El último golpe en el duro y caliente metal es el eco de los aplausos de unas gradas vacías.
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  1. Pequeños gran fans de Harry Potter, memorias de Idhun y crónicas de la torre entre otros. ¿Habías pensado en un fic que reúna personajes de los mejores libros de fantasía? Muajaja, pues aquí os dejo el prólogo del un fic que he empezado a escribir. Si veo que puede ser viable lo acabaré publicando en Potterfics.

    La naturaleza de la magia - prólogo:
    A Dumbledore sólo le bastó mirar a la cara de Snape para saber qué se disponía a hacer el profesor de pociones, y en realidad, aunque no quería morir, aplaudía interiormente el coraje del hechicero que se erguía ante él con el cabello grasiento y apelmazado contra la cara. Sabía que no iba a conseguir nada suplicando, pero sí sabía que le daría el tiempo que necesitaba para hacer culminar su plan.
    —Severus, por favor…
    Magia ancestral, la magia que había salvado a Harry cuando su madre se sacrificó por él, la magia que nadie llegaba a comprender y la más poderosa de todas. Dumbledore podía intentar salvar a Harry con su sacrificio pero ahora el chico no estaba en peligro de muerte. La magia ancestral es rara y se comporta de una forma bastante extraña y por alguna extraña razón Dumbledore sabía que no lograría salvar a Harry usando ese tipo de magia, pero sí sabía que podía hacer algo más, algo que ningún mago pudiera deshacer, algo que como si de la voluntad de una deidad se tratase, fuese inquebrantable.
    Snape levantó su varita mágica y apuntó directamente a Dumbledore, y éste, aprovechando el momento de duda actuó.
    —Que tras mi muerte, los más poderosos hechiceros del universo se unan contra la mayor amenaza que éste ha tenido y tendrá.
    Las palabras las dijo en su mente sin llegar a recitarlas, pero un suave movimiento acompasado de sus manos y el movimiento de los labios al intentar hablar sin voz hizo salir de su cuerpo un gran torrente de energía que sólo él pudo notar. Dumbledore se sentía terriblemente cansado y no podía siquiera mantenerse agachado. Snape no se hizo de rogar.
    —¡Avada Kedavra!
    Un chorro de luz salió disparado de la varita de Snape y fue a impactar directamente al pecho de Dumbledore. Éste vio una cegadora luz verde, sintió un gran dolor en el pecho y pasados unos segundos todo cesó. No sentía dolor, en realidad ya no sentía nada, sabía que existía pero en realidad no era nada, no veía, no oía… O sí, sí que oía, porque una voz le llegó desde algún sitio, una voz aterciopelada que no se podía catalogar por sexo ni edad, una voz suave y acariciadora, temible a la vez, y llena de autoridad.
    —Dumbledore —dijo—. ¿Sabes lo que has pedido?
    —Sí —dijo él sin saber cómo, no tenía boca ni cerebro pues la voz ni era mental ni era física.
    —La magia ancestral es inquebrantable incluso para un dios, pero he de informarte que has formulado mal el conjuro ancestral, ya que la mayor amenaza que tiene y tendrá el universo no es el regreso de Voldemort ni su ascensión al poder. También has de saber que dentro de universo existen más realidades y que te embarcarás en una de ellas, efectivamente, para ayudar a destruir la mayor amenaza que se cernirá jamás sobre el universo.
    —¿Y Harry? ¿Y Hogwarts? Quién les ayudará
    —Eso ya no te compete a ti, has tenido suerte viejo chiflado, vuelves a la vida, pero quizás no como esperabas. Por cierto busca a los más poderosos hechiceros del universo, estarán como tú, perdidos en un mundo que no es el suyo.
    —Pero espera ¿Quién eres? Tengo preguntas que hacerte, no puedo ayudar en una causa que no conozco.
    —Créeme Albus, la conocerás… La conocerás…
    De repente el dolor volvió y al abrir los ojos Dumbledore se encontró tirado en un suelo cubierto de un musgo rojizo, rodeado de árboles de formas extrañas y bajo un cielo nocturno sin luna. No conocía el lugar pero al ver el animal que le olisqueaba la túnica, un pequeño jabalí del tamaño de un conejo cuyo pelaje era de un marrón rojizo, como un tronco cubierto del musgo rojo que cubría el suelo, comprendió que como había dicho la extraña presencia estaba perdido en un mundo que no era el suyo. Delante de él una criatura de orejas puntiagudas, alto y atlético, con un cabello largo y liso, que vestía una túnica dorada le tendía la mano.
    —Hola, soy Fenris, el elfo, el señor de la Torre del Valle de los Lobos. Te acabo de ver aparecer de repente por aquí y he supuesto que eres mago.
    —Así es —dijo Dumbledore casi sin aliento, el pecho le dolía mucho.
    —Ajá —dijo el alto elfo—. ¿Dónde estamos? Te pareceré raro, pero en realidad aparecí por aquí de repente y no sé cómo he llegado hast…
    Dumbledore se desmayó y el elfo acudió rápidamente a prestarle auxilio, al fijarse en que se apretaba el pecho, impuso las manos en ese lugar y cuando se disponía a hacer un hechizo de curación sin saber muy bien si iba a dar resultado, apareció de repente un hombre de cabello verdeazulado y de mediana edad, justo al lado de ambos, el hombre, al ver a Dumbledore tirado y sin sentido, se arrojó hacia él, le desgarró la túnica y al ver la gran quemadura que tenía en el pecho, le impuso las manos en forma de cruz y tras decir unas palabras, la carne quemada de Dumbledore se restableció y el anciano mago recobró el sentido poco a poco.
    —Debe descansar —dijo el mago de cabellos verdeazulados— Por cierto, soy Qaydar, el Archimago diligente de la orden mágica. —le tendió la mano al elfo pero éste le miraba con desconfianza y Qaydar apartó la mano tras comprobar que Fenris no tenía ninguna intención de estrecharla—. ¿Dónde estamos? Te parecerá raro pero aparecí aquí de repente y…
    —Oye, conozco a todas la personas que forman la diligencia de magos y no hay ningún Qaydar —dijo el elfo mirando receloso.
    —¿Cómo es posible? —dijo Qaydar—. Llevo diecinueve años en este puesto…
    —Yo puedo explicarlo —dijo Dumbledore con voz queda—. Sentaos.
  2. Muajaja, pues os dejo con mi pequeño capítulo de EPDLD recien copiado del blog de Aiduxi (esque misteriosamente he perdido la copia que tenía yo en un intento fallido de publicarlo xD) Espero que os guste.

    EPDLD
    PARODIA RELIGIOSA
    (No le pongo el título porque no quiero, *pedorreta* ¬.¬)

    Narrador: En el noble y digno pueblo de Israel, en lo alto de una montaña cuyo nombre no me da la gana de buscar en Wikipedia, se encontraban Tirabuzones, de apellido Moisés, y Dios, también llamado Likhuh.

    L: Pues, así como está escrito yo te doy Tirabuzones Moisés, las tablas de la ley [le tiende una piedra gris y plana]

    T: Ya, pero está en blanco

    L: ¡No! ¡Está en gris! *cri cri* No, ya en serio ¿Y cómo quieres que esté?

    T [susurrándole]: En la biblia dice que Dios escribió la Ley con su propio dedo.

    L: Ya... [se mira la mano] Es que... verás... me acabo de hacer la permanente, ¿No puedes hacerlo tú? Yo le diré a todos que lo hice yo, tu igual. Así nadie se entera...

    T: Ah bueno, pues vale [coge y escribe los diez mandamientos en la piedra]

    Narrador: Bueno, bonita historia, ya nos veremos en el próximo capítulo, fueron felices y comieron perdices y todas esas cosas.

    T y L: ¡NO!

    Narrador: ¿Ah no? ¿Qué pasa?

    T: Yo no sé por qué te han contratado. Tienes que narrar la historia del recaudador hereje Wariolo.

    Narrador [incómodo]: Ah, claro... Bueno, pues mientras Tirabuzones Moisés, escribía la Ley con su dedo bajo la colina, un campesino tocaba a la puerta de la casa de una mujer muy poco querida en el pueblo. Madame Aiduxi, que vivía con sus dos hijas: Kayazarami y Makar.

    A [gritando como una posesa]: ¿QUIÉN ES A ESTAS HORAS? ¿A quién se le ocurre venir a las séis de la tarde?

    W: Soy yo, señora...

    A: ¿Qué quieres?

    W: Nada... venía a recoger todas sus joyas

    [Kayazarami y Makar van a la habitación a recoger las joyas]

    A [con los ojos desorbitados]: ¿Perdona? Creo que no te he entendido bien

    W: Que vengo a recoger todas sus joyas

    A [Sin podérselo creer]: ¿Para qué? Sí se puede saber...

    W: Sí claro, vamos a coger todas las joyas y haremos un becerro de oro

    A [con los ojos ya para salirse de las órbitas]: ¿Un becerro de oro?

    W: Sí, como nos aburrimos y no tenemos a quien hacer las ofrendas pos adoraremos un becerro de oro.

    A: Tú me estás tomando el pelo ¿no?

