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  1. 23 de agosto... 2016 Querido diario:

    No he podido escribir porque he estado refleccionando mucho acerca de mi vida en general y no le encuentro nada bueno, solo cosas malas me pasan ¿A caso estoy destinada a una vida de miserias? ¿Esto pasara algún día? O será así para siempre.

    Una de las decisiones más importantes y la más dolorosa, es renunciar al amor. Tan simple como eso.

    Cerré los ojos y dejé que mis sueños se alejaran como globos con una cinta delgada. No necesitaba aquellos sueños. Ni siquiera podía estar segura de que fueran a hacerse realidad.

    Y, aunque se hicieran realidad, no quiero que el pase la vida solo y torturado por la idea de que todo lo que había hecho no significaba nada si yo no estaba a su lado como el quiere que este.

    Y entonces pensé que, aunque fuera terrible, ninguno de los dos se merece esto.

    Los dos debemos renunciar a nuestro amor, nuestro amor prohibido. Mi vida continuaría avanzando hacia el futuro y yo no podre detener su curso.

    Jace seguiría siendo mi hermano, mi protector y mi mejor amigo para siempre; continuaría por la senda que había seguido antes de volver y que esto pasara.

    En otras palabras, no había nada que hacer. Estábamos atrapados en lados opuestos: dos futuros inciertos y con direcciones completamente diferentes.

    Se que estoy siendo injusta... que el me esta protegiendo. ¿Qué opción me queda? No podre darle la ocasión de discutir sobre ello. Tengo que hacer lo mejor para ambos. No puedo quedarme aquí, resistiendo, mientras las cosas verdaderas que tenía iban desapareciendo día a día. No podre demostrar cuanto me preocupa porque sólo haría las cosas más duras al final. Por encima de todo, no quería ser la razón de que Jace se hundiera en esto conmigo y salga lastimado, él merece cosas buenas en su vida y no una molestia como yo. Si mi familia buscaba una excusa para deshacerse de la poca inocencia que me queda, entonces buscarían que Jace contará todo lo que ocurrió entre nosotros, se que el no lo haría pero ahora que la verdad sale a la luz este podría ser el final de su carrera. Al fin y al cabo no me queda mucho más por que luchar, él tendría que entenderlo y si no prefiero que me odie eternamente.

    No podre obligarlo a aceptar mi decisión, no soy nadie para ello, pero si podre marcharme de su vida y la de los demás sin más.

    El estará de acuerdo de que esto es una competa locura, pero es lo mejor para los dos. No se trata de él. Se trata de lo dolida y asustada que estoy por las circunstancias y el destino que nos ha apartado a ambos.

    Escribiendo esto ya no puedo contener más las lagrimas. Me volví. Solte una carcajada breve y triste.

    Temiendo no ser capaz de superar mis emociones y mis pensamientos, la decisión si no hago algo inmediatamente. Tengo cosas por hacer en la vida. Cosas que no le incumben.

    Terminare mis estudios en la Universidad y tendré trabajo. Y no voy a dejar que el eche su vida y todo por la borda por mi y algo que nunca tendría que haber sucedido.

    ¿Esto es realmente lo que quiero?, la respuesta es si, quiero que cuando el bese a una chica, ¡Quiero que no sea prohibido!

    En cuanto escribí y pensé eso lo lamente.

    No quiero herirlo, sólo quiero que esto acabe lo más pronto posible, antes de perder los papeles y echarme a llorar.

    Si llegue a darle esperanzas de que esto iba a funcionar esa no era mi intención, yo no quería herir a nadie y por eso hago esto no quiero más dolor, tristeza, quiero dejar de sentir.

    Pensar en el después de lo que voy a hacer, imaginarmelo rigido y molesto conmigo me mataba.

    Las lagrimas me queman, pero no derramaré ni una sola. Estoy demaciado llena de frustración y furiosa para sentir más, pero sospechaba, y por eso tengo un sollozo atrapado en la garganta, que al cabo de cinco minutos cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de hacer, se me rompía el corazón.

    ¿En verdad quería romper con él? ¿Para siempre? ¿No era cosa del destino? ¿Por que debí enamorarme? ¿Porque mi hermano?

    El estomagó se me revuelve y siento náuseas. Me zumban los oídos y respiro entrecortadamente, ¿Qué es lo que voy a hacer? ¿Es lo que en verdad quiero?, no importa ya, ya tome la decisión y no hay vuelta atrás.
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    Las fiestas no son lo mio. La música ensordesedora, los cuerpos dando vueltas y más vueltas, las sonrisas... Nada de eso va conmigo. Para mi, la mejor manera de pasar un lunes, es quedarme en casa, con Toma acurrucada en mi cama o en un colchón a su lado, entre sus brazos, escuchando música o leyendo alguna novela de terror con romance. Un plan predecible, sensillo... normal. Me llamo Elena Chastel, aunque hace un tiempo era la tipica adolecente americana, que compra ropa en un Outlet de moda y se gasta toda su mesada en libros y música, últimamente la normalidad y yo nos hemos convertido en dos perfectas extrañas. Ahora no me reconocería aunque me metiera un dedo en el ojo.

    La normalidad y yo no somos más las mismas de antes.

    Hoy fue la feria del libro en el instituto, eso explica mas o menos el porque Toma esta tirado en el suelo descansando mientras yo redacto esto, la pase bien, que más podría pedir: música, libros, escritores y entrevistas. Pero este día no se compara con lo que me paso, aunque ya era predecible que el chico que siempre fue y sera mi mejor amigo, mi hermano, el que esta enamorado de mi desde que tengo memoria se animara a decirme lo que sentía, Jace es bastante alto, más incluso que Toma, funciona con una lógica cautelosa y rigida, se mueve con el sigilo del humo, y vive con nuestros tíos en el condado Port Clyde, pero ahora volvio, por mi??. Verán el se fue a vivir con nuestros tíos Teresa y Kol para tener más acceso a un mejor programa de estudios, el ya esta en la Universidad. Si es mi hermano, y por que mi familia sabe de su amor nada normal entre ambos nos separamos, porque no es correcto.

    Jace tiene una voz grave pero a la vez suave, es callado y serio, puede parcecer antipatico pero una vez lo conoces es una persona totalmente diferente, o tal vez así es conmigo.

    Es mi ancla en este mundo, siempre está cuando lo necesito en las buenas y en las malas. Su tez es pálida, delgado, ojos color miel intensos, y cabello negro como alas de cuervo.
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    Tal vez mi vida no sea normal, pero si tiene estabilidad. Es decir, materializada en Megan, mi mejor amiga desde hace seis años. Ella y yo compartimos un vínculo inquebrantable que ni siquiera una lista interminable de diferencias lo puede romper. O eso creí.

    Dicen que los opuestos se atraen, Meg y yo somos la prueba de ello. Yo soy delgada, un poco más baja que ella, mido un metro sesenta y tres, tengo una melena lacia semi rizada que pone a prueba mi paciencia, una personalidad tranquila, curiosa e irasible. Megan es delgada, pero con curvas, mientras que yo soy una tabla, es morena, tiene ojos verdes claro y es muy hiperactiva. Y al contrario que yo Meg es muy bipolar en el tema estudio. Sus deseos suelen interponerse en los míos. Megan al igual que Logan se gustan, pero ninguno de los dos lo admite.

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    Mueno por donde empezar, bien, falta un minuto exactamente para las nueve de la noche.

    No hay mucho que contar, hoy me levanté más temprano de lo habitual, me extraño no escuchar las pisadas de mis hermanos cuando me levanté y los gritos de mamá pidiéndoles que no corrieran en la casa.

    Baje las escaleras, me diriji al cuarto de mamá, dormía aún profundamente, enroscada igual que un ratoncito en su cama. Me vestí y maquille un poco tenía unas ojeras enormes y continúe por el pasillo sin hacer ruido hasta abandonar la casa.

    El aire era fresco y limpio está mañana, anoche me había acostado con un terrible dolor de cabeza, alze el rostro hacía el cielo y suspire 《¿Qué me esperará hoy?》
    Me sentía mucho mejor de lo que me había sentido el día anterior. Había prometido encontrarme con Logan y Taro antes de entrar al Instituto después de educación física, pero no me hacía mucha ilusión, estaba segura de que todo iría bien.
    Conozco a Logan desde que íbamos juntos al kinder. Es un chico bastante alto y flaco, ojos azules y cabello rubio.
    Ya llegando al Instituto me adelante ya que hacía frío, intenté buscar caras familiares pero nada, en eso me di vuelta y los vi acompañados de Erik, un chico mucho más alto que ellos, de ojos verdes, cabello castaño y tez bronceada, los tres me abrazaron y me saludaron 《cuánto afectó. Nos fuimos a sentar en un Banco enfrente a nuestro salón, Logan y Taro están en el salón 3, mientras que Erik y yo en el 4.

    Erik me extendió un paquete de galletas y yo le dije que no me apetecía y el continuo repartinedo galletas a los chicos.

    -¿Quieren dar una vuelta? propuse yo, estar sentada no es lo mio. Todos asintieron y nos dirigimos afuera, caminamos uno junto al otro sin tocarnos. Todo estaba humedo y lleno de barro, dado a que esta mañana había comenzado a llover apenas.

    Caminabamos, y los chicos mencionaron algo sobre una fiesta en el instituto este viernes por San Valentín, no les preste mucha atención, me sentia repentinamente indesisa y no sabia el por que. San Valentín es mi epoca favorita del año ya que siempre le regalo algo a todos, lo se, se supone que solo debería regalarle al chico que me gusta, pero luego de un tiempo todos entendieron mis costumbres. A los únicos que si les regalaba algo diferente era a Toma y Jace.

    La verdad no se si este año lo vuelva a hacer, después de todo, sigo sin saber que me pasa últimamente.

    -No me dijiste que te paso ayer- dijo Logan sacandome de mis pensamientos.

    -Ah, no nada-respondí y me miraron de soslayo los tres- solo estaba cansada eso es todo-continué, intentando dar un poco de animó a mi voz.

    -Entiendo, los dulces no se harán solos o si Taro, jaja- dijo Logan lanzandoce sobre mis amigos y riendo a coro.

    Toda esa preocupación me hizo acordar la vez que todos nos decían que Logan y yo eramos novios, lo cual es completamente ridiculo no. Eso no quiere decir que el no sea lindo pero no me interesa en ese sentido ya que nos conocemos desde siempre y le gusta Megan mi "mejor" amiga, cuando le conviene.

    No es que no me guste ser su amiga no, nada de eso, es solo que ella es la clase de persona que no le importa los sentimientos de los demás.
  4. Después de una larga mañana de asuntos que atender, el conde se encerró en su estudio acción que tenía como objetivo evadir a Sebastian ya que su sola presencia evocaba en él sentimientos que jamás habría creído tener y ante todo quería evitar aquella mirada que le dejaba sin respiración, aquella mirada de esos ojos que le hacían verse sumiso ante él. Ciel agitó la cabeza molesto por un momento recordó aquella sensación y aquel contacto entre ellos y su cuerpo reaccionó queriendo más, acaso su propio cuerpo lo estaba traicionando a él mismo, su mente no comenzaba a pensar con claridad la única persona que había presa en ella era Sebastian y comenzó a fantasear más y más con él parecían los deseos más profundos que Ciel quería mantener ocultos y ahora estaban allí torturándolo invitándolo a fantasear con aquel hombre, Ciel se sonrojó y comenzó a sentir mucho calor parecía como excitación.

    -¿Qué es este sensación tan extraña que recorre todas las partículas de mi cuerpo? ¡Maldito seas Sebastian! (Dio un puñetazo a la mesa de su escritorio se levantó y miró por la ventana, el paisaje que observó se tornaba gris, apoyó su puño cerrado contra el cristal y se recostó en el taciturno, el cristal estaba frío aquella frialdad reconfortó a su sofocado cuerpo, su rostro denotaba rabia, por una vez en su vida no controlaba la situación aquello le crispaba los nervios, todo iba en su contra estaba indefenso ante Sebastian, sentía que su mayordomo podía hacer lo que quisiese con él, ya que Ciel se sentía…) ¡Inferior no puedo ser inferior a él!

    -¿Inferior a quién? Boochan.

    Ciel tan siquiera lo había oído llamar y ahí estaba el fruto de su debilidad Sebastian Michaelis.
    Pegó un respingo al verle a su lado y tropezó con la pata de su silla cayendo al suelo ante la sorpresa del mayor.

    -¡Sebastian!
    -Ante de que diga nada amo llamé tres veces y al ver que no contestaba me preocupé y entré.
    -¿Qué es lo que quieres? Estaba ocupado.
    -Le traigo su té de las cinco como de costumbre, esta ves será el té llamado sueño de medianoche su aroma y su sabor recuerdo a los frutos rojos y lo acompaño con unos pasteles de bizcocho esponjoso en cuyo corazón se encuentra un delicioso chocolate fundido con un toque de canela, en su boca provocará una explosión de sensaciones.

    Ciel continuaba en el suelo, no se dignaba a mirarle es más no quería hacerlo

    -Boochan, ¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda?. (Le tendió una mano que Ciel tomo a regañadientes para ayudarse a levantarse, Sebastian aprovechó la oportunidad para estar más cerca de su amo y continuar lo que habían dejado a medias, lo impulsó con más fuerza de la debida elevando el liviano cuerpo del joven cargándolo cual princesa entre sus brazos)

    -Sebastian…¡Suéltame! (se removió entre los brazos de él)
    -Si sigue haciendo eso puede hacerse daño y no me gustaría que lo hiciera Boochan, eres demasiado preciado para mí (le acarició el cabello bajando hasta la mejilla y el mentón alzando su cabeza para que sus ojos se encontraran una vez más) ¿Y bien de quien se sentía usted inferior?
    -Yo…Bueno…Verás… (Comenzó a titubear)
    -Se ve tan tierno así (paseó su dedo índice por los labios de Ciel).
    -Yo me siento inferior a ti.
    -¿A mi? ¿Cómo podría sentir tal cosa? Sabe perfectamente que usted es superior a cualquier subordinado incluyéndome, no piense eso.
    -Pero es así, tú…Bueno…Yo…Esto…Tú…

    Ciel comenzaba a no poder explicarse con claridad aquellos temas lo avergonzaba empezó a hiperventilar y se le trababa la lengua, aquello que estaba a punto de decir lo iba a poner en evidencia ante él pero eso ya no importaba necesitaba decírselo o si nos explotaría tarde o temprano.

    -Tranquilícese boochan.

    Sebastian decidió que era mejor dejar lo que se había propuesto para otro momento, no quería alterarlo más de lo que ya estaba, lo dejó sentado en la silla.

    -Beba un poco de té e intente explicarse.

    Ciel cogió la taza de té, el aroma le calmaba era perfecto y su sabor era exquisito tenía un excelente equilibrio, todo lo que hacía Sebastian resultaba magnificente.

    -Tú eres…Superior a mi en cuento a experiencia en…Bueno ya sabes a lo que me refiero… (Bajó la cabeza ruborizado)

    Sebastian esbozó una de sus típicas sonrisas

    -Con que es eso..Puedo ayudarle si quiere, para mi sería todo un placer (recalcando aquella última palabra se aproximó a Ciel lo tomó por el mentón alzándole el rostro sus mejillas comenzaban a tomar un color más carmesí, se inclinó para besarlo pero notó la expresión dubitativa y vacilante del menor) ¿No desea hacerlo boochan? (alejándose nuevamente).

    Pero no le dio tiempo a alejarse demasiado ya que Ciel se lanzó a sus brazos colgándose de su cuello, a Sebastian aquella acción del menor, le pilló desprevenido no estaba acostumbrado a ver en el pequeño aquella efusividad, se inclinó inmediatamente para facilitarle las cosas al menor que lo besó aquel contacto mostraba su clara inexperiencia.
    A Sebastian le divertía ver como su señor intentaba experimentar y notaba como se enrabietaba al no ver el resultado que esperaba, Ciel alejó sus labios y volteó la cara molesto.

    -Boochan permítame mostrarle como se hace (lo alzó en sus brazos y lo sentó de nuevo en el borde del escritorio para mayor confort del pequeño, en un principio lo besó lentamente para que Ciel pudiera seguirle el ritmo, conforme los labios del menor se volvían más apremiantes y ansiosos por recibir más el beso se tornó más profundo, el mayor lo agarró por la nuca para optimizar el contacto, introdujo su lengua en la boca acuosa de Ciel levemente no queriendo invadir demasiado jugueteando con la del menor que comenzó a experimentar con la suya propia enredándola con la de Sebastian, después de un rato Ciel comenzó a notar la falta de aire pero no quería separarse en ese mismo instante en el cual se adueñaba un poco de la situación, fue Sebastian quien se separó, pero el conde lo retuvo enroscando sus piernas alrededor de las de él, el mayordomo observó que Ciel estaba ansioso, su respiración era acelerada y en sus ojos ardía el deseos de aprender más, el menor tiró de él con la intención de besarlo pero Sebastian lo retuvo sellando sus labios con dos dedos).

