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    AMOR ENTRE INQUILINOS




    CAP 24: Marcada (lemon)




    Kagome no se quedó atrás, profundizó el beso y abrazó al chico por el cuello, haciéndole caer sobre ella en el pasto.

    Hacía tanto desde la última y primera vez que lo hizieron, que estaban frenéticos. Tenían que demostrar con hechos su amor o se volverían locos.

    A pesar de la pasión que sentía, Inuyasha se contuvo un poco. No podían hacer el amor en la puerta de la cabaña de anciana, delante de todo aquel que diera un paseo por el pueblo o Dios no lo quisiera, de Miroku.

    Así que, con un poco de control, Inuyasha cargó a su amada de forma nupcial y se la llevó a un lugar donde no les molestasen.

    Fue un milagro que no se chocaran con algún árbol, ya que no paraban de besarse en todo el trayecto.

    El apasionado Hanyou la llevó hasta un gran árbol (ya saben kual, no xD), desde que llegaron a esa época, le intrigó mucho el gran roble. Se parecía enormemente al árbol sagrado del templo de Kagome. Siempre le gustó ese árbol, le daba una paz que sólo lo consegía estando al lado de su amada Kagome.

    No sabía porqué, pero le parecía que ese lugar sería perfecto para el acto de amor que iban a realizar.

    Cuando llegaron, ambos estaban desesperados. Ya no podían esperar más.

    Así que, sin soltar a Kagome, Inuyasha la apoyó contra el tronco, se puso entre sus piernas e intentó bajarse el pantalón.

    En mientras, Kagome lo besaba donde podía y le acariciaba, metiendo sus ansiosas manos por debajo de su haori. Cuando el chico se encorbó para sacarle las bragitas, Kagome vió sus lindas orejitas. No pudo resistirse y acarició una con su mano y se llevó la otra oreja a la boca para besarlo.

    Inuyasha no pudo tragarse el gemido, ya de por sí sus orejitas eran sensibles, pero en el estado en el que estaba, creyó que explotaría si no paraba.

    Actuando rápido, Inuyasha le sacó las bragitas y la alzó para que así le pudiera abrazar las caderas con sus torneadas piernas. Cuando estuvo en posición, le levantó la falda y la penetró.

    En ese momento, ambos gimieron al unísono. Que bien se sentían. Eran uno solo.

    Dejandose llevar, las acometidas fueron creciendo en intensidad y velocidad. No faltaría mucho para la culminación.

    Para que los ruidosos gemidos de su compañera no atreyeran a visitantes indeseados, Inuyasha los ahogó en un profundo beso que simulaba el acto que más abajo se llevaba a cabo.

    Unos minutos después, el clímax llegó de forma explosiva.

    Antes de perder el control, Inuyasha previamente, adormeció con la lengua la zona del cuello que se une al hombro. En el momento en que fue imposible aguantar más, la mordió.

    Al ser el mordisco hecho cuando la chica llegaba al orgasmo, no notó dolor, solo un pequeño pinchazo en el cuello. Estaba más atenta al increíble placer que su compañero le daba para notarlo.
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    Se fue acercando al rostro de su novio lentamente. Inclinándose hacia él puesto que estaba casi encima de él.


    Rozando sus labios, Kagome alzó la mano para posarla en su mejilla, se concentró en el labio inferior.

    Inuyasha estaba bien despierto, pero la dejó hacer. Le gustaba como besaba Kagome, o mejor dicho, cómo le besaba Kagome.

    Con la otra mano, Kagome fue acariciando el musculoso pecho de Inuyasha. Éste, no podía seguir haciendose el dormido, esas caricias le estaban volviendo loco. Gruñendo bajo, Inuyasha devoró la boca de Kagome sorprendiendola, ella creía que estaba dormido.

    Abrazándola por la cintura muy fuerte pero sin lastimarla, apretándola contra él.

    Soltando un suspiro, Inuyasha se puso encima de ella, dejándola de espaldas en la cama. Situándose entre sus piernas.

    Abandonó sus labios, viendo con arrogancia que estaban rojos e hinchados por sus besos apasionados. Fue bajando, dejando besos por su cuello, lamiendo y mordiendo dejando marcas rojas por sus continuos mordiscos y succiones. Mientras tanto, Kagome gemía su nombre. Le encantaba como Inuyasha besaba y mordía su cuello.

    Dejando atrás su cuello, sigió besando hasta llegar el valle de sus pechos. Primero daba pequeños besos, abanzando hasta su pezón pero sin tocarlo. Después con la mano izquierda, le daba masajes al otro pecho pero sin llegar a tocar el pezón endurecido.

    Kagome estaba desesperada. Arqueaba su espalda intentando que Inuyasha tocara sus pezones, pero lo único que conseguía era que él sonriera con picardía.

    Pero eso no era lo peor. Lo peor era que mientras él jugaba con sus pechos sin tocar la parte que ella más quería que tocara, Inuyasha movía sus caderas, simulando los movimientos del acto amatorio. Haciendo que sus sexos se rozen.

    Me esta volviendo loca, pensaba Kagome.

    Decidiendo que ya la había hecho esperar demasiado, Inuyasha tomó en su boca el pezón izquierdo. Primero le dió lametazos, después lo mordió suavemente y por último lo succionó. Haciendolo en el otro pecho, Inuyasha bajó su mano izquierda hasta el centro de su feminidad, descubriendo que ya estaba lista para recibirlo dentro.

    Al tiempo que Inuyasha hacía aquello, Kagome lanzó un mini grito. Estaba muy sensible por las continuas caricias y por su estado de deseo.

    Arodillandose entre sus piernas, Inuyasha tomó los muslos de Kagome entre sus manos, abriendo sus piernas. A continuación, fue metiendo la cabeza de su muy erecto miembro, para después de una embestida entrar por completo en ella.

    Los dos amantes lanzaron un gemido al sentirse otra vez de esa manera.

    Agarrando a Kagome por los muslos, Inuyasha fue entrando y saliendo. Embistiendo con más fuerza.

    Kagome gemía, se movía al mismo ritmo que las embestidas de Inuyasha. Cuanto más tiempo pasaba, más fuerte era la pasión y más salvaje era la entrega.

    Las manos de Kagome se levantaron para intentar tocar a su Inuyasha. Al ver que Kagome intentaba tocarlo, Inuyasha se inclinó, sin dejar de moverse, hasta tumbarse sobre ella, moviendo sus manos por la espalda de Kagome cojiendo sus glúteos para levantarla y así penetrarla mejor.

    Kagome hizo lo mismo, lo cojió por ese hemoso y bien formado trasero.

    Y así, ambos, moviendose a un ritmo casi animal llegaron hasta el clímax al mismo tiempo, gritando el nombre del otro al alcanzar el paraiso.

    Agotado, Inuyasha se dejó caer sobre Kagome, metiendo la cabeza en el hueco del cuello mientras ella lo abrazaba.

