El Señor te ha dado la dicha de vivir un día más, ¡Sonríe! Olvida tus pesares, solo confíaselos a Él, y preparate para gozar un maravilloso día en este mundo de colores. ¡Sé feliz!
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  1. Ok. Esto fue algo que escribí hace algún tiempo so... aquí va!

    Querido Diario:

    Esto es lo que se llama un desahogo de mi corazón. Me he sentido muy mal últimamente. Pésimo. Es decir, me siento muy bien de salud y todo pero… hay algo que me tiene muy inquieta. Y es mi amor por él. Verás, es que creo que de verdad me llegó a gustar. ¡Me hizo sentir tan bien mientras compartía con él! ¡Fue tan real! Me abrasaba, me pedía que lo abrazara, que lo besara, tomaba mis manos, me hacía reír con sus desastres, me arropaba con sus miradas, no dejaba espacio a la imaginación, me llamaba, me buscaba, me agarraba y se dirigía a mí suplicándome con su carita de ñoño que me quedara cuando me intentaba ir. Estaba siempre observándome, incluso en las comidas y en las salidas, tanto que mis amigas incluso llegaron a insinuar y a molestarme con ello.

    Fueron días geniales. Días muy felices para mí, porque me abrí a él, se hizo mi amigo, mi persona especial, alguien con quien podía ser yo misma sin necesidad de preocuparme, alguien, con quien a la misma hora, y en el mismo lugar me acostumbré pasar buenos ratos y a compartir cada risa y alegría, alguien especial, alguien a quien pensé, en un futuro cercano atreverme a llamar amor.

    Me encantaban sus miradas. Esa forma con que sus ojos me perseguían y se clavaban en mí, esa cálida pero misteriosa sonrisa, que se desprendía de sus labios cada vez que sucedía alguna jocosidad, esa combinación tan sutil que, muchas veces, me dejó saber su atracción hacia mí.

    Y ahora… ¡Soy tan infeliz! Las crueldades del mundo, sus propias crueldades, me han separado de él. ¡Fue tan torpe! Jugó con mis sentimientos. Me hizo sentir especial, me hizo su amiga, se interesó en mí y luego admitió frente a mí que tenía novia. Me dio la espalda y se marchó preso de la vergüenza dejando herido mi corazón. Mi alma se está desgarrando. ¡Lo odio! ¡Maldito seas! ¡Soy una estúpida! ¡Lo fui por confiar en ti! ¡¿Por qué no fuiste sincero conmigo?! Sí, se que a veces fui altanera, pero sabes también que fui una niña muy dulce, que no me merecía esto. Ahora quieres reparar tu error… pero no sé si lo pueda permitir. Quiero olvidarte, pero vienes a mí a cada momento.

    No sé qué hacer con este amor, pero solo espero, y le ruego a Dios que algún día, no muy lejano, me permita reencontrarme con él, y así poder reescribir la historia. Y que todos esos instantes maravillosos en los que lo imaginé besándome, yo presa de sus brazos, fruto de un amor puro y sincero, libre de barreras y adversidades de terceros, pero lleno de pasión y entrega total el uno para el otro, se puedan hacer realidad.


    Confesiones de un corazón desesperado