    -Ya es suficiente por ahí Boochan, Lección uno aprendida (Se alejó de él encaminándose hacia la puerta.
    Ciel seguía en shock no comprendía la actitud del mayor, oyó la puerta de su estudio abrirse Sebastian estaba a punto de irse).
    -¡Espera Sebastian, que eso de la lección 1! ¡Quiero saber más, no sólo la lección 1! (Su voz era implorante caso como un ruego).

    Pero Sebastian no daría su brazo a torcer, estaba decidido a dejarlo así una lección por día era lo máximo que soportaba su joven amo, sin más decidió abandonar la estancia cerrando la puerta, dejando a Ciel totalmente insatisfecho
  5. Pareciera que no habían pasado mas de unos segundos en sus brazos cundo caí rendida al sueño a causa del cansancio de haberlo seguido, a demás de el ataque de aquel hombre ebrio del callejón. Su pecho cálido y protector logro tranquilizarme y por eso me dormí allí al parecer. No pasó mucho tiempo cuando desperté, ya que había sentido el momento en el que me posó en la cama. Entre abrí los ojos notando que seguía junto a mi, tome la manga de su saco, mirándolo de reojo aun dormida, este poso sus ojos en mi tan serio como preocupado, suspiro acariciando mi cabello, ese gesto me recordaba a mi padre, me daba tranquilidad, pero, lo que me dejaba intranquila era lo que Undertaker me dijo, no sabia si era momento de preguntarle aun, tal vez el también merecía descansar un poco. Acomode la cabeza en la almohada, casi solloza, no por el recuerdo de mi padre ni lo que me dijo aquel hombre, sino por el susto de lo sucedido en el callejón, quien sabe que me hubiera pasado si el no venia a salvarme, pero no el apareció ahí obediente como si fuera un perro guardián, el me protegió, y recuerdo sus ojos de preocupación, no creía que un ser como el pudiera sentir eso por un simple humano como yo. Suspire nuevamente, mirando a la ventana la cual dejaba notar la bella luna, quien ahora se veía tan lejana e inalcanzable.

    -Parecías preocupado- dije finalmente

    -Sin duda alguna lo estaba- se sentó a mi lado- ese hombre casi abusa de usted, como no quería que este preocupado, su cuerpo no puede ser manchado por ningún humano de esa calaña, a demás como mi joven ama es mi deber protegerla, estaba molesto porque se escapo pero... su estado de shock me alarmo un poco mas, lo bueno es que ahora esta bien- se levanto- debería descansar un poco.

    -Tienes razón...- me cubrí con la manta- pero... no entiendo eso de condesa

    -Se lo explicare en la mañana- hizo una reverencia

    -No ...hagas...eso...

    -Buenas noches My Lady

    "Me encontraba sentada frente a un lago de aguas claras sintiendo la briza en mi rostro, estaba completamente sola, los arboles se mecían suavemente dejando caer las hojas marchitas por el otoño, tome una que cayo junto a mi mano, cuando escucho una risa que me alejo de mis pensamientos. Mire a mi derecha viendo a una pequeña niña jugando con su padre, me recordaba a cuando salia con el mio a volar barriletes en el campo. Los contemplo divertirse hasta que una señora llega algo malhumorada a regañarlos, ¿Porque haría algo así?. Me acerque corriendo a ellos para detenerla y que los dejara tranquilos, toque su hombro tras su largo cabello negro, que se parecía al de ¿mi madre?, al voltear su rostro estaba lleno de sangre, al pestañar del susto la veo de nuevo viendo que era una calavera.

    -¿POR QUE DEJASTE QUE ME PASE ESTO?- grito

    -No...

    Gire donde estaba el hombre, que en efecto era mi padre, eso significaba que esa niña era ¿yo?, la mire, notando las lagrimas que caían de sus enormes ojos verdes, terminando por golpear su vestido azul, si esa era mi yo de niña. Su llanto había logrado, que el cielo se tornara gris y tormentoso, el verde pasto ahora era tierra seca, y el agua era un horrible pantano. Note que las manos del esqueleto me tiraron al piso, comencé a agitarme y a llorar al igual que la niña, quien lloraba en mi pecho como si yo fuese su guardiana.

    -TODO ES TU CULPA

    -No...

    -SI HUBIERAS LLEGADO ANTES NO ESTARIA SOLA

    -Basta

    -ESTO ES CAUSA DE TU EGOISMO -se acercaba cada vez mas-NUNCA ME QUISISTE COMO TU MADRE

    -¡YA BASTA! -no pude aguantarlo mas- SEBASTIAN

    -Yes My Lady

    Las nubes se tornaron en un circulo haciendo notar unos enormes ojos violáceos, y esa risa distintiva del demonio, quien con una de sus manos aparto al esqueleto de mi tendiéndome la mano, mire a la niña quien estiraba su brazo, y sin pensarlo dos vece, lo tome y ella sonrió."

    -Señorita, le eh traído el desayuno- dejándolo en la mesa de noche- es café con leche, y galletas de chocolate

    Lo mire extrañada y salte sobre el comenzando a llorar, no sabía que otra cosa hacer, me había causado mucho miedo ver a mi madre así, gritándome todas esas cosas tan horribles, esa imagen estaba en mi cabeza y no sabía como quitármela. El me miro mientras aun sollozaba, tenia esa mirada otra vez, esa cara de preocupación.

    -Veo que ah tenido una horrible pesadilla- solo asentí secando las lagrimas con el dorso de mi mano- siéntese y desayune tranquila, y si lo desea puede contarme lo sucedido- me senté y le señale la silla, para que estuviese frente a mi- entiendo- hizo caso a lo que le señale y se quedo frente a mi- estoy aquí para usted

    -Estaba en un bonito lugar donde había un lago y arboles, una niña y su padre jugaban- bebí un poco- su madre llego para llevársela, me acerque y era mi madre llena de sangre, me culpaba de su muerte, y luego era un esqueleto, el hombre era mi padre y la niña era yo, ella lloraba y todo se volvía horrendo, mi madre... dijo que no la quería, te llame y apareciste, y por ultimo tome la mano de la pequeña yo, quien me sonrió.

    -Me ha llamado en sueños, eso es inusual, pero veo que en su inconsciente se siente culpable por la muerte de su madre, y a la vez confía en mi para protegerla- me sonroje comiendo una galleta- ... lo que no me explico porque diría que usted no la quería- me miro de reojo y debute la taza en el aire.

    -Bueno- lo mire a los ojos algo triste- ella... me hacia sentir que no me quería, me regañaba cada vez que decía que querida ser artista, ella quería que fuera abogada igual que ella, pero no me gustaba y su enfado me deprimía haciendo que me encerrara, al parecer le molestaba que decidiera que me gustaba, y en esos momentos era en los cuales deseaba estar con mi padre, el si me hubiera entendido, pero con el tiempo aunque le costo lo entenderlo, pero para ese momento era demasiado tarde, porque la habían matado, fuera de eso lo pasábamos bien juntas y esos momentos son los que atesoro, no el echo de discutir por estudios.

    -Ya veo, usted odiaba su presión en lo que estudios se trataba- tocio- pero de todos modos la quería y esos es lo importante.

    -Si supongo que así es...- realmente necesitaba desahogarme- ahora háblame de eso...es una orden

    -Vaya, usted si sabe usar las palabras cuando le conveniente, y no me esperaba menos de la Condesa Phantomhive

    -Estas de broma- esboce- no hagas esos chistes

    -Nada de eso My Lady- sonrió seductor, me sonroje, ¿por que me afectaba tanto?- Me apena decir esto, pero me tome la molestia de ver su árbol genealógico partir de su padre, se que usted tenia una foto de ustedes tres, y el rostro de su padre me había despertado curiosidad, investigue un poco y como esperaba su bis abuela era una Phantomhive hija de su tatarabuelo, el Conde del bajo mundo Ciel Phantomhive, mi anterior amo, su esencia en algunos rasgos es parecida a la de el, sin embargo usted me cae mejor por su gusto por los felinos y el arte, al fin un amo mas normal

    -Entonces soy parte de una familia real, esto es demasiado raro

    -Si señorita, pero si usted no quiere ser...

    -No- lo detuve- podría intentarlo y quizá... encontrar al culpable- me levante de la cama- enséñame a ser una dama, es una orden, si seré condesa no puedo actuar como un chico debo aprender a ser una mujer real

    -Si mi joven amar

    Nuestras miradas se conectaron de manera diferente esta vez, el parecía complacido por la orden que le había dado, su sonrisa era la de un verdadero mayordomo, aunque por mi parte no me sentia preparada para esto, pero debía intentarlo.

    Nota: Eso es todo por ahora, posiblemente el sábado suba más capítulos (no se cual de las novelas), solo debo editar los borradores por las faltas. Espero y les guste.
  6. Eran los primeros días de verano, y junto con esto, las tremendas olas de calor insoportable. Para mi suerte, teníamos vacaciones en la universidad, al menos no tendría que ir toda sudada dentro de el tren con toda la gente, se podría decir que solo pensar en no viajar en el trasporte era realmente agradable. Me encontraba tirada en el piso del comedor,llevaba en cabello atado shorts y una blusa holgada, sentía la frescura de las baldosas en toda mi espalda, eso calmaba mi calor y las ansias de estar en una piscina, si eso era lo malo no tenia una, y no quería gatas el dinero yendo a una publica, con un montón de gente metida en el agua, era preferible antes de ir a esos lugares, poder vacacional en las playas. Me senté de golpe mirando a la nada, sacudí la cabeza reajustando mi coleta, vi a mi gato acotado junto a mi y a Sebastian sentado en el marco de la ventana, al parecer el también estaba un tanto aburrido. Me levante dirigiéndome al refrigerador y tomar un poco de agua, la cual estaba deliciosa, lo mire nuevamente, y este tenia sus ojos sobre mi.

    Tengo una idea- dije para poder sacarme sus ojos de encima- deberíamos ir a la playa, al menos ahí podremos refrescarnos y divertirnos a nuestro antojo

    Me parece un buen plan pero...- miro al gato con completa lastima- ¿Qué es lo que haremos con esta pobre criatura?- lo tomo entre sus manos

    Pues, lo llevaremos con nosotros, mamá había comprado un departamento en la playa para casos como este- mire la puerta de su cuarto- solo debo encontrar la llave, preparemos las maletas y podremos irnos.

    Como desee mi ama.

    Corrí al cuarto revolviendo uno de los cajones hasta que dí con la llave, no eran muchas, solo tres, la del portón, la de la entrada y la puerta trasera. Eran las únicas que necesitábamos ya que, allí estarían las llaves de los cuartos cuando entráramos. Salí suspirando por el echo de recordar cuando íbamos juntas a aquel balneario, mire a Sebastian quien tenia junto a el dos maletas bastante grandes, no me extrañaba que ya estuvieran listas, en todo caso el era un demonio y hacia este tipo de cosas a su antojo. Llevaba puesto una camisa blanca abierta hasta el pecho dejando ver parte de su piel, y sus acostumbrados pantalones negros. El seguía inexpresivo como esperando que dijera algo, solo sonreí, tomé a Orus en mis manos, y este al fin sonrió ¿todo por el gato?. Hice una mueca de sonrisa indicándole que saliéramos, cerro la puerta con llave tras de sí, paramos un taxí y por fin nos marchamos.

    Tras una hora en el taxi, al fin habíamos llegado a destino, baje rápido del auto porque tenia miedo de saber el valor del viaje, mire de reojo viendo a aquel hombre alto de ojos ambarinos que había visto aquella vez, en la oficina de mi madre, estaba segura de que era el, igual de inexpresivo, con los lentes y al igual que Sebastian, llevaba camisa blanca con pantalón negro, pero a diferencia de aquella vez iba acompañado de una chica pelirroja, como de mi altura y de tes blanca. Llevaba un sombrero para el sol, gafas negras, camisa azul y shorts de jean. Por alguna extraña razón, ambos se detuvieron seco, para luego voltear a donde nosotros estábamos, mire a mi acompañante, quien al parecer no estaba muy contento que digamos, sus ojos se tornaron violáceos al ver al hombre de ojos color ámbar, quien por casualidad tenia el mismo color en sus ojos, ¿El era un demonio también?, maldito Sebastian no me lo había dicho. Ambos se nos acercaron sin mas, pero la muchacha vio con recelo a mi mayordomo.

    -hola Sebastian- ¿Pero qué?- ahora veo porque dejaste de ser nuestro tutor- me miro tras los lentes

    -En efecto señorita Evangelina, ella es mi joven ama Roxanne

    -¿Alguien me explica que rayos pasa aquí?

    -Muy bien, lo que sucede es lo siguiente, los padres de Evangelina me habían contratado como su tutor tiempo antes de que usted formara un contrato con migo, tiempo antes de ese suceso, ella tubo un accidente donde formo contrato con Claude- lo miro de reojo y el continuo inexpresivo- creo que no hace falta aclarar, que en estos momentos estoy bajo su mando my lady- me beso la mano

    -viendo que fue un acontecimiento antes de conocerte no tengo motivos para enfadarme, pero... vayámonos ya me estoy asando

    -Ella tiene razón- la chica me miro- me pareces simpática- sonrió- ya que los dos están aquí ¿porque no entramos en el concurso de castillos de arena?, el que gana pagara las bebidas.

    -¿hay un concurso y recién se de esto?- me dio una hoja donde efectivamente hablaba de eso- muy bien, que el mejor demonio gane

    Nos estrechamos las manos con la muchacha, mientras nuestros demonios se estaban asesinando con la mirada, los miramos conteniendo la risa, esta chica me estaba empezando a caer bien. Caminamos hasta el departamento dejando nuestras cosas mientras, Evangelina y Claude se iban a instalar en alguna parte del balneario, no di mucha importancia, e ingrese directo a mi cuarto a ponerme mi traje de baño, solo rogaba que el demonio no me estuviese viendo. Al salir el estaba con pantalones cortos, y la misma camisa blanca,y junto a el el equipo de playa, al parecer no quería que me aburriera o algo así, abrió la puerta haciéndome salir primero. Nos dirigimos a donde se realizaría el concurso situándonos cerca de ahí, mire a mi alrededor notando que esa chica había tenido la misma idea que nosotros, volteo y me saludo con la mano mirando nuevamente al mar.

    -Señorita, lamento no haberle contado de ella- me dio un vaso de jugo exprimido de naranja

    -Déjalo, no estoy enojada, parece ser buena persona

    -comprendo- sonrió- de todos modos- se acerco a mi- usted...es mi...- no termino de hablar que una pelota golpeo justo sobre su cabeza- así que ¿quieren jugar?

    Tomo la pelota en sus manos, mirando a Claude que al parecer había lanzado la pelota mientras jugaba con su ama, quien nos hacia un gesto de acercarnos a donde estaban. Sebastian tomo la pelota lanzandola no muy fuerte, mientras comenzábamos a jugar voleyball playero, pero los dos demonios comenzaron a tomarse las cosas demasiado enserio dejándonos fuera a Evee y a mi, la gente los miraba aplaudiendo a ver quien ganaba la contienda, la pelota iba y venia tan rápido que apenas era visible. Por algún extraño motivo, o efecto del desgaste mismo, la pobre pelota no pudo resistir mas pinchándose en medio de su juego, Sebastian la miro deprimido, y luego sonrió.

    -Vaya, justo cuando todo es estaba tornando divertido

    -Lo mismo digo- dijo Claude aun serio

    -Evee, ¿el siempre es así de serio?

    -si- suspiro- es muy difícil que sonría, una vez hizo una mueca de sonrisa pero fue casi invisible

    -ya veo, Sebas...tian, sonríe y cuando ve a mi gato Orus parece enamorado de el, y da algo de ternura

    -te gusta,- camino hacia su sombrilla- ven

    -no creo que sea eso- camine junto a ella- pero, no puedo negar que es atractivo

    -muy bien como tu digas- me dio un refresco

    Miramos al horizonte notando, que ambos demonios estaban parados seriamente junto a pequeños baldes y palas de playa, completamente cerios, al parecer era hora del concurso, me levante de un golpe corriendo para ver mas de cerca el ansiado evento, Evangelina camino hasta llegar a mi lado, tal vez no estuve bien al dejarla así, la tome del brazo llevándola aun mas cerca, tanto que estábamos como espectadoras numero uno podría decirse. El presentador del concurso se paro frente a todos para dar unas palabras.

    -Bien venidos al concurso anual de castillos de arena, esperamos ver sus maravillosas obras de arte, y recuerden solo tienen treinta minutos, y serán evaluados por nuestros jueces, sin mas que decir que comience el concurso- soplo su silbato.

    Todos los concursantes fueron a la orilla a buscar agua y algunas almejas para usar de decoración, pero nuestros demonios, se metieron en el agua con todo y ropa, pasando unos cinco minutos en ella, para luego salir empapados, con unas cuantas caracolas bastante grandes, llamando la atención de muchas de las mujeres que allí se encontraban.

    -Si supieran estas tontas que ellos vienen con nosotras- miro con enojo a todas las chicas que estaban allí haciendo que se quedaran calladas

    -es verdad, por algo nos eligieron a nosotras y no a otras- le seguí el juego

    -realmente me caes bien- dijo por lo bajo

    -y tu a mi- le señale las caras de ellas- se pusieron mal pobres jajaja

    Miramos nuevamente al frente cuando una nube de arena nos cubrió completamente, pero podía divisar que era provocado por ellos dos, lanzando arena, agua y almejas por doquier, terminando sucios los dos, no podía creer lo que veía, parecían dos niños, Eve estaba con la misma expresión que yo en su rostro, a diferencia que ella tenia una sonrisa de satisfacción.

