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    El Uchiha sin previo aviso la recostó sobre la cama y comenzó a besar el cuello de la fémina mojándolo con las gotas de agua que aún no se había secado. La joven de ojos verdes le seguía el ritmo con la propia boca y se percató que la toalla que cubría a su antiguo sensei se había deslizado y ahora se encontraba desnudo sobre ella.
    Se veía que el masculino estaba con prisa, porque sus manos ya rondaban por sus pechos y su ropa interior, necesitado por un contacto más íntimo. Ella gimió en su oído cuando sintió como era desnudada por Itachi de una manera sumamente intensa, dejando rastros de fuego a su paso.
    Cuando ambos quedaron libres de prendas se tomaron unos minutos para acariciarse y enloquecerse de a poco con el permanente roce de sus pieles deleitándose con la idea de que no podían estar más cerca físicamente que eso además de lo único que faltaba.
    —I-Itachi… onegai—pronunció suplicante por ser nuevamente suya.
    —Hai…—dijo roncamente posicionándose en la entrada de la chica.
    No tardaron en unirse nuevamente, pero esta vez sobre el lecho del Uchiha, en su habitación. Itachi era un amante atento que rozaba las piernas de la chica con sus manos mientras que profundizaba en su interior vigorosamente y la llevaba a la cima del gozo.
    Al sentir que Itachi iba cada vez más fuerte se llenó por dentro con la codicia y quiso más de él, por no decir todo, arqueando la espalda para multiplicar la delicia que estaba disfrutando su cuerpo y corazón ante los constantes estímulos.
    El frenético ritmo que llevaban acabó por terminar cuando las constantes oleadas de placer los llevaron al éxtasis. Culminó su acto con sus respiraciones irregulares y con Sakura reposando de su esfuerzo en el seguro pecho de Itachi quien acabó fuera de ella.
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    Con vehemencia el Uchiha se deshizo de los abrigos de ambos. Había aprendido lo mucho que estorbaban y ya le estaban dejando de agradar, pero de todos modos los usó como manta para estar sobre ellos en su acto amoroso. Bajó el cierra de la blusa de Sakura mientras ella le hacía difícil ser paciente al morder su oreja con fervor.
    Entonces la joven hizo algo que Itachi no imaginó que haría al menos en mucho tiempo. Lo acarició por encima del pantalón en su intimidad, buscando encenderlo hasta el punto de verlo rendido a sus pies y así fue cuando introdujo su mano para estimularlo dentro de su atuendo, acariciándolo directamente.
    —S-Sakura—gimió por la mezcla de sorpresa y erotismo de la situación.
    No pudo guardar la compostura por mucho, porque de inmediato su cuerpo reaccionó ante los estímulos y tuvo que retirar la mano de Sakura.
    Casi rompiendo su ropa quitó la blusa y el sostén de la moza de ojos verdes y tomándola por la cintura devoró sus pechos con la boca, mientras que la joya que le había obsequiado hace tres años se encontraba entre sus dos montes como adornando lo que para él ya era divino.
    La zagala suspiraba ante la mezcla de lamidas y mordidas que le propiciaba el hombre que le otorgaba aquellos mimos y para profundizarlo sujetaba su cabeza contra sí.
    La humedad en ella aumentó cuando se vio despojada de toda prenda y sintió que los dedos de Itachi buscaban internarse en su cavidad. No supo por qué, si por los nervios o por la elevada excitación, cerró sus piernas con la mano del Uchiha en medio, impidiendo que se moviera con total libertad.
    —No creas que eso me frenará —le dijo con plena convicción y cuando lo decía de esa forma había que tomarlo en serio.
    No entendía cómo planeaba hacer que el asunto tomara otro rumbo, pero lo supo cuando comenzó a besar sus piernas con bravura desde sus caderas hasta la punta de los pies. Era demasiado placentero ver cómo se deslizaba por sus curvas como si las conociera de siempre. Sabía cómo tratarla y no tardó en abrir sus piernas nuevamente para él.
    Sin demora pudo mover su dedo con libertad dentro de la kunoichi y ella se aferraba a los abrigos que se encontraban debajo de ella, de las flores, de lo que fuera con tal de no detener la maniobra del Uchiha. Hubo un momento en el que sabía que no podría seguir aguantando y en un único paso empujó a Itachi quedando sentada sobre sus caderas, en una posición en la cual ella mandaba. Era su turno.
