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  1. Taconeo y taconeo, una y otra vez, más fuerte, más rápido, taconeo y taconeo ¿Qué será? El eco de un taconeo rápido se hace presente en el castillo. Tac-Tac Tac-Tac. Una y otra vez ¿Qué será? ¿Quién será? Otra vez, mas y mas lejos. Mas y mas profundo.

    Escalinata en espiral bajaba, más y más profundo. Una escalera sin fin, bajaba y bajaba ¿Cuándo llegaría a su fin? Corría, más y mas rápido. ¿Qué hay a donde voy que me hace correr? Mas y mas profundo. Olor singular ahora percibía con suavidad.

    Cerca estaba, más y más rápido fue descendiendo. Calor ahora en el ambiente estaba, ese olor se hacia mas y mas fuerte. Taconeo y taconeo, ya quiero llegar. Más y más abajo, más y más en las profundidades.

    Más y más abajo fue. Ruido singular ahora mis oídos escucharon. Mis cinco sentidos se erizaron. Ya quiero llegar. No quiero esperar mas en este caminar. Más y más abajo, más profundo. Ese sonido, dulce melodía de muerte para mí.

    Los cinco sentidos a gritos pendían más de eso. Más, quiero más ¿Cuándo llegare? Más y más profundo baje. ¡Oh! ¿Qué es lo que escucho? ¿Qué es lo que huelo? Calor, más calor. Arde, quema. Ya casi llego.

    Ese sonido, ese clamor por piedad lo escuchaba. Gritos que desgarran el alma en la noche me incitaban a llegar. Suplica tras suplica escuchaba, clamor por piedad que jamás llegaría. Gritos de agudo dolor y sufrimiento. ¡Ya quiero llegar!

    Olor a sulfuro, olor a azufre, olor a sangre, olor a muerte. Delicia para mis sentidos. Más y más cerca, ya casi estoy allí. Más y más fuerte ese olor era. Muerte y muerte. Quiero llegar ya, no resisto más. Taconeo incesante, déjame llegar.

    Calor abrasador, llamas en el ambiente eran. Quema y provoca. Mas y mas, ¿Por qué no he llegado? Más rápido ya no puedo esperar. Quiero jugar ya. Lo dije y lo repito otra vez en el silencio de gritos que retumban en el pasillo. Quiero jugar.

    Uno, dos, tres escalones más. ¡Al fin llegue! Camine paso a paso lo que me restaba, ya no puedo esperar. Una puerta de inmenso tamaño me separaba de mi deseo.
    Puerta tallada en batalla apocalíptica, habré paso a la hija del Lord, déjame entrar ahora y siempre.

    Rechinante y quisquillosa la puerta se abre, da paso a la salida de ese calor infernal. De ese aroma a fatalidad y da paso a esos gritos. A esas suplicas de dolor por piedad.
    Dulce melodía de mi noche, aquí al fin estoy. El la boca del infirmo. En mi cuarto de juegos.

    Entre despacio y mire contenta mí alrededor. Mientras a mis espaldas la puerta del mismo infierno se cierra. Mis ojos no dejaban de contemplar aquel magnifico espectáculo de pared a pared.

    Camine a paso lento adentrándome más. Jamás manche mí vestido de seda blanca. Pisaba donde no corría la sangre. Niña jugando a los brincos parecía. Todo en orden y bien detallado

    En una esquina: cuerpos colgados desmembrados y siendo brutalmente descuartizados. Esos gritos de agonía, esas suplicas patéticas y esos llantos por piedad. Miles de seres condenados a sufrir sin morir, dándome de esa melodía de dolor.

    En otra esquina: filas de cuerpos crucificados, sin lenguas y sin ojos. Condenados a no ver el deseo ni a hablar de el ni degustarlo. Finas y gruesas margas de latigazos poseían, cada herida jamás sanaría, cada lamento era una burla divina.

