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  1. Puedo recordad perfectamente la primera vez que la vi. Me pareceió a simple vista tan hermosa. Su cuerpo perfecto enfundado en el uniforme de exterminadora. Hasta me pareció atractiva su voz desafiante. No daba crédito a que ser tan fascinante pudiera presentarse como un enemigo. Era una verdadera lastima. Para mis adentros deseé que terminara con el mediodemonio para tener vía libre y seducirla. Pero después me di cuenta que aquella mujer no era como las demás, poco tenia que ver con una campesina o una doncella de un castillo. Ella era diferente.
    Cuando volvimos a la Aldea de los Exterminadores
    Inuyasha cargaba con ella. El cuerpo de la joven estaba empapado en sangre y se había desmayado. Kagome buscó una cabaña que se mantubiera en pie y fuera apta para que pudiéramos guadecernos en ella. Nos indicó que le trajéramos agua limpia y que encendiéramos un fuego. Le tomo bastante tiempo limpiarla y curar las heridas de la exterminadora. Mientras tanto esperaba impaciente fuera de la cabaña, la señorita Kagome había declinado mi oferta de ayudarla en desvestir, limpiar y curar a la exterminadora y eso que me había prestado gentilmente voluntario . Cuando por fin se reunió con nosotros nos informo que estaba herida de gravedad y que no esta muy segura de que sobreviviera. Sentí entonces una pequeña angustia en mi corazón.

    Pasamos los días siguientes enterrando a los aldeanos que fallecieron en el ataque de los demonios, fue una ardua tarea.
    Inuyasha cada día se impacientaba mas y era exasperante.
    Ya
    había pasado mas de una semana y Sango había mejorado notoriamente, aunque todavía dormía la mayoría del día y se encontaba deprimida. Una tarde la vi salir de la cabaña, andaba tambaleante y acompañada de una preocupada Kirara que no se separaba de sus pies atenta a los pasos de su ama. Me fui aproximando a su destino: La tumbas de sus compañeros. Tomó asiento y acariciaba a Kirara que permanecía en su regazo.
    --¿Cómo se encuentra hoy Sango-dono?-- Le salude mientras
    también tomaba asiento.
    --Algo mejor.-- Me
    sonrió, pero acto seguido ocultaba su mirada bajando la cabeza-- Todavía... estoy asimilando todo esto.-- Su voz sonaba triste.
    Era la primera vez que
    cruzábamos palabra. Siempre había estado acompañada por Kagome que fue quien me narro lo sucedido después del combate de la exterminado contra Inuyasha. y el resto de ocasiones en las que había escuchado su voz había sido mientras conversavamos en grupo sobre la Shikon-no-tama, los exterminadores y Naraku.
    Sango tomo aire y
    parecía como si juntara el valor de decirme algo. Levanto la mirada y se dirigió a mi diciendo:"Le agradezco las molestias que le ha causado dar una sepultura digna a mis compañeros y familiares. Ha debido ser agotador. Houshi-sama". Su voz era suave, sumisa, muy diferente a la primera vez que la amenazando al mediodemonio. También ahora la veía distinta, vestía un kimono en tonos rosas y recogía sus cabellos como era tendencia entre las mujeres. Me estaba fijando que era muy femenina, muy diferente a la feroz exterminadora que me hizo helar la sangre y me atrajo el mismo momento de conocerla. Fantaseé imaginandomela en el pasado, mientras no estaba en una misión, era una alegre joven que se desvivía en los cuidados de su padre y su hermano, era la mujer de la casa, seguramente era cortejada por varios jovenes , pero ella no daba margen a ninguno al tratarse de la hija del jefe de poblado.
    Vi como hacia una reverencia en
    símbolo de agradecimiento y salí de mi fantasía.
    --No hay de que. Por favor no hagas eso. Me hace sentir incomodo. Sólo he cumplido con mi obligación--
    sonreí llevándome la mano a la nuca. Me sentí ridículo haciendo este gesto pero me salió por instinto.

    Sango y yo decidimos unirnos a
    Inuyasha y Kagome en la misión de reunir los fragmentos de la Shikon-no-tama y llegar hasta Naraku para destruirle. Cuando Sango acepto formar equipo con nosotros estaba sentada junto con Kirara en un escalón que hacia el terreno, me acerqué, pausamente, me arrodille frente a ella, estaba ya recuperada y lucia preciosa aquella mañana. La miré directamente a los ojos buscándome reflejado en ellos. "Se que quieres venganza, pero has de ser paciente" le dige con voz seductora. Mi maldita mano involuntariamente se deslizó por su muslo. "Si, soy consciente de ello." me contesto serena y atrapó mi curiosa mano pellizcandola. "Pero para decirme eso, tiene que sobarme el muslo". Inuyasha me gritó que me comportará y kagome suspiró pesadamente algo sobre que ya había tardado demasiado.

    Menuda imagen se haría Sango de mi. Estaba desilusionado me imaginé que la bella exterminadora se lanzaría mis brazos y me prometería que
    permaneceríamos juntos hasta vengarnos de Naraku. Luego sellábamos nuestra nueva alianza con un apasionado beso. Pero, que le íbamos a hacer... Aun así, permanecería al acecho, lograría seducirla y la haría mía.