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  1. Bueno, de nuevo no tengo palabras para explicar el enorme retraso. Así que sin más, espero que les guste. Lo hice con mucho cariño. Gracias por todo su apoyo.







    [FONT=&quot]Kagome se despertó cuando sintió la punzada penetrante en su cabeza. Tenía 2 semanas sintiéndose fatal. Había llorado, había reído histérica, se había dormido días enteros y no lograba recuperarse. El intenso amor que creyó llegar a sentir, se iba desvaneciendo con el dolor acumulado día tras día. [/FONT]

    [FONT=&quot]Inuyasha no iba a buscarla. Le dolía solo el pensarlo. A el probablemente no le importaba siquiera que hubiera desaparecido. Tal vez hasta agradecía a Dios que al fin se hubiera librado de ella. Cada día que pasaba sus esperanzas se desvanecían. Pero ella era una mujer fuerte. Y no se dejaría vencer por nada, incluso por un hombre. Aunque ese hombre fuera al que amaría toda su vida. No iba a dejar que la vida por la que luchó se desvaneciera como si nada. [/FONT]

    [FONT=&quot]En las semanas procedentes a su huida de Inuyasha Taisho, había recibido numerosos mensajes de sus amigas, quienes preocupadas por ella, le hablaban amablemente dándole ánimos para seguir adelante. Recordó los mensajes que su editora le había dejado, “Llámame, tenemos que ponernos de acuerdo con la siguiente saga de fantasía que escribirás”, “Kagome, es el segundo mensaje, por favor, no pongas en peligro tu carrera por ese hombre”, “Kagome, si no me contestas en 3 días, a partir de este mensaje, me veré obligada a replantear los proyectos en los que estás incluida”[/FONT]

    [FONT=&quot]Kagome dio un salto al recordar ese mensaje. Hoy se hacía el tercer día, desde el mensaje de voz. Corrió al teléfono y marcó.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Hola, disculpa. Hoy salí del hoyo en el que me había metido-con la voz rota.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Me empezaba a preocupar. Pero se que eres una buena mujer y que no dejarías que tu carrera se fuera en pique. Te espero mañana en el hotel Ritz, para discutir los asuntos de tu próxima saga y el asunto de la portada pendiente de tu libro-[/FONT]

    [FONT=&quot]-Claro. Hasta mañana. Y gracias por tener fe en mí-[/FONT]

    [FONT=&quot]-Sería una tonta si no la tuviera. Hasta mañana-[/FONT]

    [FONT=&quot]Kagome colgó el teléfono tratando de no pensar en el recuerdo que le había desenterrado su editora. No podía imaginarse su libro sin Inuyasha en la portada. El era el hombre ideal. Pero también había pensado en el como compañero en su vida y se había equivocado igualmente. [/FONT]

    [FONT=&quot]¡Deja de pensar en él![/FONT]

    [FONT=&quot]Con ese pensamiento se mantuvo Kagome ese día.[/FONT]


    [FONT=&quot]Trataba de no dejar que cualquier cosa que viera se relacionara con Inuyasha Taisho. Tenía que cambiar el diseño que tenía la portada de su libro. En ese momento se pondría a buscar en Internet, a hombres modelos para entrevistarlos y comenzar la caracterización del personaje.[/FONT]

    [FONT=&quot]Tomó el teléfono y llamó a un número que creía olvidado.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Hola, Sango- dijo en cuanto escuchó que se descolgaba el teléfono en el otro lado de la línea –Necesito tu ayuda, ¿podrías venir a mi casa?-[/FONT]

    [FONT=&quot]Del otro lado de la línea Sango no podía contener su excitación. Kagome se había hundido terriblemente en la subconciencia y le parecía maravilloso que hubiera recobrado el conocimiento de la realidad. Aun en su sorpresa contestó:[/FONT]

    [FONT=&quot]-Enseguida voy a para allá-[/FONT]



    [FONT=&quot]Kagome se dio perfecta cuenta que para Sango había sido un golpe muy duro distanciarse de ella. Había sido muy unidas desde que se conocieron y compartido muchas cosas. Se alegraba de que Sango no hubiera dudado ni un segundo en ir a su encuentro.[/FONT]

    [FONT=&quot]Su editora le telefoneo en cuanto prendió la computadora para buscar a los modelos. [/FONT]

    [FONT=&quot]-Kagome, mañana tenemos la prueba de vestuario para la portada de tu libro. Encontré el modelo perfecto. Seguramente te acuerdas de él. Estuvo en la convención-[/FONT]

    [FONT=&quot]-En este momento me disponía a buscar modelos para concederles una entrevista, pero si piensas que ese modelo es el mejor. No dudo de tu palabra. Mañana nos vemos-[/FONT]

    [FONT=&quot]-De acuerdo. Chao- Kagome escuchó como la editora decía “Listo, prepárense. Mañana tendremos un excelente día” [/FONT]

    [FONT=&quot]A Kagome se le contagió el optimismo. Se dio una ducha larga. No recordaba cuando se había tomado el tiempo en disfrutar un baño tan largo. En cuanto salió, se sintió completamente nueva, viva. Recordó a Inuyasha y en el agujero donde había estado una vez su corazón, sintió el escozor de las primeras punzadas de dolor. [/FONT]




    [FONT=&quot]Cuando su despertador, comenzó el rítmico zumbido que anunciaba la hora de levantarse, Kagome se despertó sintiéndose completamente nerviosa. No sabía que había originado su nerviosismo, pero algo en el fondo de sus sentimientos le decía que ese día cambiaría su vida. [/FONT]
    [FONT=&quot]Decidió no ser pesimista y comenzó a pensar que, talvez su editora le diera la oportunidad de escribir una nueva saga que cambiaría por siempre su vida o, tal vez se le ocurriría una idea tan magnífica que la reconocería mundialmente estando en los best sellers, y en la lista de libros más vendidos en toda la historia.[/FONT]

    [FONT=&quot]En cuanto estuvo completamente vestida, se dirigió a su auto. Al verlo, noto que la opresión en su pecho se intensificaba y decidió ese día darse el lujo de pagarse un taxi. No tenía intención de recordar a Inuyasha, ni mucho menos sufrir otra vez por él.[/FONT]



    [FONT=&quot]Una vez que llego al lugar en el cual su jefa la había solicitado. Se sorprendió en sobremanera ver un paisaje tan bello y supo que ese era el escenario perfecto para la portada de su libro. Localizó el camión donde supuso que viajaría todo lo necesario para el desarrollo de la imagen y su editora, le saludó de lejos. Exhibía una gran sonrisa y Kagome se sorprendió sonriendo también. Hacía 2 semanas que no sonreía a esa magnitud. Su editora le señalo el horizonte y ella lo contempló embelesada mientras notaba una figura lejana que venía directamente hacia ella.[/FONT]

    [FONT=&quot] Un enorme caballo blanco se dirigía hacia ella. La persona que montaba el brioso animal, no se podía apreciar debido a la distancia a la que se encontraba. Sinceramente, Kagome reconocía que su editora había conseguido a un excelente modelo para interpretar al protagonista de la portada. Cuando el individuo estuvo lo suficientemente cerca como para reconocerlo, el corazón de Kagome dio un brinco de felicidad.[/FONT]

    [FONT=&quot]¡No lo podía creer! Era Inuyasha montando un enorme caballo, con pantalones tejanos ajustados, botas vaqueras y una camisa blanca, enroscada hasta los codos y abierta, dejando ver el musculoso pecho.[/FONT]

    [FONT=&quot]Era la exacta imagen con la cual Kagome había soñado al visualizarlo a él en la portada del libro.[/FONT]

    [FONT=&quot]No pudo moverse. No podía hacer cosa más que mirarlo encandilada por esos ojos color ámbar.[/FONT]

    [FONT=&quot]Kagome se quedó estancada en el mismo sitio, y sin darse cuenta Inuyasha llegó hacia ella. En ese momento, todos los recuerdos que se había esforzado por mantener alejados de su memoria, vinieron a su encuentro, y con ellos, la dolorosa charla que había escuchado de Inuyasha y Kikyo.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Hola Kagome. Me dejaste muy preocupado- pronunció en cuanto se descendió del caballo.[/FONT]