    Primero volvió a besar intensamente la boca del masculino cuidando de que su lengua provocara hasta el último de los frenesíes en él y luego aprovechando su distracción alcanzó el cierre de su pantalón para avanzar a su siguiente paso. La mano del Uchiha la detuvo.
    —No tienes que hacerlo—le dijo atentamiente a su antigua alumna.
    —Es lo que quiero hacer—insistió Sakura terminando de bajar el cierre.
    La mano de Itachi dejó de frenarla entendiendo que era algo que ella deseaba y que no podía tomar las decisiones por ella. Se dejó hechizar por esa femenina mano que había sacado su miembro e iniciaba con las caricias de abajo hacia arriba sacándole varios suspiros de la boca.
    El mundo se dio vuelta cuando vio la lengua de Sakura trabajando en su glande con inexperiencia, pero sabía cómo hacer que se le notara que estaba siendo fuertemente complacido. Miró hacia el cielo para concentrarse en la cima del cielo a la que la chica lo estaba llevando, pero cuando sintió que la muchacha lo tomaba enteramente en su boca se vio impulsado a mover sus caderas para acompañarla y revolver sus rosados cabellos.
    La joven de ojos color de esmeralda observaba fascinada el punto al que hacía llegar a quien había sido su tutor por años. Sacaba conclusiones con cada tacto que le propinaba, era hasta entretenido de hacer. Itachi podía ser frío, distante y tan profesional que jamás lo imaginaría es una junta casual con amigos o familiares, pero en el lecho él era sólo de ella.
    —S-Sakura… detente —pedía el Uchiha apartando sutilmente la cabeza de la chica con su mano.
    El palpitar de su hombría hizo ver a la muchacha que estaba por venirse y que no quería que todo acabara en un mismo momento, era demasiado pronto. De ser Itachi el que estaba en el suelo sobre las flores pasó a ser ella. Todo era muy propicio para lo que querían en esos momentos, pues ambos estaban ya desnudos, solos, en medio de una pradera y con los ojos hablando por sí solos.
    Itachi se colocó entre ella llevando de inmediato las piernas de la muchacha sobre sus hombros para iniciar el frenesí más profundo que llegaran a tener y lentamente entró en la estrecha cavidad. La moza se sentía tan a gusto con sentirlo nuevamente que arqueó su cuerpo mientras sus uñas se aferraban a la varonil espalda del poseedor del sharingan.
    Las embestidas empezaron lentas, pero profundas y precisas, tal y como ellos querían, pero llegaron a ser una tortura por codiciar más. Las piernas que Sakura había recientemente enredado alrededor de la cintura del Uchiha hacían que perdieran toda cordura y llegaran a un ritmo casi animal. Como no se encontraban en la guarida de Akatsuki y disfrutaban de un espacio abierto podían gozar de gemir cuanto quisieran, pues sus conocimientos les garantizaban una placentera soledad.
    —¡Ah, no resisto! —gritaba la muchacha arqueando ineludiblemente su espalda.
    —Di… mi nombre —suspiró el Uchiha en su oreja roncamente.
    Después de esa petición aumentó la frecuencia de sus penetraciones considerablemente para provocar que su compañera llegara al éxtasis, a la cima del placer. Sentía que también él llegaba al mismo lugar.
    —¡I-Itachi! —gimió con fuerza.
    Las paredes del interior de la chica se contrajeron y el Uchiha supo que debía salir antes derramarse en ella, pero se sentía tan bien que no pudo retirarse a tiempo y acabó por vaciarse dentro, con su semilla fluyendo en el cuerpo de la kunoichi.
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    Repetidos besos se escucharon adornados con suspiros de parte de los dos amantes, todo era para ellos dos. Sus pesados abrigos fueron lo primero que desapareció, les impedía sentir sus fragancias y compartir el calor que comenzaba a surgir cada vez más.
    Siguiendo sus instintos, fue la misma Sakura quien dejó desnudo el trabajado pecho de Itachi asombrándose ella misma con lo que hacía. Todas las sensaciones eran tan nuevas y le gustaban tanto que no se tomaba el tiempo para procesarlas, sólo las seguía por temor a perderlas.