    Esos treinta minutos habían sido los mas largos de mi vida, y gracias a esos seres habíamos terminado cubiertas de arena, lo cual era bastante molesto. Cada concursante se situó junto a su "castillo", y ¿cuales resaltaban mas entre todos ellos?, así es los de Claude y Sebastian.

    oh oh, es el palacio real, con cada exquisito detalle, es una obra maestra es como si una damisela esperara dentro, oooh- el juez era alto delgado y rubio, y al parecer amante del teatro, sus halagos parecían subir el ego del demonio de ojos color ámbar- pero- miro los demás castillos, los cuales caían a pedazos- no todos son perfect...- se debuto al ver el de Sebastian- oh, oh- comenzó nuevamente con sus poses- esta parece una antigua mansión, de la época victoriana, oh es maravilloso, podría decir que los petirrojos rondan en sus jardines, oooh esta si es una difícil decisión, pero el ganador es...

    Prepárate a perder Roxanne

    Aun no cantes victoria Evangelina

    El maldito no anunciaba al ganador y estaba haciendo que la espera nos matara, quería que lo dijera de una maldita vez. Comencé a morderme las uñas hasta que por fin decidió dar su veredicto.

    -Esto es un empate

    -¿QUE?- dijimos las dos al unisono

    -Como han escuchado, estas esculturas son perfectas, y no hay modo de decidirse- se entristeció- así que celebremos a los ganadores.

    -Bien jugado- me tendió la mano con media sonrisa- no me esperaba menos de ustedes dos.

    -lo mismo digo por mi parte- sonreí y luego la mire seria-Dado que ah sido empate ¿que haremos con la apuesta?

    Oh eso, queda cancelada- se recogió su largo cabello carmesí- vamos a nadar no soporto la arena en mi piel.

    La seguí haciendo un gesto de desinterés, pero también necesitaba quitarme la arena de encima. Toque el agua con la punta del pie, haciendo que un calosfrió corriera por mi espalda, el agua estaba , muy fría para i gusto, pero era preferible antes que el calor. Mire a Evee, quien estaba flotando en el agua tranquilamente, ¿a caso no tenia frio?, al parecer estaba bastante relajada para sentirlo. Tome aire, dando un chapuzon para quitarme el frio de un solo golpe, cosa que funciono, pero dejo el fleco de mi cabello cubriendo mi cara, ¿Cuando seria el día que no hiciera el ridículo?, me hundí en el agua dejando solo fuera la cabeza, note que ella se acerco tomando la misma posición que yo.

    Gracias- esbozo- hace bastante tiempo no me divertía así, y pensar que solo vine a relajarme

    por el calor.

    Yo tampoco pensaba que iba a ser así este día- la mire- yo también te lo agradezco

    Miramos a la nada notando que ya estaba comenzando a atardecer, ¿tan rápido se había pasado la tarde? , nos levantamos a la vez notando que en la orilla, nuestros demonios nos esperaban, cada uno con una toalla. Nos acercamos a ellos, quienes nos cubrieron para no contraer un resfriado.

    Espero repetir esto algún día Roxanne- miro a Sebastian- cuídala por favor

    Podrías quedarte esta noche.

    Te lo agradezco, pero no puedo, solo ah sido un descanso por una mudanza que tuve, pero espero volver a verte

    Nos veremos luego, cuídate Evee

    Igual para ti Roxy

    Nos dimos la mano, y luego se dio media vuelta marchándose para recoger sus cosas, Sebastian y yo hicimos lo mismo, pero con mayor velocidad, para poder volver al departamento, a pesar de que la conocí poco considero que ella y yo podríamos haber llegado a ser buenas amigas, y es por eso que me alegra haberla conocido.

    Nota: Los sucesos en los especiales no tienen algún efecto en la historia normal, solo sus personajes. Espero no haberlos mareado.
  7. Esa noche habíamos optado por que Sebastian fuera solo al puerto, pero no me sentía del todo de acuerdo, quizás el se haya dado cuenta, pero no le di importancia, en todo caso se trataba de mi sangre, y quería saber mas al respecto. Me miro dándome algo de seguridad, por alguna razón se había puesto un pantalón negro, con tirantes, una camisa azul, y un abrigo negro lucia elegante y juvenil, al maldito desgraciado todo le quedaba bien, pero los tirantes estaban pasados de moda, y aun así sabia lucirlos. Suspire inexpresiva, sabia que volvería, el es un demonio, nada puede matarlo, sin embargo quería ir con el para ver a la cara a los posibles asesinos de mi madre.

    -Señorita volveré en cuanto pueda

    -... bien...

    -my lady- suspiro preocupado- ya hablamos de esto, es por su bien

    -si, lo si- dije reprochandolo- pero, quería ir con tigo

    -lo se señorita, pero me temo que no sera posible por esta vez- me sonrió con una reverencia- no tardare

    Vacile un momento mientras lo vi marcharse, cerrando la puerta tras de si. Apoye la oreja en la puerta corroborando que realmente se haya ido, cuando deje de oír sus pasos corrí a mi habitación tomando unos pantalones azules que parecían de chico, al igual que mi camiseta y abrigo, recogí mi cabello metíendolo metódicamente bajo una gorra que me había puesto, tome mi celular y lo deposite en el bolsillo delantero. La idea de vestirme como chico era que no se diera cuenta de que era yo, pero la maldita marca de alguna forma me delataría ante el. Salí del cuarto, acaricie a mi gato haciéndole un gesto de que guardara silencio, como si el felino llegara a hablar cosa que aun era bastante difícil.

    Camine fuera de la casa cerrando con llave, mire a todas partes, notando que no estaba ¿Como demonios podía seguirlo si no lo veía? Eso era algo en lo que aun no había pensado, bravo Roxanne, ahora tendrás que caminar sola al puerto. Me reproche a mi misma, mientras negaba frustrada, nuevamente mire a todas partes, tome aire comenzando a correr a la estación de tren, que gracias al cielo me dejaba en la ultima estación, que justamente estaba a poco de el puerto, donde desembarcaban mercaderías y otras cosas que son mejor no nombrar. Tras pasar un buen rato sentada, comencé a sentirme un tanto observada, gire la cabeza levente, pero no había nadie, mire a la ventana, y la sensación regreso, nuevamente voltee y nada. Maldito tren justo ahora se te ocurre ir como tortuga. Escuche un par de pasos y seguido de una risa. Me di vuelta tapándome con una gran sonrisa y cabello plateado, junto con un gran saco negro. Estuve petrificada dos segundos hasta que reaccione, era ese maldito sepulturero maniático ¿que rayos hacia allí?

    -Jijiji ¿porque tan sola señorita?

    -no se de que habla- intente hablar como chico, con una horrible actuación

    -¿no?, bien entonces me voy- se levanto- jijiji ya que no es la señorita, no le diré en que puerto esta su mayordomo jijiji

    -Sebastian- dije en voz baja, ese maldito- muy bien- me levante- ¿donde esta?

    -baya con que era usted jijiji, de todos modos con ese disfraz no engaña a nadie.

    -basta de juegos y dime

    -que aburrida eres, pero bien condesa, vaya al muelle en la entrada 26 jijiji usted si esta loca para ir en busca de un demonio.

    -¿a que te refieres con condesa?- ya me estaba estrezando

    -jijiji ¿yo dije eso?, no lo recuerdo- miro de lado sonriendo sin que se le vieran los ojos, a decir verdad era muy guapo- oh mira la hora sera mejor que me vaya- el tren freno, y este bajo- adiós condesa

    -¡espera!

    Eso fue lo ultimo que dije, para mi suerte ya era el fin del recorrido, opte por seguirlo, pero la maldita niebla me impedía ver. Corrí sin sentido por las calles oscuras,tenia algo de miedo, ya no sabia donde estaba, hasta que escuche un par de personas hablando, me asome por la pared, note una figura familia, era el, al menos lo había encontrado ya.

    -ya te dije que no nos caen bien los abogados, pero ella lo saco de allí, el solo metió la pata después, respecto a el sr Tailer, solo se que era amante de una de las chicas a las cuales mataron, nada mas.

    -muchas gracias por su cooperación, pero viendo que sus colegas en me dejaran ir- se iban acumulado mas hombres allí- no me quedara mas que deshacerme de ustedes.

    Era la primera vez que lo vería en acción, estaba asustada, pero a la vez intrigada. Intente acercarme un poco mas sin que me viera, pero un extraño sonido me saco de mis pensamientos, el sonido era metálico y constante, mire a todas partes, para identificar de donde provenía, hasta que lo sentí acercarse por encima de mi, el sonido de una motocierra. Mire en su dirección, viendo caer el objeto junto a su dueño, quien cayo justo delante de mi mirándome fijamente a los ojos.

    -Este no es un sitio para que juegue alguien como tu niña

    -no soy una niña- rayos tan malo era mi disfraz- vine a ver quienes eran, pero por lo que escuche no sabían nada

    -que mal- dijo enderezándose con decepción- bueno basta de charlas tengo trabajo que hacer

    Se acerco con gracia distrayendo al demonio, que había puesto cara de pocos amigos al verlo, siendo que ya había rebanado varios cuerpos, sin que yo pudiera verlo, ¿Grell sabia que me intrigaba la forma de matar de Sebastian y por eso me detuvo?.

    - No eres divertido- refunfuño- deja que me divierta con ellos, después de todo soy un"Shinigami-DEATH"- dijo y lo vi hacer un gesto, mientras los tipos retrocedían del espanto.

    Tomo su guadaña colocandola delante de si, atravesando a los criminales de un solo movimiento, la sangre de los mismos pintaba las paredes y el suelo, era algo realmente sorprendente, era la primera vez que veía algo así. Dada por finalizada la sangrienta masacre, los "cinematic records" comenzaron a salir de los cuerpos, de cada cadáver, note que Grell tomo su libreta anotando lo que veis en la cinta, se lo veía tan concentrado, muy diferente al shinigami que había visto hace unos momentos.

    Respire hondo, a punto de marcharme, había escuchado lo que quería, ellos no habian matado a mi madre, di media vuelta topándome con un hombre alto y robusto, era calo y con una expresión completamente pervertida, la mirada que hacia al verme era tal que me provocaba asco y miedo a su vez.

    -¿Qué hace una muchachita tan linda por aquí?- se me acerco ¿tan malo era mi disfraz que hasta este asqueroso hombre sabia que era mujer?- vestido de niño me provoca ganas de hacerte muchas cosas divertidas- me acorralo- no seas tímida

    -No, te lo permitiré, déjame en paz asqueroso borracho- lo empuje

    -Ven aquí- me tomo del brazo atrajendome hacia si

    -¡Se...Sebastian ayúdame!

    Podía sentir como el aire se congelo en el instante que pronuncie esas palabras, notando que todo se volvía mas oscuro, y dentro de esa penumbra podían verse un par de ojos violáceos brillando de ira, y una sonrisa que mostraba afilados colmillos, que se acercaban segundo a segundo. Esto era algo grabe al parecer realmente se había enojado, y sabia que en parte era mi culpa por no haberme quedado en casa como lo habíamos acordado.

    -¿ Seria tan amable de dejar a mi joven ama por favor?

    -De...demonio...¿que quieres decir con ama?

    -No eh de darle explicaciones a personas como usted, y en efecto soy un demonio y ella es mi ama

    -Lo lamento, yo no...

    El hombre no había podido terminar su oración, debido a que Sebastian le arrebato la vida tan rápido que no pude notarlo, su aura oscura no me había dejado ver nada, solo estaba allí paralizada con las piernas temblando y os ojos abiertos como dos enormes platos. Caí en el frío suelo, notando que alguien se acercaba a donde yo me encontraba, solo vi sus piernas y una mano extenderse, alce la vista, notando sus perfectos ojos carmesí, pero su mirada no era nada mas y nada menos que de preocupación, ni una sola gota de reproche, y eso me hacia sentir peor de lo que ya estaba. Me levante de un salto abrazándolo sin haber tomado su mano, sin darme cuenta de que había empezado a llorar, me había asustado mucho ese tipo realmente, y necesitaba desahogarme. Este poso su manos en mi espalda para que me calmara, pero en el momento que me di cuenta de lo que estaba haciendo me aleje automáticamente, Grell, quien no sabia en que momento había llegado, y Sebastian me miraron extrañados por mi repentina actitud. Seque mis lagrimas y los mire nuevamente.

    -Lo...siento- agache la mirada- es que quería saber lo que dirían

    -Yo soy quien debería disculparse señorita tendría que haberla traído con migo, como su mayordomo debía protegerla y no cumplí mi deber, me encuentro en falta con usted.

    -No lo estas... yo fui quien escapo- cerré el puño preparándome para preguntarle sobre lo que undertaker me había mencionado anteriormente antes de desaparecer- debo preguntarte algo...¿Como es eso de que soy una condesa?

    -Oh – abrió los ojos como platos – veo que se ah enterado del asunto- sonrió- y ya que lo sabe me veré obligado a contárselo my lady- miro de reojo- pero sera mejor en la casa este no es un buen lugar

    Me alzo en sus brazos, y comencé a patalear para que me bajara, pero este no se molesto en hacerlo. Mire al cielo notando lo bella que se veía la luna esa noche y lo cerca que podía sentirla estando en sus brazos.

    Espero que les haya gustado, mañana no podre subir episodios nuevos ya que debo cuidar a mi abuela así que subire todo lo planeado hoy.
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    Rin <3
    Anime: Free!
    a Samantha le gusta esto.
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    Sebastian y Ciel.
    Anime: Kuroshitsuji

    Cuentas en las que encontraran más de mis dibujos y fanarts.
    Instagram: katemukami666
    Deviantart: KateMukami666

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    a Samantha le gusta esto.
  10. CAP 1


    En la mansión Phantonhive todos dormían excepto un cierto mayordomo, la hora de despertar a su adorado amo se acercaba, caminó por el interminable pasillo hasta llegar a la habitación de Ciel, tomó con delicadeza el picaporte y abrió la puerta sin hacer ni el más mínimo ruido, se aproximó a la cama donde yacía su joven amo y lo observó dormir su respiración era agitada y tenía un leve rubor en sus mejillas se veía tan adorable.

    -Debe de estar teniendo un sueño de lo más agradable. (Flexionó su cuerpo hasta llegar a la altura del rostro de Ciel y le susurro) Boochan, es hora de despertar.
    -Mmm.…Lárgate es muy temprano

    Fue lo único que recibió de respuesta, el niño se dio la vuelta y continuó durmiendo.

    -Como desee Boochan no me ha dejado otra opción intenté despertarle por las buenas….Emplearé métodos un poco más drásticos, no puedo permitir que las pocas actividades que tiene usted a primera hora de la mañana no se cumplan a su debido tiempo.

    Se aproximó a la ventana descorrió las cortinas dejando entrar toda la claridad del día, haciendo removerse a Ciel ante tanta claridad, al no ser suficiente con eso abrió la ventana dejando que entrara una brisa fresca en la habitación.

    -Buenos días bello durmiente hace un día demasiado hermoso para pasarlo en la cama además tiene que realizar varias tareas en la mañana del día de hoy. (Se aproximó a la cama y tiró de las sábanas poniendo a descubierto el pálido y delicado cuerpo del menor, Sebastian se quedó maravillado su figura lucía tan angelical y corrompible se fue acercando más y más al rostro del joven sus instintos le hacían desear aquellos labios tan delicados del menor)

    Ciel se despertó al comenzar a notar el aire frío sobre su piel, abriendo los ojos de pan en par encontrándose el rostro de Sebastian demasiado cerca del suyo propio, su sonrojo se hizo más visible.

    -¡Sebastian que demonios haces…Aléjate! ¿Qué pretendes?
    -Pretender…Únicamente pretendía despertarle.

    Aquellas palabras que pronunció no eran para nada ciertas, ya que aquel demonio sentía deseos profundos y oscuros de poseer a su querido amo.

    -Para eso no hacía falta que te acercaras tanto….Podría decir perfectamente que pretendías cualquier otra cosa-El tono de Ciel denotaba nerviosismo-.
    -Boochan…Yo nunca le haría nada de lo que usted está pensando.

    Aquellas palabras molestaron a Ciel aunque ni el mismo entendía muy bien porque.

    -Sal de mi cuarto, ahora mismo.
    -¿Pretende vestirse usted solo?
    -Sí, lo haré yo mismo ¡Sal de mi vista!.-El enfado de Ciel iba en aumento realmente le cabreaba que Sebastian no le desease-.

    Sebastian había entendido a la perfección el porque del enfado de su joven amo, ya hacía unas semanas que Ciel se comportaba de una manera muy extraña con él, lo evitaba e intentaba cruzarse y pedirle cualquier cosa lo menos posible y al mínimo acercamiento se ponía nervioso se ruborizaba y evadía la situación de cualquier forma, Ciel ansiaba estar con él, pero le avergonzaban aquellos sentimientos. Sebastian esbozó una sonrisita divertida y lo observó con picardía.

