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    El beso era lento, y sin prisa, calmado y dulce. Pero comenzó a hacerse grande la necesidad de comerse a besos, así que la pasión en esos besos comenzó a crecer.

    El aire les faltaba, pero eso era lo de menos, la pasión comenzó a aumentar, Salvador mordió el labio inferior, haciendo que este sangrara un poco. Eso lo volvió loco, esa era una enorme tentación. El chico bajó sus manos a la cintura de Madeleen, y comenzó a desabotonar su pantalón, Salvador se encontraba ahora besando el cuello de la chica, mientras que cónsul lengua marcaba su territorio. Madeleen no se quedó atrás, comenzó a desabrochar la camisa del chico, y una vez que no faltaba ni un solo botón por soltar, Salvador le ayudó para que se deshicieran de esa estorbosa camisa.

    Madeleen pudo apreciar, de nuevo, la figura del demonio. Recordó como fue que lo vio sin camisa por primera vez. Fue gracias a Soledad, quien la dirigió al cuarto del demonio y entraron sin permiso, el chico acababa de salir de una merecida ducha caliente, y fue ahí cuando se topó con el abdomen bien formado del chico, sin camisa. A pesar de que esa imagen duró solo un segundo, lo recordaba perfectamente. Made soltó unas risitas al recordar la reacción del chico aquella vez.

    -¿Q-qué?- preguntó Salvador algo nervioso. Pensó que Made se estaba burlando de él.

    -Nada, solo recordaba… la primera vez que te vi sin camisa- le respondió Made con una sonrisa. Salvador volvió a besarla, y ella continuó con su próximo objetivo: él pantalón.

    Salvador, mientras tanto, comenzó a subir la playera larga de la chica, que era un color rosa pastel, sin mangas, y algo suelta. Una blusa al estilo hippie. Luego de arrojarla hacia algún lado del cuarto, se detuvo para apreciar los senos perfectos y grandes de la chica, que estaban ocultos bajo un pequeño corsé de un color negro con encaje rosa.

    De pronto, los dos se dieron cuenta de que solo estaban en ropa interior.

    -M-made… Tal vez deberíamos…- dijo el chico dejando inconcluso y poniéndose rojo.

    -… ¿detenernos?-preguntó la chica si su conclusión era correcta. Salvador asintió con la cabeza. El chico se disponía a quitarse de encima de Made, pero ella lo detuvo tomándolo de los brazos. Made acercó su cara a la de él, pero la desvió hacia su cuello, mordiéndolo. Salvador se quedó algo sorprendido, ¿Para qué había hecho eso?

    -Made…- susurró el chico con algo de curiosidad

    -¿Qué? Quería saber que se sentía estar del otro lado-dijo la chica entre una risa. Salvador sintió una mano moverse hacia arriba y hacia abajo, después se dio cuenta, de que la chica le había puesto una trampa. Esos movimientos en su intimidad, estaban haciendo que se excitara más de lo que ya estaba. No sabía si aguantar o… no, ya no podía aguantar más. Lo estaba tentando demasiado. Ahora, el chico se encontraba gimiendo de placer. Decidió seguirle el juego, masajeando sus senos haciendo que la chica soltará algunos suspiros de placer.

    Después de unos segundos, la ropa interior comenzó a serles estorbosa también, así que la apartaron de su camino. Luego una idea paso por la mente del chico. La abrazó por detrás dándole vuelta de nuevo, la apretó contra su pecho, luego le mordió el lóbulo de la oreja.

    -Made… ¿Ya habías hecho esto antes?- preguntó el chico susurrándole. Made le respondió poniendo un color tomate en su cara y asintiendo con algo de vergüenza. –Para serte franco… yo también he hecho esto antes… me habría encantado que tu hubieras sido la primera- le susurró en el oído. Lentamente comenzó a bajar su boca hasta el cuello de Madeleen, para comenzar a besarlo de nuevo.

    -Bueno, ahora tendrás la oportunidad- dijo la chica

    Salvador estaba masajeando los senos de la chica, quien se encontraba tratando de placer. Salvador fue bajando sus manos por la cintura de la chica, hasta llegar a cierto lugar. Luego comenzó a separar las piernas mientras las acariciaba. Made soltó un pequeño gemido.