    [FONT=&quot]Toda la furia y desesperación contenidas en Kagome, salieron a la superficie.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Si no mal no recuerdo, te dejé muy bien acompañado- dejando claro la insinuación de Kikyo –Solo que no entiendo como te gusta liarte con mujeres casadas. Me decepcionas- comentó despectiva.[/FONT]

    [FONT=&quot]-No, Kagome. Tu me decepcionas a mí- dijo con tristeza –Ese día, Kikyo me hizo darme cuenta de mis sentimientos hacia ti.[/FONT]

    [FONT=&quot]-¿Cuales? ¿La atracción sexual?[/FONT]

    [FONT=&quot]-¿Cómo dices?- sorprendido.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Escuché tu conversación y no te estaba siguiendo- agregó cuando Inuyasha la miro reprobatoriamente –Escuche cada palabra hiriente que dijiste acerca de mí-[/FONT]

    [FONT=&quot]Kagome cayó en cuenta de que no parecía haber nadie cerca. ¿Dónde estaban todos? Mientras miraba sorprendida a su alrededor, Inuyasha comentó:[/FONT]

    [FONT=&quot]-Lo siento. Siento muchísimo lo que escuchaste. Pero si Kikyo no me hubiera hecho ese comentario, nunca en mi vida me habría dado cuenta de que lo que siento por ti va más allá de la atracción sexual-[/FONT]

    [FONT=&quot]-¿Cómo?- preguntó ella sorprendida.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Te amo, Kagome. Por eso vine a buscarte. Por eso decidí ser el modelo de la portada de tu libro. Por que te amo-[/FONT]

    [FONT=&quot]Kagome se quedó sin habla. No lo podía creer. Sus ojos se llenaron de lágrimas.[/FONT]

    [FONT=&quot]-¿No vas a decir nada?- [/FONT]

    [FONT=&quot]-Te amo- dijo entonces.[/FONT]

    [FONT=&quot]Inuyasha que había permanecido estático todo el tiempo se abalanzó hacia ella y la besó con una intensidad que hubiera derretido hasta el Polo Norte. Y ahí, Kagome se dio cuenta de que Inuyasha era completamente sincero. Ambos se fundieron en aquel beso, que representaba una reconciliación, un nuevo comienzo, un futuro.[/FONT]















    [FONT=&quot]
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    [FONT=&quot]EPILOGO[/FONT]​

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    [FONT=&quot]
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    [FONT=&quot]-¡Mamá!- dijo la pequeña que saltaba del regazo de su padre para ir al encuentro con su madre.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Hola, mi amor. ¿Qué tal te la pasaste?- comentó Kagome con orgullo al ver a su pequeña niña de 6 años.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Papá y yo nos estábamos contando secretos- comentó la chiquilla con inocencia mientras Inuyasha se levantaba del sofá e iba a saludar a su esposa.[/FONT]

    [FONT=&quot]-¿Así?- dijo Kagome mientras miraba con todo el amor de su corazón a su esposo que la hacía tan feliz.[/FONT]

    [FONT=&quot]-¿No hay ningún beso para mí?- pícaro.[/FONT]

    [FONT=&quot]-No enfrente de los niños- respondió Kagome con una gran sonrisa.[/FONT]

    [FONT=&quot]El aire que se respiraba estaba impregnado de amor. Kagome recordaba la manera en que había conocido a su esposo, y las aventuras que habían vivido. No podía creer que fuera tan feliz. Mientras se sumergía en el pasado, Kagome observó a Inuyasha comentándole algo a la pequeña mientras se reía inocentemente. [/FONT]

    [FONT=&quot]-¿Puedo contarle este a mamá? Di que sí- imploró la pequeña a Inuyasha.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Claro, preciosa- respondió Inuyasha.[/FONT]

    [FONT=&quot]-Mami, dice mi papá que te quiere mucho mucho mucho mucho.[/FONT]


    Fin
  2. [​IMG]


    Se despertó con un gemido. Inuyasha no supo de dónde venía hasta que volvió a oírlo, y entonces se dio cuenta de que era él quien gemía. Le iba a estallar la cabeza. Tenía una resaca espantosa, y supuso que se la tenía bien merecida por habérsele ocurrido beber nada menos que ron. Normalmente el ron no estaba presente en sus libaciones, pero ayer había querido algo fuerte y no quedaba nada más en la mansión, un descuido que rectificaría hoy mismo en cuanto se levantara.

    -Puedo aliviarlo.

    La voz, suave como un susurro, hablaba con un ligero acento. Inuyasha se volvió para averiguar a quién pertenecía. No le sorprendió ver a la joven, recostada sobre la almohada junto a él, sonriéndole. Kag, Kagi, no Kagome, sí, ése era el nombre que por fin había logrado arrancarle en algún momento de la noche pasada, aunque no podía recordar exactamente cuándo.

    -¿Aliviar el qué?

    -El dolor que tienes como resultado de tus excesos de anoche.

    -Oh, ¿eso?- Inuyasha torció el gesto cuando otra punzada de dolor le atravesó las sienes -Olvídalo, no es nada. Site acercas un poquito más y dejas que te abrace, el placer que sentiré hará que me olvide de mi dolorida cabeza.

    Kagome le acarició suavemente la frente.

    -No hará que lo olvides, pero decir eso es muy galante por tu parte.

    Aun asi se le acercó un poco más, pegándose a su costado y apoyando la cabeza en su pecho. Inuyasha dejó escapar un suspiro de éxtasis al darse cuenta de que estaba totalmente desnuda bajo la sábana. No sabía qué había ocurrido entre ellos anoche ¿y por qué demonios no podía recordarlo? Pero fuera lo que fuese estaba seguro de que lo había disfrutado.

    -Así que al final te diste por vencida, ¿eh? -dijo con tono de satisfacción mientras deslizaba una mano por entre los suaves mechones de su cabellera-. Sabía que lo harías, aunque que me cuelguen sirecuerdo por qué.

    -Insististe, ya que quieres saberlo.

    -¿Insisti? Bien, pues me alegro de haberlo hecho.

    Kagome rió con un sonido aterciopelado que provocó una rápida respuesta en la entrepierna de Inuyasha. La facilidad con que podía hacer que la desease era realmente asombrosa.

    -No recordar la mejor parte de la noche hace que me sienta... insatisfecho -le dijo con voz apenada -Pero estoy dispuesto a repetirla para poder acordarme.

    Ella alzó la cabeza para mirarlo. En sus hermosos ojos había humor, pero también ternura.

    -¿Otra vez? Siento defraudarte, Inu, pero anoche te quedaste profundamente dormido apenas tu cabeza tocó la almohada. Ni siquiera moviste un dedo cuando te desnudé, algo que no me resultó nada fácil teniendo en cuenta lo enorme que eres y lo mucho que pesas. Podrían haber disparado un cañón en esta habitación, y no habrías...

    -Sí, ya lo he entendido - gruñó él -Maldición, ¿tanto bebí?

    Ella asintió con una sonrisa.

    -Cuando has bebido demasiado te pones muy gracioso. Tu voz no se vuelve pastosa, y no te tambaleas ni te cuesta moverte. No pareces estar borracho. Pero la cosas que dices... Francamente, dudo mucho que las dijeras estando sobrio.

    -¿Como cuáles?

    -Oh, como eso de que nunca volvería a bailar. ¡Qué tontería! Pues claro que bailaré... siempre que me lo pidas. 0 cuando me subiste a la grupa de tu caballo y dijiste que no me moviera de allí mientras matabas a Onigumo.

    Inuyasha puso ojos como platos.

    -No lo maté, ¿verdad?

    -No, empezaste a buscar un arma en uno de tus bolsillos, te distrajiste y al final olvidaste lo que estabas buscando.

    -Nunca más -dijo él torciendo el gesto-. Si alguna vez vuelvo a ver otra botella de ron, juro que...

    -Sí, ya lo sé. Antes que beber de ella te la romperás en la cabeza.

    -No pensaba ir tan lejos.

    Kagome volvió a reír.

    -Ya lo imaginaba, pero eso es la que dijiste anoche.

    Su risa le dio nuevos ánimos. Tirando suavemente de ella, Inuyasha la alzó sobre su pecho hasta que su boca estuvo al alcance de la suya. Sus ojos se encontraron con los de Kagome. Estaba seguro de que la joven reconocería el deseo en su mirada.

    -Así que todavía no hemos hecho el amor -murmuró con voz ronca.

