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    Capítulo XIV

    Me encontraba comiendo con Esme en la cocina, nos encontrábamos en un silencio sumamente incomodo hasta que ella lo rompió, cosa que agradecí

    —Bella… he pensado en lo que nos contaste… cariño… dijiste que cuando volviste acá… él… bueno que él siguió con sus abusos

    —Hm… si

    —¿Hasta cuando fue eso?

    —Nunca dije que él hubiera dejado de hacerlo

    —Entonces —parecía que Esme sufriría un paro cardiaco en cualquier momento— ¿hay posibilidades… de que él… bueno —sabía a donde se dirigía esa pregunta— que él fuera el padre?

    —Al principio pensé lo mismo pero no lo creo, es decir, no creo que el destino me odie tanto como para hacerme eso

    —Pero… hay posibilidades ¿no?

    —La verdad es que sí. Incluso tengo una teoría

    —¿Una teoría?

    —Sí

    —¿Cuál sería?

    —Que Charlie me hecho de casa al saber que estaba embarazada, con el temor que supieran algo, o que siquiera sospecharan, es decir, eso sería perjudicial, en parte, aunque nada que no pueda solucionar con sus contactos

    —Pero… ¿Hoy no fue a verte al instituto?

    —Si, eso también tiene una teoría. Uno: para aparentar que no sabe nada y Dos: como se dio cuenta de que me estoy quedando en casa de alguien donde me están cuidando sin quejas, debe pensar que estoy con el padre del bebé, y por lo tanto piensa que no es de él sino del chico con el que me estoy quedando, por lo que quiere aparentar que es un buen padre que apoya a su hija, todo esto para aparentar ante la comunidad y demostrar que su jefe de policía no es solo un buen jefe, sino que además es un excelente padre

    —Es razonable —dijo una voz tras de mí— la verdad es que tiene bastante lógica

    Al voltearme, me encontré con un Edward mucho más relajado y nada irritado —o es al menos lo que se veía en su rostro—, en sus ojos había un leve brillo, su mirada destilaba cariño y ternura, pero aún así… me sorprendió ver que se acercaba a mi demostrando tanto amor

    —Perdón —me susurro en el oído antes de dejarme un beso en el cuello

    —No debes perdonarte por lo de hace un rato —Dije mientras sentía que Esme se retiraba, tal como lo había hecho en la sala anteriormente

    —No es por eso —dijo aún abrazándome— De verdad… perdóname —Su voz sonaba algo rasposa

    —¿Por qué te disculpas entonces?

    —Por no estar

    Lo separé de mí para mirarlo a los ojos

    —¿Por no estar? Edward… estas aquí y ahora, estuviste allí cuando Charlie me echo de casa, cuando les conté de mi embarazo, cuando no tenía donde ir, estuviste hoy cuando Charlie fue al instituto

    —Sí, pero no estuve cuando más me necesitabas

    —Edward en momentos como este son en los que más te necesito y mira… estás acá

    —Mentira, yo no estuve

    —¿Cuándo no estuviste?

    —No estuve para protegerte de Charlie… de sus sucias manos que te tocaron… de su cuerpo que se pegó al tuyo sin tu consentimiento, a la fuerza…

    Todas esas cosas prácticamente me hicieron volver al pasado y ver o más bien revivir sus abusos

    Flash-Back

    El portazo en mi habitación me hizo dar un salto al despertar de mi sueño, sabía lo que eso significaba, pero no quería confirmar mis sospechas, por lo que cerré los ojos fuertemente para tratar de dormir, pero esto producía el efecto contrario y podía sentir cada paso que él daba hasta llegar a mi cama, en donde levanto las sábanas. Sentí como se hundía el colchón a mi lado debido a que otra persona se había recostado en la pequeña cama

    Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al sentir como unas frías manos tocaban mis piernas e iban subiendo lentamente, levantando al mismo tiempo mi camisón

    —Cariño, sabes que me gusta que me miren —dijo Charlie obligándome a girar

    Siguió subiendo mi camisón hasta sacármelo, entonces se paró de la cama, pensé que mi castigo había terminado, pero me equivoqué ya que solo se había levantado para comenzar a desvestirse

    Traté de salir de la cama, pero al percatarse de mi intento de fuga me agarró las manos y con sus esposas ató mis muñecas a la cabecera de la cama, de esta forma me impedía salir de la cama sin tener que atarme los pies, por lo tanto podría hacer lo que deseara con total libertad

    Cuando termino de sacarse la ropa, volvió a entrar en la cama, comenzó a masajear mis nalgas junto con mis pechos, más para el placer de él que el mío, ya que más que placer todo esto me causaba unas horripilantes náuseas. De pronto sin previo aviso, y sin siquiera importarle si estaba lista o no me penetró sin piedad

    Grité desesperadamente por el dolor que me produjo aquel brusco movimiento, Charlie trató de callarme con un beso, cosa que me dio más asco aún tanto de él como de mi cuerpo que estaba siendo utilizado de forma tan sencilla. Solo de ira comencé a moverme en la cama rápidamente a ver si de esta forma salía de mí, o al menos que se quitara de encima, pero nada, me agité con más fuerzas

    —¡Quédate quieta maldita sea! —dijo a la vez que me golpeaba en el rostro [tuve aquel moretón más de una semana y a los que me preguntaban solo les dije que me había caído en casa]
    Inmediatamente comenzó con sus embestidas follándome como si fuera un ser irrompible, con una fuerza y rapidez que sentía que me iba a matar en cualquier momento, aunque con esta maldita vida que tenía todo valía para escapar ¿no?

    —Suéltame maldito infeliz

    —Cállate y bésame cariño —dijo mientras juntaba nuestros labios nuevamente e introducía su lengua en mi boca a la fuerza

    Comencé a llorar, no estaba segura de si era por el dolor que me producían las embestidas de Charlie o por la impotencia que sentía por la situación, lo más seguro es que fuera una mezcla de ambas cosas.

    Al rato el terminó dentro de mí, y con este hecho solo logré sentir repugnancia, asco y por sobre todo impotencia de no hacer nada para evitar estas situaciones

    —¿Terminaste? —dije con la voz quebrada, pero aún así con un tono tanto o más frío que el hielo

    —Para tu felicidad sí

    Dicho esto me saco las esposas y se marcho de mi habitación

    Fin Flash-Back

    Edward me miraba fijamente a los ojos, parecía que él sabía en lo que pensaba, parecía saber lo que había recordado

    —Perdóname por favor

    Sus ojos demostraban una tristeza y culpabilidad, él no era culpable. No debía disculparse, pero aún así lo hacía, no soporté más y me puse a llorar con mi mirada clavada en la suya

    —Tú no tienes que disculparte —decía entre llantos— entiéndelo, tú no tienes la culpa

    —Aún así, yo no estuve para protegerte —dijo con la voz algo quebrada

    —No tendrías que haber estado, grábatelo en la cabeza, como querías estar si ni siquiera lo sabías. ¡Deja de culparte! Que me siento mal, la única culpable soy yo

    —No te sientas mal Bella

    —Entonces deja de culparte

    —Mi ángel… no llores —dijo secándome unas lágrimas que surcaban mis mejillas

    —Entonces tu tampoco llores —le dije también secando unas lágrimas traviesas que bajaban por su rostro, que normalmente era inescrutable y no mostraba más emociones de las necesarias—. Entiéndelo, tú no tienes la culpa —dije pareciendo disco rayado—. Si quieres culpar a alguien… cúlpame a mí, yo fui la que se quedó callada y nunca se atrevió a decirla nada a nadie

    Es normal que las personas no lo digan

    —¿Qué tal si dejamos de culparnos?

    Él solo volvió a abrazarme con tanto cariño como lo había hecho anteriormente, nos separamos levemente solo para dirigirnos una mirada fugaz y besarnos

    —Bella —me dijo rato después cuando estábamos en la sala viendo TV— si el bebé… si fuera de Charlie…

    De solo pensar en esa idea me sentía enferma

    —Tranquilo, si fuera de él… creo que me iría de Forks y bueno… no se

    —¡No! —Gritó desesperado— Bella… yo ya te dije que aunque el bebé no sea mío quiero hacerme cargo

    —¿Aunque… aunque fuera de Charlie? —pregunte emocionándome nuevamente

    —Aunque fuera de Jake, de Charlie, o incluso por algún extraño caso de la naturaleza fuera de Mike, yo te quiero ayudar, quiero darle un padre, una figura que pueda querer y ojala admirar

    —¿Por qué?

    —¿ah?

    —¿Por qué te quieres hacer cargo? ¿Por qué quieres hacer esto?

    —Por el simple motivo de que Te Amo Isabella Mary Swan

    Él hablaba enserio, aquellas palabras significaban mucho. Yo pensé que esas palabras era solo una conjugación más con las palabras de su diccionario interno, pero por el tono en que lo dijo era muy claro que era mucho más que eso. Todo esto lo dice de corazón y me preocupa, me preocupa no corresponderle o no hacerlo de la manera adecuada y lastimarlo… eso era lo último que quería

    —Edward… yo…

    —Bella, no tienes que decir nada ahora

    Aún así, no sabía que decir, no sabía que sentía por él, no tenía reacción. Si bien me había acostado con él —y con algunos más— fue para huir de Charlie, no era que me sirviera de guía como para decir si estaba o no enamorada de él. Además seamos realistas, mi experiencia en el amor fraternal es todo un fracaso y el amor de pareja es totalmente nula, y con un padre que abusa de ti y una madre que te cambia por un hombre no se puede esperar mucho más

    —Solo quiero que sepas, que pase lo que pase quiero ayudarte y estar allí para ti, para todo lo que necesites

    Eso me hizo volver a pensar en qué pasaría si el bebé resultaba ser de Charlie, porque en el peor de los casos era posible

    Me recosté inconscientemente en el torso de Edward mientras seguía pensando en esto

    ¿Y si el bebé era de Charlie? ¿O si era de Jake? ¿Qué haría yo? Si bien Edward se quiere hacer cargo, yo no quiero aprovecharme de él, y… ¿Hasta cuándo querría hacerse cargo? ¿Hasta enterarse que realmente él no era el padre? ¿O seguiría hasta el final?... ¿Y si era de Edward? ¿Qué haría yo? Es decir, ¿Habrá un futuro juntos? ¿Una familia feliz? ¿O qué?

    —Yo quiero estar junto a ti Bella —me susurro como si me hubiera leído la mente

    Los ojos comenzaron a pesarme y poco a poco me fui quedando dormida, protegida y acurrucada por los brazos de Edward alrededor de mí
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    Nickname: yenicol
    Fandom: Naruto
    Pareja: Sasuke Uchiha y Sakura Haruno
    Advertencias: Lemon,mayores de 16

    Para una chica de mi edad nunca esta prohibido esas clases de amores extraños con los que vivirás como si estuvieras en un cuento de hadas pero con eso he soñado por toda mi vida, Sakura es mi nombre y tengo apenas 17 años, una noche en la que dormía escuche varios ruidos en una parte de la izquierda de mi ventana, abrí los ojos pesadamente pero no pude ver nada, al principio me asuste pero ya cuando esas visitas fueron a menudo comencé a acostumbrarme a eso, se que suena extraño que no me ponga a investigar o quedarme despierta hasta que descubra la visita nocturna diaria pero teniendo a un padre policía y a una madre abogada esto tan segura que no tengo razones para preocuparme pero de lo que estoy realmente segura es de que un día descubriré de quien se trata.

    -Gracias por la comida.- me levante de la mesa y lleve los platos sucios a la cocina para lavarlos, normalmente eso es lo que hago, ayudar en casa.

    -Cariño, yo me encargo por hoy, tu ve a dormir, mañana es un día especial.- me acaricio la mejilla y me dedico una gran sonrisa, siempre lograba persuadirme con ellas y siempre caía en sus trampas, con una madre a si para que discutir.

    -Ok, buenas noches a ambos.- me despedí de los dos dándoles un beso en la frente y un saludo con la mano.-Esperen un momento, ¿ya llego mi hermana?- pregunte al percatarme de que ella no había comido con nosotros.

    -No hija, Tomoe no vendrá hasta mas tarde, esta en la biblioteca preparando sus últimos apuntes para su examen de grado.- me respondió mi padre saliendo de la cocina y dirigiéndose hacia la sala de estar, eran las 8:30 eso significa que se movió para ver el noticiero de la noche, ya era como una tradición, comer y ver la T.V, bueno eso es mas bien una costumbre que solo la comparte mi padre.

    -Apenas llegue le dices que le mando las buenas noches.- le mostré una sonrisa y volví al camino de las escaleras.

    -Claro mi amor.- me contesto mi padre pero no pude escucharlo bien ya que estaba en mi cuarto cuando me grito.

    -Libros, listos, tarea, lista, uniforma, listo, sujetador de cabello, puesto en su lugar, cabeza, bien solo falta enjuagarme y ponerme la pijama, será que hoy también me visitara la persona.- pensaba mientras sacaba mi pijama de debajo de la colcha donde ocasionalmente siempre la dejo hay, en verdad quería saber de quien se trataba y como me encanta los asuntos paranormales aun mejor.-Hoy será el día, espero que la sorpresa sea buena.- reí hacia mis adentros cuando termine de lavarme la boca y me encamine hacia la cama, la hora en la que siempre venia la persona era entre las 12 y 1 de la madrugada a si que puse el despertador para asegurarme el no quedarme dormida tras pasada la hora, cerré mis ojos y me dispuse a descansar un momento, en unos minutos me encontraba ya apunto de roncar cuando escuche como algo o alguien subía por las escaleras de mi ventana (ya se imaginaran, como las que hay en caso de incendios a lado de una habitación…), solo me dispuse a levantarme y dirigirme cautelosamente hacia la ventana, me puse a un lado para no ponerme de frente al mirador y espere a ver alguna sombra o escuchar un ruido y a si fue, eran las 9:00pm y vi a un chico de cómo puedo ver de mi edad agachándose y apoyando sus rodillas sobre el marco de mi ventana, lo que mas me asombro fue que a ese chico lo conocía pero no del todo, será que es un ladrón o solo un acosador que viene a molestarme.

    -Parece que aun no ha subido a la habitación.- escuche que hablaba en vos muy baja, supongo que para no escucharlo pero eso ya no servía para nada.-Creo que mejor será que venga mas tarde.- volvió a susurrar mientras se disponía a dar la vuelta he irse.

    -No es necesario, yo estoy aquí.- le hable causándole un pequeño susto a ese chico, se dio la vuelta y me miro de forma sorprendida, ya era de esperarse, se tuvo que haber asustado.-Tu eres quien viene todas las noches, ¿verdad?

    -¿¡Como es que tu…!?- pregunto aun alarmado por la sorpresa que ya para mi no era sorpresa alguna.

    -No soy tan tonta, te escucho cada ves que vienes y solo me hago la dormida hasta que ya no te veo aquí.- le respondí mientras abría la ventana y trataba de acercarme hacia el.

    -Que es lo que haces.- me hablo ya mas calmado pero aun podía notar el asombro en sus ojos.

    -Quiero gravarte en mi memoria para en el momento de acusarte recordar todo lo que había en tu rostro.- le señale cada parte mientras lo miraba sin temor alguno mientras que el esbozaba una sonrisa de medio lado, debe de ser para mi.

    -Acusarme, y por que, que crimen cometí ahora.- se acerco mas a mi y de nuevo vi su sonrisa que solo era en ese momento para mi, la verdad desde ese instante me sentí atraída hacia el, lo único que sabia sobre este chico era que estudiaba en el mismo colegio que yo y que era solo mayor con un año de curso, nunca me imagine estar tan cerca de Sasuke Uchiha.

    -Venir todas las noches sin avisarme y no tocar para abrirte, ni siquiera te dejabas ver y además por no decirme tu nombre aunque de todas formas ya lo sabia, entonces estas acusado de 4 delitos, tendrás que ser castigado.- le respondí agarrándolo de su muñeca y llevarlo hasta dentro de la habitación, lo arroje en dirección hacia la cama y solo me quede viéndolo por un instante.- ¿Por que vienes a mi casa y por que en las noches?- le pregunte mientras me subía en la cama y me encaminaba hacia su dirección de manera seductora.

    -Por que no puedo estar todo el día lejos de ti.- me respondió mientras me tomaba de las manos y me atraía hacia sus labios, no opuse ninguna resistencia ya que en verdad si quería besarlo.-En la escuela no tengo la oportunidad de verte además no me atrevía a mostrarme frente a ti.- ya decidido juntos sus labios con los míos, era una sensación muy agradable, este no era mi primer beso pero se sentía como uno, en realidad creo que desde siempre había añorado un momento así, ser besada por un chico lindo y que se supone que siente algo por ti es algo increíble y deseoso pero eso no era o que deseaba realmente, quería saber que se sentía ser mujer por primera vez, nos tuvimos que separar por la falta de aire que siempre era molestosa en estos casos.

    -Por que nunca quisiste hablarme, al menos en las noches anteriores.- le comencé a desabotonar la camisa, el al parecer quería hacer lo mismo por que no me detenía por nada, el comenzó a levantar la parte de arriba de mi pijama y masajeaba el contorno de mi cuerpo con sus dedos.

    -Por que como ya te dije, no encontraba el valor para hacerlo, además eso ya no importa, estoy contigo ahora.- me volvió a sonreír mientras me recostaba debajo de el y comenzaba a besar mi cuello y hacer un camino desde mi oreja hasta el comienzo de mis pechos y a si hasta bajar el principio de mi short de pijama.

    -Creo que en eso si te entiendo a la perfección.- yo comenzaba a estirarme debido a las dulces y traviesas carisias que me daban las manos de Sasuke, si tan solo hubiera sabido desde antes que el era mi visitante ya habría practicado una y otra ves esto que a decir verdad resultaba maravilloso.

    -¿Ya no tienes ninguna pregunta más?- me pregunto mientras volvía a subir por mi pecho y besaba mi vientre de apoco, como si yo estuviera hecha de cristal o algo parecido, su delicadeza era insoportable.

    -¿Tu serias capaz…de venir…todas las noches a mi habitación después de esto?- le pregunte jadiando ya que no podría soportar tanta dulzura en mi cuerpo.