    En otra más: cabezas amontonadas en el suelo de piedra y enterradas en lanzas, pisoteadas, pateadas, unas incendiadas y otras poseían cuchillos y hachas enterradas. Cada una pedía por muerte inmediata, cabezas sin un cuerpo ¿Dónde quedaron estos?

    Entre las fauces y en el estomago de quien es mi mascota, mi guardián y mi consentido. En otro lado y en un lugar mas amplio, mi guardián mi cachorro se encontraba de piel. Miraba a su ama con furia y recelo. Imponente y magnifico, mío eternamente. Tres cabezas me miraban, tres fauces dispuesta a devorar a quien me tocase.

    Ceberos. Canino imponente mi guardián y mascota eres. Aliméntate bien, devora a tu entero gusto cada pedazo de carne humana pútrida que desees. Mas y mas, es tu banquete personal.

    ¿¡Que mas veo!? Cuerpos siendo abiertos por garras y sus viseras saltando cual caja de sorpresas asemejaba. ¿A dónde Irán a parar las entrañas de esos? A un montículo de las mismas. Más y más grande era, pútrido y asqueroso. Divertido ver como pedazos de viseras resbalaban unas con otras.

    Camine a paso rápido, ya se me estaba haciendo tarde para llegar. Cada que miraba me divertía mas y mas. No era hora de jugar, tenía una cita con el mismo Lord de las Tinieblas. Es hora de que emprenda mi caminar.

    Alce mi vestido para no tropezar y cuidadosa de no pisar sangre, entraña o cadáver desmembrado fue en taconeo y taconeo a mi destino final. Corrí a paso firme, nuevamente una carrera contra el tiempo.

    Montañas de cadáveres, cuerpos crucificados, siendo torturados, siendo descuartizados. Tantos eran, miles eran, en el mismo infierno estaba ¿A dónde los arrojaban? A un mar de sangre, que solo un puente tenia, largo y casi sin fin parecía

    El puente cruce, mar sin fin a mis pies se encontraban flotando en este miles de cuerpos, pedazos maltrechos, descuartizados brutalmente, otros nadan por llegar a tierra y algo por mas de extraño y misterioso los jalaba a las profundidades y de los mismo solo quedaban meros trozos mordidos y escupidos.

    Taconeo en madera ahora estaba, mas y mas rápido corría, ya casi llegaba, al fin terminaría este puente sin fin. Ya casi salía. Los gritos a lo lejos se oía, calma al final del puente era.

    Tierra firme pise, mira hacia atrás y en llamas ahora el mar brillaba. Era ora de limpiar la putrefacción y que mejor que calcinar a los trozos pútridos y miserables que no hacían otra cosa mejor que llorar por sus vidas y pedir perdón por los pecados.

    Con sonrisa dibujada en mis labios, fui a toda prisa al lugar destinado.
    Un paraíso en el mismo infierno, un jardín de rosas rojas, espinas sin fin había de cruzar, adentrándome en el mar de bellos pétalos fui a toda prisa. Sin rasgarme, sin herirme. ¿Cómo podría si ellas mi nombre llevaban?

    Al fin Salí, Salí de aquel mar de rosas rojas. Ahora, solo ahora a caminar me dedique. Porque a metros de mi, allí, tan galante y calmado. Sentado en una banca de mármol me esperaba. El simple velaba por mi, esperando calmado y paciente me sonreía.

    Dios o Demonio. Allí en pose de elegancia y majestuosidad se encontraba el pelirrubio que me dio la vida. El hombre de túnica blanca que me dio calor en noches de frió inigualable. El ojiescarlata que me incitaba a lo prohibido y pecaminoso.

    El culpable de mis caprichos y antojos, el que me da de su veneno y que de mi veneno le doy. Me acerque a el y a su lado me senté. Solo con una sonrisa me recibió, un suspiro de mis labios se escapo y en susurro le musite ‘Llegue tarde’

    De sus labios risa divertida escapo, ya sabia que ella tardaría, siempre lo hacia. Jamás dejaba de ver una y otra vez lo que en su cuarto de juegos estaba, jamás vendría sin un saludo a su mascota, sin un deleite de miradas a todos los puntos. Sus gustos los conocía mejor que nadie y paciencia eterna para cada capricho y berrinche tenía.