    Los dos respiraban agitadamente.
  3. [FONT=Times New Roman, serif]AMOR ENTRE INQUILINOS[/FONT]​




    [FONT=Times New Roman, serif]CAP 18: Una noche muy especial[/FONT]​



    [FONT=Times New Roman, serif]- Siento que no hayas podido conocer el templo, Inuyasha -dijo Kagome una vez que estuvieron en casa.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- No te preocupes, amor -dice sonriendo con ternura-. Ya lo conoceré otro día.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- La verdad que me dejaste impresionada -continuó Kagome cuando estuvieron en la habitación que compartían-. No tenía ni idea de que supieras artes marciales, y mucho menos, una espada.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- No me gusta que la gente sepa que me se defender. Así, tengo ventaja sobre mi oponente -dijo con una sonrisa arrogante.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome estaba conmocionada por lo que pasó en el templo, que no se dio cuenta de que ya era hora de dormir.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Pero Inuyasha si se dio cuenta. Con una de esas sonrisas que derriten a las mujeres, Inuyasha caminó muy seductoramente, como solo él sabía hacerlo, hacia Kagome. Ella al verlo caminar hacia ella así, se puso muy muy nerviosa y muy sonrojada.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Inu..nu..yas..sha -tartamudeó Kagome retrocediendo despacio-. ¿Qué...qué haces?[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha continuó acercándose, hasta que Kagome chocó contra la pared. Entonces su sonrisa se hizo más grande.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Sin decir nada, Inuyasha puso sus manos a cada lado de la cabeza de Kagome. No podría escapar de él. Después se fue acercando lentamente, viendo como las mejillas de ella se escandían furiosamente.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome solo podía ver como el rostro de Inuyasha se acercaba lentamente. Estaba un poco asustada. No sabía lo que quería hacer Inuyasha y no tenía escapatoria, ya que los poderosos brazos de su novio se lo impedían.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Lentamente, rozó sus labios con los de ella. Muy suavemente fue seduciéndola con sus labios. Lo único que se tocaban eran sus labios.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome fue respondiendo al tierno beso, tímidamente. Aún no se acostumbraba a los besos, pero seguramente Inuyasha haría algo al respecto, si no lo estaba haciendo ya.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]El beso se fue incrementando de intensidad. Pidiendo permiso, la lengua de Inuyasha fue entrando, saboreando.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]El ambiente se fue caldeando, solo se escuchaban suspiros por parte de Kagome y gemidos roncos de Inuyasha.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Abandonó sus dulces labios, para besar, lamer y morder el cuello de la mujer. Llevó sus manos a la cintura de su chica, mientras ella lo abrazaba por el cuello.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Continuó con su recorrido, bajando hasta la parte superior del pecho derecho. Kagome sintió como las piernas le fallaban. Se apretó aún más contra él, para no caerse.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha la agarró fuerte, llevándola hasta la cama. La bajó con suavidad en la cama. Kagome no podía pensar, estaba muy ocupada disfrutando de los besos que le daba Inuyasha y de sus caricias.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Acostándose de lado, Inuyasha puso sus manos debajo de la camiseta de Kagome, acariciando tiernamente su piel tersa y suave.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome gimió, se sentía tan bien. No quería que parara nunca.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]-Kagome -dijo con voz ronca Inuyasha-. Mírame, amor.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]A Kagome le gustó mucho como decía Inuyasha su nombre.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Amor -la llamó, alzando su mano derecha para ponerla en su mejilla y hacerla girar hasta que lo mirara.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Abriendo los ojos, Kagome observó cómo unos ojos dorados la miraban con amor y ternura, pero también con deseo.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Amor, ¿Estas segura? Si no estas preparada, lo mejor sería que paremos.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- De lo único que estoy segura es de que te amo. Y, ¿Quién mejor para entregarle mi virginidad que al hombre al que amo con locura? -dijo con una sonrisa muy cálida.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha estaba muy emocionado. Que te entregen la virginidad con esa ternura y ese amor, era lo más bonito y hermoso que le han dado alguna vez en su vida.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Con los ojos brillantes por la emoción, Inuyasha bajó su rostro y la besó con ternura.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Con suavidad, le fue quitando la camiseta lanzándola al suelo. Kagome no se quedó atrás, desabotonó su camisa e hizo lo mismo que él, lo lanzó lejos.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Cuando lo vió sin camisa, casi le da un ataque cardíaco. Era increíblemente impresionante. Y eso que en su vida ha visto muchos tórax. Hoy en día, se ven hombres así en todos lados. Sobre todo si el novio de tu mejor amiga es un pervertido total, y lleva coleccionando porno desde los 10 años. Mira que hay que ser pervertido. Sango y ella se pusieron a ver uno que tenía un título muy raro: “Garganta profunda”. Desde ese día ya no fue la misma. Siempre se preguntaba: “¿Cómo no se ahoga con ESO en la garganta? o ¿Cómo puede caber una cosa tan grande en un agujero tan pequeño?. Así que, desde que vió la película, el sexo ya no era un misterio. Sabía todo lo relacionado al sexo por libros explicativos, pero le faltaba la teoría práctica.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Saliendo de sus pensamientos, Kagome dejó de abrazar a Inuyasha y empezó a pasar sus manos por su musculoso pecho, oyendo los suspiros de Inuyasha y el gemido que dejó escapar cuando pasó por encima de uno de sus pezones masculinos. A partir de ese momento, Kagome descubrió el poder que tenía sobre él.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha paseó sus manos por las caderas de la chica, topándose con la falda de esta. Se levantó para sacárselo, junto con las botas.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome lanzó un gemido de protesta cuando Inuyasha dejó de besarle el cuello.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Dejando caer la falda y las botas a un lado, Inuyasha también se quitó sus pantalones y los bóxer.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Volviendo a su lado, Inuyasha se puso encima de ella y empezó a besarla con pasión.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome estaba loca de deseo. Estaba ardiendo y necesitaba que Inuyasha fuera parte de ella, que fueran uno. Y lo necesitaba ya.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha la apretó contra su cuerpo desnudo. La dura, agresiva erección quemando a través de sus bragas, y ella dejó escapar un pequeño jadeo.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]-¿Tienes miedo? -susurró.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Ella giró la cara en su cuello, respirando el aroma de su cálida piel, sus manos acariciando la densa y fría seda de su cabello.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]-Oh, no -jadeó-. No te detengas, Inuyasha. Quiero ser tuya. Quiero sentirte dentro de mí.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Él la sentó en la cama, y le quitó las ropas lentamente, besando cada milímetro de su piel mientras la destapaba, hasta que ella yació desnuda y abierta ante él. Murmurándole su amor, acarició sus pechos con la boca, lamiendo y provocando hasta que sus pezones formaron brotes rosados y tirantes. Kagome se arqueó en ardiente respuesta, urgiéndole a tomarla, hasta que él se apartó con una risa jadeante.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- No tan deprisa -dijo, su mano descendiendo por su estomago, con circulares caricias tranquilizadoras-. No estás lista para mí todavía.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Lo estoy -insistió, su cuerpo dolorido y febril, su corazón latiendo violentamente.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Él sonrió y la giró sobre el estomago, y ella gimió cuando sintió su boca descendiendo por su espina dorsal, besando y mordisqueando. Los dientes pellizcando sus nalgas antes de viajar a los frágiles pliegues de la parte de atrás de las rodillas.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Inuyasha -gimió, retorciéndose en el tormento-. Por favor, no me hagas esperar.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Él la dio vuelta una vez más, y su malvada boca vagó por el interior de su muslo, más arriba y más arriba, y sus fuertes manos cuidadosamente incitándola a apartar los muslos. Kagome lloriqueó al sentirle lamer la suave y húmeda hendidura entre sus piernas. Otra caricia más profunda de su lengua, y otra, y después él encontró el terriblemente tierno brote y succionó, su lengua lamiendo, hasta que ella se estremeció y chilló, sus gritos de éxtasis amortiguados por los dobleces del cubrecama.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha besó sus labios y se asentó entre sus muslos. Gimió animándolo cuando sintió la cabeza de su sexo abriéndose paso contra el centro resbaladizo de su sexo. Él empujó con cuidado, llenándola... dudando cuando ella jadeó incomoda.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- No -dijo ella, aferrándose con frenesí a sus caderas-, no te pares... te necesito... por favor, Inuyasha...[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Él gimió y empujó hacia delante, enterrándose completamente, rompiendo la barrera de su virginidad, mientras la carne de ella latía dulcemente a su alrededor.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome gimió de dolor. Inuyasha se quedó quieto hasta que ella se acostumbrara a tenerlo dentro de ella.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Con lágrimas en los ojos, Kagome miró a Inuyasha, que estaba muy pendiente de ella. Vio como los ojos de Inuyasha se llenaban de preocupación al ver las lágrimas correr por sus mejillas. Preocupación y amor. Dejó de estar tensa y el dolor se fue yendo. Aún le dolía, pero ya no tanto. Con una sonrisa, Kagome le dijo que continuara.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha estaba un poco tenso. No le gustaba ver a su Kagome sufrir, pero esta era la única vez que le dolería.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Cariño -susurró, respirando con dificultad, mientras las caderas seguían adelantándose con lentos embates. Su cara estaba mojada, bañada de sudor y calor, sus largas y oscuras pestañas cubiertas de humedad. Kagome se paralizó ante la visión de él; era un hombre tan hermoso... y era suyo. Él la invadió con un ritmo paciente y lento, sus músculos rígidos, sus antebrazos apoyados a ambos lados de su cabeza. Retorciéndose de placer, lazó los muslos para tomarle más profundamente. La boca de él atrapó la suya con avidez, mientras la exploraba a conciencia con su lengua.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Te amo -susurró ella entre besos, sus húmedos labios moviéndose contra los de él-. Te amo, Inuyasha te amo...[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Las palabras parecieron romper su autocontrol, y sus embates se hicieron más fuertes, más profundos, hasta que se enterró en su interior y se estremeció violentamente, entregado a la pasión, su respiración deteniéndose en una bruma de agonizante placer.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Largos, perezosos minutos después, mientras continuaban enredados juntos, los latidos de sus corazones volviendo a un ritmo normal, Kagome besó el hombro de Inuyasha.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- ¿Estás bien? -con la cara enterrada en la garganta de ella, las palabras salieron amortiguadas.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Mmmm -fue lo único que pudo res­ponder mientras esperaba que el mundo se asentara.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Lo siento. He sido rudo.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- No -posó una mano en su mejilla-. Fuiste... asombroso.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha sonrió orgulloso.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Pues tengo que admitir que ha sido mi primera vez.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome abrió los ojos a más no poder. ¿Inuyasha era virgen?, pensó Kagome asombrada.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Pe...pero, ¿Como es posible? -exclamó Kagome, apoyándose en sus codos, para verlo mejor-. Has tenido muchas novias, no? Eres el chico más apuesto que he conocido. ¿Cómo es posible?[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha sonrió, se acostó de lado, mirándola y dijo:[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Como tú, me estaba reservando para la persona que amaba.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome estaba a punto de llorar. Los dos se habían entregado, en cuerpo y alma.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha se asustó cuando vió como Kagome hacía intentos vanos por no llorar.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Amor, ¿Porqué lloras? -preguntó al tiempo que hacía que ella se acostar en su pecho, abrazándola con ternura.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Es que estoy feliz, muy feliz. Estoy feliz de haberte conocido, de haberme enamorado de ti y sobre todo de habernos amado. De habernos entregado en cuerpo y alma.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Inuyasha solo sonrió y la abrazó con fuerza, pero sin dañarla.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Yo también estoy feliz de que te hayas entregado a mí como yo a ti. De saber que ningún otro a besado antes tu cuerpo, de que soy el primero y el último en tu vida y de ahora te digo que eres mía, mía, mía -dijo posesivamente.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Kagome sonrió entre las lágrimas.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Entonces ¿Eso quiere decir que tú eres mío? -preguntó alzando el rostro para verlo.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]- Yo fui tuyo desde que te vi por primera vez -dijo con voz tierna.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Sonriendo, Kagome se abalanzó a besar sus labios con pasión.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Y así pasó la noche, entre suspiros, gemidos, besos, abrazos y palabras de amor.[/FONT]​