    -Confía en mí- le dijo el chico de manera tierna y protectora al ver que su ángel estaba temblando. Made asintió con la cabeza.

    Salvador miró a la chica a los ojos, ella estaba roja como una cereza, no, como la sangre. Ese color de alguna forma resaltaba sus ojos café chocolate, su mirada demostraba que estaba nerviosa, pero se veía hermosa para los ojos de Salvador.

    Sin haberse dado cuenta, Salvador ya se había penetrado en la chica. Madeleen soltó un gemido distinto a los demás, ese pequeño y casi inaudible sonido le encantó al chico. Fue como una lluvia en un desierto.

    Salvador comenzó a embestirse contra el cuerpo de Madeleen haciéndola suplicar por más, mientras que le arrebataban algunos suspiros al chico también. Comenzó lentamente y luego aumentaba la velocidad un poco, solo para ver que tan lejos podía llegar su amada Made.

    Comenzó a bajar de intensidad, pues se había agotado, se dejó caer a un costado de la chica. Sus respiraciones eran agitadas y entrecortadas por el cansancio de tanto esfuerzo. Sus frentes estaban llenas de sudor, pero eso no les importaba.
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    -Mariana… no te enojes, ¿Si?-le pidió abrazándola haciendo que Mariana se sonrojara aún más, compitiendo por el puesto del primer lugar en el rojo más vivo.

    -E…Está bien… pero, ¿Por qué actúas de esta manera? Digo, estás extraño- dijo la chica tratando de soltarse de su rubio amigo.

    Miguel miro con cuidado el rostro de la chica. Su cabello estaba alborotado como siempre, algo esponjado y despeinado, lo que la hacía verse extrañamente hermosa. Sus labios rosas estaban partidos. Su sonrojo la hacía verse tierna. En ese momento, se podía decir que era perfecta.

    -No es nada, es solo que… bueno… no, olvídalo- dijo el chico al no encontrar las palabras que deseaba decirle.

    Mariana planeaba quitarse de encima de su amigo, pero antes de que se diera cuenta, Miguel la abrazó, y en un rápido movimiento, fue el rubio quien ahora estaba encima de la chica. Mariana lo miro con sorpresa.
    -Sabes… siempre soñé con este momento de una forma diferente- le susurró Miguel a castaña en el oído y después mordió el lóbulo de la oreja. Mariana estaba roja a más no poder. Mariana lo comprendió al instante, lo que el rubio quería lograr.

    -Mi… Miguel… No me digas que estás en uno de esos momentos donde te pones caliente…- dijo la chica mirándolo con algo de pena.

    -Tal vez… no lo sé, solo sé que te necesito- le dijo seductoramente al oído.
    Esas palabras eran las mismas que le había dicho Aldo una vez.

    Miguel rozó con su nariz la frente de la chica y lentamente fue bajando hasta sus labios. Lentamente los unió, y al ver que la chica no se oponía, fue abriéndole paso a su lengua para saborear mejor la boca de la chica.

    Inconscientemente, fue bajando el vestido de la chica. La castaña comenzó a seguirle el juego, desabotonando la camisa del rubio. Mariana se soltó del beso del rubio y reaccionó.

    - Esto… esto no está bien- dijo la chica mirando hacia otro lado, con la cara completamente roja.

    -¿Y a quien le importa?-Dijo el rubio, tratando de volver a besarla.

    -¡De… detente! – Dijo la chica al rubio al ver que planeaba quitarle el sostén.

    -Mariana, en unos días… no te volveré a ver jamás. Por favor… por favor no me pidas que me detenga. – dijo el chico con un brillo diferente en sus ojos. Algo así como de esperanza, o anhelo. –Realmente te necesito- le dijo al oído.

    -Miguel…- susurró la chica.

    ‘‘Veo que esto realmente significa mucho para él… tal vez, solo podría seguirle la corriente esta noche. Después olvidaré todo. Pero… ¿Si algo sale mal? Bueno, ¿Qué podría perder?’’ Pensó la chica mientras seguía desabrochando la camisa del rubio.