    W: Para nada...

    A: ¡DIOS! ¡Maldito sarasa celestial! ¡Baja y dame veritaserum!

    [Entran unas nubes rojas y cargadas de electricidad, el ambiente se tensa, todos esperan la ira del Dios y cuando éste habló lo hizo con una voz tan clara y potente que era imposible llevarle la contraria]

    L: Sí, ama... [le tiende una botella de un líquido transparente]

    A [con una sonrisa cínica]: ¡Muy bien! ¡Perro bueno! Ya puedes irte [Dios se va, Aiduxi mira a Wariolo] Y tú ¡Abre la boca!

    W: ¿Pero qué dice? ¿Está loca?

    A: ¿Yo? ¡Esa está loca! [Señala a Tirabuzones Moisés que va gritando por la calle que Dios le ha dado las tablas de la Ley escritas con su propio dedo, cuando una mujer exclama que Dios tenía letra de mujer, y que curiosamente era la letra de Tirabuzones Moisés, le cae un rayo y se muere]

    K [que llegaba con las joyas en las manos]: Yo de usted le hacía caso, puede ser muy destructiva.

    [Wariolo abre la boca inmediatamente]

    A [le hace beberse todo el bote]: Ahora ¡Canta! ¿Para qué quieres las joyas?

    W: Para hacer un becerro de oro

    A: ¿Para qué quieres un becerro de oro?

    W: Para rezarle y hacerle ofrendas.

    A: ¿Y por qué no lo haces de acero inoxidable?

    W: ¡Porque aún no se ha inventado!

    A: ¡Pues lo inventas! O le pides las joyas a tu madre, pero te juro por mis santos ovarios que si te vuelvo a ver por aquí pidiendo para hacer un becerro de oro, te mato

    W: ¿Y si lo hago de plata?

    A: Como pidas joyas te asesino [mira a Makar] Dame un cuchillo.

    W: ¡No! Ya está, invento el acero inoxidable y hago el becerro [La ve coger el cuchillo] Mire, tengo una idea mejor, voy a inventar el avión y me voy a Irlanda, ya veo mi futuro, seré borracho ¿qué le parece? [No espera la respuesta porque se va corriendo]

    Narrador: Y aquí termina el capítulo, si el lector despistado no sabía cómo se inventó el acero inoxidable o el avión, o no conocía este hecho bíblico, nunca es tarde para aprender. Así que ¡Hasta el próximo capítulo!
  3. Os dejo con el tercer capítulo de mi fic de fantasía. En este capítulo ya se aclaran muchas de las cosas. Practicamente todas y empieza la tensión. Porque cuando terminéis os váis a dar cuenta que lo que Essit pretende está a apunto de pasar.

    La brisa de Pancás: Capítulo 3
    —Id a preparar vuestras cosas, mañana por la mañana saldréis en busca de Essit y sería bueno que descansarais. Preparadlo todo y bajad a cenar.
    Sam y Nala asintieron. Fesi había tomado el mando de la torre y estaba decidiendo que haría cada uno de ellos.
    Sam se despidió de todos y se fue rápidamente hacia su habitación. Nala esperó un poco más porque quería preguntarle algo a Fesi.
    —¿Puedo preguntarle una cosa?
    —Sí, claro.
    Se apartaron un poco de Ama y Deb.
    —¿Usted sabía que mi padre era un mago?
    —Tu padre no era un mago. Era un mentalista que había decidido no estudiar el arte arcano para ayudar a la gente a seguir a los dioses.
    —Pero los mentalistas son magos. A mí me acogieron en Matso Molín por mi don del mentalismo.
    —Bueno, sabía que los mentalistas eran magos y sabía que él era mentalista. Entonces… Podría decirse que sí sabía que era mago.
    —¿Y entonces por qué lo dejó tomar el cargo de príncipe de los sacerdotes?
    —No dependía de mí. Era la voluntad de Quimero, y cuando los dioses hablan nosotros debemos escuchar.
    Nala asintió, no se sentía con fuerzas de seguir hablando. Se despidió y se dirigió a su habitación, pero cuando había andado ya unos tres metros tuvo que volverse nerviosa. Miró a Fesi y éste asintió.
    —Hay un mago en el templo —dijo muy serio Fesi a Ama y a Deb.
    Todos se volvieron a Nala.
    —¡Ella no! ¡Otro mago! —gritó impaciente.
    —¡Essit! ¿Ha vuelto Essit? —Ama bullía de ira.
    —¡No! No es Essit, es… más joven, pero mucho más poderoso.
    Nala también lo sentía, un poder inmenso y diferente. No tenía nada que ver con lo que había visto hasta ahora aunque tenía una esencia parecida a la de su padre. No obstante, era diferente, más viva, era como la esencia de…
    —Eso… Eso… ¡Eso no es un mago! —dijo aterrada y muy pálida.
    —¿Qué es Nala? ¿Qué es? —preguntó Ama con los ojos muy abiertos.
    —Es… No, no puedo serlo —escuchó un golpe— Sí, lo es ¡Es un dios!
    Todos se quedaron petrificados.

    Jim miró a su alrededor. Estaba en una estancia cuadrada, frente a él había unas escaleras místicamente iluminadas por la luz. Seguramente habría un campanario arriba. Las paredes eran marrones, llenas de grabados e imágenes de unicornios en diferentes posturas. No había otra salida que las escaleras. Subió.

    —Viene hacia aquí —Nala parecía trastornada; señaló las escaleras que había al final del largo pasillo.
    Todos se quedaron esperando.

    Jim subió lentamente los escalones, iba pensando en todo lo que le había pasado últimamente y se preguntaba dónde estaba ahora mismo. Al llegar arriba lo único que vio fue a cinco personas atemorizadas, mirándolo como si fuera un demonio.
    —Hola —dijo solamente.
    Todos se quedaron helados, incapaces de decir una palabra, como si estuvieran presos de un hechizo de inmovilidad. El chico que les había saludado, el que subía las escaleras del templo y cuya presencia era la de un dios, era el adolescente que Essit había estado pintando todas estas semanas.
    —Que no se entere de que lo hemos visto antes —susurró Fesi.
    Nala levantó las manos y susurró unas palabras. Una barrera de luz verde se encendió ante ellos y se volvió a apagar con una lentitud mortecina. Jim se acercaba poco a poco, intuía que éstas personas debían poseer también poderes especiales como Essit, sobre todo porque había visto erguirse un muro de luz verde y luego desvanecerse. Cuando estaba muy cerca de ellos notó que una mole invisible le impedía pasar.
    Fesi escupió unas palabras y se trasformo en un lobo humanoide gigantesco y delgado, con unas fauces enormes y unos dientes afilados, tan blancos y brillantes como la luz de la luna.
    —Necesito ayuda…—dijo el desconocido, desesperado—. No entiendo qué me pasa y no sé dónde estoy.
    —Atrás —gruñó Fesi—. Si te acercas te freímos y me sirves de cena.
    Jim retrocedió unos pasos.
    —No voy a haceros daño, sólo necesito ayuda.
    —¡ATRÁS HE DICHO!
    Jim retrocedió unos cuantos pasos más, aterrado. Creía estar frente a un hombre lobo.
    —¿Dónde estoy?
    Los cinco se miraron extrañados. No parecía peligroso y además estaba muy confuso.
    —Estás en el templo de Darwin. Un templo dedicado al culto a los dioses. Es el templo más importante de Pancás, pues es el único dedicado al culto a todos los dioses y no a uno en concreto. ¿Quién eres tú? —gruñó más que dijo el lobo Fesi.
    —Me llamo Jim. Y soy de… —intentó acercarse para tenderle la mano pero Nala apretó los puños y se levantó un muro de fuego entre ellos; Jim retrocedió asustado.
    —¿De dónde?
    —De la Tierra.
    —Mi padre me habló de la tierra —dijo Nala—. Es otro mundo… Un mundo de fantasía donde la inteligencia de los humanos ha logrado subsistir sin magia. Apoyado por la religión.
    —Cómo debería ser en Pancás. Era el proyecto de tu padre. Un mundo antropocéntrico donde lo más importante sea el ser humano. Sin magia, sin problemas —dijo Ama.
    —Bonita utopía —reconoció Deb que estaba alejándose de Fesi, que parecía crecer por momentos.
    —No existen otros mundos —gruñó Fesi—. Lo dicen las escrituras.
    —Sí existen —dijo Jim.
    Nala suavizó la pared de fuego de forma que eran capaces de ver a Jim a través de las llamas y Fesi se controló para no comérselo, nadie le llevaba la contraria y Jim tenía la osadía de hacerlo.
    —¿Cómo has llegado hasta aquí? —preguntó Nala.
    —No lo sé. Me desperté en un bosque gigantesco donde las hojas de los árboles eran mucho más grandes que yo. Donde la luna se reflejaba incluso de día y donde la quietud es sólo interrumpida por el ulular de los búhos. Un hombre me encontró. Tenía poderes como vosotros y me dijo que Quimero me había traído aquí para cumplir una misión. No quise hablar con él, intenté huir y de repente aparecí aquí.
    —¿Cómo era ese hombre? —preguntó Fesi muy serio, ya tenía el aspecto de una neréido normal.
    —Era alto… Y canoso, tenía barba… Vestía… ¡Vestía como tú! Pero con una capa gris… —dijo señalando a Fesi.
    —¿Tenía los ojos grises? —preguntó Nala.
    —Sí… De un color extraño, como el de su capa, demasiado oscuro para ser gris y demasiado claro para ser negro… era más bien un plateado oscuro…
    Todos palidecieron
    —¿Te dijo su nombre?
    —Sí, se llamaba Essit y dijo que era el “príncipe de los sacerdotes y enviado de Quimero”
    Nala derribó la barrera mágica y la barrera de fuego.
    —Acércate —dijo—. Mírame a los ojos.
    —No, no… ese hombre… Essit. Ya entró en mi mente y fue doloroso.
    —Yo no te haré daño, he estudiado técnicas para hacerlo bien…
    Jim le miró a los ojos. Y durante unos minutos sus miradas se encontraron, los brillantes ojos verdes de Nala y los cansados ojos marrones de Jim.
    —Dice la verdad —dijo Nala sin vacilar.
    —¿Pero qué dios es? —le preguntó Deb en voz baja.
    —No lo sé. Creo que ni él lo sabe
    —También me enseñó muchos cuadros en los que aparecía yo… Es extraño ¿No? —empezó a buscar—. ¿No he traído ninguno? —Se miró a la mano y vio que de repente había allí uno de esos dibujos—. Mirad, eran así.
    Los demás estaban asombrados. Hacía magia sin darse cuenta siquiera.
    —Aparta eso de mí. Llevamos semanas viéndolos…
    —¿Quién los dibujó?
    —Essit
    A Jim pareció no gustarle la respuesta. Durante un segundo su expresión afable se crispó en una mueca de terror pero sólo fue un segundo. Miraba un cuadro colgado. En el cuadro aparecían tres unicornios plateados, delante de ellos había uno más grande y rosado y encima cabalgaba una mujer vestida de novia, con un ramo de flores. No tenía rostro.
    —He visto antes este cuadro. En un sueño… Recuerdo a esa mujer, se llama Estela. —dijo lentamente y en voz baja, acariciando la faz sin rostro de la diosa.
    —¡NOS ESTÁS ENGAÑANDO! —Fesi no podía contenerse. Su forma era otra vez la del lobo humanoide y se acercaba a Fesi con un brillo febril en los ojos—. Un ser de otro mundo que misteriosamente conoce a los dioses de Pancás ¿Crees que somos idiotas?
    —¡Fesi! —gritó Nala—. ¡Ha vuelto!
    El hombre lobo se volvió y la miró. No tardó en sentir esa sensación tan peculiar. Calma y poder. Corrió por el pasillo hacia la habitación de Sam.