    [FONT=Times New Roman, serif]Una noche especial que ninguno de los dos quería que terminara nunca.[/FONT]​

    CONTINUARA.............

    espero q me dejeis posts n.n
    este a sido el primer lemon q escribo u.u espero q os aya gustado y si tengo alguna falla en la narracion o algo me lo decis, vale? ;)
  4. jejeje creo q no me presentado jejeje, bueno, yo me llamo Carmen(vaya descubrimientoxD)y soy ESPAÑOLA!!!!!!!!! (jeje esq soy muy patriotista jejeje)

    Bueno, vivo en el Puerto de Santa Maria(Cádiz) para los q no lo situen esta en Andalucía jejeje.

    Mi ciudad esta en la bahía y tiene muchas playas jejeje, esta situada en "la costa de la luz"(asi se llama a la bahía de Cádiz, mientras q en Málaga se le llama" la costa del sol ")

    Siempre tiene un clima templado y casi nunca llueve(ToT)

    Bueno, ahora hablare de mi(xD)

    Soy de estatura mediana, tengo el pelo largo (hasta la mitad de la espalda) de color entre castaño y rubio(la verdad no lo se xD, a veces soy rubia y otras soy castaña, jejeje), los ojos los tengo de un color entre verde y chocolate(jeje me pasa igual q kon el pelo, q extraña soyxD)

    Tengo 18 añitos recién cumplidos y la verdad no los aparento(a veces creen q tengo 15 años:P pero eso me ayudara cuando tenga 50 años y aparente menos xD)

    Tengo 2 hermanos(ay!!!!! no bastaba kon uno??????!!!!!!), se llaman Jose Maria y Francisco

    Mi madre se llama Victoria y mi padre se llamaba Jose Maria:llorar:

    Mis colores preferidos es el verde, el rojo y el azul

    Me gusta muxo la musica rock, reggeaton, y sobre todo la musica pop^^

    Mis artistas preferidos son: Red Hot Chili Peppers, David Bisbal(xD), Alejandro Sanz... entre otros(esq si os lo pongo todos no acabaria ni en mil añosxD)

    Tambien me gusta muxo ver anime y dibujarlo:)(Sakura cazadora de cartas, Akira, Evangelio, Jester(jeje me rio muxo kon este anime jeje es muy gracioso), Yucie, Bola de dragon(no voy a decir ahora todas las sagas jeje), Orphen, Kenshin...
    pero sobre todo.......Me gusta muxo Inuyasha !!!!!!!!!! x supuesto jejeje

    Tambien me gustan todos los animales(menos las tortugas:( me dan repelus jeje)

    Me gusta muxo cantar(la verdad canto muy bien, o eso es lo q me dicen:)), y soy toda una artista dibujando:D, dibujo de todoxD y se me dan muy bien los idiomas jeje.

    Me gusta muxo el Futbol, el Tenis, la Formula 1 y sobre todo EL MOTOCICLISMO o lo q es lo mismo MOTO GP

    Mis deportista favoritos son: Fernando Alonso, Raúl González(del Real Madrid, esq soy del Madrid ^^), Joaquin(del Betis, esq es del puerto y ademas es amigo de mis hermanos^^), Rafa Nadal, ect..... pero sobre todo mi deportista preferido es y sera mi querido DANI PEDROSA!!!!!!!!