    -Las veces que tú quieras Sakura.- esta ves desabrocho mi brazier y masajeaba mis pechos provocando que se erizaran y se volvieran duros pero eso no fue lo peor sentí como su boca o mejor dicho su lengua jugueteaba con mi pezón derecho y a si después de unos minutos con el izquierdo, había tanto placer en mi cuerpo, ya no podía soportarlo mas y al parecer el tampoco.

    -Sa…Sasu…ke-kun…ya…no lo so…porto…-gemí volviendo mi mirada hacia su rostro el cual me miraba con una sonrisa que uno no puede resistir.

    -Aun no estas lista mi pequeña muñequita.- me sonrió mientras bajaba mi pequeño short y comenzaba a tocar mi intimidad por enzima de la tela de mi braga yo solo me dedique a disfrutarlo.-Veo que ya estas mojada, veamos que mas pueden hacer mis dedos en ti.- sentí como dos de sus dedos movían mi braga y trataban de entrar en mi dolorosa y punzante intimidad pero sin lograr entrar debido a la barrera que tenia lo impedía.- Veo que aun eres virgen, ¿Quieres perderla ahora?- me pregunto seriamente y viéndome a los ojos.

    -E…estoy segura, con…contigo si lo h…haría- le respondí a casi no poder, lo que menos quería e estos momentos era interrumpir lo que estaba haciendo y detener este increíble sentimiento que surgía en mi, el placer de estar con el.

    -Trata de no gritar, podrían darse cuenta tus padres.- me aconsejo mientras incrustaba lentamente sus dedos en mi ocasionándome una dolorosa sensación que no pude evitar, solté un pequeño grito que inmediatamente fue interrumpido por la boca de Sasuke, sentirlo así de cerca fue el remedio para evitar gritar por que si no lo hubiera hecho mis padres ya hubieran llegado y descubierto que es lo que estaba haciendo.-Te lo dije.- se reía mientras se separaba y sacaba sus dedos de mi, al parecer aquella barrera que me hacia virgen ya había desaparecido.-Listo, problema resuelto, ahora si podremos hacerlo con mas comodidad.

    -Ahora, hazlo ahora.- le suplique mientras veía como el hacia caso a lo que le decía sin oponerse ya que sentía como el también estaba de por mas excitado.

    Sasuke no dijo nada mis solo desabotono su pantalón y lo saco rápidamente para dejarme ver ese bulto que traía detrás de sus bóxers, al principio logre asustarme por que me imaginaba lo doloroso que seria pero me tranquilice al darme cuenta de que haría el amor con alguien que me quiere de verdad y que no me esta utilizando como supongo que harían otros chicos, Sasuke logro sacarme de mis pensamientos al penetrarme lentamente su miembro que ocasionaba que salieran varios alaridos de placer de mi boca la cual sentía seca desde hace mucho, sus movimientos eran lentos al principio ya que el sabia que tendría que acostumbrarme a su amiguito dentro mío, el dolor se convirtió en placer cuando sentía como sus movimientos comenzaba a ser mas rápidos y ocasionaban que me sintiera en las nubes, esto puede ser lo mejor que puede sentir una mujer.

    -Sa…Sasuke-kun.- gritaba mientras trataba de seguir el ritmo que llevaba, se me dificulto al principio pero después comenzaba a igualarle, sentía como mi cavidad se abría y cerraba eso significa que estaba apunto de llegar a mi limite pero el parecía no cansarse nunca.-A..¡Ah…!

    -Tranquila, ya…falta poco.- me tranquilizo mientras una de sus manos acariciaban mi mejilla y después mis labios.-Te amo.- mis ojos se abrieron rápidamente después de haber escuchado “esas” palabras salir de su boca, es mas era la primera ves que un chico me decía eso.

    -¿Q…ue?- pregunte en un susurro, mi voz ya casi ni se escuchaba de lo seca y adolorida que estaba mi garganta.

    -Te amo, recuerda siempre esas palabras, son las únicas que valdrán la pena escuchar de mi.- me sonrió dando el ultimo empujón y apartándose a un costado de la cama, yo solo me dispuse a mirar hacia arriba, aun no regresaba de mi repentino estado de shock pero era capaz de escuchar todo y sentir todo, la respiración cercana y entrecortada de Sasuke, sus latidos rítmicos y el peso de su brazo que rodeo mi cabeza por debajo para atraerme hasta el hueco entre su cuello y su hombre izquierdo, su mano cálida y grande comenzó a acariciar mi cabello y después mis mejillas.-Nunca te dejare Sakurita mía, nunca.- me beso en la cabeza para luego girarme hacia el para verlo de frente, sus ojos esta vez eran diferentes, eran felices a como se veían antes de entrar, su sonrisa era sincera y podía ver atravez de su rostro que estaba diciéndome toda la verdad.

    Era imposible imaginarse que todo lo ocurrido paso en una sola noche, los días seguían pasando, Sasuke estaba próximo a graduarse y a mi todavía me faltaba un año para lograrlo pero eso no impedía que nos viéramos o saliéramos a menudo, todas las noches como de costumbre me visita y conversamos mucho pero claro que hay noches en las cuales somos mas felices que cuando nos vemos, hacer el amor con alguien que en verdad amas vale la pena y no te arrepientes para nada, mis padres nunca se enteraron de las visitas constantes de Sasuke pero si mi hermana la cual guardo el secreto como si su vida dependiera de ello por eso ambos le debemos mucho pero no podremos pagarle ya que termino su examen de grado y decidió salir a estudiar al extranjero, Sasuke y yo decidimos ir a estudiar a la misma universidad apenas termine la preparatoria para así no separarnos nunca además de que podríamos hacer lo que quisiéramos sin necesidad de que nuestros padres nos vigilen todo el tiempo pero eso a mi nunca me ocurrió, en el día antes de la graduación de Sasuke yo lo invite-aunque no era necesario- a venir a mi casa esa noche para darle una sorpresa, aunque ya la habíamos repetido muchas veces antes.

    -A…ah.- gritaba mientras me aferraba de la espalda de mi novio.

    -Nunca me cansare de escucharte gritar.- me sonreía mientras me penetraba cada ves mas, no so por que pero en todo este tiempo no he podido acostumbrarme a sus movimientos o a la coordinación con la cual me satisface pero mientras mas sorpresas me de es mucho mejor.

    -P…pues eres todo…un masoquista.- le susurraba mientras me soltaba de el para agarrarme de las sabanas.

    -Si quieres catalogarme así, esta bien lo soy, pero solo por que me encanta tu voz.- se reía mientras me observaba atentamente.

    -Felicidades.- le conteste después de unos minutos de haber acabado totalmente agotados, el se giro y me miro extrañado.

    -¿Y eso por que?- me pregunto acariciando mi estomago, sus carisias seguían siendo muy dulces a pesar de todo este tiempo.

    -Por tu graduación, por que mas va a hacer.- le aclare mientras lo miraba de manera graciosa.

    -No hace falta, dentro de un año te tocara a ti, además…-se detuvo un instante, estaba apunto de preguntar el resto pero sentí como el ya sentado me agarraba de la cintura con sus manos y me sentaba encima suyo, era ovio lo que quería hacer ahora.-Eso es lo menos que me preocupa ahora.- me giño el ojo para el comenzar a mover mis caderas lentamente ocasionando que el placer de hace unos momentos vuelva a parecer en mi cuerpo y en el de el, yo podría hacer el amor, sean las veces que sean, pero que sean con el con nadie mas me atrevería a hacer estas cosas no solo por que no quiero sino que hacerlo con el es el remedio para hacerme muy feliz además la primera imagen de Sasuke que se me vendrá a la cabeza cuando lo recuerde hacer estas cosas será en el primer momento en que lo vi, al pie de mi ventana, buscándome y acechándome como mi visitante nocturno del que siempre voy a hablar.

    ¡El primero que publico!No sean malos!
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    Título: Él, mi novio
    Summary: Él, al que yo tenía en mis manos, al que yo tanto amaba. Al que quería hacer sentir.
    Fandom: CardCaptor Sakura
    Pareja: Eriol&Syaoran
    Tipo: One-shot
    Cantidad de palabras: 846 + título
    Clasificación: M
    Advertencias: Lemon yaoi.
    Género: Romance

    Gracias a Sandra por betearlo x3~

    Él, mi novio

    Tragó saliva con fuerza, completamente nervioso y yo sonreí, entre divertido y nervioso. Sí, yo también sentía esos nervios de la primera vez, pero era mejor para ambos que él no lo supiera.

    Acaricié su cabello, enredando mis dedos en él, atrayendo su rostro hasta el mío. Suspiré y sentí los escalofríos que llegaron a su cuerpo cuando mi aliento rozó sus labios, provocándome para morderlos. Y así lo hice, tomé su boca con la mía, acariciando cada rincón con pasión, con ternura, con esa sensación que me daba y no sabía describir, que no podía reducir a una sola palabra sin sentido, cuando podía tocarlo o tenerlo entre mis brazos.

    Bajé mi rostro por toda su mandíbula, aspirando su aroma y dejando pequeños mordiscos de vez en vez. Acariciando cada centímetro de su espalda con mis manos, metiéndolas debajo de su camisa, tocando aquella cálida piel que deseaba aprender de memoria.
    Sus manos temblorosas acudieron a mi cabello, intentando detener mi avance hacia abajo, asustado de las implicaciones de que mis manos pasaran al frente de su cuerpo y se encontraran sosteniendo sus caderas.

    Me dejé caer de rodillas de pronto, sorprendiéndolo y logrando que sus dedos me soltaran. Sonreí al ver su expresión y me incliné hacia adelante, levantando su camisa un poco y besando justo encima del botón del pantalón que llevaba. Obtuve a cambio un pequeño gemido, acallado rápidamente por esos dientes que mordían con fuerza su labio inferior.

    Con un sonido de satisfacción, saqué mi lengua para acariciar aquella parte que había resultado tan sensitiva y seguí el trayecto hacia abajo, dentro de su ropa, lo más que se me permitía, sosteniendo sus caderas para impedir cualquier posible movimiento de su parte.

    En una decisión impulsiva, me saqué los lentes, lanzándolos a la cama que adornaba mi habitación, y lo jalé hasta dejarlo de frente a la pared. Prisionero de aquella y mi cuerpo.

    —No te preocupes —le susurré, soplando un poco de mi aliento en su oreja izquierda mientras acomodaba mi cuerpo detrás del suyo—. No te haré nada malo, Xiao Lang —murmuré, mordiendo aquella parte de él con suavidad, sin ser demasiado brusco. Porque, tal vez, eso sería lo único que no maltrataría de mi pobre novio.

    Tomé sus labios con fuerza, sosteniendo su cabeza en un ángulo extraño, sondeando con mi lengua qué tanto le gustaba lo que mi otra mano hacia en su vientre, acariciando apenas con la punta de mis dedos y bajando lentamente con toda la intención de colarse entre sus ropas.

    Besé su cuello antes de retirar la camisa negra que llevaba, desordenando aún más sus castaños cabellos. Acaricié con ambas manos su pecho mientras él se sostenía con las suyas de la pared, comenzando a respirar con rapidez y dificultad.
    Él sabía que yo ya no me detendría.

    —Eriol… —murmuró con voz entrecortada. Yo me separé un poco de su cuerpo y le sonreí en respuesta, observándolo atentamente—. Espera…

    Pero yo ya no escuchaba razones. ¿Detenerme? Claro que no.
    Ni ahora ni nunca. No ahora que lo tenía entre mis brazos, con esas mejillas sonrojadas, el cabello desordenado, tanta piel, oh demonios.

    Negué suavemente y mordí su cuello mientras mis manos desabrochaban su pantalón, el cual terminó deslizándose por el largo de sus piernas.
    Besé su pecho, bajando lentamente hasta su cintura, lamiendo alrededor de su ombligo, obligando a su cuerpo a retorcerse bajo mi boca.

    Sus manos se elevaron hasta cubrir su rostro cuando mis dedos se engancharon de su ropa interior, bajándola lo suficiente para descubrir su sexo.
    Volví a ponerme de pie comenzando a lamer su cuello mientras mi mano agarró con fuerza su miembro, provocando que temblara por la sensación. Yo sabía que era la primera vez que una mano ajena a la suya lo acariciaba, y quería que nunca olvidara la experiencia que estábamos viviendo los dos.

    Acaricié con lentitud, disfrutando de la sensación de aquella carne caliente entre mis dedos; sus manos, en cambio, se aferraron a mi camisa, enterrándolas en mi pecho, manteniéndome cerca de él, sin permitirme observar su rostro que ocultaba hábilmente en mi cuello.
    Poco a poco aumenté la habilidad, logrando aumentar aquellos suaves gemidos que comenzaban a volverme loco. Mordí mi labio inferior ante la sensación de mi propio miembro aún dentro de mis pantalones, que ansiaba ser tocado por mi novio.

    Fue entonces cuando, sin previo aviso, mordió mi cuello y chorros de semen llenaron mi mano. Tembló segundos interminables mientras hacía los ruidos más sensuales que había escuchado jamás.

    —Y ahora —murmuré, llevando mi mano derecha a mi boca y lamiéndola con avidez frente a su mirada un poco asustada—… te toca a ti devolverme el favor.

    Mi hermoso Syaoran se sonrojó completamente, mientras negaba con la cabeza con fuerza. Bueno, no es como si esperara que mi novio bajara todas las barreras de una vez, pero ahora tendría que ir al baño a encargarme de mi problema.
    Mientras, esperaba, él se vestiría. De otra manera, podía jurarlo, atarlo a la cama no parecía tan mala idea.
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    A fastidiarse, que ese amarillo chillón lo ODIO y no vi en ningún lado que se prohibiera cambiar el color. :silbar:

    Les aviso desde el principio que si bien el tema central de la historia es el sexo y hay dos lemons, la mayor parte es no-érotico. Si público es por que esto lleva muerto 2 semanas.

    Nickame: Kayazarami
    Título: Iron Heart (Corazón de Hierro)
    Fandom: InuYasha
    Pareja: NarakuxSesshômaru
    Advertencias: Lemon hetero, Yaoi, violencia, historia nada romantica. Pequeño OoC al final para no dejar la historia con final amargo (en la primera versión alguien moría, adivinen quién)
    Aclaraciones: La historia es el futuro, no en la época feudal.
    Agradecimientos: a Makar, por betearlo.
    Cantidad de palabras: 2799/2752

    Iron Heart


    Su lengua inició una lenta trayectoria desde su cuello hasta su hombro, dejando atrás una huella imborrable de su paso y alguna que otra señal de los pequeños mordiscos que iba propinándole a su delicada piel. La sintió estremecerse de placer en sus brazos y suspirar, una y otra vez…

    Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa retorcida cuando ella se relajó por completo en sus brazos. Ya era suya.

    Coló una de sus manos a través de la pequeña pieza de ropa interior que cubría su intimidad, la única prenda que le quedaba, y comenzó a acariciarla con suavidad, sintiéndola humedecer y gemir sin descanso, rogándole más. Suplicándole por una caricia más fuerte, por mayor placer.

    Pero él no atendió sus ruegos. Continuço a un ritmo lento, haciéndola agonizar, hasta que decidió que ya era suficiente preparación y apenas liberando su miembro sin necesidad de desvestirse, la penetro con fuerza.

    ¡Ahhh! gritó la joven, presa del más absoluto placer, mientras sentía cómo la embestía con fuerza.

    Una sinfonía de gemidos y ruegos ocupó aquella pequeña habitación del hotel de mala muerte durante interminables minutos, hasta que ambos jóvenes llegaron al más absoluto y delicioso orgasmo.

    Entonces, dejó caer a la chica sin mucha delicadeza sobre la cama y se puso en pie acomodándose apenas un poco los pantalones, guardando su complacido miembro. Ella le miró comprendiendo.

    Amantes de una noche.

    Tampoco había esperado mucho más cuando lo había visto acercársele en el bar. Era endiabladamente guapo y sabía sacar partido a su cuerpo vistiendo la ropa adecuada, en ese caso un conjunto de camisa blanca desabrochada con unos vaqueros ajustados negros. Su cuerpo era esbelto y fuerte, sin vello corporal, con unos extraños tatuajes en ambos brazos. Tenía el cabello recogido, de un color rubio clarísimo. Pero lo que más le había llamado la atención, eran esas gafas extrañas con cristales azulados que llevaba puestas, propias de los roqueros, que le daban a sus ojos un tono azulado, por que no alcanzaba a ver su color real.

    Ese físico y dos copas habían conseguido que con una facilidad pasmosa y ningún tipo de conversación, ella accediera a ir con él a ese hotel, cosa de la cual no se arrepentía.

    Pronto, aquel hombre la miró una vez más, desinteresado, y se encaminó a la salida con pasos rápidos pero silenciosos. Ella no dijo nada, hasta que escuchó la puerta cerrarse y liberó un suspiro.

    No había sido un amante demasiado atento, desde luego, pero la sensación que había experimentado con él no se parecía a nada que antes hubiera probado. Una mezcla de peligro, inquietud y mucha, mucha excitación.

    Ayumi suspiró de nuevo, sonriendo ligeramente. Se puso en pie, dispuesta a vestirse y regresar al bar con sus amigos habituales, cuando un fuerte pinchazo la detuvo. El dolor ceso casi al instante, pero otro siguió al primero, más prolongado, más doloroso. Sin entender el porqué, ni poder pensar, se encontró en el suelo de la habitación, invadida por un dolor terrible e inhumano que la hacía estremecerse, gritar y llorar.

    Los encargados del hotel, acostumbrados a los gritos de placer de sus inquilinos, lo ignoraron. Hasta la mañana siguiente, cuando encontraron el cadáver de la chica.




    Mucho antes del alba, su amante de una sola noche volvió al bar en donde antes había conseguido a su primera “víctima” de la noche. No estaba cansado y estaba seguro que necesitaría otra mujer antes de retirarse a dormir. A la mañana siguiente tenía una tediosa reunión y como el presidente de empresa que era, no podía saltársela.

    Pronto, encontró otra chica parecida a la primera, de buen ver y sumamente predispuesta a un instante de placer en sus brazos. La joven bailaba descaradamente con un chico que él supuso era su novio. Interesante. Hacía tiempo que no seducía a una chica comprometida. La idea se le antojaba apetecible.

    Se acerco a la barra dispuesto a pedir dos copas más, cuando al girar para mirar al camarero se encontró con un viejo conocido de cabellos oscuros como la noche, mirada negra y que vestía un sencillo traje de dos piezas bastante desenfadado. Éste lo miraba fijamente al principio, pero después sonrió con sorna y algo de maldad.

