El punto de vista de un vikingo acerca de las cosas del ayer, del hoy y del mañana.
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  1. Bueno, voy a probar esta cosa de los blogs a ver qué carajo.

    Contaré una historia que me pasó en la vida real.

    Resulta que por fin había salido el sol aquel día, como es común, la gente trabajadora se levantaba temprano para hacer sus deberes, los vendedores preparaban la mercancía, los bares y restaurantes abrían sus puertas desde muy temprano, y yo como buen ser humano también tenía que hacer mis propias cosas. Tenía tiempo esperando aquel día de hecho, estaba muy emocionado.

    Cargué con todo mi equipaje y me dirijí al muelle, iba con varios de mis amigos, pasaríamos todo el viaje celebrando con alcohol y obviamente, trabajando cuando nos tocara trabajar. Así fue como abordé ese barco. Era un viaje largo. ¿Unas vacaciones quizás? Es seguro que lo disfrutaría, pero no era exactamente un crucero de placer, en sí, era trabajar mi meta, vivir a costa de tus padres no es divertido siempre. ¿Verdad? En fin...

    Finalmente abordamos aquella embarcación donde como lo suponía al principio no fue más que chistes, anécdotas y baile. Pero también el arduo trabajo en equipo junto a mis amigos para mantenernos en rumbo, pues el barco lo manteníamos nosotros, nos conocíamos todos muy bien allí. Eramos casi hermanos, desde pequeño recuerdo cada una de esas caras. Al cabo de 4 días por fin llegamos a nuestro destino, una isla repleta de verde naturaleza y hermosos paisajes. Tal como lo predije, estarían esperándonos, por lo que, al igual que varios de mis amigos, tomé mi espada, mi escudo y me coloqué el casco, tomé un último traje antes de llegar a la orilla.

    Finalmente tocamos la orilla y todos bajamos de aquel drakkar y esperamos, hasta que finalmente aparecieron. La batalla era inevitable. Recuerdo claramente las flechas volando de lado a lado. Nosotros teníamos mejores arqueros, sin embargo en cuanto a número ellos siempre fueron superiores, pero pronto el pánico les atacó, pues ellos perdieron algunos hombres, nosotros a nadie. Algunas heridas pequeñas, pero no perdimos a nadie. Esas tierras serían nuestras. Poco a poco fueron llegando otros drakkars, nosotros partimos antes para preparar y diagnosticar el terreno. Era nuestro turno en aquel entonces, y en poco tiempo armamos nuesra campaña. Esa primera noche la pasamos muy joviales, al ritmo de algunos bardos y cerdo asado, acompañados obviamente de nuestro fiel amigo el licor, en esas condiciones, había que vivir la noche siempre como si fuera la última.

    Al día siguiente, la batalla comenzó como debía, con sangre. Esos tontos Irlandeses no eran rival para nosotros. Desde el principio Týr nos bendijo en batalla, y como buenos hijos de Odín, matamos hombres y caballos por igual. Yo era de los más jóvenes del grupo, pero no había nada que lamentar, ya había experimentado de todo un poco, incluso tenía una hermosa esposa y dos saludables gemelos en casa, seguramente esperando mi retorno. Gloriosa batalla, sin lugar a dudas dominamos, las pérdidas fueron muy pocas y eso teniendo en cuenta que nuestro número de hombres era menor, claro que ellos eran sólo hombres de campo en su mayoría protegiendo sus tierras, no eran rival digno para nosotros. Muy pocas personas significaron dificultad para nosotros. Luego de que todo terminó, me di la vuelta levantando mi escudo y mi espada con gloria grité en nombre de Týr, Odín y Thor, pero justo en ese momento tras un impacto caí de rodillas al suelo, y mi grito acabó atragantado en sangre que brotaba de mi garganta.

    Fui atravezado por una lanza por la espalda. Mis buenos amigos y compañeros de guerra reaccionaron en seguida y acabaron con ese lanzero irlandés, otros más se acercaron a mi, partieron la lanza y la sacaron de mi cuerpo. Recuerdo claramente sus ojos llorosos, pero a la vez me aplaudían, morí en batalla e iría al Valhalla seguramente a servir a Odin luego de un banquete y una fiesta milenaria. Vi claramente como colocaban las runas poco a poco sobre mi cuerpo hasta que mis ojos finalmente se apagaron. Sin embargo, la última sensasión que tuve fue la calidez refrescante y hogareña que dejaría de sentir. Fue mi funeral, una pequeña balsa conmigo y otros compañeros navegando hacia el horizonte encendida en las llamas de la purificación. Ellos y yo, estabamos felices, iríamos a servir al gran señor Odín.

    ¿La fecha? No la recuerdo con exactitud, pero el año puede haber sido según el calendario cristiano al rededor de 830.