    Bueno creo q e lo puesto(xD)
    Os mando muxossssssssssss besos

    carmen_miko

    PD: ya sabia yo q se olvidaba algo jeje(vaya cabeza tengo, creo q es verdad eso q dicen q kon la edad uno pierde facultadesxD)
    No os he dicho como me llamo de verdad(el nombre entero, claro¬.¬)

    Bueno me llamo: María del Carmen López Villegas (jeje ya se q tengo un nombre muy largo jeje, pero podeis llamarme Carmen, Carmenchu, Carmenzuela, Mari(como me llama mi madre¬.¬), Pitufina(jejeje como me llama una amiga :D xq me gusta tan el axul q tengo mi cuarto en azul, mi ropa....pero tambien tengo ropa de otros colores¬.¬ y xq me gusta muxo Dani Pedrosa jeje)

    Bueno a lo q iba q se me va la olla¬.¬, podeis llamarme como querais(siempre y cuando no sea un insulto¬.¬, jeje no creo q seais tan malos jejeje)
    me despido otra vez^^
  5. Cuando llegó al sitio donde estaban sus hombres, se encontraba ya de mejor humor. Éstos habían montado una tienda de tamaño suficiente para tres personas corpulentas y la habían cubierto con gruesas pieles que les había regalado gente amiga, mientras él buscaba a Kagome. La tienda había sido estratégicamente situada en el extremo más alejado del campamento, con la entrada hacia el bosque, para que su esposa tuviera la intimidad necesaria cuando despertara.
    En un rincón de la tienda estaban los efectos que Kagome había dejado en el arroyo. Inuyasha agregó los zapatos y los calcetines.

    Kagome dormía tan profundamente que ni se movió mientras él la desnudaba. Demasiado tarde advirtió Inuyasha que debería haber dejado que lo hiciera ella misma. Apenas desató el lazo que sujetaba su corpiño, la tela cayó a los lados, descubriendo buena parte de sus grandes pechos. Le resultó imposible mostrarse indiferente ante ellos. En el momento mismo de despertar, aquella mañana, había vuelto a desearla; ahora, el deseo le invadió. Luchó consigo mismo un buen rato; sin embargo, en la mitad de la noche, mientras la tormenta retumbaba afuera, ella gimió en sueños, se volvió y se echó encima de él. Inuyasha supo entonces que la guerra no había terminado. Ella no podía ser prudente ni aun dormida.

    Su mano fue hasta los muslos de ella, y cuando ya estaba separándolos con la idea de penetrarla sin más, se dio cuenta de que aquello no podía ser y se detuvo.
    La sacudió para despertarla, tratando de quitársela de encima antes de lastimarla. Kagome se sentó a su lado, evidentemente desorientada y sorprendida por el ruido que hacía la lluvia sobre las pieles, y susurró su nombre.

    —Todo va bien, Kagome. Vuelve a dormirte —le dijo, con cierto enfado.

    Lo lamentó enseguida, porque, maldita sea, acababa de darse cuenta de que no tenía ninguna disciplina. Ella no ayudaba mucho, es cierto. Su camisa se había deslizado por uno de los hombros y, que Dios se apiadara de él, tuvo que apelar a toda su fuerza de voluntad para no arrancársela violentamente. Cada vez que un relámpago desgarraba el cielo, la luz que se filtraba por la abertura de la tienda marcaba el contorno de su bello cuerpo.

    Medio sentada como estaba, ella volvió a dormirse. Si no la hubiera estado mirando, no habría creído posible que alguien pudiera dormirse con tanta rapidez.

    —Échate —ordenó, dándole un suave empujón.

    Tenía que haber especificado más, pensó al momento, cuando ella volvió a echarse encima de él, golpeando su pecho con tanta fuerza que pensó que se había desmayado.

    —Apártate.

    Su voz ronca la despertó.

    —No —susurró.

    —¿No?

    —No, gracias —corrigió—. Tengo frío. ¿No deberías intentar hacer algo?

    Dios mío, incluso medio dormida seguía diciéndole lo que debía hacer.

    —¿Qué quieres que haga?

    —Abrázame.

    Inuyasha sintió su temblor e inmediatamente hizo lo que ella le pedía.

    —¿Te he despertado, Inuyasha?

    —No

    —¿Tienes frío?

    —No.

    Ella comenzó a acariciarle el pecho, esperando que la suave caricia lo calmara. Tal vez así le dijera por qué estaba tan quisquilloso.

    —¿Qué haces?

    —Quiero tranquilizarte.

    Debía de estar burlándose de él. ¿Tranquilizarlo? Poco a poco iba consiguiendo que él perdiera completamente la cabeza, y él estaba casi seguro de que ella lo hacía a propósito.

    —Deja de provocarme.

    —¿Qué pasa? Eres huraño como un oso.

    El no intentó señalar lo ridículo de su comparación, y en cambio trató de hacerle comprender lo que le sucedía.

    —Quiero volver a estar dentro de ti. ¿Entiendes ahora por qué demonios debes apartarte de encima mío?

    Ella no se movió.

    —¿Puedo opinar yo a ese respecto?

    —Sí.

    —¿Quieres decir que si te dijera que no, respetarías mis deseos?

    ¿No acababa él de decir que eso era lo que haría?

    —Si me dices que no, no te tocaré.

    Ella empezó a tamborilear los dedos sobre su pecho. De inmediato Inuyasha los cubrió con su mano, para obligarla a detenerse.

    —Debes aprender a ser prudente, Kagome.

    Ella no hizo caso a su recomendación.

    —En Inglaterra, las esposas no pueden negarse al deseo de sus esposos. Me lo dijo mi madre.

    —Algunos hombres piensan como yo.

    Estaba sorprendida. Súbitamente, sintió que él le había otorgado el maravilloso don del dominio de su propio cuerpo, y enseguida quiso más.

    —Con respecto a otras cuestiones, ¿puedo entonces yo... ?

    —No.

    —¿Por qué no?

    —No puedes negarte a obedecer una orden dada por tu señor.

    Eso era exactamente lo que ella había hecho en más de una ocasión, y no había sufrido ninguna consecuencia desagradable por negarse a obedecer las órdenes de su señor, pero fue lo suficientemente inteligente para no recordárselo. Sin embargo, no pudo evitar intentar corregir el defectuoso razonamiento de Inuyasha.

    —No me he casado con un señor. Me he casado con un hombre.

    —Es lo mismo.

    No, no era lo mismo, en absoluto. Bueno, ya sabía qué se esperaba de ella cuando estaban con otra gente, pero cuando se encontraban a solas, él era simplemente su marido. No creyó que fuera una buena idea seguir cuestionando sus convicciones en aquel momento, y decidió esperar hasta que él se encontrara de mejor humor.

    —Si te dijera que sí, que me gustaría que volvieras a tocarme, ¿todo terminaría de la misma manera? ¿Te apartarías de mí sin decir una palabra ?

    —Por supuesto —replicó él.

    —Entonces ni hablar.

    Él quedó aturdido por su negativa, sin atinar a descubrir por qué razón su elogio le había sentado tan mal.
    Ella se apartó de él, cerró los ojos y rezó una plegaria, rogando paciencia.

    Inuyasha se puso encima de ella, cuidando de sostener su peso sobre sus brazos, luego la miró fijamente.

    —Te dije que no estaba decepcionado.

    —Sin embargo, estabas enfadado, ¿no es verdad?

    Sí, se había enfadado, aunque no con ella. Su furia se había dirigido contra sí mismo y, bien pensado, era un enfado útil, ya que lo protegía contra su propia vulnerabilidad. Ella había osado tocar su corazón, y por Dios que aún no sabía cómo le había permitido que lo hiciera. Maldita sea, ella ni siquiera le gustaba.

    Inuyasha no perdió el tiempo reconociendo su propia mentira; dejó escapar un gruñido de frustración. Entonces, decidió que, en vista de que ya no era posible deshacer lo que estaba hecho, en tanto fuera él quien estuviera al mando de la situación en el futuro, se daría por satisfecho.

    —¿Piensas contestarme alguna vez ?

    Inuyasha se recostó, comenzó a acariciarle el lóbulo de la oreja y se sintió arrogantemente complacido por la respuesta de Kagome a esa caricia.

    —No recuerdo la pregunta —dijo.

    Kagome no podía creer que él tratara sus preocupaciones con tanta ligereza. Repitió la pregunta, agregando un suave codazo para atraer su atención.

    —No estaba enfadado contigo.