    ¿Otra noche de fructífera caza, Sesshômaru?

    No es asunto tuyo.

    El aludido ni se inmutó por el tono frío y desapasionado con el que le respondieron. Lo conocía demasiado bien, desde hacía demasiados siglos. Ellos dos habían sido rivales en un tiempo pasado, ya casi olvidado, cuando había más como ellos en el mundo, no como ahora, que solo quedaban tan pocos…

    -Por supuesto que lo es, ¿sabes? Te recuerdo que el dueño del bar soy yo. Es molesto tener que aguantar las preguntas de la policía cada vez que encuentran el cadáver de una joven que ha pisado el local y salido de él en tu compañía. Es estupendo que después lo tapes todo con tu dinero y que nada transcienda a la prensa, pero de todas formas, detesto hablar con humanos que me exigen responder a sus preguntas.

    No me importa.

    Naraku sonrió. No iba a cambiar nunca. Incluso él con el paso de los años había ido evolucionado, pues de otro modo no podría haber sobrevivido en un mundo plagado de humanos. Pero Sesshômaru no lo había hecho y aún y así… Era el dueño de la mejor empresa del país y estaba bañado en dinero. Claro que él tampoco podía quejarse, tenía todo cuanto deseaba en el momento que lo deseaba. Bueno, todo menos una cosa, completamente irrealizable.

    ¿Y qué tal con la chica de hoy? Te hubiera agradecido que escogieras otra, ¿sabes? Era cliente habitual desde hacía años.

    No obtuvo respuesta, de modo que supo casi al instante que la chica no había aguantado. Pasaba muchas veces. A él también le había pasado. Los humanos cada vez eran más débiles, de constitución, mentalmente… Todo se lo daban hecho y se habían acostumbrado a que el mayor esfuerzo a realizar fuese el de sentarse en sus sillas de oficina cada mañana.

    Por eso mismo, ya pocas mujeres soportaban la pequeña pero suficiente cantidad de veneno que los demonios les inyectaban involuntariamente cuando las poseían, junto con su esencia.

    La mayoría de ellas moría en apenas unos minutos.

    Y esa en parte también era la causa por la que los demonios como él estaban al borde de la desaparición. Si las mujeres no sobrevivían al coito, no había posibilidad de tener hijos, aunque fueran mestizos. Demonios femeninas ya no había, las sacerdotisas las habían aniquilado a todas con sus poderes espirituales en épocas pasadas.

    De repente, Naraku volvió a la realidad. Se había quedado tan absorto en sus pensamientos que en algún momento el demonio de cabellos plateados se había alejado de él y, con dos copas en la mano, se acercaba a una pareja que estaba bailando en la pista.

    Chasqueó la lengua con desagrado. De verdad que no entendía por que Sesshômaru siempre acudía a su local cuando estaba “de caza”. ¿Quizás eran ganas de fastidiarlo por todas las rencillas del pasado? No lo sabía ni le importaba, pero lo que no tenía ganas de aguantar era la maldita escena de celos y el escándalo que se iba a formar cuando la chica cayera en las redes del demonio y su novio empezara con la furia y los celos, suficiente tenía con el interrogatorio seguro de la policía mañana a primera hora de la mañana, de modo que sin pensarlo mucho, salió de la barra y caminando rápidamente alcanzó al cazador.


    Ni se te ocurra murmuró de una forma que con la música ningún humano lo hubiera escuchado, pero su compañero no era humano. Lo tomó fuertemente del brazo y lo arrastró con toda su fuerza demoníaca hasta su despacho en la planta superior.

    Sabía que él se dejaba llevar sólo por la sorpresa y la seguridad que tenía de poder matarlo en cualquier momento. Cosa que, por cierto, iba a hacer apenas se quedaran a solas.

    Sesshômaru entró al despacho con desagrado, seguro de que Naraku deseaba su muerte. Este lo liberó apenas traspasaron el umbral y fue directo a sentarse en un pequeño sofá que había. Él se quitó las gafas que cubrían sus dorados ojos y las dejó junto las copas que aún cargaba sobre el escritorio y lo miró, permitiéndole piadosamente explicarle los motivos de su atrevimiento antes de degollarlo, pero el otro permaneció en silencio durante largo rato.

    Cuando ya había dado un paso amenazante hacía él, dispuesto a hacerle hablar, tuvo que detenerse.

    ¿Por qué no te buscas un demonio?

    Aquello lo dejo perplejo por un instante, haciendo que olvidara sus ganas de matarlo.

    ¿Un demonio…? repitió con algo de incredulidad en su fría voz.

    Sí, ya sabes que algunos lo hacen le comentó, mirándolo directamente al rostro, sin sombra de miedo—. Uno de tu misma especie, que no se muera cada vez que entras en celo.

    De nuevo se sorprendió. No es que él no supiera de las relaciones entre demonios del mismo sexo, había tratado por cuestiones de negocios con muchos así, que preferían un compañero de su misma especie a saciarse con humanas, a fin de disponer de compañía y placer sin molestias. Si había reaccionado así, era por lo impensable de que esa situación se diera en su persona. Él era un demonio masculino, viril. Y no estaba dispuesto a tomar a otro, mucho menos a uno que pretendiera poseerlo por su belleza, cosa que detestaba recordar. Pero... ¿cómo demonios sabía Naraku que él tenía el celo propio de los animales?

    No me mires así le soltó Naraku cuando su mirada se fue volviendo cada vez más afilada y peligrosa, con un tono de voz cargado de malevolencia—. No te he estado espiando. Te recuerdo que durante mucho tiempo observé a InuYasha. Siendo de la misma sangre y viéndote aparecer por aquí cada tres meses exactos, no es muy difícil pensar que también entrabas en celo.

    InuYasha, aquel nombre le trajo malos recuerdos. Hacía ya mucho que su medio hermano había muerto de pena tras fallecer su esposa humana. Hasta para la muerte había resultado patético, dejándose llevar por sus sentimientos.

    No pienso involucrarme con ningún demonio le respondió al fin, frío como el hielo—. No hay un solo demonio a mi altura. Mucho menos uno que merezca compartir mi lecho.

    ¿Y es mejor como hasta ahora? ¿Seguir calmándote con humanas? Piénsalo bien, Sesshômaru. Te ahorrarías los inconvenientes de tener que cubrirlo todo luego, el soborno a los policías y la prensa, y el tener que permitir que un ser humano te toque pronunció, poniendo bastante énfasis en lo último, consciente de que al demonio perro no le gustaba que invadieran su espacio personal, mucho menos criaturas insignificantes como los humanos—. Si ya piensas que no hay demonio a tu altura, ¿lo están a caso todas esas chicas? ¿O acaso crees su justo castigo la muerte por un efímero contacto contigo? Un demonio sería más cómodo para ti. Muchos lo hacen por compañía sonrió con sorna—. Aunque, claro, ellos no tienen un corazón de hierro como tú.

    El demonio lo meditó durante varios minutos. Sí, quizás Naraku tenía razón. Desde luego, si lo comparaba el tener un demonio era un mal menor y siempre podría escoger a uno fácil de someter. Él no precisaba compañía, sólo lo necesitaría una semana cada noventa días, durante el celo. Bueno, eso descartaba la idea de un demonio débil. Necesitaba que tuviese aguante, pues él no quedaba saciado fácilmente. Y hablando de saciar…

    Lo pensaré contestó, antes acercarse de nuevo al escritorio con intención de ponerse las gafas y marcharse a terminar su cacería.

    Pero antes de llegar al escritorio, escuchó un resoplido de frustración y algo lo hizo girar bruscamente. Sin poder responder al ataque, se encontró siendo besado arduamente por Naraku y maldijo en su interior, jurándose matarlo por aquello, al tiempo que su celo tomaba el control y apretaba aquel cuerpo contra él, intensificando un beso que ya desde el comienzo había sido intenso y brutal. Ambos peleaban por el control de la boca del rival sin tregua.

    Entonces, declarando sus intenciones de no ir despacio ni tomar mucho tiempo, Naraku apretó con fuerza una de sus manos a la altura de la entrepierna de Sesshômaru, acariciando su miembro completamente erecto sobre la tela.

    Él sabía que su compañero iba a perder el poco control que le quedaba a favor del instinto, que lo impulsaba a tomarle, a saciar ese gran apetito sexual que el celo despertaba. Sabía que no sería cuidadoso, que probablemente le dolería bastante. Pero era un demonio, no temía al dolor. Las heridas se cerrarían en muy poco tiempo. Y él ya no sabía ni por que lo hacía, si para demostrarle que un demonio lo vendría mejor, para asegurar la paz de su bar o por que lo deseaba desde hacía quizás siglos. Pero lo cierto era que ahí estaba, quieto, mientras el demonio le arrancaba la ropa sin piedad, con los ojos dorados brillando con fuerza, un tanto fuera de sí.

    Sesshômaru lo lanzó sobre el escritorio, de cara a él, para su sorpresa, y lamió con deseo cada parte de su cuerpo, haciéndole estremecer, obligándolo a perderse en sus garras. Cuando llegó a la altura de su miembro totalmente duro, le dio una ligara lamida que lo volví loco y luego comenzó a succionar.

    Naraku se encontró gimiendo contra su voluntad, tan bajo como pudo, pero sin poder evitarlo de forma alguna. Se sentía arder con la violencia, la fuerza, el deseo y el placer. Había supuesto que sería rápido, ni siquiera imaginó que pudieran tener alguna clase de preliminares.

    Sesshômaru suspiró, cuando éste lo liberó de su tormento, para desnudarse tan rápidamente como pudo. Le guiaba su instinto y nada más, al fin y al cabo.

    No tuvo tiempo a decir nada más, pues sintió cómo el se colocaba sus piernas sobre los hombros y lo posicionaba de una forma más cómoda para lo que vendría.

    Y luego vino el dolor. Fuerte, inevitable, constante. El demonio no se detuvo ni un segundo a esperar que se acostumbrase, lo penetró duramente, saciando su inmenso deseo, no dejándolo más opción que morderse los labios para no gritar. Naraku no era débil en absoluto. Aguantó el dolor durante largos minutos, hasta que éste comenzó a remitir un tanto y procuró concentrarse en esas sensación de placer que lo invadía cada vez que lo penetraba con profundidad y alcanzaba ese punto que lo volvía loco.

    El sexo fue violento y brutal. Y de la misma forma que había comenzado, terminó. Apenas un segundo, un instante de placer máximo que sacudió a Sesshômaru al llegar al orgasmo.

    Se separó de Naraku, que inmediatamente extrañó la sensación de doloroso placer que él le proporcionaba y aún tenía una dura erección. Pero no protestó, se limitó a levantarse del escritorio y esperar, observando el serio semblante de su ¿amante?

    Un golpe, un insulto, la muerte…

    Entonces él de cabellos plateados se inclinó y lo acercó a él, observándolo de cerca, sin apenas rastro ya de ese instinto salvaje que antes había nublado sus ojos. ¿Qué diablos hacía? Se preguntaba el azabache.

    Gimió. No pudo evitarlo al sentir la mano de Sesshômaru tomando su miembro y masajeándolo con fuerza. Sin más opción, se aferro a él. Su cuerpo vibraba y necesitaba algún punto donde apoyarse. Si hubiera podido pensar con claridad, se habría asombrado de que el demonio perro no rechazase un contacto no producido por él.

    Se había excitado demasiado, al punto que en pocos minutos estalló, dejándose caer sobre el suelo, pero sin llegar a tocarlo po que los brazos de él lo tomaron y lo sentaron en el pequeño sofá.

    —No pensé que fueras tan débil
    le susurró Sesshômaru después de dejarlo, tomando sus vaqueros negros del suelo y poniéndoselos.

    No lo soy respondió Naraku, sin ganas de fastidiar al otro, siendo consciente de la pequeña línea de sangre que corría por sus piernas a causa de la herida que el mismo se había buscando—. Pero si me da la gana, me dejo caer. Hace tiempo que dejé de ser tan orgulloso como tú.

    No dijo nada más, su compañero tampoco. Éste sólo se vestía lentamente, perdido en sus pensamientos. Cuando terminó, se colocó las gafas y se dirigió a la puerta. Pero no la abrió. Se quedó de espaldas al otro demonio.

    Me plantearé tener un compañero dijo mirando a la puerta, pero dirigiéndose a Naraku- Si ese compañero eres tú.

    Bueno… dijo sonriendo con algo de maldad, un poco más recuperado—. Me lo pensaré.

    Sesshômaru sonrió, de forma imperceptible. Y abandonó la habitación, aunque por poco tiempo.

    Fin
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    Título: Sweet Christmas Parte 2
    Summary: Hace diez años, en una hermosa navidad, ellos se separaron. Ahora, en las mismas fiestas, vuelven a reencotrarse. ¿Se quedarán juntos esta vez?
    Pareja: Eriol Hiragizawa y Tomoyo Daidouji, con un poco de Sakura Kinomoto y Shaoran Li
    Clasificación: T-M
    Advertencias: Este es un oneshot dividido en dos partes, ya que me salió muy largo. Esta es la segunda parte y contiene el lime/lemon. Para la primera parte de la historia, presiona y te llevará al inicio. No tuvo beta. Lenguaje explicito.
    Género: Romance
    Cantidad de palabras: 3770


    A sus veinticinco años, jamás había recibido una sorpresa tan grande como esta. Aún no salía de su asombro, y eso que ya estaban cenando en aparente tranquilidad. Si, la palabra clave de esta oración es: aparentemente. Tomoyo nunca pensó en encontrarse de nuevo con su mejor amigo, y mucho menos verlo tan guapo. ¡Deja de pensar en esas cosas, Tomoyo! Se recrimino mentalmente. No podía evitar pensar en eso.

    Verlo ahí en su casa con ese porte alto, su cabello negro con destellos azules, su mirada profunda y su pecho bien formado, que se lo notaba a través de la camisa azul que llevaba. ¡Oh, sí! Estaba hecho todo un papasote, listo para ser comido con, ¿Fresas y Chocolate? o ¿solo fresa o solo chocolate? De igual manera, con cualquier cosa, se lo podía comer. Tomoyo, ni que no hubieses tenido sexo hace mucho tiempo, para que pienses de esa manera. ¡Y peor imaginándote a tu mejor amigo desnudo y con chocolate encima! ¿Alguien le podría ayudar en como demandar a su conciencia?

    Eres abogada y no lo sabes. Definitivamente, la amatista no estaba en sus cabales. Primero imaginándose a Eriol desnudo y con chocolate encima de su escultural cuerpo de Adonis y luego buscando la forma en cómo demandar a su conciencia ¡Cuando no existe! Bien, o le hizo daño alguna comida que ingirió o la falta de un buen sexo, que la haga gritar hasta quien sabe donde, le atrofio su cerebro. Olviden la parte última.

    Sin embargo, por otro lado, el joven zafiro se encontraba en su propio predicamento. Y no estaba prestando mucha atención a la cena, que digamos. ¡También se imaginaba a Tomoyo desnuda, con su cuerpo de ángel, y con fresas adornando sus…! ¡Eriol Hiragizawa! ¿Quieres dejar de imaginar esas cosas? ¡Dios mío! ¿El mundo se ha vuelto loco o qué? Que oportuna había sido su conciencia en interrumpir su hermosa fantasía. No podía evitarlo, mejor dicho, no quería evitar tener esa clase de pensamientos.

    No se habían visto desde hace años. Y obviamente, cada uno se recordaba como adolescente. Pero por lo visto, ya no lo eran y simplemente pasaron a ser: un hombre bastante atractivo y una mujer elegante y sumamente hermosa. Eran adultos, ahora, y por lo que se veía, ambos ya tenían experiencias en la mayoría de las cosas, en todo sentido de la palabra. Seguían sumidos en sus pensamientos. Cabe recalcar, que no eran pensamientos castos, para nada.

    —¿Cómo te fue en el viaje, Eriol? —pregunto esmeralda, como quien no dice nada.

    —Bien. Bastante normal, a otras veces que he viajado —respondió, por cortesía.
    Zafiro deseaba, en el fondo de su corazón, que el que le hiciera esas preguntas fuera su amatista y no otra persona. Pero la realidad era otra, ella jamás le diría nada. O eso creía él.

    —¿Cómo te ha ido en Inglaterra, Eriol? —pregunto la amatista.

    —Bien, dentro de lo que se puede decir. ¿Cómo te ha ido con tu trabajo? —zafiro quería saber algo, que desde hace tiempo le rondaba por la cabeza.

    —Bien, no me quejo. Mi madre paga muy bien y aparte tengo ingreso por parte del Buffet de abogados que tengo.

    Eriol confirmaba parte de sus sospechas. Minutos después se confirmo todo.

    Tomoyo había puesto su buffet junto con una compañera de universidad, cuatro años atrás, con el fin de ayudar a las personas que tuviesen algún problema legal, ellas lo asesorarían en lo más necesario. No necesariamente tendría que ser persona jurídica – entiéndase, empresas. – sino también, para personas naturales. De hecho, fueron el primer buffet en instalarse en Tomoeda, y asi, las persona de ese pueblo no tendría que viajar tanto hasta Tokyo para pedir asesoría.

    Amatista se dividía el tiempo entre el un trabajo y el otro. Sonomi jamás le reprocho algo, incluso, siempre le aconsejaba que no se sobrecargara tanto, y que solo se dedicara a su buffet. Conocía el carácter de su hija. Era igual al de su esposo, siempre entregándose hasta decir basta, incluso ni eso.

    Su amiga recibió un mensaje, de un amigo del colegio que necesitaba ayuda legal para una compañía inglesa, en la cual él trabajaba como gerente general. Ya llevaba un año, donde no veía como sacarla de donde estaba metida. Por pedido de ella, decidió intervenir, ya que su buffet no daba, por ese entonces, asesoría a nivel internacional.
    Cuando se entero de que la compañía en problemas era la de Eriol, casi se pega un tiro.

    Literalmente hablando. Aun asi, se empeño en ayudarle, aunque no fuese ella quien estuviera en las reuniones directamente. De hecho, ese trabajo no le correspondía a ella, sino a su socia. Ellas tenían una política muy peculiar. Si una de ellas tenía un trabajo de asesoría por hacer, se encargaría hasta el final, sin que la otra se inmiscuya en sus asuntos. Es por eso que Tomoyo, jamás se entero de ciertas cosas.