    -Si usted deseaba que mis intenciones fueran de otro tipo sólo tenía que darme la orden y yo le complacería Boochan. (Se aproximó al conde que se incorporó de la cama aquella situación lo estaba incomodando ya que el deseaba que las intenciones de su mayordomo fueran de otro tipo pero aceptándolo le daría la razón.
    Sebastian empujó a Ciel levemente este cayó sobre la cama, el mayor se colocó encima de él. Ciel no cabía en su asombro acaso Sebastian había enloquecido los labios de este estaban cada vez más próximos a los de Ciel casi se rozaban y sus respiraciones se entremezclaban convirtiéndose en una sola, el menor clavo su mirada en los ojos rojizos de Sebastian que lucían totalmente hipnóticos, iba a replicarle por aquella situación pero comenzó a perderse en aquella mirada parecía como si hubiera abandonado por completo su juicio y sólo latía el deseo, notó los labios de Sebastian presionando con apremio los suyos que respondían con torpeza la necesidad de beber de él del mayor, que sólo separó sus labios al notar la falta de aire el menor, aquel contacto había sido sensual aunque lleno de ansiedad ante tanto tiempo de contención).

    -¿Tú primer beso verdad? Luces tan inocente que hacer que pierda la razón.

    Ciel se obligó a sí mismo a salir de aquel trance aquello no estaba bien, tenía que frenar aquella situación antes de que desembocase en algo más, aquellos sentimientos hacía Sebastian lo aprisionaban, su cuerpo quería lo contrario a lo que le decía su mente.

    -Sebastian para yo no quiero esto…
    -Te conozco bastante bien, para saber cuando mientes y cuando no.
    -¡No te atrevas a llamarme mentiroso! No me faltes al respeto, sólo te pido una cosa sal de mi cuarto por favor.
    -Perdone mi actitud ha sido totalmente irrespetuosa y descarada me disculpo.

    El mayordomo salió de la habitación cerrando la puerta tras de si, sólo en ese momento Ciel pudo relajarse, posó dos de sus dedos sobre sus labios los podía notar aún calientes y húmedos volvió a evocar la sensación que le produjo aquel beso, recordó las palabras de Sebastian y se avergonzó al ver que en realidad sí había sido su primer beso.
    Al otro lado de la puerta Sebastian sonreía de manera triunfal sabía a la perfección que aquello sólo había sido el principio.

    Nota: Espero que les haya gustado. Nos vemos la próxima con más CielxSebas.
  11. [​IMG]
    Holaa de nuevooo!! Aquí estoy otra vez, así pues, hoy quiero enseñarles uno de mis fan arts de una serie que me enamoró desde el principio y que es una de mis favoritas: Kuroshitsuji o Black Butler como les quede mejor. Hoy les traigo a el elegante, cortés y galante, pero también oscuro mayordomo endemoniado.

    Cuando me aconsejaron este anime, lo primero que me llamó la atención fueron los personajes. Ciel es un niñito adorable a simple vista, pero intuyes por su parche y su cara seria, que algo esconde y no es agradable. Pero es tan monooo ^^ Luego ves a Sebastian y... wow... hay que verlo ;D. En cambio, Alois y Claude, son los perfectos antítesis de Ciel y Sebastian. Y, desde mi punto de vista, Alois es la cosita más mona y cuca que hay *U* con pasado y bipolaridad incluidas

    La época en la que se inspira está bien documentada: los trajes, el ambiente, los edificios... Te lleva al Londres de la época.A mi me enamoró la serie a media que la seguí, por lo tanto, RECOMIENDO DE IGUAL MODO EL ANIME COMO EL MANGA, a pesar de que el anime se separé del manga en cierto punto y yo no haya llegado muy lejos con el manga. Me encanta!!

    Sobre todo Sebastian *o*. Aunque como siempre prefiero el manga al anime, opinion personal XD.

    Mueno xd creo que aburro, no están aquí por mi, sino por Sebastian.

    Estoy realmente embobada con esta serie,

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  12. Era la mañana del sábado, lo cual significaba que teníamos todo el día para seguir con la investigación del asesinato. Era un día de los mas fríos en Londres, y los copos de nieve se dejaban lucir gracias a la luz del sol, tomamos un taxi dirigiéndonos a la oficina donde mi madre resolvía sus casos, a mi parecer era el segundo lugar mas lejano de mi casa, a demás de la universidad. Habia ido a verla al trabajo aun par de veces, pero jamas en taxi presiento que esto saldrá caro, suspire cuando vi que ya estabamos en la puerta del edificio, para mi sorpresa Sebastian había pagado, ¿de donde había sacado tanto dinero?

    - conserve el cambio- dijo con una sonrisa amable

    El pobre hombre se había quedado pasmado con esa generosa suma, y no lo culpo era demasiado, a demás que era mucho mas del valor de el viaje. Bajamos mientras nos dirigíamos a la recepción, no quería preguntar nada ni decir nada de lo del taxi, asi que solo me limite a saludar a las muchachas que ya me conocían. Tomamos el ascensor hasta el 5º piso donde estaba la antigua oficina, pero el mundo es tan pequeño, que el mismísimo Yan. ¿que rayos hacia el en la puerta de la oficina de mi madre?

    - hey- atine a decir finalmente- ¿que haces aqui?

    -¿eh? Hola Roxanne, vine a buscar información sobre el asesino, ya que nuestros padres eran socios quizás ella sabia algo mas

    -ya que estas aquí deberíamos entrar juntos

    Si era cierto que nuestros padres trabajaban juntos en algunos casos, ambos habían sido socios en casos importantes, eso es lo que traía a Yan aquí, o al menos eso es lo que creía yo. Mire a Sebastian de reojo, tome una bocanada de aire y abrí la puerta de una sola vez. No espera ver lo que me había encontrado, el corazón se me había parado por un instante, todas las carpetas desparramadas, hojas rotas y arrancadas por todas partes, la mesa tirada y los cajones abiertos, en medio del desastre una fotografía nuestra en la cual solo estaba mi rostro, caí de rodillas al piso con los ojos empapados en lagrimas, pero no de tristeza eran de odio, odio a quien me quito a mi madre, odio a quien se atrevió a entrar a su oficina y hacer todo este desastre solo para buscar información que tal vez incriminara a esa persona, y odio a mi misma por no haber llegado antes para atraparlo. Me levante con la mayor calma posible, tratando de encontrar alguna pista. Mire a la ventana, estaba cerrada y sin ningún indicio de que la hubiesen movido, en las bibliotecas todo un destrozo menos una sola carpeta, la tome en mis manos y sin mas la abrí "caso Adamson"esa era la caratula de la carpeta.

    "Adamson Demian

    acusado por múltiple asesinato en la avenida principal de Londres

    edad 32 años

    observaciones: a sido acusado de asesinar a tres mujeres en la misma noche, de este echo no hay ningún testigo que pueda probar su culpabilidad, este mismo fue excarcelado por falta de pruebas.

    Mi colega y yo fuimos que lo hemos liberado, lo que lo habían acusado eran una pareja de extranjeros, los cuales tenían una hija de 18 años a la cual defendían a toda costa, esta chica salia con el y fue una de las victimas del asesinato, y por esto había sido acusado.

    El acusado dijo de haber estado en su departamento esa noche, y al entercare cayo en depresión hasta un tiempo después que fue encarcelado por haber matado a los extranjeros. No podíamos hacer nada mas por el ya que el mismo juez fue quien vio la escena del crimen.

    Tipo de pena: pena de muerte

    la misma se realizara el día lunes 22 de agosto ..."

    Ese día era el próximo lunes y teníamos tiempo hasta ese día para interrogarlo antes de que lo ejecutaran. Al parecer faltaba una hoja en la carpeta, parecía arrancada, pero logramos encontrar suficiente información como para encaminarnos un poco mas. Yan se había quedado mudo cuando leyó el cuaderno, parecía como muerto, tomo una hoja de su bolsillo y la unió a la carpeta.

    estaba afuera cuando llegue...- le temblaba la voz

    "Otras observaciones:

    trabajos anteriores, traficante de órganos y venta de drogas en la mafia"

    Un horrible calosfrió corrió en mi espalda, no podía ser que la mafia la matara solo por un peon, a ellos les da igual quien muere o quien no dependiendo si sus subordinados hablan de mas, pero este tipo no parecía de los que se dejaran atrapar con esos asuntos.

    Mire a mi mayordomo saliendo de la oficina, me dirigí a la escalera un tanto molesta y estrezada por la situación, cuando veo pasar a un hombre tan alto como Sebastian, pero a diferencia de el, este tenia los ojos color dorado, los cuales se veían a través de un par de pequeños lentes, con un rostro de pocos amigos, y el cabello despeinado, su esencia me recordaba a la primera vez que vi a Sebastian, aquel sujeto me miro de reojo para luego seguir su camino. Mi mayordomo me acorralo contra el barandal de la escalera, acercándose lentamente.

    -pase lo que pase usted es solo mía, My lady- dejo notar sus colmillos y sus verdaderos ojos de demonio, lo cual me ponía los pelos de punta- nadie mas que yo podrá tenerla

    -claro que nadie mas lo hará

    No sabia lo que había dicho hasta que lo razone, las mejillas me ardían de vergüenza, nunca nadie había logrado este efecto en mi, pero así son los demonios te seducen hasta tu perdición, y cuando te das cuenta ya es demasiado tarde.

    -me gusta que se sonroje señorita

    -este no es momento- corrí el rostro- mejor vamos a ver a ese Adamson.

    Me aleje de el tan seria como pude, logre ver de reojo su cara completamente inexpresiva, sabia que había sido algo descortés de mi parte alejarme de esa manera, pero no podía permitir que hiciera con migo lo que quisiera como si yo fuera una muñeca, claro que no, soy una humana, pero para mi suerte una humana que a firmado un contrato inquebrantable, eso era lo que me diferenciaba con los demás, que pronto seria el alimento de un demonio sediento de sangre, el cual esperaba que cumpliese mi venganza. Cerré los ojos un momento, para ajear ese pensamiento de mi cabeza, suspire notando sus pasos tras de mi mientras bajábamos las escaleras, al parecer había notado que estaba un tanto molesta con el, pero no era que me importara ¿o si?. Otra vez estaba pensando en otras cosas, debía enfocarme en ese Adamson, me intrigaba saber su historia, y que tenia que ver con mi madre a demas de abogado y defendido, ella nunca fallaba en nada, pero en este caso mi madre no tubo nada que ver ya que el juez vio con sus propios ojos el incidente cometido por ese hombre. Mientras seguía en mis pensamientos, no había visto el ultimo escalón, resbalando en el a punto de dar mi cara en el piso, cuando siento que me sostienen el brazo, mire rápidamente esperando toparme con Sebastian, pero no era otra vez ese hombre de ojos dorado. ¿pero quien rayos se creía para tocarme?, zafé mi brazo con molestia, notando que mi demonio tenia los ojos color violáceo la ira se notaba en su aura demoníaca, era tanto lo que se notaba que daba miedo a quien lo viera.

    -Michaellis no descuide a su ama- me miro- señorita, lamento haberla importunado.

    -no descuidaría a mi ama por nada, a si que por favor atienda sus propios asuntos- me dirigió la mirada- es hora de irnos mi lady

    Solo asentí con la cabeza saliendo fuera, donde aun continuaba lloviendo. El demonio abrió el paraguas, para que pudiésemos caminar, para nuestra suerte la cárcel estaba muy cerca de la oficina, esto me daba a sospechar, que podía haber sido el u otro convicto. ¿Porqué tenia que ser tan complicado todo esto?. La lluvia fría caía sobre el suelo dejándolo aun mas empapado de lo que estaba, muchas personas corrían esperando el bus o algún taxi desocupado, y algunos otros despreocupados caminaban dejando que la lluvia cayera en sus rostros, disfrutando de ello.

    Cuando finalmente logramos llegar un hombre alto de cabello rojo y vestimenta de igual color salia de el lugar que era nuestro destino, llevaba un par de lentes y una libreta en la que iba escribiendo felizmente, dejando notar sus puntiagudos dientes. Nos miro con sus enormes ojos verde amarillento, quedándose petrificado, para luego venir corriendo a nosotros de una manera muy afeminada.

    -SEBAS-CHAN- este lo golpeo directo en la cara dejando caer una especie de motocierra- ¿porque me hiciste eso?- me obserbo con desprecio ¿quien es esta mocosa?

    - señorita- este es un Shinigami o dios de la muerte- lo miro- ella es mi joven ama

    -¿QUE? Esto es injusto porque una chiquilla como ella puede estar con tigo, que envidia me da

    - eh leído que los Shinigamianotan en sus libretas el día y motivo de su muerte, y con su gran guadaña toman los cinematic récords para inspeccionar la vida de la persona en cuestión, a demás que usan esos bonitos lentes por su mala visión.

    -Eres una niña agradable, y lo que acabas de informar es correcto, y gracias por el cumplido, tus lentes también son bonitos- hablar con el era como si fuera otra mujer- mi nombre es Grell y el tuyo

    -Ella- es Roxane, y no tenemos tiempo para esto sabes de alguien de apellido Adamson

    Este lo miro extrañado y tomo su libreta nuevamente para posar una mano en su rostro

    -"Demian Adamson: causa de su muerte, suicidio con ahorca. Encarcelado por el asesinato de dos extranjeros, anterior mente acusado de matar tres chicas, de las cuales solo conocía a su novia. El no había matado a esas muchachas, a causa de esto entro en depresión.

    - esto significa, que otra persona asesinó a su madre señorita, estamos como al principio- suspiro- gracias por la información adiós

    -Esperen no se vallan, se lo que estan buscando, pero no puedo ayudarlos, solo les dire lo que se si Sebas chan me da un beso- le guiño un ojo

    -Hagamos un trato- Sebastian me miro con mala cara- si nos dices lo que sabes, el tendrá que obedecerte todo el día de mañana

    - pero joven ama- le guiñe lo ojo disimuladamente- esta bien

    -SEBAS-CHAN MIO POR UN DIA SI- tocio- muy bien su jefe tenia planeado una gran venta en el puerto de Londres, pero su informante Adamson fue acusado y el resto ya lo saben, pero esta noche estaran allí

    - Muchas gracias Grell, adios

    Caminamos rápidamente dejándolo hablando solo, pero gracias a el teníamos una nueva pista tan solo, teniamos quedar, con las personas correctas.

    Ese Sebas es un pillin :3, ¿Grell estaria diciendo la verdad? ¿quien sera el extraño de ojos dorados? Roxane, es una buena negociante pero también muy buena en los engaños, pobre de Grell

    Pronto sabremos el resultado de las interrogantes...hasta el proximo cap.
  13. Northwest Smith compró el mantón en el Mercado de Lakkmanda de Marte. Uno de sus mayores placeres consistía en vagar sin rumbo entre los puestos y barracones de aquel gigantesco mercado, cuyas mercancías procedían de todos los planetas del sistema solar, y de aún más lejos. Han sido cantadas tantas canciones y narrados tantos relatos sobre ese fascinante caos llamado Mercado de Lakkmanda, que se hace innecesario describirlo de nuevo. Smith caminaba entre una multitud cosmopolita y variopinta, con las lenguas de mil razas zumbándole en los oídos y los olores de perfumes, sudor, especias y comidas y otros mil aromas sin nombre asaltando su olfato. Los vendedores voceaban sus mercancías en los idiomas de una veintena de mundos.

    Mientras paseaba entre la apretada multitud, saboreando la confusión, los aromas y las imágenes correspondientes a un sinfín de países, captó su atención un ramalazo de un peculiar rojo escarlata que parecía sobresalir corpóreamente de su fondo y asaltaba la vista con una violencia casi física. Correspondía a un mantón descuidadamente extendido sobre un baúl tallado; el baúl era un típico trabajo de las tierras secas de Marte como se apreciaba por la exquisita minuciosidad de la talla, tan extrañamente cambiante como las características de la ruda raza de las tierras secas. Smith reconoció también el origen venusiano de la bandeja de bronce que había sobre el mantón, e identificó los pequeños objetos de marfil labrado que contenía la bandeja como obra de una de las más recientemente descubiertas razas de la mayor luna de Júpiter. Pero a pesar de su vasta experiencia no lograba recordar ningún trabajo similar a aquel mantón. Intrigado, se detuvo ame el puesto y preguntó a su encargado:

    —¿Cuánto vale el mantón?
    El hombre, un marciano de los canales, se alzó de hombros y dijo indolentemente:
    —Ah, eso. Se lo doy por medio cris. Me produce dolor de cabeza mirarlo.
    Smith hizo una mueca y dijo:
    —Le doy cinco dólares.
    —Diez.
    —Seis y medio, y es mi última oferta.
    —De acuerdo, lléveselo. —El marciano sonrió y apartó la bandeja llena de objetos de marfil que había sobre el baúl.