    Sam estaba en su habitación preparándose una segunda túnica para cuando el frío atacase a los huesos cuando sintió una presencia a sus espaldas.
    —Curiosa la casualidad —dijo tranquilamente Essit, que estaba sentado en la cama mirándole—. Hay una persona con la que debes encontrarte y mientras todos están con ellos tú no le has visto.
    Sam iba a hablar pero el anciano príncipe de los sacerdotes le calló con un gesto. No había terminado.
    —¿No te has preguntado, Sam, quién era el sujeto a quién dibujaba? —preguntó inocentemente.
    —Sí, muchas veces, he llegado a la conclusión de que es un mago que te hechizó.
    Deb soltó una carcajada estridente, como si estuviera demasiado seguro de sí mismo.
    —No hay un mago en Pancás capaz de hechizarme a mí —dijo sonriente—. No soy el príncipe de los sacerdotes por que hayan querido un par de personas. No, lo soy por mediación de los dioses. Estoy protegido por ellos.
    —¿Entonces quién diablos es ese muchacho?
    —Lo sabrás, joven amigo, lo sabrás.

    Fesi llegó corriendo hacia la habitación. Como temía, sus sentidos caninos, más desarrollados que los sentidos humanos, percibían el olor del príncipe de los sacerdotes muy cerca. Y como temía, era en la habitación de Sam donde lo percibía. Vio luz tras la puerta de la habitación e intentó correr más para alcanzarla, pero de pronto tuvo la impresión de que por mucho que corría, la puerta parecía estar más y más lejos. No se lo pensó dos veces. Entonó un cántico en el lenguaje de la magia con un fuerte acento élfico y se transformó en un gólem. Los gólems eran gigantescas criaturas de roca que, aunque andaban de forma muy lenta, eran inmunes a la magia. Aunque lentamente, ya percibía que se iba acercando.

    Se oían estruendosos golpes en el pasillo, como si hubiese gigantes en la torre. Sam fue a asomarse pero una mole mágica le impedía atravesar el especio que la puerta abierta había dejado.
    —Essit, todo esto es muy raro, no entiendo nada y no sé si te has vuelto loco o eres el único cuerdo… ¡Explícame qué pasa!
    —Bien, creo que no pierdes nada por saberlo. Yo no nací en esta tierra. No, yo nací muy lejos de Pancás, en un sitio muy diferente a todo lo que conoces. Nací en la tierra.
    Sam iba a interrumpirle pero no podía hablar. Estaba hechizado.
    —Yo era un chico normal que tenía una aspiración: el poder.
    >>Quería ser poderoso, más de lo que podían serlo los humanos, quería llegar a lo más alto. Quería ser un dios. No sé si lo sabrás, pero en la tierra hay dos dioses frente a los cuatro de aquí. Está el dios del bien y el dios del mal. No hay ningún dios del equilibrio porque el bien y el mal están tan concentrados en su cruzada igualada en poder que no han necesitado una balanza de igualdad. No, su guerra es el equilibrio. Pero ninguno de los dos tiene interés en que la igualdad de poder sea eterna, y por eso buscan tretas para ser los vencedores.
    >>Yo pacté con el dios del mal, Satanás. Y me dijo, que lo mejor que podía hacer es venir aquí, llegar al poder y una vez ungido dios, ayudarle en la Tierra. No tengo ningún interés de ayudarle, pero sí que tengo interés en ser un dios de Pancás, el dios del desequilibrio más concretamente. El que consiga erguir la oscuridad y las tinieblas frente a la luz. Un mundo de noche es mucho más bonito que un mundo de día.
    —O sea ¿Quieres ser “el malo” de Pancás?
    Essit sonrió. Nunca lo había visto así.
    —Sam, el mundo no se divide en buenos y malos. Hay más, hay simplemente gente que lucha por el poder, sin importar las tareas que eso conlleve.
    —¿Y qué tiene que ver eso con el chico de tus dibujos? Y sobre todo ¿Qué tengo que ver yo con ese chico?
    —¿No lo has entendido? Bueno, te lo explicaré. Como te he dicho muchas veces hay cuatros dioses en Pancás. Uno de ellos es Quimero, el dios de la noche. También está Estela, la diosa del día. Día y noche se concatenan haciendo un equilibrio y la sucesión de los días y las noches. Como ya sabes, esto pasa gracias a los otros dos dioses. Los dioses del equilibrio, los dioses sin nombre. Son dioses dormidos de increíble poder que sólo despertarán si alguno de los dos bandos anteriores (noche o día) adquiere un poder mayor —Essit calló y cuando vio que Sam no lo comprendía añadió maliciosamente—,…o sí ambos dioses dormidos se encuentran.
    Sam lo entendió y las palabras cayeron sobre su cabeza como ladrillos de pesado acero. <<…o si ambos dioses se dormidos se encuentran>>. ¡Él era uno de esos dioses! Y el chico de los dibujos de Essit debía ser el otro. Si se encontrasen, los dioses despertarían en ellos.
    —¿Sabes qué pasaría si ambos dioses se encontraran y despertaran?
    Jim palideció y al verlo Essit sonrío macabramente.
    —Que… ambos tomarían parte en uno de los bandos de la guerra entre Quimero y Estela, y por tanto los dioses de la noche y el día ya no tendrían que guardar el equilibrio.
    —Sí, Sam. El equilibrio se rompería porque ya no existiría equilibrio.