    Muy por el contrario, aquello no lo sabía Eriol ni los demás, por eso que pensaron que la amatista no quería ayudarlo. De hecho, si lo hizo, comprando unas acciones y fusionándola a la empresa de juguetería, como una pequeña sección de la corporación Daidouji. Aquello ayudaría a ambas empresas. Procuro, mantenerse alejada de todo lo relacionado al negocio y lo logro. Nunca supo, que zafiro estaba soltero y jamás se entero, que después de que le ayudase en recuperar su empresa, sus padres habían fallecido.

    —Me estas diciendo Tomoyo, que jamás supiste que Eriol estaba soltero y que tenía problemas serios con la empresa y por consiguiente del fallecimiento de sus padres —en vez de preguntar, afirmo su prima Sakura.

    —Asi es. De la empresa solo fue a nivel superficial y esencial. Nada más.

    La amatista quería que aquella conversación acabase, puesto que había otras razones y de peso, por las cuales se separo de Eriol. El hecho de que le hacía daño seguir enamorada de él y no ser correspondida, mientras él estaba haciendo su vida, le partía el alma. Pero no lo iba a decir. Esa fue una de las tantas razones, pues hubo otras, que no tenían mayor peso.

    —Tomoyo, ¿Por qué razón dejaste de hablarme por completo? —bien, eso no se lo esperaba. Tan directo.

    —Eriol, estamos veinticuatro y en una cena. Mejor hablemos de otras cosas, ¿sí? —intentaría ser persuasiva, no podría responderle. No con la verdad.

    —No me interesa. Quiero saber las razones y ahora —Eriol muy pocas veces se enojaba y en esta ocasión, demostraba que estaba a punto de hacerlo.

    —Bien. Te lo diré —suspiro derrotada —. Uno de los accionistas tuyos, investigo mi pasado y el tuyo. Según pareció, él quería vender sus acciones a bajo precio, para luego volver a comprar, incluyendo las tuyas. Decía que tu y yo tuvimos un…romance, que te tenia agregado en mi Facebook, mi Twitter y mi MSN.

    Dudaba si seguir o no. La cara de Eriol le decía que estaba a punto de estallar del coraje. Sin embargo, prosiguió.

    —No sé como lo supo, pero el argumento de él, es que tú mandaste a pedir ayuda a mi buffet, y que me pagarías una cantidad de dinero, bastante elevada —hizo una pausa —asi asegurándote con quedarte con todas las acciones y dejarlo a él en la calle. O sea que le practicarías fraude.

    >>Lo que no supo, es con quien estaba hablando. Puso la demanda contra mí, alegando, que yo era cómplice tuya para realizar el fraude. Que tú querías declarar la empresa en quiebra para evadir al fisco. Cuando el Juez nos llamo, se sorprendió de verme ahí siendo acusada de algo que no soy participe. Sin embargo, no soy tonta y lleve pruebas necesarias. Eso fue, al año de que yo instale el buffet y tú estabas pataleando con tu empresa y no con la aerolínea.

    —¿Qué te dijo? – pregunto Eriol con interés

    —Una vez adentro del despacho. Me presente como Tomoyo Daidouji, cabe decir que lo que viene seguido es para recordarlo. No me presente como abogada, sino como empresaria.

    —No entendemos – hablo Sonomi, por primera vez.

    Tomoyo empezó a relatar, la conversación que tuvo en el despacho.

    —Señor juez. Esta señorita, está aquí, siendo demandada por mi cliente, ya que ella está realizando acciones sospechosas como fraude junto al señor Eriol Hiragizawa.

    —¿Es cierto, señorita Daidouji? Conozco a su familia, y sé que ni usted ni su madre, harían algo asi.

    —Un momento, ¿de qué conoce a usted a esta señorita? —pregunto alterado el accionista.

    —Permítame presentarme. Soy Tomoyo Daidouji, heredera de la Corporación Daidouji, la más grande de toda Asia, por decirlo así. También soy abogada y poseo mi propio buffet.

    —¿De qué conoce a usted al señor Hiragizawa? —preguntó el juez con interés —Dice el abogado del accionista, que ustedes tienen un amorío y están conspirando para declarar en quiebra a la empresa y luego quedarse con unos millones —el Juez conocía a casi todas las familias, no sabía en que se metía ese accionista.

    —Eriol y yo fuimos juntos al instituto. Somos amigos desde que tenemos doce años. Una vez que nos graduamos, cada quien hizo su vida. No he sabido nada de él —contesto Tomoyo con tranquilidad.

    —No le creo —refuto el abogado del acusador —tenemos pruebas que usted lo tiene agregado a su red social, además…

    —No me haga reír. ¿Esa es su prueba? ¿En eso se basa usted? Es verdad que lo tengo agregado, pero no he conversado con él, más que un: “hola”, “¿como estas?”; cosas básicas. Ni él tiene tiempo, ni yo tampoco. Una vez que nos graduamos del instituto, Eriol regreso a su país natal, Inglaterra. Yo me quede aquí. Si vemos solo los amigos que tengo agregado, debería saber que también tengo agregada a Sakura Kinomoto, quien es mi prima y todos saben que posición tiene, como también tengo agregado a Shaoran Li, heredero de la Corporación financiera y de la fábrica de textiles más prestigiosos de Asia.

    La cara de ambos es única. Tomoyo prosiguió.

    —Eriol es el heredero de la compañía de Aerolíneas reconocida en Europa y Asia. Por tanto, es un hombre con mucho dinero. ¿No le veo por donde quiera hacer algo ilícito como fraude?

    —La agencia de publicidad…

    —Es una compañía pequeña que él creo, cuando aún estábamos en el instituto. En unas vacaciones, el se fue a Inglaterra y su pasión por el marketing y publicidad, le llevo a crear esa empresa. Obviamente legalizo todo, pero no la empezó a funcionar hasta cuando se graduó y se fue. Desde ahí, no lo he visto. Y hasta donde yo sé, el siempre tuvo enamorada. – concluyo con una sonrisa.

    —¿Si no se ha comunicado con él, como supo todo esto? —pregunto el juez.

    —Shaoran es el mejor amigo. Una vez, en una navidad lo comento en casa, mientras cenábamos. Le pregunte a él, cuando tuve tiempo de comunicarme, y me confirmo aquello. Hace un año, se entero que le estaban haciendo cuentas ilegales en la empresa de él, no la aerolínea, y empezaría a entrar en quiebra.

    —¿Cómo se contacto el señor Hiragizawa con usted? —prosiguió el juez

    —En realidad, él no sabe que estoy trabajando en su caso. El buffet recién lo abrí junto con una amiga y no nos especializamos en asesoría internacional, por el momento. Sin embargo, el gerente general, es un gran amigo de ella desde el colegio y le pidió ayuda. Se trata de un caso especial y ella accedió. Además nosotros poseemos una política: Cada quien coge el caso y el otro no se mete en los asuntos de uno. Ella me comenta, pero es muy superficial, lo básico. Es por ello, que yo no me he metido en el caso de mi socia.

    —Ahí termino todo. El juez falló a mi favor, obviamente. Agradecí, que no haya ido a juicio. Más bien fue como una ronda pre-eliminar y eso ayudo bastante. También las pruebas de los documentos que tenía —concluyo la amatista.

    —Pero eso fue cuando teníamos veintiuno, máximo veintidós, sino me equivoco —Eriol empezaba a sospechar, que ese no era un motivo valido. No se equivocaba —Tú me dejaste de hablar hace dos años.

    —El accionista me estuvo acosando todo este tiempo. Apenas pase palabra contigo. Él supo, cuando compre las acciones y fusione tu empresa con la mía. Siguió mis pasos, día y noche, atormentándome. Hasta que decidí poner punto y final. Corte comunicación contigo, para no soportarlo a él más tiempo —dijo la amatista con dolor. Pero no como el de amar y no ser amada. Ese era más grande.

    Después de esa confesión, todos quedaron en silencio. Terminaron la cena, y Sonomi empezó hablar de cosas triviales, para despejar el ambiente tenso que se formo. Eriol presiono a la señorita Daidouji para que hablara, sin saber todo lo que vivió ella. En parte la comprendía, por no decir, que la entendía.

    12:00 am

    Las felicitaciones no se hicieron esperar. La buena nueva, los deseos de prosperidad, éxitos y salud, estuvieron presente. Sin embargo, Tomoyo estaba absorta en sus pensamientos. Había visto a Sakura y Shaoran actuar de manera extraña. Solo ella se entera de las cosas a último momento. Recién se entera que Eriol sufrió muchos años de soledad, que no tenia novia y… Mejor era ya no pensar.

    De manera educada se despidió, y se retiro a su habitación. Tenía que relajarse y pensar. Sabía que tenía una oportunidad con él, pero como acercarse después de lo que tuvo que decir. Verdad a medias. Porque asi es. Asi fue. Esa fue una razón por la que se alejo de su amigo. La otra, porque en ese entonces, ella pensaba que él seguía con Akemi. No iba a intervenir. Se manejaba con una idea: Por un hombre, la mujer no debe ni pelear ni llorar. Y eso era exactamente lo que hacia ella. Alejarse, fue su única solución.

    Parada en el balcón de su habitación, miraba lo hermosa que estaba la luna. Podía estar asi toda la noche y contemplarla. No se cansaría ni ella ni la luna. El cuarto estaba oscuro, apenas la luz de la luna iluminaba algo. Sentía la brisa del viento, en su cara. Sabía que jugaba con su cabello y le gustaba. Era una sensación de paz y tranquilad. Absorta en sus pensamientos, se encontraba, que no se percato de la presencia de Eriol.

    Zafiro estaba arrimado en el marco de la puerta, observándola detenidamente, grabando en su mente, la figura de su amatista. Tal vez, la acción que vaya a realizar, pueda provocar que se separe definitivamente de ella. Pero tenía que intentarlo. Si no lo hacía, se volvería loco. Se separo de la puerta, cerrándola con seguro, haciéndolo de manera silenciosa sino quería asustar a Tomoyo. Caminaba a paso seguro, estaba decidido.

    Daidouji sintió unos brazos fuertes en su cintura, cerró sus hermosos ojos. Pensaba, en su imaginación, que era Eriol quien la abrazaba por detrás. Sintió unos suaves labios en su cuello y ella seguía imaginando, y no pensaba que estaba sucediendo en verdad. Alzo la mano, enterrando sus finos dedos en la cabellera negro con destellos azules de zafiro. Lo motivaba, sin darse cuenta, que estaba pasando lo que siempre deseo.

    —Eriol —susurro.

    —Dime —dijo sin dejar de hacer lo que estaba haciendo

    Abrió los ojos de golpe, y se giro sobre sus talones. Sus miradas se toparon.

    Zafiro y Amatistas

    No aguanto más verle esos labios, que le llamaba para ser acariciados con los de él, la atrajo más hacia su cuerpo y la beso. Ella le cruzo sus brazos alrededor del cuello de él, y enterró sus finos dedos, en su cabello rebelde. Se besaban con amor, pasión y ternura. Tomoyo se resigno, sabía que después de eso, él se iría de su lado, pero no desaprovecharía la oportunidad que se le estaba presentando

    Seguían acariciándose, como si tratasen de conocer aún más de lo que ya se conocían. Como tratar de decir, con su cuerpo, lo que sus labios no podían pronunciar, cuando querían decir algo. Él la quería a ella. Ella lo quería a él. Se pertenecían. Sus corazones ya tenían dueño. El de Tomoyo, su dueño era Eriol. El de Hiragizawa, su dueña era Daidouji. No había nada más que decir. Solo demostrarlo.

    Eriol bajo por su barbilla hasta llegar al cuello, Tomoyo hecho hacia atrás su cabeza para darle más espacio a él, para que continuara acariciando con sus labios su cuello. Apretaba el cabello de Hiragizawa, atrayéndolo más. Lo necesitaba. Ambos se necesitaban y lo sabían. Él había tenido muchas amantes. Ella también. Y sin embargo, se sentían como si fuese este su primera vez. Se comportaban como chiquillos con hormonas alborotadas, y ya no lo eran. Son dos adultos, con la necesidad de estar juntos.

    El vestido estaba caído. La camisa estaba en algún lugar del cuarto. Ella estaba con fina lencería y sus zapatos de tacón, él estaba con el pantalón puesto y sus zapatos casual. ¿En qué momento quedaron así? No lo sabían y no querían hacer descubrimientos en ese momento. Las acaricias iban y venían. Fuego líquido recorría el cuerpo de ambos. Se quemaban y les gustaba. Volvieron a mirarse. Los labios de los dos, estaban rojos e hinchados. Continuaron con el beso. La alzo provocando que la amatista le rodeara, con sus piernas torneadas y firmes, su cintura.

    La deposito con sutiliza en la cama. Se volvieron a mirar, perdiéndose en la mirada del otro. Tomoyo le acariciaba el rostro con sutiliza. Eriol le acariciaba el vientre. Le molestaba que tuviese aún el sostén, puso la mano detrás de la espalda de Daidouji, y rápidamente le quitó el seguro. La prenda cayó. Ella gimió al sentir los labios de él, en su seno. Y su otra mano, acariciando el otro. Cuando se dio cuenta, ella le había rodeado la cintura con sus piernas. Lo necesita y lo quería adentro.

    Las manos de amatista no se quedaban atrás. Le acariciaba el torso y la espalda. Las bajo, llegando al filo del pantalón de él, le quito el cinturón, le desabrocho el botón y le bajo el cierre. Él la miraba confundido.

    —Me molesta que estés con el pantalón puesto.

    Le ayudo a quitárselos. Para ese momento, ya no tenían puestos sus zapatos. Volvían a besarse. Acababan de realizar un nuevo descubrimiento. Eran adictos a los labios de cada uno. Solo quedaba una prenda en cada uno, la única que les impedía poder unirse. Todo sucedía por inercia y solo eso ocurría, cuando dos personas se aman de verdad y no necesitan de muchas palabras.

    —¿Te había dicho que eres hermosa? —en sus ojos zafiro, había más que deseo. Había amor.

    —No —ella lo miraba. Y también poseía la misma mirada de él.

    —Te lo digo ahora. Eres un ángel —seguido de aquellas palabras, volvieron a besarse.
    Tomoyo le quito el bóxer. Eriol le quito su tanga. Ambos desnudos, mirándose detenidamente. No podía creer que su amigo fuese todo un hombre. Su masculinidad se lo demostraba. Él no podía salir de ese sueño, ver a su amiga que era un ángel bajado de cielo. Todo su cuerpo se lo enseñaba.

    Ninguno de los dos era virgen. Sin embargo se sorprendían, de que se sintiera como la primera vez. Aquella, en la cual todo es delicado, sutil. Donde las palabras de amor no faltan, y tampoco las acaricias tiernas.

    —No tengo condón

    —Eriol. No arruines el momento. Déjate llevar. Déjame que me vaya. Por favor —en sus ojos amatistas había seguridad. Poco le importaba lo que pasara esa noche. Estar con él, era maravilloso.

    Se dieron otro beso, mientras él se acomodaba en medio de las piernas de ella. Suavemente, fue ingresando. Tomoyo le abrazo con ternura y al mismo tiempo, de manera fuerte. Eriol, supo que ya estaba completamente adentro de su amada. Empezó a embestirla de manera suave, delicada. Porque debajo de su cuerpo, estaba una muñequita de porcelana, la cual él temía lastimarla.

    Gemidos y jadeos se escuchaban en la habitación. Solo eran ellos dos, nadie más, exceptuando la luna, quien era su único testigo. Cambiaron de posición, quedando él debajo de ella. Se besaban y se acariciaban más. Sabían que llegarían en cualquier momento. Eriol, volvió a colocarla debajo de él. Tomoyo curvo sus espalda, pegándose más a su amigo, dejándole espacio para que él le bese el cuello. Sintió como ella llegaba al clímax. Él llego, segundos después.
    Salió con lentitud y atrajo el cuerpo de su amatista hacia él. Ella acomodo la cabeza en el pecho de Eriol, y con suaves acaricias se quedaron dormidos.

    25 de diciembre

    Sentía los reflejos del nuevo día. Le extraño que el astro rey, no le golpe su cara, con su luz. Abría sus ojos color violeta despacio. Trataba de ubicarse en el tiempo/espacio. Quiso moverse y no pudo. Sintió unos fuertes brazos rodearle la cintura. Alzo su mirada, y se topo con la de Eriol. Fue real, nada ha sido mi imaginación. Pensó la joven abogada.

    —Eriol… yo… —no sabía cómo empezar.

    —No digas nada —ella se sorprendió ante la declaración de él, pero que podía pedir, si fue ella quien le pidió que continuara —Yo te amo. Siempre estuve enamorado de ti. Tuve miedo a que me rechazaras y yo no estaba dispuesto a perder nuestra amistad. ¿Me perdonas?
    Le miraba con unos ojos lleno de culpa y de dolor. Habían perdido diez años de poder estar juntos. Ella le acaricio con ternura su rostro. Se apretó más hacia él.

    —No me pidas disculpas. Yo me aleje de ti, fue porque te amaba. Y lo sigo haciendo. Esa es la razón por la cual te deje de hablar hace dos años. Quería que fueses feliz, aunque no sea a mi lado.

    —¿Te parece si empezamos desde cero?

    —Si —le sonrió y le dio un largo y profundo beso

    Después de unos minutos, se levantaron, se dieron un baño juntos. Bajaron al comedor cogidos de la mano. Y el pequeño Spinel fue el primero en recibirlos. Eriol le sonrió y le acaricio la cabecita. Todos los presentes estaban expectantes a la noticia que dieran ambos. Y no se hicieron esperar.

    —Estamos juntos —dijo zafiro.

    Todos saltaron de la alegría. Ambos eran abrazados y felicitados por la buena nueva. Desayunaron y conversaron. Decidieron pasar el fin de semana en la mansión Daidouji. Este sería el inicio de una nueva vida para los dos.