    Smith cogió el mantón. Se adhirió a sus manos como una cosa viva, más suave y ligero que la lana marciana. Pensó que debía de estar hecho con el pelo de algún animal más que con una fibra vegetal, dada su peculiar adherencia, como de cosa viva. Y el loco dibujo lo turbaba con su indescriptible rareza. Distinto de cualquier dibujo que hubiera visto en todos los años de sus correrías, aquel violento escarlata enredaba su indescriptible arabesco en una línea continua y enmarañada sobre el oscuro azul del fondo. El fondo azul estaba exquisitamente matizado de verde y violeta, suaves colores vespertinos en contraste con los cuales el violento escarlata llameaba como algo más vivo y siniestro que un simple color. Casi le pareció que podía meter la mano entre el color y la tela, tan vividamente se destacaba sobre el fondo.

    —¿De dónde procede esto? —le preguntó al vendedor.
    El hombre se encogió de hombros.
    —¿Quién sabe? Estaba en un lote de ropa procedente de Nueva York. A mí también me inspiró curiosidad, y pregunté sobre su procedencia. Me dijeron que había sido vendido por un vagabundo venusiano que aseguraba haberlo hallado en una nave abandonada que flotaba alrededor de un asteroide. No sabía de qué nacionalidad era la nave: dijo que parecía un modelo muy antiguo, probablemente una de las primeras naves espaciales, construidas antes de que se adoptaran los emblemas de identificación. Me extrañó que lo vendiera en un lote de ropa vieja; hubiera podido conseguir por él mucho más en cualquier sitio.
    —Qué curioso —dijo Smith, mirando el extraño dibujo—. Bueno, es bastante cálido y ligero. Si no me vuelvo loco mirando el dibujo, dormiré caliente por las noches.

    Apelotonó el mantón en una mano; cabía holgadamente en su palma todo entero. Se metió el sedoso paquete en un bolsillo y se olvidó de él hasta su regreso a su alojamiento, aquella noche. Había alquilado uno de los cubículos de acero en el gran edificio metálico en que el gobierno marciano alojaba a los viajeros por una módica cantidad. El objetivo de aquel edificio era alojar esa abigarrada horda de hombres del espacio que pululan por todas las ciudades portuarias de los planetas civilizados, ofreciéndoles un acomodo lo suficientemente satisfactorio y barato como para que no fueran a parar a los bajos fondos de la ciudad y se mezclaran con los malhechores. El gran edificio de acero en el que se alojaba Smith y un sinfín de otras personas no estaba del todo libre de la influencia de los bajos fondos marcianos, y si la policía hubiera hecho allí una redada un buen porcentaje de sus inquilinos hubieran sido transferidos a las prisiones del Emperador... Smith entre ellos, pues sus actividades rara vez estaban de acuerdo con la ley, y aunque en aquel momento no podía recordar ninguna falta concreta cometida en Lakkdarol, cualquier investigador hubiera podido seguramente formular algún cargo contra él. De todos modos, la probabilidad de una redada policial era muy remota, aunque Smith sabía que el lugar estaba lleno de piratas del espacio, fugitivos y delincuentes de todas las calañas.

    Una vez en su pequeño cubículo, encendió la luz y vio una docena de borrosas réplicas de sí mismo reflejadas en las paredes de acero. En aquella curiosa compañía, se sentó en una silla y sacó el mantón. Al reflejarse en las bruñidas paredes y en el suelo y el techo del cubículo, produjo un súbito serpenteo de dibujos escarlata que por un momento convirtieron la habitación en un extraño caleidoscopio, como si las paredes se abrieran a una nueva dimensión donde aquel dibujo escarlata parecía agitarse como una cosa viva. Luego los reflejos se aquietaron, y solo quedó la imagen de un hombre alto y bronceado de pálidos ojos con un curioso mantón en las manos. Había un extraño y sensual placer en la forma en que aquella especie de lana sedosa se adhería a sus dedos, en su calidez y ligereza. Extendió el mantón sobre la mesa, intentando seguir con el dedo las líneas de aquel intrincado diseño, y cuanto más lo miraba más se convencía de que debía de haber un propósito en aquel trazado, y que si lo examinaba lo suficientemente a fondo daría con su significado... Aquella noche, al acostarse, extendió el mantón sobre su cama, y su brillo coloreó sus sueños fantásticamente... El retorcido dibujo escarlata era un laberinto por el que deambulaba ciegamente, y a cada vuelta se volvía y veía miles de réplicas de sí mismo vagando sin rumbo por el laberinto. A veces el camino se agitaba bajo sus pies, y cada vez que creía haber llegado al final se retorcía en nuevos recovecos. El cielo era un gran mantón con un recamado escarlata que fluctuaba ante sus ojos, hasta convertirse en una fantástica Palabra de un idioma sin nombre, cuyo significado estuvo a punto de captar, despertando aterrorizado justo en el instante en que la comprensión iba a abrirse paso en su mente.

    Se durmió de nuevo y vio el mantón colgando en una azul oscuridad... Ahora era una puerta y el dibujo escarlata estaba grabado en ella... una extraña puerta en un alto muro, apenas perceptible a través de una neblinosa penumbra exquisitamente matizada de verde y violeta, de modo que no parecía una penumbra de este mundo, sino el extraño y dulce crepúsculo de un lugar donde el aire estaba impregnado de vetas coloreadas y el viento no existía. Avanzó hacia la puerta sin realizar esfuerzo alguno, y ésta se abrió ante él. Subía por una larga escalera. La coloreada penumbra aún velaba el aire, por lo que solo podía ver vagamente los escalones que se alzaban ante él y penetraban en la niebla. Entonces, súbitamente, percibió un movimiento en la oscuridad, y apareció una joven corriendo escaleras abajo. En su rostro se leía el terror, y estaba cubierta de sangre de la cabeza a los pies. En su ciega huida no había visto a Smith, pues chocó bruscamente con él. El impacto estuvo a punto de hacerle caer, pero sus brazos se cerraron instintivamente alrededor de ella, y por un momento la mujer permaneció inmóvil, profundamente agotada, sollozando contra su pecho y demasiado exhausta para preguntarse siquiera quién había interceptado su fuga. El olor de sangre fresca procedente de sus horriblemente impregnadas ropas asaltó el olfato de Smith. Por fin ella alzó la cabeza, mostrando un rostro bronceado y unos labios color fresa. Su cabello salpicado de sangre era tan increíblemente dorado que casi parecía naranja. Sus ojos eran castaños con un toque rojizo, y la fantástica belleza de su rostro tenía un salvaje matiz distinto a cuanto hubiera visto anteriormente. Debía de ser la mirada de aquellos ojos.

    —Oh... —sollozó ella—. Eso... Eso la está... ¡Suéltame! Déjame ir...
    Smith la sacudió suavemente.
    —¿De qué hablas? ¿De qué tienes miedo? —le preguntó—. Estás cubierta de sangre... ¿Estás herida?
    Ella sacudió la cabeza violentamente.
    —No... no... Déjame ir... Tengo que... No es mi sangre... es de ella...

    Un violento sollozo cortó su frase, y acto seguido se desmayó en brazos de Smith, que alzó su cuerpo exánime y prosiguió escaleras arriba, a través de la niebla violeta. Transcurrieron unos cinco minutos antes de que la penumbra se aclarara un poco y pudiera ver que la escalera terminaba en un largo corredor abovedado. A un lado del corredor había una hilera de puertas bajas, y Smith entró en la más próxima. Daba a una galería cuyos arcos se abrían a un espacio azul. Había un banco bajo las ventanas de la galería; Smith fue hacia él y depositó suavemente a la joven.

    —Mi hermana —sollozó ella—. Eso tiene a mi hermana... ¡Oh, mi hermana!
    —No llores —dijo Smith, sorprendiéndose al oír su propia voz—. Es solo un sueño. No llores... no hay ninguna hermana... tú tampoco existes... no llores de ese modo.

    La mujer alzó la cabeza y por un momento dejó de sollozar, contemplándole con sus ojos castaños bañados en lágrimas. Miró con ojos inquisitivos su tez bronceada, su traje de hombre del espacio, su rostro surcado de cicatrices, sus ojos pálidos como acero. Y entonces una mirada de infinita piedad suavizó aquel extraño rostro, y la joven dijo dulcemente:

    —Oh... vienes de... de... ¡Todavía crees que estás soñando!
    —Sé que estoy soñando —insistió Smith con infantil obstinación—. Estoy durmiendo en Lakkdarol y sueño contigo y con todo esto, y cuando despierte...
    Ella sacudió la cabeza tristemente.
    —Nunca despertarás. Has venido a parar a un sueño mucho más terrible de lo que nunca podrías imaginar. No se regresa de este país.
    —¿Qué dices? ¿Por qué no?

    Un pánico absurdo se iba insinuando poco a poco en la mente de Smith al oír el tono de infinita piedad de su voz y la convicción de sus palabras. Sin embargo aquél era uno de esos sueños durante los cuales uno sabe perfectamente que está soñando. No podía equivocarse...

    —Hay muchos países del sueño —dijo ella—, muchos nebulosos e irreales lugares donde vagan las almas de los durmientes, lugares que solo poseen una momentánea y leve existencia... Pero aquí (ha ocurrido otras veces, ¿sabes?) uno no puede llegar sin traspasar una puerta que solo se abre en una dirección. Y quien tiene la llave adecuada para abrirla puede entrar, pero nunca podrá encontrar el camino de vuelta a su propio mundo. Dime, ¿qué llave te abrió la puerta a ti?
    —¡El mantón! —susurró Smith—. Claro... El maldito dibujo rojo...
    —¿Cómo era? —preguntó ella sin aliento—. ¿Puedes recordarlo?
    —Un dibujo rojo —dijo él lentamente—. Un bordado escarlata en un mantón azul... Un dibujo de pesadilla... grabado sobre la puerta por la que entré... Pero solo es un sueño, por supuesto. En unos minutos despertaré...
    —¿Puedes recordar? —insistió ella excitada—. El dibujo, el dibujo rojo... ¿No había una palabra?
    —¿Una palabra? —murmuró como atontado—. ¿Una palabra... en el cielo? No... no, no puedo recordar. Era un dibujo enloquecedor. No puedo borrármelo de la mente, pero tampoco podría describirlo, ni reproducirlo. Nunca vi nada igual... afortunadamente. Estaba sobre el mantón...
    —Bordado sobre un mantón —susurró ella para sí—. Sí, por supuesto. Pero no entiendo cómo pudiste venir a través de él... cuando eso... cuando eso... ¡Oh!
    El recuerdo de la tragedia que la había empujado escaleras abajo volvió bruscamente, y de nuevo estalló en lágrimas.
    —¡Mi hermana!
    —Cuéntame lo que ha pasado —la apremió Smith, saliendo de su atontamiento al oír sus sollozos—. ¿Puedo ayudarte? Por favor, déjame intentarlo... Cuéntame lo que pasa.
    —Mi hermana —dijo ella desmayadamente—. Eso la agarró... La agarró ante mis ojos y me salpicó con su sangre...
    —¿Eso? ¿Qué es eso? —preguntó mientras su mano se movía instintivamente hacia su pistola.
    Ella captó el gesto y sonrió tristemente.
    —Eso —dijo—. La... la Cosa. Ninguna pistola puede herirlo, ningún hombre puede combatirlo... Apareció y eso es todo.
    —Pero, ¿qué es eso? ¿Cómo es? ¿Está cerca?
    —Está en cualquier lugar. Nunca se sabe... hasta que la niebla empieza a espesar y se ve a través de ella la pulsación roja... pero entonces es demasiado tarde. Nosotros no lo combatimos, ni pensamos en ello demasiado... de lo contrario la vida sería insoportable. Pues eso tiene hambre y debe ser alimentado, y nosotros le servimos de alimento...
    —¿De dónde vino eso? ¿Qué es?
    —Nadie lo sabe... Siempre ha estado aquí... Siempre estará... Es demasiado nebuloso para morir o ser muerto... Es algo que procede de algún extraño lugar que no podemos ni imaginar... Algún lugar tan lejano en alguna dimensión tan inconcebible que nunca tendremos el menor conocimiento de su origen...
    —Si come carne —dijo Smith— debe de ser vulnerable... Y yo tengo mi pistola.
    —Inténtalo, si quieres —susurró ella—. Otros lo han intentado y eso siempre vuelve. Creemos que habita aquí, si es que habita en algún lugar. Nos... coge... más a menudo... en esos corredores que en ningún otro lugar. Si quieres puedes esperarlo con tu pistola bajo estas bóvedas. No tendrás que esperar mucho.
    —Todavía no estoy preparado para intentarlo —dijo Smith—. Si la Cosa vive aquí, ¿por qué venís?
    Ella se estremeció penosamente.
    —Si no venimos, eso viene tras nosotros cuando está hambriento. Y nosotros venimos aquí para... para alimentarnos... No podrías entenderlo; pero, como has dicho, es un lugar peligroso. Deberíamos irnos ahora. Vendrás conmigo, ¿verdad? Ahora estoy sola.
    —Por supuesto. Lo siento. Haré lo que pueda por ti... hasta que despierte.
    —No despertarás —dijo ella serenamente—. Es mejor que no te hagas ilusiones. Estás atrapado aquí con todos nosotros, y aquí permanecerás hasta que mueras.
    El se levantó y le tendió su mano.
    —Vamos, entonces —dijo—. Tal vez tengas razón, pero... Bueno, vámonos.

    Ella tomó su mano y se levantó. Su cabello anaranjado, de un color demasiado fantástico para algo que no fuera un sueño, ondeó tras ella, luminoso. Smith observó que llevaba una sencilla vestidura blanca, corta y ceñida, sobre su cuerpo bronceado. La mujer constituía una imagen de extraño y vivido encanto, toda blanca, dorada y cubierta de sangre en la luminosa penumbra de la galería.

    —¿Dónde vamos? ¿Fuera? —preguntó Smith señalando hacia el espacio azul que se veía al otro lado de las ventanas.
    Ella tuvo un ligero estremecimiento de disgusto.
    —¡Oh, no! —exclamó.
    —¿Qué es eso?
    —Escucha —dijo ella cogiéndole por los brazos y mirándole seriamente—. Si te quedas aquí, y tendrás que quedarte, pues solo hay un camino para salir, aparte de la muerte, y ese camino es incluso peor que morir, has de aprender a no hacer preguntas sobre el... el Templo. Esto es el Templo. La Cosa mora aquí. Y aquí no-nosotros nos... alimentamos. Conocemos ciertos corredores y nos limitamos a ellos. Es más sensato. Tú me has salvado la vida cuando me detuviste en las escaleras. Nadie ha bajado nunca en medio de esa niebla y ha vuelto. Debería haberme dado cuenta al verte subir que no eras uno de los nuestros... Sea lo que fuere lo que hay más allá, adonde quiera que lleven estas escaleras... es mejor no saberlo. Es mejor no mirar por las ventanas de este lugar. Pues desde fuera el Templo parece bastante extraño, pero, mirando al exterior desde dentro, se pueden ver cosas que es mejor no ver... Qué es este espacio azul o adonde da esta galería, no lo sé y no tengo deseos de saberlo. Hay aquí ventanas que se abren a cosas extrañas, pero nosotros apartamos la vista cuando pasamos frente a ellas. Tú aprenderás a hacer lo mismo.

    Ella tomó su mano, sonriendo levemente.
    —Ahora ven conmigo.

    En silencio, dejaron la galería que daba al espacio y regresaron al corredor donde la niebla azul flotaba con sus bellos matices de verde y violeta confundiendo la vista, rodeados de una gran quietud. El corredor conducía en línea recta hacia los grandes portales del Templo, que en forma de un fabuloso triple arco se abrían al exterior, a un extraño día como nunca había visto en ningún planeta. La luz no procedía de una fuente visible, y tenía una extraña calidad, como si uno estuviera mirando a través de un cristal o a través de un agua clara que temblara levemente de vez en cuando. Sobre ellos había un cielo tan insólito como todo en aquel maravilloso país de ensueño. Permanecieron bajo el gran arco del Templo, mirando al exterior. Posteriormente, Smith nunca pudo recordar exactamente qué era lo que hacía aquel paisaje tan profundamente extraño, tan vagamente terrible. Había árboles, masas de verde y bronce sobre la brillante hierba, y a través de las hojas pudo ver el brillo del agua no muy lejos. A primera vista parecía una escena totalmente normal... Sin embargo, ciertos pequeños detalles captaron su atención y le hicieron sentir escalofríos. La hierba, por ejemplo... Cuando bajaron y empezaron a cruzar el prado hacia los árboles tras los cuales resplandecía el agua, se dio cuenta de que las briznas eran cortas y suaves como el pelaje de un animal, y parecían adherirse a los pies descalzos de su compañera. Además se dio cuenta de que grandes extensiones de hierba ondeaban desde todas direcciones hacia ellos, como si el viento soplara de todas partes a la vez hacia el lugar que ellos ocupaban. Sin embargo, no había ni un soplo de viento.

    —Está... está viva —susurró—. ¡La hierba!
    —Claro —dijo ella con indiferencia.

