Color
Color de fondo
Imagen de fondo
Color del borde
Fuente
Tamaño
  1. Mío y Tuyo

    Narrado por Bella

    Podía escuchar sus pasos sigilosos acercándose a mí, lentamente. Su respiración se agitaba cada vez más.

    —Mi amor— dijo en un suspiro. Abrí los ojos y en un ágil movimiento me sacó de la cama y me acercó a su cuerpo.
    —He esperado tanto, Edward. Fue tan difícil…quiero lo que me prometiste— le dije antes de besarlo. Nuestras manos no podían quedarse en un solo lugar. Sentí su urgencia en todo mi cuerpo.
    —Lo sé… pero en realidad, quién va a recibir un premio hoy, soy yo— me replicó al tiempo que me aprisionaba contra la puerta.

    Sus manos se convirtieron en grilletes alrededor de las mías, colocándolas a ambos lados de mi cabeza. Nuestros labios estaban desesperados…cada vez queriendo más…evitando separarse.
    Cuando su boca dejó la mía para dirigirse a mi cuello, sentí su cuerpo en cada curva del mío. Nuestra ropa se friccionaba entre sí y luego se rompía por el contacto. En ese momento me importó un comino el vestido regalo de Rosalie.

    Traté de liberar mis manos de la presión de las suyas, pero me fue imposible. Mi fuerza de neófito había disminuido así que usé una de mis piernas para acercar su cadera a la mía.

    Me pregunté por qué no estábamos en la cama aún. Necesitaba sentirlo dentro de mí…estos meses fueron como un castigo, que ahora valía la pena.

    Intenté liberar mis manos de nuevo, pero mi voluntad quedó hecha añicos cuando su lengua rozó mi cuello con extrema delicadeza. Su lengua subía y bajaba por mi cuello, su aliento quemaba mi piel de hielo. Una de sus manos liberó una de las mías , solo por un segundo, para luego ser sujetada por su otra mano, justo por encima de mi cabeza. Su mano libre se detuvo en mi cuello, después de acariciar mi cabello, luego sus largos dedos bajaron y juguetearon con mis senos. Un gemido se escapó de mi boca y él rió de satisfacción.

    —Edward quisiera…—intenté hablar pero me quedé sin aliento. Todo mi cuerpo se tensó al sentir sus colmillos atravesando mi pétreo cuello.

    El dolor me quitó las palabras. Mientras sus dientes se introducían pausadamente en mi cuello, me dio la impresión de que todo iba en cámara lenta. Rápidamente sus dientes salieron de mi cuello y solté mi aliento contenido. Su mirada se encontró con la mía.

    —Bella— suspiró. Sus ojos ardían con una fuerza arrebatadora que nunca ví antes. Una intensidad que me impidió actuar. Volvió a robar un beso de mis labios...un beso tan profundo.

    Su lengua invitaba a la mía a danzar al ritmo de nuestra respiración. Cuando me ví libre de su beso, ya estábamos en la cama.
    Sin dudar, su boca se ubicó en mi cuello y su lengua lamía la herida. Sus manos se movieron por todo mi cuerpo, destrozando lo poco que quedaba del vestido. Mis manos, ahora libres, podían hacer lo mismo con su ropa.

    Cuando la ropa dejó de ser un estorbo, mis brazos rodearon su cuello. Sus labios abandonaron mi cuello y recorrieron mi cuerpo hasta llegar a mi vientre. Mis dedos se aferraron con fuerza a su broncíneo y precioso cabello mientras mis piernas se abrieron como una invitación que él aceptó con gusto. Sentí su lengua en mi intimidad, haciéndome sentir cosas únicas. Mis piernas se enroscaron alrededor de su cuello al tanto que su lengua me hacía enloquecer. Con facilidad liberó su cuello de la presión de mis piernas, sus manos ahora las sujetaban y la mantenían abierta, listas para la verdadera función.

    Su boca volvió a mi cuello mientras su miembro se abría paso dentro de mí. Mi cuerpo se arqueó en respuesta y mis labios gritaron su nombre.
    Ahora eran nuestras caderas las que bailaban y se movían cada vez más rápido…más fuerte.

    Sus gemidos y los míos eran los únicos sonidos que importaban…los únicos sonidos que podíamos escuchar. Un fuerte dolor inundó mi cuello…eran sus colmillos otra vez. Mi cuerpo reaccionó, pegándose más al suyo.

    Sí, había dolor, pero también placer.

    Perdí la noción del tiempo en algún momento. Mi cuerpo empezó a entumecerse por acción de la ponzoña. Eso me trajo algunos recuerdos de mis últimos momentos como humana.
    La ponzoña no me dañaba, es sólo que me volvía más débil.
    Pronto mi cuerpo dejo de estremecerse y otra vez sentí su lengua lamiendo la herida.

    No era la ponzoña lo único que sentía que entraba en mi interior. Podía escucharlo jadear mientras mi intimidad se llenaba de otra clase de líquido…

    —Edward…yo…— el aturdimiento me impidió formar una frase decente.
    —Te amo, Bella—me susurró al oído.
    —Yo también— contesté. Para decir esto no necesitaba pensar.