    Nala se encontró con el gólem Fesi y éste le habló con una voz cavernosa y grave.
    —Tráete al dios, al que acaba de llegar. No sabemos si Essit viene por las buenas o por las malas y seguro que se asusta al ver que tenemos un dios de nuestro lado.
  4. Aquí os dejo el capítulo 2 de la brisa de Pancás. Aver si os gusta, en este tampoco se desvelan demasiadas incógnitas y salen algunas más. :D:D:D Espero que os guste y cortaros por lo mejor (que malo soy)


    La brisa de Pancás: Capítulo 2
    —¿Me estás diciendo que tu padre, Essit, el príncipe de los sacerdotes, es un poderoso hechicero? ¡Eso es ridículo!
    La voz de Ama sonaba estridente y amarga, como el agudo sonido que se produce al agitar el tenedor con el plato. Aún no se había recuperado de lo que había pasado en los aposentos de Essit. Después de su marcha con las Neréidas lo habían buscado todo el día por el templo y las inmediaciones pero había sido inútil. Finalmente, a la puesta del sol, Ama había decidido reunir a los guías espirituales más importantes y a Nala y Sam para aclarar todo esto. En la reunión había sólo tres personas más a parte de ellos: Deb, el abad del templo de Tanlas y Fesi, el abad del templo de las profundidades.
    —Sí, mi padre siempre tuvo una sensibilidad especial para la magia que nunca quiso desarrollar… De él creo haberla heredado —Nala parecía abatida, aún no podía creer que hubiese pasado algo así.
    —¡No! Me niego a creer que el elegido de los dioses sea un mago —dijo Deb casi enfurecido.
    La faz de Ama se contrajo en una mueca de ira. Estaba muy susceptible.
    —Deb ¿Crees que te miento? ¡PUES NO! Yo con mis propios ojos he visto a Essit levantar barreras mágicas, hacer desaparecer una pared y usar un contrahechizo. Eso no es típico de ningún sacerdote ¿Y qué me dices de su condición? Cuando él llegó al poder todos sabíamos que era mentalista pero a nadie le preocupó. Pues quizás no lo sepáis pero los mentalistas son magos. Puedo asegurar que lo he visto hacer magia, pero…
    —¡Entonces no puede ser el elegido de los dioses! —dijo interrumpiéndole.
    —¡SILENCIO! —Gritó una voz autoritaria, que hizo palidecer de temor a ambos líderes espirituales, era la voz de Fesi, el príncipe de los sacerdotes en ausencia de Deb— Tres espíritus dejaron de lado a quien les había invocado para obedecerle a él ¿Creéis que Estela enviaría a alguien que no sabe quién es su enviado? ¡No! ¡Estoy harto de sacrilegios! Mago o no, Essit es el elegido, el enviado, la misión no la tengo clara y dudo que ni él la sepa, pero es así. Ocuparé su posición en su ausencia y luego, como heredero del poder de Estela será él quien lo retome. No quiero guerras, ni peleas, ni discusiones sin fundamento. Lo que ha pasado es la voluntad de una diosa.
    Fesi era un neréido, tenía la piel de azul celeste y unas grandes orejas puntiagudas. Su pelo era de color verdáceo y sus ojos eran de un extraño color dorado. A pesar de su relativa avanzada edad —tenía 423 años; los neréidos solían vivir unos 750 años— tenía el aspecto de un hombre de unos 40 años, vestigio de la ascendencia élfica en los neréidos. Vestía una túnica blanca atada con una cuerda gruesa y marrón.
    —¿Quieres decir que dejas el futuro de la religión en sus manos? —fue Sam quien habló.
    Los líderes espirituales miraron hacia él. Nadie osaba cuestionar a Fesi, ni siquiera Essit, que acudía a él constantemente en busca de consejo.
    —No va a ser el único mago que tenga el destino de la religión y el mundo en sus manos —dijo mirando a Nala.
    —No lo entiendo —dijo Nala sin poder sostener la mirada del neréido.
    —Pues harías bien en entenderlo Nala, pues tú debes buscar a tu padre.
    Nala asintió, no se atrevía a decir que no.
    —No le será difícil encontrarlo, irá dejando cuadros pintados por el camino —dijo irónicamente Ama.
    —Los cuadros… —Fesi parecía pensativo— Sí… Es un buen comienzo… Debemos saber quién es la persona a la que dibuja.
    —Yo creo que es un mago —dijo Ama.
    Todos miraron a Nala.
    —No he visto a ese chico en mi vida—respondió ésta.
    —Yo sí.
    Otra vez la voz de Sam fue una sorpresa para todos. Se volvieron inquisitivos hacia él esperando una explicación.
    —En sueños… He tenido sueños en los que estaba en otro lugar, lejos del templo, en un lugar donde las viviendas eran gigantescas y el suelo era duro como la piedra y negro como el carbón. Un sitio donde la gente vestía de forma muy rara y donde algunos animales metálicos cantaban mientras caminaban por el duro suelo echando humo. He visto luces iluminarse en tres colores: rojo, verde y naranja; y he visto cajas que reproducían imágenes… Supongo que es debido a algún tipo raro de magia… Pero lo que si me desconcertó es que en el sueño cuando veía mi reflejo en un espejo o en cualquier sitio, yo era la persona que Essit dibuja.
    —Eso es un tipo de magia que se llama psicorealidad. —dijo Nala.
    —Cuéntanos más —exigió Fesi.
    —Un mago puede introducir imágenes en la mente de alguien que está durmiendo. Aunque he leído que sólo se usaba para examinar a los estudiantes de magia. En las pruebas sueles tener imágenes inconexas o vagas ideas de qué hacer. Te las introducen por psicorealidad mientras duermes.
    —O sea, que esa persona es un mago —dijo Ama.
    —Pero no un mago común —la interrumpió Nala—. Esa magia solo puede hacerla funcionar un mago que tenga poder sobre la mente.
    —¿Un mentalista? —Deb la observaba con desconfianza.
    —Sí, un mentalista… Y un mentalista poderoso pues no sólo ha de introducirse en la mente de quien duerme sino modificar sus sueños y sabéis que los sueños son el reflejo de la mente: de lo que queremos, de lo que odiamos, de lo que tememos…
    —Sólo había un mentalista en la torre y era Essit —dijo Ama abatida.
    —Debemos encontrar a Essit rápidamente y conseguir que nos diga quién es ese chico. Nala, tú irás a buscar a tu padre junto con Sam.
    —No me puedo creer que dejéis el futuro de la religión en manos de una hechicera —Sam estalló y Ama y Deb asintieron casi imperceptiblemente.
    —Los magos no son seres impuros a pesar de lo que puedan decir gente más sabia que yo… Son simplemente arrogantes por creerse superiores, creen tener un poder superior. Así que ahora es el momento de demostrar sí merecen o no un trato especial… La verdad es, que desconfío más de ti que de ella, pero no tengo más remedio que enviarte a ti también pues si Essit ha sido quien modificó tus sueños es por alguna razón que se me escapa, por algo que te incumbe a ti…
    Sam reflexionó acerca de esa nueva visión de los magos haciendo caso omiso de la parte que Fesi había dirigido a él; realmente él les odiaba por lo que sus superiores le habían dicho de ellos pero no les había visto nunca hacer nada malo. Es más, muchos de los magos ayudaban más a la gente que los sacerdotes y la mayoría de los magos sanadores daban su vida a ayudar. No, no podían ser seres demoníacos, sino, seres elegidos para algo, seres que cumplen una función… Sí, sabía que había arrogancia entre los magos, pero el poder corrompe y para comprobarlo había que remontarse sólo unas horas antes, cuando Essit, el príncipe de los sacerdotes, había huido del templo con tres espíritus neréidos. Los rasgos de Sam se ruborizaron por la vergüenza ya que mucho tiempo atrás había aprendido a escuchar a sus superiores y ahora actuaba como un novicio…
    —Lo siento Nala, creo que he hablado por boca de otros y no por experiencia. Será un placer ayudarte a buscar al más importante guía espiritual de Pancás.

    La noche había caído sobre Pancás y la suave brisa nocturna mecía suavemente las ramas de los árboles bañadas por la argéntea luz de la luna. En un bosque lejano a la torre de Darwin, era posible distinguir entre los troncos de los imponentes árboles una figura tumbada en el suelo. Era un adolescente de unos quince años, iba vestido con unos pantalones vaqueros y una camisa corta, se había tapado con una hoja gigantesca de unos los árboles que elevaban sus copas al cielo, como intentando acariciar las nubes. En el bosque reinaba la quietud y el silencio; y en contraste, el torpe aletear de tres aves de plumaje azul despertó a nuestro adolescente. El chico miró a su alrededor cómo intentando recordar dónde estaba pero no consiguió ubicarse.
    —Es extraño estar en un mundo que no es el tuyo ¿verdad?
    La voz le sobresaltó, no había hablado en su idioma pero lo había entendido perfectamente y la voz, extrañamente, le era conocida y desconocida a la vez.
    —¿Quién está ahí? —dijo en inglés el chico.
    —Nadie que vaya a hacerte daño… Es más, soy el único que ni siquiera puede hacerte daño —respondió el desconocido en la misma lengua.
    —¿Dónde estoy? Y ¿Quién eres tú? —estaba nervioso y miraba hacia todos lados pero no conseguía ubicar al desconocido pues su voz sonaba detrás de todos los árboles.
    —Estás en Pancás, has dejado atrás la tierra porque tienes algo que hacer aquí. La historia tiende a repetirse y como me pasó a mí en su día, te toca hoy a ti.
    —¿Pancás? No he oído nunca hablar de un sitio así
    —Y sin embargo entiendes la lengua de éste lugar ¿Por qué? —esta vez el desconocido habló en la lengua de Pancás.
    —No lo sé. Dímelo tú.
    Desde detrás de los árboles empezaron a salir personas iguales. Ancianos de barba y pelo blanco vestidos con una túnica blanca atada con una cuerda marrón y gruesa. Llevaban una capa gris.
    —Necesitas respuestas y yo puedo dártelas —dijeron todos los ancianos a la vez.
    —No sé si puedo fiarme de ti.
    —He sido elegido para eso…
    Hicieron un gesto y decenas de cuadros dibujados en carboncillo del chico en distintas posturas y en diferentes lugares aparecieron frente a él.
    —¿Cómo es posible? —dijo el chico sin poder creérselo.
    —Jim, es el deseo de los dioses y contra eso no se puede luchar —todos los ancianos desaparecieron menos uno, que le miraba sonriéndole.