    Entonces se dio cuenta de que las copas de los árboles también se agitaban de vez en cuando, a pesar de que no había viento. Se movían en todas direcciones, animados por una vida propia. Cuando llegaron a la franja boscosa miró intrigado hacia arriba y oyó el susurro de las hojas sobre él, inclinándose hacia abajo como si sintieran curiosidad a su paso. Las hojas nunca se inclinaron lo suficiente como para tocarlo, pero un siniestro aire de expectación, de vitalidad, flotaba en todo aquel paisaje viviente, y el estremecimiento de la hierba les seguía a donde quiera que fuesen. El lago, como la penumbra del Templo, era de un profundo azul matizado de violeta y verde, y no parecía agua de verdad, ya que las manchas coloreadas no se extendían ni cambiaban al moverse. En la orilla, un poco más arriba de la línea del agua, había un edificio pequeño, parecido a un sepulcro o templete, construido con una especie de piedra cremosa, cuyas paredes se reducían a una serie de arcos abiertos a aquel día azul y translúcido. La joven le condujo a la entrada con negligentes ademanes.

    —Yo vivo aquí —dijo sencillamente.

    Smith contempló aquello. Estaba prácticamente vacío, a excepción de dos pequeñas camas, cubiertas cada una de ellas por dos cobertores azules. Tenía un aspecto muy clásico, por su blancura y austeridad y con aquellos arcos abiertos a un paisaje boscoso y verde.

    —¿No tienes frío aquí? —le preguntó Smith—. ¿Dónde comes? ¿Y dónde tienes tus libros, tu ropa, tu comida?
    —Tengo algunas túnicas bajo mi cama —dijo ella—. Eso es todo. Aquí no hay libros, ni más ropa ni comida. Nosotros comemos en el Templo. Y nunca hace más frío ni más calor que ahora.
    —Pero, ¿qué es lo que hacéis?
    —¿Hacer? Oh, nadar en el lago, dormir y pasear por los bosques. El tiempo pasa rápidamente.
    —Idílico —murmuró Smith—, pero, en mi opinión, un poco aburrido.
    —Cuando uno sabe —respondió ella—, que el instante siguiente puede ser el último, la vida se saborea profundamente. Se goza lo más que se puede cada una de las horas. A nosotros no nos resulta aburrido.
    —¿Pero no tenéis ciudades? ¿Dónde es tan los demás?
    —Lo mejor es no formar grupos numerosos. Parece que atraen más a... la Cosa. Vivimos en grupos de dos o tres... a veces solos. No tenemos ciudades. Y no hacemos nada... ¿Para qué emprender algo si sabemos que no veremos su fin? ¿Para qué preocuparnos demasiado por nada? Ven, vamos al lago.

    Le tomó de la mano y le condujo a través de la hierba viviente hacia la orilla arenosa del agua. Smith contemplaba la superficie del lago donde vagos colores se mezclaban con el azul, tratando de no pensar en las fantásticas cosas que le estaban pasando. Además, le resultaba difícil pensar allí, en medio de aquel azul y del silencio, en medio de aquel aire de ensueño que le rodeaba... El agua difusa golpeaba la orilla produciendo sonidos débiles, sofocados, como la respiración de alguien que duerme. Aquel lugar parecía soñoliento, con aquélla calma y aquellos colores de ensueño, así que Smith, después de todo, no estaba seguro de si en su sueño se había dormido por unos momentos. Porque ahora oyó que algo se movía y vio que la joven se sentaba de nuevo a su lado, cubierta por una túnica; se había lavado las manchas de sangre. No pudo recordar en qué momento ella se había separado de él, pero, en todo caso, tampoco le preocupó. Durante un momento, la luz había disminuido, haciéndose borrosa, e, imperceptiblemente, una luz azul de atardecer los envolvió, una luz que parecía salir del lago, porque parecía participar de la misma difusa tonalidad azul, realmente onírica, mezclada con vagos colores. Smith pensó que le agradaría no abandonar nunca aquella fría arena, quedarse allí para siempre, en medio de aquella penumbra difusa y del silencio de su sueño. No hubiera sabido decir cuánto tiempo había permanecido allí sentado. La paz azul le envolvía profundamente, hasta que quedó impregnado de aquellos suaves colores del atardecer y transido por aquella calma.

    La luz se fue oscureciendo hasta que no pudo percibir nada más que las olitas más cercanas, lamiendo la arena. En torno a él, aquel mundo onírico se mezcló con la penumbra azul-violeta. No recordaba haber vuelto la cabeza, pero ahora se encontraba mirando a la joven que tenía junto a él. Estaba tumbada sobre la pálida arena, y su cabello era una mancha oscura que enmarcaba la palidez de su cara. En la penumbra su boca era también oscura, y desde la oscuridad que se formaba bajo sus pestañas, Smith se fue dando cuenta poco a poco de que ella le miraba sin parpadear. Permaneció allí sentado en silencio, durante un largo tiempo, con sus ojos fijos en los de la chica. Y entonces, con ese movimiento propio de los sueños, se dirigió hacia ella tendiéndole los brazos. La arena era fría y suave y la boca de la mujer sabía a sangre. En aquella tierra no salía el sol. Se hacía lentamente de día sobre el palpitante país, mientras la hierba y los árboles se agitaban en su despertar, movimiento terrorífico en la belleza de la mañana. Cuando Smith se despertó, vio que la chica salía del lago, con el agua azul desprendiéndose de sus cabellos naranja. Gotitas azules se deslizaban por su piel cremosa, y ella reía, chorreando de pies a cabeza en el ardiente amanecer. Smith se incorporó en la cama y apartó el cobertor azul.

    —Tengo hambre —dijo—. ¿Cuándo y cómo vamos a comer?
    La sonrisa se desvaneció del rostro de la mujer en un suspiro. Agitó violentamente sus cabellos y dijo extrañada:
    —¿Hambre?
    —¡Un hambre mortal! ¿No me habías dicho que encuentras tu comida en el Templo? Vayamos, pues.
    La mujer le lanzó una mirada enigmática bajo sus largas pestañas y se dio la vuelta.
    —Muy bien —dijo.
    —¿Algo anda mal? —La tomó mientras pasaba y la sentó sobre sus rodillas, depositando un beso fugaz en su boca. De nuevo notó aquel sabor a sangre.
    —Oh, no —ella agitó sus cabellos y se levantó—. Estaré lista en un momento, y enseguida vamos.

    Volvieron a pasar por aquel lugar donde los árboles se inclinaban expectantes, y atravesaron la extensión de hierba, palpitante. Desde todas direcciones llegaban a ellos olas de aquella hierba como había sucedido antes. Smith se esforzó por ignorarlo. Contemplaba la escena matutina mientras una corriente indefiniblemente desagradable recorría la superficie de aquella maravillosa tierra. Mientras atravesaban la hierba viviente, de repente recordó algo y dijo:

    —¿Qué quisiste decir ayer cuando hablaste de que no había otra salida que la muerte?
    Al responderle, ella no le miró a los ojos, pero su voz denotaba turbación.
    —Peor que la muerte, fue lo que dije. Una salida de la que no voy a hablarte aquí.
    —Si no existe ninguna salida, yo debo saberlo —insistió Smith—. Dímelo.
    Sus cabellos de color naranja caían como una cortina que les separase. Bajando la cabeza, ella dijo con una voz sin matices:
    —No podrías salir. Es una salida muy difícil. Y... y yo no deseo que te vayas ahora...
    —Debo conocerla —dijo Smith impaciente.
    Entonces ella se detuvo y le miró con sus ojos avellana alterados.
    —Está bien —dijo finalmente—. Es en virtud de la Palabra. Pero esa puerta no se puede atravesar.
    —¿Por qué?
    —Pronunciar la Palabra significa la muerte. Literalmente. Yo no la conozco ahora, no podría decírtela aunque quisiera. Pero en el Templo existe una habitación donde esta Palabra se encuentra grabada en rojo sobre la pared, y su poder es tan inmenso que su eco resuena eternamente en la habitación. Si uno se sitúa ante la inscripción y permite que su fuerza le golpee el cerebro, la escuchará y la conocerá... y gritará las pavorosas sílabas en voz alta... y eso mata. Se trata de una palabra tan ajena a nuestro ser que, al pronunciarla, el eco que produce en la garganta de un ser humano es lo suficientemente disgregador como para rasgar cada una de las fibras del cuerpo y desintegrarlas, atomizarlas, para destruir el cuerpo y la mente de forma tan drástica como si nunca hubieran existido. Y como el sonido es tan violento, consigue abrir durante un instante la puerta que existe entre tu mundo y el mío. Pero el peligro es aterrador, porque puede abrir también las puertas de otros mundos por las que podrían introducir cosas más terribles que las que jamás podríamos soñar. Algunos dicen que fue así como la Cosa llegó a nuestro mundo hace millones de años. Además, si uno no se coloca exactamente en el lugar donde se abre la puerta, en el preciso rincón de la habitación que está protegido (al igual que el centro de un ciclón está en calma), y si no pasas en el preciso instante en que suena la Palabra, te romperá en pedazos. Ya ves que resulta impos...

    En ese instante ella guardó silencio y miró hacia abajo con una cierta expresión de fastidio, después dio dos o tres pequeños pasos corriendo y se volvió.

    —La hierba —explicó tristemente, señalando a sus pies. En sus bronceados pies podían verse leves señales de sangre—. Si uno se detiene demasiado en un lugar sin mover los pies, la hierba puede perforar la piel y beber; qué tonta he sido al olvidarlo. Pero ven.

    Smith fue junto a ella, mirando a su alrededor con recelo aquella adorable y hermosa tierra, demasiado bella y aterradora para no formar parte de un sueño. A su alrededor, la hierba hambrienta se deslizaba formando olas mientras ellos avanzaban. ¿Comerían también carne los árboles? Árboles caníbales y hierba vampira; Smith sintió un estremecimiento. El Templo se alzaba ante ellos, un edificio construido con un extraño material del mismo tono azul difuso que adquieren las montañas de la Tierra cuando se las contempla de lejos. Esa calidad difusa no disminuyó ni aumentó a medida que se aproximaban. También los contornos del lugar resultaban misteriosamente difíciles de precisar en la mente. Smith nunca pudo entender por qué. Cuando intentaba concentrarse en un punto particular, en una torre o en una ventana, aquello permanecía borroso, como si aquel extraño y difuso edificio estuviera situado justo en el borde de otra dimensión. Desde el inmenso triple arco de la entrada, un arco que no se parecía en nada a lo que había visto antes, pero que resultaba tan difícil de apreciar con claridad que no podría haber dicho en qué consistía la diferencia, apareció, mientras se aproximaban, un hilo de humo azul pálido. Cuando penetraron dentro comenzaron a caminar a través de una penumbra que Smith acabaría conociendo muy bien. El inmenso corredor aparecía borroso ante ellos, pero después de algunos pasos la mujer le atrajo junto a ella, haciéndole penetrar por otra entrada que daba a una larga galería, a través de cuya neblina pudo distinguir filas de hombres y mujeres, arrodillados cara a la pared, con la cabeza baja, en actitud de oración. Ella le llevó hasta el final, y entonces vio que estaban arrodillados delante de pequeños caños insertos en el muro a intervalos regulares. Ella se arrodilló ante uno de ellos e hizo que él la imitara; luego inclinó la cabeza y puso sus labios sobre la pequeña espita. Vacilante, Smith siguió su ejemplo. En el preciso instante en que su boca tocó aquello, brotó una extraña y cálida sustancia que penetró en su boca, a la vez dulce y salada. Tenía un extraño sabor acre, y cuanto más bebía más deseos le entraban de hacerlo. Resultaba endiabladamente delicioso, y sentía al beberlo que una sensación cálida recorría todo su cuerpo. Sin embargo, algo oculto en las profundidades de su memoria hacía brotar en él una sensación de desagrado... En algún lugar, de alguna manera, él había conocido aquel sabor cálido, acre y salado y... una repentina sospecha le sacudió como un latigazo y apartó sus labios de aquello como si quemara. Un fino reguero escarlata salía del muro. Se pasó el dorso de la mano por los labios y al retirarlo vio que estaba teñido de rojo. Entonces reconoció aquel olor.

    La mujer continuaba arrodillada junto a él con los ojos cerrados, con una extraordinaria avidez marcada en cada uno de sus rasgos. Cuando Smith la miró, ella se volvió y abrió unos ojos en los que se marcaba una expresión de protesta, pero no apartó los labios del caño. Smith se agitó violentamente, y tras una última y prolongada succión, ella se levantó mirándole con irritación, poniendo un dedo sobre sus enrojecidos labios. Echó a andar y él la siguió en silencio, a través de las hileras que formaban los arrodillados. Cuando alcanzaron la salida, él se dirigió hacia la mujer y la sacudió irritado por los hombros.

    —¿Qué era eso? —le preguntó.
    Ella apartó la vista y dijo con acritud:
    —¿Qué esperabas? Aquí nos alimentamos como podemos. Tendrás que aprender a beberlo sin repugnancia, si antes no has muerto.

    Por un momento, él miró inquisitivamente su evasivo y extrañamente bello rostro. Después, sin pronunciar una palabra, se dirigió a la puerta de la salida. Escucho sus pasos tras él, pero no se volvió para mirarla. Y hasta que no hubieron salido a la luz del día y atravesado un buen trecho de aquella tierra cubierta de hierba, no tuvo la calma suficiente para mirar a su alrededor. Ella se detuvo junto a él, sin levantar la cabeza, mientras su cabello color naranja se agitaba a cada movimiento de su rostro, con elocuente tristeza. La sumisión de la joven le afectó, y se dirigió hacia ella con una ligera sonrisa, contemplando aquella luminosa cabeza. Ella le mostró una cara en la que se reflejaba una expresión trágica. En sus ojos color avellana había lágrimas. Así que no tuvo más remedio que sonreírle y besarla para devolverle la sonrisa. En ese momento Smith comprendió el extraño sabor amargo de sus besos.

    —Ha de haber otro tipo de alimento que no sea... éste —dijo Smith cuando hubieron llegado junto al templete—. ¿No hay trigo por aquí? ¿No viven animalillos en el bosque? Y los árboles, ¿no dan frutos?
    Ella le dedicó otra larga mirada bajo las espesas pestañas.
    —No —respondió—. No hay nada sino la hierba que crece aquí. En esta tierra no habita más ser viviente que el hombre y la Cosa. Y en cuanto a la fruta de los árboles, da gracias a que no florece más que una vez en sus vidas.
    —¿Por qué?
    —Es mejor... no hablar de eso —respondió ella.

    Las constantes evasivas en sus frases comenzaron a atacar los nervios de Smith. No dijo nada más; le dio la espalda y caminó hacia la playa, esperando que la arena le volvería a proporcionar la tranquilidad y la paz de la noche anterior. Su hambre había quedado curiosamente satisfecha, pese a lo poco que había tomado de aquello, y, gradualmente, aquel sosiego que sintiera el día anterior volvió a renacer en él en profundas oleadas. Después de todo, era una tierra encantadora. El día llegó oníricamente a su fin, y la oscuridad volvió a surgir del lago, y volvió a encontrar en los besos aquel sabor a sangre que, sin embargo, le sumergía en una profunda dulzura. Por la mañana se despertó con la primera luz del día, nadó junto a la joven en las azules y misterios as aguas del lago, e, inexplicablemente, volvió a atravesar el bosque y aquella extensión de hierba viva en dirección al Templo, impulsado por un hambre mayor que su repugnancia. No podía evitar la náusea, pero tampoco aquella avidez. Una vez más, el Templo apareció ante él difuso e indefinido bajo el resplandeciente cielo, y una vez más se adentró en la penumbra de sus corredores, caminando con el paso seguro de quien conoce su camino, y se arrodilló por su propia voluntad en aquella fila de bebedores que se extendía a lo largo del muro. Al primer sorbo, la náusea brotó violentamente de lo más profundo de su ser; pero cuando el calor de la bebida se extendió por todo su cuerpo la náusea se apagó y solo sintió hambre y avidez, y bebió ciegamente hasta que la mano de la joven que se apoyó sobre su hombro le volvió a la realidad. Se había desencadenado en él una especie de intoxicación cuando el líquido ardiente y salado penetró en sus venas, y caminó tambaleándose sobre la hierba viviente. Transcurrió otro día y de nuevo la oscuridad surgió del lago.