    Acariciaba su torso y pronto comenzó a sentir los cambios que había en cada uno. Sus pechos los sentía graciosos, extrañamente duros así como la estrechez que notaba en el pantalón del Uchiha, todo aquello le gustaba. Sus mejillas se encendieron más cuando Itachi retiró su blusa para dejarla en sostén. El siguiente paso era despojarla de su falda.
    —Levanta tus caderas—pidió a la chica de ojos verdes.
    Así la despojó de la molesta prenda que una vez retirada dejó a la vista sus curvas, especialmente la de sus blanquecinas piernas. Itachi se tomó el tiempo para observarla haciéndose un poco hacia atrás y pudo ver todas las curvas que ocultaba bajo la ropa de Akatsuki, era divina. Sakura advirtió la forma en que era contemplada y se avergonzó intentando infructuosamente cubrirse con sus manos.
    —Iie, no te cubras—ordenó el Uchiha acercándose a su oído— Eres… hermosa.
    Sakura sintió derretirse en sus brazos cuando le dijo eso que jamás había escuchado de nadie y que ahora oía de quién más le importaba. Quitó sus manos para volver a ser vista por el Itachi y éste besó su cuello con intensidad mientras masajeaba por sobre su sostén. Su inexperiencia le decía que se dejara llevar y acarició la amplia espalda del joven. El suave, pero firme tacto de sus manos comenzaba a hacer gemir en su oreja provocando que continuara con mayor empeño.
    Cuando se dio cuenta, el mozo había desabrochado la prenda y sus endurecidos pechos quedaron al descubierto. No tardó en sentir las grandes manos de Itachi frotando su piel directamente y su boca expulsó los suspiros de placer que había intentado reprimir.
    —I-Itachi—suspiraba aferrándose más a él.
    El Uchiha sentía la inmensa tersura de la piel de la kunoichi contra él y eso le hacía perder la cordura poco a poco para caer en el velo de la pasión. Se preguntó qué sabor tendría y bajó su cabeza para lamer sus pezones haciendo que ella también dejara de lado la compostura y apegara la cabeza del varón contra su piel. Levantó su rostro unos segundos después.
    —Ahora estate tranquila—dijo antes de dirigirse a la última prenda que le quedaba.
    La muchacha tenía que admitir que se sentía muy nerviosa de estar completamente expuesta ante sus ojos, pero era lo que había pedido y lo que deseaba. Apretó sus ojos cuando sintió que la tela se deslizaba por sus piernas y los volvió abrir cuando sintió que el rostro de Itachi se encontraba mirándola con intensidad en su intimidad.
    Lo que vino sacudió su mundo. Nada en el rostro del poseedor del sharingan delataba la pasión que sentía, pero sus ojos de depredador centellaban como nunca, indicando lo que se encontraba hirviendo en su interior. Arqueó su espalda cuando sintió la lengua del Uchiha rozando su entrada hasta hundirla por completo provocando que la joven se aferrara a las sábanas y mirase hacia el techo concentrándose en la sensación. No era brusco, al contrario, podía ser muy frío cotidianamente, pero eso no se veía en el lecho.
    Itachi la sentía sumamente mojada y cada gemido no ayudaba en ser paciente. Observó con detenimiento el estado de Sakura con sus mejillas coloradas, su respiración irregular y su humedad. Estaba lista.
    Desabrochó pausadamente el pantalón que usaba que ahora se había vuelto insoportable por la presión ejercida y con él también bajó todo retazo de ropa que le quedaba para encontrarse en las mismas condiciones que Sakura, en total desnudez.
    La muchacha jamás había visto un hombre desnudo y al avistar el imponente miembro de Itachi se desasosegaba más, pero en ningún instante volteó la vista. Sintió la mano del Uchiha acariciar su mejilla y se disolvió en el acto. Nada la enloquecía más que ser acariciada por él. El joven se posicionó entre sus piernas listo para penetrarla y le habló antes de proceder.
    —Aférrate a mí—indicó— Te dolerá unos momentos.
    Confió en lo que decía y colocando sus manos en su espalda esperó el primer impacto. Un ronco gemido salió de los labios de Itachi cuando entró en ella de una sola embestida desgarrando su himen que hasta ese momento se había mantenido intacto. Debido al dolor emitió un sonoro chillido que apagó hundiendo su cabeza en el cuello de quien había tomado su virginidad. Le dolía mucho y la sangre que goteó de su interior era la prueba de ello, pero cuando sintió la boca de Itachi mordiendo y lamiendo el lóbulo de su oreja olvidó su calvario y empezó a disfrutar de ello.