    ‘Ya estas aquí, es lo que importa’ Dijo en voz dulce y melodiosa, se levanto de aquella banca de mármol y paso a tomar mi mano, de pie me puse y este paso a guiarme por el resto de camino que quedaba. Al un castillo dentro del mismo castillo. A un palacio en el mismo infierno. Y en tono de picardía y travesura este me dijo ‘Lista para jugar’ y de mis labios un ‘Si’ es lo que salio, apreté mi mano fuerte contra la de el mientras me guiaba a lo que seria lo prohibido.

    Padre e hija, dioses y demonios del mismo infierno. Tal cual era, un alma en dos cuerpos, un mismo deseo, un mismo anhelo, un mismo pecado.
    Sangre pura eran, de vidas pasadas y de vidas futuras eran.

  2. Silueta femenina perdida entre sombras, un vano destello que se pierde en el recuerdo.
    El susurro del viento juega entre caricias con hebras de ébano y seda blanquecina.
    Un recuerdo ahora solo queda, las huellas en la arena y el perfume de rosas en el aire.

    Silencio, nada se escucha, apenas si se distingue el vaivén de las olas de aquel lago de cristal en el cual me convertiré en cisne por encanto de luna azulada.
    La neblina vino a despedirme, y aquellos hijos de la noche lloran la ausencia de hielo que aquella dueña de orbes de fuego deja.

    Ese mar de magmar en rubís atrapado en el rostro de Diva se estaba alejando.
    Pero… ¿Por qué no miras hacia atrás?
    Para que mirar hacia atrás, es mejor mirar hacia delante, así aquellos cristales no se notaran.

    Solo el camino de tus huellas dejas oh Diosa de ébano, huellas que el viento arrastra cual tesoro valioso se roba para si mismo.
    Dejas a las Tinieblas en Penumbras. Le quitas el brillo a la Luna.
    ¿Qué harán las musas sin tu coro, sin tu voz, sin tus ojos?

    Has condenado a más de uno con tu ausencia y aun no emprendes el vuelo.
    Ya no veo tus huellas, ahora el fino cristal liquido de aquel lago de cristal se roba tus huellas y tu marca por este maltrecho mundo, este mundo condenado que solo luz de tinieblas tiene contigo.

    Te llevas los días y te llevas las noches. ¿Qué nos dejas? Nada, solo el recuerdo que poco a poco se va marchitando y dejas el dolor de quienes morimos por una sonrisa de tus labios nacarados.

    Fuego de Pasión, Aire de Grandeza, Agua de Tranquilidad y Tierra de Firmeza.
    Ausencia de hielo, ausencia que corta las horas, ausencia de siglo por día.
    Te llevas el fuego de tus ojos, te llevas la única luz que en tinieblas brilla.

    Solo de tus labios una palabra salio, solo una y fue la que hirió, fue la que apuñaro y sigue apuñalando…


    Adiós…
  3. Tic-Tac, Tic-Tac… Abro mis orbes en medio de tinieblas…
    Es hora ya, no debo de dudar mas, es lo único y lo ultimo que he de hacer.
    Las tengo en mi mano, y debajo de mi cama el resto esta y la canción oculta en mi memoria se encuentra latente y ansiosa de ser entonada.

    Cierro y abro mis ojos y en silencio siento mi cuerpo en la mullida cada, rodeada de seda y plumas, de cojines y almohadones, de pétalos y peluches.
    No veo la palma de mi mano en frente de mi rostro, no veo el tiempo que correr en mi recamara.

    No debo de esperar mas, ya debo de olvidar todo aquello que muerto esta, que un error perdonado fue el único y el ultimo cometido. Abandono mi cama y llevo mi pie derecho al suelo gélido de mármol, sigo con el otro y sin pensarlo más. De pie me de poner. En mi zurda están, la llave que en dos esta.