    Estaba claro que ella no le creía. Sin duda su esposa necesitaba más elogios por su forma de actuar, supuso. No estaba seguro de lo que debía decir para hacerla feliz. Él había quedado satisfecho. y muy complacido, tuvo que admitir. Con toda seguridad, ella tenía que haberse dado cuenta de que él no se habría apartado nunca hasta que ambos alcanzaran satisfacción. No obstante, no estaba acostumbrado a explicar nada a nadie, y quizá fuera ésa la razón de que no supiera hacerlo, razonó. Sin embargo, era necesario que dijera algo en aquel momento, de manera que intentó resumir sus sensaciones en una sola palabra que la convenciera totalmente que había demostrado ser satisfactoria.

    —Agotado.

    —¿Cómo dices?

    —Que quedé agotado.

    Como estaban muy juntos, él había sido considerado y había hablado en voz baja. Su esposa no tuvo tanta consideración. Gritó su desagrado en la oreja de Inuyasha.

    —¡Eres el hombre más testarudo, insensible y bárbaro...!

    Él le tapó la boca con la mano antes de que pudiera terminar su diatriba. Kagome habría podido soltar cien epítetos más si él hubiera guardado silencio; pero de pronto Inuyasha interrumpió su concentración haciendo la más sorprendente de las preguntas y ella se vio obligada a pensar una respuesta que humillara su orgullo al menos durante un mes.

    —¿Quieres que te haga el amor otra vez? —preguntó Inuyasha, quitándole la mano de la boca.

    —Cuando el infierno se congele. —Kagome no gritaba ya, pero su tono era aún muy alto, de modo que podía llegar a los oídos de sus hombres.

    —No vuelvas a gritarme. ¿Comprendido?

    —Sí —respondió ella.

    —Mi oído ya no volverá a ser el mismo.

    —Lo siento. Lo que dijiste me sorprendió tanto que yo... ¿Agotado, Inuyasha? ¿Es así como pretendes darme confianza?

    —Era un cumplido. Es evidente que he quedado satisfecho contigo, de otro modo no habría quedado agotado. Soy hombre de pocas palabras, Kagome.

    —Ya me he dado cuenta.

    Él se concentró en el gratificante placer de besarla.

    —No suelo sentirme insegura —susurró ella—. Pero para mí era la primera vez.

    —Ya lo he notado.

    Él la besó a lo largo del cuello.

    —¿Por qué haces eso?

    —Me gusta tu sabor.

    Kagome se movió, para permitirle acceder a su hombro.

    —¿Qué sabor tengo?

    —A miel.

    Inuyasha pudo oír el suspiro de Brenna en la oscuridad. Habría sido fácil para él tomarla por sorpresa, pero jamás haría una cosa tan poco honorable. Kagome debía darle su permiso, y si no lo hacía pronto, tendría que apartarse de ella mientras aún pudiera controlarse un poco.

    —¿Sabes en qué pienso?

    —No, pero vas a decírmelo, ¿no?

    —No quiero que tú… bueno, no importa. Quiero decir que… —No pudo continuar, porque Inuyasha había llegado hasta el valle entre sus pechos, distrayéndola por completo.

    —Eres suave por todas partes. Haces que arda en deseos de poseerte.

    Ella pensó que sus palabras eran maravillosamente románticas. Para ser un hombre de pocas palabras, se las arreglaba muy bien para expresar lo que ella ansiaba escuchar.

    —¿Hay algo en mí que no te agrade? —preguntó.

    —Bueno, sí —susurró él—. Hablas demasiado.

    —Me haces perder la cabeza con tus floridas palabras, esposo mío. Hazme el amor, ahora.

    —Te haré daño.

    Sin embargo, no parecía estar demasiado preocupado por su malestar, ya que le había bajado la camisa hasta las caderas. Se detuvo un instante para besar sus rodillas antes de terminar de desnudarla.

    Las manos de Inuyasha parecían estar en todas partes a la vez. Acariciaba sus piernas, sus muslos, sus caderas, sus pechos. Eran caricias enloquecedoras, que hicieron que anhelara más. Quiso acariciarlo con la misma consideración que él tenía con ella, y estaba a punto de pedirle que la soltara cuando se le quedó la mente en blanco al inclinarse él y besarle los senos. La lengua de Inuyasha se detuvo en un pezón, y Kagome sintió que podía morir con aquel exquisito tormento, y entonces él comenzó a succionar. Kagome apretó muy fuerte los ojos y de sus labios salió un sonido parecido a un gemido.

    Su vientre era igualmente sensible a las caricias; Inuyasha no se detuvo con sus enloquecedores besos. Ella no imaginaba qué sucedería después, hasta que lo sintió en el pubis. Apretó los muslos intentando evitar que llegara más lejos. Él los separó a la fuerza e hizo lo que quería hacer, entonces ella se sintió transportada por el torbellino de éxtasis que provocaba esa lengua mientras la exploraba; ya no era capaz de mostrar sorpresa alguna.

    Inuyasha le hizo el amor de maneras que nunca, nunca había imaginado. Kagome no podía parar de arquearse contra él. Levantó las rodillas y gritó al sentir la tensión que crecía en ella.

    Inuyasha no pudo esperar más para penetrarla. Se arrodilló entre sus piernas, alzó sus caderas y entró en ella con una única y poderosa embestida. Tenía la intención de ser tierno con ella pero, maldita sea, el dominio de sí mismo lo había abandonado una vez más y ya no le fueposible recuperarlo. Deseaba que aquello durara toda la noche. Tampoco ella le permitió moderar su urgencia. Lo animó a continuar con dulces gritos y besos apasionados. Inuyasha ya no sabía si lo que provocaba en ella era dolor o placer. El orgasmo de Kagome desencadenó el suyo, y una vez que él hubo derramado su semen, las fuerzas lo abandonaron y se desplomó sobre ella.

    Kagome se encontraba en las mismas condiciones. Su respiración era agitada, el corazón le retumbaba dentro del pecho y temblaba descontroladamente. Necesitó varios minutos para recuperar su respiración normal y volver a pensar, pero entonces casi deseó no haberlo conseguido. Pensar implicaba preocuparse, y, santo Dios, ¿cómo podría volver a mirarle a la cara después de haberle rogado que siguiera haciéndole el amor?

    Había actuado como un animal en celo. De pronto ansió una palabra que la tranquilizara, antes de que su confusión se convirtiera en vergüenza. No pensaba rogarle ni exigirle que la convenciera de que lo que acababan de hacer estaba bien, tampoco quería que él supiera que se sentía confundida. Él podía decir algo para tranquilizarla, cosas que no creyera en realidad. No, debía tomarlo por sorpresa, decidió, sorprenderlo con la guardia baja.

    —¿Inuyasha? —preguntó con voz temblorosa—. Entonces, ¿estás muerto?

    Sintió que él sonreía con la boca pegada a su cuello.

    —No.

    —¿Crees que me has hecho daño?

    Ella misma se sorprendió de haber hecho una pregunta tan estúpida. Lo que quería decirle, precisamente, era que no le había hecho ningún daño.

    El pensó que ella aún no se había recuperado del reciente momento de amor. Su orgullo se sintió plenamente satisfecho, naturalmente; después de todo él era el responsable de su estado.

    El calor del cuerpo de Inuyasha le estaba causando somnolencia. No quería quedarse dormida antes de calmar su desconcierto; sólo iba a cerrar brevemente los ojos para poder concentrarse.

    —¿Sabes qué es lo que acaba de ocurrir? —preguntó él.

    Ella sonrió, sabiendo que con toda seguridad él le iba a ofrecer la tranquilidad que necesitaba. Tenía que haber imaginado lo que le esperaba.

