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  1. A quien pueda interesar

    Internet is serious business. Siempre lo ha sido y eso nunca va a cambiar. Somos, en su conjunto, un compendio heterogéneo de idiotas que se dedican a exponer sus estúpidas opiniones en el escaparate efímero de una pantalla de ordenador. Hay quien no entiende el concepto y lo mutila hasta convertirlo en una vida paralela a su realidad física. Hay gente que realmente tiene problemas de desrealización y transforma y desvía su realidad física priorizando los píxeles del escaparate, dándole la importancia que no tiene y nunca tendrá.

    No nos engañemos, internet es un lugar maravilloso y posiblemente el mejor invento después de la rueda. Internet te da oportunidades de estar donde quieras y como quieras. Y, precisamente, ese arma de doble filo es el que corta la piel del débil. El hecho de poder ser en internet lo que no eres en la vida real es el principal motivo de lo que antes exponía. Alce la mano quien nunca haya tenido algún conflicto en las redes con algún otro idiota que expone sus contrarias y estúpidas opiniones. Alce la mano quien nunca se haya dedicado a trollear y hacer ciberbullying. Internet nos ha hecho posmodernos y nos ha hecho inventar términos absurdos.

    Alce la mano, pues, todo el mundo. No somos ejemplares. Pero tampoco trascendentales. Somos un pixel en el mar del internet. Entender esto es básico a la hora de darse cuenta que tus mierdas son sólo eso: tus mierdas. De nadie más. Si entras y te involucras en un conflicto en este mundo virtual ya has perdido porque aquí no le interesas a nadie. Aquí no eres nada. Si le das importancia al hecho de que aquél idiota hizo algo intolerable para tu moral impoluta es que tú eres aún más idiota que el anterior, pues no has entendido nada.

    ¿Recuerdas uno de los mandamientos de internet? Don't feed the troll. Si lo alimentas crece y te come, porque su función es esa. Y luego vienes y lloras. Y tus lágrimas son píxeles aún más insignificantes para nosotros. Nosotros somos internet. Tú, tú no eres nada. Eres el idiota que se ofende, llora y grita a una pantalla. Eres el equivalente al idiota que le grita a su equipo de fútbol mientras está sentado en el sofá.

    Palabra de troll.​
  2. En ciertos momentos el mundo te da un vuelco y la sensación de desamparo se vuelve tan espesa que podrías agarrarlo a puñados del aire que te rodea. Momentos de sudor frío que cuestionan hasta el último segundo de tus decisiones espirituales, señalando con dedo acusador cada error en tu biografía. Suspiras y buscas refugio en la resignación, pero en ella sólo encuentras confusión. En tu cabeza el ruido incesante de una música que no debería estar ahí te crea un nerviosismo que acrecenta el problema.

    Por suerte, cuando todo parece haber acabado, cuando el mundo parece carecer de todo su sentido, un guardia de seguridad, alto y fornido, retira la pequeña cadena que separa la planta de abajo de la vogue de la de arriba. Falsa alarma. Todo vuelve a la normalidad.

    un bonito resumen.
    a Velli y Rumano les gusta esto.
  3. Hace tiempo un borracho, al que llamaremos Bukowski, escribió 'el individuo bien equilibrado está loco'. Y me encuentro, obcecada, a la providencia coaccionando mi voluntad y conduciéndola al abismo del destino, donde reposan perpetuas las premisas de una vida inconclusa y acelerada. Y yo, impertérrito y anclado a una idea, doy tumbos por las horas que me llevan al delirio, que hace que olvide el camino y me olvide a mí mismo. Eterno carrusel de un sólo día que abandonamos a medias. Equilibrio de locos.
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  4. Es difícil definir cómo los estados anímicos se convierten en un proceso cíclico que no dejan de girar, que en su más profundo significado calan a los huesos y desgarran la coraza que fabricas con sonrisas. ¿Quién no se ha sentido nunca como si estuviera frente al teatro mágico en el que un cartel reza, en la entrada, 'Sólo para locos, la entrada cuesta la razón'?
    Crees perder tu cordura, ese hilo fino que se enhebra cual enredadera a tu conciencia, y no estás sino admitiendo una realidad fáctica. La vida no es más que eso. No hay más. Culpo a los poetas, a los escritores y a los músicos. Les culpo por pintar y adornar la realidad con migajas de ilusión. Les hago responsables de las miserias de las que no avisaban y con las que los incautos e ingenuos nos topamos. Les culpo por ser los únicos amigos que no te juzgan ni defraudan.

    Es incomprensible cómo un avistamiento tan claro pueda llevar a decepción. Cómo un descubrimiento del funcionamiento básico de nuestra existencia se traduce en un fracaso. Somos autómatas, estoy convencido. Fuera del camino señalado no somos nosotros, nos incomodamos, dudamos, afloran nervios y buscamos volver.
    Y en el camino intermedio, sin salirme, pisando el borde, yo me planto. Si salgo muero y si me quedo acabo por perder.

    Que la entrada a tu teatro mágico no te cueste la razón y sí la vida. Nos encontraremos.