    Extiendo ahora mi diestra en dirección fija al la lámpara de mesa que en descanso esta y con luz baja la he de matizar. Ya veo cada rincón y esquina de mi habitación; el reloj de péndulo con su singular canción marca la 1:55am… 5 minutos más y es la hora de actuar; no debo demorar mas, ya he de empezar.

    Bajo mi cuerpo y de rodillas me coloco, así, extiendo mi diestra por debajo de la cama y tocando y tocando y tocando, buscando y buscando halle lo que esperaba encontrar, con lentitud la ale, una caja de madera, un cofre mas bien era; acomodándolo en mi regazo lo abrí…

    Por un minuto trague en seco, por un minuto dude, por un minuto quise tirar todo aquello que estaba tocando y que sabia que si lo continuaba borraría lo que en esta vida se convirtió en mi razón de ser, aquella cosa por lo que luchaba, aquel ser por quien mi orgullo deje, aquel calor por el que cada noche espere.

    Pero… no puedo estar más dudando, no puedo estar más recordando. Si por un error ahora estoy condenada a la penitencia eterna, al dolor de una herida que jamás cerrara, un error que perdone una y otra vez, un error que cometí sin cometer recibí un perdón a medias, un perdón de palabra y no de alma.

    Saco de aquel cofre: Una vela negra, un mechón de cabello negro y largo, lo enrede en mis dedos como si un adiós le quisiera decir y es que eso era lo que he de decir. Una pluma de cuervo, una daga que mas que hermosa era mi compañera en cada dicha y en cada tragedia, una tiza de yeso roja; y, por ultimo, un papel pergamino hecho de la pie de un cordero sacrificado para leer el futuro en sus viseras.

    Ladee mi rostro para ver la cara del reloj que marcaba la 1:57am. 3 minutos más, no me queda más tiempo. Dejo el cofre de lado y saco la tiza con mi diestra, y, comienzo a dibujar un pentagrama invertido en el suelo; Hace frió, mucho frió.
    Dejo la tiza. Tomo ahora la vela negra y la pluma de cuervo, ahora paso a escribir el nombre de quien en mi mente es veneno y néctar. De arriba hacia abajo.

    Coloco la vela en el centro del pentagrama, la hoja de pergamino la coloco frente a dicha figura de cera con la pluma sobre este. Tome de la mesa una caja de fósforos, saque uno y lo encendí, con el mismo encendí la vela. Sople el pequeño fósforo con melancolía, como si un último suspiro se escapara de mi cuerpo.

    Volví a mirar el reloj la 1:59am, solo minuto más, solo segundos más antes de poder olvidar todo aquello que no deseo olvidar y que debo de hacer… Correcto o no, no hay marcha atrás; una rosa roja, tan pura y perfecta, con un carmín tan profundo y único que asemejaba negro… tiene el corazón muerto.

    Por ultimo, saco aquella daga escupida con un demonio guardián alado, y paso a cortar mi muñeca izquierda, aquella llave aun en mi mano esta y no he de soltarla. Gotas de sangre can en el pergamino, a las 2:00 de l madrugada, era hora de cantar el conjuro de olvido.

    …Dominatoris ex a nox, auscultationis um deprecationis… cêlô um fundus carnifex ergâ ex mên, corpus ac cordis… scrîbô suus nômen codees ex mortis…

    Cada palabra era escrita con sangre con la pluma de cuero, una mano espectral la manipulaba, el mismo demonio había acudido a su llamado, cada palabra de conjuro en latín antiguo, la firma del demonio estaba hecha, solo faltaba la firma de quien hacia la petición. Así pues, tome la pluma con mi diestra y, bañándola con sangre de mi zurda firme el contrato y coloque sobre la misma dos piedrecillas de zafiro y el mechón de cabello.

    Le herida sano y la vela se extinguió… y una lagrima por mi mejilla corrió, nada, un vació que en horas olvidare, un dolor que jamás recordare, un sueño que se esfumo en la mañana. Un amor muerto, un corazón marchito… por un error perdonado y no perdonado.