    Y así transcurría la vida en aquella tierra. Pasaban con una simpleza extraordinaria los días y las noches, entre los viajes al Templo para beber de aquellas fuentes, y los amargos besos de la joven de los cabellos color naranja. El tiempo había cesado para él. Los días transcurrían lentos e iguales, desarrollándose eternamente el mismo círculo vital, y el único cambio, que quizás él no percibía, se hallaba en la profunda mirada de los ojos de la joven cuando permanecían juntos, sus cada vez más prolongados silencios. Una noche, en el mismo instante en que la oscuridad envolvía el aire y la bruma surgía del lago, se le ocurrió mirar a su superficie y creyó ver a través de la niebla las siluetas de unas montañas muy lejanas. Le preguntó con curiosidad a la joven:

    —¿Qué es lo que hay detrás del lago? Me parece que veo unas montañas.
    La joven volvió rápidamente la cabeza y sus ojos color avellana se oscurecieron con una expresión que parecía de temor.
    —No lo sé —dijo—. Nosotros pensamos que es mejor no averiguar qué es lo que hay más allá del lago.
    Súbitamente, la irritación de Smith ante las nuevas evasivas hizo explosión violentamente.
    —¡Al diablo con vuestras creencias! Estoy harto de recibir la misma respuesta a cualquiera de las preguntas que hago. ¿Tú nunca te has preocupado por averiguar nada de nada? Estáis tan paralizados por el terror de algo desconocido que cada idea de vuestro espíritu os parece mortal.
    Los ojos de la mujer le dirigieron una triste mirada.
    —Aprendemos con la experiencia —dijo—. Aquellos que se hacen preguntas, aquéllos que investigan... mueren. Vivimos en medio del peligro en una tierra que está viva, un peligro incomprensible, intangible, terrible. La vida se hace soportable si no investigamos demasiado, solo si aceptamos ciertas condiciones, condiciones que aceptan la mayoría. No debes hacer preguntas si deseas continuar vivo. Tanto las montañas como todas las cosas que desconocemos y que se hallan más allá del horizonte son algo tan inalcanzable como un milagro. Porque en una tierra que no ofrece ningún tipo de alimento, en la que nos es preciso visitar el Templo diariamente, ¿qué tipo de provisiones podría llevar cualquier explorador para su viaje? No, estamos sujetos a este lugar por lazos irrompibles, y debemos vivir aquí hasta que nos llegue la muerte.

    Smith no respondió. Comenzaba a apoderarse de él el relax de la noche, y el breve estallido de irritación había muerto tan rápidamente como había nacido. Sin embargo, fue entonces cuando comenzó su descontento. De alguna forma, a pesar de la adorable quietud del lugar, a pesar de la dulce amargura de las fuentes del Templo y la amargura aún más dulce de los besos que obtuvo como respuesta, no pudo apartar de la mente la visión de aquellas montañas difusas. La inquietud se había despertado en él, y como el hombre que sale de su sueño, sentía cada vez más el deseo de la acción, de la aventura, de darle otra utilidad a su cuerpo que no fueran simplemente las exigencias del sueño, la comida y el amor. Por todas partes se alzaban inquietos bosques. La hierba ondeaba, y en el oscuro horizonte las montañas le atraían. Incluso el misterio del Templo y de su eterna penumbra comenzaron a atormentar sus momentos de lucidez. Le zumbaba en la mente la idea de explorar los corredores que evitaban los habitantes de aquellas tierras, de mirar a través de aquellas extrañas ventanas que se abrían a un azul inexplicable. La vida, incluso allí, debía tener un significado diferente del que él le confería. ¿Que había tras aquellos bosques y praderas? ¿Qué misterioso país encerraban aquellas montañas? Comenzó a acosar a sus compañeros con preguntas que provocaron cada vez con más frecuencia la aparición de una mirada de terror en sus ojos, pero con ello obtenía una pequeña satisfacción. Aquél era un pueblo sin historia, sin ambición, cuyas vidas se inclinaban a atormentarse en los momentos de mayor tranquilidad como si anticiparan el terror que habría de sobrevenirles después. La evasión era la llave de su existencia, quizás con razón. Quizá todos los espíritus aventureros que habían existido entre ellos, se habían internado, curiosos, en el peligro y habían perecido, de forma que los que quedaban eran los espíritus sumisos, llevando unas vidas bucólicas y voluptuosas en aquel Elíseo sombreado por el horror.

    En aquel colorístico país, el recuerdo del mundo que habían perdido se hizo para Smith cada vez más vivido: recordaba la abigarrada multitud de las capitales de los planetas, con las luces, el ruido, las risas. Se imaginó naves espaciales atravesando el cielo de la noche con sus llamas, atravesando el espacio de un planeta a otro. Recordó los alborotos que se formaban en las tabernas, los pilotos de las naves, los tumultos, el rayo azul de las pistolas y el olor a carne quemada. Aquella vida pasaba como una película ante sus ojos, violenta, vívida, hombro con hombro, con la muerte. Y sintió nostalgia de aquellos mundos maravillosos, aunque también terribles, que había dejado tras él. Por el día, la intranquilidad le aumentó. La joven hizo patéticos intentos para encontrar algún tipo de entretenimiento que ocupara su mente ausente. Le acompañó en tímidas incursiones por los bosques vivientes, e incluso superó su horror por el Templo siguiéndole mientras exploraba algunos corredores que hicieron nacer en ella un angustiado terror. Pero debió darse cuenta de que no había esperanza. Un día, mientras estaban tumbados sobre la arena mirando ondear el lago azul bajo un cielo cristalino, los ojos de Smith, que no se apartaban de las extrañas sombras de las montañas, se entornaron súbitamente, intensificando su palidad de acero. Se puso en pie bruscamente, apartándose de la joven que había permanecido apoyada contra sus espaldas.

    —Estoy harto —dijo ásperamente, y se levantó.
    —¿Qué... qué... quieres decir? —la mujer se tambaleaba sobre sus pies.
    —Me voy... a cualquier lugar. Creo que hacia las montañas. ¡Y me voy ahora mismo!
    —Pero, entonces ¿es que deseas morir?
    —Es mejor un peligro real que una vida abúlica como ésta —dijo—. Al menos encontraré algo más de animación.
    —Pero ¿qué llevarás como alimento? No hay nada que te permita mantenerte vivo, aun en el caso de que escaparas de peligros mayores. Si te quedas sobre la hierba por la noche... te comerá vivo. No tienes ninguna posibilidad de sobrevivir si abandonas este lugar... y a mí.
    —Si he de morir, moriré —dijo—. Lo he estado pensando y he decidido que sea así. Podría explorar el Templo y llegar ante Eso y morir. Pero, desde luego, debo hacer algo, y me parece que mi oportunidad está en intentar llegar a algún lugar donde la tierra dé alimentos. Y voy a intentarlo. No puedo seguir así.

    Ella le miró con una inmensa tristeza, mientras las lágrimas afluían a sus ojos de color avellana. El abrió la boca para hablar, pero antes de que pudiera decir una sola palabra ella se echó a reír con una risa aterrorizadora.

    —Tú no irás —le dijo—. La muerte viene ahora por nosotros dos.
    Lo dijo de una forma tan serena, tan carente de todo miedo, que Smith no la entendió hasta que ella le señaló algo con el dedo y se volvió hacia allí. El aire que había entre ellos y el templete estaba curiosamente agitado. En el momento en que Smith se volvió a mirar, comenzó a convertirse en una nebulosa azul que se iba haciendo cada vez más espesa y oscura... Borrosos tonos verdes y violeta penetraron a través de aquello de forma difusa, y después, imperceptiblemente, un color rosado apareció en el centro, que cada vez se iba haciendo más intenso hasta adquirir un tono escarlata que hirió sus ojos; entonces Smith se dio cuenta de que Aquello había llegado. Un aura de amenaza parecía irradiar de Aquello, penetrando en su mente. Lo sintió de forma tan tangible como lo había visto... Un peligro difuso que se dirigía inexorablemente hacia ellos. La mujer no estaba asustada. Smith se dio cuenta de ello aunque no se volvió para mirarla, pues no podía apartar sus ojos de aquella Cosa escarlata hipnóticamente palpitante... Ella le susurró muy suavemente:

    —Yo tenía razón, estoy contenta —y el sonido de su voz le liberó de la trampa en que le tenía preso aquella masa palpitante.

    Smith soltó una carcajada de lobo, abrupta, como dando la bienvenida a aquella diversión que le sacaba del idilio eterno en el que estaba viviendo, y la pistola apareció en su mano y de su cañón brotó la llama azul de forma tan repentina que dejó sin respiración a la mujer, que estaba tras él. Aquel resplandor de un azul acerado iluminó la envolvente neblina, pasó a través de ella sin encontrar ningún obstáculo y fue a estrellarse en la tierra unos metros más allá. Smith apretó los dientes y disparó repetidas veces contra aquella niebla, tiñéndola de azul. Y cuando aquel chorro de fuego cruzó aquella Cosa escarlata, el impacto sacudió violentamente aquella nebulosa de tal forma que sus contornos ondularon y la masa escarlata chisporroteó vivamente, comenzando a debilitarse con gran rapidez. Smith siguió barriendo con su rayo toda aquella nebulosa. Un instante después palidecía y se desintegraba, desvaneciéndose en un último destello rosa mientras la llama de su pistola seguía incidiendo en la niebla hasta quemar el suelo tras ella. Sacudió la cabeza y jadeó mientras aquella nube de muerte se hacía cada vez más tenue, hasta desvanecerse ante sus ojos, hasta que no quedó ni rastro de ella y el aire se volvió de nuevo luminoso y transparente.

    El inconfundible olor de carne quemada llegó a su nariz y se preguntó por un momento si la Cosa se habría materializado en un núcleo corpóreo; pero después vio que aquel olor procedía de la hierba quemada por su llama. Las delgadas briznas semejantes al pelaje de un animal se retorcían en torno al círculo quemado, tumbándose a ras de suelo como si un fuerte viento soplara sobre ellas, y del área ennegrecida surgió una tenue columna de humo que esparcía el olor de carne quemada. Smith, recordando sus hábitos vampirescos, volvió la cabeza con náuseas. La chica había corrido hacia la arena que había tras él temblando violentamente ahora que el peligro había pasado.

    —¿Era... esto la muerte? —preguntó ella respirando entrecortadamente cuando por fin pudo dominarse.
    —No lo sé. Probablemente no.
    —¿Qué vas... a hacer ahora?
    Smith volvió a enfundar su pistola.
    —Lo que había pensado hacer.
    La joven gritó con desesperación:
    —¡Espera! ¡Espera! —y se agarró a su brazo. Y él esperó hasta que el temblor que la sacudía hubo cesado. Entonces ella insistió—: Vuelve al templo otra vez antes de irte.
    —Está bien, no es una mala idea. Puede que transcurra bastante tiempo antes de mi próxima... comida.

    Así pues volvieron a atravesar la hierba viviente que se agitaba en torno a ellos en forma de amplias olas procedentes de todas partes. El Templo apareció oscuro e irreal ante ellos, y cuando entraron la penumbra azul volvió a envolverlos. Smith iba a ir como de costumbre hacia la galería de los bebedores, pero la mujer sujetó su brazo con una mano y murmuró:

    —Ven por aquí.
    El la siguió, cada vez más sorprendido, por el corredor a través de las extrañas neblinas, lejos de la galería que tan bien conocía. Le pareció que la bruma se hacía más espesa a medida que avanzaban, y en medio de aquella luz incierta creyó ver, aunque no podía estar seguro de ello, que los muros ondeaban de una forma tan nebulosa como el propio aire. Sintió un curioso impulso de atravesar sus intangibles barreras y salir del pasillo hacia... ¿hacia qué? Entonces notó bajo sus pies unos peldaños y tras un instante la presión sobre su brazo se hizo más fuerte. Pasaron por un bajo y grueso arco de piedra y penetraron en la habitación más extraña que jamás había visto. Parecía ser heptagonal y, cosa curiosa, en el suelo había profundamente grabadas líneas convergentes. Creyó sentir que ciertas fuerzas que escapaban a su comprensión se debatían violentamente contra los siete muros, girando huracanadamente en la oscuridad hasta que la habitación quedó sumida en un invisible tumulto. Cuando levantó sus ojos hacia el muro, supo dónde se encontraba. Grabado sobre la oscura piedra, brillando a través de aquella penumbra como si fuera un fuego procedente de otra dimensión, la figura escarlata se retorcía sobre el muro. No sabía cómo, pero la simple visión de aquello provocó una conmoción en su cerebro y sintió que la cabeza le daba vueltas y las piernas se le doblaban cuando finalmente respondió a la presión de su brazo. Vagamente, se dio cuenta de que se encontraba justo en el centro de aquellas líneas convergentes y sintió fuerzas inexplicables recorriéndole y despertando en su interior un conocimiento que poseía. Luego sintió unos brazos que se cerraban en torno a su cuello y un cálido cuerpo que se estrechaba contra el suyo, mientras una voz susurraba en su oído:

    —Si tienes que dejarme, retrocede hacia la puerta, querido... La vida sin ti... es más terrorífica que una muerte como ésta.

    Depositó en sus labios un beso que sabía a sangre. Después aquel contacto desapareció y se encontró solo. A través de la penumbra pudo percibirla vagamente recortada contra la Palabra, y pensó, mientras estaba allí, que era como si las corrientes invisibles la estuvieran golpeando de forma que su cuerpo se bamboleaba ante él y sus rasgos se hacían borrosos para formarse después de nuevo, como si las fuerzas de las que él estaba tan misteriosamente protegido la tuvieran a su merced. Y vio que un cierto conocimiento se reflejaba de forma terrible sobre su rostro, como si el significado de la Palabra estuviera penetrando lentamente en la mente de la mujer. El dulce y bronceado rostro de la joven se deformó horriblemente, sus sangrientos labios se movieron para pronunciar una Palabra. En un momento de claridad vio realmente cómo su lengua se movía de forma increíble para formar las sílabas de la indefinible Palabra que nunca labios humanos habían pronunciado. Su boca se abrió en una forma imposible... Emitió sonidos en medio de aquella niebla y gritó.

    Smith caminaba por un sendero serpenteante de un color escarlata tan vivo que resultaba insoportable a la vista, un sendero que se hundía, se alzaba y temblaba bajo sus pies de forma que le hacía trastabillar a cada paso. Andaba a tientas a través de una neblina violeta y verde mientras en sus oídos zumbaba un susurro aterrador, la primera sílaba de una impronunciable Palabra... Siempre que se acercaba al final del sendero, éste se agitaba y se duplicaba, mientras una debilidad como la producida por una droga penetraba en su cerebro y los colores de la onírica penumbra le arrullaban, y...

    —¡Se está despertando! —sonó una voz exaltante junto a su oído.
    Smith abrió pesadamente los ojos y vio una habitación sin paredes, una habitación en la que múltiples figuras se extendían hasta el infinito...
    —¡Smith! ¡Northwest Smith! ¡Despierta! —urgía una voz familiar que llegaba de alguna parte.

    Smith parpadeó. Aquella miríada de figuras desperdigadas se concentraron en las de dos hombres dentro de una habitación de especulares paredes metálicas. El rostro amistoso de su compañero, el venusiano Yarol, apareció sobre él.

    —Por Pharon, Northwest Smith —dijo aquella bien conocida voz—, has estado durmiendo durante toda una semana. Creíamos que nunca despertarías; debió de ser una borrachera terrible.

    Smith hizo una débil mueca que decía bien a las claras lo débil que se sentía y dirigió una interrogante mirada hacia la otra persona.

    —Soy médico —dijo el individuo cuando captó su inquisitiva mirada—. Su amigo me llamó hace tres días y desde entonces estoy ocupándome de usted. Debe de hacer cinco o seis días que entró en coma. ¿Tiene alguna idea de qué es lo que pudo causárselo?

    Los pálidos ojos de Smith recorrieron la habitación. No pudo encontrar lo que buscaba, y aunque su débil murmullo contestó la pregunta del doctor, el hombre no llegó nunca a entenderlo.

    —¿Un mantón?
    —He sido yo quien te ha quitado aquella cosa peligrosa de encima —confesó Yarol—. Estuvo sobre ti durante tres días y después te la quité. Ese dibujo rojo me ha dado el peor dolor de cabeza que he tenido desde que encontré la botella de vino negro sobre aquel asteroide, ¿te acuerdas?
    —¿Dónde...?
    —Se lo di a un tipo que iba hacia Venus. Lo siento. ¿Realmente lo querías? Te compraré otro.

    Smith no respondió. La debilidad se apoderaba de él intermitentemente. Cerró los ojos escuchando el eco de aquella primera y terrorífica sílaba susurrada en su cabeza... Un susurro que procedía de un sueño... Yarol le oyó murmurar suavemente:

    —Y... nunca logré saber... su nombre...

    Catherine L. Moore (1911-1987)
  14. Ese mayordomo, ayuda.
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    Ah pasado una semana desde que Sebastián vive con migo en casa, el único que no se siente a gusto con el es Orus, ya que el pobre sufre de abrazos constantes y que lo tengan en brazos cada momento, en que el demonio se siente libre para atraparlo, el animal no estaba acostumbrado a esto, por el echo de ser arisco y no dejarse tener así, hubo momentos en los que Sebastián ah tenido arañazos en la cara pero el seguía sonriente, la verdad los demonios son complicados respecto a sus gustos. Otra cosa que cambio aquí fue la limpieza, ¡que cambio!, antes la casa era un desastre entre mi madre que no estaba por el trabajo y yo que estudiaba la casa parecía cualquier cosa, solo llegábamos a lavar los platos, la ropa de abrigo en los sofás, alguna que otra en el suelo, libros por aquí y por allá, y de vez en cuando las camas desechas, si así como suena horrible, teníamos la suerte de que las pulgas no nos atacaran. Pero con la ayuda de Sebastián, la casa era distinta, ni un rastro de polvo, la ropa limpia y planchada en su lugar y la cocina, parecía otra, cada azulejo resplandecía tanto que podías ver tu reflejo, si hubiera echo yo esto no hubiera quedado tan bien, la casa parecía de cuento gracias a el. Y yo bueno, ya que la casa parecía echa de porcelana, no me dejo atrás para que salga con una coleta improvisada, no señor, el me sentaba mientras peinaba mi largo pelo haciéndome una trenza alta dejando que un mechón cayera a un lado de mi rostro, me hacia sentir mas bonita de lo que era y lo peor me elegía la ropa, pero por suerte no me saco de lo que es mi estilo.