    La reunión de Nala y Sam con los líderes espirituales acababa de terminar cuando al salir de la sala de reuniones y al entrar a los aposentos de Essit para coger un cuadro y examinarlo, vieron sin poder creerlo como todos los cuadros desaparecían ante ellos.

    —Vale, creo que merezco una explicación —dijo Jim asustado.
    —Y la tendrás, pregunta y yo responderé.
    Jim hizo un gesto, no sabía por dónde empezar. Al parecer estaba en otro mundo, lejos del suyo con alguien que creía conocer pero no sabía de qué, alguien que sabía su nombre y que era capaz de hacer portentos como multiplicarse y hacer desaparecer y aparecer objetos. Empezó por saber con quién estaba hablando.
    —¿Quién eres? —dijo firmemente.
    —Essit, príncipe de los sacerdotes, elegido de Quimero para guiarte en tu misión.
    —¿Misión?
    —Una misión que deberás llevar a cabo más adelante. Aún no tienes porque saber de qué se trata.
    —Merezco saberlo.
    —No.
    Jim agitó la cabeza porque sabía que por mucho que lo intentase Essit no le diría nada que quería ocultarle, además se había dado cuenta de que las respuestas eran muy escuetas. Cambió de tema.
    —¿Dónde estoy?
    —En Pancás, un mundo muy diferente a la Tierra.
    —¿Quieres decir que estoy en otro mundo?
    —Sí.
    —¿Cómo he llegado aquí?
    —Eso es un misterio que sólo Quimero sabe.
    Jim no conocía a Quimero así que decidió preguntar.
    —¿Quién es Quimero?
    —El Dios de la noche de Pancás. Aquí los dioses son reales y pueden demostrarlo.
    A Jim no se le pasó por alto el tono de odio en que dijo la última frase.
    —¿Por qué he sido yo el elegido por ese… Quimero?
    —Porque tú has querido —además añadió con malicia—. ¿No lo recuerdas?
    No. Jim no recordaba nada de su vida en la Tierra. Sólo recordaba que había vivido quince años allí con su familia, pero ni siquiera a ellos los recordaba. Lo que sí recordaba misteriosamente era cada palabra de la biblia.
    —No, no lo recuerdo —intentó parecer frío e indiferente.
    Jim le miró a los ojos y sintió un golpe. Como si algo se hubiese introducido en su mente a la fuerza dándole un empujón y controlando su ser.
    —¿Qué pasa? —bramó asustado.
    —Que tenía que asegurarme —respondió Essit.
    —Si esperas que te ayude porque has venido aquí multiplicado y me has traído dibujos en los que aparezco yo la llevas clara… Porque no pienso ayudarte, creo que quieres utilizarme y no sé para qué. Adiós.

    Jim se volvió pero frente a él volvía a estar Essit. Miró a su alrededor y comprobó que no se había movido.
    —Te dejaré una cosa clara, niñato. No durarías diez minutos sólo en Pancás sin conocer un poco el mundo que te rodea. Y además hay gente que te busca, gente que quiere utilizarte y no puedo decirte para qué. ¿Quieres ir? ¡Ve! Pero cuando un licántropo te siga y tengas la certeza de que vas a morir acuérdate de mí. Yo habría podido salvarte.
    —No me importa que me coma un hombre lobo. Mejor… así quizás vuelva a la tierra.
    Jamás volverás a la tierra.
    La última frase sonó en su cabeza. Essit ya no estaba allí. Quería correr pero no podía, estaba paralizado. Intentó gritar pidiendo ayuda y el hechizo paralizador ya no funcionaba, podía moverse. Pero ya no estaba en el bosque. Estaba en el templo de Darwin. Él no lo sabía.
  5. Bueno Me dio por escribir un fic y aquí os dejo el resultado, el primer capítulo que empieza a ser un caos y lo que he intentado es levantar el interés del lector por saber como seguirá. Aver si lo he conseguido... xD

    El fic se llama "La brisa de Pancás" porque se desarrolla en un mundo ficticio que se llama Pancás aunque, como veréis en capítulos que vienen más adelante la Tierra tiene muchísimo que ver (mujajaja). Si os gusta seguiré publicando más capítulos (Sólo tengo dos pero como lo tengo pensado pues...)

    La brisa de Pancás - Capítulo 1
    El sonido de pasos despertó a Nala. Vio luz bajo el umbral de la puerta cerrada y la sombra de alguien que se paraba tras ella, el desconocido metió una carta bajo la puerta y se fue.
    Nala, llena de curiosidad extendió la mano y le pidió a la carta que se acercara. La carta obedeció y voló hasta su palma extendida. Leyó el remite.
    Templo de Darwin.
    Para Nala Sÿnta, hija de Essit Sÿnta. Escuela de alta hechicería Matso Molín.
    —Será de papá —pensó.
    Le pidió a la carta que aguardase hasta mañana y ésta voló hasta la mesita de noche. Nala se volvió a dormir.

    Essit acababa de terminar su dibujo. Lo miró comparando el parecido con la imagen que tenía grabada en su mente y sonrío complacido. Metió el dibujo en un cuadro.
    —Sam —llamó—. Coge el cuadro y cuélgalo en el pasillo.
    Sam asintió, cogió el cuadro y salió de la habitación. Por el camino se encontró con Ama, la abadesa.
    —¿Dónde vas con eso? —preguntó extrañada viendo el cuadro pintado en carboncillo.
    —Voy a colgarlo al final del pasillo por orden de Essit.
    Ama no respondió, ella era la dueña y señora del templo pero Essit era quien tenía el poder. Movió la cabeza en señal de negación y siguió andando hasta llegar a la habitación. Antes de entrar miró en torno a sí y admiró las decenas de cuadros de la misma persona que decoraban todo el pasillo. No quedaba un resquicio de pared libre. Al entrar vio a Essit dibujando. Seguro que dibujaba otra vez al mismo chico.
    —Hola Ama —dijo Essit sin volverse.
    —¿Qué dibujas? —Se acercó, vio que dibujaba al mismo chico que últimamente decoraba las paredes de la planta alta del templo; Se sentó junto a él—. Essit, estoy preocupada por ti.
    —¿Por mí? ¿Qué me pasa?
    Ama miró las paredes de la habitación, como había temido estaban llenas de cuadros en los que aparecía siempre la misma persona. Un chico adolescente en diferentes posturas, en diferentes vistas, en diferentes lugares, pero siempre el mismo chico. Se decidió a explicarle su traición. Sí, lo había traicionado, pero por su bien. Intentó parecer fría, distante y autoritaria cuando dijo:
    —He avisado a tu hija.
    Esta vez Essit si se volvió, se levantó y la miró. Essit era un hombre de unos sesenta años, tenía el pelo canoso y una gran barba gris. Iba ataviado con una sencilla túnica blanca atada solo por una cuerda marrón y gruesa. Ondeaba a sus espaldas una capa gris, tan gris como sus ojos grandes y brillantes. Cuando sus miradas se encontraron Ama supo que ya no había vuelta atrás, él ya sabía todos sus pensamientos y eso incluía lo que pensaba de esa nueva afición de dibujar siempre al mismo chico.
    —No estoy loco, y mucho menos hechizado—dijo muy serio.
    Ella no respondió, se volvió para irse pero la puerta había desaparecido.

    Nala se levantó de muy buen humor. Pidió a las ventanas que se abrieran y lo hicieron. Se acercó al baño a asearse y al ver su reflejo se quedó mirándose, reflexionando en lo que había cambiado desde que había llegado allí, al colegio de alta hechicería Matso Molín. Nala era una chica rubia de unos penetrantes ojos verde esmeralda. Su cabello caía liso sobre su espalda y sus pechos eran firmes y perfectos, como dos pequeños pomelos exactamente iguales, cubiertos por una túnica con los bajos y las mangas bordadas y un fénix estampado en el pecho, una túnica de mago. Salió del baño y reparó en la carta que había dejado anoche en la repisa.
    —Ven —le pidió.
    Ésta no lo dudó. Voló hasta los brazos de la joven maga. Entonces la abrió.
    Hola Nala.
    Le escribo estas letras para avisarle del estado de su padre. Me es difícil incluso escribirlo pues la devoción que sentimos todos los religiosos por él es sólo comparable a la que sentimos por los dioses. Por eso nos resulta tan difícil verlo así. Su padre ha caído en la locura.
    Se dedica a dibujar al mismo personaje en diferentes ángulos, en diferentes posturas. Pero siempre a la misma persona. Nuestro sanador cree que podría estar hechizado por algún mago y creemos que ese mago podría ser la persona a la que dibuja.
    Le rogamos, señorita, que venga al templo de Darwin. Quizás usted pueda ayudarlo.