    Miguel sonrió ante su reacción.

    Comenzó a ayudarla quitándose el pantalón. Los dos estaban solo en ropa interior.
    Y entonces, Miguel comenzó a desabrochar el sostén de la chica, luego después de que lo había tirado hacia algún lado de la habitación, bajo lentamente sus manos, recorriendo con lujo y detalle la cintura de la chica. Para luego llegar a la ropa interior de abajo.
    Comenzó abriendo un poco las piernas de la chica, y luego deslizando suavemente sus manos acariciando las piernas. Llego por fin a la prenda y la bajo con algo de desesperación. Mariana estaba quieta, sin saber qué hacer. Comenzó a ponerse nerviosa.

    -Tranquila… no te haré daño- le dijo al oído el chico, para luego volver a morder el lóbulo.

    -¿Qué tanto le buscas a mi oreja?- dijo la chica con un puchero. –Sabes que odio que las toquen. Me dan… cosquillas- dijo la chica con el rostro ruborizado.

    -Lo había olvidado- dijo con una risita el chico –También recuerdo que no te gustaba que soplaran en tu oído, ¿Cierto?- preguntó el chico soplando suavemente en el oído de la chica, haciendo que temblara.

    -¡N-No Hagas eso!- le reclamó la chica poniéndose mirando hacia otro lado.

    Miguel miro a la castaña por un momento.

    -¿Q-Qué?- preguntó nerviosa la chica.

    -Nada…- dijo el chico, luego le dio un beso en la frente a la chica. –Me di cuenta de algo hoy… realmente yo… Promete que no te vas a reír- La chica asintió algo confundida pero sumida por la curiosidad. –Te amo- dijo el rubio por fin. Mariana se sorprendió mucho.

    -Bueno,… ¡di algo!- le exigió el rubio después de un largo silencio.

    -¿No vas a continuar lo que empezaste?-Mariana volvió a su sonrojo y evito la mirada del rubio. Entonces el chico se percató de que estaba sobre una chica castaña completamente desnuda. Miguel comenzó a desabotonar su pantalón, mientras que la chica lo bajaba lentamente. Mientras que ambos se besaban como si fuera el fin del mundo. Sin darse cuenta, el bóxer del chico, ya estaba en el suelo.

    Miguel comenzó a mover una de sus manos por su la pierna de la chica. Acercándola hasta su intimidad. La castaña comenzó a abrir las piernas un poco, lentamente dándole paso a la mano del chico.

    Cuando por fin llegó hasta aquel lugar, la chica soltó un pequeño gemido de placer. Miguel mordió el labio inferior de la chica sacándole un poco de sangre. Después lamió la herida, succionando como vampiro la poca sangre que le había dejado.

    Poco a poco, comenzó a introducirse lentamente en la chica, con mucha delicadeza, ya que sabía que era la primera vez de la chica. El había perdido su virginidad hace tiempo, y lamentaba que no hubiese sido con su amiga, que ahora, por obra del destino estaba con él entregándose.

    -Mariana, voy a comenzar… dime si quieres que me detenga, ¿Está bien?- Le dijo dulcemente el rubio a su amiga, quien asintió con la cabeza algo nerviosa.

    Las envestidas comenzaron despacio. Miguel comenzó a subir la velocidad al ver que la chica no reaccionaba mal. Los dos soltaban de vez en cuando gemidos de placer.

    El chico había perdido el control. Se encontraba ahora lamiendo uno de los senos de la chica, mientras que ella estiraba su melena dorada de vez en cuando.

    Sus respiraciones eran agitadas. Estaban comenzando a cansarse, sus cuerpos estaba cubiertos por sudor. El ritmo de las embestidas comenzó a hacerse lento, hasta que el chico finalmente se detuvo para contener el aliento.

