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  1. Capítulo II Amor.

    Hoy; cinco de febrero era mi cumpleaños, es el día en que paso a ser mayor de edad. Y según las leyes ya paso a ser responsable de mis actos. Pasaría ese día con kagome y eso lo hacía diferente y especial.

    Había preparado un picnic en nuestro pequeño lugar secreto en aquel rio, donde nadie pasaba, por ello habíamos improvisado una pequeña cabaña con troncos y maderas, era simple pero en caso de que diluviara tendríamos donde resguardarnos de la lluvia. La verdad me contagiaba su alegría y su entusiasmo por aquel día.

    Nos encontrábamos sentados sobre un mantel de cuadros rojos, negros y blancos a la orilla del rio todo era perfecto y no pude evitar el besarla. Lentamente cubrí sus labios con los míos, primero su labio inferior y el superior, vi como me correspondía, luego me vi en la necesidad de profundizar el beso e introduje mi lengua en su boca, jugaba con la suya… sintiendo, explorando, saboreando… el beso se torno más salvaje y lleno de deseo, la recosté poco a poco sobre la manta posicionándome sobre ella.

    Sus manos recorrían mi espalda y acariciaban mi cabeza, despertando más mi deseo, no pude contenerme y comencé a recorrer lenta pero firmemente con mis manos desde su cadera hasta sus pechos. Detuve suavemente aquel beso expectante… esperando su reacción ante mis actos… solo vi como me miraba llena de deseo y volvía a unir sus labios a los míos.

    Mientras la besaba con una mano masajeaba y apretaba sutilmente su pecho y con mi otra mano libre acariciaba su muslo, escuche como gemía, lo que provoco que mi cuerpo reaccionara más aun, mi miembro ya erecto la pedía, pero no podía ir tan rápido, debía ser delicado.

    Comencé a quitarle aquella camisa y luego el sostén, luego recorrí con besos desde su cuello hasta su pecho, donde dedique más atención, bese su pezón firme y rosáceo, para luego proceder a lamerlo y chuparlo… sus gemidos se intensificaban más.

    Con la otra mano comencé a abrirme espacio entre su pantaleta y su intimidad, busque su punto más sensitivo y lotería. Su cuerpo se estremeció, masajeaba entre suave y firmemente su intimidad y pronto pude sentir como se humedecía.

    Baje hasta llegar a esa altura y abrí sus piernas y con mi lengua comencé a acariciar aquel húmedo lugar, escuche como sus gemidos eran más seguidos, por lo que supe que ya estaba lista.

    Me quite la camiseta y el pantalón azul oscuro rápidamente, vi como me miraba con curiosidad, a lo cual respondí con un beso y una suave mordida en su clavícula. Termine de quitarle la falda de aquel uniforme y sus pantaletas, volvía a besar y a chupar su intimidad y subí hasta su boca.

    -descuida, seré delicado princesa – respondí a la mirada llena de temor que me dedicaba. Solo me asintió a la vez que buscaba mis labios y los besaba.

    Tome mi miembro con mi mano y comencé rozándolo un poco contra su intimidad, para luego introducirlo suavemente. Escuche como esta vez soltaba un gemido de dolor y me detuve ya dentro de ella, al mismo tiempo que la besaba, reinicie mis movimientos suavemente mientras ella se acostumbraba a tenerme dentro, para luego cambiar el ritmo por unas embestidas más rápidas y más fuertes.

    No podía contener el placer que producía el estar dentro de ella, tomaba su pecho y lo besaba mientras la embestía con más fuerza, ella me acercaba más a su pecho con su mano mientras que con la otra me agarraba firmemente de la espalda. Supe por eso que le gustaba; así que comencé a chupar su pecho y a envestirla con más fuerza, la deseaba, era feliz al saber que ahora era mía. No pude contenerme y sé que ella tampoco. Y justo cuando llegábamos al éxtasis la escuche gemir más fuerte y la sentí pegarse aun mas a mi miembro, por lo que no pude resistir mas y la llene de mi semilla.

    No salí de ella, la bese tiernamente mientras sentía esta vez un abrazo de su parte, uno lleno de amor, era dichoso al tenerla así a mi lado. Solo mi piel cubriendo la suya.

    Solo los dos, ahora bajo las estrellas, entregando nuestro amor el uno al otro… entregando el corazón con nuestro cuerpo y alma… bajo una hermosa noche estrellada.

    No había palabras que decir, solo la mire lleno de amor y de dicha, todo ya estaba demostrado o dicho en aquella escena, en aquel momento. Las palabras no podrían describir lo que ella o yo sentimos al entregarnos al amor.