    En una navidad se separaron. Y en una, se volvieron a juntar. De ahora en adelante, las próximas navidades, la pasaran juntos con el pequeño Spinel. Como siempre debió haber pasado.
  6. No sé sí realmente pueda publicar ésto aquí, pero siendo lime no puedo ponerlo en la zona de Colectivos. Es que quiero que contabilice en el concurso de "El que escribe más" D:



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    Título: Mejor que él.
    Summary: Hacia algo de tiempo desde que Ren Tsuki no tomaba una gota de alcohol, pero lo ha hecho de nuevo y, volviendo a casa, se encuentra con Yuu… “Soy mejor que él, en muchos aspectos”.
    Fandom: [FFC] Touday Gakuen.
    Pareja: Ren x Yuu.
    Tipo: One shot,
    Cantidad de palabras: 1, 166 + título.
    Clasificación: M.
    Advertencias: Lime, Yaoi, Sin betas. Narración en tercera persona.
    Género: Romance.


    MEJOR QUE ÉL.

    Hacía mucho, bueno ni tan “mucho”, que el mayordomo de apellido Tsuki no probaba una copa del más fino licor de la temporada, así que, como todo hombre de reglas, debía tener sus deslices y sus noches de “diversión”. Aquel día, su “adorable” damita le había puesto a coser un vestido de noche, ¡para esa noche! En fin, lo había terminado y la chica permitió, por primera vez desde que había sido asignado a ella, le dio el resto de la noche libre.

    —Mientras no sea en exceso~ —cantó, mientras se abría paso entre la gente de aquel bar.

    Tomó asiento en la barra, donde una cantinera le ofreció un trago —aunque, más bien, parecía ser ella misma lo que ofrecía. Con sutiles halagos y un tanto de coqueteo, aceptó el trago y, además, un buen descuento. Incluso le llegó un trago por parte de un caballero a quién, con facilidad, pudo reconocer como Hattori, Naito. Pero, una bebida gratis, es una bebida gratis.

    Una, dos, tres, copas.

    Una cerveza.

    Así se la pasó por varias horas, pero sintiendo que ya estaba un poco pasado de la media que podía soportar, decidió salir de aquel lugar. “Todo con medida” es lo que se había propuesto y, en cierta forma, tenía que cumplir. Eran eso de las once de la noche cuando, por fin, logró reencontrar el instituto. Suerte que recordaba el cómo entrar si las puertas ya habían sido cerradas.

    Casi llegó a su habitación cuando lo vio caminar por los pasillos. Sonrió, malicioso.

    —Borracho eres igual a Naito —gruñó Sagushi, al escuchar al poco silencioso y ebrio Ren.
    —¡No me compares! —Bueno, al menos podía hablar a la perfección.

    Corrió con suerte de que Yuu no llevara ningún arma consigo, porque así pudo ponerlo contra una de las paredes, sin dificultad. Ronroneó cerca de su oído antes de delinear el cuello de su víctima con la punta de lengua. El de cabello más corto gruñó.

    —Soy mejor que Hattori —Besó el cuello de Sagushi—… En muchos aspectos.
    —Apártate… ya.

    ¡Ja! El joven de cabello cobrizo podía ser tan odiosamente provocativo cuando se ponía de mandón. Por su parte, bastante autoritaria y poco razonable, el de mirada escarlata aprisionó, todavía más, al otro mayordomo, presionando sus muñecas y besándole la nuca. “No te irás” fue lo Yuu pudo entender antes de que el pelinegro le jalara por la cintura, de modo que pudiera tener su rostro frente al ajeno. Sin más, le plantó un beso… ¡Y qué beso!

    En menos de lo que Ren pudo esperar, la parte oscura, la más profunda del joven Sagushi hizo su aparición, colaborando con aquella muestra de… ¿amor? No. De deseo, lujuria… pasión carnal. Pronto se separaron, aunque fue más por necesidad de oxigenación que otra cosa. Ambos se miraron.

    —Ya… ¡Largo! —gruñó el menor—. Esto ya no es correcto.

    Yuu se zafó del agarre.

    —¿Quién dijo que lo fuera? —Le alcanzó el de mirada rojiza.

    De buenas a primeras, el mayor le abrazó por la cintura, acariciándole desde la parte más baja de su espalda hasta los cabellos más cortos de la nuca. Esa noche, Tsuki, aunque no había bebido lo suficiente para estar ebrio, si había conseguido el valor para “tomar” lo que, por derecho de antigüedad, le pertenecía.

    Se inclinó sobre su “premio” para volver a besarlo, pero esta vez era un beso, aunque más intenso, era más lento y con un poco más de sentimiento que el anterior. Le tomó de la cintura con una mano, pegándolo a él lo más posible y, con la otra libre, le jaló de a mejilla, para besarlo con más facilidad. El de cabello cobrizo ya casi no ponía —ni quería poner— resistencia, por lo que se aferró del saco de su “atacante”, incluso se puso levemente en puntas para alcanzarlo.

    La cabeza del mayordomo sobrio batallaba entre seguir y no hacerlo. Y aunque la segunda opción prevaleciera, y por mucho, no podía dejar de besarlo… ¿Podría ser, acaso, el hecho de que hacía mucho que había querido estar “así” con él? Sin embargo, y sacando fuerza de voluntad de quién sabe dónde, el joven más cuerdo y sereno logra empujar al más “acalorado”, más bien, lo intenta.

    Haciendo caso omiso a los fuertes intentos por separarse de Sagushi, Ren vuelve a poner al chico contra la pared, aunque siendo un poco más violento.

    —¡Basta! —Se estremeció Yuu, al percatarse que una de las manos del otro chico se había deshecho ya de su cinturón y el botón de su pantalón—. ¡No quiero esto!
    —¿Seguro? —susurró el otro, besando su cuello, incontables veces.

    Era Enero, en esos días cuando el frío andaba en su punto crítico, cuando la temperatura marcada era la más baja que se podía registrar en el año. Muchos estornudaban, tosían y otros tantos llegaban a temblar, ese era el caso del Sagushi de dieciséis años, recién llegado a la academia de mayordomos, débil, enfermizo e incluso torpe.

    —No te enfríes demasiado, ¿vale? —Ese había sido chico que, al igual que él, aún era un inexperto en el arte de servir—. Luego faltarás a las clases de modales… Y sabes que el profesor se enoja en sobremanera.
    —Si… tomaré tu consejo.

    A pesar de que no se conocían del todo, podían considerarse “amigos” aunque, si le preguntaras a cualquiera, ambos se dirigirían al otro como un simple “conocido”.

    Los labios del más alto se movían con tal rapidez y experiencia que hacían que la mente de su víctima diera vueltas. Sus nudillos estaban más que blancos debido a la fuerza con que los aferraba, no quería tocarlo… más bien, no debía tocarlo. Cerró los ojos con fuerza, intentando no caer en la tentación.

    —Sólo… déjate llevar —susurró el de mirada carmín, delineándole los costados con los dedos—, ambos sabemos que quieres…
    —C-cállate —titubeó.
    —A menos que seas un cobarde y temas que te lastime —rió el Tsuki, mordiendo el labio inferior de Yuu con suavidad.

    La mirada del joven cobrizo había cambiado un poco, pues aquello —que le dijeran cobarde— no era su cosa favorita. La sonrisa embozada por el mayor tras haber enarcado una ceja y comenzar a caminar hacia atrás, llamándole con el dedo, hizo a Sagushi desesperar. Sus pies estaban clavados al suelo, no debía moverse, más si quería

    Ren casi había llegado hasta su habitación cuando Yuu por fin comenzó a moverse; ya había desertado en seducirlo… o es lo que hizo creer al joven de mirada dorada. Cerró la puerta en el mismo momento en que su último cabello entraba a la habitación y procuró cerrar con llave para que el más joven se hiciera la idea de que “eso” había terminado. Yuu suspiró aliviado e igualmente se fue directo a su recámara.

    De pronto, el seguro de la puerta donde Ren había entrado fue retirado y la conocida silueta de cabellos oscuros salió y volvió a entrar, pero ésta vez a las dependencias del joven cobrizo.
  7. No me golpeen, es mi primer Yuri u///u.




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    Escrito para la actividad del mes de Mayo; utilicé la palabra Baño.

    Título: “Frenetic Love” (Amor frenético).
    Summary: El frenesí que corre por mis venas, ese frenesí por tocarte, por besarte.
    Fandom: Zombie Loan.
    Pareja: Michiru X Yomi/Koyomi.
    Tipo: One shot.
    Cantidad de palabras: 1,435 + Título.
    Clasificación: M.
    Advertencias: Yuri, lemmon; sin betas. Narración en primera & tercera persona.
    Género: Romance.


    Nota/Anexo: Los caracteres en estilo “cursiva” representan una narración en tercera persona; el resto es primera persona, narrado por Michiru.

    FRENETIC LOVE.

    Las veces que Yomi la había tocado eran menos que escasas y, aunque siempre expresara un total desagrado, en el fondo, muy en el fondo, aquellas caricias eran satisfactorias, gratificantes… Le gustaban. Michiru, la última que había ingresado a la “organización”, la que había establecido un contrato para regresar a la vida, era ella quién deseaba ser tomada por ella, por ella y nadie más.

    Aquella tarde, había sido uno de los días más fríos de la temporada, y no solo por las ventiscas heladas, sino —también— por la tremenda lluvia de la que la ciudad estaba siendo presa. La joven de las gafas, que había olvidado su sombrilla —por enésima vez en la historia—, se encontraba camino a casa, donde un baño caliente le esperaba.

    El camino hasta la mansión fue más rápido de lo esperado, ya que Michiru había apretado el paso, aunque no sirvió de mucho, pues ya estaba más que empapada; la verdad es que no tenía razones por las cuales apresurarse, ya que en su estado —de muerte—, no tendría por qué temer el enfermarse o algo por el estilo. Sin embargo, el llegar temprano le sería compensado…

    Si no fuera porque ya estoy muerta, hubiera jurado que mi corazón estallaría del inmenso esfuerzo que acababa de hacer. Dejé caer mi mochila —chorreando— en la puerta y entré sigilosa. Me deshice tanto de mis zapatos como de mi sweater y de mis calcetines; intentaría mojar lo menos posible. Caminé lo más rápido que pude hasta mi habitación, ahí tomé una toalla y me sequé todo lo que pude; luego me dispuse a calentar un poco de agua; tomaría un baño.

    —¡Michiru-chan! —Saltó Koyomi, con su efusividad y alegría habitual.
    —Hola, Koyomi-san.
    —¿Tomarás una ducha?
    —Si, ese es el plan —Pulse el botón de “encendido” del boiler.
    —Justo ahora me dirijo a los baños termales —Me sonrió—. ¿Quieres acompañarme?

    Me quedé pensativa por un momento; no sabía qué decirle, es decir, la última vez que habíamos estado solas en unas aguas termales, ella me habría tomado de no ser por mi antigua confusión entre lo que sentía, lo que decía sentir y lo que expresaba fuera de mi cabeza. La verdad es que esperaba que eso se repitiera, yo deseaba que me tuviera, quería ser una con ella… la quería.

    Asentí con la cabeza, aunque evitando su mirada; no sería bueno que Koyomi se diera cuenta de mis intenciones para con su otro lado. Mi amiga casi me sacó el aire cuando me abrazó y, antes de que yo me diera cuenta, ya estaba subida a un camión rumbo al establecimiento. Me encontraba en todos mis sentidos hasta que llegamos, pues la parte dulce de aquella mujer estaba colgada de mi brazo, pronto sería corrompida por mí; yo quien deseaba tanto hablar con su otro yo, con esa pervertida chica que varias veces había intentado tomarme.

    La recepcionista nos trató amablemente, dirigiéndonos hasta un baño particular, según la reservación que mi compañera había hecho; perfecto, estaríamos solas. En cuanto entramos, me aseguré de que la puerta no pudiera abrirse por fuera, a Koyomi no le extrañó, puesto que eran baños mixtos.

    Sonreí de manera nerviosa cuando la vi desnudarse; aunque era de altura promedio, sus senos eran desproporcionales, su cintura era lo suficientemente pequeña como para llamarla esbelta; era hermosa. Suspiré un poco fuerte al ver como se inclinaba para deshacerse de sus prendas íntimas, dándole la espalda… ¡Dios!

    Hice lo mismo con más rapidez que ella y le seguí, adentrándome al agua. Medité por varios minutos el cómo acercármele y despertar a quién yo quería ver; descarté la idea de pedírselo, también la de confesarme; seguí pensando. Tras unos diez minutos, llegué a la conclusión de que lo mejor era lo simple… Ser directa.

    Tomé aire varias veces antes de decidirme, entonces avancé hasta estar frente a ella, a unos dos o tres pasos máximo. Ella ladeó la cabeza en son de pregunta, yo me limité a sonreír.

    —No pasa nada… —suspiré y acorté la distancia entre nosotras a un paso—, nada malo.
    —¿Entonces? —sonrió, ingenua.

    Y entonces la besé como nunca lo había hecho; moví mis labios rápido, logrando abrir los suyos e introducir mi lengua en su boca; estaba más emocionada de lo que pensé… estaba frenética. Pronto sentí un cambio, un cambio favorable; sus manos me rodearon por la cintura y me jaló hacia sí, pegando nuestros cuerpos. Sus labios actuaron rápido, mucho más expertos que los míos. Le rodeé por el cuello e intenté juntar más nuestros rostros —si es que era posible.

    Sus manos, que estaban siendo más que seductoras, se situaron poco más abajo de mi cintura, donde acariciaban todo a su paso; un suspiro se escapó de entre mis labios, rompiendo el interminable beso que yo había comenzado.

    Chiru-chiru… —me llamó, mientras sentía como una de sus manos se movía en dirección atrevida—… te he estado esperando.

    De un momento a otro, un masaje insoportablemente placentero le fue dado a mi parte más íntima —pero sin penetrarla—, ahí donde todo era más sensible, la única parte de mi cuerpo que, hasta el momento seguía virgen. Reprimí varios gemidos, pues no quería parecer tan fácil de complacer.

    Los aceitunados ojos de la joven revivida se habían cerrado en cuanto los dedos de la otra chica, por fin, se habían decidido a penetrarla, y no de manera normal, no; eran tres los dedos que se movían hacía arriba, hacia abajo y a los lados de manera brutal y violenta, abriendo y acariciando toda la extensión de Michiru, de su sexo.

    Ella había soldado un fuerte gemido cuando la de cabello verdoso había encontrado su clítoris, el cual subía y bajaba sin ni una delicadeza, aunque eso era lo que en verdad quería la de los anteojos, hacía tanto que lo necesitaba, que sus deseos por más y más caricias de Yomi eran insaciables. Los gemidos se hicieron cada vez más fuertes a la par que el aumento de las caricias, parecía ser que la parte dormida de Koyomi estaba más que frenética por tener relaciones con Michiru.

    De pronto dejé de ser “atendida” por mi compañera, lo que me hizo desesperar un poco, aunque luego fui sorprendida, ya que Yomi, de buenas a primeras, me había estampado contra una roca, haciéndome mirarla; una sonrisa apareció en su rostro y, cuando la vi sumergirse, entendí todo. Me di media vuelta para poner sostenerme de la roca, abrí las piernas y le coloqué de tal manera que facilitara la “entrada”. Lo último que hice fue suspirar.

    Rápidamente, la peli-verde tomó las piernas de la otra, abriéndolas por completo, para luego nadar un poco hacia arriba y capturar aquella parte de Michiru —la que había recibido los servicios— con la lengua adentrarse lo más posible, casi introduciendo toda la vagina en su boca. La lengua de Yomi actuó como una estaca, saliendo y entrando, cada vez más fuerte y rápida que la vez anterior; los gemidos se convirtieron en gritos y, excitada hasta los ojos, la peli-verde salió del agua y jaló a la de mechones violetas para que ésta la siguiera hasta una pared.

    Estaba agotada, pero aún así, aquello no estaba ni a la mitad; Yomi casi corrió hasta sus ropas, de donde sacó un extraño objeto púrpura y un tubo de crema; un poco confundida, la miré aproximarse, con esa manera tan provocativa de caminar. Me sonrió e hizo que tomara el objeto por un extremo para luego señalarme su entrepierna, la cual chorreaba ligeramente; me quedé un poquito sorprendida al entender lo que me pedía. Suspiré de nuevo.

    —¡Ahí voy! —exclamé, tomándole de la cintura con una mano.

    Acto seguido, tomé un poco de impulso y la atravesé con aquel objeto —anteriormente lubricado— con bastante facilidad; su gemido me hizo derretir, también quería sentir. Y justo antes de que pudiera decir algo, ella hizo lo propio con mi entrepierna, haciendo que quedáramos unidas. Me empujó hasta hacerme caer y ahí comenzó a mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás, causándome un gran placer. Tanta era la excitación, que la atrapé con mis piernas, penetrándonos más de lo que ya nos encontrábamos; sentí mi orgasmo llegar y, al unísono, ambas dimos un fuerte gemido.

    Sus caricias continuaron en mis pechos y mis pezones, los cuales eran brutalmente succionados por su boca. No tengo idea de cuánto tiempo nos quedamos ahí, teniendo sexo, pero, ahora, cada día, en cada ducha que Koyomi se da, yo entro sin ser vista y seguimos teniendo esos momentos pasionales… ese amor frenético.
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    Escrito de la actividad de Mayo. Use la palabra “demonio”

    Título: Mi demonio.
    Summary: Ese demonio que amas y el cual te llevara al mismo infierno.
    Fandom: Card Captor Sakura
    Pareja: Sakura & Touya
    Tipo:
    One shot
    Cantidad de palabras: 976 + título.
    Clasificación:
    M.
    Advertencias:
    Lemon, Incesto, Sin betas. Un fic que tenia guardado hace tiempo y el cual le lleva la palabra demonio en el.
    Género:
    Romance


    Mi demonio.

    Se que es no es normal, que no es correcto, que es pecado pero es mi deseo, mi necesidad. No se cuando paso ni cuanto tiempo durará, pero sé que ya no puedo escapar de él, de mi amado, de mi demonio al cual le entregué mi cuerpo, mi alma.

    Desde pequeña, y desde la muerte de mi madre, fui cuidada con cariño por mi familia. Era la única mujer, una chica de catorce años, y quizás por ello sentí que por momentos era sobre protegida. Ahora sólo estaba con él: el deseo hecho carne, el demonio que vivía en mi casa y que yo tanto amaba aunque en ese momento no sabia cuanto lo hacia.