    Ama, abadesa del templo de Darwin.


    Ama tanteó la pared buscando la puerta pero no encontró nada que indicase que momentos atrás había estado en ese lugar. Se volvió a mirar a Essit. La única forma de vencer a un mentalista era siendo fuerte, pero ella no lo era. Era cuestión de tiempo que ocurriese lo que tanto temía. Cerró los ojos esperando volverse loca o algo así pero no ocurrió nada. Cuando los abrió vio a Essit sentado y dibujando normalmente, como si nada hubiera pasado. La voz de éste sonó en su mente y ella comprendió que aún estaba en peligro, aún era presa del mentalista.
    Estarás contenta Ama, mi hija ha entrado al templo. Ya no son puros los muros que nos encierran.
    Y era cierto pues los magos eran, a visión de los sacerdotes, personas impuras de corazón manchado que jugaban a ser dioses; Y por tanto, la entrada de un ser de corazón impuro en una zona de pureza, era la corrupción inmediata del lugar. Era ilógico que Essit dijera algo así pues los mentalistas eran magos, o al menos lo eran a su manera.

    Nala se paró ante el gran portón de madera. Había convocado a varios magos poderosos para que la teletrasportaran hasta el templo en el menor tiempo posible. Los magos, aunque enemigos de los sacerdotes, admiraban a Essit como filósofo y como intérprete de las escrituras, y no dudaron un momento en ayudar a su hija a mantener su salud intacta.
    Dio dos golpes al portón y rápidamente fue acogida por Sam, que, aunque amable, miraba su túnica con una mezcla de temor y odio.
    —Señora, su padre se encuentra en el piso de arriba, en sus aposentos. Sígame.
    Nala siguió a Sam hasta la planta de arriba por una escaleras tímidamente iluminadas desde arriba gracias a la luz del campanario, y una vez arriba siguieron andando hasta que al final del pasillo, éste se volvió pálido hacia ella.
    —Ha desaparecido… La puerta —señalaba a la pared.
    —¿Magia en un templo? —preguntó Nala impresionada.
    —No, no es posible, no hay magos entre los sacerdotes…
    —Habrá que comprobarlo ¿no?
    —No se atreverá —los ojos de Sam centelleaban de ira.
    Nala conjuró el hechizo que debía decirle si la pared estaba o no hechizada, haciendo caso omiso la mirada de desprecio y odio que le dirigía Sam. Era mejor no correr riesgos ya que si estaba maldita podría ser una trampa. Sus manos se iluminaron junto con la pared. La luz era blanca, lo que quería decir que sí que estaba hechizada pero con magia blanca, o sea, magia inocua.

    —¿No sientes remordimientos Ama? Acaban de conjurar un hechizo en el templo.
    Ama se volvió hacia la pared, brillaba con un tenue resplandor blanco. ¿Cómo se había dado Essit cuenta de ello sin mirar la puerta? Y sobre todo ¿Cómo se atrevía un mago a conjurar hechizos dentro de un templo?

    Nala acarició la pared y escribió con el dedo corazón el símbolo mágico que debía de deshacer el hechizo de trasporte de la puerta.
    Nada.
    Una magia muy superior a la suya había prevenido su llegada al templo. Miró a Sam. Estaba pálido, muy pálido. Nala advirtió que sus ojos centelleaban de ira ante el sacrilegio de conjurar dentro de un lugar sagrado, y, antes de que se le ocurriese atacarla se decidió a aclararle lo que estaba pasando.
    —Un mago muy superior a mí hizo desaparecer la puerta y ha hecho una barrera mágica para impedirme entrar. Sólo hay una forma de entrar y necesito tu ayuda.

    Essit levantó la mano y la pared crujió con un sonido como el de las hojas de un libro siendo arrancadas. Se iluminó con un color verdáceo.

    —¡Corre, dame la mano! ¡Está reforzando las defensas mágicas! —gritó Nala.
    Sam sabía que se arrepentiría de ayudar a hacer un conjuro en la torre, pero antes que preservar su pureza debía preservar la torre. Casi con asco buscó la mano que Nala le tendía y la agarró con fuerza. Esta gritó unas palabras ininteligibles y un sonido estruendoso de cristales rompiéndose invadió el templo. Sam empezó a sentir mucho calor y se sintió muy débil, como si sus piernas fueran de mantequilla y se derritieran por el calor. Cayó al suelo y antes de perder el conocimiento vio a Ama tirada, inconsciente y a Essit con las manos levantadas dirigiendo una luz muy intensa hacia ellos. Pero Nala era más fuerte y estaba acostumbrada a la magia. Se irguió imponente frente a su padre con intención de herirle sin hacerle daño.
    —Baja las manos, hechicero —dijo sin titubeos.
    —¿Hechicero? —Dijo con una media sonrisa—. Sabes que no.
    Levantó las manos y un brillo verdáceo avisó a Nala de que había una barrera mágica frente a su padre.
    —Es verdad, estamos acostumbrados a encontrarnos a clérigos novicios que levanten barreras mágicas —dijo sarcásticamente.
    Un gesto le bastó para que un sonido de cristales anunciara que ya no había barrera. Su padre empezaba a perder la concentración. Nala extendió la mano y una bola de fuego apareció encima de su palma. La empujó suavemente hacia su padre y la pequeña bola ígnea empezó a dar vueltas alrededor de él.
    —¡Sacrílega! No mereces llevar mi apellido… Tienes el corazón manchado.
    Essit dijo unas palabras y la bola desapareció entre humos. Miró a su hija a los ojos y lo consiguió, entró en su mente. No quería matarla y la verdad es que no podía hacerlo, pero quería dejarla dormida unas horas. Nala, aterrada y dándose cuenta de su gran error cerró los ojos, pero no fue suficiente. Su padre ya estaba en su mente.
    —¿Sacrílega ella? ¡Essit Sÿnta, príncipe de los sacerdotes! —escucharon pronunciar irónicamente el nombre y el rango de Essit.
    Essit se giró bruscamente para buscar a quién había dicho su nombre. Era Ama. Desconcertado perdió la concentración y dejó libre la mente de su hija.
    —¡Estela, aquí tienes a tu sierva! ¡Da al mundo lo que te pide!
    Nala y Essit se volvieron asombrados, eso era un hechizo clerical y sólo personas con una fe realmente inquebrantable podía hacerlos. Ama, sin duda, era una de las pocas personas que podía y era algo que descubrieron al ver los efectos de sus palabras.
    Tres criaturas aparecieron formando un triángulo en el que Ama, de rodillas era el centro. Las criaturas tenían la piel de color azul celeste y las orejas en punta. Tenían el cabello liso rubio cubierto por una corona plateada que tenía esculpida, a cada lado, un ala de Pegaso. El rubio flequillo les caía sobre los ojos, en punta. Iban ataviadas con la túnica verde que identificaban a las Hijas Venerables de Estela y unas hombreras que tenía también forma de alas de Pegaso. Abrieron sus ojos de un color azul intenso y entonaron un cántico. Nala reconoció a las criaturas y aplaudió la fe de su amiga. Eran espíritus de sacerdotisas neréidas, los neréidos eran una raza de ascendencia élfica que podían transformarse en animales.
    —Inmovilizadlo —gritó Ama a las neréidas.
    Essit levantó las manos y su voz sonó enormemente autoritaria cuando dijo:
    —Yo, Essit, príncipe de los sacerdotes, os ordeno que me saquéis de éste templo, ya corrompido por la magia.
    Las neréidas se miraron entre ellas y entonaron un cántico homofónico. Se convirtieron en tres pájaros azules de enorme belleza y se llevaron a Essit por la puerta, que ahora de repente estaba allí, abierta de par en par.
  6. Bueno mis amados cemzooeros siento mi ausencia pero no puedo evitarla. Por suerte o por desgracia no es una ausencia permanente y tan poco completa. (Me dejo de palabras bonitas y voy al grano siii?)

    Bueno mis amores que internet me va cuando le sale de los piiiii (COJONES) y por eso lo tengo a ratos xDD. Así que no es que no quiera estar con vosotros si no que mi gran conexión no me lo permite. Gracias a dios esto no durará mucho. ESTO NO QUIERE DECIR QUE NO ME VALLA A CONECTAR EHHH? NO HAGÁIS UNA FIESTA AÚN, NO SERÁ TAN FÁCIL LIBRAROS DE MI!!! Sólo que me conecto menos o a veces no me conecto. :D:D. Pero os quiero, os amo, os adoro y os violo... :D
  7. Mio

    Reholas!! vuelvo a bloguear con uno de los dibujos de mi querídisima Rosa () que aunque es de un personaje de Reino Etéreo no he basado el Drabble en RE.