    Mi ultimo…. Te Amo…
    Ya no se tu nombre, ya no se si existes, ya no se si fuiste real… solo eres una letra de memorias muertas…

    Adiós…
  4. Volver atrás, a aquella época donde éramos todo y éramos nadie.
    Aquel entonces cuando ni tu ni yo sabíamos el uno del otro.
    Errantes en el mundo, acompañados de nuestras sombras.
    Yo en el Norte y tú en el Sur.

    ¿Qué portamos? Nada… solo el odio en el pecho y afiladas navajas de escudo.
    En tu cintura, una larga y afilada espada oculta tras su estuche.
    En mi pierna, una afilada y esculpida daga que entre telas de mi vestido oculto.
    Ese odio por los nuestros, ese desprecio y ese dolor por memorias muertas.

    Aquel día, aquel ángel de violetas hebras y ojos vivases nos presento, nos unió
    Y en una cortina de neblina esta se alejo… Nos dejo solos. Solos en la noche.
    Un Vampiro, primogénito y desterrado de un Clan asesinado por ti.
    Una Demonio, primogénita y traidora de un Clan dividido en dos.

    En batalla nuestro primer encuentro se torno, en baile termino.
    El sonido del acero chocar, el soplido del viento y el cansancio de nuestras respiraciones.
    Sangre y carmín en nuestras miradas, una fusión de deseo entre dos razas destinadas a odiarse.
    En un beso se fundió aquella pasión que aun late en los dos. Lo juramos y nos traicionamos.
    Aun así, aquí estamos, juntos en la misma eternidad, de la mano eternamente.
    Tenemos un inicio pero jamás un final…



    Tu mi Lucifer Perfecto, y yo tu Ninfa Endemoniada
  5. Frigida noche de tenues velos purpuras; noche de frios vientos arremolinados, copas quebradas de freznos y polvadera cristalina que levantaba del suelo. Noche de cuerpos sobre campos santos, tirados por sus vidas apesar de ser simples cadaveres a medio devorar por los gusanos que temblenques y con frio se escabullian entre las escapulas y vertebras de los paladines desvalientes.
    Lejano y perdido, inmiscuido entre nubarrones espesos de una niebla con holor a muerte estaba un castillo de edad media, un palacio de robles entradas y rocas enmoesidas al final de un sendero de pinos corrompidos por la diosa muerte y sus engendros diablos que danzaban entre cuerpo y cuerpo terminando de vaciarles el alma.

    Mas cerca de esa estructura medieval un grito que rasgaba los cielos, tan fuerte y profundo, lleno de clemencia y sufrimiento se escuchaba; venia de mas dentro del recinto, vania del suelo. Parecia como si el mismisimo campo santo estubiera gritando por perdon y clemencia, era un grito desoyador. 'Padre mio...que te he hecho!....' Retumbaba en las afueras y golpeaba contra la espesura del humo en niebla.
    Paraba de ratos y lentamente se transformaba en un ronco gemido femenino, uno mas fuerte que el otro. Nuevamente destazando el cielo y agrietando la tierra. Tierra donde los mismos sucubos y nefertis corrian con su madre muerte del miedo que producia. 'ahhhh!....PADRE!......' Retumbo nuevamente el cielo seguido de un quejumbroso zumbido a panal de avejas. Era una cancion de amor para los agudos sentidos de la diosa muerte que sosteniendo una lanza lamia prohibidamente de la punta endebida en sangre como si estubiera extaseandose por tales sonidos melodicos.
    '....padre santo....he de profanarte?...es mi precio por degradar tu nombre....?' Esa voz femenina paraba sus quejidos, ahora resonando mas tranquila pero agotada. Dejando que el ojo espectante de la diosa de la muerte entrase al recinto para deleitarse con la escena que terminaba de aconteser, tan solo esperando la ultima estocada para robarse ese cuerpo joven y placenteramente suculento.

