pasa nada. – respondí con voz jadeante. – Todo estará bien.
    A los dos segundos entró Aro acompañado de Marco y Cayo.
    – Relájate, Isabella. Te rompió una costilla. Se están preparando para nacer. Te pondremos morfina para que no sufras tanto.
    – Vale, vale. Todo está bien. – Lo cogí de la mano y le informé: – La 1ª. en nacer se llamará Rosalie; la 2ª, Naira y el 3º, Neizan. ¡Aaaaaah! – otro dolor y ese mucho más fuerte. Eso era insoportable, aunque me habían puesto morfina dolía, y dolía mucho.
    Pase 50 minutos sufriendo, me rompieron la columna y creo que todas las costillas. Y ahí los vi en los brazos de Jane, Alec y Dimitri. Luego, los tres maestros comenzaron a morderme y todo se volvió negro.
    Mi trasformación no fue nada normal. Me duró un mes y medio, pero no sufrí nada. Fue como estar en coma. Justo al mes y medio mi corazón dio su último latido y mis ojos derramaron la última lágrima.
    Al despertar estaban Aron, Marco, Cayo, Alec, Jane, Dimitri, Félix y Heidi. Detrás de ellos se encontraban tres niños preciosos de unos 5 años que me miraban con curiosidad y amor, mucho amor.
    – Son mis hijos. – dije en un susurro. Mi voz había cambiado mucho. Ahora era más bonita. Me puse de pie con una velocidad asombrosa y, de pronto, todos se pusieron a alrededor de mis hijos.– ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué los cubrís?
    – Bella, querida. Ellos son mitad humanos. ¡Tienen sangre! Sus corazones laten y tú eres una neófita, no sabes aún controlar tu sed.
    – Abu. – le llamó Naira. – Ella no nos hará nada, lo he visto. Casi no necesitará comer. Tiene un autocontrol que no habías visto en tus 1500 años. Confía en mí. Y déjanos abrazar a nuestra mami ¡¡¡Ya!!! – Los tres empezaron hacer pucheros y a llorar.
    – ¡Oh, no! No otra rabieta. Está bien pueden ir a ver a mamá, pero con cuidado.
    – Aro, viejo, hermano. Estos niños serán tu perdición. No puedes dejarles hacer lo que quieran sólo porque lloren un poco. – le dijo Cayo.
    – ¡Mira quién habla! – se reía Marco. – Neizan te pidió que comieras comida humana, si no él no lo haría y tú lo hiciste sin chistar siquiera.
    Yo mientras tanto seguía mirando a mis niños. Poco a poco me fui acercando. Todos me miraban con temor, pero yo sabía que no les iba a hacer daño. Me puse de cuclillas para estar a su altura y extendí mis brazos. Los tres, en una milésima de segundo, ya estaban encima mío. Fue un gran abrazo.
    – ¡Mami, mami! ¡Cómo te hemos echado de menos! Eres un poco dormilona, ¿eh? – me dijo Neizan entre carcajadas.
    – Mami, por fin estamos todos juntos. – me dijo Rosalie llorando.
    – ¡Va! No seáis bebés. Ya os dije que despertaría. – les dijo Naira