    —El infierno acaba de congelarse.





    espero q os guste^^xD
  6. 5



    —Aquí está bien —aseguró ella.

    El apartado sitio que ella había elegido era un Iugar llano y estrecho, entre dos pinos. Apenas habla lugar suficiente para darse la vuelta. A Kagome pareció gustarle, sin embargo, e Inuyasha permitió que ella se saliera con la suya aquella vez, que iba a ser la última, se dijo. De pie detrás de ella, se quitó las botas, mientras procuraba no perder el control.

    Kagome desplegó la manta sobre la hierba y, a pesar de que él supuso que se demoraría eternamente en la tarea, le sorprendió realizándola con gran rapidez.
    Cuando terminó, se quitó las zapatillas y se enderezó, mirándolo cara a cara. Se acercó un poco más, hasta que las puntas de sus pies rozaron los de él, conteniendo el aliento, a la espera de que la tocara.

    Él no se movió. Entre ambos aumentaba la tensión, y la ansiedad de ella crecía mientras contemplaba los ojos oscuros e inescrutables de Inuyasha, buscando la primera señal de disgusto. Señor, no pudo quedarse en silencio mucho tiempo.

    —Había pensado en dejarme las ropas puestas.

    Él negó sacudiendo lentamente la cabeza.

    —Pero después pensé que era mejor que me las quitara —se apresuró a decir en un susurro.

    Pero él continuó esperando. Kagome se dijo que, ya que había tomado una decisión, le correspondía a ella mantener su palabra. Sus manos temblaban al quitarse el cinturón. El tartán de lana con el que él la había abrigado se deslizó de su cuerpo hasta caer al suelo.

    Pensó en moverse hacia donde había estado antes de quitarse la túnica, allí donde las ramas de los árboles impedían que llegara la luz de la luna, y así ocultar su desnudez, pero luego decidió dejar de portarse como una cobarde.

    ¿Debía decir a Inuyasha que estaba desnuda debajo de su camisón? No, se dijo, ya lo descubriría él mismo, y muy pronto. Su corazón seguía latiendo locamente, pero la ansiedad había disminuido —porque él no la atacaba, pensó—; supo que Inuyasha no le haría daño adrede. No podía comprender por qué tenía esa sensación, pero así era, y sus manos dejaron de temblar un poco.

    Sintió que lo que le sucedía estaba exclusivamente en sus manos, y eso modificó toda la situación.

    Miró a Inuyasha seriamente, mientras reunía coraje y se quitaba lentamente el camisón. En ningún momento apartó su mirada de la de él, siempre buscando una señal de descontento a causa de la terrible imperfección de su cuerpo. Tenía plena conciencia de sus defectos. Sus pechos eran demasiado grandes, las caderas demasiado estrechas y las piernas demasiado largas en relación al resto de su cuerpo. Sabía que él lo notaría, y si le veía fruncir el entrecejo por el disgusto, cerraría los ojos y se moriría de vergüenza.

    Inuyasha se quedó contemplándola largamente. Su mirada se detuvo en los labios entreabiertos de la joven, sus pechos plenos, la estrechez de su cintura, los rizos azabaches que cubrían su virginidad, sus largas piernas; mientras lo hacía, hasta se olvidó de respirar. Dios santo, no había esperado tal belleza. Estaba absolutamente encandilado, porque no imaginaba que fuera posible que existiera una mujer semejante, y de no haber sido un hombre práctico como era, habría pensado que ella no era una inglesa, sino una diosa enviada por la providencia como recompensa por la venganza que había procurado realizar en el sagrado nombre de su padre.

    Ardía en deseos de tomarla en sus brazos y penetrarla profundamente. Sin embargo, no cedió a las demandas de su cuerpo; permaneció donde estaba, dejando que ella tomara la iniciativa. Por alguna razon que no comprendía, a ella se le había metido entre ceja y ceja ser la que tomara las decisiones esa noche.

    Había llegado a esa sorprendente conclusión cuando había vacilado al responderle si debía quItarse la ropa o no, y ella había procedido de inmediato. Había sacudido la cabeza para indicarle que a él no le importaba qué decisión iba a tomar ella con respecto a sus ropas, pero antes de poder explicarle qué era exactamente lo que quería que hiciera, Kagome cambió de opinión.

    Y así él consiguió exactamente lo que quería.

    El rubor que cubría el rostro de Kagome reflejaba su incomodidad. Trataba de parecer desafiante y no asustada, pero estaba preocupada. El podía verlo en sus ojos, en su postura rígida y en sus manos, que se abrían y cerraban a los costados. Ah, sí, era absolutamente perfecta.

    Ella debía creer que en aquel momento iba a agredirla, pero al ver que no se acercaba, comenzó a relajarse.
    ¿Por qué no se quitaba Inuyasha las ropas? El asunto le preocupó un buen rato antes de decidirse a ofrecerle su ayuda.

    —Había pensado que tú también podrías quitarte la ropa, pero me pareció que tal vez querrías que te ayudara. En Inglaterra, las esposas ayudan a sus esposos a desnudarse.

    Era obvio que se lo estaba inventando a medida que hablaba. Si ello contribuía a aliviar su temor, a él le parecía bien.

    —¿Quieres que te quite la ropa, Inuyasha?

    El pensó en responderle, pero inmediatamente supuso que lo que había funcionado bien una vez, volvería a hacerlo, de manera que se limitó a asentir con la cabeza.
    Ella volvió a respirar profundamente, sin duda preparándose para lo que creía que iba a encontrar, antes de reunir el coraje suficiente para cogerlo del cinturón. Las puntas de sus pies, ligeras como alas de mariposa, rozaron las de él, y cuando el nudo estuvo desatado y su tartán comenzó a caer al suelo, dio un rápido paso hacia atrás.

    El no llevaba ropa interior. Kagome lo advirtió de inmediato —que Dios la ayudara por haber sido tan tonta para mirar—, y concentró toda su atención en la barbilla de Inuyasha hasta volver a recuperar la calma. Sólo había echado un vistazo más abajo de la cintura antes de apartar la mirada. Sin embargo, aquello bastaba para que sintiera deseos de volver corriendo a Inglaterra.

    —Inuyasha, ¿estás seguro de que esto funcionará?

    La evidente confusión de su voz le hizo gracia. Dios, era muy inocente. Y joven.
    El la atrajo suavemente hacia sí y la estrechó contra su cuerpo. Apoyó su cabeza sobre la de ella.

    —Sí —prometió.

    Quedó un poco sorprendido al ver que podía hablar. El contacto con los tiernos pechos de Kagome contra su torso ocupaba toda su atención, y por Dios que comenzaba a creer que la intolerable espera había valido la pena.
    Ya no podía esperar más. Ni su cuerpo ni su mente permitirían que no satisficiera sus urgencias.

    Inuyasha había esperado volver a sorprenderse, y así fue, ya que cuando la convenció de que dejara de ocultar el rostro hundiéndolo en su cuello, y de que levantara la cabeza hacia él, ella dejó que la besara. Por supuesto, no sabía hacerlo. Mantenía los labios fuertemente apretados contra los de él, pero al sentir la suave presión que ejercía , Inuyasha comenzó a relajarse. Entonces, él le dijo lo que quería que hiciera. Ella no discutió, sólo le dirigió una mirada que indicaba claramente que, en su opinión, él estaba loco de remate si pretencía que ella hiciera algo semejante, pero él volvió a repetir su petición y finalmente Kagome abrió la boca.

    Entonces pudo besarla como él había soñado desde que la viera por primera vez. Movió la lengua dentro de la suave calidez de la boca de la joven, para acariciarla y explorar. Era mucho, mucho mejor de lo que había imaginado. Dios, cómo le gustó besarla de esa manera.