    Espero que os guste mi Drabble lésbico de hoy *-*

    Mío

    Corro hacia la puerta del kiosco. Miro involuntariamente el reloj y veo que pasan dos minutos de la hora fijada ¿Que dónde voy? Pues a una cita y la verdad es que no está en mis planes hacer esperar a semejante bombón ¿Qué quién es “semejante bombón”? Pues es Mío. No, no, no que sea mío un objeto, sino que se llama así, Mío. Una chica pelirroja de ojos dorados y un cuerpo de ensueño. La chica más potente que haya visto en mi vida. No soy una salida joder, tendrías que verla: Su pelo cae en dos perfectas coletas sobre su cuerpo rozando así sus pechos perfectos, es pelirroja y hasta ahora no me había dado cuenta del enorme erotismo de ese color en el pelo. Bueno, a lo que iba. Sus ojos, a veces salpicados de rojo por un mechón de pelo cercano, son dorados y grandes, amarillos las veces. Podría parecerte cínica si te lo digo, pero es realmente atractiva e irresistible su mirada amarillenta y brillante, como la de una vampira sedienta de sangre que busca una víctima femenina y desvalida (la víctima soy yo en mis fantasías eróticas), pero no me voy del tema mejor, que si no…


    Su nariz y su boca están en perfectas proporciones y justo en el sitio adecuado, toda una belleza vamos…


    Pero dejemos su irresistible cara. Su cuerpo parece esculpido por el mayor salido del mundo, cada rincón de su cuerpo es erótico hasta el punto de quererla investigar entera. Sí sí, sabes a que me refiero… Sus pechos, en proporciones perfectas se irguen firmes y hacen que mi baba caiga a chorros por el suelo; Sus brazos pequeños son perfectos para cualquier tarea que se le pueda poner (delicada claro, que aunque sea una mujer fuerte y con carácter no vale la pena estropear a “semejante bombón”, que me molesten a mí que estaré encantada de hacer trabajos duros mientras se me cae la baba viéndola); Su tórax, a veces descubierto hasta el ombligo ya me pone tan mala que tengo que obligarme a no mirarla, es que tío, es tan perfecta… Sus pierna, ay sus piernas dios mío, eso sí que son piernas; normalmente cubiertas de medias góticas que cuando están rotas dejan poco a la imaginación (y a mi mente salida, qué coño).


    Vamos a resumir: Es un perfecto bombón. ¡Pero bueno, que se me pasa la hora! ¡Adiós!

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  8. Holaaaa!! Hoy os dejo con otra en base a los dibujos de MioRose, pero este no creo que lo valláis a entender ya que está basado en el mundo del foro de rol Reino Etéreo () Pero igualmente, si lo leéis, espero que os guste!! (aunque yo la verdad no estoy totalmente convencido del relato :S, no me termina de gustar)


    Ashor y Mina Lovercraft

    Nunca voy a olvidar su mirada. Dudo que él me olvide nunca, pues aún el destino nos mantiene unidos en la escuela, yo soy la enfermera y él el jefe de Darglace: luchador curtido en batallas, jefe duro y temido, pero ante todo, una persona capaz de amar. Quizás haya sido la única, quizás no sea verdad y lo que cuente ahora sea sólo el recuerdo imaginado de la mente perturbada de una vieja loca, quizás, pero me siento en necesidad de contar la que creo la verdad.

    Hace diez años de esto. Él era joven e inexperto pero ya se atisbaba en él la chispa de la fortaleza y poder que hoy tiene: Era un jefe íntegro, un jugador inteligente y un emperador nato. Era el jefe de un grupo de darglaces que luchaban contra la opresión de la oscuridad y en todas las batallas era él quien soplaba ávidamente el cuerno de la victoria, pues no perdió nunca.

    En lo personal era un hombre divertido y pícaro, no le importaban los sentimientos y las mujeres sólo eran para él guerreras de su tropa. Muy pocas veces se le vio acompañado de damas, y en esos casos era siempre para satisfacer sus necesidades biológicas. Fue y es siempre así, pero en toda regla existe una excepción y en este caso, fui yo.

    Yo era la enfermera de la tropa, Mina Lovercraft, era tharagon y no darglace, pero mi gran fama en la medicina me hizo un hueco entre los grandes imperios, convirtiéndome así, en la enfermera del imperio de Darglace. Él traía personalmente a los pocos heridos e iba a diario a ver su recuperación, es por eso quizás que empezamos a vernos a diario y acostumbrándonos el uno al otro de tal manera que no podíamos pasar un día sin vernos.


    Al principio intercambiábamos monosílabos y frases cortas que luego acabaron acompañados de sonrisas, de miradas y de palabras de afecto. Todo pasó muy deprisa y casi sin darme cuenta comprobé que estaba enamorada, que soñaba con la mirada de sus ojos grises y con su pelo azulado encima de mi cuerpo, pero más sorprendente fue cuando un día, aún no recuerdo muy bien cómo, nuestros labios se rozaron y disfruté muchísimo con el contacto. Aquello se volvió a repetir una y otra vez, hasta que ya sentía que la pasión se me desataba cuando él se acercaba. Que deseaba beber de él cuando sentía su olor almizclado, que me ruborizaba con solo ver sus ojos grises, que cuando nuestros labios se rozaban la lujuria era tan fuerte que ya no sólo deseaba besarle, pero todo aquello duró poco, me fui. Quizás temía no poder desengancharme de él, quizás lo que temía es que alguien se diera cuenta y me usaran en su contra, quizás solo deseaba ser egoísta y no sufrir, quizás, pero me fui. Pasaron muchos años antes de que volviéramos a encontrarnos. Se fundó una nueva escuela a la que llamaron Escuela del Reino Etéreo para que cualquiera de los habitantes de los cuatro reinos pudiera alcanzar la gloria. Me contrataron como la enfermera del colegio y él, como jefe de los Darglace, debía estar en la escuela. Sé que me reconoció y sé que me recuerda, pero desde entonces empezamos desde cero, él hizo como si no me conociera y ahora evita el contacto. No quiere recaer, teme no poder desengancharse.


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  9. Bueno, esta entrada y la anterior son dos relatos que he escrito basándome en dos imágenes, una de ellas un dibujo y otra de ellas un montaje de una amiga mía que en deviantart se llama MioRose. ¡Espero que os gusten!


    —Oye, quítate la ropa… Así no podremos hacer nada —decía un hombre joven que fumaba un cigarro muy pegado a una muchacha de pelo rosado y ojos dorados.
    —Mejor ir despacio, creo que nos estamos pasando —respondió ella cariñosamente.
    —¿Cómo? No, no… Si tú me calientas, tú me enfrías —dijo sonriendo.
    —¡Ah sí! ¿Me vas a violar? —bromeó ella.
    El hombre se puso muy serio.
    —No te creas que no lo haría.
    —¡Bah!
    El hombre, sonriendo se acercó más a ella y poco a poco iba tocando todas las partes de su cuerpo, ella colorada decidió zanjarlo.
    —¡Ya! Que si no no paramos y no es plan de ponerse hoy a...
    —¿Por qué no? ¡No perdemos nada!
    —¡He dicho que no!
    Él, colorado de la ira decidió dar un paso más.
    —¡Lo haremos quieras o no!
    Ella, con los ojos muy abiertos se levantó para irse, pero él se le echó encima, tirándola al suelo.
    —¿Qué haces? No llegarás a tanto, no puede ser…
    —He dicho que lo haremos quieras o no —gritó agarrándola y quitándole casi toda la ropa.
    Ella, dándose cuenta ya realmente de lo que estaba ocurriendo, le dio una patada y cuando éste cayó para atrás, ella corrió hacia la puerta para irse. No le importaba ir casi desnuda, quería irse de ahí. Pero cuando estaba cerca de la puerta, la voz de él sonó suave y amorosa.
    —¿De verdad creías que te iba a violar? —dijo, quebrándosele la voz—. ¿Creías que iba a hacer algo en contra de tu voluntad?
    Ella se volvió arrepentida por su poca tolerancia y le vio sonriendo. Éste sacó la mano de la chaqueta que llevaba puesta y en ella había una pistola.
    —No te vas a defender —dijo antes de disparar, dejándole un agujero en la cabeza—. No, no vas a oponer resistencia.



    [​IMG]
  10. [​IMG]

    Una música angelical sonaba de fondo. Estaba en un angosto camino. Las piedras, cubiertas de musgo dibujaban el sendero, y a los lados frondosos bosques crecían sin limitaciones. La música sonaba alrededor pero yo sabía que debía seguir el camino. Volví la vista atrás pues no recordaba cómo había llegado ahí, pero sobre mis pasos habían crecido unas flores tan altas que no dejaban ver el horizonte. Seguí el camino viendo como las flores crecían tras mis pasos. Eran unas flores gigantescas, rosas, que cubrían el camino de un olor dulzón. Me detuve en mi camino pues un gigantesco árbol entorpecía el seguir caminando. El árbol tenía una rama en el suelo, aplastada como un camino. Subí por ella como si me lo hubiesen pedido y empecé a tomar altura.