    Recuerdo nuestra primera vez, un día de verano cuando nuestro padre viajo por asuntos de trabajo dejándonos a ambos completamente solos. Ya hacia un tiempo que me estaban pasando cosas extrañas cuando estaba a su lado, me sentía algo inquieta. A mi edad mis hormonas comenzaron a desbordar, mis ojos verdes se deleitaban con el físico que poseía mi hombre, mi demonio. Su dorso perfectamente moldeado y rostro varonil hacia que suspiraba cada vez que lo miraba. Pero estaba fuera de mi alcance, ya que no sabía que sucedería si intentaba hacer algo con él. Creo que mi padre jamás lo hubiera permitido.

    Ese día, creo que era un sábado, fue el más caluroso del año. Yo llevaba puesto un ligero vestido que apenas tocaba mi piel. Estaba en la cocina, preparando algo liviano para almorzar, cuando él se apareció bajando las escaleras de casa. Solo vestía su pequeño traje de baño que apenas cubría su cintura, dejando poco a la imaginación. Al verlo, mis mejillas inmediatamente se pusieron rojas y mi corazón latía cada vez más rápido.

    -Iré a nadar un poco en la piscina. –me decía mientras colocaba una toalla blanca alrededor de su cuello-. Si gustas, ven a acompañarte monstruo…

    A él le fascinaba molestarme, le divertía decirme monstruo. Parecía un juego eterno conmigo, el verme enojada hasta que lo pateaba en sus piernas y hacerlo retorcer de dolor. Pero ahora, su cuerpo me seducía, me excitaba, me hacia pensar en cosas que antes jamás me hubiera ni siquiera imaginado.

    En silencio lo vi caminando hacia nuestra piscina, con su sensual manera de caminar. ¡Dios! Parecía que lo hacia a propósito, provocarme para cometer aquella locura. Me fui a mi habitación, y a pesar del calor, ya no quería caer en esa tentación. Pero no pude evitarlo, con cuidado y sin que me viera me acerque hacia la ventana donde podía ver la piscina.

    Lo vi moverse dentro del agua como un dios en su laguna privada, no se si ya el calor me afecto pero mis manos comenzaron a recorrer mi cuerpo acariciándolo suavemente. Tome mi traje de baño y me mire en frente del espejo, mi cuerpo también había cambiado: mi figura era esbelta, con mis pechos firmes pero algo pequeños y una hermosa cola apetecible para cualquier macho, lo sabia ya que los piropos que me decían en la calle.

    Me quite mi vertido, dejándolo caer, y mire mi cuerpo desnudo. Mis pezones rosados estaban erectos y veía una leve hilacha saliendo entre mis piernas. Estaba más excitada de lo que pensaba y si cualquier persona viniera y me tocara la piel, acabaría entregándome sin decir nada para evitarlo.

    Entonces, entró…

    Me estuvo mirando por mucho tiempo, deleitándose con mi cuerpo, yo había olvidado cerrar la puerta de mi habitación y el subió a buscarme cuando yo estaba desnudándose. Lentamente entró a mi cuarto y cerró la puerta, mientras yo evitarla mirarlo pero sin moverme, como si esperaba lo que venia. Entonces se ubicó detrás de mí y colocando las manos en mi cintura, me atrajo hacia su cuerpo. Pude sentir su duro miembro apoyándose entre mis nalgas, sacándome un pequeño suspiro. Era la primera vez que sentía algo parecido.

    -Nunca noté lo hermosa que eres Sakura… -decía con voz seductora.

    Beso mi cuello dulcemente haciéndome derretir terriblemente, mientras lo hacia sus manos subieron hacia mis pechos, los cuales fueron masajeados de manera brutal. Estaba perdiendo la razón, lo que siempre soñé ocurría ahora, él me estaba dando el placer que tanto deseaba.

    Bajó una de sus manos y la coloco entre mis piernas, donde buscó mi vagina aun virgen y la acaricio con la misma maestría como lo hacia con mis pechos. Ya no pensaba, solo disfrutaba. Sin saber como; su miembro salio de su escondite, y como si fuera su lanza guerrera, atravesó mis nalgas hasta llegar a mi sexo donde entro fácilmente. Me llevo hasta donde estaba el espejo para que pudiera sostenerme de el, y empezó a embestirme lenta pero sensualmente. No podía creerlo, estaba perdiendo mi virginidad en mi habitación y con el hombre que amaba.

    El espejo me entregaba su rostro como el mío sumergidos en el placer, solo se escuchaban mis gemidos mezclados de sus suspiros. Entonces, algo se rompió, comencé a gritar como desesperada y sentí como llegue a mi primer orgasmo. Fue tan placentero…

    Pero esto no terminaba aun, y aún agotada, me llevo a mi cama donde beso mi cuerpo nuevamente. Mientras lo hacia, se acomodo entre mis piernas para volver a penetrarme. Me aferre a el mientras atravesaba mi sexo caliente una y otra vez. Era una dulce locura, estaba haciendo el amor con él, mi demonio. Un ángel amaba a un demonio, no tarde en volver a sentir un fuerte orgasmo antes que el llegara al suyo, llenándome por primera vez con su leche. Se sentía tan caliente dentro de mí.

    Ese fin de de semana hicimos el amor muchas veces y en todo lugar de la casa. Ahora, y mientras mi padre no sepa lo nuestro, seguiremos siendo amantes, ya que lo amo.

    Amo a mi hermano… Touya
  9. Hola fanáticos del lemon.

    Ha terminado el mes de Abril y hago un recuento de las historias que fueron publicadas para la actividad. En verdad les agradecemos el tiempo para escribir cada una de ellas y nos emociona la cantidad, aunque parezca poca, siendo el primer mes.

    por Satoshi
    por Damaia
    por Reiko_T
    por Rockmantic
    por Laurine
    por Laurine
    por Pami
    por Rockmantic
    por Satoshi

    Les pedimos que se den un tiempo para leer alguna de las historias, dejar un comentario y calificarla del 0 al 10 para que la actividad esté completa.
    Tienen hasta el día 10 de Mayo para seleccionar al ganador del mes.

    Y comienza el mes de Mayo y, junto a él, vienen las nuevas palabras para crear alguna historia con lemon:

    - Mamá
    - Mesa
    - Ángel
    - Demonio
    - Comida
    - Biblioteca
    - Juego
    - Baño
    - Trabajo
    - Francés
    - Árbol
    - Ventana

    Pero hagamos esto más divertido y complicado ;)! Si quieres aún una mayor dificultad pide que la administración, en esta entrada, lance un dado que decidirá en qué persona debe de estar la historia:
    [noparse][dado=1]3[/dado][/noparse]

    1) Primera persona
    2) Segunda persona
    3) Tercera persona

    Tú decides si lo tomas o lo dejas al final, pero si lo haces según los dados tendrás un punto más al finalizar el promedio de la calificación de tu historia.

    ¿Dudas? Aquí.
    Estamos para ayudarte ;).
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    Escrito de la actividad de Abril. Use la palabra “pared”

    Título: Si la pared hablara.
    Summary:
    Si las paredes hablaran, las cosas que dirían.
    Fandom
    : Card Captor Sakura

    Pareja: Sakura & Syaoran
    Tipo:
    One shot
    Cantidad de palabras:
    639 + título.
    Clasificación:
    M.
    Advertencias:
    Lemon, Sin betas.
    Género:
    Romance



    Si la pared hablara

    Pasó por enfrente de mi vieja secundaria, y muchos recuerdos llegaron a mi mente: los recreos con mis amigos, las clases completamente aburridas y mis charlas secretas con mi mejor amiga, Tomoyo.

    Entonces alcanzó a ver a una parejita de chiquillos bien acaramelados y la imagen de mi novio, Syaoran, y yo golpeo mi cerebro haciendo recordar aquellos fogosos momentos vividos dentro de ese establecimiento educativo.

    ¿Quién diría que ese joven rebelde resultaría tan apasionado? ¿Y quien diría que yo, Sakura, la más aplicada y tímida de las chicas de la secundaria terminaría siendo tan salvaje cuando me tocan? Y Syaoran sabia cómo hacerlo.

    Entonces recordé lo que hicimos ese día, en la azotea de la escuela. Mejor dicho en la pared de la entrada a la azotea. Si esa pared hablara…

    Nosotros solíamos tomar nuestro almuerzo allí, ya que nadie nos molestaba y también porque no se porque magia siempre tenias la llave encima y cerrabas la puerta solo para estar a solas conmigo.

    No se que bicho te había picado ese día pero apenas habíamos subido a nuestro lugar, le echaste llave a la puerta y me llevaste hacia esa pared besándome apasionadamente. Parecía violento, salvaje y extrañamente excitante.

    A esa altura mi cabeza había empezado a dar vueltas, al extremo de que no me había dado cuenta del momento de que mi, ahora, salvaje amante me había despojado de mi blusa, y con la misma facilidad, también había logrado desprender mi blassier.

    Solo atinaba a decirle su nombre entre suspiros y gemidos; me estaba devorando con sus labios. Se había prendido a mis pechos como un bebe recién nacido, lamiéndolos y succionado cada uno de mis pezones hasta dejarlos enrojecidos, erectos y deseos de más caricias.

    — Estás muy excitada, Sakura —me susurró de manera muy sensual.

    Me percaté que el muy bribón había llevado su mano derecha entre mis piernas y la tenia metida dentro de mi ropa interior, que a esta altura esta completamente empapada de mis líquidos sexuales. Estaba tan deseosa de que Syaoran entrara en mi interior y me hiciera su mujer.

    — Te deseo… — susurró al oído.
    — Y yo a ti… — respondí casi desmayándome.

    Me tenía en sus manos y no me dejaría escapar, aunque realmente no deseaba hacerlo. Me despojo de mi ropa interior. De seguro el agradecía que en aquel momento usaba la falda de mi uniforme y podía hacerme lo que el quisiera sin ningún problema.

    Me empujo más contra la pared y me sujeto firmemente de mis nalgas. Y de pronto, y sin resistencia alguna, él entró en mí. Sentí como su excitado miembro se adentro en mi sexo, llenándome completamente de su virilidad. Un relámpago de placer me recorrió desde la nuca hasta la punta de mis pies ¿esto era hacer el amor? ¡Que placer! Esa pared resisto las apasionadas embestidas que mi ardiente Syaoran me daba, mientras yo me mantenía aferrada a él disfrutando cada una de ellas. De pronto un poderoso orgasmo me invadió, dado lugar a un gemido intenso y provocador.

    Todo culmino cuando mi amado acabara dentro de mí, con la misma intensidad del que él me regalo. No sabía como pudimos sostenernos después de tan intensa sesión de sexo desenfrenado. Le doy gracias a la pared por ello.

    Poco después, y luego de recuperar el aliento, bajamos como pudimos, realmente me temblaban las piernas y mi cabeza todavía daba vueltas alrededor de su eje. Le pregunte el porque había hecho eso, y me respondió con una notoria vergüenza:

    — Te deseo demasiado, Sakura, y no pude soportarlo más.

    Entonces le di un dulce beso en sus labios y le susurré sensualmente:

    — Estuviste genial.

    Desde entonces, y mientras estuvimos en la secundaria, esa pared fue nuestro punto de encuentro de apasionados momentos con mi ahora esposo, Syaoran. Si la pared hablara, las cosas que diría.
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    Lol, ya ; x ; *la patean*
    Yep, el segundo escrito para la actividad de abril (?) *huye*
    sin destruir por fa ; x ;

    Título: Regalo
    Summary: Si no tienes nada que regalarle a tu mejor amigo, busca a tu alrededor y quizás encuentres algo donde jamás lo imaginaste.
    Pareja: Kibum&Donghae
    Tipo: One-shot
    Cantidad de palabras: 919 + título
    Clasificación: M
    Advertencias: Yaoi Lemon. Sin beta.
    Género: General.

    Regalo + 919 Words.-​


    Había buscado por cielo, mar y tierra algo que le pudiese regalar a su mejor amigo, pero nada le gustaba. En conclusión, mañana era su cumpleaños y él no tenía la más insignificante idea que darle. Llamó a Heechul preguntándole qué le había comprado él a Sungmin, como siempre egocéntrico su hyung dijo que había mandado a enmarcar una foto que salían ambos con un conejo. Como siempre su hyung salvador era tan sabio, con sólo una palabra le había dado la idea de algo; él compraría un disfraz de conejo para Sungmin.

    Caminó y caminó, vio en locales, vitrinas y nada. Estuvo a punto de darse por vencido cuando una llamativa figura lo sacó de sus cavilaciones, el perfil de un conejo rosa estampado sobre vitrinas oscuras lo invitaba a entrar al local. Se levantó y avanzó hasta ahí como alma que lo lleva el diablo.

    El lugar era extraño, pero le había gustado. Ahí encontraría de todo, había todo tipo de disfraces y juguetes, incluso hasta collares para perros, era como un mini Market. Dejó de tontear y se acercó a al mostrador, dónde dos chicos jugaban DS. Tocio un poco para llamar la atención.

    “¿En qué lo puedo ayudar señor?” Dijo un chico de cabello negro sonriéndole a la perfección.

    El otro lo había ignorado por completo, porque aún tenía sus ojos puestos sobre el objeto de entretención.

    “Busco un disfraz de conejo para mi amigo” El chico que lo atendía había cambiado por completo su expresión y ahora lo miraba un poco más ¿coqueto?

    “Hasta el momento de varón sólo tenemos un modelo. ¿Qué talla busca?”
    “Um. No lo sé” Susurró “Es como de mi porte. Talla M”
    “¿Se lo quiere probar?”
    Asintió.
    “Sígame”
    Y así lo hizo.

    Lo llevo hasta el final del lugar e indicó con el dedo unos probadores de puertas rojas y le entregó un traje que venía en bolsa plástica. Lo sacó y se encerró en el lugar comenzando a desvestirse.

    Se miró al espejo y algo no cuadraba, porque lo único de conejo que tenía ese traje eran las orejas blancas ahora en su cabeza, los guantes en forma de patitas y el pompón en el short azul marino, bastante apegado a su trasero. Llevaba bucaneras blancas y una camisa de marinero, eso no era un conejo.

    “Oiga” Salió del probador aún disfrazado “Esto no tiene nada de conejito” Replicó apuntando su cuerpo con los guantes-patitas en sus manos.
    “Guau.” El chico susurró y lo empujó nuevamente al probador.
    “¡Hey! No toques ahí” Se quejaba mientras el otro acariciaba su trasero y rozaba sus entrepiernas.

    El chico lo besó y comenzó a acariciarlo descaradamente bajo la camisa, él simplemente no podía hacer más que gemir. Y es que, sinceramente el chico era bastante guapo y él estaba –ahora- muy caliente. Así que, se dejó hacer.

    Ni cuenta se dio cuando el chico le había quitado los pantalones y, ahora él estabas de espaldas al otro con el cuerpo pegado al espejo del probador con las piernas separadas. El vendedor se posicionó detrás de él y sacó un lubricante del bolsillo y esparció un poco en su mano, separó las nalgas del otro y rozó un dedo por su entrada.
    Donghae gimió tímido, porque obviamente se avergonzaba. Iba a tener sexo con un ‘desconocido’, en un ‘probador’, con un ‘disfraz’ de conejo que nunca fue conejo. ¿Cómo no estarlo?
    El chico introdujo dos dedos en su interior, sin dejar que se acostumbrara comenzó a meterlos y sacarlos rápidamente.
    Donghae no se callaba y el otro se desesperaba. Detuvo sus dedos y lo volteó dejándolo de frente, lo besó duro y lo levantó en sus brazos mientras que el otro automáticamente enrollaba sus piernas en la cintura contraria.
    El chico no espero más y lo penetró de lleno, recibiendo un suspiro del otro. Comenzó a moverse en su interior y Donghae rebotaba por cada embestida, como un verdadero conejo.

    Les faltaba poco.

    Fueron interrumpidos por un golpe a la puerta “Kibum” lo llamó el otro vendedor “Si no te apresuras, la gente que entre pensaran que esto es un motel”
    “Lárgate Kyuhyun” Se quejó Kibum desde adentro aún penetrando a Donghae.

    Un golpe certero hizo que Donghae cubriera su boca con manos-patitas tratando de evitar los constantes gemidos por el nuevo placer ahora recibido. Obviamente no lo logró y se derramó sobre el disfraz de conejo y la sudadera negra de Kibum. Inconscientemente su contrajo su entrada haciendo que el otro se derramara en su interior.

    Sí. En definitiva hace demasiado tiempo que no tenía un buen polvo.

    “¡Hey!” Lo llamó el otro arreglándose la ropa e intentando quitar la mancha de semen en su polera “Te regalaré ese disfraz, sólo si prometes llamarme cada vez que lo uses” Kibum sonrió mostrando su celular.

    Intercambiaron números y salieron del probador, ahora, presentables.

    “Pero, no entiendo por qué el disfraz talla M era tan pequeño” Se quejó Donghae haciendo un puchero.
    “Porque en un sex-shop nunca encontraras algo que no sea así” Explicó el otro chico.
    Donghae pareció reaccionar y casi pega un grito cuando supo lo que significaba sex-shop.

    Avanzaron hasta el mostrador y Kibum lo besó en despedida.

    “¡Hey!” Habló Kyuhyun, el chico del DS. “Si tu amigo quiere un disfraz como el que te llevas, mándalo conmigo” Sonrió.

    Se sonrojó a más no poder y observó cómo Kibum le sonreía divertido. Salió arrancando del lugar, abrazando la bolsa en la cual llevaba el disfraz; que por cierto, debería lavar.
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    Este es mi primer escrito para la actividad de abril que seguramente acabará en unas horas x'D. Y well, la pareja debe ser super mega desconocida (?), pero es mi OTP :)

    Título: Chocolate
    Summary: Si no te gusta comer chocolate, entonces… pruébalo de otra manera.
    Pareja: Kibum&Donghae
    Tipo: Drabble
    Cantidad de palabras: 438 + título
    Clasificación: M
    Advertencias: Yaoi Lemon. Sin beta.
    Género: Romance.

    Chocolate + 438 Words.-​


    “No seas sucio” Susurró entre risas, mientras el otro pasaba la lengua por su pezón cubierto de chocolate.

    “Es que, sabes delicioso Hyung” Decía Kibum, con la lengua recorriendo su cuello, mordiendo su manzana de Adán y luego besándolo.