    Lentamente se movió dentro de Sakura deleitándose con la estrechez que estaba experimentando. Tenía grandes impulsos de seguir con toda su fuerza hasta quedar agotado, pero no sería la ocasión de hacerlo. La poca velocidad comenzó a ser una tortura para la muchacha quien ya se había acostumbrado a sentir al mozo dentro de sí.
    —Y-Ya estoy bien, más rápido Itachi—pedía Sakura gimiendo con sus labios entrecerrados.
    Viendo en sus ocelos que quería lo mismo que él la atrajo más hacia sí por sus caderas para aumentar la intensidad de las embestidas. Todo se volvió más vehemente desde ese instante. Itachi la sujetaba con firmeza deslizándose en su interior mientras la moza cerraba sus piernas en la cintura del imponente hombre y enredaba sus manos en el pelo oscuro del Uchiha.
    Pronto en uno de los movimientos pélvicos que hacía Itachi detectó un punto que hizo gemir de sobremanera a la joven en sus brazos.
    —“Lo encontré” —pensó moviéndose con mayor grado en esa zona.
    Ahí fue cuando Sakura perdió el poco control y timidez que le quedaban. Se apegó lo más que pudo al cuerpo del Uchiha acompañando en sus movimientos para llenarse por completo de los efectos que percibía y él levantó sus piernas para satisfacerse mutuamente. Era algo demasiado fuerte.
    Se miraron directamente a los ojos sin despegarlos del otro en esos momentos en los que no sabían qué era qué y quién era quién, el mundo se había hecho demasiado poco importante como para acordarse de él.
    En ese punto la lujuria se había hecho presentes en ambos. El Uchiha
    —I-Itachi, creo q-que voy a…—intentaba decir la muchacha.
    Era evidente lo que significaba a ello, estaba llegando a la cumbre del placer de una manera bastante potente, pero no era la única.
    —Lo sé—decía roncamente Itachi— Yo también… S-Sakura.
    Sería al mismo tiempo. Con las últimas fuerzas que les quedaban se estimulador mutuamente con besos y mordidas en los espacios en los que sus pieles se encontraban aún expuestas. Todo fue profundamente apasionado cuando llegaron a compartir un poderoso orgasmo que los sacudió de los pies a la cabeza.
    —¡Ah!, ¡Itachi! —gritó Sakura con ojos vidriosos.
    Sus paredes se hicieron más estrechas provocando un estímulo que recibió Itachi retirándose a tiempo para derramarse fuera. Sakura sintió la enorme calidez que la llenó y de súbito se dejó caer en las sábanas que habían atrapado el aroma de ambos.
  4. Las manos buscaron contactos más íntimos y poco a poco las ropas fueron desapareciendo. Ya no acariciaban únicamente sus cinturas, sino que también los labios del joven atrapaban el cuello de la muchacha y ella también recorría su espalda con sus dedos.
    —Bastardo—suspiraba la joven casi inaudible.
    No tardaron en quedar carentes de ropa frente a frente sobre el pasto que minutos antes había sido el escenario de una emboscada. El odio que sentía la joven le impedía ver lo que ante sus ojos resplandecía. Él era perfecto, tonificado y esbelto. Era todo para ella en ese momento y ella era para él. Su figura curvilínea que intentaba esconder bajo insultos, actitudes rudas y ropa ancha.
    Kimimaro se posicionó sobre ella y se miraron a los ojos por primera vez limpiamente. No existía Orochimaru, ni las diferencias que se vivían al interior de su guarida, sólo estaban ellos dos, al menos ese momento les pertenecía exclusivamente a ellos.
    Se había apoderado de ellos la sensación de estar solos en el mundo y por esa misma sensación Tayuya apenas sintió el dolor cuando el joven entró en ella lentamente. Los gemidos de placer de la muchacha solo lo incitaron más a continuar cada vez más rápido y con mayor intensidad, pero aún así no era suficiente para saciar a la flautista.
    —Me gusta, me gusta mucho—suspiraba la joven— continúa, sigue.
    Acató lo que le dijo y siguieron entregándose uno al otro convirtiendo todo aquello que los torturaba en un deleite como ningún otro.