    -No, ni lo haremos -repuso ella tranquilamente-. No hasta que te libres de ese espantoso dolor de cabeza que sé estás padeciendo. Cuando quiera hacer el amor contigo, Inu, quiero que sólo sientas placer. No exageré cuando te dije que conozco el arte de curar. Las mujeres de mi familia llevan muchas generaciones usando las hierbas con fines curativos. Será un momento.

    Varias emociones distintas le asaltaron a la vez: un apasionado deseo cuando la oyó hablar de hacer el amor con él, aguda desilusión cuando la vio salir de la cama, y una súbita admiración rayana en el temor cuando contempló su desnudez.

    Kagome se comportó como si pasearse totalmente desnuda por una habitación fuese lo más normal del mundo. No mostró el menor rastro de incomodidad o vergüenza. Tampoco exhibía orgullosamente aquél cuerpo magnífico ante él, aunque no le faltaran razones para hacerlo. Se limitó a ir hasta una bolsa de tela que había traído consigo y hurgó dentro de ella hasta encontrar lo que andaba buscando, después de lo cual recorrió la habitación con la mirada hasta localizar las otras cosas que necesitaba: vasos y varias botellas de cristal tallado, una de las cuales se llenaba con agua fresca cada día.

    Abrió una botella detrás de otra para husmear su contenido y después, sorprendentemente, escogió el coñac para echar un poco de licor en el vaso dentro del que había metido unas hierbas trituradas. Removiendo la mezcla con un dedo, que luego se limpió chupándolo para inmenso horror de Inuyasha el efecto que eso tuvo sobre su estado de ánimo fue devastador, volvió a la cama y le alargó el vaso.

    El vaso apenas contenía un centímetro del dorado licor, enturbiado por el añadido de las hierbas, Inuyasha lo contempló con desconfianza.

    -¿Por qué coñac en vez de agua?

    -Porque la mezcla no tiene un sabor demasiado agradable, y el coñac disimula el gusto. Bébetela. Te sentirás mucho mejor dentro de unos quince minutos. El tiempo suficiente para que me dé un baño rápido.

    Pensar en ella dentro de su espaciosa bañera hizo que Inuyasha se apresurara a engullir la poción y dejarla a un lado.

    -Me reuniré contigo... si no te importa.

    -No me importa -dijo ella sonriéndole-. Siempre que me prometas que tendrás las manos quietas hasta que no sientas dolor.

    Inuyasha suspiró.

    -Olvídalo. Sufriré... eh... quiero decir que te esperaré aquí.

    Ella asintió, se inclinó sobre él para darle un beso en la frente y luego le habló al oído:

    -La paciencia es una virtud que siempre acaba siendo recompensada, Inu.

    Él estuvo a punto de decirle que no se llamaba Inu, un nombre que sonaba a extranjero, pero prefirió guardar silencio y saborear la visión de aquellos magníficos senos que tanto se hablan aproximado a su boca cuando ella se inclinó sobre él. Oyó cerrarse lapuerta del cuarto de baño y suspiró, pero luego no tardó mucho en empezar a tejer fantasías sobre Kagome sola en aquella decadente estancia.

    El cuarto de baño era el único lugar de la mansión que no encajaba con la decoración actual, y se había llevado una sorpresa cuando la inspeccionó por primera vez. Era como si algún puritano del siglo pasado hubiera decorado lacasa y aquel cuarto de baño: hubiera permanecido oculto a sus ojos, con lo que había quedado intacto. Enorme y diseñado al estilo romano antiguo, su bañera rodeada de columnas griegas e incrustada en el suelo, a la que se accedía por unos escalones de mármol, podía alojar sin dificultad a seis personas adultas. Desnudos querubines dorados formaban los grifos de la bañera y la suntuosa pileta.

    Inuyasha se bañaría con ella en esa bañera, y lo haría antes de que partieran hacia Londres. Pensar en Londres hizo que se preguntara dónde demonios iba a alojar a Kagome hasta que pudiera encontrar un lugar adecuado para ella. No podía confiar en que los sirvientes de su residencia en la ciudad no hablaran de ella. Aquí en el campo eso apenas tenía importancia, porque los cotilleos de la servidumbre no llegaban tan lejos. Pero en Londres sí que, lo hacían, y Inuyasha no quería que empezara a circular el rumor de que una zíngara lo había embrujado, por mucho que así fuese.

    La puerta se abrió. Kagome volvió a entrar en la habitación tan desnuda como antes y fue directamente a la cama. Arrodillándose encima de ella, apartó la sábana y después se puso encima de él. Inuyasha contuvo el aliento ante su osadía mientras la joven se acomodaba sobre su ingle. La larga cabellera fue a enroscarse sobre el estómago de Inuyasha.

    -¿Qué tal va tu dolor de cabeza? -le preguntó tranquilamente, como si no lo tuviera embelesado con sus acciones.

    -¿Qué dolor de cabeza?

    La respuesta hizo sonreír a Kagome.

    -¿Te arrepientes de algo, Inu?- Él rió y movió las caderas junto a las de ella.

    -Debes estar bromeando.

    Ella puso los ojos en blanco.

    -Sé que puedo hacerte feliz. Sólo me preguntaba si estás contento con lo que el destino ha depositado en tus manos. Yo sí, desde luego.

    Él alzó el brazo para acariciarle la mejilla.

    -Me parece que no has reparado en lo mucho que ya has hecho por mí. No sabes cuánta razón tenías cuando me hablaste de lo que veías en mí. Me había convertido en un caparazón muerto y tú me has devuelto a la vida.

    La sonrisa de Kagome se volvió radiante.

    -Tú y yo nos necesitamos el uno al otro.

    -Apoyando las manos en la cabecera de la cama por encima de sus hombros, se inclinó sobre él para hablar en un murmullo pegado a sus labios--. Oh, sí, cuánto nos necesitamos...

    Él gimió y la rodeó con los brazos, tirando de ella para sentir el contacto de todo su cuerpo sobre el suyo. Y también capturó sus labios, cerrando su boca encima de la de ella en una voraz exigencia. Sintió que Kagome se tensaba. Era demasiada pasión de golpe, pero Inuyasha era incapaz de ir más despacio. Era como si llevase años esperando aquel momento y a aquella mujer, y ahora que ambos eran suyos nada podría detenerlo.

    Pero ella lo detuvo. Se liberó de su abrazo y, aprovechando el momento de sorpresa, le tomó el rostro entre las manos y le habló con imperiosa sequedad:

    -Escúchame bien, Inu: no permitiré que me hagas daño porque estás tan embriagado por la pasión que no piensas en lo que haces ¿Olvidas acaso que es la primera vez que estoy con un hombre? En otra ocasión podremos hacer esto deprisa y sin perder ni un instante, si tal es tu deseo, pero no esta vez. Esta vez deberás velar por aquello que has de romper. Estoy preparada para el dolor, pero sólo tú puedes mitigarlo. ¿O es que no te importa que sufra más de lo estrictamente necesario?

    -Claro que me importa -respondió él automáticamente.

    Aun así, todavía estaba tratando de asimilar sus palabras. Santo Dios, ¿cómo podía ser virgen y comportarse con aquella osadía? Pero la verdad sería descubierta en cuestión de momentos, por lo que no podía tratarse de un mero finjimiento por parte de ella.

    -Para ser una virgen eres terriblemente descarada -observó sin excesivo tacto, como comprendió demasiado tarde.

    Pero en vez de ofenderse, ella se echó a reír.

    -Vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos. ¿Por qué razón iba a querer ocultarte nada? Soy tuya, Inu. Esconderme de ti sería una tontería por mi parte, ¿verdad?

    «Soy tuya.» Sorprendentemente, aquello lo llenó de ternura. Inuyasha hizo que sus cuerpos rodaran encima de la cama, de tal manera que ahora era él quien se inclinaba sobre ella. La besó, esta vez delicadamente. Paladear el momento también tenía sus cosas buenas.

    Kagome sabía divinamente. Sus labios se separaron para darle la bienvenida, tirando de su lengua conforme él la exploraba lentamente. La mano de él se movió sobre un firme seno. Ella se arqueó hacia arriba, llenando toda su mano. Inuyasha casi rió de puro deleite. Una virgen descarada, ¿qué más podía pedir un hombre?

    -Entonces cuando estés lista, ¿me lo dirás? -preguntó con voz ronca.

    -Creo que... tú mismo te darás cuenta -jadeó ella.