    A ella también le gustó. Pasó sus brazos en torno al cuello de Inuyasha y comenzó a acariciarlo, primero tímidamente, luego cada vez con mayor audacia, hasta que pareció estar tan ansiosa como él por seguir experimentando ese erótico placer.
    Finalmente, comenzó a gemir suavemente y a frotarse, impaciente, contra el cuerpo de él.

    Para Inuyasha aquello fue la perdición. Quiso tomarla allí mismo, en ese instante, y tuvo que contenerse con todas sus fuerzas para poder controlar su respuesta. La asustaría mortalmente si la penetraba sin más, y le haría un daño innecesario, porque ella aún no estaba lista para recibirlo. Ya haría que lo estuviera, se prometió, aunque la agonía de demorar el momento acabara con él.

    Comenzó a actuar con deliberada lentitud. Continuó con el tierno acoso a los sentidos de Kagome, decidido a hacer que le resultara imposible pensar en lo que iba a pasar a continuación. Sólo cuando cediera a las exigencias que comenzaban a surgir en su propio cuerpo estaría preparada para dar la bienvenida a su intrusión sin demasiados problemas. Trató de abrumarla, de inundar sus sentidos con sus caricias, hasta que propia desesperación por estar dentro de ella arrasó toda consideración. Su control se esfumó con cada beso compartido y cada gemido que ella emitía.

    Había llegado a un estado de febril enajenación. No le dio tiempo a protestar, la mantuvo ocupada con sus besos mientras la alzaba en sus brazos y se encaminaba hacia la manta. Trató de ser dulce con ella, o al menos creyó serIo, e incluso recordó sostener su propio peso apoyándose sobre los brazos, para no aplastarla cuando la cubriera con su cuerpo. Cuando lo hizo, lo asaltó su perfume y ¡por Dios, qué bien olía y qué bien se sentía con ella en sus brazos! Hundió el rostro en el cuello de Kagome, inhalando su maravilloso aroma, y dejó escapar un ronco gemido de éxtasis.

    Ella estaba conmocionada por lo que le estaba ocurriendo. Había supuesto que para entonces ya todo habría acabado, y que estaría terriblemente dolorida. No había esperado que le gustara, ni sentir aquellos anhelos tan intensos que recorrían todo su cuerpo. Y todavía deseaba tener más de él, ¿cómo era posible? No sabía si ella le estaba complaciendo —esperaba que sí—, y quería preguntarle qué deseaba que hiciera, para que él pudiera estremecerse con sus caricias como ella se estremecía con las de Inuyasha.

    Cuando el cuerpo de Inuyasha se apoyó sobre el de ella, pensar se convirtió en algo demasiado complicado. Él susurraba palabras ardientes y sensuales a su oído, y eso sólo logró ahondar el profundo anhelo que la consumía.

    Las manos de él parecían estar en todas partes a la vez. Kagome pensó que no debía permitir que tocara sus senos, a pesar de que se arqueó contra él, exigiendo más, y más, y más.

    Tató de detenerlo cuando puso las manos entre sus muslos, pero él no aceptó ningún rechazo. Era demasiado tarde para eso. Inuyasha necesitaba saber si ella estaba dispuesta a acogerlo dentro de su cuerpo. Que Dios lo ayudara si no era así, y tan pronto sintió en su mano la húmeda abertura que tanto deseaba invadir, las urgencias de su propio cuerpo se hicieron cargo de la situación.

    Procuró que la penetración fuera lo más rápida posible. Se movió entre los muslos de Kagome y empujó profundamente, con una poderosa embestida. Ella lanzó un grito de agonía, grito que resonó entre los pinos. Sólo cuando quedó completamente hundido dentro de su estrechez hizo un esfuerzo para detenerse y así darle tiempo a superar el dolor. No pudo evitar un gruñido de viril satisfacción, ¿o fue un grito? Estaba demasiado extasiado por ella, y no sabía exactamente lo que hacía. Sólo era capaz de sentir y, santo Dios, esto debía de ser el cielo, tan perfecta era cada una de las sensaciones. Y nuevas. Por primera vez desde que había comenzado a llevar mujeres a su cama estaba totalmente consumido por la pasión.

    Inuyasha finalmente se dio cuenta de que ella estaba llorando. Instantáneamente se interrumpió, y trató de tranquilizarla.

    —Se te va a pasar. Pronto pasará el dolor.

    —¿Cómo lo sabes?

    —Lo sé.

    Parecía estar completamente seguro. Decidió creerle, reconociendo que en aquel instante el padecimiento ya no era tan intenso. Todavía no le gustaba demasiado, y esperaba que pronto terminara todo. Estaba a punto de pedirle que se diera prisa, por favor, pero entonces él volvió a besarla y de repente sólo le interesó besarlo y no hablar.

    El siguió acariciándola y besándola hasta que sintió que ella aflojaba la presión con la que se aferraba a él.

    Inuyasha comenzó a moverse, al principio lentamente, deseando ser capaz de detenerse si ella así lo requería, aunque eso lo matara. Sin embargo, en lugar de luchar con él o realizar súplicas imposibles, Kagome le rodeó el cuello con sus brazos.

    Sin embargo, él quería algo más que su mera aceptación; había podido comprobar su pasión antes de penetrarla y anhelaba volver a sentirla. Entre beso y beso le susurró sensuales promesas y elogios, la mayoría de los cuales carecían completamente de sentido, pero ella pareció no darse cuenta, ni importarle. La paciencia de Inuyasha fue gloriosamente recompensada cuando ella comenzó a moverse con él.

    Inuyasha se irguió a medias, apoyándose en los brazos, y la miró a los ojos. Vio lágrimas en ellos, aunque también pasión, ¿o se equivocaba? Dios, esperaba que no. No quería hacerle más daño, prometiéndose una vez más terminar lo antes posible con una única embestida para dejar en ella su simiente si el dolor persistía, aunque se preguntaba cómo podría reunir la disciplina necesaria para dejarla en ese momento.

    —¿Quieres que pare? —preguntó ronco por la excitación.

    Parecía enfadado. Kagome lo miró a la cara y vio que tenía las mandíbulas apretadas. Gotas de sudor cubrían su frente. ¿Habría hecho algo mal? Apenas podía pensar en ese instante; el dolor dentro de ella era intenso, aunque sorprendentemente agradable. Se movió debajo de él, levantó un poco las rodillas para permitirle entrar más en ella, y sintió una especie de estallido que estaba mucho más allá de ser simplemente agradable. No pudo evitar moverse una vez más.

    Él dejó escapar un sordo gemido.

    —¿Te has enfadado? —susurró Kagome.

    Él negó con la cabeza antes de repetirle la pregunta.

    —¿Quieres que pare?

    —No —respondió ella.

    Él comenzó a retirarse con lentitud, sonriendo para sus adentros al notar que ella, instintivamente, apretaba las piernas en torno a él para mantenerlo en su interior, y luego empujó nuevamente hacia delante, sin dejar de mirarla atentamente en busca de la primera señal de dolor.

    Kagome cerró los ojos, lanzó un dulce gemido, y le ordenó volver a hacer lo mismo una vez más.

    Era todo el estímulo que necesitaba. Siguió moviéndose, cada vez con más ímpetu, adorando la forma en que ella se abrazaba a él y los sonidos de gozo que salían de su garganta.

    Todavía creía controlar la situación. Sabía exactamente qué le ocurriría a ella: pronto le concedería todo, cuerpo, mente y corazón. El orgasmo la arrebataría y, cuando esto sucediera, él derramaría su simiente.

    Estaría plenamente cumplido, por supuesto. Y satisfecho. Como siempre lo había estado.

    Continuó con su ritmo hasta que ella comenzó a retorcerse entre sus brazos, arqueando enérgicamente las caderas para obligarlo a apresurarse, y entonces él se volvió más y más apremiante.