    Otra cosa que ah pasado es que se tomo las molestias de inscribirse en mi curso de artes, pero en el ultimo dibujo que tuvimos que hacer el había echo a mi gato, no podía creerlo, no solo le había quedado como una foto sino que, un grupo de las chicas de ese curso querían que les de clases particulares.

    En el momento del descanso me acerque bajo un árbol a comer una manzana, la mire algo triste porque mi madre siempre me las dejaba en la mesa para que me las trajera a la universidad, la mire de nuevo alzando la mano para arrojarla, pero alguien me detuvo la mano antes de que la lanzara a quien sabe donde. Al dame vuelta me encontré con sus ojos rojos y su cara seria, que me miraba con reproche por lo que iba a hacer.

    -Señorita…- se sentó junto a mi- si arroja esa manzana puede golpearle un ojo a alguien, y eso le daría problemas.

    -claro…-dije en voz baja, mire nuevamente la fruta y la mordí sin mas- es solo que me recuerda a ella

    -entiendo…- tocio- eh investigado un poco a el tal Yan Tailer

    Lo mire de reojo, investigar a uno de los chicos mas populares de la escuela por creerlo el culpable de la muerte de mi madre, podría ser una de las cosas mas raras que eh echo hasta ahora, a demás de tener al mismísimo demonio con migo.

    -Cuéntame- dije con la boca llena

    -Señorita no hable con la boca llena- dijo en un suspiro llevándose la mano a la frente, mientras yo rodaba los ojos- debe ser un poco mas femenina y educada.

    -eso no es tu problema- la verdad nunca fui femenina y nadie vendría decirme si tenia que serlo o no, ya era mucho con que me peinara y elija mi ropa- volvamos a lo que importa ¿si?

    -si- sonrió- al parecer este muchacho no tiene nada que ver- me miro de reojo

    - ¿Cómo? ¿A qué te refieres con eso?- pregunte completamente atónita, no podía comprender eso, siendo que yo lo vi correr por la calle de mi casa, o es que acaso estaba corriendo bajo la lluvia a ver a alguna de sus mil y una novias-explícamelo

    -así como se oye, el no esta involucrado en nada, al parecer esa noche cuando usted lo vio el se dirigía a casa de su padre, quien al parecer también había sido asesinado de la misma manera- se paro frente a mi y me tendió la mano- no se preocupe, usted llevara a cabo su venganza, eso se lo prometo- me beso la mano y mis mejillas se tornaron rojas, pero creo que no lo noto.

    - con lo que sepas de la autopsia investiga quien puede ser, esta noche tenemos el velorio de mamá- agache la cabeza y me levante

    -si, My Lady

    Las horas de clase transcurrieron lentas, con las largas explicaciones de cómo los egipcios usaban los cinceles en las piedras para realizar cada jeroglífico, y como hacían la pintura para sus murales, esos temas me gustaban mucho, pero el echo de saber que hoy vería por ultima vez a mi madre hacia que no pensara en nada mas. Miraba a mi "Compañero" que estaba mas ateto que nunca y más cunando el profesor mostró las esculturas de los gatos ¿Qué rayos le pasaba con los felinos a este tipo?, pero a decir verdad daba algo de ternura ver como los miraba, con sonrisa disimulada y los ojos perdidos en ellos, daban ganas de hacer una escultura, de ese rostro perfecto, con esa mirada seductora, finos labios, nariz respingada, y ese cabello despeinado, sin darme cuenta solté un suspiro, y este volteo hacia mi, escondiendo mi rostro en el libro, para disimular mi rubor, rayos quien no se pondría así con esa mirada, maldito demonio.

    -Bueno hasta aquí llegamos por hoy, los veo la próxima clase, y no olviden que es el examen parcial estudien a fondo por favor

    Suspire, rodando los ojos mientras guardaba los libros, y demás cosas en mi mochila negra cubierta de pines. Observe a lo lejos que las "Fanáticas" de mi demonio me veían con cara de acecinas, como si les hubiera tirado pintura a su ropa de alta costura.

    -Es hora de irnos Señorita

    -Lo se ya voy- mire tras de el, y el se dio vuelta- solo espero que se vallan, y llámame por mi nombre maldita sea

    -Lo siento Roxanne, a demás parece que no les agrada que este con usted- rió por lo bajo- de todas formas a mi no me agradan- tomo mi mochila- vamos a casa Roxy- dijo con voz seductora, y una mirada tal que nadie podría resistir.

    Abrí los ojos como platos, nadie jamás me había llamado de esa forma, ni siquiera mi madre ni mis amigas, a quienes les hablo por celular o Internet, ya que no podía verlas desde que me mude al centro de Londres. Se sintió raro en principio, porque el me trataba como si fuera una dama de varios siglos atrás. Sin mas caminamos junto a las arpías de cabello rubio, que me miraban con mas odio que nunca, lo triste de la situación es que jamás me habían echo caso hasta que apareció Sebastián en la escuela, parecieron verme recién en ese momento. Tome aire y sin pensarlo dos veces le tome la mano a mi demonio, quien me miro comprendiendo mi plan, a ellas se les callo la mandíbula asta el suelo cuando nos vieron así, y a decir verdad creo que una de ellas se puso a llorar, cosa que me dio mas satisfacción aun.

    -Usted puede ser malvada cuando se le pasa por la cabeza- me miro con media sonrisa

    -Solo quería reírme de sus caras, no pueden tener siempre lo que quieren, a demás, a partir de hoy saben quien soy

    Seguí caminando tomada de su mano hasta salir de la institución, luego lo solté quedándome en silencio, de manera tal que, mientras caían las hojas de los árboles, las miraba pensando quien fue capas de hacerle tal cosa a dos personas y de la misma manera, pero ¿Porqué al padre de Yan también? ¿A caso el acecino buscaba algo en especial de ellos? ¿Los habrían mandado a matar por algo en especial? ¿Cuál seria la razón de ello?, la cabeza la tenia llena de preguntas. Iba tan distraída que no me había dado cuenta que había topado con alguien. Era un hombre alto de cabello plateado, de nariz tan respingada como Sebastián, y ojos verdes con un toque de amarillo, iba vestido con un traje completamente negro, este tenía una marca peculiar en el rostro como si lo hicieran cortado o algo así. Me miro serio, y luego comenzó a reír como un desquiciado, mi demonio y yo lo miramos aturdidos queriendo entender que le hacia tanta gracia de que me lo llevara de frente.

    -Lo…lo siento- tartamudee

    -no tenga cuidado señorita jijiji- alzo sus manos hasta su rostro dejando ver solo su risa y nariz, ya que su cabello tapaba sus ojos- veo que viene acompañada jijiji tanto sin vernos mayordomo

    -¿mayordomo?- mire a Sebastián, quien endureció la mirada

    -¿como? ¿Ella no lo sabe? Eso esta muy mal jijiji

    -hola, Undertaker- dijo con frialdad- que remedio, mi amo anterior perteneció a la época Victoriana, y ese hombre es Undertaker el es un shinigami

    Había oído de ellos, que son dioses de la muerte, pero ¿que hacia uno aquí tan cerca de la escuela?, acaso ¿se llevaría el alma de alguien?

    -si tienes un demonio con tigo quiere decir que quieres algo, y sabes su precio- pico mi mejilla- quizás yo te pueda ayudar en algo, pero tendrá que ser en la noche tengo trabajo que hacer- se fue saludándonos con las dos manos

    -¡Hey espera!- grite y no me hizo caso

    -será mejor que lo deje tenemos que prepáranos para esta noche

    Me resigne a hacerle caso, caminando a la estación de tren, el cual alcanzamos justo a tiempo, y donde como siempre no había casi nadie, esta vez me senté junto a la ventana, ese tipo me había puesto algo nerviosa realmente, y el clima que estaba habiendo no me ayudaba demasiado a pensar claro.

    Nos encontrábamos en la iglesia frente al parque, yo estaba sentada junto a ella, a quien habían vestido, de un celeste muy claro, dejando suelto su cabello negro, en sus manos sostenía rozas rosadas, yo la miraba bajo mi pequeño velo negro, traía puesto un vestido negro y zapatos, junto guantes de encaje. Trataba de no llorar y tragarme las lágrimas, me aleje del féretro, viendo a Yan allí, hice caso omiso a su presencia y Salí del lugar tapándome con mi demonio y el shinigami, no comprendía muy bien la situación, pero ambos me miraron, haciendo un gesto con la cabeza para que los siguiera, no dije nada y fui tras de ellos, caminamos un buen rato por las calles de la ciudad hasta llegar al cementerio, nos paramos donde estaría la tumba de mi madre.

    -Muy bien ¿a que me trajeron?

    -jijiji es sobre Amber Miller

    Era sobre mi madre, quizás no eh dicho su nombre pero se llamaba Amber Miller de Tanner mi difunto padre, al que no pude llegar a conocer, por el echo de que murió cuando nací.

    -¿Qué pasa con ella?- dije entre dientes

    -como ya sabes la acecinaron- dijo y tomo una galleta en forma de hueso de su saco- jijiji ella no tenia ni deudas ni cosas de ese tipo, pero sabia demasiado de alguien al igual que el Señor Jhon Tailer jijiji, y puede que ese alguien tenga algo que ver.

    Me quede pensando un minuto, mientras que a lo lejos traían el cajón, así que decidí irme de ese lugar, no por el entierro en si, sino, porque no quiero aguantar que mis parientes estuvieran dándome el pésame cada cinco minutos. A demás me había quedado pensando de quien estaría hablando ese hombre, no creo que sea un vendedor de drogas o la mafia, ella era muy reservada para todo, ya que era abogada, quizás eso también tenia que ver, quizás algún fallo, salio mal en la corte, pero no podía tirar ideas al aire, tenia que estar tranquila para poder pensar, y en la calle no podía ser, a ver si no me chocaba con un árbol o algo de eso. La fría lluvia comenzó a caer sobre nosotros, pero casualmente Sebastián había llevado un paraguas, no solo era inteligente y mañoso, sino que era precavido. Por suerte mi casa estaba a pocas calles del cementerio, Londres a pesar de ser grande, tiene varios sitios cerca de mi casa, pero no la universidad por desgracia, me gustaría vivir mas cerca, pero eso no es problema realmente. En lo que realmente debía poner mi cabeza era en saber quien hizo mi vida completamente infeliz en estos momento, y en el maldito examen sobre Egipto, quizás en eso, el demonio podría ayudarme un poco.

    Al llegar de una vez a la casa, le di de comer a Orus, y me tire en el sofá resoplando del cansancio, mire al techo viendo dibujado algo en el, dos enormes ojos celestes de gato, me mordí los labios y mire a Sebastián, quien de por si ya había agarrado al felino.

    -¿Qué es lo que te pasa con los gatos?- pregunte histérica- yo los amo me encantan, pero tu pasas de la raya

    -Me a atrapado señorita Roxy- seguía con el gato en brazos y me miro- lo que sucede es que de donde yo provengo, las "mascotas" son seres repulsivos, y no tienen la belleza y la gracia de los gatos, además de el hermoso pelaje sedoso, sus pequeñas patas con sus esponjosas almohadillas, son simplemente perfectos

    Lo miraba, entendiendo un poco lo que le pasaba con mi gato, ¿serian tan feos los seres que el dice?, en que estoy pensando debería pensar en otras cosas por todos los cielos. Cuando reacciono, me doy cuenta de que ya no estaba ahí, lo busque con la mirada y no lo encontré, así que decidí pararme para buscarlo, mire, por la hendija de la puerta de la cocina, entre lentamente y ahí estaba preparando leche caliente. Me senté en la mesa mientras lo miraba, al parecer pensaba que taza utilizar, mientras suspiraba desilusionado, parecía la escena de una vieja película muda. No se había percatado de mi presencia, hasta que miro sobre su hombro, el realmente tenia aires de mayordomo, sonrió, volvió la mirada a la taza de flores lila que había tomado, lo coloco en un plato del mismo color, dejándolo frente a mi.

    -¿Cómo fue cuando eras mayordomo?- pregunte dándole un sorbo a la deliciosa leche con miel

    -La verdad mi amo era algo caprichoso y mal humorado, y algo dependiente, como mayordomo protegía su vida, cada mañana le llevaba el te, mientras le ayudaba a vestirse y comentar los deberes, a su vez también lo ayudaba a cumplir su venganza al igual que usted perdió a sus padres.

    -oh ya veo- dije mirándolo sorprendida- y… ¿extrañas ser mayordomo?

    -en ocasiones si…- admitió mirando a la ventana empañada

    -entonces…serás mi mayordomo…pero, solo si quieres hacerlo- me pare frente a el- aunque esto no es una mansión

    -lo haré si eso es una orden

    -lo es

    Dicho esto hizo una reverencia frente a mi, admito que fue algo incomodo, mire la hora, eran las once treinta de la noche, abrí los ojos mientras corría a mi cuarto dejando a Sebastián solo en la cocina. No se si cerré la puerta lo que si se es que me acosté con la velocidad de un rayo, aunque no podía dormir, tome el celular, para poner música, pero lo ultimo que escuche antes de quedarme dormida fue…

    - buenas noches, My Lady…
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  15. Llevo poco más de un año escribiendo Fanfiction. Para alguien que espera ser escritora algún día, el fanfiction es una buena forma de practicar y mejorar tu narrativa, pero si quieres hacer de las letras tu estilo de vida, llega un momento en que tienes que empezar algo propio, pero sin duda escribir historias de este tipo te da unas herramientas que son primordiales a la hora de emprender...
    Llevo un fanfic desde hace un año y uno tiene que ser muy maduro para recibir todo tipo de comentarios, desde los fans que te adoran hasta aquellos que dicen que tomaste la historia original y la volviste mierd@... pero es cuestión de madurez, pero siempre tienes que saber manejar los comentarios de todo tipo y los fans de todo tipo. Lo mismo pasa con los OC, son personajes que vienen a complementar la historia, no a robársela y eso es algo en lo que muchos fanwriters no están claros...
    Este articulo refleja perfectamente la cruzada de aquel que se dedica a hacer fanfics, que hallar uno bueno es como hallar un diamante en el desierto, ademas si hablamos de original, hay que ser sinceros: desde los griegos no hay nada original, los mismos arquetipos se repiten lo que los diferencia es como se desarrollan
    Que digo? XD ¿Los griegos? Los griegos no eran más que fanboys de los egipcios (¿O esos eran los romanos?)
    Eran los romanos, los griegos eran muy orgullosos para admitir que robaban ideas de otras tribus o culturas, especialmente las del cercano oriente XD. Me he ido de tema.
    Despues del eterno debate entre quien ganaria una pelea entre Goku vs Superman, la pelea entre originales y fanfics encabeza, a mi parecer, el segundo lugar.
    Cuando mucho, un fanfic puede llegar a tener miles de "conti pliss" cofcofYocofcof
    Mucho se ha escrito del tema de los FF, tanto en contra como en apoyo, incluso hay algunas personas que comienzan en los FF y terminan haciendo originales. Pero en ocasiones, la faceta no se quema por completo, creando un "original" que huele a FF por los costados y que solo los amiguis de la autora en cuestion, solo podran entender. Y eso es el otro problema, la escritura es algo que debe ser accesible a todos, asi hayan llegado tarde a la fiesta.
    El problema es que los fanfics son una bestia más compleja de lo que a primera vista se cree. No es extraño escuchar de fanfics no sobre trabajos ficticios, sino sobre PERSONAS en la vida real. Esto junto a otros trabajos que parecen existir solo para traer shock value o para que el autor ventile pensamientos o frustraciones, constituyen el problema primordial contemporáneo con los Fanfics, más específicamente el que en su mayoría se componen de fantasías adolescentes.
    Cuando el autor se opone decididamente a ellos. Existen puntos más sensibles en los que prefiero no meterme como en la idea de que los fans vendan productos basados en tu propiedad intelectual, pero fuera de eso, si alguien se toma la molestia de hacer algo basado en tu trabajo porque les gustó, no veo porque negarse tan draconicamente al tema, como mencioné anteriormente es básicamente publicidad gratis.

    Sin embargo, hay autores necios porque existen fans más necios aún, y la peor clase de fans que puede haber es aquellos que empiezan a trabajar en algo basado en otra propiedad y usando a los mismos personajes pero luego se sienten en el derecho de declararse superiores al autor original. La idea de un fanfic superior al trabajo original no es solo subjetiva y un tanto oximoronica (Si eres tan bueno, ¿Por que no hacer tu propia historia en lugar de tomar la de alguien más?), es también un insulto en muchas ocasiones malintencionado hacia el autor.
    Al final del día no hay respuesta correcta al tema. Por cada persona a favor existe alguien en contra, por cada buen fanfic existen 5 malos y “Bueno” o “Malo” es un concepto completamente subjetivo. No existe una respuesta correcta excepto Pizza, Pizza es siempre la respuesta correcta.