    Así sería. Él sonrió y siguió con su exploración. La piel de Kagome era cálida, suave y sedosa. Inuyasha se encontró acariciándola reverentemente, maravillándose ante la perfección de sus formas, la delicada blandura y la manera en que reaccionaba a su contacto. Su miembro endurecido anhelaba estar dentro de ella, pero aun así la encontraba tan fascinante que contemplar cómo experimentaba el amor físico por primera vez lo llenó de éxtasis. Kagome temblaba, gemía y se ofrecía a sus caricias, haciéndole sentirse como si él también estuviera experimentando el amor físico por primera vez.

    Y enseguida supo cuándo estuvo lista. Inuyasha se aseguró de no aplastarla con su peso cuando se puso encima de ella para acomodarse entre sus muslos, y tuvo aun más cuidado al penetrarla. La barrera estaba allí tal como había afirmado ella, y al atravesarla tuvo que apretar los dientes. El gemido que escapó de los labios de Kagome fue prolongado, pero no pasó de eso, y con un beso él la tranquilizó.

    Dándole unos momentos para que se recuperara de la molestia, no siguió adelante hasta que ella empezó a devolverle el beso. Una vez reanimada su pasión, acabó de deslizarse hacia el interior de sus profundidades, lenta, exquisitamente, hasta que éstas lo hubieron acogido del todo. Sentirse envuelto por el placer de aquel delicioso calor que tan apretadamente se ceñía a su virilidad casi le hizo perder el control, pero aun así consiguió mantener a raya al éxtasis final para retirarse e iniciar un delicado vaivén que ella podría tolerar. Mas no tardó en hacerse evidente que Kagome había dejado atrás toda necesidad de moderación, y una impetuosa embestida bastó para que los dos emprendieran el glorioso viaje hacia la culminación.
  3. -En cuanto a la cama- le recordó él –No estás haciendo ningún intento de acostarte. ¿Esa es tu idea de la eficiencia? Si trabajaras para mí, te despediría-

    Kagome lo abrazó mientras Inuyasha le sacaba el suéter por la cabeza; él se detuvo a verla parada frente a él, desnuda hasta a la cintura.

    -¿Te molesta que te vea?- le preguntó.

    -Aún soy tímida- susurró ella.

    -Eso no me importa en lo absoluto- le acarició los senos –Estás preciosa- la voz de él había enronquecido y la respiración de Kagome coincidía con el ritmo acelerado de su corazón.

    -Inuyasha- ella se dejó caer entre los brazos de su esposo, quien la cargó de inmediato.

    -Lo sé- murmuró él cerca de los labios femeninos –Te he extrañado mucho todo el día, mi amor. ¿Podemos esperar aún más tiempo?-

    Kagome negó con la cabeza; la emoción le impedía hablar, e Inuyasha la llevó hasta su propia cama, donde siempre estaría ella a partir de ese momento.

    Mientras estaban acostados juntos, sólo el silencio interrumpía el sonido de sus respiraciones, Kagome volvió a experimentar la felicidad de la noche anterior, oleadas de calor la cubrían; la emoción y la pasión se reflejaban en los movimientos delirantes de su cuerpo, los susurros incoherente de felicidad, la ansiosa súplica de que la poseyera. Había desaparecido su temor… el amor lo descartó y el amor la hizo volar hasta el cielo a media noche.
  4. -Y él te obligó-

    -Sí- las lágrimas rodaron por su cara, la vergüenza la abrumaba. Jamás podría mirarlo de nuevo, ahora que estaba al tanto de su absoluta degradación.

    Las manos de Inuyasha le acariciaron el rostro y ella percibió su tranquilidad después de su ira, de modo que cuando le habló con suavidad, se quedó perpleja y abrió los ojos.

    -Sí- dijo él con calma –Mírame Kagome. Reconoce dónde te encuentras, ¿estás enfadada ahora? ¿te parece vergonzoso estar desnuda entre mis brazos?-

    -No- sacudió la cabeza –Pero no puedo…-

    -Te prometí hace largo tiempo que jamás te pediría algo que no pudieras darme. No he cambiado de opinión, así que tranquilízate. Déjame abrazarte. Te necesito. ¿Alguna vez de lastimé?-

    Kagome negó con la cabeza, sus miradas coincidieron y el temor comenzó a abandonarla poco a poco; su cuerpo rígido comenzó a calentarse al rozar la piel de él.

    -Oh, Kagome- esbozó una sonrisa -¿Cómo puedes creer que eres frígida? ¿Qué quieres darme a entender? Hace unos minutos mi único deseo era poseerte, y tú estabas dispuesta a permitirlo. Sí, puedes enrojecerte- le lanzó la pulla -¿Te molestó? ¿Acaso no puedes tolerar oír mis cosas? ¿Y si te dijera que durante semanas, desde París, he deseado que estuvieras en mi habitación?- con los dedos le hizo un trazo alrededor del pezón –Anhelaba hacerte tantas cosas. Esto, y esto- inclinó la cabeza y con suavidad tomó entre sus labios el centro del seno, tirando del pezón hasta que Kagome, agitada y desesperada, arqueó el cuerpo hacia él.

    -Kagome- se acercó más a ella, aprobando la forma en que su esposa levantaba las caderas –No hay mujeres frígidas, sino pésimos amantes. Confía en mí, querida- le susurró contra su boca –Te aseguro que nada va a lastimarte-

    Le enjugó las lágrimas con sus besos.

    -¿No sabes que eres explosiva para mí? Cabello negro, ojos castaños, la mezcla del temor y el desafío. Deseo devorarte una y otra vez, sin descanso para respirar, y cada vez será mejor que la anterior- lanzó una risa sensual, su respiración excitaba la piel de la hermosa mujer –No eres fría, Kagome. Me consumes por completo. Sólo tengo que mirarte para desear estar junto a ti-

    El fuego se encendió dentro de ella, las palabras seductoras de Inuyasha y los besos que colocaba sobre su piel ardiente ocasionaron de nuevo el sonido extraño de su garganta. Era verdad. No tenía que disimular, no con Inuyasha.
    Lo abrazó al tiempo que murmuraba su nombre; un fuego interno la invadía de deseo. Deslizó las manos sobre los hombros masculinos, deleitándose al sentir su piel e incitándolo a que se acercara.

    -No, hasta que estés dispuesta- él inclinó la cabeza para besarle todo el cuerpo.

    La sujetó con fuerza mientras ella se movía deliberadamente contra él. El cuerpo femenino luchaba con furia por acercarse más a su esposo.
    Cuando Inuyasha al fin la hizo suya, el dolor desapareció por un segundo, y después Kagome comenzó a moverse con él; su respiración era acelerada y lo estrechó con fuerza; su cuerpo se movía al mismo ritmo, musitaba el nombre de Inuyasha con frenesí.

    -Mi amor…- la voz de Inuyasha estaba ronca por la pasión y los dos se apartaron del mundo juntos, mientras Kagome giraba entre colores y luz que era la realización; su cuerpo flotaba con Inuyasha en algún lugar, sus propios gritos de deleite se mezclaron en el revoloteo de millares de alas.
    Le tomó largo rato regresar, toda vez que existía una nueva realidad. El gozo de la liberación, la fuerza de los brazos varoniles, el toque de los labios de él vagando por sus mejillas enrojecidas.

    -¿Cómo te sientes?- se tendió sobre ella, le levantó el mentón, y Kagome abrió sus asombrados ojos.

    -Estoy a punto de desmayarme- lo miró con asombro y el rió con suavidad; su respiración no se había normalizado.

    -Yo también. Aunque lo intentara no podría moverme. Tengo la horrible sospecha de que jamás podré moverme-

    Volvió a besarla en la boca cuando ella lo miró, con sus mejillas arreboladas y sus ojos un poco ansiosos.

    -No me preguntes como te portaste, mujer. Me has dejado fuera de combate- le tomó la cabeza entre las manos, sacudiéndola con suavidad –Y no vuelvas a pedirme que te deje sola. No puedo. Por demasiado tiempo fuiste la fruta prohibida. A partir de esta noche, estamos casados-

    -Nunca antes… quiero decir…-

    -Lo sé- se acostó junto a ella, acomodándola en la cuerva de su brazo. Por unos minutos permanecieron juntos en silencio y Kagome comprendió que él esperaba a que se tranquilizara, permitiéndole revivir los momentos felices. Estaba viva por primera vez desde la muerte de sus padres.

