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  1. Capitulo 1- Prologo

    Mi nombre es Inuyasha Higurashi, tengo 17 años, vivo con mi padre, mi hermana pequeña llamada Saori, mi abuela y mí gata Yabu, mi casa es parte de un templo, donde se encuentra el pozo devora huesos y un árbol sagrado de miles de años de antigüedad.



    Era una noche fría, un joven de largo cabello negro y ojos chocolates permanecía en su habitación portando su camisa blanca y su pantalón rojo, el cual correspondía al uniforme de su escuela, aun estudiando como era de costumbre, toda su familia dormía, cuando el joven se dispuso a prepararse para dormir un sonido extraño provino de la planta baja de su casa, bajo lentamente las escaleras y el ruido se hizo aún más fuerte pero provenía de afuera, cuando salió afuera el ruido provino de otro lugar.




    Camine decidido sin miedo hasta el santuario donde se encontraba el pozo devora huesos y entre en el lugar ya que la puerta se encontraba entre abierta y baje las escaleras que llevaban hasta el pozo, no tenía idea de que estaba haciendo pero no me detuve, en mis pies algo me tomo por sorpresa, era mi gata Yabu, la levante en mi brazos y al ponerme de espaldas resbale y alcance a soltar a mi gata cuando caí en el pozo, me vi rodeado de luces y después ya no, me dispuse a salir de aquel pozo y todo lo que me rodeo era extraño.




    -¡Padre! ¡Saori! ¡Abuela! ¡Yabu!- Gritaba a todo pulmón y nadie me respondía, hasta me anime a llamar a mi gata.



    El joven Inuyasha camino un poco más y ahí vio el árbol sagrado, al llegar a ese lugar ahí la vio, era una joven de larga cabellera plateada, llevaba una ropa extraña de color verde, sin saber por qué Inuyasha se acercó hasta la joven y sus orejitas tiernamente acaricio -¿Qué hago?- Se preguntó y dejo de hacerlo, todo era muy extraño, era la primera vez que conocía a alguien de esa manera, una flecha se cruzó por un costado de su cara, apenas unos hilitos de cabellos se deprendieron de él y trago un poco de saliva, un hombre bastante mayor noto a lo lejos.





    -¿¡Que haces!?- Preguntaba y exclamaba al mismo tiempo el hombre mayor, que en ningún momento bajo la guardia -¡¡Contéstame!!- Esta vez solo exclamo e Inuyasha permanecía callado.


    -Yo… yo…- Antes de poder seguir y decir la verdad como hacia siempre, el hombre mayor se acercó un poco más a él, seguía con la guardia firme y un momento hablo.
    -Todo aquel que se acerca a la joven Hanyou Aome, nunca tiene buenas intenciones, este es su bosque y todo aquel como dije, que se le acerque no tiene intenciones buenas-Dijo firme el hombre, dejando a Inuyasha un tanto confundido, no tenía idea de que pasaba, hasta que el hombre hablo de vuelta –Pero comprendo que te sientes confundido joven, tus intenciones no son buenas ni malas- Dijo mientras bajaba la guardia y se acercaba a Inuyasha.


    -(Aome…)-Susurro en su interior observando a la joven más bella que pudiese haber visto jamás y como eso ultimo lo pensó, un leve sonrojo apareció en él.
    El hombre se presentó con Inuyasha e Inuyasha con el hombre mayor, el hombre guio a Inuyasha a su cabaña y empezó a explicar lo sucedido a la joven.



    Hace 50 años, me dijo el señor, existía un joven sacerdote, era casi el hermano de la joven Hanyou, fue el único que pudo llegar a hablarle y entenderle, su hermandad era muy fuerte y eso causaba envidia entre las personas que los rodeaban, más porque el joven sacerdote estaba al cuidado de la joya más valioso de este mundo, la perla de las cuatro almas, todos pensaban que el sacerdote traicionaría a su pueblo incluso al mundo entregando la valiosa joya a la joven Hanyou, así ella sería un demonio completo y mataría a cada humano existente, obteniendo el poder más grande del mundo.
    Una noche, prosiguió en hombre, nadie pudo saber que ese sería el final de ambas vidas y no, un encuentro no muy cordial hubo entre ambas partes tanto como el sacerdote llamado Kyo y la Hanyou llamada Aome, ella termino sellada en el árbol y el termino misteriosamente quemado con la valiosa joya… la joven sigue sellada a ese árbol sagrado y esta misma escena es desde que yo solo era un niño y jamás despertó, el ser una Hanyou provoca que muchos youkais y monstruos quieran devorarla, pero yo la protejo desde siempre ya que nunca creí que sea una Hanyou de malas intenciones.
    Yo confundido, pero algo entendí, me quede mudo comiendo la comida que me ofreció esta persona y luego le conté como llegue hasta aquí y el sacerdote no tenía idea de cómo regresar, mientras por alguna razón seguí pensando en esa joven-(Aome…)- Volví a susurra sin razón en mi cabeza… hundido en mis dudas y susurros, un fuerte ruido se escuchó, provenía del bosque.
    Inuyasha y el sacerdote se dirigieron al bosque y allí vieron un ejército de monstruos tratando de devorar a la joven Hanyou, el sacerdote hizo todo lo posible pero eran demasiados, a Inuyasha le invadió algo interior que le decía que la protegía, como pudo esquivo a los monstruos y se puso enfrente de ella, sin pensar y solo siguiendo ese instinto que tenía muy en el fondo, pero que era grande y solo le faltaba salir -¡¡Yo te protegeré, Aome!!- grito Inuyasha mientras casi a punto de morir devorado junto con la joven Hanyou estaba.


    -¡¡Yo te protegeré, Aome!!- Pude escuchar a los lejos, esa vos que me llenaba de vida, pero al mismo tiempo podía sentir el aroma de muchos monstruos.

    -¡¡Despierta!!- Exclame, sabía que no me escuchaba pero no podía sacarle de allí y estábamos a punto de morir ambos, cuando ella comenzó a latir y unos destellantes orbes dorados me miraron, en el momento que me di la vuelta.

    -¡¡La flecha, Inuyasha!!- Me exclamo el sacerdote y sin dudar segundos antes de que yo la joven Hanyou fuéramos devorados, logre liberarla y todo se terminó en un instante…