    Entro lentamente y paso por los pasillos de farolas de madera que alumbraban con tenues fogatas de vida centella, tan estrechos como en picada seguia bajando a lo que parecia una tumba de reyes, una sala de represion, una prision tan asquerosa como inmunda. Una puerta separaba el ojo de la muerte de la escena explisita que rocorria pasillos y rompia cielos. Estaba excitada la mismisima muerte, olfateaba a la distancia un suculento aroma a muerte, a carne, a perdicion. Asi por eso entro de lleno haciendo aparicion frente a los que tenian acciones retumbantes sobre el firmamento. En ese instante un gozo intimo recorrio en escozor el cuerpo material de la diosa al ver la escena. A lo lejos un hombre de ropas reales a medio poner, desnudo en su pelvis parecia que llevaba a cabo el placer carnal deseado, al otro, entre grilletes; estaba la razon de su excitacion.

    Era una rubia muchacha de veinti tantos años, estaba embarazada, ahora reia mezquina como su señor le maltrataba por profanar palabras. El ojo asi la miraba, estaba desmembrada, colgando su cuerpo de grilletes bajo un baño de su propia sangre, el cuerpo desnudo de alguien que daria a luz estaba. Lo raro era que seguia con vida, tal parece que suerte tenia...suerte?...se reia la muerte, era el sufrimiento en vida, el sentir como cada parte del cuerpo de la joven era desprendido para quedar a su merced, hasta el momento de dar a luz ese fruto de lo prohibido de otro fulano, tan solo para que ambos terminaran en las garras de la misma muerte. Era simplemente un espectaculo de sentarse a regocijar y esperar.

    Asi estubo la escena por varios minutos sin moverse la deidad. Lujuriosa y maquiavelica de orbes infierno cerradas, respiraba friamente el calor emanado por cuerpos tirados desangrados y mutilados; mientras una farola, una sola dentro de la lujubre camara mortuoria le daba la luz necesaria para convertirse en una parada de seduccion, extasis y prohibicion solo para ella y nadie mas.

    Una ves el cuerpo del hombre habia sido completamente deshecho y la mujer ya habia dado los ultimos suspiros de su garganta carqueja de sangre ahogada, de cuerpo mutilado y vientre abierto aireando sus viceras putridas que se recalentaban con el brio del piso y empezaban la lenta descomposicion. Atendio al feto de esta que todavia por arte y obra de vida seguia latente. Era extraño, un niño traido a la vida entre tanta muerte y depravacion, un retoño de no se sabe quien pero que ante tanta masacre y degradacion habia aun seguido en pie...seria que la encarnacion del mismo mal encerraba a ese niño...o tal ves niña?. - Eres algo especial...porque no has fallecido bajo mi manto de placer?...- Dijo la dama oscura bajando con su guadaña de plata hasta esa bolsa tumultosa de liquido aseptico desprendiendola para que el recien nacido saliera a la vista.
    Era una pequeña de palido aspecto como si fuera engendrada de un vampiro de alto rango. Ojos ceniza rasgados suavemente y un quejido digno de prestarle atencion.

    La damisela de la muerte golpeo la guadaña contra el suelo y la elevo rodeandola de un miton negro como si fuera un trofeo de guerra despues de un periplo sanguinolento.

    - Parece ser que el instinto satanico aunque humanos sean, recide en menor o mayor magnitud entre ustedes los mortales, un intinto que los lleva a la peor de las perdiciones asi como a la mayor de las lujurias, en este caso el limite fue el de engendrar un ser que no pertenece entre ustedes...y cuan maquiavelica postura, han terminado honrando el nombre del infierno sacrificando sus cuerpos para la resurreccion de esta demonio. Tan solo les agradezco por este momento de diversion, y ahora, por el presente que no esperaba...-

    Les dijo la diosa muerte con el bebe en manos para desaparecerce ante los cuerpos fallecidos.
    Dejando una noche de caceria, lujuria y placer por detras, luna entre nubarrones de turbulencia, y un aroma a sangre, una noche en el firmamento que parecia destinada para el nacimiento de una nueva hija del infierno, aunque por ironica sea la situacion, de madre humana...