    De pronto ansiaba contarle a Inuyasha cómo se sentía, confesarle su amor, aunque lo único que sintiera por ella fuera deseo. Se volvió hacia él al tiempo que levantaba la mano para tocarlo, mas él se la sujeto con fuerza.

    -Cuéntame sobre Aikawa- en su voz había desaparecido la pasión.

    -Lo sabes- en ese momento hubiera deseado apartarse de él, pero Inuyasha no se lo permitió.

    -Me has informado algunas cosas, otras yo las he intuido, pero hay algo más. Te tiranizó, te obligó a ayudarle de una forma que era un anatema para alguien tan tímida y sensible como tú. Te pegaba en la cama y fuera de ella. Y sin embargo con lo abandonaste. En parte comprendo por qué no querías que alguien se enterara, y que necesitaras ayuda cuando te quedaste sola a cargo de Sango y tu eras casi una niña. Y también comprendo que tuvieras demasiado miedo para escapar. ¿Qué ocurrió para que por fin lo abandonaras? ¿De dónde surgió tu valor?-

    -Eso ocurrió hace mucho tiempo- susurró Kagome; toda su felicidad desapareció.

    -Mientras no me lo digas, no lo superarás- se inclinó hacia ella, mirándola fijamente a la cara –Esta noche casi te liberamos. Demos juntos el último paso-

    ¿Lo había hecho sólo por liberarla? Kagome cerró los ojos, demasiado avergonzada para mirarlo mientras le hablaba.

    -No soporté lo que me dijo- su voz era inexpresiva –Fue la noche… la noche de la herida del brazo. Me insultó como acostumbraba hacerlo. Hasta ese momento yo había aceptado sus insultos sin replicar- lanzó una risa extraña
    -Me miró con desprecio como si yo hubiera sido una nulidad y me dijo… me dijo que Sango ya era una mujer. Agregó que se estaba convirtiendo en una chica muy interesante y que la siguiente noche le haría el amor-

    -¿Qué hiciste?- preguntó Inuyasha, pálido por la furia.

    -Luché contra él. Lo rasguñe, le di mordiscos y grité. Tiré de su cabello hasta lastimarlo. Entonces fue cuándo, furioso, me golpeó. Ya no pude hacer nada, estaba atrapada. El estaba acostado sobre mí con las manos alrededor de mi cuello, sacudiéndome y gritando. Sango creyó que iba a matarme-

    -¿Sango?-

    -Al escuchar mis gritos entró a la habitación. Aunque ella era consiente de lo que estaba ocurriendo, siempre se lo negué. Además, nunca había gritado antes. Desconozco cuanto tiempo había estado parada ahí, pero sin duda oyó las últimas palabras de Aikawa y pude ver el terror en sus ojos. Había cerca un enorme florero y, antes de que él supiera que mi hermana estaba ahí, lo golpeó con él sin parar. Tuve que apartarla. Por un minuto, creí que lo había matado-

    Inuyasha le acarició con suavidad la cara en un intento de tranquilizarla.

    -¿Y después?-

    -El estaba bien. La gente como Bancotsu siempre está bien. Estaba demasiado aturdido para desquitarse, y nosotros salimos de la habitación y empezamos a hacer planes. Una vez que amaneció, nos fuimos. Después de eso ya no volví a verlo sin que estuviera presente mi abogado, a quien jamás le conté la verdad. Accedí a un arreglo amigable por que no deseaba mezclar a Sango. Si no hubiera estado de acuerdo, no estaría molestándome ahora-

    -No regresará- la tranquilizó Inuyasha –Te lo aseguro- la estrechó entre sus brazos –Se que fuiste muy valiente al informarme todo eso, pero ya terminó. Ahora que estás mejor, los secretos entre nosotros se acabaron. No habrá más preocupaciones ni angustias-

    Ninguna, con excepción de Kikyo; ninguna; excepto que no la amaba como ella a él, pero de alguna manera estaba contenta.

    -De ahora en adelante puedes olvidarlo. Un hombre así es odioso y cree que su maldad le da cierta posición social. Los individuos como Aikawa son inválidos emocionales, incapaces de cuidar a los demás. Incluso no les gustan las mujeres. Olvídalo, Kagome, su recuerdo seguirá lastimándote. Tus heridas cicatrizarán- la acercó a él y la acomodó entre sus brazos –Duérmete. ¿Sabes que son las tres de la mañana?-

    -¿Vas a quedarte aquí?- le preguntó con serenidad, aunque sentía un deseo estremecedor de que así fuera.

    -¿Soy bien recibido?-

    -Sí-

    La abrazó con más fuerza y en unos momentos se quedó dormido. La había llamado “mi amor” muchas veces, había sido apasionado y comprensivo. Si todo continuara así, Kagome se consideraría la más afortunada de las mujeres. Lo amaba con toda su alma, la cara serena de Inuyasha mientras dormía era lo más maravilloso en que podía pensar.



    A la mañana siguiente, Inuyasha se marchó antes que Kagome despertara. Ella permaneció en a cama por largo tiempo, recordando, con el pulso acelerado, los acontecimientos de la noche anterior. Sobre la almohada estaba la huella de la cabeza de Inuyasha, para convencerla de que no había sido algún sueño erótico, y mientras se bañaba y vestía comprendió que no deseaba salir de ese dormitorio, de ese lugar donde la felicidad le había vuelto a sonreír. El nombre de su esposo repicaba en su cabeza como una campana, y era imposible dejar de sonreír.

    Durante la noche había nevado copiosamente y, al bajar a desayunar, encontró a Sango en el comedor y Kurumi estaba en la ventana, mirando con asombro la nieve.

    -Podemos jugar otra vez con el trineo- sugirió Kagome con alegría, sintiéndose como si fuera una chica de dieciséis años.

    -Lamento contradecirte. Son órdenes del señor de la casa. Aunque sí podemos salir con el trineo, no estamos autorizadas a subir la pendiente si él no se encuentra aquí. Me recordó tu tobillo lastimado- Sango miró a Kagome de reojo -¿Qué se siente que la envuelvan a una en algodones?- le sonrió a Kagome mientras ésta se enrojecía -¡Creo que te tengo en una situación desventajosa!-

    -¡Construyamos un muñeco de nieve!- dijo Kagome con jadeante entusiasmo, volviéndose a Kurumi para escapar de la expresión maliciosa de su hermana.

    -Tengo unos viejos botones grandes que podrían convertirse en ojos- intervino Kaede cuando se acercaba con el desayuno de Kagome, y le sonrió con entusiasmo –Esta es una casa muy alegre, señora Taisho. Mis habitaciones son cómodas y cálidas. Es muy agradable tener mis propios muebles cerca de mí después de haber vivido largo tiempo en los dormitorios de otras personas. Supongo que ese anexo de la casa estaba destinado a ser el apartamento de la abuelita-

    -Tal vez, Kaede- Kagome le sonrió –Me agrada que se encuentre contenta y que le guste su apartamento. No tenemos abuelita-

    -Bueno, así está Izayoi- reflexionó Sango con ironía cuando Kaede se alejó –En cuanto a abuelitas se refiere, ojala que ya se encuentre en Nueva York-

    -Siento pena por ella- comentó Kagome en voz baja. También sentía pena por sí misma al pensar en Kikyo, pero de inmediato hizo un esfuerzo por reanimarse
    -Vamos a hacer el muñeco de nieve-

    Construirlo les llevó toda la mañana, y al regresar a almorzar las tres tenían las mejillas sonrosadas y un muñeco de nieve gigante estaba parado delante de la casa; tenía botones azules como ojos, un carbón como nariz, una boina y una bufanda viejas de Sango lo calentaban. Kurumi estaba feliz; en esa casa se sentí tranquila y despreocupada.

    Se sentaron junto a la chimenea y Kagome consultaba con frecuencia su reloj; se ruborizó al darse cuenta de que contaba las horas para que Inuyasha regresara a su hogar. Unos días antes había estado tan asustada, y ahora deseaba estar en sus brazos con un anhelo que la hacía temblar.