    Dulce. A él no le gustaba lo dulce. Aún así no lo apartó y dejo que lo siguiera besando a su gusto.

    Kibum cogió otra fresa cubierta de chocolate líquido y, la puso sobre los labios de Donghae, quien separó un poco los labios dejando que lo demás escurriera por la comisura de éstos.
    El mayor se relamió los labios de una manera sensual, expectante por más.

    Dejó que el menor siguiera jugando a pesar de él estar todo pegajoso, porque ciertamente era una sensación genial y, porque pocas veces solía suceder.

    El menor deslizó la fresa por el pecho del mayor dejando todo rastro del líquido café y a su paso seguía lamiendo. Se detuvo en el ombligo mientras el otro gemía y él aumentaba su frenesí de querer poseerlo ahora mismo, jugó un rato y sonrió cuando ya el otro comenzaba a moverse bajo él haciéndole notar su incomodidad y erección.

    “¿Quién es el sucio ahora, Donghae?” Preguntó el menor mirándolo fijo y mordió la fresa. Sonrió coqueto y bajó nuevamente agarrando el miembro del mayor, metiéndoselo de lleno en la boca.
    Había supuesto que los gemidos del mayor no iban a tardar en salir, y como siempre, había acertado.

    Los gemidos de Donghae se hicieron aún más fuertes cuando Kibum introdujo un dedo en su entrada y cada vez subía y bajaba más rápido, haciendo que las succiones a su miembro lo desestabilizaran por completo.

    Kibum se detuvo en el momento que comenzó a sentir el del pre-semen de su novio.
    Donghae gruño exasperado, pero se relajó al instante en que sabía que pronto sentiría más, al ser separado de piernas y Kibum entremedio de éstas. Un gemido salió de su garganta cuando el otro lo penetró de lleno dándole justo ahí, en el punto exacto y es que lo conocía tan bien, que se lo sabía de memoria. No pudo evitarlo y acabó, él manchándose el estómago y algo del pecho de Kibum, que subía y bajaba rápidamente después de cada penetración. Y, también era imposible no volver a estar erecto cuando una y otra vez golpeaban tu próstata.

    Kibum acabó dentro de su novio a la segunda vez que su hyung lo apretaba más en su interior.

    “Hyung” Lo llamó después de una gigantesca bocanada de aire. “Y es que, yo creo que tú eres más dulce que todo chocolate”. El mayor sólo sonrió.
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    Título: Tú y Yo
    Summary: Había pasado dos años desde que Sakura trabaja para Shaoran. ¿Por fin se dirán lo que sienten el uno por el otro? ó ¿ Seguirán callando aquellos sentimientos del corazón?
    Pareja: Sakura Kinomoto y Shaoran Li
    Clasificación: M
    Advertencias: Es un universo alterno. Contiene lenguaje fuerte, pero no es mucho.
    Género: Romance
    Cantidad de palabras: 2453

    ¡Que me lleve el Diablo!

    Fue la exclamación de Sakura cuando abrió sus ojos verdes como la joya esmeralda y se encontró con el cuerpo de su “sexy” jefe. Un momento…

    Este lugar no es mi departamento, tampoco es el departamento de mi gran “jefe” Shaoran Li. ¿Dónde diablos estoy?- fue lo que pensó. Cuando se trato de girar, casi cae al suelo, no estaba en una cama, pero tampoco estaba en el suelo - ¿Qué demonios pasa aquí?

    Ya es la tercera vez que invoco al pobre diablo…

    ¡Carajo!

    Trato de moverse sin despertar a su “hermoso jefecito”, lo estaba logrando, pero Shaoran se movió dejándola atrapada de nuevo contra él. Su perfume, sus cabellos revueltos de color chocolate, y su cuerpo… ¡OH Dios, si, que cuerpo el que se manda! – Sakura Kinomoto, ¡deja de pensar en estupideces y lárgate de ahí ya! – su conciencia le dictaba.

    Pero… un segundo… ayer fue el cumpleaños de Umi y lo estaban celebrando con torta, cosas de picar, cola y agua (es prohibido en la empresa bebidas alcohólicas), hasta…

    Shaoran llamo a Sakura a la extensión de la oficina donde se encontraba y es que la castaña estaba en el décimo piso, y la oficina de Li quedaba dos pisos mas arriba, ósea en el doceavo.

    —Señorita Kinomoto necesito que se quede, no es una sugerencia, ¡es una orden! —dijo Li a Sakura cuando esta ingreso al despacho, y esta le miraba con cara de pocos amigos.

    —Señor Li, con todo respeto, hoy no puedo quedarme. Si desea, mañana —respondió Sakura con toda la calma del mundo, y es que tener a tremendo bombón delante de ella producía una tormenta electrizante dentro de su cuerpo.

    —Lo siento, mañana a primera hora tengo que entregar un informe y la necesito a usted aquí conmigo.

    —Señor… —Sakura se quedo sin habla. ¿Cómo demonios saldría de esta?

    —Kinomoto, si se siente cansada, ahí tiene un sofá y puede dormir con toda la calma —dijo apuntando con el dedo índice al sofá —porque no creo que nos desocupemos temprano. Si no tuviera que entregar tanto informe mañana, no se lo estaría pidiendo. Y como le dije, es una orden.

    Sakura se dio media vuelta y se fue para su escritorio. ¡OH, Dios mío! ¿Por que me castigas de esta manera? – pensaba Sakura. Y ella que quería llegar a casa y dormir.

    Estaba tan ida en sus pensamientos, que no noto cuando su celular estaba timbrando…

    —Aquí, Kinomoto —respondió de mala gana después de un buen tiempo.

    —Saku… ¿Estás bien? —era Tomoyo, su prima y mejor amiga.

    —No. Li quiere que me quede aquí en la oficina hasta la medianoche, mañana tiene que entregar unos informes y me necesita —sin darse cuenta había aflojado demasiado la lengua.

    —¡Oh! —Tommy sonrió de forma pícara —te llamaba para decirte que voy a estar con Eriol. ¿No te molesta?

    —¿Desde cuándo me informas de lo que vas hacer, Tommy? —pregunto la castaña entre molesta y curiosa.

    —Es que Eriol viene acá al departamento…

    —Ya entiendo. Aprovecha la noche, ya que no voy yo —ahora era el turno de ella sonreír de forma pícara —así mañana cuando llegue me cuentas que tanto dura “el tuyo” en la cama…

    —¡Sakura! —exclamó su prima asombrada por lo que le estaba diciendo, y es que Saku era “inocente, ingenua y despistada”, pero bien dicho “era” de tiempo pasado, ahora ya no se decía lo mismo— ¿Dónde vas a dormir?

    —Me voy a un hotel ó duermo aquí en la oficina. Hay un sofá en la oficina de Li y este se ofreció a dármelo si terminábamos tarde —Tomoyo entendió muy bien las intenciones de Li, ahora —. Y no es lo que te estás imaginando —término de decir la castaña como si le estuviera leyendo la mente de su prima.

    —Está bien. Mañana hablamos —la comunicación se acabo.

    Sakura se armo de valor, guardo su celular en el bolsillo de su saco, tomo lo necesario y se dirigió al despacho de Li, con sus seis sentidos, a terminar esos benditos informes.

    Cuando entro de nuevo al despacho, lo vio a Li sentado frente a la laptop escribiendo y maldiciendo de su suerte. Cuando la vio a Sakura entrar, se levanto cediendo el puesto para que ella se sentara, mientras que él se dirigió a la puerta y le puso seguro a la puerta sin que la castaña se diera cuenta. Iba a ser una noche muy, pero muy larga… si claro, “haciendo informes”. Ni él mismo se creía ese cuento, porque al día siguiente era sábado, y los sábados nadie en la empresa trabaja. La castaña había olvidado ese “pequeño” detalle.

    Despertó de su recuerdo, como pudo haber sido tan…

    ¡Tonta!

    ¡Imbécil!

    ¡Estúpida!

    Oye, ya párale el carro, bien que te gusto haberte hecho “suya” a ese bombón, y que mejor manera de hacerlo con los seis sentidos bien puestos, así recuerdas todo con lujo de detalle – Sakura deja de pensar en pendejadas y lárgate ahora mismo.

    Se fue moviendo de manera suave, tratando de no despertar a Li. Cogió su ropa que estaba regada por el suelo, se vistió y cuando estaba a punto de salir…

    Oh sí, es un bombón de lujo.

    Sakura, ¡Te estás comiendo a tu jefe con los ojos!

    Tremendo cuerpo, su cara, su olor.

    Por Dios, Sakura, lárgate antes de que sea tarde.

    Dio un último vistazo a la oficina de Shaoran por si se le quedaba algo mientras se dirigía hacia la puerta, y cuando se disponía abrir la puerta, sintió unos brazos fuertes que le abrazan por la espalda…

    —Flor de Cerezo, ¿a dónde crees que vas? —era la voz sensual de Shaoran —aún no hemos terminado —dijo dándole unos besos en el cuello de Sakura.

    —T-tengo que irme, señor… —dijo Sakura tratando de acallar los gemidos.

    —Deja de llamarme “señor Li” o “Li” —Shaoran seguía entretenido dándole besos a SU Sakura entre el cuello, la mejilla y la oreja.

    Sakura no sabía cómo librarse de él. Los besos la estaban matando y ella de a poco iba cediendo

    —Shaoran, déjame ir…por favor… —suplico Sakura. ¿Desde cuándo acá lo tuteo? Oh si, desde que me acuesto con él; pensó con sarcasmo, o sea, desde anoche – termino de decirse para sí misma.

    —Y… ¿Para qué te quieres ir?

    Shaoran la quería a ella, como diera lugar. Por fin había logrado estar con ella, no sólo en la cama, sino en alma. La amaba desde que entro a trabajar ahí, hace como dos años atrás.

    —Tengo asuntos personales que ate…. ¡Ah! ¡Shaoran! —Ahora sí, Sakura gimió— Estoy perdida— pensó la ojiverde. Y es que el ambarino no la dejaba.

    Los besos no eran suficientes, no le bastaba, así que empezó por acariciarla por debajo de la blusa. La ojiverde se giro sobre sí misma y quedo frente a él, y este le dio un beso muy apasionado. Ella enterró sus finos dedos en el cabello de Shaoran y… ya para ese minuto Sakura empezaba a perder los sentidos, su “jefe” hacia que los perdiera.

    Poco a poco Shaoran la fue llevando hasta su escritorio, su labios recorrían por el cuello de la castaña, le lamia, le besaba, le acariciaba y Sakura no se quedaba atrás, le acariciaba y aruñaba la espalda y el pecho desnudo de SU Shaoran, le mordía levemente su hombro, le daba pequeños mordiscos en la oreja… Oh si, de seguro las mañanas son muchos mejores, y esto se pone muy interesante – pensaron ambos al mismo tiempo.

    Se volvieron a besar apasionadamente. Shaoran solo tenía puesto unos bóxers verdes oscuros, muy pegado al cuerpo y Sakura, que para ese minuto estaba totalmente vestida, bueno, no totalmente ya que su “amado” le había desabrochado la blusa y le acariciaba sus senos, mientras la besaba. Sakura gemía en la boca de su amado, las acaricias ya pasaban a ser fuego impregnándose en el cuerpo de ambos, quemándolos. Se necesitaban.

    —Mmmm —gemía la castaña —¿lo volveremos hacer aquí en el escritorio? – preguntó entre gemidos de placer.

    —Tengo tres opciones —dijo el ambarino sin dejar de hacer su trabajo.

    —¿Cuáles son? —preguntó la ojiverde sumida en el placer.

    —Opción: A) Escritorio, B) Suelo y C) Sofá. ¿Cuál prefieres? —le dijo el castaño dándole besos en uno de los senos de la ojiverde y con la otra mano, dándole masajes en el otro seno.

    —Escojo la opción C —la ojiverde tenía al ambarino presionado más contra ella. Quería más de él.

    —Interesante— fue lo único que dijo el castaño, sonriendo maliciosamente.

    No soportaba el sostén de la ojiverde y en un movimiento ágil, le desabrocho, retirándolo del cuerpo de su amada. Estaba desesperado y la castaña que le besaba y acariciaba, lo ponía más “insoportable”. El castaño bajo por la barriga y vientre dándole besos, sus manos le seguían acariciando, y cuando llegó al filo de la costura del vestido de su esmeralda, le desabrocho, llevándoselo junto con la tanga que tenia. Le acariciaba los muslos y no se resistió más. Le empezó a embestir con su lengua la intimidad de la ojiverde, haciendo que ella arqueara la espalda y enterrara una mano con sus finos dedos en su cabello atrayéndolo más hacia ella, y con la otra se apoyaba en el escritorio. Lo quería todo, de eso no había duda.

    Las embestidas seguían y fue cuando la ojiverde tenso su cuerpo. Estaba llegando al clímax. Mejor dicho, llegó al orgasmo y el ambarino saboreo sus manantiales. Subió sus labios, recorriendo el mismo camino que había realizado minutos atrás y de nuevo se entretuvo con los senos de su ojiverde. Le dio un dulce y apasionado beso, haciendo que ella probara su sabor. Le agarró por las caderas, haciendo que ella le enroscara la cintura de él con sus finas y bien formadas piernas. Se la llevo al sofá. El se sentó y ella se sentó en horcajadas encima de él. Ahora era el turno de la castaña. Se besaban con pasión y lujuria. Sakura empezó a besarle el cuello y le daba pequeños mordiscos en el lóbulo de la oreja del castaño.

    Lo acariciaba de una manera muy sensual que lo volvía loco, le daba pequeños aruños, mientras que con sus labios los iba besando. Realmente iba haciendo un recorrido con su lengua por el tórax del ambarino, dando pequeños mordiscos y unas lamidas suaves en las tetillas de él. Lo estaba poniendo a mil grados centígrados de calor. Bajaba con sensualidad, dejando bien marcado el camino y cuando llego al filo del bóxer de Shaoran, se lo fue quitando lentamente atrapando el miembro erecto de su amado castaño. Le daba besos dulces, lamidas, succiones. Tenía el poder, y Shaoran se lo hacía saber con sus gemidos roncos.

    —La venganza es dulce —le dijo la ojiverde con una sonrisa pícara y maliciosa, además que le estaba viéndole directamente a los ojos, mientras seguía con su trabajo.

    Ella no quería que se viniera tan pronto, pero no dejaba el miembro del ambarino; lo volvía loco ya que cambiaba de ritmo, haciendo que él no se viniera rápido. Ya no aguantando aquella tortura, la levanto y la sentó de golpe sobre su miembro. Ambos gimieron. Shaoran empezó a embestirla con fuerza, pero Sakura disminuía el ritmo.

    —Así… que… quieres… jugar… —decía el castaño entre jadeos.

    Y sin esperarse, el ambarino le agarró el trasero levantándose, caminando hasta el ventanal de la oficina y pegándola contra el frío vidrio. Por suerte, era ese tipo de vidrio que por más que veías de afuera, solo lograbas ver el propio reflejo. Nadie se imaginaría que había una tormenta ahí adentro. La bajo e hizo que se pusiera de espalda a él, y la penetro provocando unas embestidas suaves y lentas, pero profundas. La castaña, empezó a moverse más rápido pero Shaoran la controlaba debido a que la tenia agarrada de la cintura, haciendo que la penetración sea despacio. Como la hacía sufrir.

    —Por… favor… Shaoran… más… más… rápido… —decía la ojiverde entre gemidos y jadeos, ya no aguantando más.

    El ambarino sonrió maliciosamente y siguió con su ritmo lento, pausado y profundo.

    —¿Quién… dijo… que… la… venganza… era… dulce…? —le respondió el chico entre jadeos y gemidos —Te haré sufrir… esmeralda… como tú lo hiciste conmigo… —esto se lo dijo en el oído en un susurro.

    La volteo hacia él, la alzo y la penetro nuevamente. El ritmo que le daba seguía siendo lento, la hacía sufrir y eso lo excitaba más. El escucharla que ella gemía y jadeaba pidiendo más y que sea más rápido, provocando que él la embistiera al ritmo que iban ahora. Se la llevo de nuevo al sofá, pero en vez de sentarse, la acostó. Ya no aguantando ni él mismo el placer, empezó a incrementar el ritmo, Sakura le siguió, acariciándolo, arañándolo, desordenando sus cabellos castaños con pintas de chocolate. Estaban al borde de la locura, y el ambarino ya no lo pensó dos veces, aumento considerablemente el ritmo.

    La ojiverde, sintió que ya estaba a punto de culminar. Se lo hizo saber de una manera muy especial a su amado.

    Se aferró con las uñas sobre su cuerpo, arañándolo desde el trasero, pasando por la espalda y terminando en el cuello de él, arqueo la espalda pegando un grito que de seguro se escuchaba hasta la mismísima China. Al ambarino aquello lo elevó hasta más de cien grados de placer, provocando que diera unas dos últimas embestidas, culminando en el orgasmo.

    Extasiados los dos, se miraron a los ojos. Jamás se imaginaron hacer algo como lo que acababan de hacer, pero que de seguro les había gustado mucho.

    —Te… amo… —soltó de golpe Shaoran. Sakura se sorprendió.

    —Shaoran, esto sólo fueron unos minutos de placer… —trataba de explicar la ojiverde -aunque en el fondo, ella estaba enamorada de él, desde que lo vio el primer día que entró a trabajar, desde el día que lo empezó a tratar como jefe y como amigo, manteniendo siempre el trato de la manera formal-. Se sentía atraía hacia él.

    —Sakura Kinomoto, esto no fueron minutos de placer, estuve enamorado de ti, desde el día que pisaste esta empresa, y empezaste a trabajar para mí. Me cautivaste en todos los sentidos y me fui aferrando a la idea de que algún día, sólo un día, serías mía en cuerpo y alma. Ese día llegó —le dijo el castaño dándole un dulce beso en los labios de ella, que tenia sabor a cerezo.

    —Yo también, me enamore de ti —correspondiéndole al beso.

    Se miraron con amor. Sabían que desde ese momento jamás se volverían a separar. Sólo habría que esperar que otra cosa perversa estarían tramando ese par… porque de seguro, buscarían algo más excitante.
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    Título: Amiga Pared.
    Summary: La pared estaba fría y era de color azul, ya estaba delirando pero tenía que pensar en cosas banales para no caer preso de la tentación.
    Fandom: Inuyasha.
    Pareja: Sesshomaru/Inuyasha.
    Tipo: One-shot.
    Cantidad de palabras: 1426 + Titulo.
    Clasificación: M.
    Advertencias: UA: Universo alterno, Lemon, Yaoi.
    Palabra escogida: Pared.

