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  1. El día de hoy decidí escribir mi primera entrada en un blog. Hace mucho que ya había tenido la intención de comenzar uno, pero por una u otra razón nunca lo había hecho, hasta ahora. Bueno, ahora que recuerdo ya había escrito algo en mi “JaiFaiv”, pero esa es otra historia.

    Soy realista. No prometo (ni a mi ni a nadie más) escribir frecuentemente, ni siquiera prometo escribir una segunda entrada, pero por el momento eso poco importa. Lo que importa es que el día de hoy, o mejor dicho, algo que me ocurrió el día de hoy es algo que no quiero olvidar. ¿De qué se trata? De mi sueño.

    He tenido muchos sueños muy impactantes en mi vida.

    He soñado que vuelo, sintiendo el vértigo de la altura, la emoción de la velocidad, la tranquilidad casi Zen de la libertad, el miedo a caerme, la falta de deseo de tocar tierra firme nuevamente.

    He soñado que muero, sintiendo como se desvanece, poco a poco, hasta la última pizca de fuerza que queda en mi ser, siendo espectador impotente de cómo la sangre, escurridiza e imparable, escapa de mi cuerpo sin importarle su contenedor. En algunas ocasiones he despertado, en otras el resto del sueño se ha perdido, y en otras incluso me he levantado con renovada energía, o como si nada hubiera pasado.

    He tenido sueños de todo tipo: bizarros, psicodélicos, bellos, enigmáticos, nostálgicos, de vidas alternas, de espacios inconmensurables, de mundos fantásticos... pero éste, el de la madrugada del 9 de septiembre de 2009, ha sido uno de los más impresionantes.

    Ya antes había tenido más de un sueño, sueños cortos e inconclusos, pero ninguno como éste. Fue una sucesión de sueños, tal vez con poca relación lógica entre ellos, pero con un lazo entre uno y otro. Debí haber escrito esto en la mañana cuando lo tenía fresco maldita sea, pero eso me pasa por desidioso y por darle a mi trabajo más importancia de la debida.

    Fueron varios sueños, bastantes, no los recuerdo todos, pero sí algunos. Puede que los cuatro o cinco subsueños que recuerdo con nitidez y que voy a narrar no hayan estado interconectados entre ellos, pero sin duda alguna formaron parte del todo, y más que nada lo que pretendo mostrar es la impresión que tuvieron en mí y cómo es que cada uno de ellos se iba enlazando con el anterior y el siguiente.

    Puedo recordar claramente en uno de ellos, a mi madre, dándome sabias lecciones sobre la vida. En un momento dado le hice una pregunta, una de esas preguntas que uno sabe que sólo uno mismo puede y debe resolver, pero que aún así queremos ayuda, porque somos muy ciegos para verlo, o muy necios para querer aceptarlo. No recibí una respuesta, su imagen se evaporaba, y en un grito de desesperación por alcanzarla, en un momento de reflexión y espera, el momento y el lugar ya era otro. De pronto estaba con mí tío Marcos, el tío más caro a mi corazón. Lo extraño últimamente. Nos encontrábamos en la playa, platicando sobre su entrenamiento de triatlón. Él se estaba convirtiendo en todo un profesional y, con justa razón, me presumía su mamadés de hombre de acero. Realmente envidiable. En una zancada suya hacia el mar, ya estaba yo en una especie de casa acondicionada como lugar de peleas clandestinas. Estaba ahí no sólo como espectador, evaluaba a mis futuros contrincantes. Eran peleas a muerte. Artes marciales extremas, con uso de armas y ninguna regla más que la supervivencia. Sujetos con habilidades totalmente fuera de serie, aunque no TAN imaginarias como los de las películas, un poco más creíble. Una chica con garras en las manos se enfrentaba a un sujeto con una especie de kamas. La chica llevaba la ventaja. Muy ágil, muy hábil, la victoria era claramente suya. Y así de pronto, ya se encontraba contra la pared, con un cuchillo clavado en el hombro y un semblante pálido y desesperanzado. El sujeto se abalanzó sobre de ella, y cuando no quedó más que una sombra... En un lugar sombrío estaba yo. Vacío, negro. Sabía que era un sueño dentro del sueño que había sucedido a otro más, parte de una larga secuencia, interconectado al anterior por nada más que una imagen o una sensación en común. Estaba tan plenamente consiente de ello, dentro del sueño, como lo estoy ahora, escribiendo. Decidí despertar, y así fue. Desperté... en otro sueño. Pero mi memoria ya es difusa. Creo que era un lugar apacible, una especie de jardín con bellas flores y una fuente, o alguna especie de campo al aire libre; pero bien pudo haber sido alguna montaña con nieve, o igual pudo haber sido un lugar común y corriente como mi casa, una oficina, o algún lugar de la ciudad. Probablemente todos esos lugares fueron parte de la continua cadena de sueños que soñé, o probablemente ya son una invención de mi mente que intenta revivir y reconstruir las imágenes, tomando prestadas imágenes que he visto realmente y que se encuentran en algún recóndito lugar de mi memoria.

    Fue realmente sensacional. Por varias razones, aún sigo asombrado y maravillado. Por un lado, por esas mágicas imágenes impresionistas, puntuales, instantáneas, súbitas, precisas e inmediatas, que relacionaron sueño y sueño. Por otra parte, por los sueños, mágicos, imprevistos y traicioneros. Y por otra, por esa indescriptible sensación de repentina pero plena conciencia de un yo que está en un plano onírico, siendo sujeto subordinado a los caprichos del inconsciente de un yo que está en un plano “real”, desde un plano intermedio en el que conviven ambos mundos.

    ... Son casi las 11 de la noche, estoy cansado y mañana es mi cumpleaños... Creo que es hora de ir a dormir...