    El ruido de un coche justo antes de la hora del té la obligó a correr hacia la ventana. Eran las tres y media de la tarde, y sintió un vuelco en el corazón al ver que un coche deportivo se detenía enfrente de la casa. Izayoi bajó, envuelta en pieles, tan elegante y atractiva como de costumbre, más fue la conductora quien captó la mirada de angustia de Kagome. Kikyo Fujisawa estaba ahí sin invitación y con aire de suficiencia.
  5. Las crueles manos la lastimaban, dañando su piel, y ella luchaba haciendo un esfuerzo por no gritar. Si gritaba, Sango acudiría de inmediato y podría salir dañada también.

    -¡No! ¡No! ¡Déjame ir!- exclamaba con voz entrecortada al tiempo que daba patadas. Trataba de liberarse de las manos que la lastimaban, y sólo conseguía que su agresor se enfureciera más; su peso se hacía intolerable, aumentando su pánico, asfixiándola -¡No!- cuando levantó la voz, él la golpeó, hiriéndole el brazo, y al oírla gritar de dolor, la apretó con más fuerza.

    -¡Kagome! ¡Kagome! ¡Despierta!-

    Fue como luchar dentro de un cueva oscura; la repentina voz aumentó su terror; luchaba de manera irreflexiva. Sus ojos se negaron a abrirse y entonces alguien la sacudió.

    -¡Kagome! Abre los ojos ¡Despierta!-
    Al abrir los ojos, la luz la cegó; las lágrimas corrían por su pálido rostro.

    -¿Inuyasha?- lo miró desconcertada, mas no pudo controlar el llanto. La puerta de comunicación estaba abierta de par en par e Inuyasha estaba sentado a su lado, sus manos sobre los brazos de su esposa.

    -Tuviste una pesadilla. Te oí luchar y decir algo entre dientes y, al venir para acá, escuché ese grito horrendo- después de soltarla, se pasó la mano por el cabello –Creí que te estaban violando-

    Ella se mordió el labio para controlar las lágrimas, por fortuna él no la veía.

    -Fue… un sueño-

    -Esa es una declaración incompleta- la miró con gesto torcido y ella en ese momento comenzó a enfocarlo. Era la primera vez que lo veía con bata y apartó de prisa la mirada para evitar enfrentarse con aquellos ojos grises.

    -Si te sientes bien, me voy- su voz había recuperado la frialdad cuando se puso de pie, dispuesto a dejarla sola -¿Quieres beber algo?-

    -Sí. Voy… a levantarme para preparar una taza de té. Necesito pasearme un poco y… y…-

    -No trates de fingir. ¿Dónde está tu bata?- al verla sobre un silla, extendió la mano –Después de esto, creo que yo necesito algo más fuerte que el té. Bajaré contigo-

    La esperó de pie y ella se levantó de la cama para ponerse la bata que él le entregó. Aún temblaba a causa de la pesadilla. Estaba demasiado agradecida por la presencia de Inuyasha como para sentir aprensiones, y el hecho de que su camisón fuera transparente y los tirantes del grueso de un listón, parecía no importarle.

    -¿Qué es esto?- Inuyasha se detuvo en el momento en que ella estaba a punto de cubrirse los hombros con la bata; su dedo hizo un trazo sobre la pequeña pero profunda cicatriz a lo largo de la parte de arriba del brazo. El poder del sueño había sido tal que Kagome hizo una mueca como si aún le doliera –Es una vieja cicatriz. ¿Te duele?-

    -No. Desde… desde luego que no-

    -¿Entonces por que hiciste esa mueca de dolor?-

    La volvió hacia él al no obtener respuesta; sus ojos la miraban con atención.

    -¿Fue parte del sueño? ¿Te hizo Aikawa esa cicatriz?-
    Kagome inclinó la cabeza al tiempo que se acomodaba la bata alrededor de su esbelta cintura… no soportaba mirar esos penetrantes ojos.

    -¿Kagome?-
    El tono le indicó que no estaba dispuesto a que lo engañara, y ella respiró con fuerza.

    -Fue un anillo. El tenía un anillo en la mano derecho, un… un anillo ancho con piedras. Un diseño puntiagudo-

    -¿Y?- sus manos estaban colocadas detrás de los hombros de Kagome, y las tensó cuando ella guardó silencio.

    -El anillo se me enterró. Supongo… que fue un accidente-

    -¿Un accidente?- le levantó la cara, obligándola a ver la ira en la suya –Te estaba golpeando. De eso se trataba la pesadilla. ¿Utilizó, el dorso de la mano o el puño?-

    -El puño- susurró ella; el estremecimiento comenzó de nuevo en el momento en que volvió a vivir el sueño y la pesadilla del pasado –Sólo grité cuando el anillo me lastimó de forma insoportable por que… por que Sango hubiera acudido y… el podría haberla…- las lágrimas de nuevo comenzaron a bañarle la cara y el la estrechó con fuerza en sus brazos.

    -¿Por qué no maté a ese maldito cuando vino esta mañana?- Rechinó los dientes -¡Lo encontraré y…!-

    -¡No! ¡No, Inuyasha, por favor!- estaba tan angustiada por las amenazas de su esposo, que sin pensarlo lo abrazó por la cintura mientras Inuyasha la acercaba hacia él –Sucedió hace mucho tiempo. Lo único que me importa es la seguridad de Kurumi. Ni siquiera deseo pensar en Bancotsu-

    Ella escondió la cara sobre el pecho de su esposo, sin dejar de llorar, mas él le levantó el mentón y con el otro brazo la estrechó.

    -¡Pero piensas en él! Incluso aparece en tus sueños, asustándote, torturándote. ¿Crees que voy a dejarlo en paz?-

    -¡Por favor, Inuyasha!- lo miró con los ojos llenos de lágrimas y el frunció el entrecejo.

    -Me dejas indefenso… ¿eres consiente de ello? No puedo actuar ni protegerte como quisiera, por que nada de esto es verdadero. Aunque esté casado contigo, te dejé el derecho de que manejaras tu vida, incluso en lo relacionado con Aikawa. ¡Cielos, Kagome! Nunca hubiera hecho esto con ninguna otra mujer-

    Kagome levantó la vista, sus mejillas brillaban por las lágrimas y él la miró airadamente al tiempo que le susurraba palabras de frustración, y le dio un beso en la boca.

    No fue un beso suave. Su rabia y frustración se tradujeron en crueldad en su boca, misma que no estaba ahí cuando la besó con anterioridad. No obstante, este beso se convirtió en un sentimiento de sosiego, alejando de inmediato la pesadilla de la mente de Kagome. I8nvadida de deseo, ella se acercó más a él, movimiento que pareció ubicarlo en la realidad.
    Levantó la cabeza, dándole la oportunidad de apartarse de él.

    -Discúlpame, Kagome. Discúlpame- susurró –El cielo es testigo de que ya has sufrido demasiada crueldad- la miró con arrepentimiento, pero Kagome abrió los ojos de par en par, extasiada, y después de cerrarlos se tambaleó entre sus brazos.

    -¿Kagome?- apretándola con fuerza, susurró su nombre -¿Kagome?-

    No podía contestarle. Aunque estaba temerosa de sus propios actos, sus dedos apretaron la bata de Inuyasha, y aceptó ávidamente su beso.
    En segundos se ausentaron de la realidad, buscándose uno al otro con avidez. Kagome le devolvía los besos furiosamente, abrazándolo con toda su fuerza, y mientras arqueaba la espalda le envolvía el cuello con los brazos; los labios masculinos de desplazaban sobre su cuello, y se acurrucaban sobre los turgentes senos cubiertos con el encaje del camisón. Con respiración pesada e irregular, Inuyasha percibía en perfume de Kagome; su cuerpo estaba alerta al menor sonido, al menor gemido de placer que ella emitiera.
    Volvió a besarle la boca hasta marearla de emoción.

    -No puedo dejar que te vayas, no esta vez. Te deseo, Kagome. Te deseo demasiado como para dejarte ir- le susurró y el antiguo temor de Kagome apareció, mas su cuerpo estaba apretado contra el de su esposo, y cuando él le deslizó la mano por la espalda para moldearla a su vibrante deseo, el miedo la abandonó. Lo único importante ahora, era el sentimiento de que él generaba dentro de ella, este dolor de sumergirse en él.
    Kagome le acercó las caderas; su respiración era una súplica, e Inuyasha le quitó la bata y sus labios se fundieron con los de ella. El aire fresco acarició la piel femenina en el momento en que el camisón cayó al suelo. En vez de asustarse, Kagome se acercó más a él en un arrebato de emoción.