    Kagome le transmitió su enorme gozo clavándole las uñas en la espalda, y gritando de placer.

    —¡Oh, Dios!

    —No, muchacha. Inuyasha.

    Ella no entendió lo que él decía porque las ardientes sensaciones que la inundaban eran demasiado maravillosas; quiso decírselo, pero en lugar de ello gritó, pidiendo más y más.

    Su deseo aumentó el de él. De pronto, ella se convirtió en agresora, acariciándolo y recorriendo su cuerpo como nadie lo había hecho nunca.

    Lo atrajo hacia ella, en un prolongado y húmedo beso, abriendo la boca con avidez para apresar la de él, salvajemente, obligándolo, con su respuesta sin inhibiciones, a dárselo todo, y él se sintió impotente para detener lo que le estaba ocurriendo. La pasión de Kagome inflamó la suya y provocó su entrega absoluta, incluso de aquella parte de sí que nunca había dado.

    Las palabras estuvieron de más. Embistió con fuerza dentro del cuerpo de ella, una y otra vez, con movimientos ya descontrolados, porque estaba desbordado por ella y, con un último esfuerzo, derramó su simiente dentro del cuerpo de la mujer, gritando su nombre sin cesar, rindiéndose ante su amor. En ese preciso momento, cuando los corazones de ambos parecían latir al unísono y sus almas parecían gemelas, ella encontró su propia satisfacción.

    Se aferró a su marido como si la vida le fuera en ello, aterrada por lo que le ocurría, y entonces le oyó decir su nombre, sintió su repentina rigidez, y dejó de luchar contra su propia rendición. La atravesaron sucesivas oleadas de espasmos, mientras Inuyasha seguía allí, abrazándola con fuerza, diciéndole que todo estaba bien y repitiendo su nombre.

    Su orgasmo pareció durar una eternidad, aunque en realidad terminó demasiado pronto. Sollozando quedamente, apoyada en el hombro de él, por lo maravillosa que había sido la experiencia, se sintió exhausta y muy orgullosa de sí misma.
    Fueron necesarios varios minutos y un prolongado suspiro para que dejara de temblar. Inuyasha, advirtió, estaba respirando profunda y estremecidamente. La experiencia había sido mucho más exigente para él que para ella, pensó antes de darse cuenta de que ella también jadeaba.

    Él la sujetó entre sus brazos hasta que comenzó a relajarse y dejó caer ambas piernas a los costados. Luego, intentó apartarse de ella poniéndose de lado. Ella no le permitió separarse. Inuyasha quería desprenderse de sus brazos, levantarse; necesitaba estar solo un momento para descubrir qué acababa de ocurrirle, pero entonces notó las lágrimas de ella sobre la piel, y decidió aguardar un poco.

    Le había hecho daño. Ella era virgen, y resultaba inevitable que tuviera dificultades para recibirlo por primera vez, pero después de pasar lo peor, ¿había continuado lastimándola? Demonios, había sido impetuoso. Tenía que haber mantenido el control, y de no haberse mostrado ella tan cálida y dispuesta, lo habría conseguido. ¿Qué era lo que esperaba Kagome? Se había entregado a él en cuerpo y alma.

    Había estado perfecta. De pronto, Inuyasha se dio cuenta de lo que estaba haciendo y tuvo que sacudir la cabeza para apartar esos pensamientos. ¿Qué le estaba pasando? Trataba de echarle a ella la culpa por haber olvidado su disciplina, y al mismo tiempo reclamaba que le fuera devuelto su corazón, cuando había entregado ambas cosas gozosamente.

    Realmente, necesitaba tiempo para recuperarse. Sin embargo, ella no parecía dispuesta a dejarlo ir, de manera que decidió esperar hasta el día siguiente para intentar comprenderlo todo. Quizá para entonces habría recobrado un poco su control. También ella había conseguido eso. No cabía sorprenderse de que se sintiera tan vulnerable y, aunque la sensación no era desagradable, no sabía cómo calificarla. Sus fuerzas le habían abandonado, y de pronto se sintió demasiado extenuado para pensar en nada importante. Aspiró el maravilloso aroma femenino, descubrió que se había mezclado con el suyo, y notó que, si no se esforzaba por dormirse enseguida, volvería a animarse y la lastimaría una vez más.

    Ella no quería dormir aún. Deseaba escuchar algún tierno comentario de él, para saber si le había complacido. Necesitaba su confirmación, y sólo cuando oyó que su respiración se volvía profunda y regular se dio cuenta de que no la tendría.
    No quiso darse por vencida. El orgullo que había sentido apenas unos minutos antes se estaba esfumando con rapidez, pero ella, maldita sea, deseaba seguir disfrutando de la maravillosa sensación de lo que había ocurrido, no quería sufrir.

    ¿No comprendía él que necesitaba la aprobación y el aliento que le dieran la confirmación que reclamaba?
    No, desde luego, no lo sabía. Aquel oso sin sentimientos ni siquiera sabía qué era eso del consuelo y el apoyo.

    Decidió darle una última oportunidad para redimirse, y lo llamó, dándole un golpecito en el hombro. Ya había decidido que, tan pronto como él abriera los ojos, le preguntaría directamente si había quedado tan complacido con ella como ella con él. Él le respondería que sí, naturalmente, y quedaría contenta.

    Inuyasha no abrió los ojos pero se movió. Se volvió del otro lado, dándole la espalda.

    Kagome vio entonces las heridas que le había causado, y creyó que su corazón dejaba de latir en ese mismo instante. Los anchos hombros y la espalda de Inuyasha estaban atravesados por brillantes marcas rojas. No había llegado a hacerle sangre con sus uñas, pero las marcas eran tan profundas que pasaría un tiempo antes de que desaparecieran.

    ¿Cómo podía haber hecho una cosa así? Se había portado como un animal salvaje, y no como una dama de buena cuna. No le sorprendía que Inuyasha prefiriera ignorarla. Seguramente había quedado decepcionado. La verdad es que no lo culpaba.

    No sabía cómo podría volver a mirarlo a la cara. Por supuesto, tendría que hacerlo, si no se moría de vergüenza antes de que llegara la mañana.





    bueno aqui esta para los q no la tienen^^
  7. Ayer Martes, estaba esperando para ver el capitulo de Inuyasha (q x suerte o x desgracia ya lleban repitiendo los mismos capitulos y solo llegaron al capitulo 104ToT)
    Y de repente aparecio el capitulo 105!!!!!!!!!!!!!
    Yo llebaba x lo menos 1 año y algunos meses esperandolo y me entro una alegria en el cuerpo ^^

    YA ERA HORA Q HECHARA CAPITULOS NUEVOS!!!!!!!!!!!!!!!

    Pero x si eso fuera poco, mi video se estropeó el Domingo(justo cuando empezó la carrera de Fernando Alonso) y ya no puedo grabar ni ver peliculas en el videoToT.
    Pero x suerte, una vecina me deja grabarlos en su casa^^hasta q mi hermano me traiga su video(q no usa¬.¬)

    Lo malo esq mi hermano mayor todavia no lo a traido y yo no puedo esperar mas, ya q no se si el sabado y el domingo tambien lo hechan, ya q, x las mañanas hechaban "yucie" y x lo visto ya no.Y no puedo molestar a mi vecina para q me lo grabe a las 12:30 de la mañanaToT

    Bueno, espero q mi hermano me traiga el video hoy xq si no lo mato.(q mal nos llebamos los hermanos verdad^^)
  8. El próximo día 28 de Octubre es mi cumpleaños y estoy muy ansiosa porque llege ese día, ya que cumpliré 18 años y por fin tendré la mayoría de edad.Espero que ese día sea inolvidable y muy feliz para tod@s los que me rodan para poder compartir ese día especial para mí.