    [FONT=Verdana, sans-serif]El árbol era una ciudad. Personas de aspecto feérico andaban los caminos de las ramas del árbol y entraban por gigantescas oberturas. Eran personas de una tez verdácea y unos ojos grandes, con unas pupilas negras que los cubrían casi enteros. Las orejan eran puntiagudas y las narices luengas. Los labios eran de un verde oscuro y los más altos llegaban a mi cintura. Cantaba más que hablaban entre ellos y parecían no darse cuenta de que estaba allí. [/FONT]


    [FONT=Verdana, sans-serif]Seguí subiendo por el árbol hasta llegar a la cima. Allí me asomé para contemplar la vista pero las flores que crecieron tras mis pasos habían seguido creciendo y ahora cubrían hasta el cielo. La música empezó a sonar más fuerte pues un grupo de feéricos subía por el árbol hacia donde estaba. No lo pude remediar. Cerré los ojos y bailé una danza de aspecto clásico y en mis manos crecieron hojas verdes. Quería que el viento soplara para menear mis cabellos y así fue. Me decidí a cantar pero al abrir la boca, abrí también los ojos y contemplé que estaba en mi habitación, recostado en la cama. En la radio sonaba música clásica.[/FONT]
  11. ¡Espero que os guste! Una historia triste, en la que quiero invocar el dolor de una madre al perder a su hijo, no es una historia bonita, pero es una historia que en algún lugar del mundo, puede ser real, el cáncer se lleva a niños y mayores, miles de personas mueren cada año por esta enfermedad, por eso, cuándo podáis, ayudad a la Asociación Española Contra el Cáncer

    Memorias de una madre destrozada
    Es doloroso este recuerdo, mi cuerpo deja de responderme cuando intento evocarlo, el solo evocarle a él me produce un dolor demasiado intenso, un mal que ningunas pastillas pueden curar. Mi hijo sólo tenía 9 años.
    Recuerdo ese día, la entristecida faz de la enfermera prevenía de los resultados, no debía ser nada agradable decirme algo así, y no lo fue, pues ella lloró tanto o más que yo ¡Solo tenía 9 años!
    - Siento decírselo así - Me dijo quebrada su voz a causa del dolor - Su hijo padece cáncer, es demasiado tarde para hacer nada.
    Sentí caer cada una de las palabras sobre mi cabeza como si de ladrillos pesados se tratasen:
    - ¡Mi hijo! sólo tiene 9 años ¡no puedes dejarlo morir! ¡ayúdale! - Grité más que contesté
    - ¡Señora! El tumor de su hijo se ha reproducido demasiado, ya no podemos operarle, o lo mataríamos.
    - Pero... ¡Si está bien!
    - Señora, su hijo no les reconoce desde hace semanas, no recuerda nada, a veces, no puede hablar, no puede andar ni comer
    - ¡Mientes, mientes!
    Dichas estas palabras salí a correr, no sabía a donde ir, no sabía que hacer, mi hijo era muy jóven, sólo tenía 9 años, no podía dejarle morir, me engañé a mi misma pensando que mi hijo estaba bien, que era solo una broma de la doctora, no podía ser verdad. Pero no, los médicos no bromean con eso, mi hijo estaba muriéndose, puede que ya estubiese muerto. Este pensamiento atenazó mi mente incapacitándome para andar, mi visión se tornó blanca y caí al suelo.
    Cuando me desperté estaba en una de las camas del hospital en la misma sala que debía estar mi hijo, desvié la vista a su cama y la esperanza me iluminó, la cama estba vacía ¡Se había recuperado! me levaté corrí por el pasillo en busca de la doctora y cuando la ví:
    - Mi hijo ¡Se ha recuperado! no está en la habitación ¿Dónde está? ¡Quiero verle!
    - Señora, su hijo falleció anoche - dijo la enfermera muy seria.
    - No, no, no no no no ¡NO! ¡NO ES VERDAD! ¡MIENTES!
    El ansia me atacó irrefrenablemente, mi mente se llenó de recuerdos de él sonriendo, <<Lo críe sola, es lo único que tengo, mi razón para vivir, no, no puede estar muerto, no me puede estar pasando esto a mí>> pensé <<Voy a misa los Domingos, creo en Dios y rezo, esto no es verdad, es solo un sueño>> me decía una y otra vez hasta que me tranquilicé y cuando creí haber recuperado la calma, sonó en mis oídos:
    - ¿Quieres verlo?
    - ¡Si! claro, claro que quiero ver a mi hijo, él... él está vivo
    La enfermerá hizo un ademan negativo, me agarró por el brazo y me llevó hasta una habitación.
    Efectivamente, estaba alli, inmóvil, con los ojos cerrados, parecía que dormía, pero no, no era un sueño, el cáncer se llevó a mi hijo. Las lágrimas invadieron mis ojos y me abandoné al llanto, lloré durante horas, he perdido a mi hijo. Sólo tenía 9 años.
  12. Este relato de temática gay creo recordar que fue la primera historia que publiqué el internet. Y hasta donde sé, la más leída. Tenía una parte erótica pero en uno de los sitios me hicieron quitarla y ahora en el otro sitio donde la publiqué no la encuentro, así que solo me queda esta... Aver si os gusta...

    Quince años
    Éramos pequeños, no tendríamos más de 7 años cuando tuvimos que dormir juntos, despues de un día juntos jugando como siempre, quise dormir en su casa, como no había cama dormimos en la misma. Él ni se enteró, pero mi cuerpo vibraba cuándo me rozaba con su cuerpo, deseaba decirle que era el mejor amigo que tenía y que no quería que dejase de serlo nunca.
    Fueron pasando los años y yo creciendo, las piezas del puzle que era mi vida ya no tenían sentido, mientras todos hablaban sobre las las compañeras, yo me quedaba anodado mirándole, podría haber pasado horas sin parar de mirarle, en ese caso, hubiese sido muy feliz, su cara, morena y su pelo rubio sedoso me decían tócame, sus ojos azules aparecían en mis sueños y su boca me besaba siempre que daba rienda suelta a mi imaginación. Se me hacía un nudo en la garganta cuando se dirigía a mi y no podía hablar. Solo tenía 15 años y sentía un amor tan intenso como nunca he vuelto a sentir.
    A mi no me importaba que fuese un chico, era como si ese dato explicase mi amor. Quería decirle que lo amaba, quería que me besara, me cogiera de la mano y me dijera <No temas al mundo, tu y yo podemos girarlo a nuestro antojo>.
    Estábamos en su casa, hablábamos de chicas, aún me pregunto como no se daba cuenta de que no le escuchaba, sólo le miraba. Ese día sin embargo cuando terminó de hablar se quedó mirándome, sus ojos me atrapaban, yo sentía que veía en mi más de lo que yo podía ver de cualquer persona, sus ojos me desnudaban y amenazaban con desvelar mis más recónditos sentimientos. Lentamente se acercó a mi, llegó un momento en el que sentía su respiración, los mechones de su rubio pelo acariciaban mi tez, haciéndome vibrar, un calor sofocante se apoderó de mí cuando sus labios rozaron los míos, cuando poco a poco nos fundimos en un beso mejor que el que nunca hubiese soñado, cerré los ojos y me dejé llevar. Me acostó en la cama sin dejar de besarme y se recostó junto a mi, sus ojos azules me tenían hechizado. Ni el frío del invierno podía afectarnos, enamorados nos acercábamos el uno al otro. Me susurró unas palabras al oído, su voz sonaba dulce, pude distinguir el amor que de ella crecía. Y entre palabras bonitas y besos dejemos de ser niños para convertirnos en hombres, dos hombres que se amaban. Esa noche dormimos juntos y cuando se acercó a mi le dije:
    - Tengo miedo del mundo - El me besó, me cogió de la mano y me dijo:
    - No temas al mundo, tu y yo podemos girarlo a nuestro antojo.
  13. Los gritos de dolor invadieron el campo de batalla y olor de la muerte se hizo presente en la guerra. Yo, adorando a mi dios maté y ahora lloro por las vidas que arrebató mi daga. La sangre me cubre los ropajes y es cierto que no es la mía, en mi mente recorren mil perdones a los familiares de mis víctimas.
    No es fácil ni agradable matar a los inocentes de una guerra que no es la mía, de una guerra que no es la nuestra. Pero si son los dioses los que quieren que las riquezas sean de los hombres corrompidos y que el poder sea corrupto. ¿Quién soy yo, sino, para doblegarme a su vuluntad?

    Como hija venerable que soy, guerrera de la mano de los dioses y eterna fujitiva del abismo, me doblego a la voluntad de quien me creó y me dirige. Y de la mano del dios de la guerra y orando al oráculo de la vida destruyo las vidas que se oponen a mi causa. Me cubren la cara grandes lagrimones, es cierto, pero no es por compasión a los heridos, sino, por compasión a mi misma. Ellos llegaron aquí conociendo mi nombre, todos me temen en la guerra y me escuchan fuera de ella. Dicen los ancianos que mi sabiduría es irreal, que es fruto de las deidades, y ahora es cuando más los creo y como consecuencia cuando me peor me siento. Soy una marioneta a mano de gigantes. Una persona sin vida, sin libertad, sin elecciones. Hago lo que de mí esperan y no sé si debo esperar nada a cambio.

    Creo que va siendo hora de dejar la daga olvidada en algún mesón cercano, de dejar la guerra y de ser yo misma. Pero me lo impide mi fe, pues un día prometí ser fiel a los dioses y en consecuencia me acojieron sus servidores. Hoy te pido consejo, sabio vigía. ¿Qué puedo hacer?