    -Kagome, eres tan suave… tan hermosa…- le rozó los labios con la lengua antes de introducírsela en la boca, explorando con urgencia aquel dulzor. Le acarició un pezón hasta que ella se estremeció dentro de sus brazos, jadeando de deseo.
    Kagome había perdido por completo el control, estaba enloquecida con las caricias, era una criatura temblorosa, ansiosa, que los brazos varoniles tuvieron que someter; gritos amortiguados escapaban de su garganta para enloquecerlo.

    -Sí, mi amor-

    Su voz se había enronquecido e incluso cuando la colocó sobre la cama, Kagome se aferró a él, abrumada; su cuerpo anhelaba tenerlo cerca, cuando Inuyasha se apartó de ella un instante para quitarse la bata.

    -No voy a dejarte- susurró con voz ronca y volvió a abrazarla -Acércate-

    Estaba atrapada entre dos mundos, su cuerpo ansiaba el de él, y al sentir su piel contra la propia se estremecía. Mas su mente la amonestaba. No podía hacer esto, ya que era una mujer incapaz de hacer el amor, frígida. Un sollozo se detuvo en su garganta, un sonido de agonía cuando sintió que su cuerpo también se quedaba frígido; el temor estaba a punto de ganar la batalla. Apartó la cara e Inuyasha le levantó la cabeza.

    -Kagome ¡no me abandones ahora! Nos deseamos. Es algo maravilloso- dijo él, incrédulo.

    -¡No puedo! No… puedo- las palabras escaparon de su boca y el repentino coraje de él desapareció al oír la voz.

    -¿Estás llorando? ¿Te lastimé? ¡Por favor, mírame!- le suplicó él. Kagome sacudió la cabeza, manteniendo los ojos cerrados, la vergüenza cubría su cuerpo.

    -No… no puedo ir más lejos. Lo siento, Inuyasha. La culpa es mía-

    -Hace unos minutos me deseabas- le dijo él con voz ronca –Hace un minuto eras la mujer más ardiente y apasionada que he tenido en mis brazos. Estabas dispuesta a ser mía-

    -Lo sé. Estaba completamente segura, mas ahora soy consiente de que no puedo. Nunca podré… soy frígida, Inuyasha. Me fue fácil aceptar el tipo de matrimonio que me propusiste, por que soy completamente insensible-

    -¿Insensible?- asombrado, le acarició la cara con suavidad, no obstante le temblaban los dedos -¿De verdad? ¿Quién te dijo eso? ¿Aikawa?-

    -Sí. Pero, de todos modos, lo sabía. Nunca quise que me tocara. Tampoco permití que se acercara… digamos… de esta manera, y cuando nos casamos… ¡No… pude! Fue terrible. Me repugnaba-

    -Y él te obligó-

    -Sí- las lágrimas rodaron por su cara, la vergüenza la abrumaba. Jamás podría mirarlo de nuevo, ahora que estaba al tanto de su absoluta degradación.
  6. -¿De veras? ¿Acaso no viajó usted con los padres de Inuyasha?-

    -Oh, esta vez sí, pero, por supuesto, me quedaré. Nunca he estado lejos de Inuyasha. Estamos demasiado… entrelazados para separarnos por largo tiempo-

    -Por supuesto- dijo Kagome con frialdad –Una vieja amiga de la familia. Sé muy bien lo que quiere darme a entender. Debe ser una tranquilidad para él. Es evidente cuanto disfruta de la compañía de usted-

    Inuyasha parecía furioso; su rostro se ensombreció al darse cuenta que su esposa estaba charlando con Kikyo. Regresó de prisa y, después de bajar al suelo a Kurumi, le dio la mano a Kagome para dirigirse a una de las mesas.

    -No sé que opine la novia- rechinando los dientes –Pero el novio tiene hambre-

    -Siempre fuiste insaciable, Inuyasha-

    El comentario de Kikyo propició una sonrisa forzada en el rostro del novio.

    -Tu y yo nos conocemos muy bien, ¿no es verdad?- tomó de nuevo a su esposa del brazo y se la llevó, pero Kagome se dio cuenta de que esa mujer no buscaba solo amistad. Kikyo Fujisawa había pretendido casarse con Inuyasha y no iba a darse por vencida. Al parecer, consideraba el apresurado matrimonio con Kagome solo un pequeño impedimento.

    Kagome se alegró de que la recepción terminara. Charló con personas que no volvería a ver, sonrió hasta que su cara se quedó rígida, y Kurumi se sentía intimidada por la gente. Kagome no encontraba a Sango y se tranquilizó al ver que hablaba con Inu Taisho; entonces le hizo una seña discreta. Inuyasha se había marchado a recoger el coche. Era hora de irse y ella lo esperó en el vestíbulo, con Kurumi acurrucada en su hombro.

    -¿Por qué hiciste esto Inuyasha? Sabías que vendría a verte tan pronto te instalaras en Inglaterra. Nuestra pelea no tuvo importancia-

    Kagome se detuvo de inmediato al oír la voz suplicante de Kikyo. Estaban parados en un hueco del vestíbulo, y la penumbra de una tarde nevada hizo a Kagome casi invisible para ellos.

    -Tuvimos muchísimas peleas- aclaró Inuyasha irónico –Le última fue solo una mas, y no tuvo influencia alguna sobre mí-

    -Influyó lo suficiente para que te apresuraras a casarte- Kikyo temblaba y estaba apunto de llorar –Solo por que te acostaste con ella…-

    -Kagome es tan pura como la nieve- la interrumpió Inuyasha con evidente regocijo.

    -¿Quieres darme a entender que es frígida? Lo aparenta con esa cara serena como de hielo, y ese horrible peinado de solterona. Es muy distinta a nosotros, querido-

    -Ella tiene todo lo que deseo- la voz de él era tranquila.

    -¡Una familia! ¡Eres un demonio! Igual que tu padre. Una familia es un magnífico escudo, ¿no es verdad?-

    -Tienes una imaginación muy tormentosa, Kikyo-

    -Lo suficiente para saber que desearas que yo esté cerca, y me quedaré aquí, Inuyasha. No voy a regresar a los Estados unidos- le arrojó los brazos al cuello, dándole un beso en los labios, e Inuyasha la apartó mientras reía con voz baja.

    -Nunca imaginé que lo harías, Kikyo. Conozco todos tus movimientos, ¿crees que no lo esperaba?-

    Kagome regresó con lentitud al concurrido salón. Kurumi estaba dormida y Kagome la estrechaba con fuerza entre sus brazos. En su fuero interno surgió un dolor que jamás había experimentado; los celos la torturaban. Buscó a Sango, con el deseo de que se fueran sin Inuyasha, mas era imposible.



    La casa estaba preciosa. Inuyasha le había dado a Kagome mano libre para el amueblado, mas ella siguió los consejos de la bien conocida firma de diseñadores de interiores que él había contratado. Las antigüedades propiedad de ella y de Sango los habían impresionado, y poco a poco, mientras los días pasaban de prisa, la cabaña que durante tiempo fue su casa quedó vacía, y sus propios muebles fueron colocados entre los nuevos accesorios de la casa. Todo armonizó a la perfección, valió la pena el arduo trabajo de Kagome y, cuando regresaron a la casa que sería su hogar, la cara de Sango compensaba todo el esfuerzo.

    -Es nuestro hogar- le susurró a Kagome, con lágrimas en los ojos –A papá le hubiera gustado mucho-

    Mientras las dos hermanas se abrazaban, Inuyasha entró al vestíbulo con una mujer regordeta, de aspecto maternal.

    -Kagome, te presento a Kaede, nuestra ama de llaves. Kaede, mi esposa Kagome y mi cuñada Sango-

    Kagome pensaba que las sorpresas habían terminado, pero una vez más, su esposo la asombraba. Apenas tuvo tiempo de volver a la realidad y estrechar la mano extendida de la empleada, cuando Kaede se puso de cuclillas frente a Kurumi, con su amable cara arrugada por las sonrisas.

    -Preciosa, pareces una pintura- le dijo, con amabilidad.

    -Es Kurumi, nuestra hija- la información de Inuyasha era firme y, cuando Kagome le dirigió una mirada de asombro, entrecerró los ojos con visible regocijo.

    -La niña se parece mucho a usted, señora Taisho. No así a su padre-

    -En lo absoluto- contestó Kagome con ironía.