    Jajajajaa!! No me pude resistir xDD ¡Miguel ya no es virgen! =O xDD
    No te creas, Migue xP



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  3. Este es mi primer lemon, si está muy ''chafa'' solo diganme xP[​IMG]

    Chris pensó que era normal que ella se recargara en su hombro, y todo eso. Pero se sorprendió de verdad, cuando Made tomó la mano de Chris y la puso en su seno derecho y comenzó a moverla, haciendo que lo masajeara.

    ¿Made estaría borracha? Esa era la única explicación que había, ya que ese no era su comportamiento normalmente. O tal vez el agua caliente le había hecho daño.

    -Made, ¿Te sientes bien? ¿Quieres que te lleve a tu cuarto?-

    -¿No quieres que haga esto?- le preguntó.

    -No, no es eso… es que así no eres, bueno, no normalmente-

    -entiendo… -

    -¿Segura de que quieres hacer esto?- le preguntó el chico mientras la tomaba por la cintura con un tono de voz tierno, y no seductor. Definitivamente no era un chico como los demás.

    -Segura. ¿Seguro de que quieres hacer esto?- le preguntó imitando el tono

    -seguro- dijo riendo un poco-

    Chris comenzó a besar a Made, y de inmediato la chica lo correspondió. Cuando sintió que la mano del chico se abría paso hacia su intimidad, se trató de recostar, pero el agua se lo impedía.

    Made se levantó y caminó hasta el cuarto donde tomaban las toallas, Chris no entendió muy bien lo que pasaba, pero la siguió hasta ahí.

    Al abrir la puerta se encontró con Made tirada en el suelo, sobre algunas toallas tiradas.

    Lo único que la cubría era una toalla de baño.

    -Su…su… supo… pon… pon... go… que... a… aquí… e… está… bien- tartamudeó mientras miraba hacia otro lado. Estaba realmente nerviosa.

    -Made, aún no te veo muy segura que digamos…-

    -bueno… ¿Cómo crees que me siento? Es mi primera vez- dijo muy sonrojada, y casi en un susurró.

    -entonces seré suave contigo. Ha decir verdad, también es mi primera vez, y no se muy bien que hacer-

    Made seguía sonrojada mirando hacia algún punto de la pared.

    -improvisa algo- dijo la chica está vez algo molesta al ver que no se movía de donde estaba.

    El chico se puso sobre Made, y lentamente quito la toalla. Comenzó a besarla mientras que ella nerviosa, no hacía nada, más que quedarse quieta.

    Chris volvió a hacer lo mismo que hace un momento en las aguas termales. Comenzó a jugar con los senos de Made, moviéndolos de un lado a otro. Mientras besaba su cuello. Luego subió hasta su oreja y le susurró:

    -Si quieres que me detenga solo dímelo-

    -Está bien, pero por ahora creo que estaré bien.

    Chris comenzó a morder el lóbulo de la oreja de Made, mientras que con su mano tocaba sus senos, haciendo que Made temblara.

    De pronto, comenzó a bajar de los senos a la cintura, acariciándola suavemente. Made pensó que se volvería loca en un momento. Hasta que Chris bajo hasta su intimidad. Ella inconcientemente estaba abierta de piernas, todo lo que podía. Chris comenzó a masajear esa parte. Lo que causó que la chica gimiera un poco de placer.

    Algunos gemidos trataba de reprimirlos mordiendo su labio inferior, porque le parecía algo tonto estar gritando como loca.

    -No tienes porque hacer eso. Si quieres gritar, o algo así tienes toda la libertad de hacerlo.

    Entonces Chris volvió a masajear esa parte sensible un momento más. Después continuó abriendo las piernas de la chica un poco más, para comenzar a entrar en ella. Entonces subió para besarla dulcemente, y decirle al oído:

    -ahora voy a empezar un poco más rápido que antes… si quieres que pare, solo dímelo y lo haré-

    Las embestidas comenzaron lentamente, Made gemía y gemía mientras que en el oído del chico le pedía más, y más. Así que Chris comenzó a subir la velocidad, y los gemidos de Made se convirtieron en gemidos con más volumen, que decían el nombre de Chris.

    Poco a poco, gracias al cansancio, las embestidas comenzaron a disminuir. Hasta que ambos se quedaron dormidos.

    bye!!!