    Amiga Pared
    Sentí su mano recorrer mi nuca desnuda y no pude evitar sentir el escalofrío que me recorrió el cuello.

    Me pegué contra la pared para sostenerme y agradecí que estuviéramos tan cerca de ella, ya que sino me hubiera caído. Las piernas me temblaban como gelatina aunque no lo demostraba, el placer me empezaba a nublar la mente.

    La pared estaba fría y era de color azul, ya estaba delirando pero tenía que pensar en cosas banales para no caer preso de la tentación, tenía que separarse de Sesshomaru, los dos somos hombres y compañeros de apartamento, esto no era correcto.

    Maldije el momento en el que llegamos a esto, que por cierto no recordaba, y no pude evitar seguir viendo la pared, estaba contra a ella como una segunda capa y con el bastardo tratando de quitarme la camisa. De espaldas traté de evitarlo pero no pude, logrando él su cometido, también se quitó su camisa, y seguí pensando en mi amada pared azul mientras Sesshomaru me restregaba contra mi amiga azulada.

    Mis desvariaciones estaban llegando lejos como las manos de mi compañero, ya estaba sin pantalón, de repente me volteó para que lo viera y dejé de divagar, sus ojos dorados fundidos por el deseo y su piel sudorosa con sus cabellos cayendo en cascada sobre mi, me hacían cosquillas en la cara, provocando que toda resistencia se esfumara.

    Sus labios se unieron en los míos en un movimiento apasionado, que correspondí de igual manera y me sentí desfallecer, pero aún estaba contra mi amiga pared y no pasó nada. Sus labios empezaron a bajar hasta llegar a mi cuello, donde empezó a mordisquearlo y lamerlo, ahí fue el comienzo de mis gemidos, se que luego saldrían chupetones pero no me importaba mientras me siguiera dando placer.

    Gemí de dolor por el mordisco que me dio Sesshomaru, pero el ignoró eso y siguió bajando por mi piel, llegó a mis pezones, los cuales estaban sonrosados y erectos por sus toques y maldije a mi cuerpo por reaccionar a sus toques, oí un gemido salir de su boca cuando empezó a bajarme los boxer, agradecí que me liberara de ellos porque ya me empezaba a doler por mi latente erección.
    Cuando al fin estuvo liberado mi pene, me sonrojé por la mirada que Sesshomaru me daba, con una sonrisa maliciosa hacia a mi habló por primera vez con voz ronca y áspera pero llena de deseo.

    — Inuyasha nunca pensé que lo tuvieras grande, siempre supuse que lo tendrías chico.— Iba a responderle al muy bastardo pero el agregó.— Deberías sentirte agradecido, el gran Sesshomaru iba a tener sexo contigo suponiendo que lo tendrías pequeño, aunque yo lo tengo más grande.

    Me sonrojé ante su confesión pero cuando mi mente proceso el insultó, ya era muy tarde para responder, puesto que sus labios estaban sobre mi pene haciendo milagros, su lengua era una bendición, se movía de lado a lado por mi glande palpitante, daba lamidas y mordía de vez en cuando, pasado unos cuantos minutos me corrí en su boca con un gutural gemido saliendo de mi boca.

    Sonrió lujuriosamente mientras se tragaba mi semen, no puede evitar excitarme de nuevo ante la visión de un Sesshomaru sin camisa, sudado, ojos dilatados, y con semen en las comisuras de su boca.

    Subió hasta mis labios y me besó de nuevo haciéndome probar mis fluido, me volteó de nuevo para que estuviera viendo a mi amiga azulada, condenada pared, seguro disfrutaba con mi desgracia, por primera vez desee que intercambiáramos lugares y ella fuera la que estuviera contra la pared, bajo los brazos del bastardo y yo fuera el observador, pero deseché ese pensamiento cuando me imagine a Sesshomaru con otra persona, no pude evitar sentirme celoso. Dejé de divagar cuando el volvió hablar.

    — ¿Preparado?, viene la mejor parte.— Estuve a punto de responderle con una negativa, pero ya su primer dedo lubricado estaba entrando en mi, una lágrima recorrió mi mejilla, terminando en el suelo y él lo notó.— Calma, ya pasará, luego todo esto lo disfrutarás.

    Hizo movimientos circulares para que yo me acostumbrara, no habían pasado dos minutos cuando ya estaba entrando en mi su segundo dedo lubricado, dolió pero no lloré, esta vez los movió como si fueran tijeras, dándome mucho más placer ligado con dolor, pero me gustaba, por último introdujo el tercer dedo lubricado, mi entrada se empezó acostumbrar, empezándome a doler menos. Sacó sus dedos de mí, y yo casi rogué por más pero me aguanté, se levantó y ahí supe lo próximo que vendría.

    Jodida pared pervertida, la muy maldita no hacía nada para evitar que Sesshomaru me penetrara, su pene estaba a centímetros de mi entrada ya dilatada, los minutos pasaban y él aún no hacía nada, tenía muchos deseos de empujas mis caderas hacia atrás para al fin sentir su gran pene dentro de mí.
    Mis deseos me estaban empezando a ganar, moví un poco las caderas pero antes de que logrará mi cometido, Sesshomaru me tenía sujeto de la cintura y empezó a mover a su anaconda hacía mi entrada, le puse ese nombre a su pene, porque el no mentía, era grande, la condenada pared seguro se estaba riendo de mí, era un objeto inanimado pero yo estaba divagando y eran cosas sin importancia, ahorita que me acuerdo, ¿como la anaconda entraría en mi?

    Como respuesta silenciosa a mi pregunta no dicha, la punta de su pene empezó a entrar en mí, provocándome un dolor indescriptible, dos lágrimas resbalaron de mis ojos y a esas le siguieron muchas más, la pared estaba mojada pero no me importaba, ella tenía que pagar de alguna forma.
    Paré de llorar al sentir uno de sus dedos limpiando mis mejillas con delicadeza.

    — Calma, trataré de ser suave.

    Me lo creí al momento por su tono de voz, pero cuando sus caderas se movieron hacia adelante sentí que nada era verdad. Su pene lentamente siguió entrando en mí, era una sensación muy dolorosa, cuando entró completo se quedó quieto y me pregunté el por qué. Y como si leyera mentes, el me respondió:

    — Esperaré hasta que te acostumbres a mi miembro dentro tuyo.

    Sonreí por primera vez en está "violación", Sesshomaru estaba siendo considerado conmigo, para evitar que me viera, voltee mi cara hacia la pared, volví agradecer a mi amiga, ya estaba desvariando de nuevo, Sus palabras me sacaron de ensoñación.

    — No aguantó más.— Al momento de pronunciar esas palabras se movió dentro mío en un vaivén suave.

    Me pegó más contra la pared, si era posible. Lentamente el vaivén de sus caderas contra las mías fue más rápido, gemí fuertemente al sentir una estocada en mi próstata y el se dio cuenta de mi punto débil, dándole ahí, me volteó e hice que mis piernas los sujetaran por la cintura, su mano izquierda que estaba en mi cadera fue hacia mi pene erecto, empezándolo a masturbar, mis sentidos se descontrolaron y solo sentía el tacto de su piel contra la mía, y la fricción de mi espalda contra la pared. Las estocadas fueron rápidas mientras su mano me masturbaba, sentí que me vendría en cualquier momento.

    — AH! Sesshomaru— Con ese gemido me vine en su mano. Al poco tiempo el también se vino en mi interior.
    — Arg… Inuyasha.

    El sacó su pene flácido de mi y nos dejamos deslizar por la pared hasta llegar al suelo, desnudos y con ganas dormir todo el día, nos acurrucamos uno con el otro y antes de caer en los brazos de morfeo Sesshomaru pronuncio.

    — ¿Sabes?, amo está pared.— Lo miré con cara interrogatorio. — Aquí he pasado mis mejores polvos.
    Lo miré con cara herida y me dispuse a levantarme, pero el agarre de mi brazo me detuvo.
    — No quería que lo entendieras así, he pasado buenos polvos pero nunca dije que tu eras una simple tirada y ya.

    La sinceridad de sus palabras me hizo quedarme acurrucado, al tiempo de estar abrazados el se
    durmió, y yo me quedé mirando a mi amiga azulada. Sentí que llegaría a conocerla por completo.
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    Bien, este es mi segundo escrito para la actividad de abril. Rezo porque lo encuentren mucho mejor que los anteriores, porque me faltaba mucha más descripción y stuff... veamos si este funciona (si alguien lee, claro ;_;!).​

    Título: Deseos nocturnos
    Serie: Yu-Gi-Oh! GX
    Pareja: Spiritshipping: Juudai de la 4 temporada x Johan
    Summary: Ahora que Juudai se ha fusionado con Yubel, se ha dado cuenta de que tiene ciertas necesidades. Y la única persona que puede satisfacerlas es Johan, pero éste no lo sabe, sigue dormido... ¿cómo hará Juudai para que él lo note?
    Advertencias: Lemon y yaoi.
    Clasificación: M
    Palabras: 1430
    Palabra escogida: Cama
    Notas especiales: Me basé en esta imagen, porque normalmente a mi de seme me gusta más Johan, hela aquí:

    ~~​

    Deseos nocturnos
    Capítulo único

    Las luces llevaban apagadas desde hacía horas, pero él no podía dormir y sabía exactamente por qué: Johan estaba ahí, a pocos centímetros de su cuerpo, con la melena azul cubriéndole los ojos y casi semidesnudo, inocente ante su mirada llena de lujuria, en las pocas partes de su cuerpo que podía apreciar estando en la cama de abajo, pero no podía tocarlo y eso estaba matándolo, porque lo deseaba, quería sentirlo, tocarlo.

    Su mano se dirigió inconscientemente hacia su miembro, que acarició lentamente, por sobre la pijama. Se imaginaba muchas cosas, pero no quería hacerlo, no quería imaginar, quería sentir.

    Se había vuelto mucho más maduro y consciente de sus necesidades desde que se había fusionado con Yubel, por lo cual, le era imposible ignorar el cosquilleo que recorría a su entrepierna ante su alocada imaginación, que le exigía, le gritaba que poseyera a Johan en esos momentos. Volvió a acariciarse y su erección empezó a tomar forma, un suspiro escapó de sus labios, estaba totalmente irracional, Johan podría despertarse y verlo... curiosamente eso le excitaba, ¿cómo sería su cara al verlo ahí, tocándose por él?

    Se pasó la mano nuevamente, torturándose, esta vez un gemido acudió a sus labios. Johan cambió de posición en la cama de arriba, parecía que seguía profundamente dormido e indefenso...
    Demonios, ¿estaba pensando lo que creía? Su cuerpo vibró ante tal respuesta y de un salto se levantó de su cama, sentía muchas cosas a la vez, emoción, miedo, excitación... y a pesar de que el miedo lo retenía un poco, estaba decidido a llevar aquello a las últimas consecuencias, igual podría fingir demencia con ayuda de Yubel, tenía todo cubierto.

    La cama del Obelisk se hundió unos cuantos centímetros cuando Juudai se sentó en ella, observando el perfil sereno de su amigo, quien dormitaba aún, ajeno a sus pensamientos: Johan vestía únicamente sus bóxers y una playera de tirantes, que no escondía su bien marcado abdomen. Al castaño se le hizo agua la boca y como un niño que está a punto de cometer una travesura, se dedicó a acariciar las pantorillas del más alto, para después subir un poco más y un poco más, casi había llegado hasta su más prohibido placer cuando Johan abrió los ojos esmeraldas, llenos de pánico y confusión, para centrarlos en su rostro.

    —¡Juudai! ¿Qué-qué haces?—un bonito color carmín cubría sus mejillas. Él no pudo evitar enternecerse, muchas veces se había imaginado que era él quien lo poseía, pero al ver ese gesto, sentía que ahora los papeles estaban invertidos y eso no le desagradaba en lo absoluto.

    Avanzó como un felino por la cama, casi hasta llegar a donde estaba él, quien seguía mirándolo sonrojado.

    —Puede que me vaya al infierno, puede que me odies—murmuró y sus manos recorrieron sus piernas, una quedando situada sobre su rodilla y la otra tomando sus nalgas con ganas—Pero tengo que hacer esto, Johan. No tienes una idea de cuánto me excitas.

    Johan no podía expresarse, tenía muchas palabras en mente, pero éstas no acudían a sus labios, parecía que Juudai también había tomado su capacidad para hablar, además de la de moverse, así que permaneció allí, con las mejillas ardiéndole, mientras sus ojos vagaban por todo el cuarto, para ir a detenerse en los bóxers de su amigo, donde sobresalía un bulto... lo cual confirmaba que no era ninguna broma.

    Juudai le dirigió una mirada que parecía entre lujuriosa y amorosa, porque quería darle a entender que no era solamente placer lo que buscaba.

    —Quiero que sepas que te amo—le susurró cuando logró acercarse hasta posicionarse sobre de él—Yo no espero que lo entiendas, pero, al menos déjame... déjame mostrarte algo de lo que...

    No terminó la frase, besó violentamente los labios que tantas veces había deseado poseer, acariciando con la lengua los del otro, pidiéndole que le dejase entrar para así saborearlo completamente. Johan se resistió durante unos momentos, aún presa de la confusión, pero después se dejó hacer, entablando una encarnizada batalla entre sus lenguas, no sabía por qué, no entendía por qué, sólo sentía. Y Juudai aumentó la sensación cuando descaradamente empezó a masajear su miembro, dándole el mismo placer él que sentía.

    La mano del Osiris que no estaba ocupada torturándolo jugueteaba con su tetilla, pellizcándola por sobre la playera, hasta que se rompió el beso y fueron sus labios los que ocuparon dicho lugar, después de que fuese despojado de ella. Durante ese cambio, sus virilidades se rozaron un ínfimo segundo y el primer gemido escapó de la boca del europeo, que se arqueó buscando más contacto, tanto con sus labios como de su cuerpo.

    —Más—logró exclamar, mientras aferraba los cabellos de doble tonalidad de su amante, quien alzó el rostro, con una sonrisa que Johan nisiquiera podría explicar, era casi como satisfecha, tierna...

    —¿Quieres más?—sus ojos se levantaron hasta los verdes de Johan, que estaban dilatados. El otro sólo asintió, antes de desviar la vista.

    Juudai sólo podía hacer lo que le pedía, de cualquier forma, también lo estaba deseando.

    Deteniéndose sólo para apretar su trasero un poco, logró sacarle los bóxers, dejando a su vista una erección en todo su esplendor y también, a Johan con la cara de un rojo tomate... y eso que le parecía mucho menos inocente antes, ahora pensaba lo contrario.

    Con los labios empezó a besar su miembro, recorriéndolo con la lengua una y otra vez, sintiendo cómo su sabor a sal se impregnaba en su boca, mientras era alentado por un sinfín de gemidos, que lograban que le pusiera mucho más entusiasmo en complacer a su ¿amigo, pareja? Ya no le importaba. Johan volvió a tomarle los cabellos, esta vez para que no se detuviera, hasta que terminó corriéndose en su boca, luego, se dejó caer en el colchón respirando entrecortadamente.

    —Eso fue...—Juudai le puso un dedo en los labios, todavía no acababa, prometía darle mucho más de aquello.

    El Obelisk simplemente asintió, mientras veía cómo Juudai se quitaba los bóxers, sabía lo que iba a pasar a continuación, pero eso no le dio menos miedo y Yuki lo sabía perfectamente.

    —Trataré de que no te lastime—su sonrisa sincera estaba ahí, él podía creerle, siempre podía—Lo juro.

    Sus bocas se unieron una vez más, esta vez con más intensidad por parte del Osiris, quien dejó vagar sus manos por el cuerpo de Johan, antes de penetrarlo lentamente con un dedo, a lo cual el otro se quejó un poco, dolía y era incómodo. Juudai lo dejó acostumbrarse, moviendo solamente un poco el dedo en su interior. Luego lo intentó con dos y cuando usó tres y obtuvo un gemido, supo que ya era tiempo de satisfacer su propio placer.

    Alzó las piernas de Johan hasta posicionarlas en sus hombros y luego, lentamente, lo penetró, sintiendo su calor envolviéndolo, pero sin dejar de ser cuidadoso. Luego, empezó a moverse, siguiendo el ritmo que el de ojos verdes le indicaba al mover las caderas, era una sensación maravillosa, atrapante y también desquiciante, como un calorcillo que recorría todo su cuerpo hasta llegar a su miembro y quedarse ahí, concentrando toda su atención en el punto donde se unían en uno solo.

    —Ah, Juudai...—las manos del europeo se aferraban a las sábanas, parecía estar a punto de llegar al orgasmo por segunda vez en la noche. Mantenía los ojos cerrados y gotas de sudor resbalaban por su rostro, Juudai deseó poder plasmar eso en una foto o algo más duradero, pero no podía, sólo tenía su nefasta memoria humana para preservar el momento... Johan se arqueó una vez más y gimiendo por última vez, alcanzó el clímax antes de caer rendido sobre las sábanas.

    Juudai le sonrió suavemente y siguió con lo suyo, ya le faltaba poco, sentía cómo el fuego amenazaba con explotar, su cuerpo estaba en tensión y tras una última embestida derramó su semilla dentro del Obelisk, quien le dirigió una mirada apenada. El castaño se dejó caer sobre él, acostándose y con el rostro pegado a su cuello, el cual besó unos momentos.

    —No creo que ésta sea la mejor declaración—afirmó, con rastros de somnolencia en la voz, pero sin dejar de sonreír. Estaba cansado y sudoroso, pero aquello había sido lo mejor de su vida y le alegraba que Johan sintiese, de alguna manera, lo mismo.

    —Lo es—la voz de Johan había recuperado el temple y sonaba feliz. Atrajo más a Juudai hacia él, acariciando sus cabellos—Sin duda, lo es.

    El Osiris levantó la vista para reiterarle sus sentimientos, pero Johan ya parecía haberse dormido. No obstante, aquello no le preocupó, ya tendría muchos días, semanas y años para decírselo y demostrárselo, unas cuantas horas de espera, después del suplicio que había sufrido antes de esa noche, no eran nada en comparación.