    -¡Amén!- susurró Sango, y no obstante que la señora Kaede parecía un poco desconcertada. Inuyasha tenía una expresión de agrado.

    -¿Puedo ir a mi dormitorio nuevo?- preguntó Kurumi mientras Kaede iba a la cocina a preparar el té, y Sango avanzó unos pasos con su entusiasmo acostumbrado.

    -Yo también iré al mío, preciosa. Está junto al tuyo, pequeña. Ya están aquí todos tus juguetes. Quiero arreglar mi ropa-

    Mientras subían la escalera, Kagome desvió la mirada hacia Inuyasha y le sorprendió mirándola de frente, con la boca contraída por la ironía

    -¿Para que necesito un ama de llaves?- le preguntó con cierto desesperación
    -En mi vida he tenido una-

    -Te las arreglarás-le aseguró él –Te he visto salir airosa de la oficina llena de gente, incluyéndome a mí. Kaede parece ser muy dócil. Además, no estás aquí para convertirte en una esclava del hogar. Kurumi, Sango y yo te necesitamos. No queremos que trabajes demasiado. Eres la anfitriona, no la cocinera. Y además eres mi esposa-

    La decisión con que hablaba propició que Kagome sintiera un escalofrío, y cuando le informó a Inuyasha que iría a su habitación para cambiarse de ropa, él subió la escalera junto a ella; sin duda iba en la misma dirección. Kagome no había estado en la casa por varios días. Desocupar la cabaña y sacar varios objetos de la bodega absorbió casi todo su tiempo antes de la boda, e Inuyasha se había ofrecido a dar los últimos toques.

    -No se cual es mi dormitorio- reconoció ella, un poco nerviosa. De manera deliberada había dispuesto las habitaciones de Sango y Kurumi, mas aplazó sus propios planes, ya que le parecía incómodo discutirlo con Inuyasha. Ahora se sentía más avergonzada que nunca.

    -Estamos aquí-Kagome se paró en el umbral, negándose a entrar, como una adolescente inexperta, mas la mano de su esposo en la parte trasera de su espalda la empujó hacia la enorme habitación que daba hacia los jardines del frente.

    -No tengas miedo- le dijo con sequedad –Este es tu dormitorio. El mío está aquí- empujó las puertas de comunicación y Kagome echó un vistazo a la otra habitación, que daba hacia el frente.

    -Me aseguraste que tendría mi propio dormitorio- comentó, mas él se paró frente a ella mirándola como si fuese una niña incapaz de controlar la lengua.

    -Tienes propio dormitorio, Kagome. Este es. El mío está en la puerta contigua. ¿Quería que estuviera del otro lado de la casa y que durmiera en el armario de escobas? Estamos casados. Kaede te llamó hace unos minutos por tu nombre de casada. Estoy dispuesto a pasar por alto tus temores y preocupaciones, tu terror por los hombres, pero hasta cierto límite. No quiero parecer un idiota ni contrariar a Sango-

    -¿Sango?-

    -Tu hermana. Esa vivaz jovencita que está segura que nos amamos con locura. Pensar en su desilusión si te encontrara aquí completamente aislada. Si me viera desenredándome cada mañana del cuarto de cepillo y utensilios de limpieza, rompería a llorar-

    -¡Muy gracioso!- replicó Kagome, mordaz –Sango no se enterara. No vendrá a mi habitación-

    -Estás en un error. El pequeño círculo de la familia es muy estrecho para tener lugares inaccesibles. La única forma de que no entre es hacerle creer que esta también es mi habitación. De ahí mi decisión de estar en el cuarto contiguo. Se supone que nuestro arreglo es secreto, por lo que Sango no debe enterarse-

    -¡Desde luego que no lo sabrá!- Kagome fingió enfado para ocultar sus dudas.
    -Sin embargo, conozco a mi hermana, ¿Cuánto tiempo supones que le tomará descubrir que hay otra habitación… en la cual duermes tú?-

    -Creerá que es la forma en la que duermen los millonarios- contestó él afable
    -Quizá no lo descubra jamás. Existe la posibilidad de que cambiemos nuestros planes originales antes de que se entere, y los dos estaremos en la habitación contigua-

    -¡Me hiciste una promesa!-

    -¡Ah! ¡El regreso del terror! Te dije que jamás te obligaría a hacer algo que no quisieras-

    -Jamás sería capaz de…-

    La oración quedó sin concluir, pues los varoniles labios cubrieron los suyos al tiempo que la abrazaba con fuerza. Kagome luchó desesperadamente, a pesar de que su corazón latía con violencia. No por indignación, sino por celos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que Kikyo se había apretujado contra él, besándolo? El la abrazó con más fuerza, rodeándole los brazos; su mano se cerró de forma posesiva detrás de la cabeza de su esposa; sus labios no se separaron de los de ella, y Kagome dejó de luchar.

    Permitió que él diera pequeños besos a lo largo del cuello y la mandíbula, y cuando Inuyasha posó de nuevo sus labios sobre los de ella, Kagome entreabrió la boca para complacerlo.

    -¿De que no eres capaz Kagome?- preguntó él con aire de triunfo –Todo lo que tiene que hacer es dejar que se derrita el hielo-

    Ella parecía incapaz de hacer otra cosa que no fuera mirarlo a los ojos; un gemido escapó de sus labios entreabiertos cuando la varonil mano le acarició un seno con calidez y posesión.

    Un escalofrío dulce, doloroso y emocionante parecía recorrer todo el cuerpo de Kagome, y sus ojos se cerraron en legítima defensa, ya que no había otra manera de evadirlo… su cuerpo se negaba a moverse.
  7. Hola...!!
    Les voy a decir que el fanfic de el amor del pirata ya no lo voya continuar, por que es un plagio y me infraccionaron, así que ya no lo continuaré. Yo se que esperan que continue mis otros dos fanfics y tranquilas, por que si lo voy a continuar. ahora que ya no tengo nada que hacer en mi casa me pondré a escribir y a trabajar en ellos, así que no se preocupen.

    Chao
  8. Jajaja, primero me infraccionan por plagio, jajaja, y ahora no tengo nada que hacer... espero que ustedes si! jajaja, por cierto me estaba acordando de las muchas aventuras que tuvimos juntas amigas!! Extrañare correr tras la botella de coca y tambien bañarme en la azotea, con agua helada por cierto, y las idas a patinar!! Va a ser muy extraño sin ustedes!!

    Al que lo lea, disculpeme, es que ando un poco sensible por que mis amigas y yo nos nos vamos a separar!! TT Las voy a extrañar chavas!!
  9. Jaja, siento a los que estaban leyendo el amor del pirata, ya no lo continuaré por que me lo prohibieron... asi que solo estoy avisando, eso me pasa por no leer las indicaciones en el momento justo, aunque yo pense que en el blog podías poner lo que quisieras! aun así, estoy molesta... jejeje aunque no se por que. a lo mejor nunca me hab+ian cerrado algo, siempre soy muy apegada a las reglas, en fin, solo es un aviso y nos veremos pronto!!
  10. Se que los he llenado de excusas y pues que no me merezco que me animen, pero no tengo mucho tiempo... apenas y me alcanza la tarde con la escuela y mi mama me mete a un curso de ingles por las tardes, así que si me tardo en las contis, por favor disculpenme no es mi intención, ahora aclarado el asunto, me despido y nos vemos pronto!!

    Chao
  11. Bueno estoy comenzando una fanfic y los invito a leerlo se llama Refugio Peligroso.
  12. Primero que nada pues me alegra que algunos curiosos hayan vistos mi blog y pues gracias por sus comentarios, espero contar siempre con ustedes...

    Tambien les prometo continuar dos de mis fanfics que tengo pendientes, el otro ya no lo continuare disculpenme, solo continuare el de cruce de caminos y el de amor en custodia pues si todavia les interesan y si no es así haganmelo saber para que no me esfuerze de vicio..

    Nos vemos luego.

    Xao.
  13. Jajaja...hola...hoy ando de tan buen humor que les contare un chiste...
    Es un chiste de tacaños:
    Iba un señor con sus maletas...cuando de repente pide un taxi..
    _Disculpe cuanto me cobra por llevarme al aeropuerto??
    _30 pesos...señor
    _Y por las maletas??
    _Nada...las maletas las llevo gratis..
    _Entonces lleveme las maletas y yo me voy caminando.!!!